6. LA REUNIÓN DE LOS MORTÍFAGOS
Lord Voldemort se encontraba en sus aposentos, furioso.
Lo sucedido la noche anterior le tenía completamente fuera de sí, nadie osaba desobedecerle, al menos no desde hacía años.
Ni siquiera los antiguos miembros de la desparecida Orden del Fénix, a los que había permitido vivir como ejemplo de sumisión y derrota para el mundo mágico. Los seguía manteniendo vigilados aunque no hacía falta, pues apenas habían mantenido sus lazos y ahora se dedicaban a seguir con su monótona y patética vida, sin mantener casi ningún tipo de contacto entre ellos. Exactamente tal y como como él había planeado, manipulando su pena y vergüenza hasta destruir su espíritu. Separados no eran nada, una sola persona no suponía ningún peligro. Nada, ni nadie podía interponerse ahora en sus planes, tras haber acabado al fin con la vida de aquel condenado Potter, destruyendo así a la única persona que suponía un problema para el, no por su insignificante poder si no por lo que éste representaba. Con su muerte había dejado a sus destrozados seguidores sin un líder que les guiara e incluso sin una tumba que lo recordara donde poder ir a llorar por su héroe caído, ya que su cadáver desapareció esa misma noche, seguramente devorado por una de las múltiples criaturas sanguinarias que se unieron a el esa noche.
Pero estaba claro que "el pequeño espectáculo" de la pasada madrugada era un problema. Esa fecha y ese objetivo habían sido elegidos a propósito, de eso estaba seguro. Hacer saltar por los aires ese importante edificio borrándolo del mapa era exactamente lo mismo que el deseaba hacer con esa maldita fecha... Las fechas no era importantes, no eran un problema (nada lo era para un Lord todopoderoso como el) pero si lo eran los estúpidos sentimientos de la gente al recordar estas. Estas cosas llevan a las personas a cometer estupideces, actos heroicos que por supuesto pagan de inmediato con su vida, y esa fecha era la más peligrosa de todas ellas. No era bueno que la gente recordara y empezase a pensar, el era quien le dictaba al mundo lo que debía pensar, sentir y anhelar.
El siempre tenía todo bajo control pero aún así ya había ordenado reforzar la vigilancia sobre los antiguos miembros de la Orden, solo por si acaso, por si se les ocurría hacer alguna tontería...
En cambio sus mortífagos eran un caso aparte, le molestaba enormemente ver su ineficacia y pasividad.
- Atajo de miserables, ¡Son incapaces de hacer nada por si mismos! Necesitan indicaciones hasta para ir al baño. - Gruño.
Y es que gran parte de la ira que sentía era hacia ellos. Ya habían pasado veinticuatro horas desde el ataque y los muy incompetentes no tenían ninguna pista fiable sobre lo sucedido, vagas hipótesis y conjeturas pero nada acerca de la identidad del hombre que se había atrevido a desafiarle en su propio territorio. Y después de esa conversación en su despacho durante la tarde... empezaba a cuestionarse seriamente la lealtad de algunos sus siervos.
…
Unas horas antes, esa mañana...
Lord Voldemort se reunía con sus seguidores más cercanos. Los mortífagos que portaban la marca tenebrosa en su antebrazo izquierdo, (eran muchos los que se habían sumado a sus filas pero pocos tenían ese honor) únicamente los más útiles y leales, aquellos siervos más fieles que habían estado a su lado, al igual que sus padres habían hecho antes que ellos.
Todo el mundo sabía que la mayor parte de los mortífagos que portaban la marca eran los descendientes de las familias más ricas, respetadas, influyentes y antiguas de Inglaterra, conocidas como Los Sagrados Veintiocho.* Todas ellas nobles y ancestrales familias, relacionadas y ligadas entre si mediante lazos de sangre para mantener intactos los apellidos y la pureza de su sangre. Algunas con el paso del tiempo se habían extinguido al morir su último heredero varón (portador del apellido familiar) como era el caso de los Gaunt (repudiados y olvidados), los Burke, los Crouch o los Black. Otras se contaminaron tanto, (mezclándose con los muggles) que perdieron el privilegio de pertenecer a esa elite, como sucedió con los Longbottom o los Weasley. Sin embargo aún quedaban unas cuantas que habían mantenido y respetado la pureza en su linaje, como los Rosier, los Lestrange o los Carrow. Y otras también prometían continuar con esa tradición a través de sus jóvenes herederos, como los Nott, los Greengrass, los Parkinson y los Malfoy.
Lord Voldemort esperaba que alguno de ellos tuviera noticias o información sobre lo sucedido, pero había esperado en vano. Que esa manada de hienas ya tuvieran apresados a los culpables era mucho pedir. Todos ellos se habían presentado ante el con las manos vacías y sin ninguna tipo de plan o información, solo habían acudido a el esperando ordenes…
Por ello, ya habían sido castigados duramente.
Asustados y malheridos esos incompetentes al fin empezaban a moverse por la sala, trazando planes alrededor de la enorme mesa de caoba que había en el centro, bajo su atenta mirada.
Demasiado tiempo tranquilos. Los tengo mal acostumbrados, se han relajado y acomodado... Eso no es bueno. - Se decía.
Entonces las puertas de doble hoja se abrieron de par en par.
Una mujer alta y delgada, vestida con un entallado corsé y una falda larga de encaje y seda negra, estaba en el umbral de la puerta. Detrás de ella aguardaban dos hombres que parecían querer mantener las distancias.
Ella se apartó de la cara algunos de sus negros y enmarañados cabellos brillantes y espesos, que estaban recogidos en un moño prácticamente desecho, (lo que le daba un aspecto salvaje) y le miró a través de sus párpados gruesos y ligeramente caídos.
Sonriéndole y sin apartar de el la mirada entró contoneándose en el salón.
Bellatrix…
- Mi amo... - Saludó ella con la voz cargada de placer y extrema devoción. Realizó una exagerada reverencia cuando llegó ante el, sonrió y dijo. - Ya hemos asegurado la zona, nadie podrá entrar ni salir de allí hasta que usted lo ordene amo.
- ¿Alguna pista de los culpables?
- Sospechamos de un hombre no identificado en una azotea cercana al edificio. Varios magos, brujas y muggles ya están siendo torturados e interrogados, aunque de momento nadie sabe nada. Créame, me he empleado muy... a fondo, amo. - Dijo pasando su lengua por sus dientes y soltando una risita sádica.
- Estupendo Bella, no lo dudo…- Le aseguró complacido haciendo un gesto con su mano para que ella tomara asiento en una silla a su derecha, junto a el. En la que ella se sentó como si fuera un trono mientras una arrogante y desdeñosa sonrisa aparecía en sus finos labios, dirigida al resto de mortífagos que solo podían soñar con una mujer como ella.
Bellatrix Lestrange aún conservaba ciertos vestigios de su antigua belleza y en el pasado podría haber sido objeto de deseo de la mayoría de hombres (e incluso mujeres) allí reunidos, pero parecía no ser consciente de que su mente envenenada y su desequilibrada personalidad actuaban como un repelente natural contra el mundo. Solo alguien cuya mente y alma estuvieran tan dañadas como las de ella podría encontrarla atractiva...
Voldemort dirigió sus ojos rojos hacia los dos mortífagos que acaban de ingresar tras ella en la sala. Traían el rostro cubierto pero les reconoció igualmente: Mulciber y Avery. Los padres de ambos habían estudiado junto a el en Hogwarts y había sido miembros de su "grupo social" por así llamarlo, ya que el no tenía amigos, solo les consideraba simples peones para sus fines, pero desafortunadamente los hijos de estos no estaban siendo de mucha utilidad. No había olvidado lo torpes que fueron al no poder llevar a cabo la sencilla misión que les encargo hace años: Entrar en el ministerio junto con Lucius y traerle la profecía.
Al menos Bellatrix mató a Black , en cambio ellos... - Pensó.
¡Le sacaban de sus casillas! Creía que después de ese incidente y su entrada en Azkaban habrían espabilado pero la única que parecía actuar eficazmente y tener algún valor para sus planes y pasatiempos... era la desquiciada de Lestrange. Lo cual decía muy poco en favor del resto de sus mortífagos.
- ¿Y vosotros inútiles...? - Siseó peligrosamente mientras ambos descubrían su cara y se inclinaban ante el en señal de respeto. - ¡Mulciber!,¡Avery! ¿Se puede saber a qué esperáis? ¡Decidme! ¿Qué habéis conseguido? - Ordenó impacientándose.
- Mi Lord... Hemos conseguido obtener alguna información acerca de la extraña melodía de la que habla la gente. - Empezó a decir Mulciber, que era más alto y corpulento que su compañero pero que igualmente se sintió minúsculo bajo la mirada de su señor y no logró eliminar cierto miedo cuando habló.
- ¿Y bien?¡Habla!- Ordenó Voldemort tamborileando con sus largos dedos sobre la mesa y apretando debajo de esta su varita en la otra mano.
- La produjo un fénix, mi señor... creemos que... que es el mismo que vivía en Hogwarts, aquel que hace años cegó a su Basilisco. Es el fénix de Dumbledore, mi señor.- Reveló con temor, bajando su mirada al suelto de inmediato.
- ¡IMPOSIBLE!- Rugió Voldemort levantándose de su trono y acercándose hasta el. - Eso. Es. Imposible. - Enfatizó. - Ese bicho murió al hacerlo su estúpido dueño, desapareció sin dejar rastro. ¿Por qué iba a volver? ¿Acaso insinúas que desde la tumba ese viejo loco envía a su mascota para perturbarme?
Mulciber retrocedió, aterrorizado por tener que llevarle la contraria y susurró. - No mi señor… Yo solo… No, insinúo nada. Simplemente le... Yo solo quería informarle de que hemos encontrado esta pluma en la zona.- Dijo, colocando una inmensa pluma roja con suavidad sobre la oscura mesa de ébano, la cual hacía destacar más el intenso brillo rojo de está.
Voldemort la observó fijamente entrecerrando los ojos mientras un peligroso destello rojizo (más intenso que el de la pluma) cruzaba por ellos.
- Estaba en el centro del edificio mi Lord, entre los escombros y las brasas. El fuego no le afectó. - Intervino el otro mortífago, que era rubio y enclenque pero había permanecido impasible en su lugar.
- ¿Y qué os hace pensar que es del mismo pajarraco, Avery?- Le preguntó Voldemort tratando de mantener el control.
- Señor, la pluma que encontramos coincide con el núcleo de su antigua varita. Ambas proceden del mismo fénix. - Afirmó con rotundidad.
Avery no se arriesgaría a hacer tal afirmación sin haber realizando antes innumerables pruebas a esa pluma en el laboratorio... - Pensó Voldemort molesto, al entender todo lo que esa afirmación podría suponer.
- Creemos, que es una señal mi señor. Al principio pensamos que era una especie de firma o símbolo de la resistencia, pero si me permite exponerle mis conjeturas... Yo creo que es un mensaje más personal, dejado premeditadamente allí para usted, ya que la pluma le vincula directamente con el fénix de Albus Dumbledore.
Voldemort se sentó de nuevo y se quedó varios minutos en silencio mientras el grupo de mortífagos se removía incomodo.
- Muy bien, sentaos. - Ordenó. - Ese estúpido pajarraco no supone ningún problema, solo es un símbolo más que eliminaremos.- Dijo haciendo un gesto cortante con su blanca y esquelética mano, quitándole importancia.
- Tenemos asuntos más importantes que atender. - Dijo levantándose para poder mirar a sus todos sus siervos por encima. - Damas y caballeros ahora lo primordial es centrarnos en recuperar el control de la gente. No pueden pensar que este ataque nos ha sorprendido o que no estábamos preparados. Debemos mantener las apariencias mientras solucionamos todo esto. Diremos que fue idea del propio Ministerio. ¡Rookwood! Cuando vuelvas empieza a extender ese rumor desde allí, entre los empleados y las oficinas. Diles que has participado junto con otros "especialistas" en su demolición. Rosier, quiero que esta noche en las noticias se hable sobre el peligro de aferrarnos a los recuerdos o a viejos símbolos que solo son los restos de un pasado decadente, que expliquen que por eso mismo decidimos demoler ese viejo edificio. Y tú, Yaxley, como jefe del Departamento de Aplicación de Ley Mágica darás una rueda de prensa y explicaras que ese edificio se había quedado pequeño para realizar los exigentes y minuciosos tramites necesarios para asegurar el bienestar de los poderes mágicos de brujas y magos, frente a la insaciable codicia mágica de los muggles. Informales de que lo de anoche solo fue una explosión controlada, planeada en secreto por el Ministerio para sorprender a la población con ese gran homenaje, panificado para despedirlo como se merecía. Y concluye anunciando que el nuevo edificio que se construirá será aún mayor como muestra de nuestro poder. Un nuevo símbolo de nuestro tiempo y del futuro con el que su Lord les ha premiado.
Una risita cantarina, resonó en el salón.
- Amo… la gente... no se lo va a creer... - Canturreó divertida Bellatrix. Se había levantado y estaba paseándose por detrás de las sillas de los presentes, ajena a la tensión que se palpaba en el ambiente. - No... no... mi amo... Ellos no se lo creerán. - Aseguró deteniendo al otro lado de la mesa y mirándole mostrando una gran sonrisa y balanceándose sobre sus talones juguetona.
Voldemort la miró y en unos segundos se desapareció y apareció junto a ella.
La cogió del cuello con una mano, inmovilizándola. - La gente, mi querida Bellatrix…- Siseó inclinándose sobre su oreja, haciendo chocar su gélido aliento contra está y sujetándola más fuerte por el cuello dificultándole cada vez más la respiración. -… pensará lo que yo les diga que deben pensar. - Aseguró, dándole un leve golpecito en la frente con su frío y largo dedo. -… sentirá lo que yo les diga que deben sentir. - Dijo tomando su varita y lanzándole un Crucio de manera no verbal, haciendo que ella se removiera gimiendo de dolor. - y deseará… lo que yo desee. ¿Queda claro? - Preguntó deteniendo el maleficio y empezando a descender con su varita por el pronunciado escote de la bruja que temblaba de placer, visiblemente excitada ante el sádico castigo.
- Fuera todos. ¡Ahora!- Gritó la bruja a los mortífagos de la sala, tendiéndose seductoramente encima de la enorme mesa de ébano, aún rodeada por todos ellos(incluido su marido Rodolphus y el hermano de este, Rabastan Lestrange) sentados a su alrededor.
- Bella quería… ¡Yo soy quien da las órdenes aquí! No lo olvides. - Susurró el Lord Tenebroso mirándola con una aterradora sonrisa en el rostro.
Ella hizo un puchero, como una niña a la que le niegan una caramelo pero guardo silencio, incorporándose ligeramente y apoyándose sobre sus codos para poder ver a su señor.
Paseando de nuevo la mirada por sus súbditos Voldemort habló. - Veréis mis fieles camaradas... Esto es una prueba, la última antes de la sumisión total del mundo mágico. Todo esto ha reavivado la poca fe que le quedaba a la gente... Si fallamos y no acabamos con este último rayo de esperanza, perderemos todo lo que hemos construido en estos seis largos años. ¡ Y no permitiré que eso suceda! Así que... más os vale encontrar a ese hombre y hacerle recordar el verdadero significado de la palabra dolor, o seré yo el que os lo haga recordar a vosotros... uno a uno.- Siseó amenazante. - ¿Ha quedado lo suficientemente claro?
-Si, amo. - Respondieron todos a coro inclinando sus cabezas.
- Muy bien, ahora ¡LARGO!- Concluyó agitando la varita y abriendo las puertas para que desalojaran de inmediato la sala.
Avanzó hacia Bella (aún tendida en la enorme mesa) que le esperaba impaciente.
Lo que pensaba, Bellatrix es la única que puede servirme para algo. Tal vez con alguno de mis planes o pasatiempos...
La reunión había concluido, el Lord Oscuro seguía nervioso y necesitaba relajarse.
...
Más tarde en su despacho...
Estaba repasando distraído varios libros de magia oscura, cuando llamaron a la puerta.
- ¡Adelante! - Ordenó. - ¿Si… Lucius?- Preguntó interesado, al ver la emoción contenida en el rostro de ese patético hombre que hacía lo imposible por ganarse su aprobación de nuevo.
- Mi Lord.- Respondió este, haciendo una pronunciada reverencia y entrando en el despacho de su amo. Seguido por otro mortífago enmascarado que le imitó, pero que apenas se postró ante el. - Tenemos información sobre el autor de lo sucedido, encontramos una imagen del sospechoso en la mente de un anciano muggle que subió a su azotea para ver el espectáculo nocturno con su mujer.
- Lucius, ahórrate los detalles insignificantes. Dime lo que hayáis descubierto. - Demandó.
Lucius confiado al notar el interés del Señor Oscuro ante sus palabras continuó. - Verá, no es mucho... porque al parecer el sospechoso llevaba una máscara, por lo que la identificación es imposible. Sin embargo...- Se apresuró a añadir, al ver con temor como la mueca de interés de su señor cambiaba rápidamente a una de enfado. –...el sospechoso no estaba solo mi señor. También había una joven con él.
- ¿Una joven? ¿De quién se trata? - Preguntó interesado de nuevo.
- Aún no lo sabemos, mi señor. La imagen era muy difusa y el anciano no aguantó el interrogatorio... Sin embargo tenemos una idea aproximada, pero necesitamos confirmarla antes de avanzar en la dirección correcta. Si usted lo aprueba pondré a Greyback, su mejor rastreador, tras la pista para que lo verifique...
- ¡Mi señor! – Interrumpió el otro mortífago quitándose la máscara. - Si me permite, yo ya he estado siguiendo varias pistas y estoy seguro de que ya voy en la dirección correcta, yo puedo encargarme de localizar e identificar esa chica.
Voldemort se quedó mirando al joven mortífago durante unos segundos, sin duda aquel chico estaba ansioso por destacar y probar su valía por encima de la de su padre. Esto le gustó, sus mortífagos debía serle fieles a él y tenerlo contento por encima de los lazos familiares o afectivos. - Muy bien, Draco. - Concedió con un gesto de su mano .- Confió en que seas de gran ayuda y no me defraudes… como Lucius. – Añadió mirando a este último con desprecio.
Draco asintió relajando su postura, gesto que no pasó inadvertido para Lord Voldemort que al momento ordenó. - Lucius... ¡Hablá con Greyback! Solo por si hay complicaciones... Estate atento y si el joven Malfoy falla dile a Greyback que la muchacha es toda suya. Pero tú serás el encargado de castigar a Draco.- Añadió mostrando una cruel sonrisa. Complacido al ver el escalofrió que recorrió el cuerpo de Lucius ante esa orden. Torturar a su hijo sin duda los distanciaría más y les acercaría aún más a él. Todos eran mortífagos y estaban destinados a servirle, entre ellos no podía haber ningún tipo de lazo o unión, eso debilitaría sus filas y su lealtad, por eso solía llamarles a todos por su apellido y nunca se dirigía a los otros por parentescos inútiles como ''tu mujer'' o '' tu hijo''.
- ¿Algo más? - Preguntó al ver que los hombres seguían en su despacho.
- Los hechizos usados para destruir el edificio fueron muy potentes mi señor y han dejado una gran carga mágica en la zona, sin embargo no es imposible reconocerla o rastrearla. Sea quien sea ese hombre... es muy poderoso, señor. – Dijo Draco.
Voldemort torciendo el gesto, con rabia exclamó. -¡Ahórrate tus estúpidos cumplidos hacia ese tipo, Draco! Sin duda eres demasiado joven e impresionable.- Cortó, molesto.- Ahora retiraos de mi vista.- Ordenó, en tono que no dejaba lugar a réplicas.
...
Draco y Lucius Malfoy abandonaron el despacho recriminándose mutuamente varias cosas en voz baja.
Ya en la calle el tono de su conversación empezaba a elevarse...
- Draco, tu sabes quién es esa chica. Estoy seguro, ¿Por que no le dijiste nada al Lord Oscuro? El te habría recompensado, nuestra familia necesita ganarse de nuevo su confianza y su favor.
- Eso, es asunto mío padre. - Le cortó el chico. - Tú preocúpate por tus propios asuntos, que bastante tienes. Te recuerdo que yo dispongo del favor y la confianza del Lord, eres tu el que la ha perdido.- Añadió con desprecio.
- Como quieras, después no vengas llorándome…. – Respondió el hombre. Un brillo de dolor cruzó sus ojos pero lo ocultó. Pensando con cierta pena que quizás debería preocuparse más por ganar de nuevo el favor y la confianza de su hijo, antes de interesarse en ganar la del Lord.
- ¿Tienes alguna idea de quién puede ser el tipo? - Preguntó Lucius nuevamente, intentado entablar una conversación con su hijo.
- Ni idea… ¿Qué te hace suponer que lo sé? – Le respondió éste claramente molesto y esquivo.
- Pues que… Si conoces a la joven y ella estaba con el quizás… fuera uno de sus amigos y entonces también puedas tener una idea aproximada de quien puede ser.- Le dijo cautelosamente.
- No, no lo se. Ni tampoco me importa realmente. Quizás la chica solo estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado... ¡Y deja de querer sonsacarme información de una vez! No te diré nada que no le haya dicho al Lord.- Contestó Draco de nuevo molesto, no le gustaba tener que dar explicaciones también ante su padre. Ahora estaban al mismo nivel, ambos eran mortífagos y ambos estaban marcados pero no eran iguales... y el no le debía nada.
- ¡No trato de sonsacarte información, imbécil! Solo trato de entender porque ese estúpido hombre voló por los aires ese edificio y no el maldito Ministerio, por ejemplo. Ese habría sido mi objetivo. ¡Es el centro de todo! – Exclamó Lucius Malfoy parándose en mitad de la calle y vociferando enfadado mientras señalaba con la mano abierta el imponente edificio del Ministerio, a lo lejos. Estaba empezando a perder los papeles al ver el poco progreso que conseguía con sus maniobras para acercarse a Draco.
- Ni idea padre. - Respondió de nuevo éste indiferente. Más calmado y pensativo también se detuvo mirando hacia donde señalaba su padre.- Quizás lo de anoche solo fue el principio. Ya sabes, tal vez se reserva lo mejor para el final… Eso es lo que habría hecho yo... si planeara una revolución para derrotarle. - Añadió en voz baja y cautelosa, mirando por primera vez a los ojos fríos y envejecidos de su padre que le observaban muy atentos. - Bueno... Tengo cosas que hacer. Nos vemos para la cena. Dile a madre que llegaré a tiempo y que no se preocupe. - Se despidió Draco, retirándole la mirada y dirigiéndose hacia el fondo de la calle, desapareciendo de su vista entre la gente.
oOo
* Sobre Los Sagrados Veintiocho: En un libro conocido como El Directorio de los Sangre Pura que se publicó en 1930 en Gran Bretaña de manera anónima (aunque se sabe que el autor fue Cantankerus Nott) donde se ofrecía una lista de las "veintiocho familias con verdadera sangre pura" con "el objetivo de ayudar a estas familias a mantener la pureza de sus líneas de sangre". Familias incluidas: Abbott, Avery, Black, Bulstrode, Burke, Carrow, Crouch, Fawley, Flint, Gaunt, Greengrass Lestrange, Longbottom, Macmillan, Malfoy, Nott, Ollivander, Parkinson, Prewett, Rosier, Rowle, Selwyn, Shacklebolt Shafiq, Slughorn, Travers, Weasley, Yaxley. Familias Sangre puras que no están incluidas: Blishwick, Borgin, Brown, Buchanan, Crabbe, Dolohov, Gamp, Goyle, Max, Moody Prince, Proctor, Sayre, Tripe, Urquart, Zabini. Familias de sangre pura excluidas por matrimonios: Cattermole, Lupin, Potter, Scamander. Familias de sangre pura extintas por línea masculina: Fleamont, Gryffindor, Hufflepuff, Peverell, Ravenclaw, Slytherin. (Fuente: HarryPotterWikia y Pottermore.)
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