17. BUSCANDO AL ELEGIDO

Severus y Hermione llevaban ya varias horas caminando por uno de tantos bosques de Suecia. Concretamente, este era especialmente frondoso, tranquilo y precioso. Era su tercer día de viaje e iban camino de Eda, una provincia en cuyo territorio estaba El bosque de Ed.

El primer día se aparecieron sobre la pedregosa orilla del lago de Vänern, que era tan inmenso que no se veía su final y estaba situado en la comunidad de Värmland.

Al parecer Severus había visitado esa zona hace muchos años, durante su etapa de mortífago. Cuando Hermione le preguntó sobre el tema este se limitó a decirle que "Fue por una misión" sin entrar en más detalles. A ella le costo no hacer más preguntas pero decidió dejar pasar el tema, ya que el seguía un poco irascible y distante con ella, a pesar del acercamiento que habían tenido en su despacho. Había accedido a que le acompañara pero por alguna razón se le veía de nuevo molesto con ella, así que prefirió no tentar su suerte. Además, eso era pasado y seguramente la razón que llevó a Severus allí en su momento, no tenía nada que ver con su misión actual: Encontrar a Harry.

El clima era frío y húmedo, a pesar de que contaban con el sol del verano a su favor gran parte del día, pero cuando este se ponía la humedad en el ambiente hacia caer varios grados la temperatura. Desde luego el tiempo era más agradable que en invierno pero deambular por los bosques durante la oscuridad de la noche no era una perspectiva muy alentadora, por ello Snape y Hermione trataban de aligerar la marcha durante la tarde, antes de que anocheciera. Ambos vestían ropas muggles (a excepción de las gruesas capas que usaban para abrigarse) haciéndose pasar por un par de aventureros excursionistas.

El iba abriendo paso entre la maleza, con una gran mochila de viaje (hechizada para aligerar el peso) a su espalda, seguido de Hermione que caminaba sorprendentemente silenciosa, con su mente demasiado ocupada repasando los últimos acontecimientos.

El día anterior aun habían visto alguna pequeña casa o aldea campestre aislada, pero Severus se había negado a acercarse e investigar si estaban o no ocupadas, a pesar de la notable comodidad que eso supondría, dado que aquello no era "un viaje de placer." Era evidente que como medida de precaución trataba de evitar las poblaciones muggles y además habían evitado usar la magia cerca de estas como medida de seguridad anti detección, pero desde entonces no se habían cruzado con nadie.

Hermione sabía bien que Severus tenia razón con lo de acampar en mitad de bosque, evitar las carreteras y caminos porque era lo más seguro. Había seguido ese mismo plan años antes con Ron y Harry durante la búsqueda de los Horrocruxes... pero apenas descansaban y el cansancio empezaba a notarse. El parecía estar acostumbrado y hacia guardias más largas pero ella era incapaz de dormir a la intemperie con solo un hechizo de temperatura y la capa como abrigo. Desde la primera noche lamento enormemente haber olvidado coger su pequeño bolsito mágico con el hechizo de extensión indetectable, (con la vieja tienda de campaña que usó cuando viajó con Ron y Harry en su interior) que probablemente continuaba sobre la mesa del comedor, junto con los numerosos ejemplares del Quisquilloso.

Le preocupaba un poco haber fallado en algo como eso. Antes le encantaba viajar, hacer senderismo, acampadas y demás, planeando con días de antelación lo necesario para el viaje pero eso era algo que solía hacer con sus padres y desde que les perdió no había vuelto a verse con ganas de viajar.

Temía que después de tanto trabajo sedentario de oficina se estaba volviendo torpe. ¿Tenia razón Severus? Si ese era el caso... iba a necesitar entrenamiento. Se imaginaba haciendo flexiones como Rocky y rio ante la imagen pero lo cierto es que su preparación física no era lo único que le preocupaba. Su magia y sus reflejos también tendrían que estar al cien por cien si una nueva guerra se acercaba. Sonrió al recordar su entrenamiento con los miembros del ED, uno de tantos recuerdos que había bloqueado para no sufrir y que ahora le daba fuerzas para seguir hacia delante. Tal vez si encontraban a Harry más gente se uniría a ellos, los miembros del Ejercito de Dumbledore y los de la Orden volverían a reunirse.

Al menos esa era la idea, aunque quizás se estaba haciendo demasiadas ilusiones pero decir que había olvidado todo lo aprendido si que era exagerar. ¡Solo necesitaba refrescar la memoria! Y tal vez su extraña "charla" nocturna con Draco tuvo algo que con el desastroso resultado de su equipaje.

De repente Snape frenó, pero ella no le vio y se chocó contra su espalda.

- ¡Auh! Lo siento. - Murmuró ella bajo la interrogante mirada del mago.

Hermione decidió dejar de divagar sobre el tema de Draco y concentrarse en el presente para no parecer una patosa despistada.

- ¡Mira por donde vas Granger!

- ¡Si tu no frenaras en seco yo no me habría chocado! Ahora dime, ¿Qué sucede? - Preguntó ignorando su mal humor. - ¿Por que te paras? -Insistió mirando a su alrededor.

El no respondió. Miró al horizonte, cerró los ojos y tomó aire.

¡Por supuesto que no estaban perdidos! De hecho, ya estaban en el Bosque de Ed. Snape lo supo cuando ante sus ojos diviso el Stora Gla, un pequeño lago en cuyas aguas calmadas el cielo se reflejaba como si fuese un espejo. Pero aun estaban algo lejos de la provincia de Eda, lugar por donde el planeaba empezar a buscar pistas sobre el paradero del excéntrico dueño del Quisquilloso y su hija, dado que esto sería más fácil que buscar por ese inmenso bosque a esas criaturas que la joven Ravenclaw y su padre afirmaban que existían.

Hermione tras el observaba en la misma dirección desde lo alto del barranco en el que estaban, no tenía mucha pendiente pero el suelo al estar cubierto de hojas resbalaba. Entre los arboles vio agua y supuso que debía tratarse de otro lago. No era tan grande como el primero que visitaron y agradeció que no hubieran estando dando vueltas en circulo.

Mientras tanto, el pocionista se tomaba unos segundos para disfrutar del momento. Le gustaba aquello, el sol suave que no llegaba a quemar su pálida piel, el oxigeno entrando en sus pulmones, la naturaleza, el aire libre, la sensación de libertad. Salir al exterior después de pasar normalmente tanto tiempo en lugares como las mazmorras o el laboratorio era agradable y relajante. Todo estaba en calma, en silencio...

- Si te has perdido dilo. En serio, no pasa nada. Podríamos preguntarle a alguien el camino.

Snape la miró irritado y al segundo con una mueca burlona dado lo absurdo de la sugerencia (ya que estaban en medio de ninguna parte) le dijo. - Gran idea. Puedes preguntarle a uno de estos arboles pero dudo que te respondan.

- Muy gracioso, pero eso no seria necesario su tuviéramos un mapa. Algo que te sugerí que compráramos en el pueblecito que vimos ayer. - Contraatacó la chica.

- ¿Podrías recordarme cual era mi condición para traerte conmigo Hermione? - Pidió amablemente el.

Sonrojada respondió en voz baja. - No ser una insufrible sabelotodo...

- Exacto. ¿Y crees que lo estas cumpliendo?

- Al menos lo estoy intentando. En cambio tu... ¡Tu sigues siendo un insufrible gruñón!

- Pues sigue intentándolo. Y ahora haz el favor de callarte y dejar de incordiarme para que pueda pensar. - Ordenó.

- ¡Si dejaras de ignorarme y asumieras de una vez que estamos perdidos en mitad del bosque no tendrías porque oírme! - Le acusó enfadada fulminándole con la mirada mientras que el volvía a cerrar los ojos ignorando sus quejas.

¡Estaba harta! Habían atravesado valles, montañas, ríos y lagos. Sobretodo lagos. ¡¿Cuantos lagos podía llegar a tener un solo país?! Se preguntaba la Gryffindor cada vez mas agotada y anhelante. Fantaseaba con la idea de sumergirse en ellos y nadar en sus frías aguas, que prometían ser la solución para sus músculos cansados. Por no mencionar que tras tanta caminata un pequeño descanso y algo de higiene para su cuerpo sudoroso tampoco estaría mal... pensó descendiendo por una ladera del barranco. Dado que Snape se empeñaba en ejercer de líder dictatorial e ignorarla Hermione decidió tomarse un descanso. ¿Qué podía tener de malo darse un baño? Se dijo mientras se alejaba aun más en dirección al pequeño lago, dispuesta a refrescarse mientras el meditaba o que sea que hiciera.

Según los cálculos de Snape se encontraban a un par de días de distancia de Eda, pero sin un medio de transporte veloz o simplemente decente, dando rodeos para evitar ser detectados, contando las horas de sueño, los descansos y el ritmo (mas bien lento) que llevaban... Calculaba que atravesar el bosque les costaría tres días, aunque con Hermione y su incesante parloteo tal vez seria una semana. Le gustaba contar con su cálida presencia a pesar de que podía ser muy cargante y de que el ambiente no era tan idílico o romántico como había imaginado y de que la imagen de Draco besando sus labios seguía nítidamente grabada en su cerebro, algo que no contribuía a mejorar su humor.

Suspiro cansado.

Cuando finalmente se giró para informar de su posición y de la dirección que debían seguir a Hermione (que milagrosamente había estado en silencio sin hacer preguntas y sin molestarle) esta ya no estaba. ¿Se había marchado? No, estaba enfadada pero ella no le dejaría en mitad del bosque, además las pequeñas peleas entre ellos eran habituales. Y si... ¿Le había pasado algo? o ¡¿Los mortífagos la habían capturado?! No, era imposible que les hubiesen seguido. Puede que simplemente se hubiese alejado un poco y ahora no sabia como regresar. Tenía que ser eso, esperaba que fuese eso.

- ¿Hermione?- Llamó en voz baja tratando de ser cauteloso. - ¡Hermione!- Repitió más alto, empezando a preocuparse. - ¡HERMIONE! ¡¿DONDE ESTAS?! - Exclamó asustado.

El ruido de un chapoteo junto con el de un suave murmullo llego hasta el.

Echó a correr en dirección al lago.

Al llegar hasta la orilla y ver lo que sucedía Snape pudo jurar que su corazón se había parado.

Hermione estaba... ¡Desnuda! En concreto estaba nadando hacia atrás completamente desnuda, mientras los rayos del sol acariciaban la cremosa piel de sus muslos, su estomago y sus pechos. La expresión de su rostro era relajada y una pequeña sonrisa de satisfacción adornaba sus labios que tarareaban una bella melodía.

Si Severus hubiese prestado más atención al entono (y no solo el esbelto cuerpo desnudo de la Gryffindor) habría visto que no era el único que había acudido allí, siguiendo la fuente de sonido que emitía la joven sobre el agua, cuya superficie se expandía en ondas circulares hacia las orillas del lago propagando el sonido. A escasos metros, camuflados entre la maleza un par de pequeños ojos saltones de color amarillo apenas parpadeaban. Al contrario que sus orejitas cubiertas de pelo purpura que se agitan complacidas ante la suave y lenta melodía que Hermione tarareaba.

Cuando Snape se recompuso tomó aire y gritó.- ¡¿Granger que demonios te crees que estas haciendo?!

Esto provocó que la pequeña y curiosa criatura aficionada a la música huyera despavorida. Asustada por el fuerte grito del mago desapareció sin hacer ruido y sin dejar huellas.

- Darme un baño. Evidentemente. - Respondió Hermione sin mirarle a la cara y sin sobresaltarse lo más mínimo.

- Eso ya lo veo. Sabes muy bien lo que quiero decir. ¿Por que te has ido sin avisar?

- Creía que me habías dicho que me callara y dejara de incordiarte. - Dijo apoyando sus pies sobre el fondo arenoso del lago. Cruzando los brazos en jarras añadió. - Bueno, eso he hecho.

Severus sin palabras ante el erotismo de la imagen boqueaba por la falta de aire entre enojado y excitado.

Al estar de pie, su pelo largo y mojado tapaba parte de sus senos pero el agua ahora apenas cubría el monte de venus de Hermione y al mago le estaba costando trabajo recordar porque estaba tan molesto.

- Estas... desnuda. - Comentó Severus. Estupendo pensó, ahora parecía un adolescente descerebrado con el increíble poder de comentar lo obvio, cualidad que a el molestaba soberanamente.

- Muy observador. - Se mofó aun desnuda y sin mostrar vergüenza por ello. Algo que para el rígido y disciplinado exprofesor era sumamente chocante. Ella no parecía tener ningún tipo de pudor por el hecho de seguir hablando con el así.

Lo cierto es que Hermione estaba disfrutando ante la incomodidad de Snape cuyo rostro mostraba un tenue sonrojo a pesar de su serio rictus ensayado.

- ¿Sabes? La gente suele bañarse desnuda Severus, y dado que en mi equipaje no traigo traje de baño no tenia muchas opciones. ¿Que importa? Estamos solos y tampoco es que vayas a ver algo que no hayas visto antes. - Dijo ella volviendo a dejarse caer en el agua, agitando lánguidamente los brazos a los lados. Mientras tanto, el se esforzaba por enviarle una clara mirada reprobatoria. - ¡Oh vamos! No es para tanto. Mira, lamento haberte preocupado de verdad. Solo quería refrescarme mientras tu meditabas. ¡Llevamos tres días sin parar de caminar! Necesitaba un descanso.

- Niña desobediente y caprichosa...- Masculló el entre dientes.

Hermione alzó la vista al cielo exasperada y apoyándose de nuevo sobre sus pies le encaró, dispuesta a dejar claros de una vez los términos de la situación. - Ni yo soy una niña, ni tu eres mi padre como para estar cada dos por tres cuestionando lo que hago. Se cuidar de mi misma, gracias. Ahora, si me disculpas el agua esta buenísima y pretendo seguir disfrutando de mi baño, algo que por cierto no te iría nada mal a ti. Mientras tanto tu puedes continuar ahí, con tu estirada y distante postura de profesor. A no ser que... prefieras venir aquí y castigarme. - Dijo dándose la vuelta dispuesta a zambullirse de nuevo en el agua pero una firme mano alrededor de su muñeca se lo impidió.

Una fuerza tiró de ella hacia atrás y su espalda chocó contra una cálida y dura barrera.

- Tengo una idea mejor. - Murmuró Severus contra su oído. - ¿Qué tal si te tomo en mitad del bosque Granger? Nadie te oiría gritar y eso sería una ventaja. Eres... algo escandalosa.

Hermione petrificada no supo que responder. Sus mejillas empezaron a adquirir un intenso tono carmín, algo que Snape pudo ver cuando la giro hacia el.

La Gryffindor de repente tenía la sensación de que la temperatura había subido varios grados. Severus y ella estaban frente a frente y el roce de su erección a través de sus pantalones mojados contra sus muslos desnudos la excitaba. A pesar de que la mitad de su cuerpo estaba sumergido en el frio lago, el calor recorría su cuerpo, enviando punzadas de placer hasta una parte muy concreta de su anatomía. Cerró los ojos disfrutando del contacto. Sitió como el colocaba sus manos a cada lado de su rostro mojado y como estas descendían por su cuello, junto con varias gotas de agua hasta su clavícula. Sobre esta, sintió la cálida boca de Snape que con su lengua atrapó las traviesas gotas que allí se habían acumulado.

Cuando acabó, contempló complacido la mancha rojiza que había dejado sobre la piel de Hermione y como esta se erizaba ante su contacto. Continuó acariciando su cuerpo, hasta tomar entre sus manos sus redondos y jugosos pechos con sus pequeñas y rosadas areolas, donde unos tentadores pezones erguidos de placer clamaban ser atendidos. Conteniéndose decidió ignorarlos, como una pequeña venganza personal contra su insolente leona y siguió acariciándola hasta detenerse sobre su estomago. Dejó a cada lado de su cadera las manos, que se aferraron a ella para atraerla bruscamente hasta el, pegándola por completo a su cuerpo.

- Veo que no tienes nada que objetar ante mi idea. - Comentó.

Como toda respuesta Hermione entrelazó los brazos detrás de su nuca y tiró de algunos mechones negros para hacer que se inclinara hasta ella para besarle, mientras el se entregaba al beso con el mismo entusiasmo.

Cuando se alejan para tomar aire ella aun tenía las mejillas encendidas, en cambio Severus aun mantenía esa sonrisa condescendiente que tanto le exasperaba.

Indignada lo cogió de la capa y tirando con todas sus fuerzas hacía abajo lo hundió por completo en el agua helada.

Severus salió a la superficie completamente empapado y sorprendido.

Las alegre y cantarina risa de Hermione mientras le decía. - Y yo veo que el agua debe tener algún tipo de efecto afrodisíaco en ti porque es la tercera vez que te me abalanzas como un loco después de ignorarme durante días. - Eliminó cualquier posible enfado.

- Ya deberías saber que a las serpientes nos gusta la humedad. Aunque lamento decirle que el agua no ha tenido nada que ver. La mera visión de tu cuerpo lo logra. Siempre pensé que seguramente con ese humor tuyo serias una pequeña leona furiosa en la cama y desde que lo confirme por mi mismo no he podido dejar de pensar en ello. Lo cierto es que el simple recuerdo me vuelve loco.

Ambos permanecían muy cerca del otro, con el agua a la altura de la cadera. La ropa de el (ahora empapada) contra ella era una barrera que les molestaba demasiado.

- Por eso yo prefiero vivir el presente y no de recuerdos Severus. - Le dijo con la mirada brillante.

Esta vez, fue el quien colocando su mano tras su nuca y enredándola entre su pelo tiró de ella. Estrechándola entre sus brazos la besó, ahora de manera mas intensa y profunda.

Hermione pasó sus brazos detrás su cuello y el con un brusco movimiento rodeó su cintura con un brazo. Manteniéndola pegada contra su cuerpo la elevó con asombrosa facilidad. Sus grandes y cálidas manos la sostenían por debajo de los muslos, mientras ella los ceñía con fuerza alrededor de su cintura, apretándose todavía más contra el, buscando un mayor contacto.

Severus giró sobre sus pies y caminó con ella hasta la orilla, donde la apoyó contra el tronco de un árbol.

Hermione desató la capa del mago que cayó al suelo, mientras sentía su demandante erección presionando contra su ingle. Trató de moverse pero el se lo impidió. Dominante y poderoso la mantuvo firmemente sujeta contra la corteza del árbol que crujía con cada apasionado movimiento mientras el besaba sus labios con una necesidad perturbadora.

Desorientada y excitada ella intentaba asimilar y controlar el feroz deseo que la invadía. Sintió los hambrientos labios del mago que descendían de nuevo por su cuello, hasta sus pechos donde su lengua esta vez si lamió sus pezones con absoluta maestría.

Severus la estaba volviendo loca. Sus negros cabellos mojados gotean sobre su camisa, marcando cada contorno de sus músculos. Ella deslizó sus pequeñas y codiciosas manos por debajo de esta, paseándolas sobre su cuerpo, deleitándose con la suavidad de su piel nívea que contrastaba con la dureza de viejas cicatrices, algo más claras. Acarició sus abdominales y fue subiendo lentamente hasta sus pectorales, arañando sutilmente su piel y provocando que Severus se estremeciera de placer.

- Pienso en ti todo el tiempo Hermione. - Confesó ronco de lujuria, dejándola sobre el suelo sin dejar de estrecharla contra el. - Joder, soy un maldito pederasta depravado... - Murmuró derrotado, apoyando su frente contra la de ella.
- Hace tiempo que soy mayor de edad Severus... - Respondió ella con una juguetona sonrisa y alejándose un poco de el, se dejó caer hacia atrás sin dejar de mirarle para tumbándose sobre la hierba.

El se arrodilló sobre el suelo frente a ella. Contemplando con sus ojos ardientes de deseo la perfecta desnudez de su bruja dio gracias al cielo por su suerte, temiendo que de un momento a otro esta cambiara. Trató de controlar el temor ante la idea de perder a Hermione. No podía creer que realmente ella estuviese allí con el. Pensaba que en cualquier momento se evaporaría ante sus ojos y el despertaría de ese sueño, volviendo a las pesadillas y la soledad.

Hermione sabiendo que era mas sensible y vulnerable de lo que trataba de aparentar leyó el tormento en el fondo de su mirada y acaricio su mejilla, logrando atraer de nuevo su atención.

El tímidamente y con gran delicadeza besó el dorso de su mano. - Aun así, soy un pervertido. - Replicó convencido de su pecado.

- Si y es algo que me encanta.- Aseguró ella con una picara sonrisa, infundiéndole confianza y disipando sus demonios.

Sonriendo el se deshizo del resto de su ropas. Se tumbó sobre ella manteniendo su peso sobre sus brazos a cada lado de su cuerpo y besó su vientre. Poco a poco fue subiendo, dejando un camino de húmedos y ávidos besos hasta llegar de nuevo a su cuello. Con una mano cogió el muslo derecho de Hermione, elevándolo hasta que ella rodeo su cadera con el, mientras el se abría paso entre sus muslos.

Hermione le miraba sin dejar de pasear sus manos por toda la extensión de su espalda, acariciándole y disfrutando del peso de su cuerpo sobre el suyo. El inclinó su cabeza y dejó un pequeño y cariñoso beso detrás de su oreja. Luego se acercó a su cara, hasta que sus labios quedaron a un par de centímetros de los de ella y al fin la besó mientras a su vez entraba en su interior, llenándola por completo.

La explosión de sensaciones de sus cuerpos se expresaba a través de sus bocas voraces que se devoraban mutuamente hambrientos del otro. Ambos comenzaron a moverse al compás, marcando un ritmo cada vez más rápido e intenso, hasta volverse frenético y brutal.

El se movía en su interior imponiendo un ritmo casi violento.

Hermione extasiada ante sus embestidas y a punto de estallar ahora solo podía disfrutar y dejarse llevar por el placer. Hasta que el mundo se desvaneció a su alrededor. Alcanzó el clímax arrastrando con ella a Severus, que marcaba su cuerpo, su piel y su alma con cada descarga, caricia y beso.

Hermione agotada cerró los ojos, abandonándose al descanso mientras Severus colocaba posesivo y protector su brazo sobre su espalda, rodeándola y atrayéndola hasta el. Cubrió a ambos con su capa y después de colocar los hechizos defensivos en la zona también cerró sus ojos dispuesto a dormir, disfrutando del cálido contacto del cuerpo de Hermione contra el suyo. Ese lugar para acampar era tan bueno como cualquier otro y ella tenía razón, necesitaban un descanso.

Al día siguiente Hermione dormía plácidamente, envuelta en la confortable capa de Severus mientras que este preparaba a un par de pasos más haya el desayuno en una pequeña hoguera. El delicioso aroma llegaba hasta ella, que ya despierta se quedó inmóvil y con los ojos cerrados fingiendo dormir pensando como actuaria el de nuevo y sin saber muy bien que hacer.

- Será mejor que dejes de hacerte la dormida y te des prisa Hermione. Supongo que necesitas unos minutos antes de desayunar... Esto estará listo en breves.

Ella avergonzada al ser pillada fingiendo dormir, se levantó envuelta en la capa del mago. Recogió las ropas que dejó el día anterior al pie de un árbol cercano (antes de su baño) y se apresuró a escabullirte entre la vegetación.

Tras asearse y vestirse trato de arreglar el nido de cuervos indomable en el que su pelo se había transformado durante la noche. Dándose por vencida volvió al campamento improvisado y dubitativa se quedó de pie, esperando que el le diera una pista sobre que hacer pero después de un segundo se sintió estúpida ahí plantada como un árbol y lentamente se dirigió hasta una roca cercana, dispuesta a desayunar en silencio frente a la hoguera, dejándole a Severus algo de espacio.

- ¿Dónde cree que va señorita Granger?

- Iba a... sentarme. Pensé que igual... y yo...

- Anda, ven aquí niña tonta.- Invitó mirándole con una tierna sonrisa en sus labios.

Ella asintió sonriendo y caminó hasta sentarse junto a el. Severus tras darle los buenos días le ofreció un vaso caliente de leche y un par de tostadas con mermelada que ella engulló. Estaba hambrienta y en cuanto terminó Severus la acercó más hasta el, abrazándola mientras ella posaba su cabeza en su hombro.

- ¿Qué voy a hacer contigo pequeña bruja ? - Murmuró la suave y grave voz del mago antes de depositar un beso sobre su cabeza.

Lo que quieras pensó Hermione, quien se acurrucó contra su cuerpo pasando su brazo sobre su pecho suspirando alegremente y saboreando la sensación de ser abrazada por él.

- Hermione... no quiero que te sientas insegura respecto a mi. - Pidió el. - Yo... Me agrada pasar tiempo a solas contigo... Y si lo piensas para lograrlo solo ha tenido que traernos a otros país. - Bromeó incomodo, tratando de restarle seriedad a su confesión.

- Y perdernos en mitad del bosque. - Señaló ella contagiándose de su buen humor.

- No estamos perdidos. Estamos descansando y te informó de que ya estamos en El Bosque de Ed por lo que hoy deberíamos ponernos en marcha y empezar a buscar a esas criaturas si es que existen, al menos antes de reanudar la marcha hasta Eda. Algo que ayer iba a decirte, antes de que cierta Gryffindor amenazaba con ponerse en huelga si yo no bajaba el ritmo.

Ella se rio. - Lamento que te hayas tomado tantas molestias. - Dijo, aunque su tono bromista y sarcástico dejaba claro que no lo sentía en absoluto.
- Bah, no tiene importancia. Además jovencita ¿No has pensado que quizás solo soy un psicópata pervertido? Uno muy malo que planea abusar de ti de todas las formas posibles... para después abandonarte perdida en mitad del bosque a merced de los lobos. Como en ese viejo cuento muggle...

- Siempre quise que el lobo feroz se comiera a caperucita por boba. - Reflexionó ella encogiéndose de hombros.- Pero dudo que los psicópatas preparen un desayuno tan rico con tan poco. - Observó agradecida.

- Esto solo es una mera distracción caperucita, más tarde planeo devorarte por ser una niña mala y desobediente. - Dijo el alzando su barbilla para besarla.

Cuando se alejaron la expresión del mago volvió a ser un poco seria y fría.

- ¿Que sucede?- Preguntó Hermione preocupada ante ese nuevo cambio de humor, sin explicación aparente.

- ¿Como te hiciste tan amiga de Malfoy? - Preguntó el a bocajarro sin ser capaz de contenerse. Tratando de disimular su interés añadió. - En el colegio os odiabais...

- ¿Draco? ¿Quieres... hablar de Draco?

- Si.

- Esta bien. - Aceptó ella algo confundida e incomoda. Pensaba que tras su anterior conversación todo había quedado claro. - ¿Que quieres saber?

- ¿Tu y el...?

- ¡Nooo! No, no no. - Negó apresuradamente. - Sabes perfectamente que no había llegado tan lejos con nadie antes de ti. - Dijo molesta.

- Lo se, pero no negaras que parece haber algo más que una amistad. Al menos por su parte. - Insistió el tensando su mandíbula para contener la rabia al recordar el beso de despedida que el rubio le dio.

Ante su insistente interés Hermione pensó que tal vez todo eso era algo más que simple curiosidad que eran celos. Antes de partir, en su despacho del Last Alliance el se lo negó, es más le dijo que era libre de hacer lo que quisiera, dejando claro que no consideraba que ellos... estaban juntos, pero esa era la explicación más lógica. Estaba mal pero le gustaba la idea de despertar ese interés en el... Sin embargo no era dada a jugar ni usar tácticas de seducción de manual adolescente por lo que se apresuro a disipar cualquier duda sobre el tema.- Draco es importante para mi, le quiero pero es solo mi amigo ya te lo dije.

- Weasley también lo era.

Ella se encogió ante la mención de ese nombre.

Snape maldijo su poco tacto y delicadeza. - Lamento haber dicho eso. No quería decir...

- Tranquilo, se lo que querías decir. Si, Harry y Ron... eran importantes también, como mis hermanos. Ron... el fue... - No supo como acabar la frase, porque lo que más le dolía a Hermione era pensar en pasado. Pensar exactamente eso, que Ron " fue" y que no volvería a ser.

- ¿Aun le añoras verdad?

- No creo nunca deje de hacerlo. - Respondió apenada recordando como en unos minutos habia perdido a sus dos mejores amigos y todo su mundo se había derrumbado.

Severus se contrajo ligeramente cuando una punzada de temor atravesó su pecho. Tal vez competir por ocupar un lugar de honor en el corazón de Hermione contra el idílico recuerdo de un primer amor fallecido sería más difícil que competir contra un Malfoy vivo. El primer amor, (fallecido o no) no era algo que se olvidara fácilmente. El lo sabia bien.

- No se muy bien como me hice amiga de Draco. Supongo que porque en cierto modo yo le salve y el me salvo a mi. No voy a negarte que últimamente esta raro... si. Creo que solo esta algo confuso respecto a mi, pero estoy segura de que es algo pasajero. El es bastante inseguro sobre lo de perder a la poca gente que le importa de verdad y ahora con lo de su padre... Se podría decir que nuestra amistad se cimienta sobre eso. Los dos sufrimos una dolorosa perdida... Pero creo que mejor deberías hablar tu eso con el, cuando este preparado. Así que respondiendo a tu pregunta: No hay nada entre Draco y yo. Le quiero si, pero como un amigo y no puedo verle de otra forma porque...

- ¿Por que, que?

- Por que el... Por que no eres tu.

- ¿Yo? Por favor Granger...Yo soy un viejo y no soy guapo, mi nariz.. mi pelo. Soy un desastre.

- Tonterías. - Replicó Hermione. El iba a contradecirla pero no le dejo intervenir. - Pero si, es cierto. No eres guapo. Eres algo mejor que eso, eres atractivo, muuuuy atractivo. Es una lastima que te tengas en tan poca estima. - Se lamentó. Con un arranque de coraje decidió dejarle sus evidentes sentimientos más claros al mago. - Me gustas Severus, de hecho me encantas y yo tampoco he dejado de pensar en aquella noche. Quería más. Quiero más de esto, más de nosotros, más de lo que sea que tenemos... Aquí mismo o donde sea. No quiero perderte y eso me hace sentirme vulnerable porque tengo la impresión de que en cualquier momento desaparecerás sin dejar rastro. Creo que podría hacer lo que quisieras para evitar que eso suceda...

La mirada del mago se suavizó ligeramente, en su lugar algo en su interior brillaba con fuerza. Parecia entender exactamente lo que ella sentía.

- Querrás decir que harías lo que yo quisiera menos... obedecerme.- Bromeo de nuevo, sintiendo como su corazón latía contento ante las palabras de la Gryffindor.

- Bueno es que me gusta mucho que me castigue profesor Snape.

Riendo el volvió a abrazarla y ella se dejó caer de nuevo contra su pecho mientras el la acunaba entre sus brazos protectores.

– Júrame que estarás cuando las cosas empiecen a ir bien. Pase lo que pase... júrame que estarás a mi lado para celebrarlo.

- No soy un hombre que jure. Jurar implica un testigo, alguien o algo que se encargue de asegurar que eres fiel al juramento. - Murmuró el pocionista, recordando los dolores de cabeza que le dio el Juramento Inquebrantable que contrajo con la madre de Draco. - Prefiero las promesas, esas son compromisos con uno mismo y probablemente más sinceras que los juramentos.

- Esta bien pues... prometemelo.

- Te lo prometo Hermione.

Así permanecieron un rato, abrazados mientras ella tarareaba feliz la melodía del día anterior. Hasta que de repente notó como Severus a su espalda se tensaba, cuando trató de girarse para preguntarle que sucedía el se lo impidió murmurando. - No te muevas y no dejes de entonar esa cancioncilla tuya.

Hermione confundida obedeció tratando de mantener la calma mientras paseaba su mirada por el bosque, buscando algún peligro.

Entonces vio que unos metros más allá, un par de ojos amarillos les observaban desde los arbustos.

La pequeña criatura percibía claramente la energía mágica que emanaba de ellos pero también que no tenían ninguna intención de dañarle por ello, unos minutos mas tarde, dando pequeños pasitos salió de su escondite dejándose ver, para poder acercarse hasta la figura de la hembra humana que emitía ese agradable sonido.

Severus y Hermione inmóviles observaban a la criatura que se acercaba.

Se trataba de un pequeño animal que no parecía ser una amenaza. Su aspecto era pacifico y caminaba sobre sus gruesas y cortas patitas que casi ni se veían, pues estaban cubiertas por el llamativo y abundante pelaje que caía de su cuerpo. Era de color purpura brillante y de aspecto suave. Tenia algunas manchas azules pero parecía que pronto cambiarían de color hasta crear un pelaje uniforme. Se asemejaba a un pequeño elefante aunque sus orejas eran demasiado pequeñas, más bien se parecía a una especie de rinoceronte enano o hipopótamo. Para su sorpresa observaron que a pesar de parecer muy pesado no dejaba huellas sobre el suelo.

Cuando llegó hasta ellos la criatura se detuvo, desconfiada miró a Severus y luego centró de nuevo toda su atención en Hermione. Ella con toda la delicadeza y lentitud de la que fue capaz estiró su mano hasta su hocico sin dejar de tararear. El la olfateo e inclinándose le ofreció su cabeza para dejarse acariciar. Hermione pensó que el tacto era como el de terciopelo y notó que sobre la frente tenía un pequeño bulto de color plateado, parecía ser el principio de un cuernecillo que ascendía en espiral. Seguramente cuando la criatura creciese el cuerno alcanzaría un gran tamaño ya que por ahora solo era una cría.

Acariciando al animalito que ahora tenía los ojos cerrados disfrutando de sus atenciones, Hermione paloteaba encantada. - ¿Te has pedido pequeñín? ¿Dónde esta tu mami? Oooh eres adorable y seguro que muy bueno. ¿A que si? ¿Verdad? Estabas solito en el bosque, pobrecito...

Severus carraspeó a su espalda, molesto por ser ignorado tan olímpicamente.

Ella sin poder creer su suerte le miró sobre su hombro y en voz bajita dijo. - Es una cría de Snorkack.

- Ya lo veo.

- Luna tenia razón. - Comento asombrada.

El Snorkack se agitó y levantó atento sus orejitas que se movieron nerviosas.

Severus preguntó. - ¿Qué le pasa?

- No lo se. Yo solo he dicho que Luna tenia razón y se ha puesto ansioso. Espera, tal vez sea eso... ¿Luna? - Repitió mirando a la pequeña cría.

Entonces el animal dio un saltito y se alejó unos pasos correteando como un loco frente a ellos de una lado a otro... Ahora se le veía mucho más agitado.

- ¡Creo que reacciona así porque reconoce el nombre!. - Explicó Hermione levantándose y caminando hasta el tratando de calmarlo.

- Dudo mucho que esa pequeña bola de pelo con patas entienda lo que decimos Hermione... - Negó el mago enviándole una mala mirada a esa escandalosa cosa violeta y empezando a plantearse como capturarla.

- ¿Sabes donde esta mi amiga? ¿Esta con tu mama?- Preguntó la chica. El Snorkack ni la miró, así que ella lo intentó de nuevo. - ¿Puedes llevarnos con... Luna?

Esta vez si, de nuevo al mencionar el nombre de su amiga el animal correteó contento alrededor de Hermione mientras ella riendo repetía el nombre de la Ravenclaw.

Cuando se agacho hasta ponerse a su altura el pequeño Snorkack se detuvo frente a ella y lamió su mejilla. Ella mirándole pronunció claramente y muy despacio solo tres palabras mas. - Volvamos con Luna.

Al momento la cría de Snorkack echó a correr hacia los arbustos de los que había salido y volvió a salir de ellos, correteó nervioso y volvió a perderse entre la maleza. Repitió la acción varias veces. Era evidente que quería que le siguieran.

- Vamos. Será mejor que no perdamos de vista a ese bichejo. Sin huellas dudo que pudiéramos seguir su rastro. - Instó Snape, preocupado al perderlo de vista de nuevo.

- No creo que se aleje mucho y si lo hace recuerda que solo tenemos que... cantar. - Aseguró ella volviendo a entonar esa cancioncilla y atrayendo de nuevo a la pequeña cría hasta sus pies.

- Ese honor te lo dejo a ti. - Dijo Severus. Cogió la mochila, apagó la hoguera y se dispuso a seguir a la joven Gryffindor y a su nueva mascota por el bosque.

...

Unas horas más tarde Severus y Hermione atravesaban un pedregoso y angosto desfiladero, abierto entre dos enormes montañas. Al parecer era bastante profundo pero cada vez se estrechaba más. Ella confiada y optimista seguía al pequeño Snorkack de cuernos arrugados, pero el mago no ya tenia tan claro que eso fuese una buena idea. Justo entonces llegaron ante algo que no esperaban ver. Ambas montañas se juntaban en la parte más estrecha de la garganta y en esa unión alguien había excavado un especie de arco en la roca.

La pequeña cría continuó su camino, indiferente a esa construcción humana seguida de Hermione que iba a hacer lo mismo.

- Espera. - Pidió Severus acercándose al arco con precaución.

- ¿No crees que sea seguro atravesarlo? - Preguntó Hermione.

- Eso depende de si al que lo puso ahí le gustaban las visitas.

- Pero el lo ha atravesado sin problemas. - Indicó la chica señalando al Snorkack que al otro lado del arco les miraba confundido.

- El no es humano Granger.- Zanjó Snape.

Conforme, Hermione también se acercó al arco con cautela para examinarlo más de cerca.

En las piedras que formaban el arco una serie de toscas marcas verticales estaban grabadas directamente sobre la roca, algunas estaban prácticamente borradas por la erosión del viento y de la lluvia pero el conjunto parecía formar una inscripción.

No percibo ningún tipo de maleficio o hechizo defensivo. - Aseguró sorprendido. - Pero eso parece algún tipo de alfabeto rúnico... - Observó el mago molesto, ya que esa no era precisamente su especialidad. Por suerte una idea vino a mente. - ¿Tu asististe durante años a clase de Runas Antiguas no? - Preguntó mirando a la joven sabelotodo que estaba junto a el.

Hermione sumamente concentrada pasaba la yema de sus dedos sobre las marcas grabadas en la piedra. - Si. Es futhark antiguo. - Confirmó. - El alfabeto de runas vikingas. - Explicó sin apartar la vista de estas.

- Así que sabes lo que dice.

- Bueno... Si y no. Se lo que dice pero no lo que significa.

- ¿Y bien...? - Preguntó Severus impaciente.

- La traducción literal a nuestra lengua seria...

"Guerrero entra; pero recuerda: El día es breve y la noche eterna."

- De acuerdo, probablemente solo alude a las horas de luz de este país. En Suecia durante el invierno las noches pueden durar hasta dieciocho horas. - Indicó Severus sin darle mayor importancia.

- Lo dudo. - Contradijo ella aun pensativa. - Creo que habla... de la vida y la muerte. - Reflexionó.- La vida es breve pero la muerte eterna.

- Alentador. - Comentó Severus. - En ese caso conviene que nuestra visita a este lugar sea lo más breve posible. En marcha. - Ordenó atravesando el arco.

Avanzaron unos metros más, hasta que de repente el estrecho desfiladero se abrió por completo.

Ante ellos un pequeño valle de hierba fresca y verde se expandía en todas direcciones. Estaba amparado por altos muros naturales y cubierto por una gran bóveda entretejida con las ramas y el denso follaje de un gigantesco árbol en su centro, que a su vez estaba rodeado por un gran estanque circular en su base. El valle estaba salpicado de miles de colores procedentes de los coloridos árboles frutales pero sobretodo de las flores. Eran miles y miles de flores de todo tipo, flores comunes, silvestres, mágicas y otras que Severus y Hermione nunca habían visto.

Parecía ser un enorme y mágico jardín secreto. Protegido del resto del mundo y de sus habitantes gracias a la barrera natural que suponían para el las montañas, los acantilados y la copa del monumental árbol alrededor del cual parecía haber crecido ese extraordinario y pequeño paraíso.

Hermione recordó haber leído acerca de un lugar como ese, en una vieja leyenda de la cultura nórdica. Los vikingos creían que escondido en la tierra existía un lugar secreto como aquel, conocido como El Jardín de los Dioses, en cuyo centro se alzaba un inmenso árbol milenario llamado: Yggdrasill. Su interior servía de cobijo para un águila sin nombre que custodiaba junto con otras criaturas un mágico manantial, cuyas aguas otorgaban conocimiento y longevidad al que las bebiera. Sus fuertes ramas y raíces mantenían unidos a el Nueve Reinos que a su vez estaban separados entre si. Uno era el mundo de los gigantes, otro el los enanos, existía uno que albergaba el fuego primordial, otro que contenía todas las tinieblas de la creación habitado por monstruos y que era lo opuesto al mundo de la luz protegido por los elfos, también estaba el mundo de los muertos que jamás regresaban y el mundo de las tribus salvajes encargadas de cuidar de toda vida y de la naturaleza. Finalmente estaba Midgard, el mundo de los mortales donde vivían los humanos y Asgard, el Reino de los Dioses donde residían todas las deidades, gobernado por Odín y por su esposa Freya. Este reino tenía entre sus muros un gran salón llamado el Valhalla, reservado para los héroes mortales caídos en la batalla que se habían ganado el derecho a disfrutar de la eternidad en el, era una especie de limbo al que eran guiados por las Valkirias donde aguardaban libres de todo mal hasta la llegada del fin de los tiempos. Por dicha descripción Hermione siempre entendió que ese "Árbol de la vida" era concebido en la antigüedad como una especie de portal entre el mundo de los vivos y el de los muertos, pero para ella dicha leyenda siempre fue solo eso, un mito como tantos otros que se describían en los libros que leía. En cambio ahora... la posibilidad de que esa leyenda tuviese una parte de verdad había empezado a tomar fuerza en su cabeza. Algo en su interior le decía que estaban mucho más cerca de encontrar a Harry. La esperanza de que siguiera con vida cada vez era más real y probable.

La cría de Snorkack contenta por estar de nuevo en casa, saltaba feliz junto a ellos pero de repente sus orejitas se agitaron captando algún sonido que ellos no escucharon y echó a correr sin prestar más atención a la canción de Hermione.

Severus y ella se apresuraron a seguirle por el valle.

Pensaban que le habían perdido de vista cuando de la nada ante ellos apareció otro Snorkack similar a su pequeño amigo pero mucho más grande. El animal les cortaba el paso y mostraba su gran cuerno amenazante. Severus y Hermione intentaron retroceder pero el gran Snorkack dejó escapar un resoplido de disgusto coceando nervioso el suelo, así que se quedaron quietos pensando que hacer.

Severus iba a sacar su varita para maldecirle justo cuando el gran animal iba a embestirles pero entonces la pequeña cría de nuevo llegó corriendo hasta ellos, dejando escapar pequeños gruñidos desesperados y colocándose entre el mago y el gran Snorkack.

Hermione preocupada trato de hacer que Severus y la cría retrocedieran pero este ultimo se mantuvo firme en su posición. Ahora ambos animales se miraban, su pequeño amigo desafiante se mantenía firme, interponiéndose entre su especie y sus nuevos amigos humanos dejando claro que no quería que los dañara.

Entonces detrás del gran Snorkack vieron que otro de menor tamaño se acercaba y que subido sobre su lomo iba un mago de aspecto sumamente excéntrico. Era nada más y nada menos que el dueño del Quisquilloso, el señor Xenophilius Lovegood en persona.

- ¡Herbi! Pequeño travieso... ¿Dónde te habías metido? ¡Tus padres estaban muy preocupados! - Regañó paternalmente desmontando para acariciar juguetonamente a la pequeña cría que correteaba a sus pies, que después se fue trotando alegremente hacia la pareja de Snorkacks adultos.

- ¿Señor Lovegood...? - Le llamó Hermione, atrayendo la atención del mago mientras la pareja de Snorkack se alejaban tranquilamente con su pequeño a salvo junto a ellos.

- ¿Qué ocurre? ¿Quién eres y qué quieres? - Preguntó el hombre reparando en ella y bizqueaba ligeramente.

- Señor, soy Hermione Granger. - Respondió ella sonriendo gentilmente. - ¿No me recuerda? Estudie en Hogwarts. Soy amiga de su hija Luna y de Harry... - Explicó mirándole expectante.

El padre de Luna era ligeramente bizco, tenía el pelo canoso y vestía tan extravagante como siempre, pero al parecer ahora se confeccionaba su propia ropa a base de materia vegetal... Sobre sus hombros tenía una capa tan larga que se arrastraba por el suelo, hecha con una gran variedad de hojas verdes y marrones entretejidas. Debajo llevaba una psicodélica camiseta, seguramente teñida por el mismo con varios pigmentos naturales y unos pantalones bombachos a juego, manchados de tierra y atados con una cuerda, además iba descalzo. Para completar el conjunto su pelo blanco estaba más largo y esponjoso que antes, pero algo sucio y despeinado, con varias hojitas enredadas en el y una fina trenza de la que colgaba una gran pluma azul, lo que contribuía a incrementar ese aspecto de salvaje y chiflado... Algo que no iba a serle útil para tranquilizar a Snape.

Lovegood entrecerró los ojos y enfocó su ojo bueno sobre ella.- ¡Ah si! Te recuerdo. Si... Eres la lista y escéptica jovencita que hizo estallar mi casa. - Comento risueño.

- Si... - Confirmó ella, avergonzada por el incidente y sin querer recordarle que ya le aviso del peligro de tener un cuerno de Erumpent en el salón. - Este es el profesor Snape señor. - Informó haciendo que Lovegood reparara en Severus por primera vez. - El dio clase en Hogwarts y ha estado buscando a Harry...

- ¡VAMPIRO! Es un.. Es un vampiro. - Gritó Xenophilius aterrorizado, señalando a Snape y buscando desesperadamente su varita entre los pliegues de su bombacho.

Severus con un rápido movimiento le desarmo al instante antes de que lograra apuntarle.

- Señor Lovegood, cálmese. El profesor Snape no es un vampiro.- Negó Hermione, interponiéndose entre ambos y pidiéndole con la mirada a Severus que bajara la varita. Este accedió ya que Lovegood desarmado no suponía un peligro pero por si acaso volvió a situarse junto a ella.

- Claro que si. ¡La serpiente! La serpiente del que no debe ser nombrado le mordió, le mató... Potter nos lo dijo. ¡Aléjate de el niña! ¿No ves la palidez de su piel? Seguramente hizo un pacto de sangre con algún vampiro para aferrarse a este mundo. ¡Aléjate muchacha! ¡Podría morderte en cualquier momento! - Exclamó el hombre retrocediendo asustado.

Snape empezando a impacientarse rodó los ojos.

- Señor Lovegood es cierto que Nagini le mordió pero logro sobrevivir. Las lágrimas del Fénix de Albus Dumbledore le sanaron, por eso sigue vivo. - Explico ella con calma tratando de contener la risa.

- Efectivamente. Ahora Lovegood déjese de estupideces y dígame, ha dicho que Potter se lo dijo. ¿Sabe donde esta? - Preguntó Severus con brusquedad perdiendo la paciencia.

- ¿Seguro que no es un poderoso vampiro que te ha seducido para beber tu sangre...? - Preguntó en tono de confidencia el señor Lovegood acercándose hasta Hermione.

- Seguro señor Lovegood. El profesor Snape no es un vampiro, aunque este tan blanco con ellos. - Rió la chica ante lo absurdo de la situación. - Nunca traería a un peligroso vampiro hasta Luna. - Aseguró con seriedad. - Confíe en mi. Ha mencionada a Harry... ¿El esta...vivo?

El padre de Luna les miró, tomó aire y dijo. - Esta bien, seguidme. Luna os lo explicará.

Hermione comenzó a caminar detrás de el.

Severus molesto se situó junto a ella y dijo. - ¿Y tu te fías de este chiflado? Ya te traiciono una vez...

- Si Severus, confío en el. - Zanjó. - Además ya hemos llegado hasta aquí buscándoles y hemos tenido mucha suerte. Tal vez sepan donde esta Harry...

- Por aquí por favor. - Indicó Xenophilius con un gesto de su mano, enviándole miradas desconfiadas a Severus que estaba más malhumorado y rígido que de costumbre.

El mago les condujo hasta el pie del gran árbol que estaba rodeado por un estanque oscuro como la noche. Algunas ramas habían creado un puente natural entre la abertura de su tronco y la orilla del estanque el la que ellos estaban.

- Cuidado con los Nixes. Son unos espíritus de agua muy territoriales. - Advirtió el señor Lovegood señalando unas criaturas trasparentes de aspecto inocente que flotaban sobre el agua.

Caminaron hasta la abertura natural que era en realidad una entrada. El padre de Luna murmuró unas cuantas palabras y levanto las manos, haciendo que la barrera mágica que la protegía brillara antes de desaparecer, permitiéndoles el acceso al monumental árbol, hueco en su interior.

- Luna esta allí arriba. - Les indicó, señalando la pequeña e irregular escalera que ascendía por el tronco, pegada a su corteza interior que estaba llena de enredaderas y plantas.

Aparentemente esa escalerita llegaba justo hasta la copa.

Hermione asintió agradecida y tras enviarle una significativa mirada a Severus para que se mostrara amable y le devolviera a Xenophilius su varita subió por ella.

Snape la ignoró y ella no insistió porque parecía que estaba más dispuesto a obligar al señor Lovegood a subir delante de ellos que a otra cosa, aun así el le dejo escabullirse de nuevo hacia el valle pero por si acaso se quedó su varita. Si todo eso no era una trampa se la devolvería, más tarde.

Cuando llegaron arriba del todo un gran espacio circular abovedado les recibió. Entre las hojas del techo natural se filtraban los rayos del sol, era como estar dentro de un caleidoscopio lo que concebía a la estancia un aspecto onírico.

Hermione vio que en el centro de esta se situaba un pequeño manantial de agua cristalina, que cada cierto tiempo se desbordaba y se filtraba entre el compacto entramado de ramas y raíces que formaban el suelo. Tras ese manantial vio un gran arco, muy similar al que había en el departamento de misterios en el Ministerio de Magia de Londres. Solo que este no estaba hecho de piedra, resquebrajado y a punto de desmoronarse. Estaba hecho de fuertes ramas y lleno de vida, envuelto de hiedra, hojas y flores. Y no tenía colgada una andrajosa cortina negra que ondeara sola de manera inquietante, si no que una especie de agua gaseosa caía constantemente en cascada desde lo alto, como si se tratara de una tela blanca y ligera.

Entonces algo más llamo su atención.

En un lateral, una joven de largos y claros cabellos rubios (casi blancos) dibujaba sobre un cuaderno, mientras que pequeñas hadas trenzaban y entretejían su pelo colocando decenas de coloridas florecillas silvestres en el. La joven levantó su mirada soñadora del cuaderno clavando en ellos sus enormes ojos azules.

- ¡Luna! - Exclamó Hermione.

- Hola Hermione, te hemos estado esperando. - Dijo con su delicada y suave voz. Suspirando volvió a bajar su mirada para seguir dibujando sobre su cuaderno y añadió. - A usted también profesor Snape.

Tras un par de segundos dejó a un lado su cuaderno de dibujo acercándose hasta ellos seguida del pequeño enjambre de hadas que revoloteaban a su alrededor. Sonriendo abrazó a Hermione que le devolvió encantada el abrazo. Luna olía a flores.

La Ravenclaw después se dirigió a Severus que incomodo ante su penetrante mirada le tendió la mano para que ella la estrechara a modo de saludo, pero la chica la ignoró olímpicamente. Poniéndose de puntillas y sonriendo como si viera a Papa Noel le abrazó con el mismo afecto con el que había abrazado a Hermione.

- Bienvenidos amigos.

oOo


¿Que os ha parecido? Comentarme también vuestras impresiones sobre el capitulo o la historia en general y dejarme conocer vuestras opiniones o consejos. Estaré encantada de leerlos y de saber que estáis ahí. Seguro que me ayudan para continuar y no darme por vencida aunque a veces la inspiración no llegue o no sepa muy bien lo que hago xD

Muchísimas gracias a todos los que agregáis mi Fic a Follow o Favoritos, también a los que me comentáis y a los que lo hacéis de forma anónima. Agradezco mucho que lo hagáis porque así se que estáis ahí, formando parte de esta pequeña familia. Saludos y gracias por leerme! :)


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