FOR MONEY

Lore-chan


Capítulo 9

.

Koushirou no pudo evitarlo, mientras Catherine tomaba su baño se envió desde el teléfono de ella al suyo la foto de su hija. Había tratado por todos los medios de hacerle el quite a esa pequeña. Cuando la rubia le enviaba fotos, él simplemente no las abría y las borraba de inmediato. No quería verla. Ser padre era lo último que necesitaba en esos momentos y mucho más en sus circunstancias.

A Catherine, la conoció a los ocho años, cuando ella, el abuelo y padre de la misma viajaron por primera vez a Japón a cerrar negocios. En esos tiempos, ella no necesitaba aun cambiarse de nombre, por lo que por esos entonces la llamaba por el verdadero: Catarina D'Alessandro, mitad italiana, mitad francesa. Su familia había sido y era heredera por décadas de una de las mafias italianas más importantes

El padre de ella para abarcar su poderío, y como si estuviesen en plena época medieval, entendió que los matrimonios eran la mejor forma de estrechar lazos, por eso se casó con la hija del jefe de la mafia francesa y de esa relación nació Catarina. Los años pasaron y la ambición crecía. Aprovechando que "desafortunadamente" la madre de la rubia había fallecido en una redada, comenzó a mover sus hilos para expandirse a Japón y eso significaba una sola cosa: buscar una segunda esposa.

Fue en esas circunstancias que Izzy, y Catherine se conocieron.

Los padres biológicos de Koushirou eran mano derecha del Kumicho de Tokyo y habían muerto hace tan solo un par de meses bajo el ritual seppuku. Fueron acusados de vender información a otra organización yakuza en el norte y ese había sido su castigo.

Para fortuna o desgracia del pelirrojo, el que tan solo tuviera ocho años en ese momento jugó a su favor y le perdonaron la vida a cambio de trabajar incondicionalmente para ellos y no pudieron haber hecho mejor elección. Izumi resultó ser un niño extremadamente inteligente en la computación. Fue criado por la hija mayor del Kumicho, la cual más tarde fue entregada en matrimonio a los italianos.

Catarina e Izumi al estar relativamente "en familia" se criaron juntos por cinco años en Japón.

De ese nuevo matrimonio nació una segunda niña Isotta D'Alessandro, mitad italiana, mitad japonesa y de esa forma el padre de Catherine tenía lazos inquebrantables tanto con Francia como con Japón. En su mira también se encontraba Rusia, pero tendría que esperar a que su nueva esposa muriera accidentalmente o simplemente esperar a que alguna de sus hijas creciera para casarla.

La relación entre Koushirou y Catherine se hizo cada vez más estrecha, él la acompañaba en cada uno de sus entrenamientos mientras cuidaba a su hermana menor y al mismo tiempo sacaba información privilegiaba para la organización.

A los trece años, nadie podía negar que el pelirrojo era el mejor en lo que hacía. Borraba, modificaba, agregaba información desde y hacia la Interpol, desde migración, aduana, etc. Él podía hacer lo que quisiera en cuanto a datos de trataba, pero en amor él era un cero a la izquierda.

La rubia de también trece años le decía que quería casarse con él, que aunque su padre más tarde la obligase a estar con otro, ella jamás lo aceptaría.

Catherine fue su primer beso, su primer amor y más tarde… en un viaje que tuvo que hacer a Francia cuando recién cumplía 17 años fue su primera mujer. La madre adoptiva del pelirrojo aprobaba totalmente aquella relación dentro de todo el caos de la mafia, pero quien nunca estuvo de acuerdo fue su padre, por motivos obvios, sus hijas tenían que ser usadas para casarlas con personas importantes, no podían estar con un simple peón que por muy imprescindible que se hubiese convertido no era nadie a sus ojos. Así que movió los hilos y lo envió a diferentes lugares por distintos periodos de tiempo con la intención de que encontrara información de una forma que no se obtiene por medio de una computadora.

Koushirou se tuvo que comenzar a acostar con mujeres de políticos, diplomáticos, altas e importantes figuras que manejaban los negocios y D'Alessandro se aseguró que su hija se enterara de todo y con el mayor detalle posible.

Pero todo aquello no fue suficiente, nadie podía sacar a Izumi del corazón de Catherine. Además ella sabía que en la organización se hacía lo que se debía hacer, no lo que se quería. Y todo lo que hacía su padre para separarla del pelirrojo sólo aumentaba el odio que comenzó a sentir hacia él más después de descubrir que iba a casar a su hermana menor con un hombre de la mafia rusa, un tipo que era más de veinte años mayor. Issota D'Alessandro en esos tiempos solo tenía quince años y ella no pudo hacer nada para evitarlo, incluso trató de ella misma ofrecerse, pero la decisión ya estaba tomada.

En un acto de rebeldía viajó a Francia, en donde Koushirou se encontraba en esos momentos y se casaron. En cuanto su padre se enteró, ardió troya… pero trató de ser precavido ya que la madre de Isotta al ver a su hija casada con aquel tipo se colgó y si bien todo apuntaba a un suicidio, la mafia japonesa lo tenía entre ceja y ceja por lo que mandar a matar a otro de sus integrantes sería inculparse de la muerte de su segunda esposa.

La oportunidad de alejarlos, se presentó dos años después.

Una prostituta que era exclusiva de uno de los jefes de la interpol en Francia, fue asesinada por amenazar a la Millie de destapar a todos sus integrantes en los 4 países en los que actuaba, su cliente fue degollado y su cabeza colgada en la puerta de las mismísimas oficinas centrales de la Interpol… ¿su error? Querer renunciar a entregar información. La prostituta enamorada e histérica buscando venganza había llamado a un tal Yamato Ishida, un policía que estaba dándole unos gigantescos dolores de cabeza tanto a D'Alessandro como al Kumicho de Tokyo. La mujer llamó, Koushirou interceptó la llamada y mandaron a Catarina, que llegada a Francia debió cambiar su nombre a Catherine Deneuve. Fue el momento perfecto, su padre le encomendó enamorar al rubio y más tarde a contraer nupcias con él. Su objetivo era mantenerlo ocupado, alejado y, por sobre todo, entregarle pistas falsas. Ella lo hizo, pero a escondidas seguía viéndose con Izzy… lo hicieron por todo el tiempo que pudieron… y mientras se encontraban, planeaban la forma de sacar a Isotta de las garras de la mafia rusa.

Pero por más que trataron, la relación entre ambos no era la misma, Koushirou no soportaba saber que Ishida dormía con su mujer, que se acostaba con ella… sus celos estaban matando todo. Además la rubia no ayudaba mucho, después de compartir tanto con Yamato estaba comenzando a sentir algo por él y siempre que el pelirrojo le reclamaba algo acerca del rubio, ella le enrostraba en su cara su pasado de prostituto caro. Odiaba saber que quizás cuántas lo habían tocado… besado…

D'Alessandro demoró alrededor de 4 años en enterarse, los negocios iban demasiado bien… y cuando supo que, además de que su hija nunca dejó de ver a ese hombre, también estaba embarazada de él, obligó al Kumicho que lo pidiera de vuelta en Japón, aprovechando que el mandamás de una de las agencias había sido envenenado – una simple y cuidadosa planeada muerte, por supuesto - y a Catherine la dejaron en Francia como encargada hasta que naciera su hija.

Izzy nunca le creyó que el hijo que esperaba era de él y eso los separó aún más, Catherine pasó todo su embarazo sola en Lyon desde donde dirigía todo.

Koushirou le ayudó con su hermana, lograron convencer a su "marido", con mucho dinero, de dejarla ir, sólo debieron acordar que Isotta escapó pero jamás salió viva de Rusia y él recibiría mensualmente grandes fajos de billetes. No fue muy difícil convencerlo, la chica por esos entonces de 17 años, era difícil de manejar y muchas veces él mismo se vio con su propio revolver contra la garganta.

Ambas hermanas habían sido entrenadas desde pequeñas y antes de aprender a escribir o leer si quiera, ya eran expertas en artes marciales, lucha cuerpo a cuerpo… podían armar y desarmar cualquier tipo de armamento que pasara por sus manos. Unas femme fatale como las llamaba su padre cada vez que les ordenaba matar a algún miembro que osaba a abandonar filas. E Isotta era, para orgullo de D'Alessandro la mejor en tiro y en combate. No importaba su complexión delgada, ni su rostro angelical… una vez que tenía un arma en la mano, disparaba sin dudar y sin fallar.

Por eso cuando supo de la muerte de su hija menor, cortó lazos de inmediato con los rusos y mandó a matar a todo aquel que él creyese estuviera involucrado.

Catherine y Koushirou quedaron más tranquilos cuando supieron lo que el padre de la rubia había hecho, de paso sacó del camino a varios que podían haber hablado.

Con el paso del tiempo los Izumi hablaban estrictamente de trabajo. Y a pesar de que Koushirou la amaba como a nadie, se cerró. No preguntó cuándo nació la niña, nunca preguntó nada y cada vez que Catarina enviaba fotos él las borraba. Su curiosidad era gigante pero… tenía terror de verla y apreciar rasgos de Ishida en ella.

Pero ahora… viéndola en la pantalla de su celular, tan pelirroja como él, de profundos ojos negros y con los preciosos rasgos de Catarina. Era imposible no sentir nada, era imposible que su terco corazón no se conmoviera.

Era igual a él.

-Akane Izumi – dijo Catherine a su costado.

Koushirou dio un respingo y bloqueó su celular de inmediato colocándolo contra su escritorio.

-Sí… bonito – comentó sin más volviendo a su computadora.

-Me hubiera gustado poder discutirlo contigo.

-¿A qué hora pasaran por ti? – preguntó cambiando el tema.

-¿No quieres saber cómo está? ¿Si sabe caminar ya? ¿Si ya habla? ¿Si ya sabe de ti? – arremetió la rubia con tristeza.

-No quiero encariñarme con ella…

-¡Es tu hija! – le reclamó – ¡Es normal que te encariñes con ella!

-¡¿Para qué Catarina?! ¿Para qué después tu abuelo la obligue a casarse con quien sabe quién? Nos desasimos de tu padre, pero quedó alguien peor… quizás ni siquiera me alcance a conocer – Izzy se había levantado de su silla y como pocas veces parecía estar perdiendo la paciencia - ¿Sabes que si no logro detener a Ishida, Gennai pidió mi cabeza?

-Pues lo mandamos a matar como lo hicimos con mi padre. Estoy cansada de no poder hacer lo que quiero con mi vida. Quiero que estemos los tres tranquilos, como una familia normal.

-¡Eso jamás va a pasar Catherine!... ¡no somos normales, ni tú lo eres… ni yo lo soy! ¡Y ella tampoco nunca lo va a ser! ¡Estamos malditos! Yo…

Catherine lo calló de un beso, no quería escucharlo más. No había viajado tantos kilómetros para discutir… siempre terminaban discutiendo, nunca encontraban un punto en común entre todo. Ella quería mandar todo a la mierda e Izzy le recordaba una y otra vez que eso era imposible.

-Te amo… - susurró contra sus labios – no vuelvas a alejarme de ti. Hemos hecho tanto, tanto para estar juntos.

-No depende de mí… tu padre se fue, pero queda tu abuelo, queda el Kumicho, queda la Millie, quedan los rusos, que gracias a su abuelo volvieron a entrar al juego. Tu familia se encargó de que esto fuese tan grande que es imposible romperlo.

-Di que me amas al menos… - pidió antes de volver a besarlo.

Izzy suspiró y después de casi dos minutos en silencio hablo en voz baja.

-Amarte no es suficiente, menos ahora…


-¿Puedo unirme o es una reunión exclusiva para rubiecitos bonitos de ojitos claros hijitos de papá?

Takeru, Yamato y Wallace voltearon a ver a Taichi que salía de su habitación vestido de manera muy elegante.

Se acercó a la manada de rubios con una sonrisa irónica

A Wallace ya lo conocía, se toparon en casi todas las oportunidades en las que estuvo en Francia cuando visitó a su amigo y a Takeru, pues fue el novio de su hermana, así que era obvio que también sabía quién era.

Y fue este último, el primero en saludar.

-Hola Taichi

-Hola – contestó incómodo. Ya Sora le había dicho que la llegada del hermano de Yamato tenía a Hikari con los nervios de punta y además su mejor amigo le comentó que él había sufrido por el término de su noviazgo. Y, la verdad, la relación entre el rubio menor y él nunca fue muy cercana. – Es bueno verte… - comentó tratando de ser cordial - ¿todo bien en la universidad?

-Ehhh… sí – contestó echándole un vistazo a su hermano mayor – comienzo clases la próxima semana.

-Excelente… - ahora miró al rubio norteamericano - ¿Qué tal Wallace? ¿Persiguiendo a los malos por todo el orbe, eh? Porque o es eso o estás enamorado de mi amigo… digo para seguirlo tanto – rió.

-Sigues siendo el mismo… - sonrió Wallace divertido – Yamato es un buen partido, lo seguiría siempre.

-Huy! Recuerda que está casado… déjalo primero que encuentre a esa rubia maldita para que le pida el divorcio y después podrán casarse y ser felices – bromeó – aunque ten cuidado… - se acercó al rostro de Brown – supe que te está engañando con una chica que casi lo deja en silla de ruedas…

Yamato demoró medio segundo en darle un fuerte golpe en la cabeza, se había sonrojado más de lo que alguna vez Takeru lo había visto.

-¡No hables estupideces! – exclamó el Ishida avergonzado. Taichi se sobó la coronilla riendo, sacar de quicio a su amigo era su mejor pasatiempo – y ¿Qué haces vestido así tan temprano? – le curioseó para cambiar el tema y así no permitir que ni Takeru ni Wallace preguntaran por el tonto comentario del moreno.

-¿Cómo no te dije? Tengo mi rueda de prensa en donde haré oficial mi retiro y además presentaré a Daisuke como mi reemplazo oficial.

En cuanto Taichi mencionó al novio de Hikari, el Takaishi se retiró lo más disimuladamente posible que pudo en dirección a la cocina, pero los otros dos rubios lo notaron de inmediato.

-Pues que te vaya muy bien – cortó el rubio mayor presente.

Yagami notó como el ambiente se había espesado, así que como pocas veces en su vida, no realizó ninguna broma al respecto. No había nombrado a su nuevo cuñado con mala intención, simplemente era la verdad y él, en ser cuidadoso, fallaba siempre… era cosa de recordar su conversación con Sora que había terminado con la mano de su ex novia marcada en su mejilla por dos días.

-¿Podríamos salir a celebrar en la noche? ¿Qué les parece? – Preguntó el moreno tratando de aligerar el ambiente – oficialmente… libre soy, libre soy – cantó

-No estoy de ánimo para salir – dijo Yamato cruzándose de brazos.

-¿Aún te duele? – bromeó Taichi.

-Te juro que uno de estos días voy a molerte a golpes, Yagami – contestó molesto.

-Pues sería como en los viejos tiempos – le dijo guiñándole un ojo - … pero en serio, salgamos. ¡Quiero celebrar!

-Tú siempre quieres celebrar…

-Vamos Ishida, esto es distinto… ¿hace cuánto no sales? No estoy diciendo que salgamos a bailar, porque sé que tú de bailar sabes tanto como yo de física cuántica… sino que salir con amigos a un bar de mala muerte, emborracharnos… quizás, solo quizás no llegar solos hoy en la noche.

Yamato entrecerró la mirada, su amigo iba a hacer todo lo posible por conseguir una respuesta afirmativa de su parte.

-¿Qué dices Brown? – Taichi miró al otro rubio esperando apoyo.

-Han sido días estresantes… no nos vendría mal una distracción. Además es viernes…

-¿Ves? Hasta tu novio de la FBI me apoya – sonrió y en esos momentos vio a Takeru volver al salón con un vaso de jugo. No podía dejar al hermano menor de Yamato de lado. Quizás el alcohol los ayudaría a limar asperezas o simplemente entenderse – Takaishi tú también estas invitado, por supuesto… es una excelente oportunidad para despedir las vacaciones antes de volver a la universidad.

El trio de rubios se miró entre sí.

-¡Oh, Vamos! No se hagan de rogar… además resaltaré entre tanto cabello oxigenado desabrido, me llevaré a las mejores chicas – torció la boca con aire de suficiencia.

-Está bien – aceptó Yamato – PERO… que sea un bar… no quiero una discoteque ni nada de esas estupideces.

-Yo también voy, entonces – sonrió Takeru. También veía esta salida como una oportunidad de hablar con su ex cuñado.

-Bueno yo no me pienso quedar en mi departamento solo… y ya bastante tiempo de abstinencia he tenido – dijo Wallace.

-No sé cómo lo hacen… para mi pasan dos días sin ponerla y me desespero – miró a su mejor amigo – lamento la chica de anoche, le pedí que no hiciera tanto escándalo.

-Tu eres un puto, Yagami – contestó Yamato rodando los ojos. Tuvo que dormir con audífonos como en "los viejos tiempos".

-Gracias Ishida – y fue como si hubiera sido el mejor cumplido que recibió en su vida – nos vemos en la noche entonces.

Taichi se dirigió a la salida y, sin más, cerró la puerta del departamento. Cayó el silencio entre los tres. Se miraron de reojo los unos a los otros… como si supieran que algo muy bueno, pero al mismo tiempo muy malo se viniera encima de ellos en un par de horas más.

-Creo que compraré condones – dijo Wallace Brown al fin.

-Y yo desinfectante – acotó Yamato – tengo la impresión que hoy mi departamento se convertirá en un prostíbulo.

-¿Tengo que preocuparme? – Takeru no entendía lo alarmados que sonaban los otros dos.

-Solo te diré que salí con Taichi una vez cuando estuvimos en Paris y al día siguiente amanecí con dos mujeres en mi cama, de las cuales no sabía su nombre… con mi billetera sin ni un maldito euro y pensando que en nueve meses más, alguna de ellas me llamaría pidiendo pensión alimenticia– explicó Brown – así que sí… preocúpate.


Sora esperaba impaciente sentada en una de las glamorosas sillas de la consulta médica. Tomó una de las tantas revistas que estaban desparramadas en una amplia mesa frente a ella, los nervios la carcomían.

Había hasta olvidado que Koushirou Izumi llamó días atrás para cancelar el desfile hasta nuevo aviso, creyó que eso podía ser una mala señal y estuvo durante todo el día con el ánimo por el suelo, ni siquiera la gigantesca cantidad de dinero con el que la compensaron aminoró en algo su tristeza. Quería hacer ese desfile y vestir a esa castaña, encontraba que tenía un cuerpo tan bonito que luciría sus diseños a la perfección… no como esas modelos anoréxicas que eran solo piel y huesos.

Al menos tenía que agradecer que trabajo no le faltaba.

Dejó la revista en su lugar y comenzó a tamborear sus dedos contra su muslo.

Hacía dos años atrás que había tomado la decisión, pero no se atrevía a dar el paso definitivo. El tratamiento era costoso y estuvo meses guardando dinero para ello. Así que contactó a uno de los mejores médicos en su especialidad – que además resultó ser un buen amigo que conoció en la preparatoria - demoró 10 meses en encontrar una hora disponible. La primera consulta fue rutinaria y la envió a hacer exámenes… en esta que era la segunda, era en la que al fin le darían una respuesta.

Había demorado bastante entre una consulta y otra. Después de la primera y al reconocerse mutuamente con su amigo, comenzaron a hablar… a salir… y más tarde tuvieron una relación. La cual, si bien, terminó en buenos términos ella lo evitaba.

-¿Sora?

Joe Kido había salido al pasillo y la llamó. Era la única sentada en ese momento y la recordaba perfectamente ya que japonesas pelirrojas eran muy escasas, más si era su ex novia y bueno… era ella, imposible para él olvidarla de un día para otro.

Sora ya sabía el camino a su consulta, por lo que cuando entró fue de inmediato a sentarse a uno de los poltrones negros y lo miró impaciente mientras esperaba que él hiciese lo mismo.

-¿Cómo has estado?... creí que no nos volveríamos a ver… después de… – comentó el médico sonriendo nervioso – Te veo impaciente, Sora – dijo al verla mover sus piernas con insistencia.

-Joe... vengo esperando esto hace un mes. Por supuesto que estoy impaciente.

-Entonces vamos al grano.

El Kido, muy profesional y calmando sus sentimientos hacia la mujer que tenía al frente, removió un par de carpetas acumuladas en la esquina de su escritorio. Sacó una de ellas y la ojeó para comprobar que era la correcta.

-Los exámenes salieron excelentes, eres tan fértil como una mujer de 20 – la miró apoyando sus brazos en la madera – Tengo que volver a preguntártelo… ¿Por qué una mujer tan hermosa como tú quiere recurrir a la inseminación artificial siendo que podrías quedar embarazada de forma natural?

-Joe… sabes que he tenido pésima suerte con los hombres. Me han tocado solo cretinos – suspiró la pelirroja – tengo 32 años y mi reloj biológico me está jugando en contra. Mi sueño es ser madre, siento que ya esperé demasiado. Por favor por me hagas dudar a esta altura – rio nerviosa y no sabía si los nervios eran por su decisión o por tener a su ex novio allí.

-Voy a pensar que en lo de cretino me dejaste de lado.

-¡No!... no pienses eso – dijo avergonzada - Todos menos tú… - aclaró – pero tú… hijos, ya hablamos de ese tema y bueno eso fue el motivo de nuestro quiebre. Queremos futuros distintos, Joe, es solo eso.

El susodicho se acomodó los lentes sin quitarle los ojos de encima. Desde que terminaron que la duda rondaba en su cabeza. Quizás, en el pasado, la palabra "hijo" no estaba en su vocabulario porque simplemente no había encontrado a la persona correcta, pero…

-Y… ¿Si hubiese cambiado de opinión?

Sora dejó de respirar por un momento.

Habían tenido una breve relación, fueron tan solo 8 meses, pero fue tan intensa que parecieron años. Ella lo fue a ver por primera vez para plantearle el tema de la inseminación y él la reconoció de inmediato. Habían tenido mucha química durante la preparatoria pero ella en esos momentos era novia de Taichi, por lo que compartieron solo una amistad. De hecho, fue Joe quien la consoló cuando se enteró de la primera de tantas infidelidades del moreno… pero ella tonta enamorada, perdonó a Taichi siendo que el Kido, ya en esos tiempos, confesaría sus sentimientos hacia ella.

Los años pasaron, ella se tituló de diseñadora. Él de médico y se especializó en fertilidad, algo que hasta a él le sorprendió ya que ser padre no estaba en sus planes, pero ver los rostros de parejas que intentaban durante años mas sin tener éxito y que quedaban esperando familia después de visitarlo, lo hacía sentir muy orgulloso de la especialidad que eligió.

Sora llegó un día cualquiera a su consulta, hablaron por más del tiempo que la misma ameritaba recordando viejos tiempos y contándose en qué estaban actualmente – ambos solteros- y fue después de plantearle su decisión de ser madre soltera que él en un impulso la invitó a salir.

Ambos la pasaban muy bien en todos los ámbitos, pero Sora se había puesto a sí misma como meta ser madre antes de los 32 con o sin pareja y el tiempo iba en su contra. Conversaron el tema en una que otra oportunidad, pero Joe estaba lleno de dudas, su carrera lo absorbía demasiado y no quería ser de esos padres ausentes que llegaban en la noche para darles un beso en el cabello a sus hijos mientras dormían, no se veía en esa situación… no se veía siendo ese tipo de padre, dudaba. Así que Sora optó por lo obvio y decidió terminar su relación, no podía estar con alguien que quería algo tan distinto a lo suyo.

Aun así, siguieron siendo paciente y médico.

Pero desde que terminaron que las dudas comenzaron a disiparse, la extrañaba y entre más tiempo lejos de ella, más ansias sentía de querer formar una familia con ella.

Sora era la indicada.

-Joe, esto para mí es importante – dijo Sora abrazándose a sí misma. No podía negar que aun sentía algo por él. Solo habían terminado hace 2 meses - ¿Por qué cambiarías de opinión así nada más? Ésto es algo serio, es algo para siempre – lo miró con detenimiento y el Kido continuaba sin apartar sus ojos de los de ella. Parecía muy seguro – es tú y yo, él o ella para… siempre.

-Dame otra oportunidad – pidió el médico levantándose de su silla para ir a un lado de la pelirroja – porque te juro que no estar contigo durante dos meses fue una tortura. Quiero hacerte feliz, déjame hacerte feliz Sora y de paso formemos una familia – sonrió.

-¿Puedo pensarlo? – preguntó ella. Estaba realmente nerviosa con la propuesta.

Quería decirle que sí, pero…

No esperó respuesta, tomó su cartera para colocársela al hombro y se levantó del cómodo poltrón. Joe la siguió con la mirada, siguió cada uno de sus pasos desde donde estaba… desde su lado hasta la puerta, no eran más de cuatro metros, pero Sora caminó cada centímetro como si lo estuviese estudiando a cabalidad, cada paso que daba parecía una pregunta y el siguiente una respuesta y el que seguía una duda y así sucesivamente. Llegó hasta la puerta de madera respirando de una forma que parecía que fueran largos suspiros.

Tomó aire y preguntó por última vez… su respuesta iba a ser su decisión.

-¿Estás seguro? – inquirió a segundos de tomar la manilla.

-Nunca había estado tan seguro de algo.

Eso era todo.

Sora dio media vuelta y se devolvió sobre su camino a una gran velocidad. Joe ya la estaba esperando por lo que cuando la pelirroja chocó con él en un beso, él ya estaba preparado. La desesperación se apoderó de ambos, se notaba en sus besos y en el cómo se tocaban. En menos de cinco minutos Joe la sentó en su escritorio y ya le había sacado su elegante blusa para tenerla solo con su sujetador.

La besó en el escote mientras la ayudaba a quitarse las pantaletas y no demoró nada en él mismo en bajarse los pantalones. Subió la larga falda de la pelirroja para dejarla enrollada en su cintura.

-Practiquemos desde ahora – le dijo al oído y Sora ahogó un gemido al sentirlo adentro de ella una vez más.

Lo había extrañado.


Mimi lloró con desconsuelo en la sala de espera del hospital. Izumi tenía sostenida su mano derecha mientras que Juri su mano izquierda.

Estaban las tres juntas en el departamento de la rubia, planificando qué harían durante la noche y a su vez elegían sus prendas para sus respectivas citas, pero todo quedó en nada cuando la Tachikawa recibió una llamaba desde el hospital indicando que su madre había ingresado de urgencia a la sala de operaciones debido a taponamiento cardíaco, es decir, líquido se había acumulado dentro de su corazón provocando que el mismo no pudiera funcionar correctamente. Todo debido a su cáncer.

Ni la rubia ni la nueva castaña sabían de la condición de la madre de Mimi, de hecho, ella no tenía intenciones de contarles, pero su desesperación fue mayor a su decisión y llorando le pidió a Zoe que la llevara al hospital.

Satoe Tachikawa había salido hace tan solo 30 minutos de su operación y los pronósticos que le dio el médico no fueron los mejores. La quimioterapia no estaba ayudando y el cáncer se había ramificado a sus pulmones, esto último desencadenó el taponamiento.

-Debe estar preparada, señorita Tachikawa – le dijo el doctor lo más sutil que pudo tocando su hombro de forma paternal.

Juri y Zoe que estaban a escasos metros escucharon todo y corrieron a sostener a la castaña cuando ella no soportó la angustia y sus piernas se doblaron para caer llorando de rodillas al blanco piso. Luego, como pudieron la llevaron a una esquina en la sala de espera y trataron de consolarla.

Orimoto, no sabía qué tipo de enfermedad tenía la madre de su amiga, Koushirou nunca fue específico y ella en esos momentos no creyó oportuno indagar, pero lo que sí sabía era que Mimi estaba sola, su padre falleció tiempo atrás y ahora podía seguir la madre de ella.

Juri, que la conocía hace pocos días y que siempre se mostraba muy alegre, animada y con una locura divertida, en esos momentos tenía los ojos llorosos. Ella sí sabía por lo que estaba pasando la castaña, ella llegó a ese trabajo al verse sola y desamparada. Su madre también había muerto y su padre debido a la profunda tristeza cayó en las drogas. Actualmente, Juri le pagaba el mejor tratamiento en el más caro recinto en su Hokkaido.

-Va a estar todo bien, Mimi – consoló Zoe limpiándole sus lágrimas en vano ya que por cada una que borraba, aparecían cinco más.

-Voy a quedarme sola – sollozó – no quiero estar sola. Ella es todo lo que tengo, todo lo que me queda.

-No – refutó la rubia – no estás sola. No voy a dejar que te quedes sola.

Y la abrazó con fuerza provocando que Mimi llorara aún más, Juri se les unió en el abrazo y recordando sus propias penurias lloró junto a las dos.

Se quedaron así, en un caos de brazos, lágrimas y palabras de apoyo. Llevaban ya casi 4 horas allí y ninguna tenía la mínima intención de moverse.

Pero fue el celular de Katou quien las sacó de su triste burbuja.

Era Izzy, y lo más probable era que no estuviese muy contento al saber que dejó plantado a uno de sus clientes sin siquiera avisar.

-Pásamelo – pidió Orimoto y Juri obedeció. No tenía intenciones de recibir una reprimenda del pelirrojo. Ella las conocía muy bien al igual que Zoe, por que la rubia sabía que era la única que podía hacerlo entrar en razón.

Dejó a ambas castañas y salió del hospital por la puerta principal. Se acercó a un par de automóviles aparcados, lo más probable es que fuesen de los mismos doctores del recinto y haciendo uso de sus conocimientos – los teléfonos solo se desbloqueaban por medio de la voz del dueño del móvil – tomó la llamada que ya iba sonando por tercera vez.

-Izzy, soy yo.

El pelirrojo reconoció de inmediato la voz de Orimoto.

-¿Dónde está Katou?... ¡Dejó plantado a un miembro de la Millie! – gritó desde el otro lado de la línea.

-Estamos en el hospital.

-¿Qué hacen allí? – su tono de enojo no había cambiado en lo más mínimo.

-La madre de Mimi está grave Izzy… puede morir, nosotras…

-Izumi… deja de ser tan sentimental – reprendió - Juri me está haciendo perder un millón de yenes. La quiero en 20 minutos en el Hilton Tokyo Odaiba. Así que tú ven a mi oficina y llévale el cofre.

-Izzy, ¡¿cómo puedes ser…?!

-¡AHORA!

-Eres idéntico a mi padre… - sollozó - solo te interesa el dinero, no los sentimientos de las personas, eres tan frio, no entiendo cómo pudo fijarse en ti…. Aunque si lo pienso bien… ambos son iguales.

-Y tú… tu eres igual a tu madre… - le dijo, pero no se escuchaba a reproche, sino a nostalgia - el sentimentalismo lleva solo a un lugar Zoe. Vamos a caer todos si no hacemos lo que nos piden y tú sabes que eres la que más va a perder – se escuchó como el pelirrojo botó aire con fuerza, cansado - Por favor Orimoto, dile a Juri que vaya al hotel y ven a buscar la caja.

La rubia se secó las lágrimas y tras suspirar habló.

-Está bien, pero dale el fin de semana libre a Mimi. Sácalo de mi cuenta.

-No puedo, Petrov la agendó para mañana.

-¡Su madre se está muriendo Koushirou! ¡¿Cómo puedes hacerla trabajar?!

-Lo único que puedo hacer es cancelar sus otras citas y darle el domingo libre, pero no puede faltar a Petrov, aun así tenga que llevarla arrastrando y lo haga llorando.

-¡Eres un imbécil! ¡A veces quisiera que D'Alessandro supiera todo y te metiera un bala en la sien!

-Mientras eso no suceda… haz lo que te digo. Te quedan 15 minutos.

Y cortó.


Las horas pasaban, pasaban y pasaban. Mas la montaña de papeles sobre su escritorio no disminuía.

Hikari Yagami nadaba entre facturas, notas de crédito, notas de débito, Cv's de chicas que debía entrevistar para la recepción – ya los mellizos la tenían vuelta loca diciéndole que querían volver a entrenar, se sentían inútiles – tenia además que revisar unos planos para la remodelación de las salas de danza, una que otra hoja de reclamo.

La castaña se tapó la cara y ahogó un grito de enardecimiento mientras contenía lágrimas de frustración. ¡Necesitaba ayuda! El trabajo se acumulaba y acumulaba y su hermano no parecía tener intenciones de ayudarla.

Llegaba a las ocho de la mañana todos los días sin excepción. A veces, cuando podía, nadaba media hora o cuarenta minutos y después todo era trabajo, muchas veces no alcanzaba a almorzar y le pedía a los mellizos que le compraran algo. Perdía la noción del tiempo, como ahora y daban las nueve de la noche y ella aún allí… en su oficina leyendo estupideces y para peor ¡pensando en Takeru!

Golpeó el teclado, enojándose con ella misma, mientras escribía una carta de amonestación para Juri Katou. Segunda vez en una semana que la pillaba nadando desnuda… primero le había llamado la atención verbalmente, ahora era por escrito y si existía una tercera iba a cancelarle la membresía. ¿Cómo era tan difícil de entender que debía usar traje de baño y gorro?

Se levantó histérica y sacó una cajetilla de cigarros que guardaba en uno de sus cajones, bien al fondo. Nunca pensó que llegaría a necesitar nicotina para controlar su estrés.

Lo prendió y a la primera calada, el primero que se le vino a la mente fue su hermano. Lo había visto en la conferencia de prensa en la mañana… él alegre, contento, despidiéndose de su fans, agradeciendo el apoyo a través de los años. Y ¿Dónde estaba el "gracias a mi hermana Hikari que se parte el lomo frente a la cadena de gimnasios"?

¿Por qué Taichi tenía que ser así? ¿Por qué le dejó todo el peso a ella?

El que su hermano nunca supo cómo enfrentar la muerte de sus padres no tuvo por qué haberlo convertido en ese hombre que nada le importaba excepto él mismo. Porque Hikari supo que hubo un antes y un después en Taichi después de ese acontecimiento. Antes él se preocupaba de ella, la cuidaba, hasta la celaba pero de un momento todo cambió, la dejó sola. Cuando ella más necesitó a su hermano mayor, él la dejó sufrir y afrontar su dolor sola, si no hubiera sido por Sora, lo más probable es que Hikari hubiese enloquecido en una agonía infinita.

Y ahora, era de seguro que mientras ella trataba de bajar esa pila de hojas varias, Taichi estaba en algún bar celebrando.

-¡Que injusto! – gritó aventando todos los papeles desde su escritorio al suelo con la mano que no sostenía el cigarrillo.

Le dio otra calada y caminó a su pequeño bar. Tuvo que pasar por la mesita donde descansaba su jarrón de flores blancas y de tan solo verlas la ira creció más y más.

-¡Otro idiota! – exclamó alzando el bouquet. Lo lanzó contra la pared haciéndolo estallar en mil pedazos.

Alcanzó una botella de licor color ámbar y se dejó caer en el piso alfombrado. Una mano con su cigarro casi consumido y en la otra el alcohol.

-¡Salud por los dos! ¡Estúpidos! – dijo llevando la botella a su boca para luego empinarla y así beber de ella.


Zoe se había desecho en excusas, había hecho de todo porque Izzy no la hiciera trabajar el fin de semana y también hizo de todo para que tanto la rubia como Katou pudieran estar a su lado acompañándola, pero Mimi podría estar sumida en un dolor inmenso, pero tonta no era… ese trabajo iba a estar antes que cualquier acontecimiento, fuese el que fuese.

Mimi aguantó todo lo que pudo sola en la sala de espera con la esperanza de que el doctor que operó a su madre la dejase ver aunque sea unos minutos, pero fue imposible. Su estado era crítico y no podía recibir visitas.

No podía creer que todo hubiese empeorado tan súbitamente, llevaban tan solo 5 meses en Japón. No concebía una vida de soledad en la cual la prostitución sería su única fuente de trabajo. Ella tenía otros planes, planes que incluían a Satoe Tachikawa. No se imaginaba sola…no quería estar sola.

Se encontró vagando por las calles de Odaiba casi a las 12 de la noche. Por fortuna, no vestía esos apretados y cortos vestidos de "trabajo". Simplemente vestía unos jeans y una camiseta color rosa bastante holgada, eso ayudaba a ahuyentar a hombres con otras intenciones… esa noche no había calor que le hiciese arder su entrepierna, no buscaba quien le calentara la cama… esa noche, sabiendo que era imposible, buscaba alguna cara conocida. Alguien que supiera de su dolor, alguien que la mirara y supiera de inmediato qué le ocurría.

Por primera vez en mucho tiempo estaba extrañando a Michael. Extrañaba su normal relación con el rubio de cabellos ondulados. Necesitaba de sus abrazos… quería algo o alguien que le recordaba que había tenido una vida normal.

Aguantó las lágrimas mientras se alejaba de la zona de vida nocturna de Odaiba, caminaría hasta su departamento. Tenía la esperanza que el caminar alejase de su mente todo lo malo, pero está ocasionando todo lo contrario… caminar le provocaba pensar más.

Se abrazó a sí misma, la noche helaba como si de un momento a otro el cielo quisiese enviar agua.

-Eso sería la gota que rebalsase el vaso – susurró con la voz quebrada.

Se detuvo en medio de la acera y alzó la vista al cielo esperando encontrar estrellas. Su padre le decía: si hay estrellas en el cielo es porque el día siguiente tendrá un brillante sol. Adiós lluvia.

Mimi no supo cuánto tiempo estuvo perdida mirando el cielo gris. Ni una maldita estrella en el firmamento.

Definitivamente iba a llover.

Cerró los ojos y se dispuso a caminar de nuevo. Avanzó un par de paso y lo vio… venia directo hacia ella, con la vista clavada en su teléfono, al parecer enviando uno que otro mensaje.

Hace años que no lo veía, había crecido bastante, le debía llevar más de una cabeza de altura y era… era idéntico a su padre.

No pudo seguir caminando, se quedó estática en medio de la acera y antes de que ella lo nombrara siquiera, él ya la había visto.

-¿Mimi? – la llamó aun sorprendido.

-Wallace… Brown.

No supo por qué, tampoco quiso preguntárselo, pero avanzó los pocos metros que los separaban y se lanzó a sus brazos llorando. Era lo que necesitaba, alguien conocido… alguien que supiera.

-¿Te viniste a Japón? – preguntó respondiendo a su abrazo.

Ella asintió mientras sollozaba. Hundió su nariz en su pecho y ¡por un demonio! Su aroma era igual al de su padre.

-Mi madre está muriendo Wallace – dijo con dificultad.

Ambos se habían criado juntos, en las fiestas y paseos de beneficencia, sus padres fueron excelentes amigos. Se conocían muy bien.

Fue Wallace quien le presentó a Michael, pasaron la adolescencia juntos, pero después de que el rubio entró al FBI perdieron el contacto y se veían tarde, mal y nunca.

.

.

Yamato los vio desde la otra vereda. Se iban a juntar en un bar a unas pocas cuadras para salir esa noche a "celebrar" como había dicho Taichi.

El Ishida podría haberla diferenciado entre una multitud de personas, esa chica lo había dejado loco y para ello necesitó tan solo un choque y una noche a su lado. No había querido irla a buscar a su departamento, lo habría hecho ver como un sicópata, trató de conseguir su número con Sora i, pero en cuanto lo obtuvo no fue capaz de marcarle.

¿Qué hacía abrazada de Wallace?

Ese abrazo era el de unas personas que se conocen hace muchos años…

.

.


He hablado de varias cosas en este fic y a veces escribo suponiendo que son curiosos y que buscaran en google :P

Asi que para lo que no lo hicieron, pues les dejo una ayudita:

Millie: es como se llama a la mafia francesa. Están dispersas por varias zonas de Francia, en especial por Marsella, Paris, Lyon entre sus orígenes gracias a dos franceses de origen italiano. Una de sus principales actividades fue la prostitución y más adelante el narcotráfico.

Yamaguchi-gumi: Es la organización yakuza más peligrosa y grande de Japón. Están asentados en Tokio, Kobe, Nagoya y otros lugares de Japón. Su jefe máximo se le llama Kumicho. Sus actividades son la prostitución, tráfico de armas, de drogas, etc.

No les explicaré la italiana, es la más conocida :)

Me dio un golpe de inspiración. Tenía este cap a medio terminar y hoy lo releí y como que me subió la inspiración… algo bueno habré hecho hoy :P

Yo sé que ya han ido atando cabos y que algunas cosas ya las van dando por hecho. Porque si bien hay cosas que uno sabe, no tienen idea de cómo van a reaccionar los personajes cuando ellos se enteren y el cómo se van a enterar.

Conté a grandes rasgos la historia de Catherine e Izzy para lo que estaban muy curiosos en saber. Taichi dando su nota de humor yyyyyyy… lo de Sora lo iba a introducir antes, pero no supe cómo… así que me lancé nomas en este cap. ¿Cómo ira reaccionar Tai? ¿Seguirá sintiendo cosas por ella? Sora va esta practicando para tener familia y Taichi es un tiro al aire… voy a tener que encontrar una manera de hacerlo madurar de golpe. Hasta Hikari se está aburriendo de su hermano.

Terminamos con el reencuentro de Mimi con Wallace, la pobre tiene a su mama con una pata acá y la otra allá. Quién sabe si el parecido con su papá le haga sentir algo… jojojo

Prometo responder sus RR's en el próximo CAP sin falta.

Os quiero, Os adoro

Nos leemos,

:)