¡Hola! Pensaba posponer el momento pero no puedo evitarlo, así que finalmente he incluido en este capítulo otra parte de Song-Fic (al final). La canción: A Thousand Years - Christina Perri. Como la vez pasada os avisare cuando debáis empezar a escucharla. En esta ocasión no habrá letra, simplemente os doy la opción de escucharla, para meteros más en la escena. Ahora leed y disfrutad la historia tanto como yo escribiéndola.
8. A SALVO EN EL CASTILLO DEL PRÍNCIPE
Amanecía y los rayos de luz empezaban a iluminar la estancia. Estaban en algún lugar de Irlanda, en Last Alliance. Un antiguo castillo de piedras blancas y grises, oculto del mundo muggle y mágico mediante un encantamiento Fidelio. Situado en mitad de un inmenso y precioso bosque, frente a un gran lago.
Al parecer Dumbledore, ese ''viejo loco'' lo dejó todo bien atado antes de morir. Incluso planeó esta vía de escape para su profesor de pociones, solo como precaución, por si las cosas finalmente no salían bien para la Orden y perdían la guerra contra Voldemort pero aún así el conseguía salir con vida.
''En agradecimiento por sus largos años de servicio y sacrificios.'' Le había dicho el director.
¡Ja! Seguro... Pensó Snape, el no era ningún muchacho idiota y confiado. Sospechaba que sus intenciones no podían ser tan altruistas, nunca lo eran. Probablemente Albus solo pretendía mantenerle con vida y darle un refugio seguro hasta que lograra retomar la misión principal: Derrotar y matar al Señor Tenebroso. Objetivo en el que había basado la mayor parte de su vida y que evidentemente sin nadie que le controlase podía abandonar, pero tras unos meses de encierro y borracheras decidió retomarlo. Durante años su mayor ambición fue la venganza y gracias a su astucia había logrado mantenerse con vida, pero esa sed de venganza se había apaciguado aunque su orgullo todavía anhelaba ver a Voldemort derrotado ante el, para mirarle a esos ojos de demonio y confesarle que el le había destruido, como el le destruyo a el. Probablemente moriría en el intento, pero la perspectiva de morir en un duelo siempre era mejor opción que matarse bebiendo.
A decir verdad, Severus es ese momento no se mostró realmente agradecido. Dudaba que consiguiera salir con vida y mucho menos si Potter fracasaba, pero tampoco tenía claro si eso le importaba mucho. Después de tantos años bajo las órdenes del Señor Tenebroso por un lado y a las de Albus Dumbledore por otro, esperando la muerte cada día en su papel de espía doble para cumplir su promesa... ya no le importaba vivir o morir. En realidad dejó de importarle la noche que le hizo esa promesa a Lily, el 31 de Octubre de 1981, cuando la vio por última vez, abrazado a su cuerpo sin vida, jurando que protegería lo que le quedaba de ella en la tierra, su hijo. Harry Potter, quien para aumentar su tormento era una copia exacta de su padre, excepto los ojos, que eran los de ella. Otra burla más de la vida, que le recordaba así que Lily jamás había sido suya. Quizás después de tanto tiempo ella al fin le habría perdonado y podría morir en paz para reunirse de nuevo con ella en su cielo particular.
En eso pensaba aquella noche, reunido en el despacho del director Hogwarts, cuando éste, sentado despreocupado sobre su escritorio, le sacó de sus recuerdos y clavando en el su mirada azul profunda tras esas gafas de media luna, conociendo sus pensamientos le dijo con tono paternal "No es bueno dejarse arrastrar por los sueños y olvidarse de vivir, Severus." Con ese tono en el que los padres nos hacen creer que saben algo que el resto aún somos demasiado jóvenes para entender. Dando así por finalizada la reunión, mientras sonreía y le acompañaba hasta la salida, burlándose como siempre de él, con una de sus recurrentes y misteriosas frases. Claro para ese hombre siempre había una razón por la que vivir, pero a él solo le quedaban sus recuerdos y soñar, soñar con el perdón de Lily.
Ahora mientras amanecía, Snape tenía la vista sobre su gran cama, donde descansaba tranquila y segura una bella joven aún inconsciente de ondulados cabellos color canela, cuya piel parecía brillar con la tenue luz que se filtraba por la ventana... Reconocío que al fin se sentía enormemente agradecido a Albus Dumbeldore por dejarle ese último refugio. Un lugar donde podría protegerla. Realmente parecía una de las princesas de los cuentos muggles en las que Hermione pensaba cuando la encontró de nuevo. Ahora la princesa ya esta a salvo en su castillo, su príncipe la había salvado...
¡No! Merlín... Me estoy volviendo un completo inútil. Se recriminó, negando con la cabeza, asqueado ante ese cursi y ridículo pensamiento. La miró. Ni Granger es una princesa ni yo soy su jodido príncipe, la pobre
La había estado observando durante toda la noche, vigilando su sueño desde una butaca junto a la ventana. Pensando en lo que ésta al parecer había despertado en el, en lo que le provocaba, curiosidad, cariño, protección, atracción, pero también empezaba a sentir algo más profundo. Había matado a Dolohov sin dudarlo solo porque la había atacado. No era extraño ya que los Slytherin eran sumamente protectores y territoriales pero nunca había perdido así el control antes, ni siquiera con Lily cuando la protegía desde las sombras... Pero al ver a Granger tirada en el suelo y pensar en que tal vez no iba a volver a despertarse o a escuchar su impertinente vocecita... un frio vacío se instalo en su estomago y un profundo dolor cruzó su pecho. Intuía que esto era algo más intenso que lo que sintió por Lily y esto le asustaba terriblemente. No quería volver a sufrir así.
No era un hombre de medias tintas. Siempre había sido tajante, todo o nada, blanco o negro y por mucho que le molestara con sus sentimientos pasaba lo mismo, ya fueran de odio o venganza, (los cuales le dominaban la mayor parte del tiempo) también estaban otros como la culpa, la pena y el amor, los cuales las pocas veces que se había permitido sentirlos, eran el triple de potentes que los anteriores (quizás por reprimirlos tanto tiempo) lograban colarse hasta su corazón, invadiendo y perdurando en su alma. Cuando se enamoraba era para siempre. Para empeorar la situación tenía la impresión de que ese sentimiento únicamente estaba empezando, como la punta del iceberg que sobresale sobre la calmada superficie del mar. Apenas había pasado con Granger unas horas durante dos días y su corazón cada vez revivía y palpitaba con más intensidad, cuando le miraba con esos dulces ojos de caramelo se derretía, cuando se rozaban sin querer una corriente recorría todo su cuerpo.
Quizás el hecho de haber entrado en su mente la primera noche y descubrir lo que la leona pensaba sobre el, fue el detonante de todo.
Ella que más que nadie debía odiarle, ya que jamás le mostró algo de cariño o admiración, pues le recordaba demasiado a Lily y además tenía que fortalecer su carácter para lo que iba a suceder. Granger debía odiarle por sus años de insultos y humillaciones, sabía que la había hecho llorar muchas veces, debía odiarle por cada lagrima que le había hecho derramar y sin embargo había descubierto que no era así, que en el corazón de ésta no había rencor, siempre pura y bondadosa. Todo lo opuesto a él, se dijo con amargura. Hermione realmente había lamentado su pérdida y no conocerle mejor. Era la única persona que había sentido algo de cariño por él, en su patética y solitaria vida, la única a la que su muerte le había importado, a pesar de que no tuviera sentido y de que no lo mereciera. Por eso sabía que ella sería la única persona por la que el pudiera sentir algo... a lo que no se atrevía a poner nombre. Algo a lo que llamarle amor sería mentir porque sería quedarse corto, pues aunque ya conocía lo que era sentir amor, empezaba a pensar que esto era mucho más poderoso.
Severus nunca creyó volver a sentir algo parecido a la que sintió por Lily, nadie estaba a la altura de la idolatrada imagen que tenía de esta. Hermione en parte guardaba muchas semejanzas con ella que eran obvias, un bruja hija de muggles, bondadosa, inteligente, valiente como toda una leona, como toda una Gryffindor, terca, desafiante, orgullosa y dulce pero la verdad era que Hermione no podía compararse con ella.
Durante los años que pasó al lado de Lily a pesar de lo ciego que estaba con su amistad y de las veces que se defendían mutuamente, Severus se dio cuenta de que ésta nunca se preocupó realmente por conocerlo, conocerlo de verdad. Siempre mantuvo un muro invisible entre ellos, para no saber lo que pensaba Quejicus o lo que sentía. Quizás ya lo sabía y prefería no preguntar, quizás le daba igual. Jamás se interesó, no como lo hizo el, quería conocer hasta el mínimo detalle que ésta le contara, cada problema que tuviera... y desde luego Lily no luchó por salvar su amistad. Jamás le perdonó aquel insulto ''sangre sucia''. Después de eso, se fueron distanciando y esa relación que creía irrompible se evaporó, algo que para ser sinceros había estado esperando desde que la conoció. Siempre supo que esa chica no sería para él, algo en el fondo de su alma le decía que no era Ella. Que ella no era lo que llamaban su alma gemela, que no sería la que le completara, pero a pesar de ello se enamoró loca e irremediablemente de ésta, no pudo controlarlo y fue incapaz de decírselo. Sabiendo que si se lo hacía, la perdería para siempre y cuando la perdió, se dijo que al menos conservaría su orgullo y se refugió en la oscuridad (como hacia cuando era pequeño aterrorizado por su padre) rodeado de odio, soledad y amargura. Mientras ella formaba una familia feliz, con ese imbécil de James Potter y se convertía en una heroína de guerra y el en un mortífago. Un maldito asesino. Ambos enfrentados, Gryffindors y Slytherins. Leones y serpientes. Héroes y villanos. Recorriendo caminos enfrentados, pero a pesar de todo siguió enamorado de Lily y la siguió protegiendo... solo a ella. Sin dejar que ninguno de sus compañeros la atacara, les decía que ella era suya y el acabaría con su vida. Todo para que no la dañaran, algo que por ironía del destino finalmente se cumplió. Puede que lo hiciera de manera indirecta, pero la realidad era que por su culpa ella había muerto, el la mató y acabó así con lo único bueno que había conocido, lo único que había querido: Ella, siempre. Ella.
Ahora, al fin libre de esa carga y esa ceguera, observaba a Granger, (bueno a Hermione) y se daba cuenta de que esta mujer no era ella, por muchas similitudes que tuvieran. Era incluso más bella, quizás no fuera tan llamativa como lo era Lily con su melena roja y sus verdes ojos, pero era simplemente perfecta. Poseía una belleza dulce y delicada, con esa cara de niña que aún conservaba, a pesar de todo lo que había vivido y sufrido. Una mujer que no llamaba la atención, que pasaba desapercibida pero que si te detenías a mirar una sola vez no podrías dejar de hacerlo jamás. Sin embargo Granger parecía ser ajena a todo esto y no darse cuenta de todo lo que valía y eso le encantaba, a diferencia de Lily que sabia del encanto que tenía y jugaba con el a su antojo, Hermione se escondía entre sus libros y se sonrojaba sorprendida cuando alguien la miraba más tiempo del necesario, todo inocencia y pureza. Únicamente se hacía notar con aquello que se sentía más segura, su ingenio e inteligencia, respondiendo rápida a cada pregunta, ansiosa de probar al mundo que ella a pesar de ser hija de muggles, tenía tanto derecho como cualquier sangre limpia de estar allí. Pero también era fuerte y valiente, siempre desafiante y osada con cada reto, siempre directa, clara y de frente sin juegos. En su corazón no había rencor, solo luz, como le había demostrado una vez más, porque al contrario de lo que hizo Lily, (su ''amiga'' durante varios años) Hermione le había perdonado por todo, sin saber el porque, sin juzgarle, sin conocerle. Le había perdonado por humillarla, por insultarla, por cada lagrima derramada y no solo eso, si no que realmente ella deseaba saber quién era el y porque había hecho las cosas, que le había llevado a ello y había lamentado profundamente que el muriera.
En definitiva Hermione era mejor, mejor queLily, (quien siempre ocuparía un rincón de su corazón) mejor que el y mejor que nadie que hubiera conocido y esto le destrozaba, porque sabía que jamás sería digno de ella y que cuando supiera las cosas que había hecho, huiría horrorizada de su lado. La luz y la oscuridad no pueden vivir en armonía, una siempre es más fuerte que la otra y el no permitiría que esa luz se apagara nunca.
…
Hermione se removió entre las suaves sabanas, medio dormida aún. Cuando de repente recordó lo último que había visto ¡Snape! Iban a atacarle.
Abrió los ojos de golpe incorporándose asustada en su cama, pero un momento... ¡Esa era no era su cama! de hecho no era ni su casa. Intranquila echó un rápido vistazo por la habitación, hasta que le vio. Allí estaba frente a ella observándola, su pulso empezó a acelerarse, mientras se preguntaba ¿Cuento tiempo habrá pasado ahí sentado? ¿Ha estado observando dormir toda la noche? ¿Por que lleva aún esa estúpida mascara? Se dijo con fastidio, temblando y sonrojandose ante esos ojos negros y esa forma de mirarla. Nerviosa, bajo la mirada para levantarse y salir de la cama, cuando el (que ya estaba a su lado) la sujetó para impedírselo.
...
- Señorita Granger, no es conveniente que se levante, todavía está débil.- Dijo recostándola suavemente sobre las almohadas de nuevo.
- Gracias señor pero me encuentro bien, yo...- Empezó a contradecir ésta.
- Insisto. Creo que aquí yo soy el que más apropiado para opinar sobre maldiciones y los efectos secundarios que estas pueden acarrear.- Dijo cortante y serio, mientras Hermione le miraba dolida por el tono y ese pequeño ataque gratuito. – Verá en mi laboratorio tengo varias pociones revitalizantes… - Empezó a decir más amable. - Habría ido antes por ellas, pero… no quería arriesgarme a que despertará antes de que volviera...- Continuo diciendo, sintiéndose estúpido por darle tantas explicaciones a la joven, que ahora le miraba confundida.- ... dado su historial delictivo. No me hubiera sorprendido que acabara descubriendo alguna cámara secreta o criatura peligrosa escondida en estos muros.- Terminó, optando por el sarcasmo y la ironía como defensa.
Pero para su sorpresa Granger no le miraba enfadada por el comentario, al contrario tenía una enorme sonrisa en el rostro y parecía luchar consigo misma por no reír a carcajadas.
- Gracias por salvarme de nuevo y preocuparse por mi señor.- Dijo la joven dulcemente, desarmando a Snape que se quedó bloqueado.- Le aseguro que no me moveré de aquí hasta que vuelva. – Añadió dócilmente, sonriendo de nuevo y cruzando las manos sobre su regazo, a la espera.
- Bien pues... voy... yo... Vuelvo de inmediato.- Dijo Severus nervioso y desconcertado, mientras se daba la vuelta ondeando teatralmente su capa para salir apresuradamente por la puerta.
¡Maldición! Parecía un maldito adolescente... ¡Tenía que controlarse! Apenas la chica había despertado y ya se comportaba como un estúpido, pero esa sonrisa que le había dedicado, le había alterado. Su estomago era un nudo de nervios, iba a enfermar si no se controlaba. Después de tantos años de autocontrol parecía cada vez más incapaz de pensar con claridad cuando la tenía cerca, no podía permitir que ella lo notara, si llegaba a sospechar lo que el sentía... sin duda huiría aterrada del pervertido de su ex profesor. ¡ Por Melín! ¡Le sacaba diecinueve años! Sin embargo tampoco quería distanciarla, ni hacer que esta le odiara por su terrible carácter, el cual sacaba aún más cuando se encontraba en situaciones incomodas, atrapado o en evidencia, pero la chica no parecía herida por su tono borde y cortante, al contrario se había reído, parecía que incluso encontraba graciosas sus palabras y esto aún le había desconcertado más.
Entró en el laboratorio y cogió varios frasquitos de pociones curativas y revitalizantes y echó a correr de nuevo por todo el castillo para regresar con ella lo más rápido que pudiera, (no es que sospechara que fuera a incumplir su promesa, simplemente ansiaba estar cerca de ella el máximo tiempo posible) llegó a la puerta se paró de golpe, tomó aire para calmarse y reponerse de la carrera.
- Disculpe por la tardanza.- Dijo entrando de nuevo en la habitación, con la voz totalmente calmada, mirando a una Hermione que le recibía de nuevo con una enorme sonrisa, aún recostada sobre la cama.
- No se preocupe, apenas ha tardado.- Contestó esta, colocándose más erguida sobre la cama.
- Bien, empecemos. Tómese esta poción, le hará sentirse mejor- Dijo Snape tendiéndole un pequeño frasco de poción de color azul claro.
- Gracias. – Respondió Hermione mientras se sonrojaba notablemente ante el pequeño roce de sus dedos al tomar la poción.- Sabe muy bien. - Añadió tras beberse de un sorbo la poción sintiéndose mejor al instante.
Severus también acalorado por el roce y nervioso por lo que iba a hacer no le respondió. Se acercó a la cama y sentándose al borde de esta, muy cerca de Hermione dijo. - Ahora si me permite, le examinarle ese corte, no parece grave pero… - Empezó a decir, dejando la frase en el aire al notar el contacto de sus fríos dedos con la cálida piel de la chica, mientras su corazón empezaba a bombearle alocadamente en el pecho, temiendo que ella pudiera escucharlo, la cual parecía estar a cada segundo más roja y avergonzada por el contacto.
Murmuró unas palabras situando su mano sobre la herida de la joven y sin necesidad de usar varita esta desapareció al instante.
- ¿Cómo ha hecho eso profesor? - Preguntó Hermione sorprendida y admirada con los ojos muy abiertos.
- Siempre queriendo saber más... ¿ Verdad Granger?- Respondió este con una sonrisa de suficiencia mientras alzaba sus cejas en un gesto muy suyo.
Snape se levantó del borde de la cama y dejó sobre la mesilla el resto de pociones curativas.
- Por supuesto señor, el saber nos hace mejorar.- Respondió esta con su tono de sabelotodo.
El tras evaluar su respuesta, respondió simplemente. - Magia. - En un todo algo burlón y altivo por la admiración que despertaba en la chica.
- Lo que me recuerda… ¿Dónde estoy? - Preguntó esta de nuevo, pasando por alto la provocación.
- En el Last Alliance, mi casa.- Respondió Snape encarandola de nuevo, fijando en ella su mirada para observar su expresión ante lo que iba a decir. - Albus Dumbledore me la dejó antes de morir. Junto con una pequeña fortuna. Su ubicación está protegida por el encantamiento Fidelio, no tiene de que preocuparse, aquí estará a salvo.- Añadió incomodo por mencionar al antiguo director. El hombre al que el había matado y que encima le había proporcionado un lugar donde refugiarse. Temiendo una mirada de reproche de la joven que nunca llegó.
- ¿Puedo verla? Tengo curiosidad ya sabe... ¿Me la enseñara? - Volvió a preguntar con una mirada ilusionada, llena de vida y expectación.
- Si tanto le interesa… - Respondió Snape con fingida desgana. - Estaré encantado de mostrársela.- Añadió bajando la guardia tendiéndole su mano a Hermione, que la tomó de inmediato saltando de la cama.
…
Mientras paseaban por el inmenso castillo...Severus le contó como Dumbeldore había planeado esa vía de escape para el, que el castillo se encontraba en Irlanda. Le habló sobre el complejo encantamiento Fidelio y como este fue llevado a cabo en su día por el director, un año antes de morir a manos del propio Snape (por orden suya), dado el avanzado estado de su enfermedad.
Dumbledore era ''El guardián original" del Fidelio y le explicó dos semanas antes de morir, que antes de partir hacia su siguiente "aventura" (término con el que se refería a su cercana muerte) quería regalarle algo muy importante. Una segunda oportunidad, con la posibilidad de poder empezar de cero y vivir a salvo, en ese escondite. Le reveló entonces el secreto y la ubicación del castillo, ya que si Dumbledore moría, la localización y el lugar quedarían ocultos para siempre. Convirtiendo así a Severus Snape en el guardián secundario del secreto, haciendo que este pudiera ver y acceder con total libertad al castillo. Además también podía reverlarselo a quien deseara, ya fuera con su propia voz, por escrito o apareciéndose en el interior de los límites de este encantamiento con la persona escogida. Haciendo así que se convirtiera al igual que él en los guardianes secundarios del secreto. Algo que no había hecho en esos seis años, hasta ahora.
Le mostró las innumerables habitaciones y baños, explicándole que donde ella había dormido era su habitación, que estaba en la planta baja, al mismo nivel del lago, cerca de donde se encontraba el laboratorio y las mazmorras, la cual había elegido por comodidad y por costumbre. Diciéndole que escogiera la que más le gustara del castillo, ya que al parecer pasarían una larga temporada juntos, pues ella estaba en busca y captura. Hermione sin parecer incomoda por ese hecho, no comentó nada, en cambió pareció entusiasmada y eligió una preciosa habitación, en una de las torres, decorada con tonos ocres y rojos.
- Que previsible Granger, siempre tan Gryffindor….- Se mofó Snape, que ya había pensado en esa habitación para ella y estaba seguro de que sería la escogida por la muchacha.
- Bueno profesor, discúlpeme pero usted tampoco es que haya sido el culmen de la innovación. Su habitación es exactamente como me la imaginé, puramente Slytherin.- Le respondió Hermione irónica. Sonrojándose al segundo al ver como había reconocido pensar más de una vez en como seria ese espacio privado de su profesor y dejándose llevar por un impulso desconocido añadió.- Aunque lo que no imagine nunca... Es que yo dormiría en su cama señor, ese mérito si se la concedo.- Dijo triunfante al ver como de nuevo dejaba sin palabras al mago mientras ella continuaba andando por los pasillos impasible, con una inmensa sonrisa alegre por su nueva victoria.
Pasaron por los salones, salitas, cocina, despachos, laboratorio y finalmente llegaron a una enorme y preciosa biblioteca, esta no era tan oscura como la de Hogwarts, era blanca y muy luminosa con enormes estanterías que llegaban hasta el techo. Sin duda su antiguo profesor había reservado lo mejor para el final, pensó Hermione encantada de que ese hombre la conociera mejor de lo que creía. Estaba parada en mitad de la estancia cuando Severus la tomó de la cintura, haciendo que aumentara varios grados su temperatura corporal, nunca había tenido ese tipo de contacto tan cercano con el hombre y ahora se derretía cada vez que este se producía, tratando de permanecer calmada le miro extrañada.
- Acompáñeme Grager, quiero mostrarle algo. Estoy seguro de que le gustara más aún que esta biblioteca. - Dijo este respondiendo a su muda pregunta, con voz grave. - Hay alguien que sin duda... se alegrara mucho de verla. – Añadió algo serio, guiándola entre las estanterías hasta una zona muy iluminada de la biblioteca.
Allí encontraron una enorme chimenea, con varios sofás alrededor. Un gran cuadro presidia el espacio y junto a este sobre la pared se encontraba, la espada de Godric Gryffindor y al otro lado sobre una pequeña estantería el sombrero de este, el Sombrero Seleccionador de Hogwarts.
- ¡Oh! Querida es un placer volver a verla. – Exclamó la figura de un viejo mago con larga barba y pelo plateado, que acaba de entrar por un lateral del cuadro y ahora se sentaba mirándola con sus intensos ojos azules por encima de sus gafas de media luna.
- ¿Director?- Preguntó sorprendida y emocionada Hermione. - ¿Qué .. que hace aquí, como?
- Veras Hermione, eso deberías preguntárselo al profesor Snape.- Respondió Albus Dumbeldore con una amable sonrisa.
- Ya no soy su profesor.- Interrumpió este cortante.
Dumbledore sorprendido centró su vista en Severus y tras unos tensos segundos analizandole mientras este permanecía impasible manteniendole la mirada, la apartó y sonriendo miró a Hermione y dijo despreocupadamente.- Cierto muchacho, discúlpame. Ya sabes que vivo en el pasado dentro de este cuadro. Mis vivencias y recuerdos no van más haya de cuando me pintaron y de vez en cuando se me olvida el presente.- Pero volviendo a fijar en Severus su penetrante y perceptiva mirada añadió con tono enigmático.- Veo que las cosas han cambiado mucho en estos seis largos años...- Dedicándole una mirada fugaz a Hermione (que esta no percibió) cargada de significado, haciendo que Snape se tensara más de inmediato.
Tras esa tensión inicial, Dumbledore cambió de tema y la conversación se desarrolló sin más incidentes. A Hermione le había sorprendido la reacción de Snape con Dumbledore al llamarle profesor, algo que ella había hecho en alguna ocasión y el no había reaccionado así pero decidió dejarlo pasar ya que seguramente todo se debía a algún tipo de problema entre ellos. Hablaron largo y tendido sobre infinidad de temas. Snape le explicó a Hermione como sobrevivió gracias al fénix de Dumbledore, Fawkes. El cual también residía en el castillo (le dijo, señalando con la mano una percha de pie, donde el animal solía descansar) aunque ahora estaba en una de sus excursiones. Le contó como tras la mordedura de Nagini,(la serpiente de Voldemort) se quedó tan débil que le fue imposible tomarse el antídoto que tenia preparado para frenar el avance del veneno y sanar sus heridas. Pero cuando pensaba que moriría... apareció el animal, que llorando sobre la mordedura sanó la herida y la cerró, dejando solamente una cicatriz más en su cuerpo.
Después le explicó como usó la capa de invisibilidad que Potter se había dejado olvidada en La Casa de los Gritos, tras presenciar lo que ellos creyeron su muerte y darle sus recuerdos, (de los que incomodo solo dijo que explicaban a Harry su destino, sin profundizar en el tema) para volver tras la derrota de la Orden del Fénix al castillo sin que le vieran y recuperar los objetos más valiosos que Dumbledore guardaba en su despacho, antes de que cayesen en las manos de los motífagos o Voldemort. Objetos como el pensadero, el sombrero de Gryffindor o la espada de este y muy a su pesar el cuadro de Dumbledore, que feliz de verle con vida, insistió una y otra vez en que le llevara con el. Finalmente llegó a ese castillo, el cual el director compró y restauró gracias a la fortuna que acumuló durante sus más de cien años, como pago por sus investigaciones e innumerables premios y servicios, la cual le había dejado en herencia ahora a Severus junto con algo de dinero, para que pudiera empezar una nueva vida en un nuevo lugar si todo fracasaba.
Pero lo que mas emocionó y sorprendió a Hermione fue saber que había estado haciendo durante ese tiempo, ya que no solo se había escondido, si no que al parecer tenía motivos para pensar que Potter no había muerto y que como el, aún seguía con vida escondido en algún lugar, pues su cadáver desapareció esa noche y sabia que a pesar de la versión oficial del Señor Oscuro, este no había sido el culpable de ello. Por lo tanto quizás Harry aún vivía y estaba retenido en algún lugar contra su voluntad, quizás herido o sin saber quién era y Snape le había estado buscando estos seis años.
…
Hermione trató de preguntar y concentrarse en lo que ambos hombre le explicaban, aunque de vez en cuando perdía el hilo de la conversación y se sorprendía al ver los negros ojos de Severus sobre ella, sintiendo como estos descendían por su rostro, casi acariciándole con la mirada, hasta sus labios, mientras los latidos de su corazón retumbaban en sus oídos.
…
Snape la miraba en silencio, mientras el director charlaba animadamente con ella. Era tan perfecta, esa piel y esos labios, su sonrisa sincera... Llevaba rato mirándola y le daba igual que se le notara ¡Al diablo la discreción! Estaba completamente encantado de tenerla allí con el. Solo para el, bueno y para el maldito retrato de Dumbledore que no paraba de hablar. Pero su felicidad y su sonrisa estaban ocultabas como siempre tras una fría mascara, ahora más real y tangible que nunca, que no le dejaba mostrar sus sentimientos. Sabía que no era necesario y que ya no tenia excusa para llevarla, allí estaba a salvo, pero no encontraba el momento de quitársela (nunca lo había encontrado) y dejarse ver.
...
Horas más tarde, Severus y Hermione al fin salían de la biblioteca, tras una larga charla con Dumbledore. Habían comido allí mientras hablaban de muchas cosas, en compañía del cuadro del director, que a pesar de no poder desarrollar nuevos sentimientos más haya de cuando fue creado a la muerte del autentico Dumbledore, era una copia exacta de su personalidad, con sus recuerdos y sentimientos almacenados en este para siempre y tenía infinidad de anécdotas e historias interesantes que contar. Ahora ya era por la tarde y Snape parecía un poco incomodo y nervioso, mientras se dirigían por uno de los corredores de nuevo hacia las habitaciones para relajarse un rato, ya que como le había recordado su ex profesor al director en más de una ocasión, ''Se hacia tarde y Granger tenía que descansar''.
Hermione le daba vueltas a todo lo que había descubierto y como su vida estaba cambiando. Avanzaban por el pasillo junto a ese hombre, cuya cercanía le atraía como si fueran los polos opuestos de un imán, iba pensando en si podría leer algún libro en la cama, porque dudaba que pudiera dormir...
Pero cuando pasaron ante una inmensa puerta doble de madera blanca, que ascendía hasta el techo del castillo, ricamente trabajada con cientos de cenefas y figuras de animales mágicos grabados en ella, la curiosidad de Hermione se disparó. Era una habitación en la que no habían entrado y que al parecer Snape no pensaba mostrarle ya que seguía avanzando distraído por el corredor. Sin poder contenerse le preguntó.
- ¿Que hay tras esa puerta? No me ha enseñado esta sala, señor.- Indicó Hermione que miraba embelesada la trabajada puerta, alzando uno de sus dedos para notar los relieves de esta.
- Eso señorita Granger es porque el espacio carece de interés. - Respondió Snape con fingido aburrimiento parándose en mitad del pasillo. - Simplemente es una sala de fiestas. Nada en particular, solo un enorme salón vacío para bailar. – Dijo dándose la vuelta hacia la chica, mientras se rogaba que la curiosidad de esta fuera más fuerte que su maldito orgullo Slytherin.
- Me gustaría verla. - Dijo esta, girándose también hacia el. - Por favor. - Añadió mirándole a los ojos.
- Bien, pasemos pues.- Respondió este con hastió, simulando querer acabar con aquello cuanto antes, aunque en el fondo deseara no acabar nunca y por una maldita vez en su vida tener suerte y no echarlo todo a perder.
Abrió las puertas y dejó que Hermione entrara primero. La sala estaba a oscuras, pero de inmediato el mago la ilumino al descorrer las inmensas cortinas con un movimiento de su varita, dejando pasar por los tres enormes ventanales que ocupaban toda la pared del fondo, la luz del atardecer.
El sol estaba bajo, emitía destellos naranjas y amarillos al reflejar contra la calmada y cristalina superficie del lago, el cual se podía admirar desde la sala. La vista esa sencillamente preciosa. La estancia era de una forma circulas perfecta, toda de color blanco inmaculado, con finas columnas bordeándola.
Snape permanecía tras ella, aún en la entrada, intentando grabar esa imagen de la Gryffindor bañada por la luz del atardecer, rodeada de un blanco que parecía brillar más aún con su presencia.
Hermione maravillada con la vistas del lago, aparto su vista para observar el espacio. Junto a la pared de la entrada, en una esquina, había un inmenso gramófono parecido al que usó McGonagall en Hogwarts para darles unas clases de preparación antes del baile del Torneo de los Tres Magos. Se acercó a este, bajo la atenta mirada de Snape y vio emocionada que junto a su base había varios discos, eligió uno al azar.
- ¿Puedo?- Preguntó, mirando al pocionista antes de colocar el disco.
- Como desee. – Respondió este, indicando desde la puerta con un leve gesto de su mano que continuara.
Hermione conectó el gramófono y la música empezó a llenar la estancia, envolviendoles, haciendo ese atardecer aún más bello. Algo en ella se encendió y le dio valor para empezar a hablar, levantando la vista hacia su ex profesor.
- Sabe señor, hacía mucho que no oía música, hasta la otra noche… Cuando volví a escucharla con usted. Dicen que es el lenguaje del alma pero hoy no quiero escucharla solamente ¿Sabe? Quiero sentirla. Hace mucho que no bailo.- Dijo Hermione empezando a moverse al comprar de esta, dando vueltas por la sala dejándose llevar.
Mientras tanto un rígido Snape la miraba fijamente, embelesado tras la máscara. Parecía un ángel bailando sobre las aguas del lago se dijo, pensó maravillándose durante unos minutos con la imagen.
- ¡Oh por Salazar Granger! Deje de contonearse… ¡Es ridículo! Esa canción es para bailarla en pareja. - Exclamó de repente, algo dolido al ver como ella le excluía de un baile al que estaba deseando unirse.
- Lo se señor.- Respondió Hermione indiferente, mientras una pequeña sonrisa se formaba en su rosto. - Pero dado que no le veo sacándome a bailar… decidí empezar yo sola.- Dijo cerrando los ojos sin dejar de moverse por la sala, dando vueltas sobre si misma.
Snape se quedó con la boca abierta. Estaba bloqueado por el comentario tan directo e inteligente de ella. Era una indirecta bastante clara ¿Ella quería bailar con él? Por el comentario parecía que realmente quería, pero ella sabia como era el y obviamente no iba a arriesgarse a pedirle que se uniera, por muy Gryffindor que fuera no estaba loca, de hecho ya había sido bastante valiente con ese provocador comentario y muy inteligente al planteárselo como un reto y no como una petición...
Severus recuperando todo su aplomo, irguió su rostro, tomo aire y decidió por una vez ser valiente y afrontar sus sentimiento, tomando las riendas de la situación, pero claro a su manera.
- Si tanto interés tenía en que baile con usted Granger… Solo tenía que pedírmelo, pero dado que soy un caballero le evitare ese trago.- Dijo irritado, entrando al fin en la sala y caminando arrogante hacia ella, que ahora estaba danzando al fondo.
- Creo... " profesor"... que usted tiene el mismo interés que yo o incluso más en dejarse llevar por una vez en su vida y bailar conmigo. Con la sabelotodo e insufrible Granger.- Contestó Hermione divertida, sin dejar de moverse y sin mirarle. No se lo iba a poner tan fácil, ese hombre durante mucho tiempo había tenido un gran poder sobre ella y ahora que eran iguales y libres no pensaba someterse. - Seguramente lleva tanto tiempo como yo o incluso más, sin bailar. De hecho dudo si quiera de que sepa. Jamás le vi dar un solo paso de baile en Hogwarts, así que tal vez.. pensandolo bien debería no arriesgarme, podría terminar lesionada.- Añadió rebosando sarcasmo. A ese juego podían jugar ambos pensó sonriendo para si.
- ¡Que estupidez! Para su información le diré algo que una ''idealista'' como usted ya debería saber .- Contraatacó el hombre deteniéndose en medio de la sala. Estaba un poco dolido pero encantado de volver a mantener una retadora pelea dialéctica con la Gryffindor. – Y es que... el hecho de no haber visto algo no quiere decir que no sea real o que no exista. Por descontado que se bailar Granger. Todo Slytherin con un poco de clase sabe. – Soltó con altivez, componiendo una mueca de desdén, deteniéndose a unos pasos de la joven.
- Muy bien. Pues si es cierto y es un caballero como dice, que además se que tiene tantas ganas de bailar conmigo, como yo con usted...- Dijo ella parándose delante de la cristalera a contraluz, mirándole a los ojos y conectando miradas. - Pídamelo.-
- No. – Respondió tenso y cortante Snape. Mientras tanto su mente le gritaba que dejara de fingir e hiciera lo que estaba deseando hacer. Que por una puñetera vez en su vida bajara sus defensas, que era solo un baile, que ella estaba allí y no se iba a mofar de el, que confiara en ella y en el mismo por una vez.
- Pídemelo. – Repitió ella tuteandole, con un brillo de luz cruzando sus ojos.
- Granger... esto...Esto es intolerable, no... No voy a ceder a tus caprichos de niña tonta. Soy un hombre adulto y no me gustan los jueguecitos de quinceañeras que buscan satisfacer su ego.- Se negó en rotundo incapaz de ceder. Mientras se daba la vuelta para irse de la habitación, cerrando la puerta tras el.
Snape sabía que ella no era como las chicas de su juventud, sabía que no pretendía burlarse y que no había peligro de que le rechazara, que únicamente pretendía que el se lo pidiera como era debido y no haciendo ver que le hacia un favor. Pero no estaba acostumbrado a esas situaciones, se sentía tan vulnerable como si estuviera solo ante cien mortífagos, sin una varita. Su maldito orgullo había echado a perder la oportunidad de su vida, había dejado esa sala para el final adrede. Granger se había equivocado en parte, lo mejor del castillo si que lo había reservado para el final, pero no había sido la biblioteca, lo mejor era esa sala, había meditado toda la noche mientras la observaba dormir como hacerlo. Siempre retorcido y maquinando para conseguir lo que quería, sin arriesgarse, planeando finalmente pasar por delante de esa maldita sala, sabiendo lo curiosa que era ella y que sin duda ésta le preguntaría. Pero esa leona no se dejaba manipular por triquiñuelas de serpientes, ella era honesta y valiente, siempre iba de frente y pretendía que por una vez el también lo fuera.
El pocionista haciendo acopio del poco valor que le quedaba tomo aire y entró de nuevo a paso firme en la habitación, mirando a una confundida Hermione que ahora estaba parada en el centro de la sala, (al parecer iba a ir a buscarlo). Se colocó delante de ella soltando el aire que había retenido en sus pulmones, mientras su corazón se aceleraba ante lo que iba a hacer, más asustado que cuando estaba frente a Voldemort. Nunca había experimentado una situación como esta, pero en el fondo de su alma sabia que siempre había deseado hacerlo, quizás como había dicho fuera un hombre adulto, pero su corazón aún era el de un niño atemorizado, donde sus fuertes sentimientos, estaban escondidos en un oscuro rincón.
Haciendo una elegante reverencia y ofreciendo su mano dijo. - Hermione, me… me gustaría pedirte algo. ¿Quieres bailar conmigo?.
Ella tomó su mano de inmediato con una preciosa sonrisa que ilumino sus ojos, haciendo una pequeña reverencia.- Me encantaría, Severus.- Respondió dulcemente llamandole por primera vez por su nombre.
…
Al fin ese hombre había cedido y por la manera que lo había hecho algo torpe y avergonzado Hermione supo que le había costado tanto porque nunca le había pedido algo parecido a nadie. Esa era una de las cosas que tanto le atraía y que ansiaba conocer, la inocencia de ese hombre con los sentimientos como el amor, deseando que ojalá le permitiera derribar esas barreras y conocerle no dudó en tomar su mano.
…( Empieza el Song- fic)…
(A Thousand Years - Christina Perri)
Severus (algo aturdido aún al escuchar su nombre tan dulcemente pronunciado en labios de Hermione) apuntó con su varita al gramófono, escogiendo un disco en concreto que hizo levitar hasta este, (ya que iba a hacerlo, lo haría bien) nuevamente una dulce y suave melodía empezó a sonar en la sala.
Despacio atrajo a Hermione hasta el, tirando suavemente de su mano, hasta rozar su cuerpo contra el suyo, mientras la energía les recorría y el vértigo se instalaba en su pecho.
Tomó la cintura de la joven con la otra mano, quemándose ante el contacto, mientras Hermione alzaba más su rostro y le pasaba la mano libre por su cuello, rozando su nuca y su cabello, enviándole descargas de placer. Su estomago se encogió e inclinó su cabeza mirando a esos preciosos ojos castaños, mientras su corazón se aceleraba y latía más vivo que nunca.
Juntos empezaron a bailar, dando vueltas por la sala sin dejar de mirarse, ahora el sol estaba más bajo y teñía de naranja y dorado toda la estancia, reflejando la luz sobre las blancas paredes de mármol, parecía que flotaran.
Entonces Hermione se acerco más a él y recostó su cabeza contra su pecho, envolviéndole con su aroma. Severus pensó que si en ese mismo instante alguien se lo pidiese, podría conjurar el Patronus más potente del mundo. Sin duda este sería su recuerdo más feliz.
…
Hermione respiraba feliz contra su pecho, escuchando los acelerados latidos de su corazón que palpitaba violentamente contra su mejilla, llenándose de su fragancia, mientras poco a poco esos latidos de su Príncipe se calmaban. Al fin descubría el único misterio que no había conseguido resolver en Hogwarts, a que olía su Amortentia y por quien ''Hierba recién cortada, pergamino y algo que no supo identificar... '' Ahora lo sabía, olía a el.
El olor a hierba recién cortada, idéntico a ese olor de las raíces y las hierbas húmedas de las pociones, también notaba un olor cálido y varonil, como de madera y libros, pergamino nuevo se dijo y algo más… la fragancia de Severus, su propio olor, con una mezcla de sándalo y ropa limpia.
Recordaba como ese día en clase de Horace Slughorn, se sonrojo y preocupó, ya que no era capaz de reconocer ninguno de estos aromas en Ron, quizás el de hierba cuando venía de entrenar… pero no, era más bien una mezcla de barro y lluvia. Entonces pensó que quizás solo tuviera que ver con las cosas que le atraían a ella y no con la fragancia del hombre al que amaba. Nunca había tenido la oportunidad de estar tan cerca de su profesor como ahora, para reconocer a que olía. Las veces que estuvo medianamente cerca de el, fue en esas mazmorras llenas de infinidad de olores y vapores de los calderos, dudaba que pudiera haberse dado cuenta, pero ahora lo sabía. La fragancia que desprendía su Amortentia era la de el, la de Severus Snape, su profesor de pociones, su Príncipe, siempre fue el.
Hermione radiante por el descubrimiento, se dejaba llevar por Severus disfrutando del momento, un momento que guardaría en el fondo de su corazón a pesar de saber que para el no significaría lo mismo que para ella. Pensando con una punzada de dolor que quizás si ella hubiese sido Lily , no habría tenido que forzar al hombre a que se lo pidiera, pero no le importaba, pensaba dejarse llevar por el momento y disfrutarlo. Ella le quería, eso era lo que importaba y ahora sabia que siempre había sido así, antes incluso de ser consciente de ello.
Realmente Severus no mentía. ¡Era un magnifico bailarín! La tomaba de la cintura y con la otra mano sostenía la suya. Hermione decidió entonces arriesgarse un poco más, movida por el valor que su corazón le infundía y hacer de ese momento que era solo de los dos, algo más inolvidable, sabía lo que sentía y lo que al parecer había sentido siempre por el, así que era ahora o nunca.
Guióla mano de Severus que les unía hasta su cintura, dejándola allí, para tener ambas manos libres y alzarlas hasta su rostro tapado con esa odiosa máscara. Quería ver al hombre del que cada vez estaba más enamorada, aquel que siempre estuvo rodeado de misterio y contemplarle por primera vez, sin barreras de ningún tipo y esa era la última que les separaba ahora. Sostuvo sus manos contra esta, avisándole de lo que iba a hacer y aunque el se tensó, no dejo de dar vueltas por la sala con ella. Se acercó más a el, mirando esos preciosos ojos negros que brillaban como nunca antes lo habían hecho, se detuvo unos segundos mientras sus alientos y respiraciones se mezclaban y entonces beso su fría máscara, tan tiernamente que el Príncipe Mestizo pudo sentir el beso a través de esta.
Entonces fue Severus quien alzó una mano hasta su rostro cubierto, quitándose al fin la máscara que les separaba, dejando que Hermione le viera.
Los años habían pasado por el pero ahora que no tenía esa dura y agria expresión, si no una dulce y relajada con una mirada brillante y llena de ¿Amor? y una sonrisa sincera,(la primera que Hermione le veía, sin ironía ni burla) se le veía más atractivo que nunca, pensó mientras su pulso se aceleraba. Por primera vez veía al hombre, ese hombre que sabía que estaba escondido tras varios escudos. Severus detuvo el baile mientras la música seguía sonando, soltando las manos de su cintura, las levantó hasta acunar el rostro de ella entre estas y la besó. Mientras el sol se escondía y un último rayo de luz iluminaba sus labios unidos, dejando fluir al fin todos los sentimientos que había guardado durante años. Entregándole a ella todo ese amor que tenía guardado, en un beso profundo, intenso y dulce, que acaricio su corazón. Un beso cargado de amor, un amor que les llenaba el alma, completandoles y encajando a la perfección, habían sido creados el uno para el otro, ahora lo sabían y recordarían ese beso para…
Siempre.
oOo
*Sobre el encantamiento Fidelio: Encantamiento que toma una información (un secreto) y lo implanta en la mente, ocultando una ubicación específica, por lo que dicha ubicación se vuelve invisible, intangible, inubicable e insonora. Aquel cuya alma alberga el secreto es conocido como el "Guardián del Secreto". Una vez que el guardián del secreto muere, todas las personas que hayan aprendido el secreto a través de él se convertirán en nuevos guardianes del secreto. Si el poseedor ha optado por no revelar el secreto a nadie (dejando como únicos a los Guardianes), el secreto reside en ellos para siempre. El único método para que otro lo sepa es la divulgación por parte del Guardián hacia otra persona, directamente, puede ser manera verbal o escrita. Por ejemplo,Alastor Moodyle dio a Harry Potter un pergamino que decía:"Los cuarteles de la Orden del Fénix pueden ser encontrados en el número 12, Grimmauld Place. Londres." También es posible que los guardianes puedan revelar la información a otra persona, mostrándoselas ellos mismos. Esta teoría se basa en que aunque el 12 de Grimmauld Placese encontraba bajo el encantamiento y se utilizaba como base de operaciones de Harry,Hermione y Ron después de la muerte de Dumbledore, la casa permaneció invisible para los mortífagos, hasta que Yaxley agarró al brazo de Hermione Granger, cuando se desaparecieron del Ministerio de Magia al 12 de Grimmauld Place revelandole involuntariamente la ubicación al llevarlo más allá de la protección del encantamiento Fidelio. (Fuente Wikia)
*Sobre los Retratos: El retrato puede moverse de retrato en retrato, o bien visitar un retrato de ellos en otras partes del mundo. Será capaz de utilizar algunas de las frases favoritas del sujeto, e imitar su comportamiento general en función de cómo el sujeto le parecía al pintor. Sin embargo, están limitados en lo que pueden decir o hacer, sabe poco o nada de la vida de su sujeto, y por lo tanto no podría mantener una conversación muy interesante sobre su sujeto. La excepción a esto está en los retratos de los Directores de Hogwarts, que se conservan en un armario desde el momento de su pintura, hasta que el sujeto muere. El director actual, por tanto, puede hablar con ellos, para recibir enseñanzas de sus antecesores. (Fuente Wikia)
Bueno aquí está mi primer beso de la pareja. ¡Estaba deseando escribirlo! Espero que (aunque se haya hecho esperar) no os haya decepcionado.
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