15. BESOS, PISTAS Y COMADREJAS

Hermione despertó por los molestos y potentes rayos de sol que iluminaban su cara, al abrir los ojos tuvo la impresión de haber dormido durante muchas horas. Cuando miró por la ventana sus sospechas se confirmaron, ya era casi medio día.

Se estiró sobre la cama y apartó las sabanas, pensando que después de los días de estrés que había tenido era normal haber dormido tanto. Necesitaba mucho ese sueño reparador, ahora que al fin todo empezaba a estar bien, excepto por un hombre de ojos negros, que se empeñaba una vez más en ignorarla, (se dijo frunciendo el ceño molesta) algo que estaba decidida a arreglar muy pronto.

Se levantó y fue hacia al baño privado que había junto a su dormitorio, dispuesta a darse refrescante y rápida ducha. Cuando acabó, se vistió cómoda, con unos vaqueros desgastados y una suave y liviana camiseta de algodón de manga corta con flores. Ya que aunque el verano apenas empezaba, en esa zona de Irlanda no disfrutaban de muchos días soleados (tanto verde necesitaba mucha lluvia para mantenerse tan vivo)y había que aprovecharlos. El día pintaba perfecto y estaba contenta. Bajó de la torre para prepararse un nutritivo desayuno, si es que a esas horas aun podía llamarle desayuno a algo... ¡Se moría de hambre! Al final la noche anterior se había olvidado de cenar después de su extraña charla con Draco.

Atravesó los pasillos en dirección a la cocina, como había estado haciendo cada mañana desde que había estado viviendo en el Last Alliance, mirando distraída las enormes baldosas de piedra oscura que formaban el suelo y preguntándose que le sucedía a su ''hurón oxigenado favorito''.

Cuando Hermione pasaba despreocupadamente por el gran comedor (normalmente vacío) se encontró con la visión de tres elegantes Slytherins sentados a la larga mesa. Todos ellos pulcramente vestidos y arreglados,que ya estaban desayunando (al parecer no era la única que había dormido hasta tarde) pero faltaba un Slytherin, de hecho el más importante. ¿Donde se había metido Severus Snape?

- ¡Buenos días Hermione! - Dijo Theo.

Ella miró al chico que la recibía con una amplia sonrisa, sin ironías o picardía oculta, era simplemente una sonrisa de felicidad.

Nott parecía haberse librado de una gran carga y aunque continuaba siendo algo distante, extraño y frío. Ahora que al fin había desaparecido esa tensión contenida que su amigo y antiguo ''Jefe'' solía tratar de ocultar, con su característico humor irónico y algo macabro, Hermione se dio cuenta de que Theodore Nott tenía la sonrisa de un niño. Una sonrisa que calma y contagia, porque te hace pensar que si alguien es capaz de sonreír así, nada malo puede pasar. Por lo que solo pudo hacer una cosa, responder con otra igual de sincera y bonita.

Narcisa miró en su dirección y tras analizarla de arriba abajo, evaluando su aspecto, la saludo con un delicado gesto de su cabeza.

- Ya era hora dormilona...- Saludo por ultimo Draco.

- Buenos días. - Respondió la Gryffindor a todos. Avanzó dubitativa hasta la mesa, sorprendida ante el inmenso abanico de comida que se ofrecía, similar al de los grandes desayunos de Hogwarts y exclamó.- ¡¿Que es todo esto?!

- Comida Granger. - Respondío burlón Draco, guiñando un ojo con chulería y dando un mordisco a una apetitosa y jugosa manzana verde.

¡Por supuesto! ¿Como no? ''Verde, Slytherin hasta la muerte'' incluyendo la comida se dijo Hermione, e ignorando el comentario burlón, se sentó junto a Theo, frente a los Malfoy, preguntandose ¿Quien habría comprado y cocinado todo aquello? Ya que durante su estancia en el castillo Snape y ella siempre se habían preparado su propia comida (la cual llegaba al castillo semanalmente vía lechuza) pero nunca tanta cantidad y mucho menos nada tan elaborado. Dudaba mucho que Draco o Theo lo hubiesen preparado pero mucho menos Narcisa Malfoy.

- Bueno más que un desayuno esto parece un banquete de Hogwarts. - Observó ella.

- ¿Desayuno? Solo es un...Brunch. - Corrigió Draco, encogiendo los hombros.

Hermione le miró molesta ante la corrección.

El al instante sabiendo que ella odiaba que la corrigieran compuso esa mueca pedante que tanto molestaba a la Gryffindor y decio molestarla un poco más. - ¡Oh! Disculpame Granger. Seguramente desconoces lo que es un brunch... Veras es...

- Un neologismo. Formado por la unión de desayuno (breakfast) y almuerzo (lunch). Surgió en los países anglosajones y se introdujo en 1896 en Estado Unidos.- Le interrumpió ella, con ese tono suyo de sabionda. Explicando sin poder contenerse sus conocimientos sobre el tema de manera clara y concisa, como siempre. - ¡Draco ya se lo que es un "Brunch"!- Añadió indignada.

- Sabelotodo pedante... - Masculló el chico entre dientes, molesto ante el hecho de Granger siempre fuera por delante de el.

- Snob presumindo. - Le acusó ella entrecerrando los ojos.

- ¡Come libros! - Respondió Draco alzando la voz y componiendo una mueca de desprecio.

- ¡Huron Oxigenado!- Contraatacó Hermione, frunciendo más el ceño y alzando la barbilla.

- Woooooow ¡Alto el duelo! - Exclamó Theo alzando las manos pidiendo tregua. Ganandose al momento una mirada malhumorada por parte de sus dos ¿amigos?. - Por favor, es demasiado temprano para que empecéis con una de vuestras interminables peleas. ¡Ya os soporte bastante en el colegio!- Explicó poniendo los ojos en blanco.- Aunque, por otro lado... - Dijo en voz más baja con aire pensativo.-...esto me trae buenos recuerdos. ¡Me siento como si hubiese vuelto a Hogwarts! Estoy a salvo y feliz, en un gran castillo, rodeado por un increíble paisaje, con grandes festines de buena mañana, con serpientes y leones peleando... - Dijo para si. Saliendo de su ensoñación añadió mirándoles con suficiencia. - Además ambos tenéis razón. Hermione sabemos que eres inteligente. No es necesario que lo demuestres continuamente. - Aseguró palmeando juguetón el hombro de esta, quien tenía una expresión de sorpresa e indignación que iba en aumento, a la par que la sonrisa burlona de Draco se hacia cada vez más grande. - Y... ¿Draco?.- Dijo Theo, mirando al rubio.- Deberías controlarte, a veces eres demasiado pedante. Lo de Snob se queda corto. ¿En serio ''Solo es un brunch''?- Repitió Theo adoptando el mismo tono de voz de Draco y alzando las cejas con superioridad, imitando el gesto de su amigo a la perfección.

Esta vez fue el turno de Hermione, quien rompió a reír a carcajadas, ante la furiosa mirada de Draco, que trataba de mantener la calma ante la repentina unión de Granger y Theo. Algo que no le hacía mucha gracia pues ya se sabe que las serpientes son muy territoriales. El Slytherin, había conseguido mantenerse impasible hasta el momento en que finalmente ''su amigo'', ahora ''esa serpiente traicionera'', había osado ponerle en ridículo delante de Hermione. ¡A el! ¡Un Malfoy!

El rubio recompuso su típico gesto indiferente y orgulloso.- ¿Que? Así es como se llama. Yo no tengo la culpa de que vuestro vocabulario sea tan básico. Me he limitado a responder una de las inagotables preguntas de ''Mi sabelotodo preferida''. - Se defendió, encargándose también de pasada de marcar su territorio. Porque el, (además de Slytherin) era un Malfoy y no estaba acostumbrado, ni dispuesto a compartir más de lo necesario sus cosas y Granger entraba en esa categoría.

- Yo prefiero llamarlo '' aperitivo matutino''amigo. - Observó Theo secándose las lagrimas de los ojos y dando un mordisco triunfal a su tostada con mermelada, indiferente ante la mirada de odio de Malfoy.

- Slytherin traidor...- Masculló Draco por lo bajo, indignado al ver como Hermione continuaba riendo con Theo, quien al oírle alzó la vista.

- Si, traidor... Y a mucha honra. - Respondió Nott, poniéndose serio de repente.

Theo miró a Malfoy con intensidad durante unos segundos y alzó su zumo de calabaza para brindar con el, manteniéndo la mirada de manera significativa. No había tensión por las palabras, al contrario ambos jóvenes parecían estar hablándose sin necesidad de decir nada, como solían hacer. Recomponiendo poco a poco la vieja amistad y comunicación que ambos tenían hace años.

Draco cogió su copa y alzándola para chocarla con la de Theo asintió con gesto solemne a la vez que este.

- ¡Por los traidores!- Dijeron ambos al mismo tiempo, brindando y sonriendo con orgullo.

Narcisa Malfoy (que había presenciado toda la escena sin intervenir) río por lo bajo. Por supuesto no le gustaba que se burlaran de los ''impecables'' modales de su hijo, pero al ver la confianza que reinaba entre los tres jóvenes y observar por unos instantes como su hijo había vuelto a ser el, después de años sin verle sonreír... No pudo hacer nada más que estar feliz por Draco y por sus nuevos (o no tan nuevos) amigos. Además Narcisa entendía que su pequeño ya era un adulto. Ella tenía que abandonar esa faceta suya sobreprotectora con el, aunque fuera lo único que le quedara de su adorado Lucius.

Tras el brindis, Hermione volvió a la carga. Deseando satisfacer su curiosidad. - Bueno chicos, lo que yo realmente quería saber es: ¿Quien ha preparado todo eso? - Preguntó pasando su mirada sobre Theo, Narcisa y volviendo a Draco interrogante.

- ¡¿Yo?! ¡Por Merlín Granger! ¿No pensaras realmente que me he pasado la mañana encerrado en la cocina preparando esto verdad?- Cuestiono Malfoy sorprendido y asqueado.

- Obviamente... No. Sinceramente no te veo haciendo nada que manche tus impecables manos Draquito. -Respondió ella con una dulce y cínica sonrisa.

- Efectivamente. -Respondió el. Añadiendo con rapidez. - ¡Aunque podria hacerlo! Si quisiera... Pero si ese fuera el caso emplearía la magia. Somos magos. ¿Recuerdas? - Dijo agitando la varita haciendo levitar la jarra de zumo calabaza para volver a rellenar el contenido de su copa. - Por lo que igualmente no mancharía mis manos. Pero no, efectivamente ni aun así desgastaría mis fuerzas en esto. Hermione, nunca entenderé que placer encuentras en hacer las cosas más sencillas a lo muggle... ¡Pudiendo usar la magia!

- Vale, vale. Entonces... ¿A quien debo agradecer este festín? - Volvió a preguntar ella mirando a Narcisa Malfoy. Ya que empezaba a pensar que Draco estaba evitando deliberadamente responder a su pregunta, distrayendo su atención y provocando una nueva pelea. Hermione conocía lo suficiente al rubio como para saberse todos sus trucos y este parecía ser uno de ellos. Sacarla de quicio hasta hacerle olvidar el tema por el que ambos estaban discutiendo.

- Bueno, eso no sera necesario Hermione, dado que fueron mis elfos domésticos los que prepararon todo esto. – Respondió Narcisa sin darle mayor importancia.

Al instante Hermione se atraganto con el trozo de tostada. Parecía que le estaba costando un gran esfuerzo tragarlo y que luchara contra las ganas de escupir.

Narcisa imperturbable continuo con su explicación algo extrañada por la actitud de la chica. – Yo misma los mande llamar ayer por la noche. Pensé que aquí serian mas útiles que en la vacía Mansión Malfoy.

Hermione mientras tanto ya había dejado el resto de su tostada sobre el plato y su indignación empezaba a ser patente.

Narcisa Malfoy sin entender el porque pregunto.- ¿Sucede algo querida?

Draco resignado, se apresuro a intervenir de inmediato al ver la preocupación en el rostro de su madre, la cual ¿Acababa de llamar a Hermione por su nombre? - Olvídalo Madre. Granger es algo así como ''La defensora de las causas perdidas'' y una de sus causas favoritas es ''Defender la libertad de los elfos domésticos''. No aprueba que sean sirvientes. - Aclaró.

- Perdón Malfoy, querrás decir esclavos. - Corrigió mordaz la Gryffindor.

- ¡Oh! Pero a ellos les gusta servir. Es su trabajo.- Aclaró la mujer sonriendo, sin terminar de entender el enfado de la muchacha.

- Si, un ''trabajo'' por el que no tenemos que estarles agradecidos ¿No señora Malfoy?. ''Un trabajo'' por el que no reciben sueldo, ni vacaciones.- Observó la leona indignada.

- Se lo tomarían como una ofensa... - Trató de explicar Narcisa.

- No todos. ¡Dudo mucho que les hayan preguntado siquiera! ¿Aunque quien sabe? ¡Tal vez miles de años de esclavitud podrían haber hecho olvidar que merecen la libertad! ¿No?- Exclamó sarcástica Hermione. - Por suerte no todos, uno de sus elfos domésticos no la había olvidado... Dobby. ¿Lo recuerda? El apreciaba su libertad, casi tanto como a Harry. Dobby dio su vida por el, por salvarnos cuando era un elfo libre de las cadenas de servidumbre. Dio su vida por la amistad que le unía a un mago que siempre lo trato como a un igual, no por una orden. Murió libre y así es como deberían poder hacerlo todos, ya sean magos, brujas criaturas o animales mágicos. - Aseguró Hermione con los ojos brillantes al recordar al pequeño elfo, ante la asombrada mirada de Narcisa, quien cada vez que hablaba con esa joven de castaños cabellos indomables sentía indignación y admiración a partes iguales. Esa chica siempre hacía que dudara, una y otra vez sobre cosas en las que ella siempre había creído firmemente, dejandola sin argumentos y sin palabras.

- Si me disculpan... Iré a preparar mi propio desayuno.- Dijo Hermione rompiendo el tenso silencio y levantandose de la silla, para desaparecer del salón, con la barbilla en alto y el ceño fruncido.

La señora Malfoy iba a decir algo pero la mirada de su hijo advirtiendole que no insisiera y dejara pasar el tema la frenó. - Granger es así, ya se le pasará. - Le aseguró Draco en voz baja, encogiéndose de hombros.

Hermione sabía que su actitud era algo extrema, por ese mismo tema en Hogwarts prácticamente se negó a comer durante días. Hasta que decidió que la huelga de hambre no era el camino adecuado (ni el más efectivo) para lograr su objetivo. Había pasado varios años sin recibir los servicios de ningún elfo doméstico y ahora al parecer volvía a tener ''trabajando'' para ella a saber a cuantos elfos de los Malfoy.

Malhumorada llegó a la cocina y abrió la puerta con brusquedad. Se quedó parada en el marco cuando se encontró en el interior de la sala a quien menos se esperaba ver allí, Severus Snape.

El mago estaba inclinado sobre la encimera de la inmensa cocina, al parecer preparandose el desayuno. Snape al oír que alguien entraba se giró, la miró un instante y volvió a centrar su atención en lo que hacía.

Dándole la espalda, saludó.- Buenos días señorita Granger. ¿Acaso dormir le hizo olvidarse de los buenos modales?- Preguntó con un suave tono de fingida educación, alzando sus cejas altanero.

Maldiciendo internamente ese odioso ''señorita Granger '' Hermione entró con paso firme, cerrando de un portazo. - Buenos días, Severus. - Remarcó ella usando su nombre. - No, por suerte no me olvide de nada. Mucha gracias por tu interes. ¿Acaso tu no puedes evitar ser un borde malhumorado ni de buena mañana?. - Preguntó en el mismo tono que el había empleado.

Severus la miró enfadado ante su osadía, pero tras unos segundos interminables repondó con un simple y tajante. - No. - Dándose la vuelta de nuevo, dispuesto a ignorarla.

Pero claro, Hermione no era de las que se rinden fácilmente. La joven se acercó hasta el y se quedó mirando como trabajaba en silencio. Le gustaba hacerlo. Le recordaba a sus clases en Hogwarts. Siempre le relajaba ver los precisos movimientos de las manos de su profesor, la delicadeza de sus dedos al manipular los materiales de las pociones y la concentración que dedicaba a todo lo que hacía. Hermione observó como la misma elegancia y precisión que su exprofesor tenía para preparar los ingredientes de las pociones la empleaba para cocinar pero eso no supuso una sorpresa para la muchacha, que lo hiciera a la manera muggle... si. ¿Nada de magia cocinando? Se preguntó extrañada. Ella entendía que con las pociones Snape prefiriese ser minucioso y preciso y no emplear la magia, ya que esta podía contaminar y afectar al resultado de las pociones pero ¿Por que no usarla para cocinar? Al parecer a mago no le no le importaba hacerlo sin magia. Incluso podría decirse, a juzgar por la expresión de su rostro, (donde una minúscula sonrisa luchaba por salir en la comisura de su labio) disfrutaba con ello.

Severus, (bajo la atenta mirada de Hermione) estaba cortando unas finas rebanadas de pan ''concentrado'', o al menos tanto como le permitía estarlo la presencia de Granger. El estaba acostumbrado a trabajar siendo observado o bajo presión pero por alguna razón con ella todo se descontrolaba. Tratando de ignorarla, a ella y al tenso silencio de la habitación, no percibía como una pequeña sonrisa se estaba formando en su rostro. Snape en cambio si que era muy consciente de como hace unos días (mejor dicho, hace algunos años) habría echado a la Gryffindor sin miramientos, al verla aparecer por la puerta. En cambio ahora era incapaz de hacerlo o tal vez si que sería capaz pero el hecho era simple: No quería. Y eso le asustaba. Igualmente dudaba que ella fuera a obedecerle y esto le hacía sentirse extrañamente feliz. Le gustaba la cálida compañía de Hermione, (aunque pusiera una prueba sus nervios) era la única persona con la que podía ser el mismo, incluso con su horrible carácter defensivo, la joven no se dejaba intimidar y seguía firme a su lado. ¡Estúpido y magnífico coraje Gryffindor!

- ¿Que... que haces?- Preguntó Hermione, cortando el hilo de sus pensamientos y situándose a un lado.

Sin ser consciente de ello, Granger con el movimiento de sus ondulados cabellos provocó que su fresca y delicada fragancia golpeara a Snape de lleno. El se tensó ante la proximidad de ella y se aferró con fuerza el cuchillo, hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Sin mirarla y tratando de mostrarse tan indiferente y mordaz como de costumbre le respondió. - Me temo señorita Granger que sus modales no son lo único que escasean de buena mañana. Al parecer también lo hace su capacidad de observación. Me preparo el desayuno. Obviamente.

- Eso ya lo veo, pero ¿Por que no estas con el resto? Los elfos de los Malfoy han preparado un banquete...- Respondió ella tratando de explicarse nerviosa, mordiendo su labio inferior.

Gesto que desesperaba y enloquecía a Snape, que se apresuró a responder para dejar de ver esa tentadora visión. - Sencillamente no me gusta que me sirvan. - Explicó encogiéndose de hombros pero al ver como Hermione, complacida por su respuesta, formaba con sus (ahora algo hinchados) labios una dulce sonrisa, que hizo temblar su corazón. Snape se apresuro a añadir incomodo. - Tampoco me gusta tener que soportar las charlas insulsas de la gente de buena mañana... lo cual la incluye. Así que si no es mucha molestia para usted, le agradecería que se vaya con sus ''amiguitos'' y me deje tranquilo. - Dijo desviando su mirada y volviendo a su tarea. Maldiciendo su temperamento y rogando que ella pasara por alto su estupidez y su ''amable'' invitación a marcharse.

Hermione aún recordaba como durante los desayunos en Hogwarts rara vez se veía a Snape sentado en la mesa junto con el resto de profesores, rodeados de todo el tumulto de ruidosos estudiantes por las mañanas. Ella siempre fue muy consciente de la ausencia de su profesor de pociones durante estos pero no fue hasta su quinto año cuando empezó a sentir una vació en el pecho y nervios en el estomago. Preocupada por no saber si sus ausencias se debían a esa vieja costumbre solitaria suya o a una peligrosa misión como espía para la Orden del Fénix. Día a día fue indignándose ante el hecho de que al parecer ella era la única que se preocupaba por el y al no entender porque se sentía así cada vez que miraba su silla y la encontraba vacía.

- A mi tampoco me gusta que otros me sirvan.- Dijo ella.- Pero lamentablemente ser sociable si esta en mi naturaleza. - Añadió con algo de burla mal disimulada. - Así que espero que no te importe tener que aguantar mi ''insulsa charla'' durante unos par de minutos más Severus.- Dijo con convicción sentándose en una silla.

Una sonrisa orgullosa y resignada cruzó el frío e indiferente semblante de Severus Snape, (algo que ella no pudo ver dado que estaba a su espalda) y se preguntó hasta donde llegaría la paciencia de la muchacha y hasta donde sería el capaz de mantener las su gesto serio se giró lentamente hacia ella.- Bien. En ese caso, más le vale levantarse de esa silla Granger y empezar a preparárselo usted misma. Dado que dudo mucho que esos elfos domésticos se atrevan a volver por aquí, les advertí que si volvían a tratar de agasajarme les echaría del castillo sin dudar. Y obviamente yo no pretendo convertirme en su elfo personal.- Aseguró mordaz, tratando de manternerle la mirada.

La Gryffindor una vez más le sorprendió. Aún sentada cómodamente en la silla, estaba apoyada con sus codos en la mesa y sostenía su rostro entre sus manos mirándole entre analítica y divertida, con una gran sonrisa victoriosa que adornaba su rostro.

Snape confundido e incomodo ante su escrutinio no puedo evitar preguntar. - ¿Granger, que le pasa? Muévase. ¿Es que no me ha oído? o ¿Ahora resulta que también es usted sorda?

- Te he oído perfectamente. - Respondió ella sin borrar su sonrisa. - Solo estaba pensando... en lo mucho que te esfuerzas para aparentar ser alguien odioso. Debe ser realmente agotador. - Explicó indiferente ante el cálido brillo que había cruzado la oscura mirada del mago.

Snape no supo que decir.

- ¿Pero sabes una cosa? A mi no puedes engañarme.- Aseguró Hermione, levantándose con lentitud de la silla (gesto que a ojos del pocionista fue de lo mas felino y seductor) caminando hasta situarse a escasos centímetros de el. Sin apartar de sus ojos su dulce mirada marrón, que con la luz de la mañana había adquirido un precioso color miel.

El mago se envaró por la cercanía, de nuevo le llego el tenue perfume de Hermione con más intensidad que antes aturdiendo sus sentidos. Miró sus labios y tratando de mantenerse firme alzó la mirada de nuevo por su rostro, solo para perderse en unos dulces ojos del color del caramelo líquido. Ella, siempre tan testaruda, no cedía ante sus palabras y su mal carácter ya no tenía ningún efecto sobre ella. Realmente ¿Nunca iba a cansarse de el y dejarle solo? ¿Podría confiar en alguien más que en si mismo?,¿Sería capaz de dejar que otra persona confiara en el? Al parecer no importaba lo que el respondiera a esas preguntas porque Hermione ya confiaba en el. Snape solo esperaba que para cuando la joven se diera cuenta de su error, el ya no fuera importante para ella.

Tratando de mantener el control de su voz y sin poder dejar de mirarla respondió con un tono que pretendió sonar indiferente. - En ese caso tendré que esforzar me más.

- Eres el primer mago que conozco que no deja que los elfos hagan su trabajo.- Observó Hermione, en voz alta, aunque más bien parecía una reflexión interna.

Severus ante esto apartó la mirada, sin poder evitar componer una sonrisa irónica y decir con marcado sarcasmo. - ¡Oh! Si. Gracias Granger. Seguro que eso hace que el Ministerio de Magia me otorgue ''La Orden de Merlín'' primera clase y que la comunidad mágica se olvide de mi etapa como Mortífago. - Arrepintiendo de inmediato por cada una de sus palabras alzó su mirada hasta la de ella.

No había ningún miedo o reproche en su cara, al contrario la mirada brillante de ella le decía claramente que no consideraba eso como algo descabellado.- Mereces ese premio por muchos motivos, tanto o más que otros magos Severus Snape. Eres un héroe y algún día toda la comunidad mágica lo sabrá.- Aseguró la Gryffindor con seriedad.

Snape azorado trato de desviar el tema. - Lo olvidaba.¡ Santa Granger y las causas perdidas! Creo recordar que me comentó algo acerca de su interés en la libertad de los elfos domésticos ¿No?- Hermione sonrió y el incomodo trato de volver a mantener su fachada hostil.- Aunque con la cantidad de información que soltó con ese discurso, mientras me mantenía inmovilizado, no me extrañaría haber olvidado algún pequeño detalle. - Apuntó enfadado nuevamente.

Hermione se sonrojó. - En cuanto a eso yo... quería disculparme. Realmente lamento haberte hechizado. Lo siento. - Dijo poniendo su mano en el hombro del pocionista. Una corriente eléctrica les recorrió a ambos y se apresuraron a separarse.

- Bien. Disculpas aceptadas. Ahora, sea de utilidad y... ayúdeme o a este paso desayunaremos de noche. Baje el fuego antes de que la leche se desborde. - Ordenó con brusquedad.- Confió en usted Granger, si fuera Longbottom seguramente el caldero explotaría...- Dijo con sorna al ver como la expresión indignada de ella. - Así que no me decepcione.- Añadió suavizando el tono.

Rápidamente Hermione obedeció, pero sin dejar de defender a su amigo.- Neville es un buen mago y muy valiente. Pero tu... ¡Tu le ponías nervioso! Con tus continuos insultos, le humillabas mientras los Slytherins se reían.- Acusó molesta. Aún no había conseguido perdonarle su claro favor a la casa de Slytherin de la que el era el jefe en esa época.

- Personalmente, no puedo creer que lograra mantenerse vivo durante siete largos años en Hogwarts...- Se mofó de nuevo Severus, riéndose por lo bajo, mientras poco a poco la tensión del ambiente iba relajándose.

- Ni yo puedo creer que tu no recibieras maldiciones por parte de los alumnos... - Respondió Hermione sin ser consciente de que pronunciaba esa frase en alto. Al momento se llevó las manos a la boca, como si aún fuera una alumna asustada por haber dicho algo inoportuno, miró a Severus que parecía meditar si echarla de allí o maldecirla en ese mismo instante. - Bueno ya sabes que eras el profesor mas odiado de Hogwarts. Todos te detestaban, seguramente incluso algún Slytherin, pero te temían demasiado como para intentar nada...- Intentó excusarse Hermione, algo asustada ante el excitante brillo peligroso que apareció en la mirada del mago.

- Así que "Todos me detestaban pero me temían demasiado como para intentar nada" - Repitió Snape, acercándose lentamente y amenazante hasta ella. - Corríjame si me equivoco pero creo recordar que en su primer año, usted hizo arder mi túnica en mitad de un partido de Quidditch ¿No es así? Supongo que eso en su opinión fue ''intentar hacer algo'' ¿No?.- Preguntó, tomando con delicadeza un ondulado mechón rebelde del cabello de Hermione para colocarlo tras su oreja.

Ella aturdida por el gesto y sorprendida por el hecho de que el supiera que ella había sido la autora no supo que responder y desvío la mirada.- Yo... yo no pretendía... ¡Pensaba que estabas hechizando a Harry! No sabía que estabas salvando su vida... Lo siento. - Respitió avergonzada por confesar que en el pasado también dudó de el.

Snape con una mano la tomó de la barbilla, haciendo que lo mirara a los ojos y con voz grave y seductora preguntó. - ¿Usted también me ''temía'' Granger?

Hermione se olvido de respirar y de lo le había preguntado. - Yo... yo...

Snape ante su titubeo compuso una sonrisa triunfal.

Al verla el orgullo de Hermione salió a flote permitiendo que retomará el control de su voz y de sus pensamientos.- Solo responderé a eso si dejas de llamarme ''señorita Granger'' ¡Odio que lo hagas!

Snape sin alejarse, retiró su mano y contraatacó molesto. - Y yo... Odio el chantaje señorita Granger. Además le recuerdo que gracias a usted ya no estamos solos. Un trato demasiado cercano por nuestra parte podría desatar preguntas innecesarias por parte de sus "invitados"...

- Ahora estamos solos ''profesor Snape''.- Indicó ella con retintín, pasando su vista por la habitación.

El clima estaba cambiando de repente y la tensión sexual se hizo más que evidente.

Continuaban estando muy cerca, aunque ahora no mantenían el contacto casi se rozaban, sus magias vibraban mezclándose. La electricidad y las chispas saltaban entre ellos con cada respiración.

- Las cosas se están precipitando y podrían complicarse...- Reflexionó el en voz baja.

- ¿Y que hay de malo en ello? Por una vez en tu vida... ¡Déjate llevar!- Pidió ella.

- ¿Donde esta tu parte racional sabelotodo?- Preguntó Snape a punto de rendirse.

- ¿Mi parte racional?- Rió Hermione. - Se quedo a los pies de tu cama, junto a mi ropa.- Respondió, rompiendo la escasa distancia que les separaba pegándose contra su cuerpo.

- Hermione... - Gimió Severus, pronunciando al fin su nombre de nuevo. - ¿No ves que esto es una locura? - Preguntó mirando con anhelo los labios de la Gryffindor, tratando por ultima vez de apelar a su parte racional.

- Entonces...- Empezó a decir ella, mientras se alzaba sobre sus pies hasta situar sus labios junto al oído del pocionista.-... vuélvete loco, Severus. - Le susurró sensualmente. Haciendo que su cálido aliento le abrasara al pronunciar su nombre como una caricia prohibida.

Snape vencido cogió de la cintura a Hermione con una mano y la acercó hasta el, estrechándola entre sus brazos con fuerza, mientras que con la otra mano cogió su nuca para besarla ferozmente.

Hermione no tardó en responder al beso y mientras sus lenguas se entrelazaban, alzó sus brazos hasta rodear el cuello del mago, abrazándose a el y pegándose más a su cuerpo.

Severus sin romper el beso, acarició su nuca y descendió por su espalda, haciendo que el calor corporal de la leona aumentara varios grados. Cogiéndola de las nalgas, la alzó hasta sentarla sobre la encimera.

Las manos de ambos recorrían el cuerpo del otro, tratando de borrar el frío que los días separados habían dejado en ellos, besándose con necesidad.

Snape rompió el beso para saborear su cuello, permitiendo también que Hermione tomara una bocanada de oxigeno. Cuando ella enfocó su mirada en la de el, se encontró con unos ojos negros como la noche, que la miraban con deseo. El se volvió a precipitar sobre sus labios y volvieron a besarse, ahora con más lentitud y delicadeza, profundizando el beso y siendo conscientes de cada roce, de cada sensación y de cada caricia.

Las hábiles y cálidas manos de Severus se colaron debajo de su fina camiseta, acariciando su piel bajo la ropa, mientras los besos rápidamente se volvían más y más lascivos...

Entonces Hermione notó como Severus se tensaba y abrió los ojos asustada con una muda pregunta en ellos. El pocionista en voz baja respondió irritado. - Alguien viene. - Dejándola en el suelo y arreglando las ropas de ambos con un movimiento de la varita.

….

Al cabo de un par de minutos Hermione pudo oír unos pasos en el pasillo acompañados de una voz.- ¿Hermione? ¡¿Hermiooone?!

Draco la estaba buscando.

Los agudos sentidos de mortifago y espía doble de Snape les habían salvado.

– ¡Hermiooone! ¿Estas aquí? - El Slytherin abrió la puerta de golpe y se quedo mudo. Sorprendido ante la tensión en el ambiente que había entre Snape y Hermione.

Su padrino estaba más rígido y serio que de costumbre y además ¿Ruborizado? Y Hermione... Bueno ella estaba completamente roja y su respiración era algo acelerada. Draco tenía la extraña impresión de haber interrumpido algo importante, pero eso era imposible ¿no? - ¿Que...?¿Que hacías tanto rato en la cocina?- Preguntó molesto y confundido mirando a Hermione interrogante.

Ella se puso más roja aun pero alzando la barbilla respondió altanera. - Hacerme mi propio desayuno. ¿Recuerdas?

Draco no muy contento con la respuesta de ella, miró con desconfianza a Snape. Este se mantenía impasible e indiferente junto a Hermione y no parecía estar dispuesto a marcharse. - Buenos días padrino.- Saludó con seriedad.

- Draco. - Respondió asintiendo Severus sin apenas mirarlo.

- Hermione… Yo venía a... - Empezó a decir incomodo, pasando su mirada de uno a otro. - Los elfos trajeron mis escobas. Theo y yo pensamos en salir a volar un rato. Ya sabes a recordar viejos tiempos. ¿Quieres venir con nosotros? Nos sentara bien algo de diversión...

- La señorita Granger aún no ha desayunado Malfoy.- Cortó tajante Severus.

Draco le miró sorprendido y extrañado por su intervención, ya que aunque en alguna ocasión Snape le había recriminado por sus insultos a la Gryffindor en Hogwarts, jamás había mostrado aprecio por ella en público. ¿Desde cuando Snape se preocupaba por la alimentación de Granger? Bueno al parecer ahora su padrino había decidido adoptar la misma actitud paternal que adoptó con el hace algunos años con ella, pensó encogiéndose de hombros sin darle mayor importancia. Era absurdo pensar otra cosa ¿Verdad...? Si, absurdo.

- Ah, bueno... Pues entonces cogeremos algo y así puedes desayunar en los jardines. ¡Hace un día magnífico!- Dijo Draco sonriendo y avanzando por la cocina cogiendo cuatro tostadas, (cuando un Malfoy quería algo no solía esperar a que le dieran permiso para cogerlo) también cogió un vaso de zumo de calabaza y un par de piezas de fruta de las había preparado con anterioridad el propio Snape, ante la furibunda mirada de este.

Mientras tanto Hermione se debatía entre hacer lo correcto o ser egoísta. Obviamente quería quedarse y pasar más tiempo con Severus pero al ver la ilusión en los ojos grises de Draco no pudo decirle que no. Además ¿Que excusa podía inventar? Aunque no habían hablado del tema al parecer el no quería que ellos supieran nada sobre su extraña relación, de hecho ella ni siquiera sabía si podía llamarse relación. Únicamente se habían acostado un vez y aunque sabia que había una atracción entre ellos, tal vez para el solo se limitaba a eso. Atracción. Ella había aceptado esa posibilidad pero no quería tener que mentir o dañar a su amigo, en ese instante el necesitaba su compañía, acaba de perder a su padre y ademas a ella le iría bien salir y tomar el aire. ¡Tal vez incluso Severus les acompañara!

Desviando su mirada al hombre junto a ella, que ahora tenia una profunda mueca de desagrado marcando su rostro, Hermione preguntó esperanzada. - ¿Quiere usted acompañarnos... Severus? - No iba a tutearle delante de Draco, pero al menos podía usar su nombre de pila ¿No?

Snape la miró unos segundos, parecía querer decir algo pero finalmente solo respondió. - No. Gracias señorita Granger. - Ella asistió defraudada. - Tengo muchas cosas que hacer, como para andar perdiendo mi valioso tiempo con estúpidos juegos infantiles...- Se excusó el pocionista mirando a Draco de manera significativa e hizo una pequeña reverencia a Hermione. - Buenas días.

Al pasar junto a Malfoy se despidió con un seco gesto de la cabeza, cerrando sus manos en un puño para no maldecir ahí mismo a su ahijado y se marchó ondeando su capa negra con elegancia, provocando una corriente de aire tras de el.

Al menos Hermione había logrado solucionar las cosas con Severus y disculparse, solo esperaba que este entendiera porque en esta ocasión eligió a su amigo.

Hermione, Theo y los Malfoy pasaron la mañana en los jardines disfrutando del día soleado, mientras un enfurruñado Snape les observaba de vez en cuando desde el castillo.

Narcisa tras visitar la tumba de su difunto esposo y llevarle varios narcisos, (una flores blancas y amarillas) se sentó en el suelo junto a Hermione, algo que la sorprendió. Ella estaba leyendo un gran tomo antiguo apoyada sobre el tronco de un árbol centenario, disfrutando del día soleado. Las dos mujeres compartieron un agradable silencio y de vez en cuando intercambiaban un par de palabras mientras veían como Draco y Theo hacían carreras y piruetas con las escobas en el aire.

Hermione pensaba en lo mucho que había cambiado todo y no pudo evitar recordar como hace algunos años esa misma escena tenia lugar pero en La madriguera, cuando la mujer junto a ella no era rubia, sino una joven con el cabello rojo como el fuego...

Flashback

Verano de 1994. Tras el Mundial de Quidditch...

Ginny esperaba ansiosa a su lado, su turno para montar en la escoba más rápida, ''La Saeta de Fuego'' que Sirius, el padrino de Harry, le había regalado a este el año anterior, después de que su querida Nimbus 2000 se estrellara contra el Sauce Boxeador en los terrenos de Hogwarts durante un partido de Quidditch.

- ¡No entiendo como puede asustarte volar Hermione! Es una sensación increíble.- Exclamó Ginny mientras miraba con anhelo a su hermano Ron y a Harry sobrevolar el jardín trasero de la casa.

Desde los incidentes en El Mundial los Weasley habian extremado las medidas de seguridad y no les permitían salir fuera de los terrenos de La Madriguera.

- A mi no me asusta volar Ginevra. Es solo que... no... No me gusta ¿Vale?.- Aclaró Hermione ofendida.

- Bueno, pues a mi si me asustas ¡Tu! - Contraatacó la pelirroja sacándo la lengua divertida. Hermione la miró sin entender. - Vamos Hermione, estamos de vacaciones... ¡VA-CA-CIO-NES! ¿Y tu prefieres hacer los deberes? ¿Antes que volar? - Acusó la pelirroja mirando con mala cara el libro que Hermione sostenía entre sus manos.

- Esto no son deberes Ginny. Los deberes los acabé la primera semana de vacaciones de verano. - Afirmó sin darle importancia ante la cara asombrada de su amiga.- Esto es una novela muggle que me envió mi madre. Trata sobre el origen de la magia según los muggles, aunque empiezo a pensar que el autor era una mago...

En ese momento Harry descendió con su ''Saeta de fuego'' y se la ofreció sonriendo a Ginny (contando la conversación que las chicas mantenían sin darse cuenta)- Gracias Harry.- Dijo avergonzada en voz baja la joven Weasley sin mirarle, para después apresurarse a cogerla y ascender en el aire para competir con su hermano en otra carrera. Ron no tenía ninguna oportunidad de vencer con su vieja ''Barredora 11''.

Fin del Flashback

Como si fuera un deja vu, ese recuerdo fue cortado cuando Draco descendió hasta el suelo junto a ella. Invitándola a volar con el sobre la nueva ''Relámpago fugaz'' el último modelo en escobas voladoras más costoso y veloz. Draco había cambiado en muchos aspectos pero continuaba manteniendo su aficción por las cosas caras y exclusivas así como su afición a volar. Finalmente logró que Granger ascendiera con el un par de metros, pero no tardaron en tomaron tierra de nuevo, ante las amenazas de ella.

Hermione le aseguraba a Draco que si no descendía de inmediato le lanzaría un conjuro que volvería su adorado pelo rubio en un llamativo y permanente color verde. Cuando ambos descendieron Theo estaba de pie junto a Narcisa mirando el lago, esperandoles para entrar en el castillo.

- Hermione. ¿Que vamos a hacer? ¿Que habéis hecho aquí todo este tiempo el profesor Snape y tu?- Preguntó Theo directo y sin rodeos como siempre.

Hermione se puso roja, pero como sus mejillas ya estaban algo coloradas a causa del frío por volar en la escoba apenas se apreció. - Bueno pues hemos estado, jumm... - Dijo meditando su respuesta unos segundos. Decidió que si Snape había permitido que se quedaran, también sería bueno empezar a sincerase con ellos y empezar a hablarles sobre lo que esperaban lograr, ya que seguramente su apoyo sería necesario de un modo u otro.- Pretendemos derrotar a Voldemort.- Respondió sin rodeos.

Los tres Slytherin se tensaron ante la mención del nombre del Lord Oscuro.

- Será mejor que entremos. En el castillo el señor Snape podrá explicaros mejor que yo la situación.

En la biblioteca, bajo la atenta mirada del retrato de Dumbledore, Snape les habló sobre su papel de agente doble (sin entrar en detalles sobre sus motivos), les contó como había sobrevivido al ataque de Nagini, que creía en la posibilidad de que Potter también lo hubiese hecho tras la maldición de Voldemort y que por ello había estado buscando al ''Elegido'' viajando por el mundo durante esos seis años, sin éxito. Finalmente había vuelto a Inglaterra, temiendo que Voldemort pronto fuera imposible de derrotar, al ver como cada vez su imperio estaba más asentado y se hacia más poderoso expandiéndose, dispuesto a comenzar una revolución, con ''El elegido''o sin el, cuando se encontró con Hermione.

Theo y Draco se mostraran tan interesados en una futura ''revolución'' como Narcisa preocupada. Además para sorpresa de Hermione y el propio Snape los jóvenes Slytherin no cuestionaron en ningún momento la idea de que Harry Potter continuara con vida.

- Bueno ¿Por algo le llamaban ''El niño que sobrevivió'' no?- Se mofó Draco, ante la reprobatoria expresión de Hermione.

Theo más serio, añadió. - Es cierto, si Potter sobrevivió una vez a la maldición asesina podría haber vuelto a hacerlo. - Especuló mirando a Hermione y desviando su mirada hacia Snape añadió pensativo.- Nunca encontraron su cuerpo... Recuerdo que durante algunos días llegaban a la redacción todo tipo de bulos informativos, historias y noticias circulaban por la comunidad mágica, incluso en el bando del Señor Oscuro. Algunos mortífagos creían que el propio Lord creo un inferi con su cadáver... pero el tema fue prohibido en unas semanas y lo cierto es que aún hoy nadie sabe lo que sucedió. Creo ni si quiera el propio Voldemort.- Finalizó con un brillo de valor y esperanza en los ojos. Pronunciando por primera vez en voz alta el nombre de aquel que había pretendido ser su amo.

- ¡Es absurdo!- Exclamó Narcisa que había permanecido en silencio, llamando la atención de todos. - Si ese muchacho siguiese con vida, incluso sin que el Lord Tenebroso tenga conocimiento de eso... Lo mas lógico sería que algún miembro de la ''Orden del Fénix'' supiera algo.

- O algún miembro de vuestro ''Ejercito de Dumbledore''- Apuntó Draco. - ¿Su novia comadreja por ejemplo..? -Sugirió.

- ¡No la llames así! Y dudo mucho que sepa algo, aunque hayamos perdido bastante el contacto... Estoy segura de que Ginny no me habría ocultado algo así. - Afirmó Hermione tajante.

- ¿Longbottom?- Preguntó nuevamente el Slytherin.

- Draco. Sabes que esta dando clases en Hogwarts, lo cual hace prácticamente imposible ponerse en contacto con el sin causarle problemas. Dudo mucho que Harry lograra ponerse en contacto con el y nosotros tampoco lo tendríamos fácil.- Explicó Hermione descartando esa posibilidad también.

- Y..¿Lunática Lovegood?- Insistió el rubio tratando de agotar todas las posibilidades.

- ¡Draco! ¡No le digas Lunática! -Defendió de nuevo Hermione.- Luna y su padre desaparecieron sin dejar rastro la misma noche en la de Harry cayó... nadie sabe nada de ellos.

- Lo cual vuelve a dejarnos sin opciones.- Concluyó Malfoy con fastidio.

- Eso parece...- Dijo Severus resignado y aburrido. El mismo había manejado todas esas posibilidades con anterioridad y no había conseguido averiguar nada. No había rastro de Potter y nadie de la Orden o cercanos a el habían tenido noticias suyas durante esos años.

- Luna...- Susurró Theodore. El chico había permanecido al margen de la conversación, observando y meditando, hasta el momento en que el nombre de la Ravenclaw apareció en la conversación. - ¿Decís que Luna desapareció la misma noche que Potter?- Preguntó en voz alta con un gesto de intriga y preocupación.

- Si, supongo que huyeron antes de que las cosas se pusieran más feas. No creo que Xenophilius estuviese dispuesto a volver a ver a su hija prisionera... - Explicó Hermione por encima.

Draco y Narcisa se removieron incómodos en sus asientos, al saber que el lugar donde la joven Ravenclaw había estado prisionera durante meses había sido en los calabozos de su propia mansión.

- ¡¿Entonces creéis que logro huir?!¿Y no pensasteis que pueden estar juntos?- Preguntó de nuevo Nott.

- Obviamente si, es una posibilidad pero si es complicado saber donde se escondería Potter imagine Xenophilius Lovegood y su hija, las posibilidades son infinitas...- Respondió Severus. El había investigado un poco en esa dirección, pero el rastro de estos se perdía la noche de la última batalla. Nadie en la redacción había vuelto a tener noticias del director de la revista El Quisquilloso o de su hija, aunque al parecer varios testigos les vieron con vida minutos antes de la caída de Potter.

- Pero... ¡Yo se donde puede estar Luna!- Aseguró Theodore con convicción levantándose de un salto de la silla.

- ¡¿Sabes donde esta Lunática?! Pero como puedes saber...- Preguntó Draco con incredulidad.

- No la llames así.- Advirtió amenazante en esta ocasión Theo, antes de que Hermione tuviese tiempo de hacerlo. Ignorando al rubio Nott continuo diciendo. - Puedo haceros una lista con los posibles lugares... pero necesitare volver a mi casa.

- Es peligroso...- Apuntó Severus.

- Un suicidio. - Corrigió Narcisa Malfoy.

Finalmente decidieron que lo mejor sería hablar primero con los Weasley, ya que aunque seguramente no supieran nada sobre Harry, sería útil saber si estaban dispuestos a luchar de nuevo y a tratar de levantar la deshecha Orden del Fénix.

Así que en unas horas, refugiados por la oscuridad de la noche, Hermione y Snape (que no estaba dispuesto a dejarla ir sola) se aparecerían en los limites de La madriguera pero como llevar a el resto de Slytherins, (recientes mortifagos desertores) sería demasiado... solo irían ellos dos. Utilizarían la capa invisible para no ser vistos por posibles espías de Voldemort, porque seguramente tras los incidentes de los últimos meses y del día anterior tendrían controlados a todos los miembros de la vieja Orden. Además Los Lovegood eran vecinos de los Weasley y podrían acercarse hasta la casa de estos para comprobar si dejaron alguna dirección o alguna pista concreta sobre su paradero.

Cuando ya anochecía...

Snape y Hermione se aparecieron a las afueras de Ottery St. Catchpole, el pequeño pueblo perteneciente a Devon, en Inglaterra, donde se situaba (suficientemente alejada de los muggles) La Madriguera.

El pueblo constaba tanto de población muggle como mágica (esta última establecida allí después de la aprobación del Estatuto de Secreto Mágico en el siglo XVII) y al igual que en Godric's Hollow ambas convivían e interactuaban entre si de manera pacifica.

Hermione temía encontrarse con una triste y ruinosa visión del que fue un hogar familiar y alegre. Supuso que esa idea se debía a que sabía que en esa casa, (antes llena de pelirrojos ruidosos y joviales) ahora solo vivían el señor y la señora Weasley junto con su hija menor, Ginny.

Caminaron un par de minutos debajo de la capa invisible, siguiendo el curso del río Otter, hacia el sur. Hasta que a orillas de este, oculta detrás de las colinas y los frondosos árboles, ante ellos apareció el hogar de los Weasley.

La Madriguera estaba igual que como ella la recordaba, aunque tal vez algo más destartalada y dañada, seguía teniendo ese aspecto hogareño y mágico que tanto le reconfortaba. Varias chimeneas y habitaciones sobresalían de la estructura principal que parecía algo inestable pero como ella sabía, firmemente sostenida gracias a la magia. Al acercarse a la entrada pudo ver el pequeño cobertizo, junto al corral de las gallinas. Allí era donde el señor Weasley antes guardaba una gran variedad de artefactos muggles, de los que tuvo que desprenderse cuando el Ministerio de Magia registró su casa, como le comentó Ginny un día de pasada durante el almuerzo.

El jardín estaba algo abandonado, el césped sin cortar, las exuberantes y variadas plantas mágicas crecían libres aquí y allá, los árboles de troncos nudosos parecían más pequeños a como ella los recordaba (o tal vez se debía al hecho de ella había crecido) y el estanque antes lleno de agua verde y ranas ahora era un lodazal. Pero por alguna extraña razón se alegró de comprobar que este continuaba infestado de cabezones y revoltosos gnomos de jardín, con aspecto de patata vieja. Se preguntó si el ruidoso ghoul que vivía en el ático también seguiría allí... Feliz de ver que la esencia mágica y los felices recuerdos de tantas navidades y veranos no se habían perdido.

Traspasaron las barreras mágicas defensoras sin esfuerzo, ya que ellos no suponían un peligro para los Weasley.

Hermione llamó a la puerta de la cocina.

La pecosa cara de Ginny apareció tras la cortina mirando con recelo hacía al exterior, a la vez que Hermione salía de debajo de la capa invisible, puesto que una vez dentro de las defensas mágicas de la Madriguera no corría peligro de ser vista o detectada.

- ¡Hermione! ¿Que haces aquí? - Preguntó la pelirroja abriendo la puerta, sorprendida ante esa visita.

- Ginny... tenemos que hablar. - Respondió ella con seriedad.

- ¡Claro! Esta bien pero date prisa, entra. Es peligroso.- Invitó Ginny nerviosa mirando con desconfianza al exterior.

- No estoy sola. - Explicó Hermione sin moverse del pequeño porche trasero. Miró por encima de su hombro y le hizo un gesto a Snape para que se quitara la capa invisible y se mostrara ante su amiga.

- ¡¿TÚ?!- Exclamó Ginny retrocediendo un par de pasos.

Asustada y enfada la pequeña Weasley rápidamente se recuperó de la impacto inicial y sacó la varita apuntando al exmortifago.

Hermione más rápida que ella se puso delante de Snape a modo escudo humano.

Ginny asombrada bajó un poco la varita pero volvió a alzarla a la defensiva.

- Ginevra tranquila.- Pidió Hermione.

- ¿Que le has hecho? ¡Traidor! ¿Un Imperius? Sucio mortífago... ¿Le has dado alguna de tus pociones? - Preguntó con rencor y desprecio la pequeña Weasley por encima del hombro de Hermione mirando a Snape.

El mago, incomodo trataba de mantener la calma apretando con fuerza su varita. Hermione le había advertido que seguramente sucedería algo similar pero le rogó que no interviniera, porque ella ''sabía manejar sola la situación'' pero Snape dudaba mucho poder seguir soportando ver como la ''amiga'' de Granger continuaba apuntando a esta con su varita y estaba usando todo su autocontrol para no hechizarla en ese instante.

- Ginny. Soy yo y estoy bien. El señor Snape esta conmigo, confía en mi.- Dijo Hermione alzando sus manos al aire en son de paz.

La joven Weasley la miró sin moverse y miró a Snape que no había abierto la boca y no parecía estar dispuesto a hacerlo. Sabía de sobra que el mortífago podía hechizarla sin necesidad de lanzar un conjuro verbal pera era extraño que no hubiese aprovechado ya su ventaja para atacarle... Volvió a mirar a su amiga con la duda aún en sus ojos y preguntó. - ¿Como se llamaba la cría de dragón que ayudaste a trasladar a la torre de Astronomía?

Hermione sosteniendo la mirada y sin dudar respondió. - Norberto.

Finalmente Ginny se rindió y bajó la varita. - Hagrid nunca tuvo mucho gusto a la hora de elegir un nombre para sus mascotas...¿Verdad?- Preguntó luchando por contener una triste sonrisa.

Hermione sonriendo corrigió. - Hagrid nunca tuvo mucho gusto para elegir mascota Ginny.¿Recuerdas los Escregutos...?

- Creo que nunca podré olvidarlos. - Respondió ella sonriendo.

Ginny volvió a ponerse seria y tras un par de segundos en silencio hablo.

- Esta bien. Entrar. - Ofreció mientras se apartaba de la puerta y entraba en la casa (seguida de Snape y Hermione) murmurando.- Debo de estar loca... Mama va a morirse del susto...

- ¿Ginny quien es...? - Preguntó la señora Weasley entrando en la pequeña cocina con algunos platos en las manos. - ¿Hermione?- Preguntó extrañada.

- ¡Sorpresa Mama! Hermione ha vuelto y viene acompañada... - Indicó su hija con su habitual poco tacto y apartandose a un lado para que su madre pudiera ver a Snape.

La señora Weasley dejó caer los platos que se rompieron en mil pedazos al estrellarse contra el suelo y ella los siguió segundos más tarde desmayada por la impresión.

- ¡Señora Weasley!

- ¡Mama!

Exclamaron las dos jóvenes a la vez acercándose para tratar de levantarla del suelo y despertarla.

Snape avanzó un par de pasos y sin inmutarse ante la asustada mirada de Ginny apuntó a la señora Weasley con su varita pronunciando alto y claro. - Enervate.

Al instante Molly estaba en pleno uso de sus facultades y colocó de manera protectora a su hija y a Hermione tras ella.

- Aléjate de ellas.- Ordenó apuntando con su varita a Snape.

Hermione se sintió muy agradecida ante el hecho de que la señora Weasley continuara mostrándose protectora con ella, cuidándola como a una hija. Por ello no pudo evitar sentirse culpable cuando se levantó y se colocó de nuevo delante de Snape, frente a la varita de la matriarca de los Weasley.

- Mama... Hermione quiere hablar con nosotros y el ha venido con ella.- Explicó Ginny en voz baja pero firme tratando de tranquilizar a su madre.

- ¿Hermione es cierto eso? ¡¿Has traído a este hombre a nuestra casa?!- Preguntó Molly Weasley con la decepción naciendo en sus ojos.

- Si señora Weasley. No es una trampa, si el señor Snape quisiera atacarle ya lo habría hecho¿No? Por favor baje la varita...- Volvió a pedir Hermione alzando la manos.

- ¿Confías en ese hombre? Es un sucio mortífago, como los que mataron a mis hijos.- Escupió con rabia la mujer, mirando con odio a Snape.

El mago no se había movido de su posición, pero al igual que con Ginny se mantenía muy alerta, apretando la varita en su bolsillo, listo para intervenir por si acaso Molly atacaba a una indefensa Hermione que se había empeñado en no sacar su varita. Le había sorprendido y complacido ver que la señora Weasley se había mostrado protectora con ella en un principio pero ahora con Hermione defendiendo su estúpido ''honor y lealtad'' a la Orden del Fénix como toda una leona (pero sin pruebas) tenía serias dudas de que ese trato de favor continuara en pie.

- Dumbledore siempre confió en el.- Recordó Hermione.

- Si y ahora Dumbeldore esta muerto.¡El lo mató! - Recordó a su vez la mujer alzando la voz.- ¡El lo traicionó! Nos traicionó a todos Hermione.- Sentenció, mirando con desprecio a Snape.

- Eso no es cierto.- Insistió la joven sin moverse de su posición.

- Harry vio como lo hacía Hermione...- Dijo Ginny en voz baja, tomando el control de la situación, sin alejarse de su madre que seguía a la defensiva y al parecer no pensaba hablar más y no estaba dispuesta a ceder.

- Si, es cierto. - Aceptó Hermione, apresurándose a añadir. - Pero más tarde supimos que nos equivocabamos. El no traicionó a Dumbledore. Si me dejarais explicaros... podrías entender...- Trató de explicar.

- Hermione, lo siento pero... ¿Por que deberíamos escucharte? Tu nos has apartado de tu vida durante años.- Le reprochó la joven Weasley dolida. Sin entender como la que fue su amiga durante años luchaba tanto por defender a alguien como Snape, cuando de ella y de su familia se había olvidado.

- Pesaba que así os protegía... Mis padres murieron por mi y después de perder a Ron y a Harry me encerré en mi misma. Estaba sola y prisionera en muchos sentidos...- Dijo Hermione, intentando hablar sobre los días que pasó encerrada en esa celda. Sin que nadie fuera a rescatarla porque todos estaban ocupados rehaciendo sus vidas o poniéndose a salvo. Algo que ella entendía y nunca les reprocharía. Cuando salió libre, también entendió que era mejor seguir sola y decidió empezar de cero.

Ginny, sin percibir el doble sentido de la dolorosa confesión de su amiga, respondió con indiferencia y frialdad.- Todos perdimos en esa guerra pero seguimos adelante Hermione o al menos lo intentamos pero juntos. Tu eras la más fuerte de todos nosotros, siempre encontrabas una respuesta. Me decías ¡Siempre habrá esperanza! ¿Recuerdas?

- Eso es algo que yo creía haber olvidado. Durante los días posteriores a la victoria de Voldemort yo la perdí... Incluso las personas más fuertes a veces necesitan que las salven... Pero ahora estoy aquí porque la he recuperado. La misma noche que encontré a Severus... La noche de los fuegos artificiales...- Dijo Hermione dedicando una dulce mirada al mago, algo que no pasó desapercibido para Ginny.

Cuando Hermione iba a empezar a contarles que ese acto con los cohetes había sido idea de Snape para devolverle a la gente la esperanza, Ginny de repente cambió su expresión a una de despreció idéntica a la que había dedicado minutos antes a Snape.

- ¿Severus...?,¿Desde cuando es Severus?, ¡¿Eh Hermione?!, ¿Desde cuando?- Preguntó la pelirroja, ofendida ante la complicidad de ambos, sin querer pensar en todo lo que eso podía implicar. - ¡EL DEBERÍA ESTAR MUERTO! - Gritó furiosa, señalando a Snape.

Hermione dolida por sus palabras retrocedió hasta situarse junto a Severus, alejándose de las dos mujeres.

En ese momento Arthur Weasley apareció en la chimenea en mitad de una nueve de polvo y fuego esmeralda (había usado la Red Flu para volver del trabajo) asustado ante los gritos de su hija salió veloz de la chimenea para abrazarla. Tratando de tranquilizarla preguntó.-¿Ginevra que sucede?

Ginny refugiada en el pecho de su padre empezó a llorar, repitiendo. - El debería estar muerto... No los nuestros, no mis hermanos... no Percy... no Ron... no ¡Harry!- Decía derrumbada entre los brazos de su padre, mientras su madre acariciaba la espalda de su hija y asentía con la cabeza. Apoyando las palabras de esta, que se clavaban en el corazón de Hermione como puñales.

- Ginny no sabes lo que dices... El nunca nos traicionó. Si supieras lo que ha hecho por nosotros durante todos estos años...por la Orden... por Harry...

El señor Weasley reparó por primera vez en ellos y asombrado preguntó.- ¿Hermione? ¿¡Snape!? - Pero a diferencia de las dos mujeres Weasley el no sacó su varita. Miró a Ginny que lloraba en sus brazos, observó la mirada herida de su mujer y Arthur Weasley sin entender lo que sucedía dijo con tristeza. - Creo... que lo mejor sera que te marches Hermione.

Ella derrotada asintió con la cabeza y tomó el brazo de Snape que aguardaba para realizar la desaparaición conjunta.

Miró por última vez a los tres Weasley unidos, esa pequeña parte de la que había sido su otra familia. Su familia durante tanto tiempo en el mundo mágico... Y mientras escapaba una triste lagrima por su mejilla, tomo aire tratando de controlar el llanto y dijo con voz alta y clara.- Creemos que Harry esta vivo y vamos a traerle de vuela, lo prometo.

Y sin más se desapareció con Snape, ante la atónita expresión de los tres Weasley.

oOo


¡He vueltoooo!Perdón por tardar tanto en publicar un nuevo capitulo, me quede sin inspiración para seguir con esta parte. Además me entristeció mucha la noticia del fallecimiento del gran actor Alan Rickman pero quería acabar el capítulo a tiempo para el día 21 de Febrero, porque era la fecha de su cumpleaños. Aquí lo tenéis, en su honor porque solo el podía interpretar a Severus Snape, porque seguirá vivo en nuestras historias y en nuestra memoria. Siempre.

Como dije en su día: No abandonare la historia. He seguido escribiendo varias partes del Fic y ahora voy teniendo todo mas claro. Se que hay opiniones dispares con Voldy... amor/odio xD Solo os pido que confiéis en mi. Prometo que intentare teneros a todos contentos y a mi misma. :)


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