Hola chicas! Volví! Aquí voy a subir otro nuevo cap. de esta historia. La verdad no actualice porque he estado estudiando para exámenes finales, y ayer pude agregar un nuevo cap. de mi otro fic, así que hoy le toca a este. Muchísimas gracias por todos los reviews, la verdad estoy muy feliz
Un beso grande a todas, nos leemos abajo
Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, todos fueron creados por la increíble imaginación de la fabulosa Stephenie Meyer, yo solo juego un poquito con ellos y les inventó una que otra historia.
Resumen: Isabella había aprendido que el destino a veces puede quitarte las cosas más importantes de tu vida, como así también devolverte esa gran pérdida con hermosas recompensas.
Luego de que su madre falleciera en un desastroso accidente, Bella Swan viaja a Forks para vivir con su padre, un simpático oficial de policías. Ahí se encuentra con una de sus mejores amigas, y juntas comienzan un año muy feliz, acompañados de increíbles y amistosos amigos. Todo era perfecto, hasta que en su vida apareció el misterioso Edward Cullen, quien pondrá su mundo al revés.
Puede alguien tan hermoso y encantador como el ser una bestia que pone en peligro su vida constantemente? Quizá podía serlo, pero ella sabía algo que nadie más comprendía, y era que el jamás podría dañarla, porque el amor que ambos sentían el uno por el otro era mucho más fuerte que cualquier otra necesidad, y por siempre sería así.
CAPÍTULO 2: Mel.
En mi cabeza me debatí entre si ir al instituto, como le había prometido a mi padre, o si por el contrario, era mejor escaparme y visitar algún museo o alguna biblioteca en el lugar. Pero me encontraba en una completa y terrible desventaja.
Forks era una pequeña ciudad dentro de Washintong. Con un clima lluvioso casi todo el año, su cielo siempre permanecía gris y nublado, pero por más que solamente fuese un pequeño y acogedor pueblo, todo eso era nuevo para mí, por lo que el único camino que conocía era la carretera desde mi casa hasta el instituto, y del instituto hasta mi casa.
Debería ir al colegio, pues no tenía otra opción, a menos que quisiera arriesgarme a explorar por mi cuenta y terminar quien sabe donde!
Tenía mi vista fija mirando hacia el frente. Trataba de guardar la melancolía que casi siempre se apoderaba de mí dentro de mi cuerpo, pero me era imposible.
Antes de mudarme a Washintong, había vivido en Arizona. Nada se comparaba a pasar un día en Phoenix, con el sol bronceándote la piel y el calor acariciando tus mejillas. Era como estar en el paraíso…
Forks, en cambio, era todo lo contrario… El viento era frío y fuerte, mientras que la habitual lluvia congelada se convertía en fastidiosa nieve, cubriéndolo absolutamente todo.
Era algo relativamente extremo, como vivir siempre en invierno, pero aunque no hacía mucho tiempo que vivía ahí (ni siquiera un solo día), imaginaba que el clima no podría ser tan insoportable como mi madre siempre lo había descripto.
Finalmente, doblé cuidadosamente en una esquina, tratando de maniobrar el pesado carro, mientras mis manos se resbalaban por el volante y mis pies cubiertos por unos altísimos tacones color carbón, trataban de esforzarse para no estrellarnos.
Ingresé al aparcamiento de la secundaria de Forks, y para mi propia suerte, pude notar que habían muchos autos en el estacionamiento, por lo que supuse que debido al duro frio que atacaba a la ciudad ese día, la mayoría de los adolescentes del pueblo se habían ausentado, dejando así varias plazas libres, la cantidad necesaria como para poder estacionar sin ocasionar ningún accidente.
Luego de la increíble hazaña que acababa de realizar (o al menos increíble para mi), me dispuse a tomar mi bolso para así descender y caminar hasta mi salón de clases, pero una simpática chica con los cabellos de un tono rojizo oscuro, comenzó a correr hacia mi muy alegre, distrayéndome casi de inmediato.
-Bella! , gritaba muy feliz. De haber sido cualquier otra persona de seguro huiría aterrada creyendo que esa chica era una psicópata o algo parecido, pero aunque me costaba horrores creer que era ella, me dí cuenta casi de inmediato que se trataba de mi prima, Melanie.
Demasiado feliz como para creerlo, bajé apurada el auto, olvidando por completo mis finos tacones y el hielo del suelo.
Cuando Mel se encontraba a solo algunos pasos de mi, traté de correr para abrazarla fuertemente, pero mi torpeza me ganó una vez más, y mis tacones chirriaron contra el congelado piso.
Por suerte, mi prima llegó justo a tiempo para sostenerme, antes de ocasionar mi primera humillación en Forks.
-Demonios, odio esto, susurre apretando los finos brazos de Mel al mismo tiempo en que apoyaba mis pies firmemente una vez más.
-Tranquila, para mañana ya caminaras como si esto fuese arena, o eso espero.
Levanté la vista y le sonreí alegremente.
-No puedo creer que estés aquí! , has cambiado tanto que casi no pude reconocerte!.
Melanie era insoportablemente alegre, simpática y juguetona. No éramos primas realmente, al menos no por lazos de sangre. Nos habíamos conocido en un viaje que yo y mi madre habíamos realizado a Hawai por cuestiones de su trabajo, mientras que ella solo había viajado para visitar a su abuelo, un viejo surfista retirado. Casi de inmediato nos dimos cuenta de que éramos totalmente diferentes, lo único que compartíamos era nuestro amor por la playa y el sol, pero aun así nos encantaba pasar tiempo juntas, por lo que nos convertimos en grandes amigas.
La última vez que la había visto había sido hacía unos cuantos años atrás, y ni siquiera se asemejaba al viejo concepto de Mel que yo había guardado en mi memoria por tanto tiempo.
-Si no fuera por tu molesta y chillona voz, habría creído que eras una loca demente!.
Ella rio y me abrazo. En general odiaba cualquier muestra de cariño que a mí se refiriera, pero en ese momento, por más que quisiera negarlo, un abrazo era el regalo ideal para mí.
