FOR MONEY
Lore-chan
Capítulo 4
ODAIBA 10.04 hrs
Takeru Takaishi 21 años, Estudiante de Literatura Inglesa en Oxford University, actualmente estudiante de intercambio de la Universidad de Tokyo hace 2 semanas)
Cuando Takeru colocó su dedo en el identificador de entrada al gimnasio por tercera vez y vio que el mismo lo rechazaba lanzándole un color rojo junto a "Unidentified" supo que Hikari le había cortado la suscripción.
Apretó los puños conteniéndose la ira. Ella lo engañaba, ella dejaba de hablarle y más encima tenía el descaro de negarle el acceso al lugar donde podía nadar para despejarse cuando se bloqueaba y no lograba seguir escribiendo su novela.
Hace una semana cuando trató de ingresar a la sede en Tokyo tuvo el mismo problema y desde informaciones no supieron (en realidad el cree que no quisieron) darle una solución. Así que espero toda la semana para tomar su moto y viajar ese sábado en la mañana a hablar con ella.
Ella iba a escucharlo.
-Bueno días, mi nombre de Kouichi Kimura. ¿Puedo ayudarlo? – Kouichi se había acercado al rubio después de verlo como maldecía por lo bajo y colocaba una y otra vez su dedo en el identificador sin resultados positivos.
Se habían mirado con su hermano el uno al otro tras el mesón batallando sin palabras para ver cuál iba a por el chico. Finalmente el duelo de miradas lo perdió él, así que se encogió de hombros y caminó sin muchas ganas a donde se encontraba el rubio. Hikari iba a tener que subirle la paga por el tiempo que estuviera poniendo caras en la recepción.
-No puedo ingresar – soltó Takeru entre dientes.
-No me digas – pensó Kouichi burlón para luego preguntar- ¿Puede facilitarme su tarjeta, por favor, para chequear que su membresía se encuentra en regla?
-Necesito hablar con Hikari – dijo sin más y sin intención de sacar su billetera del pantalón para pasarle la maldita tarjeta.
-La señorita Yagami aún no ha llegado.
-Entonces la voy a esperar.
Takeru se cruzó se brazos y caminó a unos sillones individuales que estaban cerca de unas grandes macetas frente a la recepción, se sentó en el que tenía diseños estrambóticos y no abrió más la boca.
Apretó los nudillos enrabiado hasta la medula del hueso. "Oh! Hikari, esta vez no te vas a escapar de la conversación que tenemos pendiente desde hace tanto" pensó dibujando una sonrisa malvada en su rostro.
Hace dos años que tenía atoradas las palabras en la garganta y para él que era escritor y que vivía en función de las palabras ese período de tiempo había sido tortuoso. No podía decírselas por teléfono porque necesitaba escupírselas en su cara y verla, así que tras eso, la posibilidad de siquiera escribirle un correo o mensajes se desechaba al instante.
¡2 años de noviazgo!
¡2 malditos años de perfecto noviazgo! Para que apenas él le dijese que había sido aceptado en Oxford y ella corriese donde Daisuke Motomiya. Ni siquiera esperó a que se subiera al avión para encamarse con el moreno. Claro, qué era Takeru Takaishi un simple estudiante ante Daisuke Motomiya que ya había sido llamado a la selección japonesa sub-25. Él… tan famoso, protegido especial de su ex cuñado y heredero seguro de la fama por la que ya pasaba Taichi. Desde que había llegado de Londres que los noticieros deportivos bombardeaban con que él sería el reemplazo seguro ante la repentina noticia del retiro de Yagami.
Y él tan estúpido creyendo que Hikari lo esperaba mientras el cumplía su sueño de ser novelista en tierras inglesas mientras estudiaba arduamente.
Debía agradecerle a la prensa rosa japonesa que le pudo abrir los ojos. Las revistas hicieron un festín con la noticia. La hermana del gran Taichi Yagami, dios del football japonés y dueño de las cadenas de gimnasios más exclusivos de Japón salía ni más ni menos que con su protegido favorito. El segundo dios del football japonés. ¿Qué iba a hacer frente a eso el pobre mortal Takeru que no alcanzaba ni para señor de las letras?
Después de ver las fotos, porque habían fotos, el rubio cortó todo tipo de relación. Ella desapareció y él quiso hacer lo mismo. Creyó que el estar tan lejos de su país le ayudaría a olvidarse de todo y eso sucedió. Aprovechó la corta distancia entre Londres y Paris y comenzó a visitar a su hermano Yamato Ishida con toda la regularidad posible que el estresante trabajo de su hermano le permitía. Pasaba fines de semanas completos con él y su esposa falsa.
"Ufff esposa falsa, al parecer los Ishida-Takaishi apestamos en el amor" pensó.
Todo iba bien… hasta que el tema de Catherine Ishida explotó, la perfecta señora Ishida no era quien decía ser. Su hermano se sumió en una profunda depresión que amortizó sumiéndose en más y ´más trabajo. Ya no se veían. Yamato después de meses partió a Roma quien sabe a qué y Takeru volvió a tener demasiado tiempo para pensar.
Y como si la vida no fuese suficientemente irónica le ofrecieron una pasantía de 6 meses en la Todai. La mejor universidad de Japón. Era el mejor estudiante de su generación y lo estaban premiando.
Antes de firmar los papeles se dijo a si mismo que esta era su revancha y que si iba a volver a Japón era por algo. Iba a cerrar ese puto ciclo y después volvería a Inglaterra.
¿Qué otra cosa peor ya podría pasarle que ya no le hubiese pasado a su tan corta edad?
-Buenos días Kouichi, Kouji
Takeru pegó un brinco desde su posición. Era su voz.
-Buenos días, Hikari – saludaron los aludidos en coro.
Era el momento.
Se levantó de un golpe levantando la cabeza y sin que tuviera la necesidad de avisarle a sus piernas que caminaran, éstas ya habían avanzado con velocidad hasta la castaña. Ella después de saludar a los gemelos iba a comenzar a caminar hacia la mampara de vidrio pero se giró a él al ver la figura de alguien acercándosele. El rubio sonrió internamente al ver como el rostro de Hikari se desencajaba sin poder evitarlo en lo más mínimo.
-T-Takeru… ¿Takeru? – tartamudeó sin salir de su asombro.
-Me cortaste el corazón en mil pedazos… y ahora me cortas la membresía. ¿Qué más estás esperando cortar, Hikari?
Zoe abrió los ojos a medida que pestañeaba con insistencia para acostumbrarse a la luz que entraba por la ventana. Suspiró sonriendo y sintió como el brazo que la sostenía por la cintura se cerraba aún más a su figura. Su espalda estaba pegada al pecho de Hiroaki y lo sentía respirar en su oreja izquierda con calma.
Volvió a sonreír.
"Sí, estoy enamorada" pensó respondiendo a la pregunta que ayer Mimi le había formulado y que ella debió esquivar a toda costa.
No sabía cómo había pasado. Ella podía estar perfectamente con alguien de su edad o quizás solo un par de años mayor. Pero ella se enamoró de Hiroaki Ishida contra cualquiera de sus pronósticos.
Se enamoró porque vio en él protección, cuidado, confiabilidad, respeto, entrega y a un hombre maravilloso que se escondía del mundo trabajando. No le importaban los 34 años de diferencia. Eso era irrelevante para ella.
Lo que importaba era que él la aceptaba con su trabajo. Uno que ella lamentablemente no podía dejar aunque quisiera. Porque si lo hacía la iban a perseguir por siempre. Ella sabía demasiado, maldita vida que tuvo que tener para tener que saber demasiado.
Cambiaría todo ese saber por una vida simple al lado de Hiroaki, el hombre que la había hecho sentir. Sentir alegría, sentir tristeza, angustia, amor. Quizás lo suyo estaba destinado a ser, se habían topado dos personas rotas… ella rota por su pasado en Italia y un poco por lo que vivía en Japón y él roto por su vida familiar.
Distintas generaciones rotas, por diferentes causas, pero rotas al fin y al cabo.
El mundo podía opinar y decir lo que quisiera pero para Izumi, Ishida era el hombre más guapo de todos. Adoraba su rostro cansado, le producía ternura. Adoraba el cómo la tocaba, como si la estuviese descubriendo nuevamente cada vez que lo hacían. Adoraba su cuerpo imperfecto por el paso de los años, para Zoe era perfecto. Adoraba su mirada entristecida por tener a sus dos hijos lejos. Sus hijos eran lo más importante para él, se lo había dicho en innumerables ocasiones.
Adoraba todo de él.
Giró sobre sí misma para poder tenerlo frente a frente y no pudo evitar esbozar una sonrisa llena de ternura. Lo conocía hace 3 años y la mitad de ese tiempo llevaba una disfuncional relación con él.
A pesar de que la muerte de su padre había sido dolorosa, en cierta medida, agradeció que el infeliz hubiera sido asesinado ya que gracias a ese acontecimiento ella lo llamó a su celular pidiéndole quedar a su lado. No quería estar sola ese día, los fantasmas de su niñez y adolescencia en Italia la iban a atacar sin piedad. Lo sabía.
Y desde ese día no se separó más. Ese día surgió algo. Comenzó a quedarse en su departamento muchas veces por semana, siempre apagando su celular para que Izzy no la rastreara. Cuando ambos coincidían en fines de semana libres lo pasaban todo el día en el departamento riendo. Izumi sabía que de esa forma ella olvidaba su vida y él olvidaba que sus hijos estaban lejos.
La rubia se acercó lentamente a sus labios y le robó un beso provocando que Hiroaki se sacudiera en un escalofrío.
-buenos días – susurró ella pegándose más a él.
-Buongiorno – sonrió el hombre sacándole una risa a la chica a medida que abría ojos.
-Me gusta cuando hablas en italiano. Me provoca… cosas – le dijo coqueta.
Se miraron por casi un minuto con ojos de adolescente enamorado, hasta que ella tomó la iniciativa y lo atrajo hacia sí de tal forma que él quedó sobre su cuerpo. Lo besó a intervalos para más tarde devorarlo en profundos besos llenos de deseo.
La rubia sintió cerca de su entrepierna su sexo duro y sin dudarlo ni un segundo más lo atrajo a su interior soltando un gemido al sentirlo adentro. Podría tener 55 años pero tenía un miembro en perfecto estado, funcionando al 100% y de un excelente tamaño. No tenía nada que envidiarle a hombres de menor edad.
Hicieron el amor por casi una hora hasta que Zoe se desplomó en la cama tras arquearse tras un potente orgasmo. El Ishida cayó a los segundos después respirando agitadamente mientras le acariciaba el rostro y besaba su frente.
-¿tienes que ir a la televisora hoy? – preguntó ella entre jadeos.
-No.
-Yo debo ir al gimnasio, pero si quieres puedo volver para que almorcemos juntos.
-siempre quiero que vuelvas. En realidad… nunca quiero que te vayas – le dio un beso corto en la boca y los ojos de ella brillaron ante la declaración.
-Prometo volver y quedarme hoy contigo.
Para Hiroaki eso fue suficiente. La volvió a besar nuevamente y se levantó de la cama.
-Prepararé el desayuno – dijo ella saltando de la cama y tomó la camisa que el llevó puesta el día de ayer para colocársela – Puedo preparar unos emparedados de tomate cherry y queso mozzarella.
-hay de todo en la nevera – indicó el hombre que ya se había metido al baño para darse una ducha.
Zoe caminó hasta la amplia cocina notando que Hiroaki había adelgazado. Esa camisa le quedaba, si bien holgada, más apretada que otras que había ocupado. Se amarró su largo cabello en una coleta para no ensuciar el desayuno.
Preparó el café tal cual como le gustaba al hombre de cabellos castaños y esperó a que el queso se derritiera en los emparedados dentro del horno eléctrico.
El sonido de horno completando el ciclo sonó al mismo tiempo que el timbre del departamento.
De seguro y era el chico del periódico, generalmente este lo dejaba en el felpudo, pero había visto a Zoe una vez en el departamento y desde allí siempre se aseguraba de tocar el timbre y pasárselo en las manos.
"Claro, debe pensar que eres mi hija" había reclamado el Ishida en su momento.
Que viera ese tipo que ella no quería nada con él, se abrochó dos botones más de la camisa y la curva de sus senos se notó aún más. No iba a ser necesario que acortara la camisa ya que le tapaba lo justo y necesario. Ella era alta, no tanto como Hiroaki, pero más que el promedio de mujer japonesa. Se volvió a acomodar la ropa esperando que supiera que ella era la mujer de Ishida, no su hija y que no volviera a mirarla de otra forma.
Con esas intenciones abrió rápidamente la puerta principal sintiendo como la brisa de la mañana entraba.
-¿No traes el periódico cierto? – murmuró ella al ver a un hombre rubio de ojos azules que estaba frente a ella mirándola confundido.
-Creo que me equivoqué de apartamento – fue la respuesta de él al verla en paños menores. Iba a darse la media vuelta pero le echó el vistazo a la placa un lado de la puerta y decía: "Ishida" – No espera, no me equivoqué.
Orimoto iba a hablar pero la voz de Hiroaki la interrumpió desde la interior.
-Zoe… no me digas que es el tipo del periódico otra vez.
-No, en realidad…
El rubio afuera del departamento no esperó invitación y entró desconcertado. No entendía qué pasaba. Le había abierto la puerta una niña casi desnuda de la edad de su hermano vistiendo la camisa de su padre.
Cuando vio que Hiroaki salía del dormitorio con el cabello mojado y con una toalla rodeándole la cintura todo se reveló. Era sumar 2 + 2.
-Yamato – susurró el hombre asombrado. Zoe pegó un brinco ese era el nombre de uno de los hijos de Ishida - ¿Cuándo llegaste de Paris?
-Ayer – se limitó a responder omitiendo que en realidad había llegado de Roma. Miró a la rubia nuevamente. Podría apostar su placa de la Interpol a que la camisa era lo único que la cubría. Era una chica endemoniadamente hermosa de esas que Taichi constantemente alardeaba de llevarse a la cama. Volvió a mirar a su padre - ¿Qué sucede aquí? Digo, sé lo que sucede aquí… pero esta niña no tiene más de 20 años, papá.
-Tengo 21 – corrigió ella de inmediato frunciendo el ceño provocando que Hiroaki quedara blanco como papel.
-… ¿Papá...? – Exigió Yamato entre dientes - ¡¿Qué mierda haces con una niña de la edad de Takeru?!
Mimi miró de reojo a Takuya Kanbara mientras le indicaba cómo funcionaba la trotadora. No era nada complicado, pero ella no habría podido haberla echado a andar sola.
El chico le preguntó acerca de la dieta que estaba llevando y Mimi simplemente recitó las palabras que el Doctor Joe Kido le había dicho días atrás. Nada de azúcar, nada de grasas, nada de harinas blancas. Es resumen solo pasto, carnes magras y tonteras integrales. Ante esto, el moreno le aconsejó proteínas en polvo. Ella se escandalizó un poco creyendo que quedaría como los fisicoculturistas llena de músculos por doquier y adiós con su femineidad.
-No. Hay proteínas para adelgazar y tonificar como hay proteínas para la incrementar musculatura – le tranquilizó – te voy a dejar las primeras. Acelerará el proceso y si sigues los tips en 6 meses puedes ver resultados óptimos.
Continuaron conversando acerca de la rutina de ejercicios pasando por distintas maquinas tanto del primer como del segundo piso. Le recomendó que tomara alguna clase de baile para que no cayera en monotonía. Después de pensarlo bastante optó por poledance, era un baile sensual y Tacuya le dijo que le iba a servir a su musculatura ya que iba a necesitar fuerza para los movimientos.
Mimi lo encontró atractivo ya que siempre le llamó la atención el como con tanta facilidad podían subirse al caño y hacer complicadas piruetas. A eso le sumaba que era un baile muy exótico. Algo que seguramente habría escandalizado a su difunto padre y a su débil madre.
Mientras la castaña comenzaba su ejercicio en la trotadora su Personal Trainer la dejó unos minutos excusándose que iría a chequear a otras chicas al segundo piso donde estaban las máquinas de pesas. Le pidió que por favor le cuidara una de sus camisetas ya que aún no iba a su casillero a guardarla. Ella asintió.
Debía completa una tanda de 45 minutos, iba por los 15 y ya estaba cansada. Hacer ejercicio no era lo suyo, pero debía estar allí. Era una de las condiciones de su trabajo.
Su vista se perdió en el Rainbow Bridge contando los autos que iban de un lado a otro.
Había estado esa mañana con Koushirou Izumi hablando del tema de pagos, entre otros temas. Ella se llevaba el 35% de cada cita y cualquier regalo extra que recibiera era íntegramente suyo, tenía estrictamente prohibido entregar su número de teléfono y decir su nombre real. Tenía un día libre a la semana y otro del fin de semana. Su horario máximo eran 10 horas de trabajo, pero si ella quería agendar más, no existía problema siempre y cuando la calidad fuera la misma y no recibiera quejas. Sacó las cuentas y podía llegar a ganar más de 80.000 dólares al mes.
También le informó que tenía que estar el día lunes a primera hora en Tokyo en el estudio de una diseñadora llamada Sora Takenouchi que la vestiría para una desfile que el pelirrojo tenía planeado dar a fines de mes. Le recalcó que debía hacerse amiga de la mujer ya que esperaba que en el futuro ella fuera la diseñadora oficial de "las chicas".
Se preguntó si podría ir con Zoe, ella aún no se acostumbraba a ese mundo y la rubia le daba una confianza que no encontraba en nadie más.
"¿Dónde estará Zoe…?" se preguntó al recordarla.
Habían quedado de juntarse en el gimnasio a las 9.30 pero ya iban a dar las once y no había rastro de la rubia de ojos verdes. Trató de llamarla varias veces pero su celular sonaba apagado y la mandaba directo al buzón de voz.
Inconscientemente comenzó a subirle la velocidad a la máquina y comenzó a trotar haciendo que la coleta se meciera de un lado a otro. Si otros podían, ella también podía correr un rato.
-Hoy no traes bolsas…. – comentó una voz juguetona a sus espaldas. Mimi reconoció al instante al dueño de la voz. Se puso nerviosa y en vez de bajar la velocidad la subió provocando que sus piernas se cruzaran y cayera de cola en la trotadora que la deslizo con fuerza hasta el piso.
¡Ouch! ¡Eso había dolido!
Él chico no pudo evitar reír ante el accidente que presenció. La castaña levantó la vista encontrándose con el moreno que conoció ayer en la noche en la cafetería que le mostraba en una sonrisa todos esos lindos dientes blancos. No se sonrojó pero sí le comenzaron a sudar las manos y el corazón le latió más fuerte de lo normal y no era a causa del trote.
Él le extendió la mano y ella la tomó para levantarse del suelo.
-Disculpa por haberte distraído – se excusó.
Mimi iba a responderle, pero sintió demasiados murmullos a sus alrededor. ¿Habían visto su torpeza y estaban burlándose de ella? Dio un vistazo sobre el hombro y notó que efectivamente estaban mirando en su dirección, pero no a ella… lo estaban mirando a él.
Las chicas reían por lo bajo y los hombres presentes lanzaban comentarios de asombro.
Ella no entendía nada.
-Sr. Yagami – dijo de pronto Takuya Kanbara que recién había llegado. Mimi lo vio realizar una elegante y profunda reverencia – un verdadero placer conocerlo.
…Yagami… Yagami… Yagami…
Su hermano también trabaja… de hecho es muy famoso. Es Taichi Yagami ….¿Me vas a decir que no conoces a Taichi Yagami?
-Dime Taichi por favor, me siento de 40 cuando me tratan de señor – rió el moreno
Mimi palideció.
Ese era Taichi Yagami el delantero más famoso de la selección japonesa y blablablá que le había contado Zoe. El hermano "vago" de Hikari Yagami, el que "no trabajaba "y se llevaba las utilidades.
Tenía que comenzar desde hoy a ver las noticias.
-Cuéntame Kanbara – comenzó Taichi después de leer su nombre en la camiseta del gimnasio – ¿eres el personal trainer de la señorita?
-Si señor… digo, si Taichi. Comenzamos hoy y…
-¿Te importaría si te relevo? – Preguntó provocando que tanto Tacuya como Mimi abrieran los ojos asombrados - Ayer hablé con mi hermana y me contó que están con una persona menos. Yo puedo acompañar a la señorita en sus ejercicios y guiarla sin ningún problema.
-No estás con la vestimenta adecuada – soltó Mimi sin pensar. Se sentía totalmente incómoda ante la propuesta del moreno.
-Eso es fácil de solucionar.
Y sin decir nada más se sacó su camisa a rallas provocando un suspiro generalizado en las mujeres presentes. Mimi se sonrojó, SE SONROJÓ, años que sus mejillas no se cubrían de esa rojez tan común. El torso de Taichi Yagami estaba tallado a mano por el mismo tipo que talló la estatua de "El David." Pero sus músculos eran más acentuados, tenía un sick pack de ensueño. Su piel canela invitaba a tocarla y a perderse en cada centímetro.
Era exactamente igual (y mejor incluso… ya que desde la primera fila era todo mejor) a esos tipos que aparecían en las revistas de fitness que la Tachikawa leía en Nueva York.
Paso a un lado de Mimi rozándola con su pecho para alcanzar la camiseta extra que había dejado Kanbara a su cuidado.
-¿Es tuya? – Takuya asintió y él se la colocó ante las miradas lascivas de las presentes – ¿Ahora estoy con la ropa adecuada o no señorita?
Taichi sonrió aparentando inocencia y Mimi se dio cuenta que tenía la boca abierta. Al darse cuenta de su estado desvió la mirada con ganas de decirle que aún no estaba listo ya que andaba con Jeans, pero tuvo miedo de que si se lo decía el moreno fuera capaz de sacárselos ahí mismo.
-¿Me vas a decir por qué me cortaste la membresía? ¿No se suponía que era indefinida?
Hikari no sabía qué responder. Hace 20 minutos que Takeru le preguntaba una y otra vez por su membresía y ella lo único que tenía que decir era que ya no quería verlo. Que sentía una vergüenza enorme y que no quería topárselo en el gimnasio.
En cuanto supo que iba a volver a Japón anuló sus registros para impedir tenerlo cerca suyo.
¡Maldición! No estaba preparada, no estaba preparada.
-Hikari – Takeru se acercó a ella que continuaba caminando en círculos, divagando y balbuceando sin sentidos. La detuvo tomándola de los brazos - ¿Me vas a dar la cara o vas a seguir escondiéndote? – ella desvió la mirada al suelo - ¡Hikari, por un demonio! – exclamó sacudiéndola.
-¡Tu tuviste la culpa! – exclamó al fin soltándose de su agarre y fue a refugiarse tras de escritorio.
-¿Perdón? – Takeru levantó una de sus cejas incrédulo. ¿Él tenía la culpa? - ¿de qué tengo la culpa?
-¡De irte! ¡De dejarme sola!
¿Era una broma? ¿En verdad ella estaba diciendo… lo que estaba diciendo?
-¡Me fui a estudiar!... !Bloody hell! – Masculló al final aquella frase tan típica británica – Me fui porque me aceptaron en Oxford… ¡En Oxford, Hikari! ¿Sabes lo que significó para mí? ¿Estudiar en el mismo lugar donde estuvieron T.S. Elliot, Oscar Wilde, Aldous Huxley…? Sabes de mis sueños…
-¿Y de los mios? – Interrumpió - ¿me preguntaste acaso de los míos? ¡Te concentraste solo en los tuyos y me dejaste de lado! Desde que llegó esa maldita carta que te alejaste de mí, hablabas de Inglaterra todo el día. Te olvidaste de mí. Estabas tan preocupado de revisar tu ticket de avión, de mirar la estúpida dirección de tu residencia en google maps, de tener un calendario donde marcabas los días que te quedaban para irte que no miraste sobre el hombro para preguntarme ¡qué quería yo! Y ¿sabes qué quería?... ¡Te quería a ti! Mi sueño era quedarme a tu lado donde fuese que estuvieses y cuando te dije que me iría contigo a Londres… ¡¿Qué me dijiste?! – el rubio la observó en silencio. La rabia inicial había menguado y se había quedado callado durante el monólogo de la chica - ¡Me dijiste que NO!
-Taichi necesitaba alguien de confianza al frente del gimnasio – se defendió.
-No metas a mi hermano en esto, porque él habría entendido. Habría elegido a otra persona.
-Taichi no confía en nadie más que en ti. Después de la muerte de tus padres…
-¡Ni se te ocurra mencionar a mis padres, Takeru! – exigió Hikari golpeando su escritorio con las palmas de ambas manos – Te fuiste. Te di la opción de irme contigo y la rechazaste. Y eso nadie no va a cambiar.
-¿No pudiste esperarme siquiera? ¿No pudiste pensar que podía funcionar a pesar de la distancia? Yo iba a volver por ti. ¡¿Por qué demonios no esperaste a que volviera por ti?! Estuvimos juntos 2 años Hikari ¿Por qué creíste que no iba a volver nunca más?
-¡Porque dejaste de llamar!, ¡Dejaste de escribir! ¿Acaso no es motivo suficiente para pensar que ya no volverías y que se había acabado? Te llamé, te escribí hasta el cansancio y jamás recibí respuesta de tu parte.
-¡Vi fotos tuyas con Daisuke Motomiya!, se estaban besando. Y yo sólo me había ido ¡hace 1 semana!.
-¡Él me besó! – Hikari estaba perdiendo la paciencia. Recordaba que Daisuke la había estado consolando fuera de un restaurante de comida típica donde la había invitado a cenar. Ella no podía parar de llorar por la ausencia del rubio. De un momento a otro el muchacho se había acercado demasiado para robarle un beso y ella en su tristeza se lo correspondió para luego separarse asustada. Claro los periodistas sólo capturaron la parte más importante. La bofetada que Hikari le había dado después no era noticia. – yo te amaba a ti.
-Sí, claro. - Takeru bufó – él te besó… tu no querías porque me amabas según lo que estoy infiriendo por tu casi nula explicación, pero de todos modos ahora son novios. No sé… hay algo que no me cuadra. Quizás sea tu hipocresía – finalizó mirándola con el ceño fruncido.
Ella no dijo nada pero lo observaba negando con la cabeza y aguantándose las lágrimas.
Se reflejaron en las pupilas del otro durante minutos eternos. Takeru aún tenía resentimiento en su mirar, ninguna explicación recibida le había dado una respuesta concreta, ninguna saciaba su dolor. Hikari en cambio solo transmitía angustia, en verdad ella no pensaba volver a verlo. En verdad, ella creyó que él jamás volvería y tenerlo ahí al frente sólo le daba una respuesta: seguía enamorada.
-Necesito que me actives mi membresía – dijo al fin el Takaishi – Sabes que nadar me despeja y últimamente he estado sufriendo períodos de bloqueo.
Hikari dudó. Eso significaba verlo más seguido de lo que quisiera.
Ambos habían adoptado la costumbre de nadar cada vez que necesitaban alejarse del mundo.
Cuando Taichi mando a hacer los planos, ella había rogado a su hermano que la piscina estuviera en el último piso con techo de vidrio para poder ver las estrellas, la bahía y el puente.
Se iban a topar en la piscina, eso estaba claro.
-Debo comportarme como la adulta que soy – pensó la castaña sentándose en su escritorio para luego teclear por unos minutos. Después de un click final estaba todo resuelto – Estas suscrito nuevamente – le susurró
Takeru asintió y giró sobre sus talones para salir de la oficina. Iba a tomar la manilla de la puerta cuando notó el enorme bouquet de rosas blancas en una pequeña mesa. No pudo evitar sentir un dejavú… él siempre le regalaba rosas blancas a Hikari.
Volteó a mirarla y notó que ella sabía perfectamente qué estaba pensando.
-Siempre mantengo en mi oficina rosas blancas… - la Yagami esperó que con esa oración él entendiera que no lo había olvidado.
-A esta conversación le faltó algo… - comentó Takeru más para sí que para ella, obviando las palabras de la castaña– le faltó un punto final pendiente hace años: Esta relación se acabó, Hikari.
La castaña comenzó a tiritar en su puesto en cuanto el rubio salió cerrando la puerta y cuando notó que habían pasado varios minutos desde su partida echó los brazos a su escritorio para llorar sobre ellos desconsoladamente.
Tokyo
Lunes, 8:44 am
Mimi tenía mucho sueño y estaba adolorida. El día sábado había pasado alrededor de 4 horas en el gimnasio siendo dirigida con Taichi Yagami, el dueño. El tipo resultó ser mucho más agradable de lo que pensaba y, si bien, su primera impresión fue de que se trataba de un hombre realmente atractivo también le agregó a eso que era muy divertido. La hizo reír durante casi todas las máquinas de ejercicios contándole una gran cantidad de anécdotas ganándose la envidia de todas las mujeres que lo miraban como barra de chocolate suizo.
La pasó bien ese primer día, pero Zoe nunca apareció.
En la tarde había pasado a ver a su madre al hospital y estuvo allí hasta que la echaron. En cuanto salió del lugar volvió a llamarla, pero su celular seguía apagado.
Lo intentó también durante todo el día domingo, sin resultados.
¿Dónde estaba Orimoto?
-¿Mimi Tachikawa?
Mimi se levantó del asiento en donde estaba en cuanto escuchó su nombre.
Frente a ella estaba Sora Takenouchi vestida con una refinada y larga falda gitana de seda en tonalidades naranjas, cremas y blancas que acompañaba con una hermosa camiseta de tiritas sobre la cual caía un collar que le daba varias vueltas al cuello. Mimi pensó de inmediato que la pelirroja era realmente elegante, tenía muy lindas facciones; su vestimenta la favorecía totalmente. Y por alguna extraña razón, sentía que ya la había visto antes.
-Lamento haberte hecho esperar, pero me tuve que devolver a mi automóvil a buscar el celular de un amigo que lo olvidó en la cafetería de mi madre.
-No, no se preocupe. De todas formas yo llegué hace algunos minutos.
Ella simplemente sonrió y juntas atravesaron una puerta corrediza que seguía a la pequeña recepción en donde había estado Mimi esperando.
Sora dejó dos celulares sobre un gran mueble que perfectamente podía medir 2 metros y medio de largo Se podían apreciar distintos cintos, pedrerías, brillos, hilos, etc.
A un costado había un sillón verde pistacho que daba a una pequeña tarima que era rodeada por tres grandes espejos. Habían vestidos por doquier, telas a medio cortar, zapatos, accesorios colgando de maniquíes y más al fondo una cortina, que Mimi supuso era un probador.
-Muy bien. El señor Izumi me pidió que te diseñara 5 vestidos. 2 de cocktail y 3 de alta costura – comenzó a hablar Sora ojeando su agenda – la verdad es que como lo quiere antes de fin de mes vamos a tener que vernos muy seguido. ¿Es posible que vengas 3 veces por semana? Tengo que hacerte pruebas, medirte, hacer ajustes y además debemos discutir los diseños.
-Bueno él me dijo que si tenía que estar todo el día acá, tenía que hacerlo – Mimi se encogió de hombros. No entendía por qué de un momento a otro esa manía de Koushirou de que ella debía desfilar. ¿Para qué? si su función era otra.
-Eso es perfecto. Espero el horario no te incomode, sé que es temprano, pero por alguna extraña razón mi imaginación vuela mejor es las mañanas. Cuando el Sr. Izumi me dijo a las 8.30 fue realmente increíble. Las noches las dejo para coser y darle detalle a los vestidos.
Mimi no dijo nada. Su imaginación corría después de dormir y dormir y dormir por varias horas.
Sora Takenouchi se movió de su lado para traer consigo una larga barra con ruedas donde colgaban al menos 40 vestidos de varios colores, cortes y texturas. La castaña la notó bastante entusiasmada.
-Me gustaría que primero te probaras algunos diseños para ver bien cuales te favorecen más – le dijo sacando un par de vestidos. Te puedes probar allí en la tarima o bien allá tras la cortina. Aunque si eres modelo me imagino que estás acostumbrada a que no te de vergüenza que te miren mientras te cambias.
La Tachikawa asintió. Después de todo, sí había sido modelo y no le molestaba desnudarse, menos si era frente a otra mujer y si estaban ambas solas.
Dejó los vestidos en el sillón y comenzó a sacarse los pantalones, la camiseta negra y su sujetador quedando solo en pantaletas para ir por el primer diseño que era un largo vestido blanco invierno.
-Ese diseño definitivamente te queda precioso – exclamó la pelirroja una vez que le terminaba de subir el cierre invisible que llegaba a media espalda. Era un vestido largo con falda de tul, arriba le quedaba un poco apretado ya que su busto era más grande que el promedio de las modelos anoréxicas pero gracias a que se abrochaba al cuello le daba un buen sustento - Podría diseñarte uno parecido pero que no tuviera espalda y con menos tul – Sora se paseó alrededor de Mimi con la mano derecha en mentón sopesando posibilidades – tienes un cuerpo mucho más curvilíneo que las típicas chicas planas que me han mandado de otras agencias. Tengo en mente unos diseños que van a acentuar delicadamente tu pequeña cintura y que realcen tu busto. Siempre por elegancia – dijo ella guiñándole un ojo – deberías ser modelo de ropa interior o de trajes de baño, aprovecharías más tu talle.
Mimi la miraba en silencio no tenía intención de sacarse fotos en paños menores ni mucho desfilar así. De hecho, la habían despedido de la agencia en New York por culpa de sus curvas, era demasiado "gorda" para las pasarelas donde la delgadez enfermiza y extrema era requisito primordial. Le dijeron en tono de broma que probara con "Victoria's Secrets".
La mujer iba a decir algo más, pero el timbre de su estudio la interrumpió. Le bajó el cierre del vestido a Mimi mientras le pedía que se probara uno corto en color vino. Tomó uno de los celulares que había dejado en la mesa y se excusó con la castaña indicándole que no tardaría.
-Buenos días – saludó Sora a Yamato abriéndole más la puerta para que pudiese pasar – aquí está tu celular. Trata de tener más cuidado para la próxima vez.
-ajá.
El rubio estaba distraído y Sora notaba que también había molestia en él.
-¿sucede algo?
-No – cortó tomando su celular y metiéndolo en el bolsillo del pantalón.
-¿Estás seguro?
-Sí.
-¿Tengo que decirte que te conozco desde los 10 años?
Yamato bufó resignado y se desordenó el cabello. Tenía ese tic cuando se encontraba ofuscado.
-Descubrí a mi padre acostándose con alguien – soltó mirando al piso.
Sora no pudo evitar reírse un poco ante la oración. El padre de Yamato era bastante adulto, independiente y separado para rehacer su vida. El rubio estaba exagerando.
-Y ¿cuál es el problema? Tu papá es libre de hacer lo que quiera, lleva años separado de…
-Se está acostando con una niña de 21 años, Sora.
-Oh… eh… bueno – su amiga abrió los ojos a más no poder quedándose momentáneamente sin palabras.
-Fui el sábado donde mi padre a invitarlo a almorzar. No le había dicho que estaba en Japón, así que fui con la intención de darle una sorpresa. Me abrió la puerta una niña que pensé que no tenía más de 20 vistiendo una de las camisas de mi papá – Sora arqueó sus cejas – vestía solo la camisa de mi papá, Sora.
-Y… ¿cómo es ella? – preguntó curiosa.
-Demasiado bonita, y no te estoy mintiendo. Es realmente bonita. Estoy seguro que esta con mi padre para sacarle dinero. No es lógico que una niña así esté con…
-¿Cómo?... ¿estás menoscabando a tu papá? – Interrumpió Sora – y si ¿le gusta en verdad? … ¿preguntaste acaso? Yo encuentro que el Sr. Ishida es bastante atractivo para la edad que tiene.
-… ¿Es una broma, cierto?
-Dale créditos Yamato. Tú y Takeru son guapos, gracias a los genes de tu madre, pero recuerda que se necesitan dos cromosomas y tu papá también aportó a eso. Y no tiene que ser interés en el dinero. Quizás el Sr. Ishida tiene algo que esa chica no quiere soltar – dijo Sora riendo coqueta de medio lado.
-¡Sora, por favor! – Yamato se había sonrojado al saber que estaba hablando del tamaño del aparato viril de su padre.
Ella simplemente comenzó a reír.
-Se la tenía bien escondida, hubiera sabido… me habría convertido en tu madrastra.
-Sora, no es gracioso – La cara del rubio ardía de la vergüenza.
-Quizás… pero tampoco es para que te lo tomes a pecho. Deberías seguir los pasos de él… quien sabe y lo que necesitas son aires de juventud.
-Lo que menos necesito en este momento es una relación.
-Nadie dijo relación, tonto. Tienes 32 años y acabas de salir de un matrimonio de mierda. Te estas partiendo el lomo trabajando, las mujeres a nuestra edad tienen hijos o están saliendo de un matrimonio de mierda también. Tu papá fue inteligente, búscate alguien joven Yamato, tal vez te coloque una sonrisa en el rostro que harta falta te hace.
El Ishida juntó el ceño no le había gustado esa última frase. No era un amargado.
Al menos eso creía.
-No sé si darte las gracias o mandarte al demonio.
-Si me das las gracias éstas son bienvenidas… si me mandas al demonio, bueno no sería ni la primera ni la última en la que me das ticket de ida sin retorno – le dijo guiñándole su ojo – ahora debo dejarte porque estoy con una modelo a la cual debo hacerle varios vestidos – le indicó acompañándolo hasta la puerta - Deja que tu padre coja en paz con la chica. Y si la deja me avisas que ya me entró la curiosidad – rió y Yamato le lanzó una mirada asesina – bueno… hablando en serio. Si estás preocupado habla con él, que te aclare todo y así quedas tranquilo.
-Hablamos ese día…
-Pero no quedaste conforme…
Él negó con la cabeza.
-Espera, espera… - le dijo Yamato antes de que le abriera la puerta – me pasaste sólo el celular. También tienes las llaves de mi moto, las necesito también.
-¡Lo olvide! – Reclamó golpeándose la frente con la palma de la mano – Las dejé en el auto. Dame 5 minutos y te las traigo.
Sora salió corriendo dejando solo a Yamato que sacó su celular para llamar a su padre.
-Sin batería, ¡Por supuesto!... la batería de los smartphones no duran nada.
Se acomodó la chaqueta y se disponía a sentarse en el asiento donde Mimi Tachikawa habia estado minutos atrás cuando sintió la voz de la modelo llamando a Sora.
Su voz sonaba ofuscada y ahogada. La oía hablar y maldecir en ingles mientras lanzaba pequeños grititos desesperados de frustración.
Yamato se acercó a la puerta de corredera y la abrió un poco.
-Sora viene en unos momentos – dijo buscando con su mirada a la chica.
La encontró levantándose desde un sillón verde pistacho envuelta en un trozo de tela color vino que la envolvía cual anaconda cubriendo ¼ de sus muslos, el vestido la tenía con los brazos estirados y se le veían sólo las manos. Parecía que tenía un tubo metido que dejaba ver sus piernas y sus pequeñas manos.
-¿Eres su asistente?... por favor ayúdame. Estoy atascada en esto y no puedo sacarlo. No puedo respirar.
Efectivamente se le podía ver que la tela trataba de matarla. ¿Cómo había entrado en ese vestido si se notaba que era al menos 2 tallas más pequeña?
-No, no lo soy. Sora ya viene – repitió sin saber qué más decir.
La chica pateó el suelo y dijo al menos 10 malas palabras en inglés que Yamato entendió a la perfección.
-Por favor… - sollozó – estoy ahogándome.
-¡Maldición! – susurró molesto acercándose a ella.
Él no era como Taichi Yagami, Yamato sentía rechazo hacia las modelos. Las encontraba tontas, huecas, superficiales.
Él debería de estar camino a su oficina y no allí "salvando" a una tonta chica que se había metido en un vestido que no le entraba ni con vaselina.
¡Sora y sus olvidos!
-Permiso – le dijo tratando de tomar un poco de la tela, pero estaba demasiado pegada al cuerpo de ella. Al no tener éxito la agarró por donde sobresalían los brazos de la chica – Voy a jalar ahora – avisó.
Dio un tirón hacia arriba, ella se sacudió pero el vestido no cedió en lo más mínimo
-¡Sólo jala con más fuerza! – Mimi estaba desesperada. Le costaba respirar.
-Esto es una broma – pensó el rubio y volvió a tirar con más fuerza provocando que le tela subiera hasta el ombligo de la castaña esta vez.
Mimi volvió a sacudirse.
-Espero que si no eres gay, estés con los ojos cerrados – exigió la chica y Yamato no pudo evitar mirar hacia abajo. Llevaba una diminuta braga color azul de encaje.
-Estoy ocupado en ayudarte… si quieres quedarte así – respondió el Ishida molesto y sonrojado.
-ok, ok. ¡Sólo sácame esto! Y ¡no mires! – el rubio jaló por tercera vez y Mimi sintió de inmediato que sus senos quedaron libres. Enrojeció oculta aún en la tela – Te juro que aunque me estés ayudando, voy a patearte si no tienes los ojos cerrados.
-¡Que los tengo cerrados! – Gritó Yamato mintiendo. Era inevitable observar a la chica semi desnuda frente a él. Era hombre y llevaba casi un año sin ver a una mujer así.
Con un último tirón el vestido se rajó saliendo al fin por la cabeza de Mimi. Con la fuerza ejercida Yamato trastabilló y casi cae de espaldas. Antes de que la chica supiera él ya había cerrado los ojos y los mantenía fuertemente apretados para evitar cualquier sospecha.
La castaña en cuanto se vio libre se tapó de inmediato sus pechos con las manos. Tenía el rostro enrojecido por la anterior falta de aire y también por la vergüenza y el cabello desordenado como si no se hubiera peinado en una semana.
Miró a su salvador, un hombre rubio que le llevaba más de un cabeza en altura e iba vestido de negro, Mimi pensó que parecía de esos detectives salidos de uno de sus programas favoritos de crímenes NCIS o Law and order.
Tenía un aire a Wallace Brown, quizás por lo rubio y porque notaba que era mayor que ella. Debía de ser el amigo que mencionó Sora Takenouchi, el que había olvidado su celular.
-Gracias – dijo finalmente agarrando otro vestido desde el sofá y tapándose con él.
-De nada – murmuró extendiéndole la prenda rota - ¿estas vestida?... ¿puedo abrir los ojos ya?
-sí…
Yamato pestañeó un par de veces enfocando frente a él a la castaña dueña del atractivo cuerpo que había mirado segundos atrás (y que él obviamente jamás admitiría que lo había hecho). Tenía bonitas facciones, pero por una extraña razón sintió rechazo al notar que era una niña.
Se le vino a la mente la imagen de su padre con la chica rubia.
-Yamato… - llamó Sora desde la puerta corredera provocando que tanto él como Mimi la miraran – tus llaves – y las hizo tintinear a medida que sonreía viendo la escena.
-¿Dónde está Izzy? –Preguntó Zoe al ver a Ken Ichijouji sentado cómodamente tras su escritorio con los pies sobre el mismo.
En cuanto entró a la oficina el chico de cabellos azules la miró arqueando una ceja muy cómodo desde su posición, como si fuese el amo y señor del lugar.
Desde que Zoe y Ken se toparon por primera vez el mutuo desagrado entre ellos era evidente. Se trataban de evitar todo lo que podían.
-No está – contestó él cruzándose de brazos.
-Eso puedo verlo… ¿en dónde está?
-En Yokohama. Partió ayer en la noche, hoy llegaba el embarque.
Orimoto no dijo nada, sabía perfectamente de qué embarque estaban hablando.
-¿Cuándo vuelve?... ¿te dejó a cargo? – Zoe levantó una ceja incrédula.
Ken rió.
-Sí estoy a cargo… gracias a ti en realidad. Mantuviste tu celular apagado todo el fin de semana e Izzy no pudo contactarte. Te fueron a buscar a tu departamento y tampoco estabas allí…¿Dónde estuviste Orimoto?
-No te rindo cuentas a ti, Ichijouji.
Mantuvieron un duelo de miradas durante largos minutos en los cuales ninguno dijo nada. Ken se levantó finalmente de su asiento y caminó hacia la rubia cuyo rostro angelical y mirada tierna habían cambiado totalmente. Sus ojos estaban oscurecidos y sus facciones estaban endurecidas, parecía otra persona.
-Me vas a rendir cuentas, Orimoto. Estoy a cargo hasta que Izzy vuelva y eso va a ser recién el próximo martes – el chico se había acercado lo suficiente como para que ella inconscientemente retrocediera hasta la puerta de entrada – así que ahora me vas a decir ¿Dónde estuviste todo el fin de semana?
-No tenía citas, por lo tanto, estaba en mis días libres. Lo que yo haga durante ese tiempo no es de tu incumbencia – siseó lanzándole una mirada de odio – Voy donde Yolei…
Antes de que Zoe pudiese moverse, Ichijouji la aprisionó contra la puerta colocando sus manos una al lado de cada hombro.
-Miyako no está, salió a comprar un par de cosas que le encargué.
-Entonces iré a agendar las citas – hizo ademán de alejarse pero fue inútil. Ken la agarró por la cintura con fuerza impidiendo que se moviera – suéltame Ichijouji – dijo entre dientes.
-¿Qué tienes de especial Orimoto?... ¿Por qué parece que las reglas que todos debemos cumplir para ti son meras estupideces? ¿Quién te está cogiendo que tienes santos en la corte?
-No te lo voy a volver a decir, suéltame Ichijouji.
-Si te cojo… ¿también puedo beneficiarme?
Ken la agarró del trasero y la pegó a su cadera. En cuanto se estaba acercando a besar a Zoe, ésta en un movimiento que el chico de ojos azules nunca esperó, se deslizó bajo su brazo, le pateó las canillas y lo hizo caer de rodillas para luego en dos segundos quitarle su arma de servicio que tenía en el interior de la chaqueta.
-Te advertí que no me tocaras – sonrió ella malévolamente y con el codo le pegó tan fuerte en la espalda que el Ichijouji cayó de bruces al suelo retorciéndose de dolor. Se sentó sobre él inmovilizando sus brazos para terminar apuntándole con su misma arma en la nuca.
-¡Qué demonios! – exclamó sacudiéndose sin lograr zafarse.
-Yo no doy explicaciones porque no estoy al mismo nivel tuyo – la voz de la chica era siniestra. Le sacó el seguro al arma y la presionó aún más – Podrás estas a cargo mientras Izzy no está… pero a mí no me tocas.
-¿quién mierda eres?
Orimoto rio y en pocos movimientos desarmó el revolver en su manos y dejó caer todas las piezas a un lado del rostro de Ken.
-saprete il vostro tempo…
Les informó a todos mis queridos lectores que desde hoy esta historia pasa a tener oficialmente MIMATO, así que corran la voz y saltemos de alegría : ) lo decidí porque si bien ya tenía algo armado, ya es definitivo. Va a ver michi también, pero no va por allí.
En este capítulo apareció Takeru… en el próximo otros más.
Ah! y es el último capitulo con cursiva!, el próximo cap ya transcurre en el presente.
Recen porque la san inspiración se quede! He avanzado en los otros fics, pero estoy en lo mejor y chan! Me vengo a este y escribo y escribo y escribo y es como what'da fuck!
Zulema: altas probabilidades de Taiora ;)
Aanndie: Aquí estuvo el encuentro. No es amor a primera vista para ninguno de los dos. El sintió rechazo y para Mimi simplemente fue como recordar en algo al papa de Wallace pero no hubieron fuegos artificiales ni nada si una situación incómoda. Voy a ponerme a terminar el cap the Colours Around y a editar Forgive me que está casi listo
Sakura Gonzakez: Zoe está enamorada, de hecho cuando escribo acerca de ella y de Hiroaki me produce demasiada ternura *.* lo de agregar a Rika está casi listo, le tengo personaje y todo… pero a Ryo… ahí debo admitir que aun no sé como introducirlo. Algo se me ocurrirá: P
Guest: En realidad Mimi tiene pasado, pero pretendientes tal cual ahora… aun nada. Además haber puesto a Mimi con Hiroaki habría provocado choque de conflictos con la historia y del principio que lo pensé con Zoe.
Saludos a todos! Os quiero os adoro.
Suban mi ego y deben su RR XD
