7. DOS TRAIDORES Y UNA SANGRE SUCIA

Draco Malfoy había cambiado. Es bien sabido que la guerra cambiaba a las personas y el había sido una de ellas, ya no era el mismo. Aunque a decir verdad, ese cambio había empezado antes. Antes incluso, de unirse a los mortífagos.

Creció y vivió como hijo y heredero único de una rica y antigua familia mágica, en la magnífica mansión Malfoy de Wiltshire. Pasó toda su vida entre lujo y algodones, creyendo que era especial por ser un Malfoy. Con fe ciega en las historias que su adorado e idolatrado padre le contaba, sobre la supremacía de los magos y la pureza de la sangre por encima de todas las cosas.

Ahora, una risa amarga cruzaba su rostro al pensar en ese término, ''sangre pura'' , dudaba de que ellos (incluido el) tuvieran algo puro, hasta su sangre (después de siglos de matrimonios entre primos) estaba corrompida. Muerte, tortura y destrucción, era lo único que les rodeaba y para lo que servían.

Con los años, al ir haciéndose mayor y tras el regreso del Señor Tenebroso durante su cuarto curso, empezó a abrir los ojos... Sabía que sus padres mantenían largas conversaciones entre susurros para que el no les oyera y les veía preocupados y estresados todo el tiempo. El no entendía porque ya que al ser sangre puras estaban excluidos de la ira de Lord Voldemort pero cuando les preguntaba ellos fingían que no sucedía nada y le mandaban a su habitación o al jardín excluyéndole de las conversaciones en las que hasta el momento siempre había podido estar presente.

En su quinto curso las cosas no le fueron del todo mal con Umbridge como directora. Con ella allí favoreciendo a Slytherin tenían poder sobre el resto de las casas y siempre salían beneficiados de cualquier conflicto pero tras el fracaso de su padre en el Ministerio (donde debía haber recuperado la Profecía) y su posterior encarcelamiento en Azkaban, a el le impusieron la marca tenebrosa y los temas escolares como quien sería el que ganase la copa de las casas, restarle puntos a los Gryffindors o los partidos de Quidditch pasaron a parecerle estupideces.

Finalmente comprendió que el hecho de ser un ''sangre limpia'' no le beneficiaba en absoluto, ni le protegía del sádico de su amo, porque si, ahora tenía un amo. El era su dueño, el le ordenaba como vivir y como morir, exactamente igual que a su padre, a los sangre sucia, los rebeldes y el resto de gente que luchaba contra su amo y señor. Pero al menos estos últimos eran libres, en el fondo de su alma lo eran y morirían defendiendo una causa justa, por la que creían. No como el, que seguramente moriría en alguna estúpida misión, por una causa que ya no era la suya y que dudaba de que alguna vez lo hubiese sido. Sin embargo estaba condenado, ¿Qué podía hacer? ¿Huir? No, su madre y su padre pagarían las consecuencias y seguramente no lograría llegar más allá de la frontera con vida. Voldemort no perdonaba a los desertores de sus filas, su tío segundo Regulus Black o Igor Karkarov eran un buen ejemplo de ello.

Estaba atrapado y así, asustado y acatando ordenes, pasó sus últimos años en Hogwarts, cuando todo empezaba a derrumbarse a su alrededor y a cambiarle profundamente.

Durante su sexto año en Hogwarts su primera misión como mortífago fue ese maldito armario evanescente. Si fracasaba él y su madre morirían y si lograba repararlo, llevando a cabo su plan, seguramente morirían varios de sus compañeros. No le agradaba la idea pero era egoísta. Mejor ellos que nosotros. Se decía a si mismo. Siempre sería un Slytherin y ellos se preocupaban por los suyos como nadie, morirían por salvar a los que amaban y valoraban realmente, pero no les movían sentimientos de sacrificio tan nobles y altruistas como a los Gryffindors, capaces de sacrificarse por el bien de la humanidad. Todavía hoy volvía a su mente la imagen del viejo director en lo alto de la torre de Astronomía con esa mirada de benevolencia y pena... Albus Dumbledore parecía saber exactamente lo que él sentía cuando le estaba apuntando con su varita, compadeciéndose y apiadándose del niño lloroso frente a sus ojos que pretendía acabar con su vida. Y simplemente no pudo hacerlo, el no podía matar a ese hombre. A partir de ahí todos los recuerdos sobre lo sucedido esa noche se volvían difusos. Recordaba los gritos de la loca de su tía, la figura oscura y alta de su padrino que se ponía delante suyo y hacía lo que el no había sido capaz de hacer, murmuraba contra el viejo director la maldición imperdonable: Avada kedavra. Después silencio, la marca tenebrosa en el cielo, gritos y carreras.

Cuando llegó el verano las cosas no mejoraron. En su propia casa fue testigo del asesinato de Charity Burbage (la profesora de estudios muggles) y obligado a torturar al mortífago Thorfinn Rowle cuando dejó escapar a Potter y a sus amigos en el Londres muggle y quien más tarde intentando matar a Remus Lupin, mató por accidente a otro mortífago llamado Gibbon. "Más Rowle,¿o prefieres que lo dejemos y que te entregue a Nagini para que te devore? Lord Voldemort no está seguro de poder perdonarte esta vez. ¿Me has llamado solo para esto, para decirme que Harry Potter ha vuelto a escapar? Draco, demuéstrale lo contrariados que estamos. ¡Hazlo, o descargare mi ira sobre ti!" Y el lo hizo. Ese fue el primero de tantos a los que tuvo que torturar bajo las órdenes de Voldemort.

Su séptimo y último año en Hogwarts lo pasó tranquilo y solo, realizando alguna misión esporádica sin importancia, con la única compañía de Thedore Nott un Slytherin amigo de la infancia con el que retomó la amistad, cuyo padre mortífago también había sido encarcelado y que tras la nueva fuga de Azkaban había desaparecido sin dejar rastro. Theodore era un muchacho tranquilo, algo extraño pero muy observador e inteligente y que no parecía tener ningún interés en la Segunda Guerra Mágica o en los ideales del Lord Oscuro. También contó con el apoyo del fantasma de Myrtle la Llorona, al que por patético que suene siguió visitando después como agradecimiento por su cariño y ayuda el año anterior.

Pero esta tranquilidad le duró relativamente poco, ya que fue llamado por sus padres y su tía Bella durante las vacaciones de Pascua a la Mansión familiar, para confirmar la identidad del trió dorado. Al parecer, habían sido capturados por los carroñeros y entonces por primera vez el, Draco Malfoy fue valiente y mintió. Mintió a sus padres, a su tía, a su familia, mintió a los carroñeros a los mortífagos y a todo lo que representaban. Porque si, el estaba seguro de que eran ellos. Ese trió era inconfundible por muy deformada que tuviese la cara ''San Potter'', le delataban ''El Zanahorio'' y ''La Sabelotodo'', pero no sería él quien les condenara, si esos tres tenían la más mínima oportunidad de escapar y acabar con su amo, no sería él quien se lo impidiese. Y meses más tarde, evitó de nuevo que el estúpido de Crabbe matara a Potter, con lo que al parecer se ganó el perdón definitivo de esos malditos y nobles Gryffindors, quienes le salvaron la vida cuando la sala de los menesteres ardió.

Sin embargo al morir finalmente Potter, durante su enfrentamiento con el Señor Tenebroso, vio como su última vía de escape moría con él, condenándole a una vida de servidumbre, bajo las ordenes de aquel loco.

Jamas olvidaría la angustia y el miedo de esos años...

Ni su dura preparación como mortífago para las misiones, tutelado por su tía Bellatrix, entrenando sin descanso bajo torturas, mejorando día a día. Hasta que fue capaz de lanzar oscuras maldiciones, complicados hechizos y encantamientos escudos muy potentes de manera no verbal. Pero nunca logró convocar un Patronus corpóreo como Potter o sus amigos, únicamente conseguía una tenue neblina. Ella se reía y le decía que no necesitaba saber hacerlo, porque los dementores estaban de su lado y a ellos no les atacarían. Irónicamente la loca de su tía también le enseño la importancia de dominar y proteger la mente... con ella aprendió Oclumancia*(ya que no podía aprender de Snape, su padrino, porque no se fiaba de el) y aprendió bien, a decir verdad a la perfección. Se esforzó al máximo, como no lo había hecho en su vida, sin necesidad de ser torturado por su tía ni una sola vez para ''motivarse''. Y eso fue sin duda lo más valioso que aprendió esos días. La Oclumancia ahora le servía para bloquear los recuerdos y pensamientos que no quería que su señor, ni nadie descubriese. Gracias a eso ahora tenía una parte privada en su mente, en la que refugiarse y ser libre de nuevo. Un lugar donde volver a verla a ella.

Después de la reunión de esa mañana, la pequeña charla en el despacho con Voldemort y de dejar plantado a su padre en mitad de la calle... Draco andaba con paso rápido y firme, erguido con altivez y prepotencia mientras la gente se apartaba de su camino y bajaba la mirada al ver sus ropas de mortífago. Esto era algo que no le ayudaba cuando lo que pretendía era perderse entre la multitud para despistar a los posibles espías, pero ya estaba acostumbrado a que esto sucediese y sabía lo que tenía que hacer. Sabía como evitar ser espiado aunque no se tomaría tantas molestias si no fuese por una razón importante, pero Hermione Granger lo era, de hecho probablemente ella era lo más valioso en su vida. Si debía ser cauto y actuar como un paranoico para protegerla lo haría. Por ello continuo actuando con normalidad, como si la calle le perteneciera, como se esperaba de el, hasta encontrar la oportunidad perfecta para desaparecerse.

Debía avisar a Hermione... El había descubierto en seguida su identidad en la mente de aquel muggle, sabia que era ella la mujer que aparecía junto a ese tipo enmascarado en la azotea. Reconocería su silueta y esa maraña de pelo castaño donde estuviese... pero, ¡Gracias a Merlin! había sido el único, aunque estaba seguro de que en solo unas horas Voldemort enviaría a ese mortífago mutante de Fenrir Greyback tras su pista y el no tardaría mucho en rastrearla y localizarla desvelando su identidad, por lo debía darse prisa.

Mientras caminaba entre la gente y simulaba observar distraído los escaparates, Draco pensaba en lo mucho que había cambiado todo para que de nuevo arriesgara su vida para tratar de salvar la de ella, Granger... su antigua compañera escolar a la que insultó durante años por ser hija de muggles, la cual había sido siempre más inteligente y valiente que sus amigos e incluso que el mismo, lo que le sacaba de sus casillas. Pero después de la guerra y de lo sucedido los meses posteriores... Su relación con ella había cambiado radicalmente. Tampoco es que fueran íntimos pero sí que había surgido entre ellos una fuerte relación de amistad y protección fortalecida con el paso del tiempo, asentada sobre una misma pérdida a manos de su ahora aún más odiado padre. Al pensar en ello sintió un enorme dolor y vacío en el pecho, nunca hablaban de ella... Katherine.* Volvió a centrar con rapidez sus pensamientos en esa extraña amistad que había surgido con la Gryffindor. Amistad que años más tarde aún se mantenía firme, por supuesto a espaldas de su Lord, su padre y del resto del mundo. Ambos estaban en contacto y conversaban de vez en cuando, así había descubierto ella llevaba prácticamente una vida de ermitaña, tan sola como el, viviendo alejada de sus amigos. Algo que no entendió al principio, hasta que ésta le habló de la pena y la culpa que le acosaba (como a el mismo) por seguir viva mientras los que amaba habían muerto y como el hecho de ver a sus antiguos amigos se lo recordaba. Algo que estando con el no sucedía, ya que como le había confesado ella entre risas, él era '' un viejo enemigo'' y no le traía recuerdos felices de un pasado juntos, pues nunca estuvo con ellos. El era parte de su presente y por ello su amistad no le dañaba.

En mitad de un cruce, cuando un autobús giraba a la derecha y un gran camión de reparto pasaba frente a el, vio su oportunidad...

Se apareció frente a la puerta que daba acceso al apartamento de Granger, como tantas veces había hecho, justo en medio de ese estrecho pasillo del edificio muggle donde vivía. Esperaba encontrar aún allí porque en su trabajo sería más complicado hablarle con seguridad, rodeados de gente y más con el cotilla de Nott rondando por allí. Tenía que hablar con ella y ponerla sobre aviso. ¡Debía marcharse del país y esconderse!

Demasiado impaciente como para llamar y esperar su respuesta, Draco desactivo los hechizos protectores y entró esperando verla, pero sus esperanzas de encontrarla aún allí se esfumaron nada más entrar en el apartamento.

- ¡Joder!- Maldijo colocándose la máscara de mortífago. Girando sobre si mismo se desapareció de nuevo.

Mientras tanto, Hermione ajena al peligro que corría, estaba en su trabajo ordenando algunos papeles.

Pensaba en su salvador una y otra vez, en donde estaría y en si volvería a verlo mientras escuchaba de fondo como el presentador del informativo relataba los sucesos de la noche anterior - … explosión controlada llevaba a cabo por orden del ministerio…

¡Increíble! ¿Realmente pretenden hacer creer a la gente que ellos han causado todo eso? Bueno, igual después de tanto tiempo de manipulación lo gente se lo cree... Pensó.

-¡Vaya montón de mierda!- Exclamó a su espalda una joven pelirroja compañera de trabajo.- ¡Eh! ¿Tú... les crees? - Le preguntó con el ceño fruncido señalando a uno de los muchos monitores colocados en la pared central de la oficina.

Hermione se giró, encarando a la joven pero sin mirarle a los ojos respondió dudosa.- No se… Ginevra.

- ¡Hermione! - Exclamó exasperada. - Por el Caldero de Morgana... Sabes tan bien como yo que no fue una maldita demolición controlada. ¡Ni fue un puñetero espectáculo planeado por el Ministerio! - Dijo irritada. - Lo de la pasada noche fue mucho más que eso. ¡Fue por ELLOS! - Insistió bajando la voz, acercándose y obligando a Hermione (a la que apenas conocía ya) a mirarle a los ojos.

- Lo sé. – Musitó ésta en voz baja, manteniendo su acuosa mirada en la de la joven pelirroja, cuyos ojos ardían con la misma fuerza y brillo que su cabello.

- Yo lo vi. Fue... precioso y mágico de verdad. Me recordó a lo que le hicieron mis hermanos en Hogwarts a la cara sapo de Umbridge. ¿Recuerdas? – Dijo con emoción, tapándose la boca para silenciar una risita. – ¿Recuerdas como luchamos contra ella? ¿Recuerdas... el Ejercito de Dumbledore?- Añadió bajando la voz, poniéndose seria de nuevo y mirando a Hermione que permanecía fría ante ella.

- Si, lo recuerdo. – Le respondió con un cortante susurro.

Hacía tiempo que la relación con Ginny se había enfriado,(como con todos) a pesar de tener la suerte de estar juntas y verse a diario casi no hablaban y mucho menos del pasado.

Ahora que algo dentro de ella había cambiado, (gracias a lo vivido la noche anterior con su ex profesor) estaba deseando decirle muchas cosas. Decirle que lo sentía, que si que recordaba todo y que la perdonara por apartarla así de su vida, que la había echado mucho de menos y no había sido capaz de afrontar la pena y la culpa por no haber podido ayudar más a Harry y a su hermano. Que pensaba que no la perdonarían por seguir con vida cuando ellos habían muerto porque ni ella mima podía perdonarse por eso. Y por supuesto quería decirle que lo sabía, sabía que ese homenaje era por ellos, por los cincuenta caídos pero también por los que seguían aquí. Quería decirle que tenía razón, que tendrían que volver a luchar y que se preparará porque todo iba a cambiar, estaba segura de ello, pero no podía hacerlo porque sería peligroso para ella y sobretodo porque se lo había prometido a el. El era su secreto, su regreso, su plan, todo lo que el le había dicho se lo guardaría para ella hasta que el decidiera revelárselo al mundo llegado el momento. Y aunque esperaba que el momento llegase pronto, no pensaba poner en peligro a ''su Príncipe'' por nada del mundo. Por ello a pesar de haber "despertado" no podía cambiar su actitud con Ginny de repente ahora sin levantar sus alarmas. Debía continuar igual para no despertar las sospechas de la pelirroja, hasta que fuera el momento adecuado.

- Yo... no vi nada. - Empezó a decir, evitando nuevamente su mirada volvió a su tarea de organizar papeles, odiándose por tener que mentir a su amiga.- Tenía una reunión con el jefe y…- Continuó.

- ¡Oh, es verdad! Perdona por no preguntarte antes, lo de anoche... ya sabes... Bueno ¿Como fue la ''cita'' con el estirado de Notty? – Preguntó Ginny, interrumpiendo a Hermione con una picara sonrisita, mientras alzaba las cejas juguetona al decir ''cita''.

Esta pelirroja cotilla nunca cambiara. Pensó divertida conteniendo la risa.

Ginny Weasley dotada con la sutileza de un cola cuerno húngaro y ese humor puramente Weasley en los momentos menos apropiados, (sin duda toda la culpa de eso último la tenían los gemelos) era tan impredecible como un volcán, de pronto dejaba estallar toda su furia sobre ti y te fulminaba duramente con sus palabras, maleficios o con esa mirada furibunda como su madre, como se volvía inofensiva siendo comprensiva y protectora contigo.

Hermione no pudo responderle porque en ese momento entró la directora del departamento reprochándoles que las horas de trabajo no eran para "cotillear" y estar cruzadas de brazos. Encarándose más con Hermione, le preguntó: ¿Por que no has subido aún con la merienda? ¡Necesito mi café, Granger!

A lo que siguió una vergonzosa reprimenda delante de toda la oficina, diciéndole que los esperaban desde hacía ya varios minutos y que si tenía que volver por ellos de nuevo quizás podría prescindir de sus servicios. Mientras salía por la puerta, añadió con desprecio que el jefe la había llamado a su despacho y la esperaba. Murmurando enfadada que ella no era la lechuza de nadie, desapareció dando un portazo.

Cuando Hermione entró en el despacho de su jefe, que iba tan impecablemente vestido como siempre, con un traje gris oscuro y corbata, no pudo evitar pensar en que la elegancia parecía ser la marca de la casa Slytherin.

Como las serpientes: bonitas por fuera pero venenosas e incluso mortales si te acercas demasiado.

Theodore Nott estaba hablando con alguien a través de la Red Flu de su chimenea, ligeramente inclinado sobre esta. Seguramente negociando una actuación del programa con algún censor de ministerio, algo habitual porque todo lo que salía por televisión era previamente autorizado por el. Ya que ahora Nott, dirigía un importante programa de humor y a veces cultura que entretenía a la gente. Les hacía creer que al menos viendo esto no corrían peligro de ser manipulados. Hermione no dejaba de extrañarse y sorprenderse al pensar irónicamente en cómo la televisión un objeto tan muggle había invadido la Comunidad Mágica. Invento que no parecía haber despertado el interés de los magos y brujas hasta la victoria del nuevo régimen, a diferencia de la radio (reina de la comunicación durante tanto tiempo) que había sido olvidada prácticamente hasta desaparecer ya que en ella no había música, únicamente más noticias alabando el nuevo gobierno. Reconocía que Voldemort, que había nacido y crecido en el mundo muggle (algo que pocos que continuasen vivos conocían) había demostrado su inteligencia al emplear ésta como medio de comunicación propagandístico, sin duda sabiendo el gran poder que suponía controlar un medio como ese.

Al ver entrar a Hermione con la bandeja en su despacho, Nott se despidió rápidamente del interlocutor y se acercó a ella con una bonita y juguetona sonrisa.

- Jamás me había dejado plantado una mujer tan atractiva. - Le recriminó con expresión seria pero con un tono jovial.

Ella dejó sobre su escritorio el té de la tarde, algunas pastas y el periódico.

- Oh señor Nott verá, yo…- Se excusó avergonzada, pasando por alto como siempre sus cumplido.

- Por favor Hermione, lo de señor hace que me sienta como un viejo. ¡Yo no soy mi padre! - Exclamó algo molesto.- Por suerte para ambos... - Añadió suavizando el tono. - No era nada agraciado te lo aseguro. - Dijo tratando de bromear. Nervioso pasó su mano por su cabello. - Tenemos los mismos años y aunque apenas cruzáramos un par de palabras... estudiamos juntos en Hogwarts. Te he dicho mil veces que me llames Theo.- Pidió cordialmente.

- Ésta bien, Theodore.- Cedió ésta un poco. - Anoche salí para verle, pero ya había sonado el toque de queda, había carroñeros por las calles, me entró miedo y volví a casa, lo siento.- Explicó disculpándose.

No quería que su jefe pensara mal de ella, era muy agradable y le caía bien a pesar de su insistente y absurdo coqueteo, parecía que disfrutaba incomodándola. Tal vez eso también es marca Slytherin... Bromeó para si misma.

Algo distraído Nott paseó su mirada por la habitación. - ¡Ah! Si... Ya, veo… bueno no te preocupes. Hablaremos sobre tu ascenso otro día, ¿de acuerdo? No te engaño Hermione, realmente creo que estas desaprovechada en ese absurdo puesto, es injusto elegir un cargo según el estatus de limpieza de la sangre. Por desgracia el toque de queda después de lo de anoche será aún peor. Me sorprendería si no terminan poniéndonos un collar a todos para pasearnos por la calle.- Dijo con desdén dándose la vuelta.

Ella sabía que Nott no simpatizaba con los ideales de Voldemort y que solía dejar escapar comentarios de ese estilo en privado. Comentarios a los que por supuesto ella nunca añadía nada, se limitaba a quedarse callada. Le caía bien pero no confiaba en el, su misteriosa enemistad con Draco tenía mucho que ver con eso, además tampoco entendía porque un Slytherin (a excepción de Malfoy) era tan simpático con ella. No le conocía casi y no estaba segura de querer hacerlo.

- Gracias por el té, Hermione.- Dijo educadamente mientras con elegantes movimientos tomaba asiento tras su enorme escritorio y empezaba a leer El profeta, dando por finalizada la charla.

Ella asintió y se retiró.

Como siempre Hermione tardo más de lo necesario en cerrar la puerta, solo para ver como Nott saboreaba complacido el té que ella había preparado. Sabia que el dulce era su perdición y le gustaba ver como a su imponente jefe se relamía mientras toqueteaba las galletitas como un niño, escogiendo la más azucarada y colorida posible.

Ser la espía de ese pequeño ritual diario le hacia sonreír y pensar que Theodore Nott, no podía ser un mal tipo.

...

Hermione cerró la puerta sonriendo.

Ese hombre la alteraba, no le consideraba un peligro y le apreciaba pero... invadía demasiado su espacio personal. Le recordaba mucho a la excéntrica de su amiga Luna Lovegood, con su manera de observarla con sus enormes ojos claros, traspasándole el alma. ¿Dónde estaría ahora? No la veía desde la batalla pero sabía que no habían apresado como a ella, así que suponía que ella y su padre habían huido antes de ser apresados y estaban en algún lugar mágico escondidos, rodeados de criaturas mágicas...

Saliendo de sus pensamientos decidió ponerse en marcha de nuevo, ese día había mucho ajetreo, no podía permitirse relajarse ni un momento.

Un repartidor la esperaba con un carrito lleno de cajas en la entrada, lo cogió y empujó hasta el interior del edificio.

Cuando pasaba junto al anciano recepcionista, este le preguntó simpático si habían pasado las barreras de seguridad, a lo que ella como siempre le decía bromeando que no, que estaban llenas de salamandras de fuego, sabiendo el pánico que les tenía el hombre a esos bichejos, ya que una vez de niño le quemaron la mano, ''por meterla donde no debía'' como le había contado entre risas cientos de veces.

- ¡Pues espera a que termine mi turno para soltarlas querida!- Exclamó con una sonrisa paternal, mientras Hermione se alejaba sonriendo.

Subió en el ascensor mágico hasta la planta de atrezo, imaginando que sería una entrega para el espectáculo de esa noche. Entró en la zona de vestuario y maquillaje, donde estaban congregados un gran número de artistas, corriendo de aquí para allá, preparándose. Cerca de la entrada estaba la directora de producción, avanzó dejando frente a esta el carrito.

- ¿Qué es esto Granger? No he encargado nada.

- No lo se. Un repartidor lo trajo, yo me limité a entregártelo suponía que sería algo para la actuación de esta noche.- Contesto distraída mirando los disfraces y peinados.

- Bien, veamos…¿Qué demonios es esto?- Exclamó extrañada la directora al abrir las cajas.- Bien, déjalas... por ahí.- Añadió sin darle importancia, agitando las manos con un vago movimiento señalando la sala en general.

Hermione tardó un par de segundos en reaccionar, se le había parado la respiración al ver el contenido.

Eran máscaras, máscaras blancas y capas negras, infinidad de ellas, como la que llevaba Snape la noche anterior.

El la ha enviado.

Tenía un mal presentimiento, su instinto le gritaba que saliera de allí inmediatamente. Sabía que su profesor no seria capaz de volar por los aires el edificio de telecomunicaciones con gente inocente trabajando en su interior pero a saber qué planes tenía...

Esas máscaras no son una buena señal. Se dijo, dejando las cajas en una esquina de la habitación y apresurándose hacia el ascensor.

Antes de salir de allí tenía que avisar a Ginny para que se pusiera a salvo, quizás una excusa como almorzar juntas le serviría, sin duda la pelirroja se extrañaría pero daba igual. ¡Esto es una emergencia! Se dijo mientras se dirigía a la sala de archivos donde la había visto por última vez.

Draco Malfoy entraba en ese momento en el edificio. Algunas personas se apartaban de su lado, otras le miraban con curiosidad mal disimulada pero ninguna le detenía, era un mortífago podía entrar y salir de donde quisiera.

Mientras esperaba el ascensor, para subir hasta la planta donde sabía que trabajaba Granger, estaba leyendo el informe secreto que había conseguido tras mucho investigar en el Ministerio. Era algo que ella le había pedido hace tiempo, ya que esta sabía que sus padres habían muerto, pero no como, ni que había sido de ellos. En este se explicaba lo que les había sucedido: Habían sido detenidos cuando cruzaban el mar hacia Australia, sin duda los mortífagos les habían dado caza sin descanso, por muy bien que ella les hubiera escondido al parecer les habían encontrado. Habían anulado el potente encantamiento de creación de recuerdos* de Hermione, recordándoles que tenían una hija y diciéndoles que a esas alturas ya estaría muerta a manos de su amo, por ser una asquerosa hija de muggles, como ellos. El informe decía que su padre había muerto al momento, tras enfrentarse con los mortífagos y su madre a los pocos días.

Finalmente la puerta del ascensor se abrió, mientras escondía el informe en los pliegues de su capa levantó la vista y sonrió para si tras su máscara, al ver como de el salían charlando el rarito de Theodore y la pequeña hija de los Weasley amiga de Granger. Ellos evidentemente no le reconocieron pero hicieren un gesto de saludo obligado con sus cabezas y se apresuraran a salir de su vista.

Estupendo. Se dijo Draco. No habrá complicaciones. Seguramente ella estará arriba sola, entre viejos documentos y papeles mohosos, leyendo y clasificando todo como el ratoncito de biblioteca que es.

Subió solo en el ascensor, curiosamente nadie quería subir o preferían no hacerlo en su compañía.

Llegó a la planta donde trabajaba ella y entró a buscarla a la sala de archivos, a la vez que Hermione buscaba en ese mismo momento y en esa misma sala a Ginny entre las filas y filas de documentos apilados.

Mientras tanto...

El Príncipe Mestizo había entrado sigilosamente por una ventana del edificio de telecomunicaciones sin ser visto, (bajo la capa invisible de Potter, que había conseguido años atrás) y se deslizo sigilosamente hasta la sala de emisión, donde manipuló varios monitores para cortar la programación y así introducir su propia grabación, con un nuevo mensaje para la comunidad mágica. En ella confirmaba su autoría sobre el ataque de la noche anterior a ese odioso edificio y confirmaba lo que esto significaba, con las mismas palabras que había utilizado la noche pasada para explicárselo a Granger... (una punzada de necesidad atravesó su pecho al pensar en ella) Desmintiendo así las falsas explicaciones que el régimen estaba empezando a difundir para engañar a la gente. Algo que la gran mayoría de la población ya sospechaba que era mentira y que el les confirmaría.

Antes de salir de la habitación dejó sobre la mesa una larga y brillante pluma roja, como mensaje para los motífagos y para Voldemort, hechizó la puerta para que nadie pudiera entrar hasta que esta hubiese finalizado y se alejó de allí.

Una vez llevada a cabo la primera parte de segundo plan, fue a esconderse mientras este se desarrollaba. Aún no podía dejarse ver. Lo haría pero justo al final, para mostrar que no había tenido cómplices y evidenciar lo fácil que había sido burlarse del Lord Tenebroso nuevamente. Si todo salía como había planeado esperaba poder salir con vida, gracias a una pequeña distracción que tenía preparada.

Entró en una de las salas superiores, donde sabía que apenas circulaba gente porque se usaba como almacén y archivador. Sin saber que estaba a punto de encontrarse a la persona que menos se esperaba...

Avanzó hasta apoyarse en la pared del fondo, frente a la puerta, oculto entre las sombras, atento a los movimientos que se producirían en el exterior.

Al minuto de entrar en la habitación, la puerta se abrió de nuevo, dejando ver en el marco de ésta a un mortífago, al que el apuntó en el acto con su varita.

¡Maldición! Han sido mucho más rápidos de lo que esperaba... Estaba a punto de lanzarle un hechizo aturdidor cuando el mortífago habló. El reconoció su voz y bajó su varita incapaz de atacarle, pero lo que más le sorprendió fue no fue su identidad si no lo que dijo y a quien buscaba.

- ¡Granger! ¡GRANGER, contesta! ¿Estas aquí?- Gritó.

Snape se quedó paralizado.

¿Granger? Ese mortífago era Malfoy... ¿Por que estaba Draco Malfoy buscando a Hermione? ¿Ella estaba allí? ¿Qué quería de ella?

Su mente estaba confusa no sabía que hacer y cuando vio aparecer a Hermione entre las filas de archivadores, dejándose ver directamente por el mortífago, casi se muere de la impresión. Volver a verla allí en menos de veinticuatro horas, cuando el tiempo apenas había conseguido desprender de su capa el aroma de esa joven, (un aroma en el que había dormido envuelto toda la noche) le había sorprendido, pero más el hecho de que de nuevo ella parecía estar en problemas de hecho caminaba directa hacía ellos.

Permaneció atento y trató de mantener la calma. El era un hombre tranquilo y precavido, que pensaba cualquier movimiento antes de precipitarse. Además tenía todo bajo control. El estaba allí para protegerla de nuevo.

Por muy padrino que sea del chico, si Malfoy la toca o le hace daño, no tendre piedad con el. Se dijo, asustándose de ese sentimiento de propiedad y protección sobre la Gryffindor que crecía a cada segundo, haciéndose más fuerte en su interior.

- ¿Malfoy? ¿Eres… tu? ¿Que… que haces aquí? - Preguntó cauta Hermione. Los mortífagos tenían muchas maneras de engañar y no podía revelar ningún tipo de sentimiento antes de estar segura de que era el.

- He venido por ti Granger. Saben que ayer por la noche estabas con ese hombre enmascarado en la azotea. – Dijo avanzando hasta ella, quitándose la máscara confirmando su identidad.

Severus se tensó más ante esas palabras, estaba a punto de atacarle, si daba un paso más hacia ella...

Pero de nuevo se quedó congelado, al ver como Hermione (en vez de asustarse por sus palabras y su identidad) sonreía y echaba a correr desesperada hacia los brazos del rubio mientras este los abría para recibirla, abrazándola protectoramente.

Snape ante la imagen apretó su mano izquierda en un puño, mientras bajaba lentamente su varita en la otra, aturdido ante la escena.

Una oleada de rabia irracional recorría todo su cuerpo, desde la punta de sus dedos que parecían arder, hasta su pecho atravesándolo. Sintió un dolor profundo en el corazón como si se lo hubiesen retorcido y arrancado, tenía unas ganas inmensas de causarle dolor a ese maldito niñato teñido, mimado, desagradecido y egocéntrico. Estaba siendo sacudido por un sentimiento que creía olvidado... celos. Unos celos que ahora le consumían y le quemaban el alma (o lo que quedara de ella) con una fuerza que no recordaba haber sentido nunca. Ver a Granger abrazando con tanto cariño a... esa serpiente traicionera, le había abierto los ojos. Estaba empezando a sentir por ella algo más que cariño y atracción. Pero es que no entendía porque Hermione parecía tan feliz entre los brazos a esa asquerosa víbora que la había insultado durante años. ¡Solo es un asqueroso mortífago, indigno de ella!

Como tú... Le dijo una vocecita en su cabeza. No, como yo no. Malfoy es un jodido peligro cerca de cualquier mujer. Yo no...

- ¡Draco, cuanto tiempo! Me has dado un susto de muerte, ¡Maldito Slytherin...! Sabes que odio esa máscara, pareces uno de ellos. - Le regañó.

- Hermione, es que... ¡Soy! Uno de ellos.-. Remarcó el con mofa. Alzando su barbilla arrogante y mostrando esa sonrisa torcida de chico malo que volvía locas a las chicas. Ganándose por ello una mirada asesina de Severus.- Vamos Granger, no es momento de ponerse cariñosa. Ya sé que no puedes evitar tocarme teniéndome cerca... pero contrólate por favor. - Dijo divertido al ver que el enfado de la chica (aún entre sus brazos) iba en aumento.

Sin saber que la atenta y oscura mirada de un furibundo Snape le fulminaba desde las sombras.

- ¡Maldita serpiente ególatra y creída!- Regaño Hermione de nuevo, separándose de el indignada y dándole un pequeño puñetazo juguetón en el hombro. -Sabes perfectamente que únicamente despertaste algún interés en mi... cuando te convertiste en un magnífico y adorable...- Empezó a decirle, empleando un suave tono seductor e insinuante. Haciendo que Draco la mirase confundido, mientras cierto profesor se olvidaba de respirar ante esa sensual voz, odiándose por creer que alguna vez ella le hablaría así a el.- ¡HURÓN SALTARÍN!- Gritó divertida cambiando el tono, revolviendole el pelo que tan pulcramente se había peinado y pegándole otro suave puñetazo.

- ¡Auch Granger! Tú y tu afición por lesionarme a lo muggle...- Se quejo Draco frotándose exageradamente el hombro donde le había golpeado la chica. - Bueno ya me has oído. Estas en peligro, vienen a por ti, tenemos que irnos.- Dijo poniéndose serio, tomándola de la mano y tirando de ella.

Haciendo de nuevo que Snape se tensara más ante el contacto. Deseando ser el quien tomara esa pequeña mano entre la suya.

- No, Draco. ¡Espera! Tengo que buscar a Ginny, algo... algo va a pasar hoy aquí y creo que es peligroso que estemos... - Empezó a decirle Hermione tratando de soltarse, sin éxito.

- Claro que algo peligroso va a pasar doña obviedad, te lo acabo de decir. ¿Que parte de ''Vienen por ti'', ''Tenemos que irnos.'' no te ha quedado clara?- Repitió molesto el Slytherin avanzando hacia la salida.

- ¡No Draco! Es otra cosa, lo se. Veras, he visto unas máscaras...- Insistía ella inultamente.

- Granger no se de que narices me hablas, pero tranquila, vi como la pelirroja salió de aquí con el rarito de Notty hace cinco minutos. Así que, ¡Por el amor de Circe! Camina, nos vamos.

- Vale, genial. Un problema menos pero Draco para y escúchame. - Ordenó, tirando de el obligándole a detenerse. - Si vienen y no estoy, ni tú tampoco... Sabrán que me has ayudado y estarás en problemas, no puedo permitir eso…me las apañare, vete.- Dijo Hermione tajante y mandón tratando de soltarse.

Severus decidió que ya había oído y visto suficiente. Salió de su escondite quitándose la capa de invisivilidad y apuntando al chico.

- Señor Malfoy, haga el favor de soltar a la joven de inmediato, ¿No ve que no quiere ir con usted? No todas las mujeres están desesperadas por complacerle... ¡Asúmalo!- Dijo con un tono mordaz.

- ¡¿Quien coño eres tu?!- Preguntó el rubio, arrogante y despectivo. Colocando tras el de manera protectora a una sorprendida Hermione. Gesto que molestó más aún a Severus. - ¡Tú! Eres el que buscan...- Exclamó Draco tras unos segundos, apuntando también amenazante al hombre enmascarado, ignorando a Hermione que le aferraba de la capa intentando hacerle bajar su varita.

- Exactamente y le sugiero que deje en paz de una vez a la señorita Granger. Ella no irá a ninguna parte a la que no desee ir.- Dijo mirando a Hermione por primera vez a los ojos.

Cuando sus miradas se encontraron a ambos les recorrió una extraña energía que les encogió en estomago y aceleró sus corazones.

- Draco, baja la varita. El no nos hará daño.– Le pidió ella sin apartar los ojos de Snape.

- Hermione… ¿Que? ¿Le conoces? ¿Que mierda te traes con este tipo? Es peligroso… le están buscando. ¡Por el estas en problemas!. – Escupió Draco, lanzándo una mirada de desprecio al hombre que continuaba apuntándole y no apartaba su mirada de la Gryffindor.

- No Draco. ¡El me ayudó! El es... está de nuestra parte. Baja la varita, por favor. – Insistió de nuevo Hermione tomándole del brazo. - Usted también Príncipe... por favor. – Añadió mirando a Snape suplicante, que al instante asintió y cedió a su petición bajando la varita.

- Me trae sin cuidado de parte de quien este… nos vamos. – Repuso Malfoy, bajando también su varita y tomando un poco brusco a Hermione por el brazo. Extrañado al ver obedecer a ese hombre tan rápido ante la petición de su amiga, la cual le había llamado... ¿Príncipe? pero no tenía tiempo y tampoco quería pensar en lo que esto podía implicar. ¡Se estaban jugando la vida y ese cretino les retrasaba!

- No, Draco. No puedo, ni quiero irme contigo. - Le dijo Hermione, soltándose bruscamente de su mano. - Sabrán que me has ayudado, lo siento pero esto es por tu bien... desmaius.

Un destello de luz roja salió de su varita e impactó contra el rubio que cayó al suelo con un golpe sordo, inconsciente.

- Si me permite la observación señorita Granger... Eso, sin duda fue muy... Slytherin.- Soltó complacido Snape con su grave voz cargada de admiración mientras un brillo hambriento cruzaba sus ojos.

- Bueno, los Gryffindor...- Remarcó Hermione-...también tenemos nuestros métodos. Sabemos como defendernos y como conseguir lo que queremos, señor.- Respondió con una sonrisa, orgullosa por el cumplido oculto del pocionista.

Pero su sonrisa se esfumó en cuando miró a Draco. Preocupada se agachó junto a el, para colocarle en una posición más cómoda. Bajo la atenta y molesta mirada de Snape, comido de nuevo por los celos.

- Bien, suficiente Granger. No tenemos tiempo para que le arrope y le cante una nana... - Comento despectivo incapaz de contenerse. (No era porque le molestara verla con Malfoy... No, que va.) Simplemente... no soportaba la sensiblería y culpabilidad típica de los Gryffindor. - Ahora venga conmigo. - Ordenó bruscamente, tendiéndole su mano.

Estaba ansioso por tener de nuevo un mínimo contacto con su piel pero siguió hablando como si el hecho de ofrecerle su mano fuera normal en el.

- Si es cierto lo que decía Malfoy... - Dijo mirando al chico inconsciente a sus pies. -Tiene que salir inmediatamente de aquí, esto va a llenarse de mortífagos de un momento a otro... - Se detuvo unos segundos, sorprendido ante la calidez de una pequeña mano que ahora tomaba la suya. Al instante sintió un agradable cosquilleo recorriendo todo su cuerpo. Miró ambas manos entrelazadas mientras una sensación de paz le envolvía, notando como el monstruo de hielo, huraño y celoso de su interior, ronroneaba con placer ante ese contacto y la rapidez con la que ella había aceptado la suya. - Eh... Yo... calculo que la grabación ya ha finalizado. Póngase esto.- Le pidió con expresión impasible pero suavizando su tono, colocándole con delicadeza la capa invisible por encima a Hermione, asegurándose de que desaparecía por completo ante su vista.

- ¿Esta capa es de...?- Preguntó ella extrañada, siempre atenta y curiosa.

- Si Granger, es la capa de Potter... ya habrá tiempo para explicaciones. Ahora guardé silencio y sigame. Tenemos que salir de aquí.- Cortó el, apretando suavemente su mano entre la de el y tirando de ella hacia la salida.

...

Corrieron por los pasillos, entre los gritos y hechizos de los mortífagos que empezaban a invadir el edificio y las brujas y magos que intentaba salir de el asustados.

Deteniendose al llegar a una sala llena de gente en la que varios artistas se preparaba para grabar la actuación de esa noche, ajenos a lo que sucedía fuera.

Hermione la reconoció, era la misma sala donde minutos antes había dejado las máscaras y capas en un rincón, escondidas en una parte poco iluminada de la estancia.

Vio extrañada como Snape pronunciaba una potente maldición Imperius (ya que afectó a todos los presentes a la vez) haciendo que la gente se vistiese con las capas y las máscaras de las cajas. Cuando todos estuvieron vestidos, les ordenó abandonar la sala y salir por la puerta vagando por los pasillos en silencio en diferentes direcciones, causando el caos y la locura mientras los mortífagos que estaban entrando en el edificio les aturdían y les quitaban las máscaras para identificarles, uno a uno.

- ¿Y esto? - Preguntó ella sin acabar de entender lo que había planeado su exprofesor con esa acción.

- Distracción, señorita Granger. Simple distracción. La necesitaremos para salir de aquí con vida.- Contestó con suficiencia.

Otra vez corrían entre el tumulto de los hechizos y maldiciones de la gente enmascarada y los mortífagos, los cuales se distinguían entre si por el color negro de sus mascaras.

Cuando ya estaban cerca de la entrada principal...

Snape soltó repentinamente la mano de Hermione y antes de que ella pudiera preguntar que era lo que sucedía, lo supo.

Un mortífago les bloqueaba la salida, de inmediato este apuntó a Severus, ya que era el único al que veia.

- Finite Incantatem.- Dijo el mortífago para eliminar los efectos de la maldición Imperius bajó la que creía que estaba el enmascarado ante el. – ¡Quítate esa máscara!- Ordenó monótonamente, pensando que sería otro mago o bruja víctima del Imperius.

- Antonin... - Saludo Snape con fingida sorpresa y cortesía. - Me temo que no puedo hacer eso.- Negó, alzando su varita.

- Pero que... ¡¿Cómo sabes mi nombre?!

- ¡Eh tú! Baja la varita.- Exclamó una nueva voz a espaldas de Snape, interrumpiendo su maniobra de distracción.

- ¡Es ese tipo! ¡No esta afectado por el Imperius! – Avisó el mortífago que custodiaba la puerta (al que Snape había reconocido por su voz como Antonin Dolohov*) que sonreía pensando en como serian recompensados por su señor.

- Marcnair. - Reconoció de nuevo Snape. - Confieso que me ha sorprendido vuestra rapidez de respuesta y actuación. Antes no erais tan... eficaces. Debo suponer por tanto que vuestro amo... ¿os ha castigado duramente? Espero que no haya sido a causa de mi pequeña broma de la pasada noche. - Comento con marcado sarcasmo. Intentando distraerles para ganar tiempo, sin darle importancia al hecho de que le tenían acorralado, preocupado por la joven invisible que estaba a su lado.

- Supón lo que te de la gana pero cuando le llevemos tu cadáver el Señor Tenebroso nos recompensará con creces.- Aseguró Macnair a su espalda.

Nervioso (al dejar de notar la presencia de Hermione junto a el) Snape se giró para afrontarlo con calma, haciendo gala de todo su autocontrol.

-¡Oh, Walden! Pobre ingenuo... ¿Realmente lo crees?! - Le preguntó con burla. - Pues yo no estaría tan seguro...- Comentó ufano, al ver como Hermione (bajo la capa invisible) se había situado detrás de Macnair, levantaba la varita fuera de la capa y susurraba un desmaius haciendo que este se desplomara inconsciente.

- Bien, tu turno Dolohov...- Dijo Snape girándose hacia este que aún bloqueaba la salida.

Pero al ver como este no le apuntaba a el, si no al espacio donde había aparecido la mano flotante de Hermione, hacía la que lanzó una rápida maldición, Snape se asustó por primera vez.

Vio a cámara lenta como su leona caía al suelo tras chocar contra la pared, quedándose inmóvil. En su caída había desvelado su presencia totalmente al perder la capa que ahora estaba junto a ella.

Snape se acercó a ella preocupado mientras que sin esfuerzo inmovilizaba a Dolohov con un Petrificus Totalus no verbal. Inclinándose sobre Hermione observo que aún tenía pulso pero que respiraba con mucha dificultad debido al impacto, al tomar su rostro entre sus manos vio un hilo de sangre resbalaba por su frente... y se volvió loco.

Enfurecido y perdiendo todo su autocontrol, clavó su mirada llena de odio, (que nada tenía que envidiar a la de Lord Voldemort) en Dolohov, aún inmóvil. Fuera de si y cegado por la ira, ante la visión de Hermione herida, el Príncipe Mestizo apuntó hacia el hombre que se había atrevido a dañarla y canalizando todo el odio de su alma gritó. - ¡SECTUMSEMPRA!

Girándose, antes siquiera de que este cayera al suelo, hacia donde Hermione que continuaba tendida inconsciente. El Príncipe se arrodilló y tomó con extrema delicadeza a la joven entre sus brazos, (como hizo con Lily hace tanto tiempo, la mujer que amó y que perdió, a pesar de no haberla tenido nunca) acunando su cuerpo contra su pecho, aspiró su aroma, llenándose los pulmones de la dulce fragancia de Hermione, que le envolvía y le calmaba.

Mientras a escasos metros de ellos Dolohov se moría, desangrándose rápidamente por las enormes heridas que la potente maldición le había abierto por todo su cuerpo.

Severus no sabía muy bien en que momento había pasado a referirse a ella como ''su leona'' pero ahora lo tenía claro, Hermione era suya y el era suyo. No en el sentido posesivo y egoísta de la palabra, por supuesto el jamás la obligaría a permanecer a su lado, (de hecho no tenía claro si eso era lo más oportuno, ya que estar junto a el conllevaba un gran peligro) pero ella era una parte importante de el, una parte tan suya y profunda que protegería y defendería costara lo que costara. Porque esa mujer era la única que había mantenido vivo su recuerdo en su mente, lamentando su muerte sin apenas conocerle, haciéndole a el también un poco más suyo. En su mirada no había encontrado reproche o juicio, ella le aceptaba y le apreciaba y eso era más que suficiente para el. Aunque ella jamás llegara a sentir por el algo más allá del cariño o la amistad... el deseaba verla a salvo y feliz y había decidido en ese preciso instante consagrar el resto de su vida a cumplir este objetivo, ahora el era el dueño de su propia vida y libremente se la entregaba a ella. ¿Quién sabe? Tal vez, en un futuro lograría ganarse su amor y ser digno de ella. Y si eso sucedía... ¡No desaprovecharía la oportunidad! No era un hombre fácil de conquistar, había pasado toda su vida solo y amargado, castigándose por sus errores y sabía que las cosas nunca salían como una deseaba, pero esa chica siempre había estado en su mente de alguna forma y al parecer había sido mutuo...

No dejare que nadie vuelva a arrebatarme algo mío. Se prometió.

Snape recogió la capa invisible, se puso en pie con Hermione sobre su regazo y se dirigió hacia la salida, pasando con indiferencia sobre el cadáver sanguinolento que la custodiaba.

En la calle, bajo la protección de un encantamiento escudo, ya sin la restricción de la aparición y ante la atónita mirada de la multitud (compuesta por magos, brujas, periodistas y mortífagos) Snape se desapareció con ella, sin que nadie fuera capaz de reaccionar a tiempo.

oOo


*Sobre Draco Malfoy: Mi visión de Draco es que en el fondo siempre fue "bueno" o al menos no fue un villano, solo era el chico malo de su generación. Esta claro que no era tan noble como Harry y los demás, (siempre será un Slytherin) pero al hacerse mayor y ver como caïan todas sus creencias dejo de seguir los pasos de su padre y cambio definitivamente. Según J.k Rowling siempre será ''un personaje de moralidad dudosa'' y no esta muy contenta con la fascinación que sentimos muchas por este personaje que encarna al típico matón... Tambíen dijo que le daba tanta pena como Dudley por haber sido educados en unas familias como las suyas y que Draco en el futuro será una versión ligeramente modificada de su padre más transigente y que su varita es de centro de unicornio porque: ''Aun a riesgo de reavivar fantasías poco saludables, existe un pequeño resquicio de bondad en el fondo de su corazón''. Además en el último libro de la saga Draco ayuda a Harry y al resto a reparar la línea temporal y aunque solo sea por la influencia positiva de su hijo la relación con ellos mejorará. Así que mi vena romántica y Dramionera que siempre creyó en la redención total de Draco y en la bondad en el fondo de su corazón ha acelerado un poco las cosas :P

* Sobre la Oclumancia: Según palabras del propio Severus Snape " implica en vaciar la mente de cualquier tipo de pensamiento" con el fin de evitar que un Legeremante perciba tus emociones y pensamientos. Se requiere una gran fuerza de voluntad y un nivel alto de disciplina mental, similar a resistir al maleficio Imperius.

*Significado del nombre de Katherine: La que es pura.

* Encantamiento de creación de recuerdos y su diferencia con el Obliviate: Tal vez parezca una tontería pero creo que es importante para la historia entender la diferencia entre ambos. En el libro Hermione nunca concreta que encantamiento utilizó para modificar los recuerdos de sus padres, pero no era un obliviate como hicieron ver en la película. ''Modifiqué los recuerdos de mis padres, de modo que están convencidos de que en realidad se llaman Wendell y Monica Wilkins, y que la ambición de su vida es mudarse a Australia... Asumiendo que sobrevivamos a la búsqueda de los Horrocruxes, buscaré a mamá y papá y levantaré el encantamiento.'' Resumiendo que solo les alteró la memoria, haciendo que la olvidaran y cambiando sus gustos pero no se la borró. Ya que de los obliviate ella mencionara más adelante que solo sabe la teoría y que nunca los ha usado. Además creo que estos (a diferencia del otro encantamiento modificador) no son reversibles, porque Girlderoy Lockart y sus víctimas jamás recuperaron la memoria. Sin embargo el encantamiento modificador de la memoria solo crea e implanta recuerdos falsos en la víctima y aunque sea complejo el efecto es reversible, aunque es una parte de la magia tan rara que las autoridades no suelen preocuparse de investigar al obtener las confesiones de los criminales. Como sucedió en el caso de Morfin Gaunt, quien tenía el recuerdo de haber matado a la familia Riddle, ubicado en su mente por Lord Voldemort o el propio profesor Horace Slughorn que se modificó la memoria para alterar su recuerdo del joven Voldemort.

* Sobre Antonin Dolohov: Es la primera muerte que escribo y tal vez sea algo cruel hacerle morir desangrado... pero creo que se lo merecería, nunca le perdonare lo que hizo. En el séptimo libro de J.K Rowling durante la batalla de Hogwarts fue el quien tras batirse en un terrible duelo (según Aberforth Dumbledore) asesinó a Remus Lupin. En el libro no especifica como muere Dolohov, solo se sabe que da un alarido y cae al suele al ser abatido por el profesor de encantamientos Filius Flitwick. Además fue uno de los cinco mortífagos que mataron a Fabian y Gideon Prewett, los hermanos gemelos de Molly Weasley, cuyo apellido de soltera es Prewet. Como aún sigo odiándole por todo eso. ¡Me lo he cargado! xD


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