FOR MONEY
Lore-chan
Capítulo 7
Izumi Orimoto miró con desconfianza a Yamato mientras éste conversaba con el jefe de estación. Ya le había entregado el número de su seguro pero éste no parecía conforme, le había pedido su número de teléfono para llamarla en caso de que existiese algún problema. Pero ella se negó.
Tener el número de Yamato Ishida y que éste la llamara significaba que Koushirou recibiese una alerta en menos de un minuto. Y tener que explicarle el por qué Zoe le había dado su teléfono podía generar una bola de nieve en donde ella fuese implicada en el plan del pelirrojo. Y eso era lo que menos quería.
De hecho, también le prohibió a Mimi darle el suyo.
Su castaña amiga ya estaba más tranquila, pero al mismo tiempo ansiosa en irse pronto de allí. Tenía una cita a las tres de la tarde en Odaiba y aún debía pasar a su departamento a cambiarse de ropa.
-No te preocupes, Mimi. Ya nos vamos a ir – calmó la rubia al ver que ella no dejaba de mover sus piernas.
-Quería pasar al hospital antes de ir a trabajar – la voz de la Tachikawa sonó acongojada - ¡Maldito taxi que me hizo toparme de nuevo con él!
Zoe la miró sorprendida. ¿No era la primera vez que lo veía?
-¿Cómo es eso? – Izumi trató de sonar casual, pero algo se le revolvió en el estómago.
-Lo conocí ayer en el estudio de Sora Takenouchi, es amigo de ella… me ayudó con un vestido que… bueno me ayudó – dijo a medida que sentía sus manos sudar.
La rubia no demoró en atar cabos.
La idea del desfile salido de la nada.
Koushirou la estaba usando para llegar al hijo de Hiroaki. La había echado a ella a un lado y estaba a usando a Mimi, que no tenía la menor idea en lo que se había metido para distraer a Yamato. Iban a ser lo mismo que hicieron en Francia y estaban usando a su amiga.
Eso no le gustó para nada.
-Ese tipo no me gusta – comentó. Tenía que hacer lo que estuviese en sus manos para que Mimi se alejara de ese rubio. Solo veía un final peligroso para aquello.
-No creo que yo le guste tampoco… al fin y al cabo le hice mierda su moto – Mimi miró de soslayo a Yamato Ishida que aún conversaba muy serio. Era un hombre muy guapo y ella tenía una atracción hacia los rubios de ojos claros y desde su encuentro con Wallace Brown si eran mayores, más curiosidad le producían.
-¿Sabes? – Interrumpió su amiga sus pensamientos impropios – ya le di el contacto del seguro y ya le pedimos disculpas. Vámonos, no puedes llegar atrasada a tu cita.
Zoe la tomó del brazo y caminaron juntas hasta la salida.
Ya había pasado demasiado tiempo en compañía de su "hijastro" con el cual no se sentía para nada cómoda y no era porque fuese Yamato Ishida, el enemigo número uno de Koushirou Izumi sino porque era el hijo de Hiroaki y por culpa de él no había podido pasar el fin de semana al lado de su pareja.
Sí, estaba siendo infantil. Pero qué más daba ¡Sólo tenía 21 años!
Iba llegando a su Maserati blanco cuando una mano se posó en su hombro haciéndola voltear.
Allí estaba él mirándola con esos ojos azules que le demostraban la poca confiabilidad que sentía hacia ella.
-No me has dado tu número – le dijo toscamente.
-Te he dado el del seguro, con eso es suficiente.
Mimi paseó su mirada entre ambos rubios notando la tensión entre ellos y algo le decía que la causa no era el choque.
-Me van a pedir tus datos… o ¿acaso nunca has chocado? – torció la boca con burla.
-No… de hecho nunca he chocado. Conduzco bastante bien, dentro de otras cosas que sé hacer muy bien también – alzó una de sus cejas haciéndole entrever que hablaba de su padre.
Yamato frunció el ceño molesto ante el comentario.
-No me agradas, niña – el rubio fue tan directo que Mimi se asombró.
-Pues el sentimiento es mutuo – Izumi no se iba a dejar amedrentar – y no soy una niña.
Se quedaron mirando fijamente, demostrándose a través de sus pupilas claras el desagrado que sentían el uno por el otro.
El ambiente se podía cortar con un cuchillo por lo que Mimi se excusó con que le dolían las piernas de tanto estar parada y se metió al auto. Y para no tener que oírlos subió el volumen del estéreo.
-No me vas a alejar de Hiroaki… - dijo Zoe sabiendo que su amiga no escucharía – Yo lo quiero.
-Lo que tú quieres es su dinero.
Ella rió con sorna.
¿Eso creía él de ella? ¿Qué estaba con su padre porque andaba tras su dinero?... ella ganaba más de 3 veces lo que ganaba Ishida padre. Dinero era lo que más tenía. Dinero y un trabajo maldito.
-Tengo mi propio dinero… no ando con Hiroaki por esos motivos. Que hombre tan básico eres – trató de sonar lo más despectiva posible.
-Es la única posibilidad… ¿Por qué una niña como tú estaría con un hombre de 55 años?
La dulzura y el ángel que la rubia expelía por donde pisaba desaparecieron en ese mismo instante. No iba a dejar que nadie, menos que Yamato Ishida, pusiera en duda el amor que tenía para con su padre.
Se acercó a él sin apartar la mirada haciendo sonar sus altos tacones y le apuntó el pecho con su dedo índice.
-Pues tu padre tiene algo que hace sentir mujer a esta "niña" cada vez que se la lleva a la cama. ¿Quedas en paz con esa respuesta? – el rubio abrió sus ojos anonadado – y lo quiero… lo quiero aunque a ti eso no te agrade y te cueste aceptarlo. Y voy a seguir con él… te guste o no.
Dio media vuelta y decidida se metió al auto para hacerlo arrancar furiosa, dejando atrás a un Ishida totalmente desarmado. ¿Qué demonios el carácter de esa chica?
.
Ya cruzaban el Rainbow Bridge y Mimi no sabía qué decir.
Zoe manejaba más lento de lo acostumbrado, no había cantado ninguna de las canciones que saltaron de la radio y, como nunca, estuvo callada durante todo el trayecto. Y estaba casi segura que el causante del problema había sido el policía.
A pesar de que su amiga insistió en todo momento en la estación que el auto le daba exactamente lo mismo, ella no podía evitar sentirse mal.
-Lamento lo del auto, Zoe… - susurró la castaña insegura.
La rubia suavizó de inmediato el semblante y de reojo miró a su acompañante regalándole una sonrisa.
-Mimi… ya te lo dije. Eso es lo de menos. Ya lo enviaron a revisión y dentro de una semana estará como nuevo, ahí te lo puedo ir a dejar de nuevo a tu departamento hasta que tengas el tuyo propio.
-¿Me lo confiarás nuevamente? – Mimi no se lo creía.
-¡claro! – sonrió – no fue culpa tuya. Yo confío en ti – le guiñó su ojo.
Al ver que estaba de mejor humor, se atrevió a preguntar por el rubio.
-¿Discutías con el policía?
Izumi dudó en contestar.
-No era nada… no te preocupes. Ya está todo solucionado.
Y Mimi le creyó y prefirió guardarse para sí sus pensamientos de que lo encontraba demasiado atractivo.
Zoe le había dejado muy en claro que Yamato no era para nada de su agrado.
Taichi caminó desganado por las calles de Tokyo confundiéndose con las demás personas, oculto con ropa que no era suya y tras un gorro que escondía su frondosa y alocada cabellera junto a unos anteojos de sol.
Lamentablemente, la bofetada que le había dado Sora aún la tenía marcada en la piel y no había como disimularla.
Estaba consciente que su molestia ante las palabras de la pelirroja lo sacaron de sus casillas y terminó saliéndose de los límites, pero nunca pensó que después de tantos años iba a volver a sentir la fuerza de aquellos golpes que solo Sora le daba.
La primera bofetada que recibió de su parte fue a los 18 años, la había engañado con una de sus compañeras de instituto y no pudo negarlo después de que la misma chica le fuese con el cuento. Sora lo perdonó y continuaron por un par de años más… hasta que a los 21 que fue a vivir con Yamato y su vida se salió de control. La universidad, los entrenamientos con el equipo y la fama le pasaron la cuenta. Dejó la universidad para concentrarse solamente en su carrera de futbolista y las mujeres llegaron solas. Perdió la cuenta de cuantas se había llevado a la cama mientras estuvo en el extranjero y por supuesto que Sora se enteró. Esa fue la segunda bofetada y el término definitivo de su noviazgo.
Y si no hubiera sido por el Ishida que abogó por un reencuentro, en donde el moreno le pidió disculpas, ellos probablemente nunca más se hubieran visto de nuevo. Más en esos momentos que su carrera estaba en el punto más alto. Era un tipo inmaduro que no media consecuencias y se fue de mujer en mujer por tanto tiempo que se convirtió casi en una adicción.
De Sora no supo mucho, Yamato, quien era el hilo que los unía, se había ido a Francia y el perdió contacto con la pelirroja por años, aunque de vez en cuando Hikari se la mencionaba porque desde su etapa de novios ambas se habían hecho muy buenas amigas, en especial, luego de la muerte de sus padres en donde Sora cumplió el rol de hermana mayor conteniendo a la pequeña castaña. Taichi nunca supo cómo sobrellevar la pérdida a los 17 años, por lo que, si no se podía ayudar a sí mismo, menos podría hacer algo por su hermana.
Su vida al llegar a los treinta se convirtió en una montaña rusa, se sentía vacío incluso después de recibir aquella medalla y ese trofeo en donde lo eligieron el mejor jugador del partido en la disputa por la copa mundial. Quedaron en segundo lugar, pero el sabor amargo de la derrota no era debido a eso… esa producto de lo solo que se sentía a pesar de estar rodeado de tantas personas.
Y en cuanto le entregaron su contrato para renovar por 4 años más, él lo rechazó. Se iba a retirar.
Llamó a su mejor amigo para contarle que volvería a Japón definitivamente y supo de su boca que él también volvería. Las cosas parecían mejorar.
Tenía todas las intenciones de cambiar en cuanto llegase a su país, de hecho cuando vio a Sora nuevamente algo dentro de él se prendió y la abrazó con todas sus fuerzas y al sentir que ella le correspondía creyó que habían dejado atrás todos los malos momentos. Era la instancia de retomar su amistad y quien sabe… pedirle una nueva oportunidad. Después de todo, ella había sido la única y la más importante mujer en su vida. Aunque hubiese jodido todo con sus infidelidades producto de su inmadurez.
Pero sus buenas intenciones duraron menos de lo que pensó y sus ojos se posaron en una castaña. Una castaña que le quitó el aliento desde que la vio. Quizás, sólo quizás si la hacía suya y se quitaba las ganas podría volver a su objetivo principal.
Taichi entró a la primera cafetería que atisbó, su estómago rugía. Sólo había tomado un amargo café en casa de su mejor amigo, iba a tener que contratar a alguien que hiciera las compras por ambos… la nevera no podía estar llena solo de cerveza, bueno eso no le molestaba, pero él necesitaba también comida y en cantidades industriales.
-Buenos días, señor. ¿Puedo tomar ya su orden?
El moreno no pudo evitar bajar un poco los lentes de sol ante tamaña mujer frente a él para mirarla más detalladamente. El uniforme se le pegaba a las curvas produciéndole escalofríos, era una chica de tez blanca como la leche con un cabello negro azulado y ojos oscuros.
¡Al demonio su nuevo cambio de vida! ¡Comenzaría la semana entrante!
-Quiero el desayuno del día… y si no es mucha impertinencia – sonrió coqueto - … tu horario de salida y teléfono estarían perfectos junto a mi pedido.
Mimi eligió la ropa más sobria dentro de su clóset para ir a visitar a su madre. Tenía que verse lo más casual posible y vaya que lo consiguió después de sacarse el apretado vestido rojo que lució ante su cita horas atrás. No sabía por qué se debía esmerar tanto en elegir ropa bonita si le duraba menos puesta que cigarrillo mentolado.
El tipo con el que estuvo y que estaba segura había visto de pasada en alguna novela rosa de la televisión la desvistió en dos segundos y sin cruzar palabra la volteó sobre el sillón de la habitación del hotel dejándola de espaldas y apoyada sobre la cabecera del mismo. La inclinó hasta dejarla a una altura propicia y entró sin más.
Mimi no sabía que estaba ocurriendo con ella pero una vez dentro de las paredes del cuarto en las que debía trabajar su cuerpo reaccionaba de una forma que la dejaba sin palabras. Ella en verdad disfrutaba, más de lo que podía admitir realmente, algunos encuentros. Y, para su sorpresa, cuando aquel ruso llegaba a su mente y recordaba su espalda tatuada la embriagaba un calor que no podía calmar ni con una ducha fría.
¿Sería eso normal? ¿Les pasaría a todas las mujeres que ejercían esa "profesión"?
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Y no sé si te pasará pero a varias chicas les ha pasado, me incluyo. Te gusta y quieres más…Se vuelve una adicción
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Las palabras de Orimoto llegaron a su cabeza a medida que caminaba por el pasillo en donde estaba la habitación de su madre.
¿Se iba a convertir en una adicción? ¿Le iba a gustar tanto que iba a querer siempre más?
Sacudió la cabeza ahuyentando las preguntas, no era el momento. Más tarde cuando estuviera con la segunda y última cita del día se lo volvería a cuestionar. Ahora solo contaba con un lapso de dos horas para acompañar a su madre y no debía haber espacio en su mente que no fuese ella.
Takeru no recordaba desde hace cuánto tiempo que no visitaba a su padre en su trabajo, si hacía memoria creía que la última vez había sido antes de irse a Inglaterra.
Había estado casi toda la mañana nadando… paseó nostálgico por las calles de Odaiba y hasta se dio el tiempo de visitar a sus antiguos maestros cuando cursó la preparatoria, todos se mostraron felices ante la elección de su carrera universitaria y, mucho más, cuando supieron que era alumno de Oxford.
Almorzó mientras leía un libro de Sicología y una vez finalizado y aprovechando lo cerca que estaba de la televisora aprovechó de hacerle una visita, después de todo, no lo veía desde el primer día en que llegó del extranjero cuando lo fue a buscar al aeropuerto.
Era buena idea si cenaban juntos y de paso discutir con él su mesada. Le habían subido el arriendo del departamento en Tokyo.
Entró a su oficina después de esperarlo por casi media hora, pero estando adentro tuvo que sentarse en silencio en la silla frente a él ya que discutía con vehemencia por teléfono acerca de sacar un programa que no llevaba ni siquiera una semana al aire y que había sido muy costoso.
Notó que llevaba una bonita corbata verde esmeralda que combinada muy bien con su traje. Su peinado estaba impecable… ¿Desde cuándo su padre cuidaba tanto de su aspecto personal? Lo recordaba más desaliñado cuando vivía con su madre y aún más después de separados.
Aunque si lo pensaba bien, obtuvo esa misma impresión cuando lo fue a buscar al aeropuerto. La ropa que llevaba ese día lo hacía verse más joven de lo que realmente era.
-Takeru, lo siento… - dijo colgando finalmente. Se acomodó la corbata con cuidado y lo miró - ¿Ocurrió algo? No es común verte por acá.
-Estaba cerca y quise pasar a verte. Estuve en la mañana en el gimnasio y después di unas vueltas por Odaiba. Todo sigue igual…
-Las cosas no cambian mucho en dos años, hijo.
-Pues tú sí que has cambiado – sonrió lanzándole la indirecta.
-No sé de qué hablas – respondió haciéndose el tonto ante el comentario de su hijo menor.
Takeru lo notó nervioso y prefirió no indagar más.
-Bueno también vine por el tema de mi mesada… - se revolvió incómodo en su asiento, tener 21 años y seguir pidiendo manutención no era lo que esperaba a su edad – subieron el arriendo del piso en el que me estoy quedando. La inquilina habló algo acerca de la fuerte demanda que estaba sufriendo el barrio… y, tengo dos opciones o me cambio a un departamento más barato pero que me quede más lejos de la universidad… o… me subes la mesada – lo miró de soslayo con un poco de vergüenza – Aunque existe la tercera opción…
-¿La cual sería…?- Hiroaki abrió uno de sus cajones para sacar una cajetilla de cigarros.
-¿irme… a …. Vivir contigo? – Takeru había sopesado esa posibilidad, pero por la mirada que le estaba devolviendo su padre al parecer no era la solución.
Y para Hiroaki que su hijo viviera con él era un problema, Zoe se quedaba con él bastante seguido y no iba a comenzar a dar explicaciones a su edad. Aun sabiendo que iba a llegar el momento en que tuviera que juntar a sus dos hijos y les iba a explicar de su relación con la chica. Pero quería dilatar esa instancia por la máxima cantidad de tiempo que pudiera.
Si Yamato había reaccionado mal… quizás Takeru reaccionara peor. Después de todo Izumi tenía su misma edad.
-¿Viste la posibilidad de vivir con tu madre, también? – consultó encendiendo el cigarro que ya sostenía entre los labios.
-Mamá de mudó a Urayasu. Me quedaría demasiado retirado.
-¿Cuándo se cambió? – Hiroaki no tenía idea que su ex esposa se había mudado.
-Desde que comenzó a vivir con su nueva pareja… - ¿Su padre no lo sabía?
¿Natsuko tenía pareja? ¿Desde cuándo?
No era que le debiese preocupar o molestar, pero le sorprendía que su ex mujer ya estuviera viviendo con otro tipo.
¿De qué estaba hablando?... él tenía a Zoe… lo que hiciese Natsuko no era de su incumbencia.
-Pues nos estamos quedando con las dos primeras opciones – comentó el hombre botando humo de tabaco - ¿Qué es lo que tú prefieres?
Y por su mente, pasó la imagen de Hikari Yagami sin que lo pudiese evitar.
Tokyo había subido sus precios, el arriendo más barato en pleno centro de la capital equivalía a un amplio piso en Odaiba. Tenía su moto por lo que demoraría tan solo 30 minutos desde Odaiba hasta la universidad y, en verdad, no quería ser un problema monetario para su padre.
Tendría el gimnasio en donde trabajaba Hikari más cerca… la vería más seguido y se olvidaría de asistir a la sede en Tokyo.
Sacudió la cabeza… ¡Él no debía estar pensando en ella! ¡Mujer traicionera!
-Creo que podría buscar algo acá en Odaiba… - dijo finalmente suspirando.
-Entonces está decidido… me avisas cuando tengas uno elegido y yo iré a firmar los papeles correspondientes.
Hiroaki miraba el reloj en su computadora de escritorio, ya iban a dar las siete de la tarde. Tenía un montón de asuntos sin atender y debía pasar aun por el restaurante italiano a buscar la cena.
-¿Te queda mucho? – Preguntó su hijo ya más tranquilo - ¿Te parece que cenemos juntos?
Su padre se pasó el cigarro de una mano a la otra mostrándose complicado con la invitación. Zoe iba a estar en el departamento a las 9.30, pero rechazar a Takeru después de que hijo estuviese tanto tiempo en el extranjero y que además no había compartido tiempo con él desde que llegó, lo hacía sentirse culpable.
Y, ¿si dejaba de dilatar tanto la situación? ¿Si hacia las cosas bien con al menos uno de sus hijos y le presentaba a la rubia de una forma normal? Bueno tan normal como podía ser una situación así.
Ya llevaba un año y medio con ella, pero decirle a Takeru: Hijo, ella es mi… ¿novia? Se había hecho él mismo esa pregunta tantas veces, porque definitivamente amiga suya no era… pero tampoco habían formalizado su relación.
Parecía un niño de quince años.
-Cenemos juntos.
Y se dijo a si mismo que fuese lo que tuviese que ser.
Yamato entró a su departamento en el momento justo en que una chica de piel muy blanca salía con el cabello enmarañado desde la habitación que desde la mañana acordó con Taichi sería suya.
No lo podía creer.
¡Ni siquiera un día había pasado y el desfile ya comenzaba!
La muchacha lo miró totalmente sonrojada a medida que se ordenaba la ropa y desaparecía cual fantasma por la puerta principal.
El rubio fue directo donde su amigo y sin siquiera tocar la puerta la abrió de un golpe provocando que el Yagami se llevase a la entrepierna el primer cojín que tuvo a mano. Estaba desnudo.
-¡Hey!... ¡toca la puerta al menos!
-Taichi… ¡Pudiste al menos haber esperado un día antes de meter mujeres al departamento!
-No estabas… - se defendió – me dijiste que podía si sabía que tu no estarías y no estabas.
-¿No te puedes controlar acaso?
El moreno rió.
-En verdad he tratado, pero no. Soy un caso perdido, no puedo controlarlo.
Yamato se pasó la mano por la cara sin poder creerlo. Miró a su amigo discutiendo internamente si reír o llenarlo de palabrotas… hasta que lo observó bien… ¿qué era eso marcado en su mejilla?
-¿Qué te pasó? – Preguntó apuntando a su rostro – ¿Ahora le haces al sadomasoquismo?
-No sé de qué hablas…
-¿Quién te dejó marcada la mano? Y no creo que haya sido la que se acaba de ir… sólo hay una persona con la fuerza suficiente… Oh mierda… - dijo el rubio sonriendo de lado a lado -¿Qué le dijiste a Sora para que te plantara tamaña bofetada?
-¡No fue Sora! – Taichi estaba rojo de furia y se había levantado de la cama aun tapándose sus partes íntimas con el cojín.
-Eres un imbécil. Lo que hayas hecho o dicho para que ella te haya golpeado te lo debes haber merecido. Llevas años metiendo las patas con ella.
-¡Solo le dije que no se metiera en mi vida!
-¿Puedes al menos dejar de ser tan hijo de puta, una vez en tu vida, y darte cuenta que lo único que le provocaste a Sora fue sufrimiento? ¡Madura Taichi!
-¿Qué mierda sucede con todos ustedes que me piden madurar?… ¡ni que fruta fuese! – exclamó enfadado – Nadie te anda sacando en cara que fuiste un idiota que terminó casado con una tipa de la mafia, ni tampoco que anduviste con una puta depresión por meses… ¡¿Por qué demonios no me dejan ser inmaduro en paz?!
-Te estás pasando Taichi… - amenazó Yamato apretando los dientes - … y a como sigas, a la bofetada que te dieron le va a acompañar un buen golpe de mi parte.
-Pues ven… porque estoy caliente por sacarme esta rabia que tengo – dijo poniéndose en posición lo que provocó que sacara el cojín de sus partes.
-¡Por favor tápate! ¡No tengo porque ver… eso! Cuando estés vestido y bañado nos agarramos a golpes…porque así como estas, olvídalo.
-Vamos Ishida… ven – apremió dando unos saltos cual boxeador fuera.
-¿En verdad piensas que voy a acercarme a ti, con tu miembro volando de un lugar a otro? – Preguntó incrédulo - Ve a pegarle al saco de arena, Yagami, que yo por mi parte voy por un trago. He tenido suficiente por hoy.
Yamato salió del dormitorio agarró sus llaves y salió del departamento dando un portazo.
Daban ya las nueve y treinta de la noche y Mimi se dejó caer en el taburete del bar del hotel frente a la barra. Estaba decepcionada.
Había sido oficialmente un día de mierda. Se quedó dormida y no pudo asistir a la prueba de vestuario con Sora Takenouchi… le chocó la moto a un policía, su primera cita la había desvestido tan rápido que una vez más se preguntó para qué demonios se tenía que arreglar tanto… su madre no mejoraba y durante todo el tiempo de visita solo la vio dormir debido a los fuertes fármacos que le metían por intravenosa para calmar su dolor…de allí correr al departamento, volverse a cambiar de ropa para terminar en el Hotel Conrad Tokyo con un tipo al cual nunca le funcionó. Ella no había logrado, ni con todas las técnicas conocidas y leídas revivir a ese muerto. Era la primera vez del tipo con una mujer pagada y los nervios le pasaron la cuenta.
Ahora Mimi estaba ganosa y medio ebria en el bar del hotel. Al menos quería irse a dormir con un buen polvo en el cuerpo.
Se iba a volver una adicción. Lo había sentenciado.
Bebió su trago de un sorbo y con el movimiento de su mano derecha le pidió al bar tender que le volviera a llenar el vaso.
Oh demonios, ¡ese tipo que servía los licores estaba para comérselo!
Mimi sacudió la cabeza provocando que el alcohol se le subiera aún más. ¿En verdad creía que el bar tender estaba para comérselo o era el whiskey hablando por ella? Wallace Brown nunca debió haberle enseñado a beber tragos fuertes.
Se levantó de su asiento bebiendo la mitad del contenido de su vaso. Ya no recordaba cuantos había bebido.
Varias miradas se giraron a su persona cuando estuvo de pie, se sentía atractiva teniendo la atención de todos aquellos hombres sobre sí y sabía que el ajustado vestido plateado que apenas la tapaba ayudaba bastante.
Trató de caminar lo más decentemente posible que pudo con sus altos zapatos. Iba a ir por alguna presa… ella no iba a irse a casa sin…
-¿Yamato Ishida? – susurró para sí misma al verlo sentado en uno de los asientos de cuero del bar cerca de los ventanales que daban al jardín del hotel.
No supo cómo ni porqué pero sus piernas se movieron sin que lo pudiese evitar hasta donde el hombre se encontraba, ignorando las peticiones y propuestas de los tipos que trataban de detenerla para invitarla quizás donde.
Al parecer bebía lo mismo que ella y por su semblante trataba de enterrar en el licor un mal día como el que Mimi había tenido.
-Señor policía – le nombró Mimi llegando a su lado. El alcohol la desinhibía completamente.
Él la miró de pies a cabeza, reconociéndola al instante.
-Señorita Tachikawa… lamento decirle que no traigo otra moto conmigo para que venga a atropellarla una vez más – dijo el rubio de mala gana. No tenía ánimos para veinteañeras borrachas.
Mimi rió como una niña.
Se sentó frente a él sin tener el menor cuidado de que su falda se subiese más de lo debido. Ya había elegido a su presa y estaba justo frente a ella.
-No quiero ser descortés señorita, pero vine a estar solo.
-¿Siempre eres tan formal? – preguntó ella aparentando seriedad.
-Nos hemos visto sólo dos veces y en circunstancias no muy amenas, sería desubicado de mi parte llamarte por tu nombre.
Mimi tomó lo que quedaba de su trago de una sola vez y se inclinó hacia el rubio de tal forma que dejaba ver su escote con total desfachatez.
Yamato lo notó de inmediato y desvió la mirada a su propio vaso. ¿Qué estaba tratando de hacer esa mujer? ¿Provocarlo?
-Pero no fue para nada de desubicado que me vieras desnuda… ¿o sí? – El Ishida se sonrojó - Puedes verme desnuda pero no puedes llamarme por mi nombre. Extraño.
-Mantuve los ojos cerrados como me lo pediste – se defendió ofendido sabiendo que no era verdad.
Mimi se mordió el labio inferior.
-Estás mintiendo… - siseó con voz sensual provocando que Yamato se sacudiera en un escalofrío - … Yamato.
-No sé qué pretendes, pero para tu información tengo diez años más que tú y no estoy interesado en andar jugando con niñas caprichosas – dijo levantándose molesto – buenas noches señorita Tachikawa.
Una sonrisa malvada cruzó por su rostro al ver que se dirigía a los baños. Ella le iba a demostrar que de caprichosa tenía mucho, pero de niña no tenía nada.
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Yamato Ishida terminó de beber su vaso y lo dejó en la bandeja de uno los garzones que se paseaba por el bar. Había sido pésima idea haber venido a un hotel a beber, pero creyó que al ser un lugar más serio iba a tener más tranquilidad que si iba a uno de mala muerte.
Y para rematar ,lo último que necesitaba ese día, después de haber tenido que cancelar su reunión de la mañana, haber perdido tiempo en la estación de policía, recibir escarmiento por parte de la "noviecita" de su padre y casi terminar a golpes con Taichi, era encontrarse a la bendita modelo coqueteándole con descaro.
Quizás y sólo quizás si estuviese más ebrio habría caído. No era idiota ni tampoco ciego… esa muchacha era preciosa de pies a cabeza y el vestido que traía se le pegaba cual latex a su curvilíneo cuerpo, el cual había ya visto desnudo. Entró al baño privado y lo primero que hizo fue mojarse la cara con agua fría para despabilar, su entrepierna le pedía a gritos volver donde la castaña, pero su cabeza le decía que debía irse en ese mismo instante de ese bar o las cosas se podían descontrolar.
Se sujetó con ambas manos del lavado y cerró los ojos contando hasta diez. Iba a irse de allí y llegaría a putear a Taichi para sacarse ese mal día a golpes.
Esa fue su intención en cuanto abrió la puerta, pero al otro lado Mimi Tachikawa tenía otros planes para él. No supo de donde la chica sacó fuerzas pero lo empujó hacia dentro y cerró con seguro la puerta a sus espaldas.
-¿Qué crees que haces? – la voz de Yamato sonó insegura.
Mimi sólo sonrió y en un movimiento bajó el zipper de su vestido el cual cayó hasta sus pies.
-Así me veo con ropa interior – murmuró acercándose - ¿Según lo que viste en el estudio te gusta más o menos de lo que viste ayer?
La respiración del rubio se aceleró y la lengua se le trabó al tratar de responder. Ese conjunto de encaje negro debería ser ilegal en todos los países del mundo.
La castaña no dijo nada más se arrodilló frente a él y ante la mirada atónita del rubio desabrochó su pantalón con una agilidad que ni el mismo Yamato supo de donde salió.
Takeru Takaishi no le sacaba los ojos de encima, no era posible que esa muchacha que tenía su edad fuera la "novia" de su padre. Era inaudito.
Zoe, por su parte, no podía creer que Hiroaki hubiera elegido precisamente ese día para presentarle oficialmente a su hijo menor. No era la cena que ella esperaba tener. No se había arreglado con tanto esmero para eso.
Hiroaki Iba a tener que encontrar una manera de compensarla por esto. En la mañana tuvo que aguantar que Yamato la tratara de interesada y ahora aguantar que Takeru la mirase como si fuera una aparición. Y más encima se había encerrado en el dormitorio alegando que se cambiaría de ropa. Tiraba la piedra y escondía la mano.
Respiró profundo aguantando las ganas de explotar. Tenía que calmarse, ella sabía que este momento iba a llegar y tenía que estar a la altura.
-¿Estudias literatura? – preguntó con la mejor sonrisa que puso esbozar colocando en la mesa una fuente llena de pasta.
-S-sí, en Oxford… - en cuanto saliera del departamento de su padre iba a llamar a su hermano para contarle esto. Se iba a ir de espaldas – estoy en Japón por un par de meses por intercambio. ¿Tú estudias?
-No, sólo trabajo – y estaba segura que no quería ni enterarse del trabajo maldito que tenía.
-Y… ¿en qué trabajas?
-Soy modelo – en realidad prostituta cara, debió haber dicho para que fuese verdad.
-Ya veo… - a su madre le iba a dar un infarto seguro cuando viese a esa chica. Lo firmaba y sacramentaba en ese preciso segundo.
-Voy a decirle a Hiroaki que la cena está lista, permiso.
Takeru ladeó la cabeza al ver que su ¿madrastra? Caminaba hacia la habitación. ¿Era pecado si miraba a la novia de su padre de manera libidinosa?, porque de espaldas la visión era magnánima, los jeans que llevaba puestos parecía que estuviesen pintados y la blusa dorada no dejaba mucho para la imaginación.
Oh sí, su madre y Yamato iban a sufrir un infarto del terror.
-La cena está lista… – Zoe cerró la puerta tras ella y se encontró con Hiroaki sentado en la cama sin siquiera haberse cambiado de ropa, con la mirada perdida en el piso.
-¿Está bien lo que hice? – preguntó el hombre y la rubia no supo si la pregunta era para ella o para él.
-No lo sé, pero al menos debiste haberme consultado antes de presentármelo tan de repente. No supe… en realidad, no sé cómo reaccionar.
-Te iban a conocer tarde o temprano.
-Sí, pero no de esta forma – Orimoto se paró frente a él y lo abrazó con cariño. Él la rodeo por la cintura escondiendo su rostro entre sus pechos.
Todo se le estaba yendo de las manos y tenía un miedo horrible de saber que algún día Koushirou se pudiera enterar de todo. Haberse enamorado era lo mejor y lo peor que le pudo haber pasado, estaba poniendo en riesgo a Hiroaki y ahora a su hijo menor. De Yamato ya eso, era lo de menos, él estaba tachado desde hace mucho antes.
-¿Vamos a comer? – Invitó la rubia buscando su rostro –… prometo portarme bien si hoy me recompensas – y antes de que él respondiera lo beso con profundidad, devorando cada rincón de su boca.
El Ishida la apretó contra su cuerpo casi perdiendo los estribos: -Así va a ser.
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Yamato empuñó una de sus manos y se la llevó a la boca para morderla con efusividad y ahogar sus gemidos mientras que con la otra se apoyaba en la puerta del baño. No iba a aguantar, no lograba aguantar más… se arqueó hacia la castaña que continuaba arrodillada ante él y que movía hábilmente su boca.
Oh mierda, ¿Dónde había aprendido a hacerlo así?
Gruñó sin control cuando ella aumento la velocidad y sin esperárselo llevó la mano que sostenía la puerta a la cabeza de la chica apremiándola aún más.
Ya no podía controlarlo más, en verdad, había durado más de lo que pensó. Se dejó ir en su boca sintiendo como cada musculo de su cuerpo se tensaba ante ese placer que había olvidado cómo era y aun habiendo acabado, ella seguía. Lo quería matar, eso estaba buscando.
Apoyó sus dos manos sobre la madera respirando con dificultad y bajó la mirada para encontrarse con la de ella, que lo observaba de una forma que lo asustaba. ¿De dónde había salido esa mujer?... si su amiga era igual, ahora entendía perfectamente a su padre.
Mimi se levantó con cuidado y tras empujarlo con poca delicadeza lo dejó sentado en el WC.
-Esto aún no termina… - susurró a medida que se sentaba lentamente sobre él.
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Mimi Tachikawa se estiró entre sus sábanas mientras alcanzaba su teléfono celular desde la mesita de noche. Eran las ocho, al menos era temprano y no se había quedado dormida como el día anterior. Iría al gimnasio, luego al spa por unos masajes, visitaría a su madre en el hospital y se iría a la primera cita del dia.
Se sentó en la cama notando que estaba completamente desnuda… No tenía la menor idea de cómo había llegado hasta su departamento, pero lo importante es que había llegado sana y salva. Pero… ¿Tan mal llegó que ni el pijama alcanzó a ponerse? Se levantó y caminó hasta su armario desde donde sacó una camisola rosada.
Bostezó con sorna y cuando iba a salir del dormitorio a servirse desayuno…vio que alguien se revolvía al otro extremo de su amplia cama.
¿A quién se había traído? ¡Por eso estaba sin ropa!
Se acercó sigilosa rodeando la cama y cuando llegó hasta el otro lado su cuerpo se pegó a la pared asustada.
¿Qué hacia Yamato Ishida, el policía cuya moto atropelló el día anterior, durmiendo allí?
No, no, no, no… esto era malo… muy malo… Zoe se lo había advertido, pero ella no hizo caso.
Se tapó el rostro con ambas manos y la realidad le cayó como un yunque sobre la cabeza. Se había acostado con él.
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En la gran cantidad de fics que he leído (si no es el 99,9%), las mujeres (Mimi, Sora, y cia) siempre son esas chicas virginales e inocentes que no saben ni por donde entra la cuestión. Pues en mis fics las mujeres la llevan, saben lo que tienen, lo que quieren, son decididas y tienen experiencia. Tienen power. Así que afírmenme los hombres porque estas chicas son del terror.
Prometo responder en el próximo capítulo todos sus RR's
Os quiero, os adoro
Y Girl Power siempre!
Nos leemos :)
