14. CUATRO SLYTHERINS SON MULTITUD

Un grito de dolor quebró la calma de la mañana, cuando Snape, Hermione, Theo, Draco y su padre se aparecieron el los jardines de Last Alliance, mientras una bandada de pájaros (que dormitaba en la copa de un árbol cercano) alzaba el vuelo asustada.

Lucius Malfoy se retorcía de dolor, sobre el césped humedecido por el rocío del alba. El avance de la terrible maldición no verbal que Voldemort le había lanzado le estaba destrozando. Sentía como si lava ardiente recorriera sus venas, a la vez que una mano invisible retorcía sus entrañas. A penas era consciente de donde estaba, pero el tremendo dolor le confirmaba que aún seguía vivo. Solo podía gritar y convulsionarse bruscamente, deseando la muerte y que todo acabase cuanto antes.

Mientras tanto Severus Snape ya había echado su capa hacia atrás y tirado a un lado su máscara de mortífago para trabajar cómodamente revelando inconscientemente su identidad e invocó con un accio no verbal una extraña poción de color blanquecino, que vino directa desde el castillo a su mano.

- Sujétenlo con fuerza.- Ordenó a los tres jóvenes que estaban junto a ellos, para que trataran de controlar los espasmódicos movimientos involuntarios del hombre.

Al segundo Theo sujetaba las piernas de Lucius, tratando de luchar contra la fuerza que este hacía por liberarse. Hermione aferraba su brazo derecho y Draco sostenía en su regazo la cabeza de su padre a la vez que sujetaba el otro brazo. Snape vertió algo de la poción entre los labios de Malfoy padre (aunque la mayor parte de esta se derramaba por su barbilla) y empezó a murmurar un hechizo para calmar y ralentizar* la fuerza de la maldición.

- Padre... ¿Que has hecho? ¿Por que...padre? - Musitaba Draco sin parar en estado de shock.

Los segundos pasaron y poco a poco las severas convulsiones fueron disminuyendo, pero Snape no cesó de murmurar el extraño hechizo.

- Esta parando. - Observó Theodore, al ver como el cuerpo del Señor Malfoy se relajaba por completo y quedaba laxo. Se había desmayado.

- ¿Se salvara...?- Preguntó Draco preocupado.

Alzó su mirada para recibir la respuesta del hombre que iba con Hermione y que ahora trataba de salvar la vida a su padre. Theo le imitó.

Ambos Slytherins se sorprendieron al ver de quien se trataba, Severus Snape. El antiguo jefe de su casa, su maestro de pociones durante sus años escolares, al que (como al padre de Theo) habían dado por muerto. ¡¿Había sobrevivido?! Y no solo eso. Ahora estaba allí, arrodillado junto a Lucius Malfoy, tratando de detener la muerte de este y evaluando su estado con los labios apretados en una fina línea. ¡Tras haberles rescatado de las filas de Voldemort con Granger! ¿Por que? Pero... No era el momento de hacer las preguntas equivocadas, el tiempo corría en su contra.

- He hecho todo lo que podía hacer. - Respondió Snape con voz profunda mirando aún a Lucius cuya respiración iba calmándose. - He detenido el avance y no sentirá más dolor pero... no puedo salvarle. Lo siento.- Terminó diciendo con impotencia, desviando su mirada llena de pesar hasta la de Draco.

Pocos sabían que el, era padrino del muchacho, ya que Lucius Malfoy y Severus Snape habían sido amigos desde Hogwarts (a pesar de las enormes diferencias que les separaban) y aunque se habían distanciado... Mantuvieron una especie de código de honor (no hablado) entre ellos durante todos esos años. Muy parecido al que tenían Draco Malfoy y Theodore Nott.

- Pero fue una maldición no verbal... La potencia suele ser menor en estos casos ¿No? Dolohov me hirió gravemente en el Departamento de Misterios pero me salvé. Pomfrey dijo que fue una suerte que estuviera silenciado cuando la realizó...- Reflexionó Hermione más para si misma que para ellos, tratando de encontrar alguna solución, como siempre. Buscando la más mínima posibilidad.

Severus la miró, entre irritado (por que tratara de contradecirle) y orgulloso (por su tenacidad). Nunca se daba por vencida y siempre recurría a su inteligencia y fría lógica, (aunque en los momentos difíciles como esos, notaba como a veces estas podían jugarle malas pasadas) pero como aún estaba enfadado con ella y ganaba la irritación (al recordar lo sucedido la noche anterior) le respondió con un tono afilado.

- Cierto señorita Granger pero le recuerdo, que no hablamos de ''un simple mortífago'' y lamentablemente la potencia de las maldiciones del Señor Oscuro apenas tienen variaciones en su efectividad. Sean verbales o no. Lo que sigue proporcionandole una clara ventaja al desconocer que maldición usa contra la victima.

- Pero tu la conocías... - Apuntó Hermione (ella no era de las que se rinden fácilmente) y continuo tuteando al pocionista, sin pasar por alto que para el volvía a ser la ''señorita Granger''. Seguramente seguía enfadado por haberle petrificado o simplemente prefería mantener una postura distante con ella frente a los chicos, pero se negaba a volver a tratarlo de usted. No después de todo lo que había pasado.

Esa extraña familiaridad con la que Hermione se dirigió a Snape (al que recordaba como un hombre rígido, huraño y solitario) fue algo que no pasó desapercibido para Theodore Nott, al igual que la evidente tensión entre ellos. Ya que aunque fuera un chico callado que parecía estar al margen de todo, no lo estaba. Al contrario, esa posición daba a Theo una perspectiva más clara de las cosas, era más observador y perceptivo de lo que parecía... Granger no era de las que se tomaban confianzas fácilmente (el prácticamente le pedía a diario que usara su nombre de pila) y Snape no era un hombre que diera pie a ello y menos aún a ser tuteado ¿Entonces, porque esa confianza?.

Lucius Malfoy trató de moverse y llamó su atención, haciendo que Nott se olvidándose del asunto por el momento.

-Si, la conozco... Obviamente. Y gracias a eso he podido eliminar el sufrimiento, pero como ya he dicho. - Remarcó.- Me temo que el desenlace es inevitable. - Respondió dando por zanjado el asunto y desviando con amargura la mirada hacía Lucius, quien estaba volviendo en si.

-Dra...co. - Gimió este, abriendo los ojos con dificultad y tratando de elevarse para mirar a su hijo que se lo impidió. Su rostro estaba perlado de sudor y algunos cabellos rubios (casi blancos) se pegaban a este.

- Estoy aquí padre. No hables... - Dijo Draco con ojos humedecidos, recostandole mejor sobre sus piernas y pasando delicadamente la mano sobro el rostro, tratando de peinar sus cabellos. Mirando nuevamente a su padrino preguntó.- ¿Cuanto tiempo?

Snape le miró durante unos segundos y decidió que no serviría de nada suavizar la situación.- Minutos... tal vez menos. - Respondió sincero, ignorando la mirada reprobatoria de Hermione.

Esto era algo que Draco siempre le había agradecido. Su padrino no era un hombre de ''paños calientes'' que camuflara la cruda realidad con palabras delicadas. El presentaba la situación tal cual era, incluso peor (para que estuviera preparado) pero si existía una mínima posibilidad, este le guiaba hasta que el solo encontraba la solución. Esta vez, la mirada de tristeza a través de ese perpetuo gesto impasible que este mantenía, le dejó claro que no había esperanza alguna. Al menos su padre se iría tranquilo y sin dolor, dignamente, como todo un caballero, como un Malfoy.

- Sssh... ¿Sseverus...? - Preguntó Lucius que había escuchado todo y que siendo consciente del poco tiempo que le quedaba, quería despedirse. Estaba tratando nuevamente de incorporarse pero no tenía fuerzas y de inmediato desistió. Ya no sentía esa terrible agonía pero la sensación estaba grabada en el.

- Si Lucius, soy yo.- Respondió Snape, inclinandose sobre el para que pudiera verle y dandole un suave pero firme apretón en la mano que mantenía sobre el pecho.

- Severus... viejo amigo. - Dijo sonriendo, respondiendo con escasas fuerzas a ese saludo. - Me alegro que la vida te diera otra oportunidad. Siempre fuiste el favorito del Lord pero ni eso te libró de su ira y de la muerte. - Reflexionó. - Ojala tengas más suerte que yo... la próxima vez que le veas... Dale recuerdos de mi parte. - Pidió mirandole. - Confió en ti ''BloodPrince'', siempre fuiste el más listo de los dos... - Explicó con una irónica sonrisa, llamándole por el mote que solía usar cuando estudiaban juntos en Hogwarts, recordando sus días de estudiantes, cuando Snape le superaba en casi todas las materias. Poniendose serio añadió. - Jamás pude compensarte lo que hiciste por mi y por mi familia...- Snape iba a responderle, pero Lucius con un gesto de la mano pidió que no le interrumpiese y alzandose levemente para mirarle a los ojos le dijo. - ... pero tengo que pedirte un último favor. Cuida de todos Severus, como siempre has hecho. - Mientras miraba a Draco, a Theo y por último a Hermione (en la que se detuvo más de la cuenta) y dedicando una significativa mirada a su camarada añadió. - Se prudente amigo mio, buscara tu debilidad para acabar contigo.- Snape asintió con solemnidad y soltó su mano, alejandose con elegancia.

Hermione lloraba desconsolada ante la situación. Sabía que Lucius posiblemente había hecho cosas horribles y que por su propia mano había perdido a una buena amiga... pero no dejaba de ser un hombre que se moría y el padre de Draco, al cual había logrado salvarle la vida. Las lágrimas caían por su rostro, mientras apretaba con fuerza la mano que mantenía entrelazada con la de Draco, apoyandole, recordandole que estaba allí con el. Lucius vio ese gesto y se dirigió a Hermione. - Jovencita... - Ella se tensó de inmediato por ese tono de censura, pero no retiró su mano de esa unión, el la necesitaba y aunque fuera un momento delicado para su padre no iba a soltarle. - Gracias. - Terminó diciendo el mortífago, componiendo una amable sonrisa ante la estupefacta cara de asombro de Hermione. Lucius rió por lo bajo y un gesto de dolor cruzó por su cara mientras se llevaba la mano al pecho, los presentes se removieron incómodos. Su rostro ya de por si pálido iba perdiendo color y sus ojos de un gris brillante se iban apagando, pero se recompuso y siguió hablando. - Gracias por dejar a un lado todos los prejuicios y apoyar a Draco, yo nunca supe hacer ninguna de esas cosas... Eres una mujer muy valiente y luchadora, pero sobretodo eres una gran bruja Hermione Granger. - Admitió.

Hermione sonrió feliz por sus palabras, al verse reconocida finalmente por ese hombre. No solo como una digna amiga de su hijo, (sin tener en cuenta su origen muggle o su sangre) si no como a una gran bruja - No hay de que...Gracias por sus palabras señor Malfoy. - Respondió educadamente, limpiando las lagrimas de los ojos ( aunque de inmediato se formaron más en ellos) y devolviendo el cariñoso apretón que que Draco le había dado en su mano entrelazada con la de el.

Dirigiendose al joven Slytherin, de cabellos castaños, que aún seguía a sus pies, el padre de Malfoy dijo.- Theodore muchacho... Siempre fuiste una buena influencia para mi chico, pero durante años fui injusto contigo. Muchos fuimos incapaces de ver en ti alguna cualidad Slytherin, yo incluido. ¡Que equivocado estaba! Hoy las he visto ¡Como nunca antes! En ti. Al apoyarle durante tanto tiempo y al negarte hoy a batirte con Draco, cuando tenías tanto que perder y tan poco que ganar... Me has mostrado el verdadero honor y orgullo de los Slytherins en toda su gloria. Y me has enseñado que estos, son más fuertes, cuando se profesan por uno mismo y por una verdadera amistad, antes que por una causa. Hoy has hecho honor a tu casa Theodore Nott. - Elogió dignamente, mientras alzaba levemente su mentón orgulloso, imitando sin saberlo ese gesto tan típico en su hijo. Theo abrumado y agradecido, respondió a sus palabras con una sonrisa y un asentimiento cortés.

Lucius cerró los ojos y tomó aire, notando como la vida se le escapaba.

- Padre... No hables descansa... - Pidió Draco.

- No hijo mio, esto se acaba. - Respondió, alzando su brazo y dando unas suaves palmadas en del hombro de este para tranquilizarle y consolarle.- Al menos podre despedirme de ti... y moriré con dignidad. Un Malfoy no puede recibir la muerte retorciendose de dolor o gritando como un vulgar demente. - Dijo con firmeza, compartiendo con Draco la idea del honor en tener una muerte elegante, digna de un Malfoy.

- Tengo tantas cosas que decirte y ahora apenas me queda tiempo... Lamento todo lo que te he hecho pasar pero sobretodo lamento lo de... Katherine se llamaba ¿Verdad? El Lord te dio permiso para liberarlas, pero en el último momento cambió de opinión y me ordenó matar a la chica mestiza, si no lo hacía tu serías el que moriría. Supongo que entonces ya sospechaba que habías entablado una amistad con ellas o quizás pensaba que se trataba de algo más... pero al parecer no consideraba a Granger un problema por ser una simple ''sangre su...'' - Se interrumpió a mitad de palabra y corrigiendose continuo. - ...por ser una simple ''hija de muggles'', pero creía que una mestiza si que lo era. No entendí muy bien porque. Supongo que quizás pensaba que jamás podrías trabar una amistad solida con Granger (por todos los prejuicios que arrastrabais ambos) o simplemente prefería dejarla con vida ''Como muestra de la derrota y sumisión'' como con el resto de miembros de la Orden del Fénix, pero lo cierto es que nunca consideró que esta fuera una amenaza o un problema ¡Ni siquiera cuando era evidente que era la cabeza pensante del grupo! Y el mayor apoyo de Potter... Un claro error en mi opinión. - Se apresuró a confirmar mirando a Hermione, la cual se sitió alagada pero intimidada. Ya que esa afirmación era ambas cosas un cumplido pero también una advertencia.- Simplemente, acate las ordenes. - Continuó explicando Malfoy. - Y sin dudarlo me dirigí a cumplir con mi misión. Soy un asesino y no tuve otro remedio, pero confieso que tampoco me plantee otra alternativa. Nunca fui un padre modelo pero jamás permitiría que alguien te dañase Draco. Y sin embargo aquella noche en la que acabe con su vida, condené mi alma y dañe la tuya, te cause tanto dolor... Lamento haberlo hecho, pero volvería a hacerlo sin dudarlo por salvarte de nuevo, por ello no puedo arrepentirme sinceramente. Supongo que eso basta para condenarme... Aún recuerdo a la perfección lo que sucedido, ese recuerdo ha vuelto a mi cada noche durante estos seis largos años... Las dos muchachas se despedían ''Hermione no llores… Escúchame por favor. Dile a Draco que le perdone…'' Pidió la chica señalandome con un gesto de su cabeza ¡A mi! ¡Al hombre que pretendía acabar con su vida! '' El es mejor que ellos, siempre lo ha sido… Dile que gracias por salvarme. Seréis libres Hermione, lo se.'' Y supe que era cierto hijo, que algún día eso sería cierto. Lo último que dijo fue'' No te rindas y no le abandones'' Ella le pedía a Granger que no te dejara. Vi tanta decisión y lealtad en ellas a pesar de lo que yo iba a hacer... En ese momento entendí que mi camino no había sido el adecuado, pero también comprendí que no estarías solo, que aún no estabas condenado y que tal vez podrías ser libre, porque para mi ya era tarde. Solo espero que puedas perdonarme ¿Podrás hacerlo hijo mio? Perdoname por todo, porque yo no puedo. ¿Podrá perdonarme ella...?

- Padre... - Dijo Draco tratando de hablar con la voz rota. - Te perdoné hace tiempo. - Confesó sin notar las gruesas lágrimas cayendo por su rostro. - Me odiaba por ello y te odiaba por sentirme así, pero te perdone. Te perdono. ¿Y sabes? Siempre pensé que Katherine tenía un don. Ella sabia ver en el interior de las personas mejor que ellas mismas. Vio algo en mi cuando nadie lo hizo y estoy seguro de que... Ella te perdonó esa misma noche. - Afirmó.

Ahora fueron los ojos de Lucius Malfoy los que empezaron a humedecerse.- Te quiero hijo mio... eres lo único bueno que he hecho en la vida y estoy orgulloso de ti. - Declaró, diciendole finamente a Draco las únicas palabras que este siempre había anhelado escuchar de labios de su padre. Una lágrima solitaria escapó de los ojos de Lucius por su hijo, como si el hielo de estos al fin se derritiera. - Ahora puedo irme tranquilo... - Dijo cerrando los ojos. - Se que ahora eres libre y seras feliz, a pesar de que cargues con mis errores...- Afirmó, bajando la voz que iba perdiendo intensidad con cada palabra. - Intenté hacerlo lo mejor que pude, pero me equivoque en demasiadas ocasiones.- Y con las escasas fuerzas que le quedaban abrió los ojos para ver el perfecto cielo de esa mañana, de un precioso azul intenso... como el de los ojos de su mujer y pidió.- Cuida de tu madre.- Mientras la segunda lagrima caía por su mejilla en honor a esta. La luz de sus ojos grises se apagó para siempre, cuando con su último soplo de vida Lucius Malfoy pronunció el nombre del amor de su vida.- Narcissa...

...

Draco cerró los ojos de su padre. Snape apoyo la mano en su hombro y la apretó para infundile fuerza y reconfortarle. El rubio limpió sus lágrimas y miró a Snape.

- Tengo que enterrarle, pero mi madre... - Empezó a decir, adoptando una postura dura y decidida.

- Yo iré por ella. - Respondió este. Hermione iba a decir algo pero Severus le advirtió con la mirada que no admitía replicas. - Yo, solo. Iré más rápido. Vosotros quedaros con Draco... en seguida vuelvo. - Y se desapareció.

...

Efectivamente Snape a los pocos minutos había vuelto, con una confundida y preocupada mujer, de porte elegante y de aire aristocrático cogida de su brazo.

Narcissa Malfoy, la hija menor de la familia Black. Iba cuidadosamente vestida, como correspondía a ''una dama de su posición'' aunque estaba algo más pálida y delgada de lo que Hermione recordaba. En otra ocasión, su largo pelo rubio del color del trigo, (algo más oscuro que el de su hijo Draco y su marido) caía recto por su espalada hasta la cintura, lo que le daba la apariencia de una persona ahogada pero ahora estaba perfectamente peinado en un recogido elegante, que le favorecía. Ese peinado hacía resaltar los delicados rasgos de su cara, cejas perfectamente marcadas, nariz recta, labios delineados, pálidas mejillas y unos preciosos ojos azules. Hermione tenía que reconocerlo, a pesar de ese gesto permanente de desprecio y asco que siempre mantenía cuando miraba a alguien que no fuera digno de su presencia.

Narcissa Malfoy era una mujer muy atractiva, femenina, elegante y sofisticada. Era todo lo que ella no era por lo que no podía evitar sentirse molesta y celosa a pesar de saber que no era el momento para dejarse dominar por sus irracionales inseguridades) al ver como esta avanzaba hasta ellos cogida firmemente del brazo de Severus.

La sorpresa y confusión inicial que Narcisa sentía desde que Snape (al que daba por muerto) se apareció en el salón de su Mansión ante ella, instandola a irse con el de inmediato dado que ''Corría peligro y su hijo le había enviado para ponerla a salvo'' fue sustituida por el miedo y la angustia cuando vio a su amado esposo tendido inerte en el suelo y a su hermoso hijo llorando sobre su... ¿Cadáver?

Hermione vio como toda esa fachada de falsa seguridad y superioridad de la mujer se desmoronó al instante y en su garganta se formó un nudo de angustia y tristeza ante la escena.

Narcissa Malfoy soltándose del brazo de Snape calló de rodillas al suelo antes de que este pudiera cogerla y un grito desgarrador salió de su garganta mientras su mundo se derrumbaba. Llorando desconsolada fue arrastrandose hasta su esposo y su hijo murmuraba - Nooo, noo - Acariciando con dulzura las pálidas y frías mejillas de Lucius.

Hermione se sentía incomoda al presenciar la escena, (como Snape y Theo) se sentía una intrusa allí, pero le parecía una falta de respeto marcharse en ese momento.

La horrible pena de Narcissa dio paso a la rabia y con la misma ira con la que un día Draco preguntó a Hermione ( quien había matado a Katherine) la madre de este preguntó. -¿Quien?

- Voldemort. - Respondió su hijo inpasible, con un tono clamado pero lleno de un odio que clamaba venganza. Pronunciando así por primera vez en voz alta el nombre del Mago Oscuro. Algo que no pasó inadvertido para nadie, ni siquiera para su madre que tembló levemente ante esto y ante la confirmación de que finalmente había sucedido lo que había temido durante tanto tiempo.

Sin fuerzas Narcissa se aferró a las ropas de su marido y se abrazó a el, oliendo su fragancia y llorando, indiferente a lo que sucediese en el mundo.

- Hay que enterrarle. - Dijo Draco levantandose y mirando a su padrino, antes de empezar a andar hasta la zona más alejada del castillo. Este asintió y se encaminó tras su ahijado, situandose a su lado sin decir nada. Cuando Draco se detuvo en el limite de los jardines, junto al bosque, ambos comenzaron a disponer todo para enterrar a un mortífago, pero también a un padre y a un amigo.

...

Tras en entierro, Narcisa que había permanecido como ausente todo ese tiempo, empezó a ser consciente del lo que la rodeaba y al fin alzó la vista y miró a los presentes, percibiendo por primera vez la presencia de Hermione.

- ¿Que hace esa ''sangre sucia'' aquí?- Preguntó altivamente y con desprecio.

Draco de inmediato iba a responderle. - Madre...

Pero Severus fue más rápido, se envaró y se acercó a ella con un rápido movimiento que apenas duró unos segundos. Como si fuera una peligrosa serpiente, escondida entre las hierbas, que se lanza sobre su presa antes de que esta fuera consciente de lo que pasaba. La respiración de Draco y Hermione se cortó de golpe ante la reacción del mago, porque (aunque ambos sabían lo que esas palabras causaban en el) no se la esperaban.

Narcisa no retrocedió, al contrario se alzó más y le mantuvo la mirada arrogante a Snape, que de manera calmada pero claramente amenazante le advirtió. - Narcisa, esta es mi casa y te agradecería que no vuelvas a emplear ese termino mientras estés aquí. Jamás.

Hermione se relajó, pero no pudo evitar revivir el recuerdo que vio en el pensadero de Dumbledore, cuando Severus llamó así (cegado por la ira) a Lily Evans en mitad de una discusión y como ese desprecio que vio en su rostro, dio paso al dolor y la culpa. Esas dos palabras habían destrozado su vida.

En cambio Draco (que también conocía el rechazo que este sentía por esas palabras), aún no entendía el porque de esas reacciones... (si, había visto esa reacción más de una vez) Y ante esa escena, un recuerdo volvió a el, como una especie de dejavu. Recordando como el mismo, había sufrido una reacción parecida por parte de su padrino y maestro, cuando estaban en Hogwarts y el se refirió así a Hermione.

Flashback

Durante el Cuarto Curso de 1994 a 1995 en Hogwarts...

''San Potter'', ''El eterno amigo de los sangre sucia'', había sido elegido el cuarto campeón para participar en el torneo de los ''tres'' magos. Draco estaba seguro de que había hecho trampas, por algo se llamaba el torneo de los tres magos ¿No? Por no hablar de que obviamente había burlado la mágica barrera de edad del director, pero claro como el era ''El niño que sobrevivió'', ''El famoso Harry Potter'' y el favorito de Dumbledore iban a permitirle participar.

Le odiaba, envidiaba toda esa fama, no se la merecía. Sin duda el sería una mejor elección. Solo de pensar en lo orgulloso que se habría sentido su padre si el hubiera conseguido ser campeón de Hogwarts pero lamentablemente eso no había sucedido. Por suerte al menos podía disfrutar de algo de diversión añadida, ya que esta vez todo Hogwarts pensaba como el y mostraban abiertamente su apoyo a Cedric Digorry ''El verdadero'' campeón de Hogwarts de la casa Huffelpuff, cuyos patéticos miembros se mostraban especialmente molestos con Potter por haberles arrebatado una gloria a la que no estaban acostumbrados. Incluso la mayor parte de los Ravenclaws parecían pensar que las ansias del Gryffindor por la fama no tenían limites y ''los leales'' Gryffindors se dedicaban a mantenerse al margen. Hasta su amigo Weasley ''la comadreja pobretona'' le había dado la espalda. En resumen, Potter era un completo marginado. Con una excepción... ¡Esa molesta sabelotodo de Granger! Leal hasta la muerte, jamás le dejaba solo y estaba seguro de que jamás lo haría y eso le sacaba de sus casillas (aunque no entendía porque), suponía que era porque en cierto modo también envidiaba esa fuerte amistad y lealtad de la leona. Estaba seguro de que nadie demostraría ese lealtad por el, pero ¿Por que le molestaba tanto? ¡Solo era una sangre sucia!

En eso estaba pensando Malfoy cuando, ambos Gryffindors llegaban a las mazmorras. Era viernes y tenían doble clase de Pociones, clase que las casas Slytherin y Gryffindor compartían.

Draco sonrió. El espectáculo empezaba. - ¿Te gustan, Potter?- Preguntó alzando la voz y mostrando la insignia en la pechera de su túnica mientras ''cara-rajada'' se acercaba.

Cientos de estas insignias circulaban por la escuela apoyando a Cedric Digorry y todos los Slytherin las llevaban, pero las de ellos estaban encantadas. Algo que había sido idea suya y de su espléndido ingenio. - Eso no es todo...¡Mira! - Dijo apretando la insignia contra su pecho. Un nuevo mensaje apareció: ¡POTTER APESTA!

Los Slytherins que le rodeaban rompieron a reír. Sonoras carcajadas resonaban contra las paredes de piedra del castillo mientras que el resto de Gryffindors permanecían al margen, incluido Weasley.

- ¡Ah, muy divertido! Derrocháis ingenio.- Dijo con sarcasmo Granger. Siempre defendiendole...¡¿Es que nunca se cansaba?!

- ¿Quieres una Granger? ¡Tengo montones! Te doy una pero con la condición de que no me toques la mano, me la acabo de lavar y no quiero que una ''sangre sucia'' me la manche. - Dijo con desprecio, haciendo especial énfasis en las últimas palabras, recordandole que EL estaba por encima de ella, aunque ella se empeñara en hacerle sentir estúpido e inferior.

Ante el insulto dirigido a su amiga ''San Potter'' sacó su varita dispuesto a atacarle y el sacó la suya dispuesto a responderle. Ambos exclamaron a la vez...

-¡Furnunculus!- Gritó Potter.

-¡Densaugeo!- Gritó el.

Los hechizos chocaron en el aire y rebotaron en ángulo. El conjuro de Potter le dio a Goyle (cuya cara se cubría rápidamente de unos furúnculos grandes y feos que supuraban pus) y el suyo le dio a Granger (que se tapaba la boca con las manos gimiendo asustada, tratando de esconder sus dientes incisivos que crecían hasta la barbilla). Draco se quedo quieto sin saber que hacer ¡Granger siempre estaba en medio! ¡La culpa es de ella! Si... ¡Por meterse donde no la llamaban! Se decía, pero el sentimiento de culpa que crecía en su pecho no desaparecía. ¿Por que?

- ¿A que viene todo ese escándalo? - Dijo una voz baja y apagada a sus espaladas.

El profesor Severus Snape, acaba de aparecer en escena. ¿Acaso podía complicarse todo más? Este era el jefe de su casa y le apreciaba además era su padrino. Su padre y el se conocieron en Hogwarts y eran amigos desde entonces. Sabia que al hombre no le importaba que se metiera con Potter pero al parecer odiaba que lo hiciera con la ''sabeloto insufrible'' (aunque el no dudaba en ridiculizarla y humillarla todo el tiempo durante sus clases) por lo que estaba seguro de que se había metido en un buen lío.

Los Slytherins empezaron a gritar explicaciones, pero Snape les mandó callar con un gesto de la mano y señalandole ordenó. -Explícate Draco.

- Potter me atacó, señor... - Empezó a decir tratando de quitarse las culpas.

- ¡Nos atacamos los dos a la vez! - Gritó Potter, pero Snape le ignoró olímpicamente.

- Le dio a Goyle señor mire... - Dijo señalando a uno de sus ''guardaespaldas'', (el no tenía amigos solo seguidores).

- Ve a la enfermería Goyle - Dijo con calma Snape, tras una corta mirada.

- ¡El le dio a Hermione! - Intervino la comadreja Weasley acusandole. Tratando que Granger mostrara las consecuencias de su conjuro al profesor. Esta finalmente cedió y bajó la mano.

Snape la miró unos segundos, (mientras Draco aguantaba la respiración) y con voz fría e indiferente aseguró. - No veo ninguna diferencia.

La chica soltó un gemido mientras se le empañaban los ojos y echaba a correr por el corredor hasta perderse de vista.

Esas eras las cosas que su padrino solía hacer y que Draco no entendía. Sintiendose un poco mejor, al ver que al menos Grager no había llorado por su culpa, sonrió con arrogancia pensando que tal vez se libraría de la regañina.

- Muy bien... ¡Cincuenta puntos menos para Gryffindor! Y estáis castigados. Ahora entrad si no queréis que el castigo dure una semana entera. - Ordenó Snape a Potter y Weasley, estos rojos de rabia decidieron que sería mejor no empeorar las cosas, (aunque Snape solo les hubiese restado puntos a ellos) todos conocían lo injusto que el pocionista era con los miembros de otras casas, (en especial con los Gryffindors y en especial con el trío dorado) así que entraron en el aula sin decir nada más, seguidos del resto de Gryffindors y los Slytherins.

Cuando Draco iba a entrar sonriente algo se lo impidió, reteniendole en el pasillo. La mano de su padrino apretaba su hombro con firmeza, este se inclinó hasta el y le dijo con un tono helado. - A las ocho en mi despacho Draco. - Y luego Snape le empujó bruscamente para que entrara en clase, siguiendole y cerrando la puerta tras ellos.(Al parecer no se había librado de la regañina y no solo eso.. ¿ Snape le había castigado?) Bueno, al menos nadie había visto esa humillación.

...

Horas más tarde en el despacho de Severus Snape...

- Draco...¡Por última vez! ¿Por que atacaste a Granger? - Preguntó el hombre clavando en el su mirada. Esa mirada que el ponía y siempre le intimidaba. A veces daba la impresión de que podía leerle la mente.

- ¡Fue un accidente! Ya se lo he dicho padrino... - Repitió por enésima vez, aburrido pero educado (no convenía empeorar las cosas).

Snape le miraba impasible, daba la impresión de que podía pasarse así toda la noche.

Draco trato de explicarse de nuevo.- El conjuro rebotó... - Y molesto exclamó. - ¡Solo es una sangre sucia!

Entonces Snape abandonó todo elegancia y calma, se levantó veloz de su silla y rodeó la oscura mesa de su despacho en apenas unos segundos.- ¡JAMÁS...! ¡...VUELVAS A USAR ESE DESPRECIABLE TERMINO EN MI PRESENCIA DRACO! - Gritó furioso y bajando el tono (hasta convertirlo en uno más amenazante) advirtió a solo unos centímetros de su rostro. - Y mucho menos en mi presencia... - Draco retrocedió asustado, nunca había visto así a su padrino, juraría que bajo su capa los nudillos de su profesor estaban blancos por la fuerza con la que apretaba la varita. ¿Seria capaz de hechizarle?

La ira en su rostro pasó y Snape volvió a tener esa gélida expresión que le caracterizaba. Retrocedió hasta su silla, volviendo a sentarse tras su escritorio y apoyandose en el cerró los ojos, apretandose el puente de la nariz tratando de calmarse.

- Tu la humillas constantemente. - Espetó Draco por lo bajo, abandonando todo respeto y llamandode ''de tu'' sin ser consciente de ello. - Te recuerdo que hoy se fue llorando... ¡Y fue por tu culpa no por la mía! - Remarcó, sin entender a que venía esa actitud de su padrino, aunque también había algo más... Se negaba a reconocerlo pero estaba indignado porque Snape había sido cruel sin motivo con Granger... ¡¿Pero a que venia eso?! ¡A el le traía sin cuidado lo que le pasara a esa impura!

Entonces se dio cuenta de lo que acababa de hacer y de lo que acababa de decirle a Snape, sin saber de donde había sacado el valor para hacerlo se encogió en la silla.

Snape abrió los ojos y Draco habría jurado que la culpa paso por ellos durante unos segundos, pero fue sustituida demasiado rápido por una mueca de desprecio en los labios de este, que se tensaron hasta casi desaparecer. Se apoyó rígidamente en el respaldo, apretando la mandíbula y dijo. - Yo soy yo y tu eres tu... mimado insolente. Si tanto te disgusta la señorita Granger te aconsejo que enfoques esa rabia en mejorar tus notas y centrarte en tus estudios, no estaría de más que aprendieras algo de ella, ya que a pesar de ser ''hija de muggles'' te supera en todas las asignaturas, incluida la mía.

Y luego su ''adorado'' padrino le ordenó destripar y pelar cantidad de bichejos asquerosos durante horas y horas...

Fin Flashback

Así fue como Draco Malfoy se ganó el primer castigo con el jefe de la casa Slythein y lo cierto es que jamás volvió a referirse así a Hermione, al menos no en presencia de Snape.

Draco también recordaba como una vez trató de preguntarle a su padre, ''¿Por que odia el señor Snape ese terminó?'' pero este se había negado a decirle nada, limitandose a decirle que si no quería tener problemas con su padrino no lo mencionara. Luego le echó enfadado de su despacho advirtiendole que no volviese a mencionar el asunto. Draco no insistió, (ya estaba acostumbrado) conforme crecía había más cosas de las que no se podía hablar. Ahora se planteaba que había detrás de esas reacciones y que relación de protección tenia con Granger. ¿Por que? Y... ¿Desde cuando?.

...

Narcissa se quedó atónita por esa clara advertencia y reacción, dado que Severus Snape siempre se comportaba como todo un caballero, calmado y educado. Sabía que podía ser peligroso (no por nada había sido la mano derecha del Señor Tenebroso) pero nunca pensó que se comportaría así con ella.

Tras esos instantes de asombro compuso su altivo semblante y asintiendo indiferente dijo. - Esta bien, no volveré a usar ese... termino. Ahora, ¿Tendrías la ''delicadeza''... - Remarcó - ... de explicarme que hacemos aquí Severus?

- Estan aquí gracias a la generosidad de la señorita Granger, quien no cesó de incordiarme hasta que accedí a traer y poner a salvo a tu querido hijo y el joven Nott. Dado que tu serias el siguiente objetivo del Señor Tenebroso, para dañar a Draco hemos tenido que traerte. Así que más les vale mostrarse amables con la muchacha y tratarla con respeto, se lo deben. - Aconsejó.

- ¿Por que nos ayudaría ella? - Preguntó.- ¿Que ha pasado...? - Dijo bajando la voz, recordando con tristeza que acaba de quedarse viuda.

- Eso... creo que no me concierne a mi explicártelo. Sin duda Draco podrá contarte mejor lo sucedido. Ahora si me disculpan me marcho, ha sido una noche muy larga. - Dijo Snape dándoles la espalda y comenzando a retirarse.

Narcisa, que no estaba acostumbrada a que la gente la ignorara o no hiciera lo que ella quería, se sintió totalmente humillada por Snape que ya le daba la espalda dispuesto a retirarse sin darle más explicaciones sobre lo sucedido y le gritó perdiendo todo su elegancia aristocrática y olvidando su estatus. - ¡¿DESDE CUANDO LA DEFIENDES?! - Señalando indignada a Hermione. A esa ''sangre sucia'' acababa de defenderla ¡Como si fuera una reina! Mientras que a ella, ¡Una Malfoy! pretendía dejarla con la palabra en la boca. - ¿DESDE CUANDO TE PONES DE SU LADO?- Exigió saber de manera arrogante.- Ella es solo una... ¡La amiga de Potter! - Remarcando con desprecio. Aunque no paso inadvertido para nadie que no había vuelto a atreverse a usar el termino sangre sucia.

Snape se detuvo y de espaldas le respondió. - Mis motivos no son de tu incumbencia Narcisa. - Odiaba tener que dar explicaciones, ya había tenido que hacerlo durante mucho tiempo, respondiendo ante demasiados señores. Se giró para mirarla, igual de altivo y arrogante óque ella. - Creo que he dado razones más que suficientes a tu familia para que confíe en mi. - Le recordó. -Pero dado que insistes en cuestionarme, estaré encantado de ilustrarte: Al parecer me veo en la obligación de aclararte que tras morir entre las fauces de la mascota de nuestro ''querido'' Amo... Consideré que fui más que ''liberado'' de la carga de servirle durante más tiempo y decidí poner en orden mis objetivos, entre ellos seguir con vida. - Explicó con sarcasmo. Narcisa iba a interrumpirle pero Snape enfado no se lo permitió. - Te recuerdo que tu marido también ha sido ''liberado'' por el Señor Tenebroso cuando intentaba salvárle la vida a vuestro hijo.- Narcisa se tensó y empezó nuevamente a llorar por el recuerdo y sus duras palabras, pero Snape indiferente continuó. - Así que tal vez deberías cuestionarte en que lugar deja eso tu lealtad. Te sugiero que empieces a pensar de que lado vas a estar a partir de ahora. - Y sin más se dio la vuelta, echando a andar hacía el castillo.

Narcissa cayó de rodillas nuevamente y toda esa frialdad y fortaleza se rompió.

Draco miró con enfado a su padrino que se alejaba entrando en el castillo (ya que a pesar de estar de acuerdo con cada palabra) odiaba ese carácter insensible e hiriente que sacaba cuando le presionaban. ¡No era necesario que fuera tan cruel! Sabia que estaba nervioso, que acaba de perder a un amigo, que odiaba que le cuestionaran, además había arriesgado su vida por ellos y ni siquiera se lo habían agradecido (aunque seguramente si lo hubiesen intentado hacer este les habría mandado al infierno o se hubiese burlado) y que su madre había sido injusta con el y odiosa con Granger al sacar un tema tan absurdo como la sangre en un momento como ese... Pero esa su madre y acaba de perder a su marido, además sospechaba que todo eso tenía más que ver con el ataque verbal hacia Hermione que con otra cosa. Avanzó unos pasos y abrazó a su madre que se apoyó contra su pecho sollozando. Draco miró hacia Hermione y Nott que no sabían que hacer, habían observado la pelea sin saber que decir, con un gesto les indicó que se marcharan y les dejaran a solas. Tenían mucho de que hablar.

Horas más tarde Hermione buscaba a Severus por el castillo. No había conseguido dar con el en toda la mañana por lo que imaginó que estaba descansado en su dormitorio pero por la tarde retomó la búsqueda para tratar de disculparse con el por lo sucedido la noche anterior y sobretodo agradecerle que se hubiese arriesgado por ellos y por ella...

Lo encontró en la biblioteca, leyendo un libro (o haciendo como que lo leía) e ignorando al retrato de Dumbledore. Este parecía extrañamente divertido mientras saboreaba, (lo que Hermione imaginó que sería) uno de sus caramelos de limón. El anciano director le había explicado que antes de morir, cuando pintaron el retrato pidió que le pintaran un cuenco repleto de ellos sobre la mesilla que aparecía junto a el en el cuadro, ''ni la muerte lograría quitarle ese pequeño placer''aseguró.

Severus alzó la mirada, al verla volvió a bajarla hacia el libro (con la clara intención de ignorarla también), pero Hermione había venido a hablar...

- ¿Te importa si me quedo...? - Preguntó dudosa, avanzando hasta el y señalando el sillón que estaba junto al suyo.

- No. - Respondió este indiferente.

Hermione bufó molesta pero feliz porque al menos iba a escucharla, pero cuando se sentó a su lado e iba a tratar de disculparse por haberle hechizado, el se levantó.

Mirandola con una mueca burlona le preguntó mordaz. - ¿Te importa si me voy? - Y sin mirarla o esperar respuesta se levantó, caminó con su capa ondeando teatralmente tras el y salió de la biblioteca cerrando la puerta de golpe.

¡El muy borde!

Hermione suspiró cansada. Obviamente no le siguió, tenía su orgullo, ya había dado el paso de acercarse una vez. Así que decidió que era mejor darle un tiempo, supuso que estaría encerrado en el laboratorio el resto del día (como siempre que quería estar solo) y sabía que seguramente ahora además de estar ofendido por lo sucedido la noche anterior, estaba todavía más molesto por tener en su propiedad a tres Slytherins, (uno de los cuales no era mucho de fiar y era muy posible que rompiera el Fidelio) lo que complicaba la situación.

- ¡Definitivamente cuatro Slytherins son multitud! - Se dijo para si en voz alta, levantandose para acariciar a Fawkes que dormitaba sobre su percha y respondió cerrando los ojos complacido ante la caricia.

- Dale tiempo querida, se le pasara. - Aseguró Albus Dumbledore desde su retrato formando con una sonrisa paternal cuando ella le miró.- Nuestro Severus esta sufriendo más cambios de los que puede asimilar... - Hermione se sonrojo ¿''Nuestro Severus''? ¡Oh Dios!- ... en gran parte gracias a ti. - Estaba segura de que sus mejillas se estaban tiñendo de un intenso rojo carmesí. ¿Acaso Dumbledore podía saber...? ¡No imposible! - ¡Oh vamos Hermione! Los jóvenes no podéis saber que sienten los ancianos, pero los ancianos no podemos olvidar lo que sentíamos al ser jóvenes... - Le dijo guiñandole un ojo divertido, ignorando el sonrojo de Hermione, que ahora parecía un tomate. Dumbledore desvió su mirada de ella, recuperando ese aire meditabundo y mirando al infinito añadió. - Lamentablemente Severus nunca pudo saber que era ser joven ¿Verdad? Por eso le cuesta comprender... La comprensión es el primer paso para la aceptación y sólo aceptandose podrá recuperarse y ser feliz. - Aseguró, con una de sus típicas frases.

Hermione asintió sin saber que decir, estando segura de que Dumbledore se mantenía al corriente de lo que sucedía en ese nuevo castillo, de todo... y al parecer no le parecía mal. Decidió coger un libro al azar para tratar de distraerse o al menos evitar que Dumbledore le volviese a insinuar algo sobre ''Severus'' pensando que tal vez por eso, había encontrado a este haciendo exactamente lo mismo que ella minutos antes. Se sentó de nuevo en uno de los mullidos sillones y se dedicó a meditar sobre las palabras del director, recordando que por si fuera poco seguramente Draco y Theo no tardarían en empezar a hacerle preguntas.. ¿Que debía contarles? Se preguntó ¡Si ni ella misma tenía la respuesta para la mayoría de sus preguntas!

...

Minutos más tarde...

Dumbledore dormitaba en su retrato mientras que Hermione continuaba leyendo manteniendo su mente ocupada, tratando de distraerse... cuando la puerta de la biblioteca se abrió, deslizándose a un lado con lentitud hasta que en el marco de esta apareció la elegante figura de Narcissa Malfoy.

Hermione volvió a concentrarse en la lectura tratando de ignorarla, pero el taconeo de la rubia que caminaba como toda una modelo marcando perfectamente el compás de su caminar, haciéndose notar y evidenciando que se acercaba hasta ella se lo impidió.

Narcisa avanzó hasta detenerse frente a ella.

- Señorita Granger. - Saludó.

- Señora Malfoy.- Respondió Hermione asintiendo educada pero indiferente sin levantar la vista del libro.

Los segundos pasaban y Hermione se sitió observada, alzó los ojos y vio como Narcissa la examinaba de arriba abajo de manera concienzuda como si fuese una estilista. El claro gesto de asco y de desprecio en el rostro de la mujer al ver sus ropas muggles, hizo que Hermione se sintiera incomoda y se sonrojara levemente. Ella solía vestirse cómodamente y se había cambiado después de comer, sustituyendo su túnica y su capa por un ajustado vaquero y una fina camiseta de algodón. Al parecer eso también disgustaba a esa petulante mujer que siempre mantenía una apariencia impoluta. Hermione no se dejó intimidar y alzó una ceja de manera interrogante, desafiandola a decir algo sobre su aspecto.

- Mi hijo me ha contado todo. ¿Es cierto? - Demandó cruzándose de brazos y alzando su barbilla, aún de pie frente ella lo que le daba una injusta posición de superioridad.

- Discúlpeme señora Malfoy pero no poseo ''el don de la adivinación'' ¿Si es cierto el que? - Preguntó Hermione con un marcado sarcasmo.

- Que usted y mi hijo... Que hablan desde hace años. Que son... ¿amigos? Todo eso... ¿Es cierto? - Exigió saber entre indignada y sorprendida por lo que Draco le había contado. Seis años, seis largos años en los que ella no fue consciente de nada. Todo el dolor que sintió su pequeño, todo ese miedo tras la guerra, siempre distante y frío... Pensaba que lo estaba perdiendo... pero no había sido así y eso se lo debía a esa muchacha.

La Gryffindor cerró cansínamente el libro y lo dejó sobre sus rodilla para centrarse en la conversación.

- Si. - Respondió mirándola a los ojos desafiante.

- ¿Por que? ¿Que pretendería alguien como usted conseguir con esa ''amistad''? ¿Protección? ¿Dinero? ¿Un ventajoso matrimonio? ¿Fama? ¿Renombre? - Volvió a preguntar la mujer perdiendo sus exquisitos modales.

Para Hermione oir aquello fue como una bofetada. No por los claros insultos dirigidos a su persona (camuflados indirectamente) a los que ya estaba acostumbrada, si no por la posición en la que aquello dejaba a Draco. Levantándose indignada y haciendo que el libro cayera al suelo, se encaró con Nacissa roja de rabia.

- ¡¿Pero que esta diciendo?! Si piensa eso señora Malfoy es que tiene en menor estima a su hijo de lo que yo pensaba. ¡Draco no solo es un maldito rico heredero sangre pura! ¡Es mucho más que eso! - Exclamó furiosa.

Narcissa retrocedió unos pasos, impresionada ante el hecho de que una niña se atreviera a hablarle así pero también conmovida por sus palabras. Su gesto cambio un par de segundos al ver los indicios de la lealtad y apoyo de la muchacha hacia su hijo, los mismos que el le había contado que halló en ella, pero se recompuso con rapidez y retomo su postura altiva. - ¿Cómo se atreve? No vuelva a gritarme señorita. Las damas no necesitan alzar la voz para hacerse oír. - Le recriminó escandalizada aun por su rudo comportamiento.

- Entonces es probable que yo no sea una "dama." - Se burló Hermione ante el tono cursi de la mujer.

- Probablemente no. - Respondió Narcissa conforme, componiendo una petulante sonrisa de superioridad. Y antes de darle tiempo a la Gryffindor de responderle con otra grosería... le advirtió. - Sin gritar jovencita.

Hermione molesta volvió a sentarse, recogió el libro y retomó su lectura. Bueno lo correcto seria decir que comenzó a pasar las hojas del libro furiosa mientras que por lo bajo mascullaba. - ¿Una dama? ¡JA! No se quien se cree que es... dándome lecciones de educación cuando ella viene aquí y me acusa de ser.. de ser... ¡Yo no soy ninguna caza fortunas! - Exclamó sin poder contenerse.

- Bueno, no es eso lo que decía Rita Skeeter... - Contraatacó Narcisa con una irónica sonrisa. Divertida ante la cara de la joven que parecía no dar crédito a lo que oía. Era tan fácil leer su rostro y sus sentimientos, tan temperamental, tan sentimental, tan simple, tal manipulable... en resumen tan Gryffindor. Quería averiguar que intereses ocultos tenía en su hijo pero aunque ya empezaba a dudar que estos intereses existieran le resultarle realmente entretenido divertirse un rato a su costa.

- ¡Oh por todos los santos! El Quisquilloso tenía más credibilidad en una sola de sus páginas que esa mujer en toda su carrera. - Indicó Hermione irritada de nuevo.

- Sin embargo sus columnas de sociedad son muy populares, algo e verdad tienen que tener...

- Miré, si realmente se tomó en serio alguno de sus cotilleos... Es que es usted más ignorante de lo que creía. - Le cortó con desdén. Al ver que la mujer iba a responderle le aseguró. - Pero si tanto le preocupa la fortuna de su familia y el "buen" nombre que tienen los Malfoy puede usted estar tranquila. Le aseguro que todo eso no me interesa en lo más mínimo y no tiene nada que ver con mi amistad con su hijo. - Remarcó. - Yo siempre estaré junto a Draco.- Aseguró. - Y lo estaría aunque fuera un marginado social y pobre como las ratas. - Aclaró. - El es un chico increíble, tiene un gran corazón y lo malo es que no es capaz de verlo y... - Se interrumpió y miró de nuevo Narcissa. - A pesar de "las enseñanzas" y prejuicios que ustedes le inculcaron, Draco fue capaz de dejarlos a un lado para tomar sus propias decisiones. Estoy orgullosa de el. Se ha ganado mi respeto y amistad por muchas razones, las cuales no tengo porque explicarle.

La rubia no dijo nada más. La evaluó durante unos minutos y decidió ceder un poco. Caminando lentamente hasta el sillón que había junto al de Hermione tomó asiento, cruzando las piernas con elegancia y dijo. - Al parecer me he equivocado contigo jovencita. Tal vez haya estado equivocada en muchas cosas...

- Si, eso parece. - Respondió ella cortante.

Narcissa a pesar del desaire de Hermione trató de arreglar la situación y mantener la calma. Simplemente por la lealtad y el cariño que esta mostraba por su hijo tenía que intentar ser cordial. Ahora estaba segura de que no era una trampa para abusar de la confianza de Draco si no que realmente esa joven le apreciaba y sabía que daría la cara por el cuando llegara el momento, algo que podía ser muy útil. Si las cosas iban a cambiar en un futuro no muy lejano... lo mejor era tener aliados, Granger se preocupaba sinceramente por el y no había nada que ella valorara más. Incluso tal vez ella podría hacer razonar a su hijo.

- Señorita Granger antes de juzgarme debería entender como crecí. Las cosas en mi mundo no funcionan como en el suyo, así que tratare de expresarme con claridad.

Hermione bufó y se aparto con brusquedad el pelo hacia un lado dispuesta a seguir leyendo, ignorándola con su melena como pantalla entre ambas. ¿Esa mujer siempre tenía que remarcar sus diferencias? ¡Ambas vivían en el mismo mundo! Pero al parecer era imposible razonar con esa familia de snobs, ególatras y presumidos.

Narcissa decidió pasar por alto esa nueva falta de decoró y educación tan indigna en una mujer y continuó hablando indiferente. - Aunque yo nunca he sido marcada como Mortífaga, quedé "marcada" de otra forma. Como sabrá fui criada en la ancestral y noble casa de los Black, una familia sangre pura muy poderosa y rica. Me criaron como a una princesa, rodeada de lujos y caprichos pero también de normas sociales. Yo solo debía cumplir con dos obligaciones en la vida que consistían en: Lograr un buen matrimonio y criar a un heredero. Preferiblemente barón para perpetuar el apellido de mi esposo. Por suerte pude asistir a Hogwarts, donde recibí una buena educación mágica y conocí al amor de mi vida, Lucius. - Esa declaración tan sentimental y sincera atrajo inmediatamente la atención de Hermione algo que Narcissa sabia que sucedería. - Si, señorita Granger... al contrario de lo que la mayoría de ustedes piensan Lucius y yo nos amábamos, el nuestro no fue un matrimonio de conveniencia aunque gracias a los intereses de nuestras familias probablemente lo habría sido en un futuro pero nos enamoramos antes, fuimos afortunados. Pero mi marido fue criado bajo la misma filosofía de los sangre pura que yo. Fue un prejuicio que nos inculcaron desde la cuna, esas ideas crecieron con nosotros y al parecer cometimos los mismos errores con mi hijo, porque aunque yo las compartía no eran especialmente importantes para mi. Cuando fui realmente consciente de que seguir al Señor Tenebroso nos traería más perdidas que beneficios ya era tarde. Mi casa había sido invadida, tomada como cuartel, mi marido humillado y mi hijo marcado como venganza, obligado a seguir el camino de su padre. Esa fue la primera vez que decidí hacer algo... No me malinterprete querida, jamás plantaría cara al Señor Tenebroso, eso seria un suicidio. - Aclaró dejando claro su desacuerdo ante un futuro e inminente enfrentamiento. - Quise que huyéramos pero no podíamos. Ahora las circunstancias han cambiado y según Severus le debemos la vida a usted pero quiero que sepa que hare cualquier cosa que sea necesaria para salvar a mi hijo, el es lo único que me queda. Solo actuaré por un único objetivo y es ese. Esto es lo único que puedo ofrecerle, mi lealtad siempre que Draco este a salvo. Tal vez me considere una cobarde egoísta pero la lucha me es indiferente. No me importa quien gane o pierda porque en ambos casos nosotros probablemente acabemos presos en Azkaban o asesinados. Al menos tiene mi sinceridad señorita Granger y eso viniendo de alguien de la casa Slytherin es mucho, créame. Esta no es nuestra guerra.

- Eso mismo pensó su marido. - Le recordó Hermione aún a la defensiva. Sabía que a veces podía ser un poco insensible con los sentimientos ajenos queriendo ser objetiva en todo momento señalando los errores y contradicciones en los argumentos de los otros pero no podía evitarlo, aunque en cierto modo la entendía no compartir sus ideas. Quizás si que eran de mundos distintos pero ahora amabas estaban en el mismo "barco" les gustase o no.

Narcissa se tensó pero mantuvo su fría expresión y asintiendo afirmó. - Lo se. Y estaría dispuesta a hacer lo mismo si llegara el momento... pero mi familia ya ha dado mucho por ''la causa" de un líder que manejaba los hilos, usted probablemente no lo vea pero Dumbledore y Voldemort no son tan diferentes, ambos son humanos y ambos cometieron errores por los que la gente que les seguía perdió en su guerra más que ellos y yo no quiero perder nada más. Si tanto aprecia a Draco señorita Granger me entenderá. No quiero que forme parte de esto. He intentado hacerle entrar en razón... pero no me escucha y se que a usted la escuchara. Por favor hable con el, se lo suplico. - Le rogó a Hermione, tragándose todo su orgullo, mirándola con unos ojos azules llenos de preocupación.

- Lo siento señora Malfoy pero esa decisión le corresponde tomarla a su hijo. - Dijo tras pensarlo unos segundos, desviando la mirada incomoda. - Yo no soy nadie para tratar de hacerle cambiar de opinión y dudo que pudiera. Por el momento aquí están a salvo, llegado el momento todos son libres de quedarse o de marcharse.

- ¡Esta no es nuestra lucha! ¡Es vuestra! Tuya y de los tuyos... ¡No de mi pequeño! - Exclamó.

Ante la mirada furiosa de Narcisa por no haber logrado convencerla, Hermione contrataco. - Creo que es usted la que no entiende lo que sucede y le digo lo mismo, no debería juzgarme, ni a mi ni a ''los de mi clase'' sin conocernos, pero usted nunca se molestó en ello... ¿Cierto? Y yo no voy a perder el tiempo ahora. Prefiero hablare de ''su mundo perfecto'' que por si no se ha dado cuenta se cae a pedazos.- Le espeto, volviendo a indignarse ante esa orgullosa mujer que era incapaz de ver más haya de su propia nariz.

- Muchas familias de Magos también han dado mucho por esa causa, mejor dicho por luchar contra ella. Incluso familias de ''sangre puras'' que simplemente no comparten las ideas de Voldemort y podían haberse quedado al margen pero no lo hicieron. Como los Weasley por ejemplo, una familia sangre pura que no tenía porque luchar y sin embargo perdieron a dos hijos en esa guerra. - Narcissa iba a hablar pero Hermione siguió hablando, ahora era su turno. - También se unieron miembros de familias sangre puras, criados como usted, bajo ''esos prejuicios'' pero se revelaron contra esas creencias. Su familia Los Black son un claro ejemplo ¿Recuerda a su primo Sirius? o ¿A su hermano Regulus? Ellos murieron por luchar contra esa causa. ¡Sus primos! Su propia familia, su propia sangre y ni se inmutó. Realmente no entiendo como pueden ser tan contradictorios. ''La familia por encima de todo'' pero claro, con excepciones. ¿No?Siempre que cumplan los cánones y si algo rompe la tradición no dudan en eliminarlo, en borrar parte del árbol genealógico. ¿Recuerda a su hermana Andrómeda Tonks?- Narcisa hizo un gesto de dolor, cada vez estaba más encogida en el sillón. - Yo tuve que dejar a mi familia y les perdí para siempre y no hay ni un solo día en que no les extrañe y usted decidió aceptar las cosas como venían. Sin hacer nada para luchar por su propia hermana, borrandola de su vida porque ''era lo correcto'' ¿No? Porque no se ajustaba a las normas de ''los sangre pura'' por no tener un "respetable matrimonio". Solo porque se enamoró de Edward Tonks, un hijo de muggles. ¿Qué horror, no? Pues déjeme que le diga que era una bellísima persona. Tuvo que dejarlo todo para proteger a su mujer, cuando la Comisión de Registro de Nacidos Muggles fue establecida, mientras usted estaba al margen. Ted Tonks fue capturado y asesinado por los carroñeros. ¿Lo sabia? Nosotros nos enteramos de su muerte por la radió en un anunció de una emisora pirata. ¡¿Llegó a usted a enterarse siquiera?! Supongo que ahora es capaz de comprender ese dolor ante la perdida. ¿Se interesó por saber como estaba su hermana recién enviudada?

- ¡No te atrevas a juzgarme! ¿De que habría servido? ¡Mi vida también fue complicada! Me enteré de lo que había sucedido pero yo no... no podía hacer nada... Hacia años que no hablaba con ella y tratar de comunicarme estando en bandos diferentes habría sido una locura, seguro que ella habría desconfiado de mi y habría sido peligrosos para nosotros si el señor Tenebroso se enteraba... ¿Qué iba a hacer? No podía hacer nada... pero nunca me olvide de Andrómeda. - Trato de explicar afligida, conteniendo las lágrimas.

- En ese caso aun esta a tiempo de remediarlo. - Dijo Hermione suavizando el tono. - Tal vez la sangre de sus maridos era diferente pero no creo que el dolor que ustedes sintieron lo sea y ambos, sangre pura o muggle, murieron por culpa del mismo bando, así que permítame dudar de que esta ''no sea su lucha'' señora Malfoy, porque yo creo que esta metida en ella desde que empezó.

- Ya es tarde para cambiar...

- ¡Nunca es tarde para cambiar las cosas! Incluso su propio hijo lo sabe. El haber sido criado con esa doctrina no implica que no puedas cambiar de parecer, eso no es excusa solo tienes que querer hacerlo. No puede quedarse al margen eternamente. Pronto habrá que luchar y tendrá que elegir. No es una amenaza, es un hecho. Esta vez ganaremos. Juntos.

Narcissa observó a la joven bruja con admiración. La muchacha se había ganado su respeto al hablarle con total sinceridad, (tal vez con demasiada pero acertada sin duda) y el modo de exponer sus ideas, ese fervor y la pasión con la que las defendía habían logrado contagiarla sin necesidad de recurrir a mentiras o trucos, ni realizando falsas promesas para ganarse su lealtad, ambas sabían que jurar que mantendría a Draco a salvo era imposible dadas las circunstancias, pero no dudaba de que si estaba en su mano Granger lo haría. Estuviese ella dispuesta o no a olvidad el pasado para luchar contra un enemigo común. Tuvo claro que Draco seguiría a esa muchacha al fin del mundo.

- Esta bien, Señorita Granger… Usted gana. Es usted, inteligente y valiente de lo que me habían dicho. - Comento tendiéndole la mano, bajando su estirada fachada.

- Gracias. Pero por favor señora Malfoy, llámeme Hermione el ''señorita Granger'' me hace sentirme como si continuase en Hogwarts y para eso ya tengo al señor Snape. - Pidió esta con una cálida y tímida sonrisa ante los cumplidos mientras le estrechaba la mano.

- Entonces... Hermione. - Aceptó sonriendo abiertamente. La Gryffindor pensó que se la veía mucho más bella con esa sonrisa carente de desprecio, aunque esta no le llegase a los ojos que continuaron tristes. - En ese caso sería una grosería no permitirte que me llames por mi nombre. - Indicó la mujer.

- Muy bien Nar... - Empezó a decir Hermione.

- También puedes llamarme Cissa, me hace sentirme más joven. - Dijo algo coqueta.

Hermione sorpendida ante el buen ambiente que empezaba a reinar entre ellas (aunque seguía claramente tirante) no pudo evitar devolverla la sonrisa. Dando por finalizada la charla se levantó para marcharse pero a mitad de camino Narcisa la detuvo preguntando desde el sillón en el que aún estaba sentada.

- ¡Por Favor! Cuéntame... ¿Que fue lo último que supiste de mi hermana? - Interrogó, sinceramente interesada.

Hermione se giró hacia ella y volviendo a sonreír aseguró. - Bueno hace tiempo que no se casi nada. En el trabajo Ginny solía ponerme al día si había alguna novedad pero desde que todo esto empezó... La verdad es que no he sido muy sociable... a excepción de tu hijo casi no me relacionaba... - Rápidamente al notar que estaba divagando retomó el hilo. - Tranquila la ultima vez que supe de ella, estaba bien, al igual que tu sobrina Nymphadora y su marido, Remus Lupin. - No le paso inadvertido el gesto de disgusto que la rubia hizo ante la mención del licántropo pero decidió dejarlo pasar. - Supongo que lo sabrás, Tonks dio a luz a un precioso niño, ella y Remus decidieron llamarle Tedd en memoria a su abuelo. - Explicó. - Así que... ¡Felicidades! Tienes un sobrino nieto estupendo que ya debe de tener unos seis años al que no conoce. - Dejó caer con algo de sarcasmo sin poder evitarlo, al parecer estar rodeada de Slytherins hacia que aflorara su parte más borde.

- Hermione yo... Solo cumplí lo que me dijeron, me crié para obedecer y complacer a mi familia, casarme y tener hijos. Mi mundo siempre han sido mi hijo y mi marido... - Dijo derrotada. - Y ellos son lo mejor que me ha pasado, estoy orgullosa de haberles dedicado mi vida. - Afirmó recuperando algo de fuerza.

- Yo también lo estaría. Se que harías cualquier cosa por tu hijo pero yo no me habría olvidado de quien soy y de que a veces una mujer tiene que alzar la voz y luchar por lo que cree correcto no por lo que ''la sociedad'' le dice que es lo correcto ni por los prejuicios que le han inculcado. Los tiempos cambian y las cosas también. No solo los hombres pueden ser valientes Narcissa y se bien que puedes serlo si la ocasión lo requiere. - Dijo Hermione, tratándola por primera vez de igual a igual. - Buenas tardes. - Y se fue de allí dejando a una mujer con mucho sobre lo que meditar.

Cuando la biblioteca ya estaba a oscuras Narcissa Malfoy salió de sus pensamientos y se encaminó hacía su dormitorio, mientas tanto Albus Dumbledore que había escuchado todo lo sucedido sonreía orgulloso, ser parte de la decoración tenía esas ventajas. Definitivamente tener allí a la señorita Granger con a sus'' inspiradores discursos'' iba a acelerar las cosas y a hacerlas mucho más entretenidas. El castillo empezaba a tener vida.

...

Hermione salió de la biblioteca y se dirigió a los jardines para tomar el aire, estaba empezando a anochecer...

Junto al lago un chico de cabellos rubio platino estaba sentado sobre el muelle y a su lado estaba otro de cabello castaño oscuro. No parecían hablar, simplemente estaban allí, juntos, compartiendo el silencio, mirando las aguas.

Theo alzó la vista y cuando la vio llegar le comento algo a Draco este asintió y el se levantó para marcharse. Cuando pasaba junto a Hermione, esta le preguntó. - ¿Como estas?

El chico de cabellos castaños se encogió de hombros.- He estado mejor... pero también peor. A estas alturas estaría muerto o torturando a alguien así que no puedo quejarme, gracias por todo Hermione.

- No hay de que Theo. - Dijo ella sonriendo.

- ¡Al fin me llamas por mi nombre! - Se burló este.

- Claro. Ahora somos amigos, ya no eres mi jefe. - Bromeo ella tendiendole la mano a modo de saludo. - Y estamos en el mismo bando... ¿No?

- Por supuesto. - Respondió sonriendo y estrechandole la mano, respondiendo a ese saludo. - Siempre lo hemos estado Hermione. -Aclaró guiñándole un ojo y componiendo una sonrisa mayor.

Ella algo avergonzada e incomoda trato de cambiar de tema.- ¿Como esta Draco?

- Bien. - Respondió desviando su mirada hacia este. - Bueno... Todo lo bien que puede estar después de perder a un padre que creía que era un completo cabrón y descubrir ese mismo día que no lo era tanto... ¡Suerte que el mio siguió siendo un cabrón hasta el final! -Dijo bromeando sin quitar el gesto serio de su cara, con ese humor algo macabro que le caracterizaba y atravesandola con su mirada.

Hermione no supo que responder.

Theo siempre parecía leer el alma con los ojos, con esa manera tan directa e inocente que tenía de mirar. Al parecer no era consciente de la incomodidad que sus palabras o esas intensas miradas provocaban en la gente, o tal vez si que era consciente pero le daba igual. Era un chico solitario, extraño, callado que siempre se mantenía al margen de todo pero cuando hablaba decía lo que pensaba sinceramente y sin tapujos, los convencionalismos sociales no eran para el. Le daba igual lo que la gente pensara sobre su persona. A Hermione le recordaba en esos aspectos a Luna Lovegood aunque al menos este no compartia ''esas absurdas'' creencias de la Ravenclaw en crituras fantasiosas o ¿tal vez si?... por algo tenia la colección completa del Quisquilloso es esa guarida ¿no?

- Creo que... agradecerá tu compañía más que la mía. Hasta luego. - Dijo el chico sacándola de sus pensamientos.

Nott se alejó tranquilamente con las manos en los bolsillos y mirando las estrellas que empezaban a aparecer en el cielo.

...

Hermione avanzó hasta sentarse junto a Draco, sentado junto al borde del pequeño muelle con las piernas colgando sobre el agua, con la mirada perdida en el horizonte.

- Hola... -Saludó ella intentando iniciar una conversación.

- Hola. - Respondió el, secamente y sin mirarla.

El no iba a ponérselo fácil, lo sabia. Pero se negaba a dejar que actuase como si nada hubiese pasado o como si no le afectase, ese mecanismo de bloqueo emocional tan Slytherin era lo que casi acaba con el en el pasado.

- Draco yo...

- Granger, no. Ahórratelo ¿vale? ¡Estoy bien! No hace falta que vengas a consolarme. - Atajó.

Ella le miró como diciendo: A mi no me engañas hurón orgulloso, así deja de comportarte como un cretino por una vez.

Aunque no estaba mirándola y solo notaba sus ojos clavados en el, la conocía tan bien que no necesitaba que ella hablara en voz alta para saber lo que estaba pensando. Incomodo pensó en como desquiciarla, prefería ser el destinatario de su rabia antes que serlo de su lástima.

- No estoy triste, solo soy complicado. A las mujeres les gusta, pronto lo entenderás Jean. - Le dijo con chulería, mirándola al fin y guiñándole un ojo seductoramente.

Pero sus ojos grises no lograron aguantarle la mirada y pasaron a centrarse en el suave movimiento de las ondas del agua.

- Lamento lo de tu padre... Draco. - Le dijo ella ignorando su último comentario, acercándose más hasta el y apoyando su mejilla sobre su hombro. Tratando de transmitirle su apoyo y de inculcar un poco de calidez a su corazón.

- Lo sé... Gracias... pero no quiero hablar de eso ahora. ¿Así que terminemos con lo emocional, vale? - Le respondió cortante pero en un tono mucho más suave.

- Claro, lo siento yo... - Dijo ella removiendose incomoda, pensando que tal vez era mejor irse por donde había venido.

- No es necesario que te marches. - Le aclaró Draco, cogiendo su mano y reteniéndola a su lado. - Es solo que yo... no quiero hablar de mi padre, aún no. - Pidió, cerrando los ojos y apoyando su cabeza contra la de ella mientras pasaba su brazo libre sobre sus hombros.

- De acuerdo. - Dijo ella, cerrando también los ojos y acomodándose mejor a su lado, con su mano aún entrelazada con la de el. Compartiendo el silencio como había hecho Theo.

Así estuvieron varios minutos...

Pero algo en el ambiente cambio y ese silencio de repente se volvió incomodo y Hermione buscó un nuevo tema de conversación.

- Hablé con tu madre esta tarde...

El chico bufando miró al cielo. - ¿Y...? ¿Volaron las maldiciones no? - Preguntó, alejándose un poco de ella para mirarla, sonriendo con esa sonrisa de medio lado tan suya, entre la burla y la arrogancia.

- No, pero he descubierto que la pedantería debe ser hereditaria, aunque no hayan encontrado el gen.- Respondió Hermione burlona, mirandole significativamente.

Draco soltó una suave risa. El movimiento hizo que algunos cabellos cayeran sobre su rostro y pasándose la mano por estos los apartó con elegancia. - Dale tiempo Hermione, se crió en una familia de sangre pura... A la gente le cuesta cambiar pero cambia.

- Lo sé. - Aseguró ella sonriendo cálidamente. Tenía la mejor prueba de aquello ante sus ojos. - Bueno, lo cierto es que fue bastante bien. Aunque no le gustan mucho mis modales... al parecer no son propios de una damisela. - Se burlo ella.

- Bueno Granger la delicadeza no es lo tuyo. - comentó el.

Hermione le golpeo molesta.- Cállate Malfoy.

- ¡Auch! ¿Ves? Lo que yo decía... Pero tranquila, no es tu culpa. Es normal, ya sabes... Después de pasar tanto tiempo encerrada en Hogwarts rodeada de chicos obsesionados con el Quidditch.

- ¡Pero si a ti también te entantaba el Quidditch!

- Correcion: Me encanta. Pero yo no permitia que mi pasión por las escobas interfiera con otros ejercicios físicos...Ya sabes que las mazmorras de Slytherin son frias y de algún modo teníamos que calentarnos... - Insinuo elevando las cejas con picardía.

- ¡Exceso de información! Gracias pero no quiero saber eso.

- ¿Por que? ¿Celosa? Vamos Granger tu siempre has sido mi chica especial... ya lo sabes. - Dijo clavando en ella sus penetrantes ojos grises.

Algo le dijo a Hermione que era cierto y no supo como tomárselo porque en cierto modo no supo que quiso decir. - Ya bueno... - Dijo desviando la mirada y cambiando de tema dispuesta a mantener el buen humor que empezaba a mostrar el rubio, aunque fuera a su costa. - ¿Sabes? Tu madre y tu no solo estáis de acuerdo en mi "mal al carácter" al parecer ella también piensa que pasé demasiado tiempo rodeada de chicos... - Se rio.

- ¿Como? - Pregunto Draco sin entender.

- Skeeter. - Gruño Hermione. - ¿No lo recuerdas? Al parecer tu madre leyó toda esa basura que Rita Skeeter publico sobre mi durante el Torneo de los Tres Magos. Ya sabes el triangulo amoroso que se invento que mantenía con Viktor y Harry en el que yo era algo así como una devora hombres. - ¿Realmente existía alguien en Gran Bretaña que no hubiese leído ese maldito articulo? Al parecer... no. - Lamento no haber mantenido más tiempo prisionera a Skeeter en el tarro de cristal... - Comentó esperando una carcajada de Draco que nunca llegó.

- En fin... La verdad es que creo que tu madre y yo partir de ahora mantendremos una relación "cordial". - Explico contenta, recordando la conversación que había mantenido con esta. Consideraba que había sido un gran avance y aunque mantenían posturas distantes, creía que ambas habían logrado conocerse y acercarse en cierto modo.

- Me alegro. - Dijo Draco mirándola con intensidad perdido en su sonrisa. Estaba muy guapa... y admiraba su noble espíritu Gryffindor ¿Por que no vio antes todo lo que vio Krum en solo unos días?. Tenía que estar muy agradecido de que ella siempre diera una segundo oportunidad a la gente, se la dio a el y ahora se la daba a a su madre. Y era tan leal, prometió quedarse a su lado y lo había cumplido. - Pero me alegro más de que cumplieras tu promesa. - Comentó, desviando la mirad hacía sus labios. Realmente estaba muy guapa, esas ropas muggles ajustadas le favorecían y a pesar de la ausencia de maquillaje sus labios siempre se veían tan rojos... Quizás porque siempre que se ponía nerviosa se los mordía o tal vez fuera algo natural en ella.

Hermione se sintió incómoda ante esa mirada. Sonrojada y mordiendose el labio inferior desvió la vista hacía el lago sin saber que decir.

El ambiente se estaba volviendo algo tenso, no sabia muy bien porque pero a pesar de estar acostumbrada a compartir largos silencios con Draco notaba que algo estaba cambiando, o tal ver eran imaginaciones suyas...

El día había sido muy largo y la noche anterior también, ella y Severus apenas habían dormido, al alba se aparecieron en el cuartel, Voldemort, los mortífagos, la muerte de Lucius, la charla (más bien la NO charla con Severus), las indirectas de Dumbledore, el interrogatorio de Narcisa...

Si, había sido un día muy largo, seguramente todo se debía a la tensión y al estrés, Draco estaba igual que siempre.

Decidida a pasar por alto esos absurdos pensamientos se relajó y se dispuso a pasar un rato con su amigo. Disfrutando la compañía del otro, hasta que la luna se elevó totalmente en el cielo.

Sin ser conscientes de que en una de las ventanas inferiores del castillo, dos ojos negros como la noche, no se habían apartado de ellos desde que Hermione había llegado junto a Draco. Severus Snape ejercía nuevamente de espía.

Cuando empezó a notar el frió y algo de hambre Hermione volvió a hablar.- Draco deberiamos entrar.

- Prefiero quedarme un rato más, ve tu si quieres. - Ofreció.

- Esta bien, yo... me marcho ya pero no tardes o cogerás frio. Si hay algo que necesites o que yo pueda hacer...- Dijo empezando a levantarse.

Draco la miró, justo cuando ella se ponía en pie mientras que el permanecía sentado, recorriendola de arriba a abajo se percató de lo verdaderamente ajustados que eran esos sexys pantalones muggles que acostumbraba a usar.

Sonriendo con picardía empezó a decir.- Bueno Granger, lo cierto es que si hay algo con lo que podrías ayudarme... - Ella inocente se detuvo para ver que necesitaba totalmente ajena a sus intenciones. - ... me gusta dormir acompañado. - Le insinuó, bromeando solo a medias.

Ante la confusión en la cara de Hermione el se vio en la obligación de aclararle las dudas. La miró juguetón, alzando sus cejas seductoramente enfatizando claramente su insinuación anterior.

Cuando ella entendió lo que el Slytherin sugería, abrió la boca sin palabras, enrojeciendo hasta el extremo. Pero de inmediato se recompuso e indignada poniendo sus brazos en jarras, trató de responderle - ¡Malfoy! Eres.. eres…

- ¿Irresistible?, ¿Increíblemente atractivo?, ¿Perfecto? - Preguntó el, chinchándola como siempre solía hacer, aunque lo cierto es que nunca había flirteado tan claramente con ella, (a decir verdad con nadie, el no lo necesitaba). Tampoco esperaba que se tirase a sus brazos, pero al menos podía tantear el terreno...

- Pffff... ¡Eres imposible!- Bufó Hermione dandose por vencida y rodando los ojos.

Obviamente ella solo se lo había tomado como una de sus típicas bromas.

- Pero aún así... No puedes vivir sin mi y lo sabes. - Afirmó con descaró.- ¿Por que si no ibas a remover cielo y tierra por rescatarme? - Preguntó muy interesado. Levantándose también para ponerse a su altura.

- Te recuerdo que ¡Snape también ayudó! A decir verdad hizo más que yo. - Dijo Hermione tratando de quitarle importancia al asunto y evocando sin saber muy bien porque la figura de Severus.

El chico se quedó sin palabras ¿Snape? ¿Que pintaba en ese momento su padrino? Se preguntó confundido.

Hermione aprovechando su ventaja exclamó molesta. - ¡Y yo no he removido cielo y tierra! - Bajando la voz, trato de dejar a un lado las ''bromitas'' y sincerandose añadió . - Era algo que tenía que hacer. Te lo prometí Draco, no podía dejaros allí.

Draco decidido a lograr lo que quería (como buen Slytherin) insistió. - Ya bueno, pero también porque me echabas mucho de menos. - Aseguró sonriendo petulante. ¿Quien necesitaba la astucia cuando tenía la sutileza de una apisonadora?

Hermione no pudo evitarlo y se echó a reir. Definitivamente tratar de razonar con esa familia era agotador.

Vale, esa reacción no era la que Draco se esperaba. Al parecer Granger no era de las que captaban sus indirectas "sutiles".

Cuando Hermione logró contener la risa y vio su mirada de cachorro abandonado no pudo evitarlo. - Vale, vale ¡SI! Te echaba de menos hurón oxigenado.

-¡Lo sabia! - Exclamó orgullo mientras su ego aumentaba hasta limites inalcanzables.

- Y porque me sentía culpable...- Añadió Hermione, tratando de bajarle un poco los humos. (Pero ya era tarde)

- Excusas Granger. - Se burló el chico, haciendo un gesto con la mano quitandole importancia a sus palabras.

Resignada Hermione decidió acabar con esa batalla perdida, a veces una retirada a tiempo era una victoria.- ¿Recuerdas mi teoría de que tu ego crece con la luna llena? - Preguntó señalando con un gesto de la cabeza la enorme esfera plateada sobre el lago. - Acabo de confirmarla.- Afirmó. - Buenas noches. ¡Hurón! - Le dijo marchándose con la cabeza alta.

- Buenas noches Jean... - Respondió Draco aún de pie sobre el muelle, entre divertido y algo decepcionado ante el primer fracaso en sus ''Tres pasos infalibles de seducción Malfoy'', pero bueno ahora tendría mucho más tiempo para desarrollarlo. Iba a estar junto a ella y volvía a ser libre. El primer paso de su lista ''acercamiento e insinuación'' ya estaba hecho, ahora le tocaba ir a por el segundo '' seducción y ataque'' normalmente las mujeres eran las que le "atacaban" automáticamente después del primer paso, pero Hermione... no era como el resto.

...

Extrañada por ese jugueteo de Draco, Hermione ya en el castillo, se metía en la cama analizando la última parte de la conversación con este. Ellos solían bromear pero habría jurado que el realmente estaba sido sincero con esa insinuación de ''pasar la noche juntos''. No, ellos eran amigos debía de haberlo imaginado, al igual que su extraño comportamiento cuando le sorprendió por su cumpleaños en casa de Theo y las intensas miradas que le dedicaba últimamente... Si, tenían que ser eso, imaginaciones, porque que Draco quisiera algo más que una amistad con ella complicaría demasiado las cosas. Era su amigo y no pensaba en el de ninguna otra forma. Lo que sentía por Draco no era atracción, era cariño. Bueno, quizás era algo más... Le quería pero de manera fraternal ¡Exacto! Como lo que sentía por Harry o Ron. Bueno, con Ron había empezado una relación pero después de lo que estaba viviendo con Severus, tenía claro que nada podría compararse a lo que sentía por este. Además ella no era del tipo de chica que le gustaba a Draco y aunque este fuera guapo (no podía negar lo evidente) no se caracterizaba por tener relaciones sentimentales largas. Lo último que necesitaba era quedar atrapada en otra relación meramente pasional porque justamente eso era lo que ya tenía con Snape, aunque ella le quería, sabía que este solo quería otra cosa de ella y no precisamente su corazón... Algo apenada por ese hecho y porque no había logrado hablar con el en todo el día Hermione se quedó dormida, con ese último sentimiento de tristeza.

Sin saber, que el dueño de sus pensamientos al fin se había retirado de la venta de su habitación, respirando aliviado al ver como ella regresaba sola, al castillo. Severus Snape, ya podría dormir tranquilo, aunque iba a estar atento a los movimientos nocturnos de su ''querido'' ahijado que era un claro peligro. Mañana sería otro día.

oOo


*Sobre ralentizar maldiciones: Sabemos que Snape es capaz de ralentizar el avance de una maldición. Lo hizo en su momento con Katie Bell (lastimada por el collar maldecido de Malfoy) y con Dumbledore (afectado por el anillo de los Gaunt) cuando hizo todo lo que pudo para evitar la propagación pero no fue suficiente para salvarlo de una muerte cercana.

*Sobre Lucius Malfoy: En varios momentos del libro vemos como lo que más le preocupa a Lucius es el bienestar de su hijo, algo que incluso Voldemort es capaz de percibir. ''¿No teme, mi señor, que Potter muera a manos de alguien que no sea usted? Perdóneme, pero ¿no sería más prudente suspender esta batalla, entrar en el castillo y... buscar usted mismo al chico? -No finjas, Lucius. Quieres que cese la batalla para saber qué ha pasado con tu hijo... ¿no es así? Y yo no necesito buscar a Potter. Antes del amanecer, él habrá venido a buscarme a mí.'' (JKR)


Si, he matado a Lucius Malfoy. Algunos ya habías adivinado que sería Lucius y no Draco, otros por si acaso me pedisteis que fuera su padre y no Draco el que muriera, incluso algunos me pedisteis que no matara a Lucius... (Espero compensaros con esta dramática pero bonita despedida del personaje) En fin no me odies pero ya estaba pensado, lo hecho hecho esta y tengo mis razones:

Nuestra J.K. Rowling los dejó con vida, pero en mi opinión era injusto que todos los Malfoy se libraran de la muerte (en especial este) y que otros personajes mucho más queridos por mi, murieran (como Tonks, Lupin o Fred) pero siempre pensé que Lucius era un personaje interesante en cuya historia se podía profundizar más y eso he hecho. Creo que NO era una buena persona, fue el asesino y verdugo de varios inocentes pero como buen Slytherin mantengo la idea de que ''No son los típicos héroes altruistas'' pero están dispuestos a morir por alguien a quien amen verdaderamente, en este caso su hijo. Creo que Lucius Malfoy claramente quería a su familia y siempre se preocupó por ellos, a pesar de que las decisiones que tomó (influenciadas por sus creencias y educación) fueron perjudiciales para todos. Por todo ello he querido castigarle y redimirle a la vez con su sacrificio. Quería una muerte para el, pero digna. Al morir a manos de ''Su Señor'' para proteger a Draco deja claro que le quería pero también recibe el castigo merecido por sus crímenes. Quizas el sacrificio y el arrepentimiento de este polémico personaje en su lecho de muerte sirvan para perdonarle. Eso queda a elección vuestra mis lectores/as :)


En este capítulo he intentado profundizar en la relaciones entre personajes y como veis los Slytheins son todo clama y tranquilidad, nada territoriales y pueden convivir en perfecta armonía (Léase con obvio sarcasmo marca Snape ;P)

En cuanto a las preguntas sobre Voldemort dejarme deciros que me habéis sorprendido. Veo que algunos compartís mi gusto por las relaciones de Hermione con Draco, Snape o Voldemort... Muajajaja (Risa de pervertida malvada) así que de momento os adelanto que efectivamente en el Fic también habrá partes de Voldy/TomxHG pero tendreís que esperar a futuros capítulos para ver que pasa. Por el momento os digo: ¡Mil gracias por vuestros comentarios! ¡Y hasta la próxima! :)


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