FOR MONEY
Lore-chan
Capítulo 11
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Sora.
De todos los malditos nombres en el mundo, se tenía que llamar Sora.
¿Por qué no Mari, Hotaru o cualquier nombre que terminara en "-ko"? ¡¿Por qué la chica del bar se tenía que llamar Sora?!
No era que a Taichi le importaran los nombres de las chicas que acababan con él en la cama, solo tenía un tonta costumbre de saber cuántas veces se repetía el nombre de la mujer de turno. A veces y por solo cuestión de aburrimiento las organizaba por la inicial del nombre y, a su parecer, le faltaban alrededor d letras para completar el abecedario.
Pero había un solo nombre que a Taichi le producía remordimiento y culpa: Sora.
Trató de obviarlo durante todo el acto, pero la miraba y era ver a su ex novia, a pesar de que sabía que no se parecían en lo más mínimo, ambas compartían algo imborrable para el moreno: un nombre. Uno que nunca se había topado antes para su propia sorpresa.
La miraba y sus cabellos dorados pasaban a ser rojos como el fuego.
Recordaba los buenos tiempos. Cuando eran solo ellos dos y él no era el imbécil, irresponsable e inmaduro que todos le recordaban de tanto en tanto. Él sabía que lo era, pero estaba tan cómodo con esa vida que no quería cambiarla. En esa vida no había sufrimiento, el recuerdo de sus padres estaba en el olvido, no habían malos momentos. Una jarana constante.
La chica terminó de vestirse en la orilla de la cama y Taichi la continuaba observando embobado repitiéndose internamente: Sora, Sora, Sora.
El sentía que anoche lo había vuelto a hacer con su ex novia, no con una chica que atendía en un bar.
Él sabía que en algún momento iba a extrañar a Sora nuevamente, por eso la fue a ver a su estudio. La extrañaba demasiado, pero cómo él es experto en arruinar momentos se quedó con la mano de la pelirroja estampada en su mejilla. Y ¿qué, inteligentemente, hizo él? Se encamó con otra desconocida para que el placer momentáneo se llevara el dolor que permanecía.
Fue su culpa, eso hasta él mismo lo sabía.
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-Los hombres demoran mucho más en madurar que las mujeres…
-Pues no estoy dispuesta a que siga rompiéndome el corazón a la espera de que madure. He tenido suficiente, he aguantado lo suficiente.
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Fue lo último que escuchó de la conversación que mantenía Sora con Hikari en la casa de la castaña. Nuevamente lo habían descubierto siendo infiel. Primera plana de una revista sensacionalista japonesa. Llamó a Sora para desmentirle todo, pero una imagen dijo más que mil palabras.
Tomó su auto y viajó al departamento de su hermana, Sora siempre iba con ella cuando ocurría algo así. Ambas eran excelentes amigas.
Entró, escuchó su conversación y prefirió irse para no volver más. Días después terminaron definitivamente por teléfono. Lo único que lo dejó tranquilo es que desde que empezó su carrera de futbolista, él dejó muy en claro que no quería que nadie se enterase quién era Sora Takenouchi. Para el resto del mundo, ella no era nadie. En un principio, lo hizo para protegerla, para que no la estuvieran siguiendo los periodistas, ni que fuera acosada por la prensa. Ella tampoco quería ser la futura diseñadora conocida como la novia "de", así que quedaron en que su relación sería un secreto.
Más tarde la misma pelirroja, agradeció aquel acuerdo. Habría sido el hazmerreír de todo Japón y la novia con los cuernos más grandes de todo el universo.
-Ya me voy – dijo suavemente la rubia acercándose a él a darle un corto beso en los labios – lo pasé muy bien… llámame si necesitas compañía más adelante.
Le guiñó el ojo y caminó hasta la puerta del dormitorio mientras se acomodaba el bolso. Taichi la vio de espaldas y al mismo tiempo no.
Era ella, pero no era ella.
Tenía que disculparse con Sora, tenía que hacerlo. Ese había sido uno de sus tantos objetivos cuando decidió dejar su carrera, necesitaba que ella lo perdonara por todo el daño que le había causado.
-¿Sora?
La rubia volteó.
-¿Sí?
-Lo siento.
Ella lo miró extrañada, Taichi tenía una mirada seria. Estaba inmerso en sus pensamientos, unos a los que le pedía disculpas a su Sora no a la Sora que era garzona.
-Lo siento, en verdad.
-No tienes porqué disculparte – sonrió la rubia – a decir verdad, no tengo nada que disculparte. Sé que no soy ni la primera, ni mucho menos la última que está contigo, pero…
-¿Pero? – ella demoraba mucho en continuar.
-Me hiciste sentir especial – después de lanzar esa oración, se echó a reír – debes ser así siempre, ¿no? Las haces sentir especiales a todas – sacudió su mano tratando de que el moreno le restara importancia a lo que acababa de decir - En fin, adiós Taichi.
Bueno, había practicado con una Sora.
¿Sería tan difícil decirle eso a la verdadera? Bueno esa respuesta era obvia, iba a ser mil veces más difícil disculparse con Takenouchi. Iba a dejar pasar el tiempo, quizás un par de meses para que todo se enfriara y de esa forma volver a buscarla, pero esta vez de una forma correcta. Iba a tener que trabajar arduamente en controlar sus palabras y no tirar todo por la borda una vez más, como siempre lo había hecho desde que la engañó por primera vez.
La primera vez que la engañó, fue casi un 40% culpa de él (según él mismo). Sus padres habían muerto hace cinco meses y él se sentía vacío. No era él. No sabía cómo reaccionar ahora que se veía sin nadie, con una hermana pequeña a la que tenía que cuidar, se vio solo sin tener la menor idea de cómo solventar un hogar a los 17 años. Ni siquiera los estudios había terminado.
Su compañera se acercó a consolarlo, Sora estaba en clases de tenis en esos momentos, para su mala suerte la chica era muy buena amiga de su entonces novia y cuando menos lo esperó él se vio besándola… no supo las palabras exactas que gatillaron que la acercara a él y la envolviera en un abrazo para luego hacer chocar sus labios. Él, un tonto y descuidado, que lo hizo en medio del patio en pleno descanso. El chisme demoró menos en llegar a la pelirroja que él en llegar al salón para contarle lo que había pasado y que estaba arrepentido.
Pero ahí hubo algo, no estaba totalmente arrepentido, en realidad, estaba arrepentido de haberlo hecho frente a tanto público. Mas se sintió bien. Esos minutos junto a la chica se sintieron bien, olvidó todo y fue así como siguió haciéndolo… obviando los sentimientos de Sora, dejando de lado a su hermana que sufría tanto o más que él. Él quería tanto olvidar y no sufrir que no le importó nada.
Comenzó en las ligas menores de football amateur, hasta que lo descubrieron unos cazatalentos desde Yokohama Marinos, de allí fue entrenamiento, pagar los estudios de Hikari, ahorrar dinero, mujeres, vivir con Yamato y si había tiempo: Sora. Más tarde, fue llamado para jugar fuera del país en Inglaterra específicamente, luego por las ligas italianas, hasta que fue llamado a la selección y desde allí su fama de disparó.
Tenía 29 años y era millonario.
Hikari, apenas salía de la preparatoria cuando la instó a estudiar Administración de Empresas y mientras estudiaba la dejó a cargo del primer gimnasio, en Odaiba. Luego siguieron los otros y la cadena se expandió y a él no me importó la carga que le dejó a su hermana menor. Nunca le preguntó qué quería a Hikari… quizás en esos momentos quería estudiar otra cosa, quería viajar… pero no, a Taichi eso no le importaba, ella era la única persona en el mundo a quien le tenía plena confianza y la quería a ella al frente de todo.
Desde los 17 años que se alejó de Hikari, hablaban poco… ya adulto, él llamaba más que nada para saber si todo iba bien con los gimnasios, si faltaba algo, pero ¿preguntarle algo personal a la castaña? No. Supo de boca de Yamato que había empezado una relación con el hermano menor de éste, años después supo también por su amigo que habían terminado. No quiso preguntar detalles. Semanas más tarde, las revistas sensacionalistas la nombraban la "novia más afortunada". Ahora salía con el discípulo de Taichi, Daisuke. Y para el moreno, si su hermana en apenas unas semanas ya había cambiado al Takaishi por Motomiya, el tan increíble romance con el hermano de Yamato no había sido tan importante.
Él estaba en su mejor momento, preguntar nimiedades a Hikari no eran necesarias. Además Motomiya se encargaba de contarle cómo iba todo con su hermana. A él no le importaba, pero lo escuchaba igual.
Tan tarde se dio cuenta que su vida personal era un desastre, que la relación con Hikari estaba rota, que había perdido a la única mujer que lo amó incondicionalmente por años y que además lo perdonó infinidad de veces, ella estuvo con él y con su hermana en los peores momentos y él simplemente, no lo quiso ver. Y cuando lo notó habían pasado muchos años. Dicen que nunca es tarde, pero volvió a Japón… visitó a Hikari en el gimnasio y no supo entablar una conversación decente con su propia hermana. Visitó a Sora y todo salió mal.
Solo le quedaba su amigo Yamato y hasta a el rubio lo sacaba de sus casillas con regularidad.
¿Por qué Yamato sí maduro y él se quedó atrás?...
Salió de la habitación con la cabeza hecha un lío y vio a su mejor amigo buscando algo con desesperación.
-¿Qué perdiste?
El Ishida pegó un respingo, no había oído salir a Yagami de su habitación.
-El puto cargador de mi celular –respondió exasperado moviendo todo lo que se le ponía por delante - Se me acabó la batería y estaba esperando una información importante. Además, desperté y Takeru no estaba. Necesito saber dónde se metió… anoche bebió demasiado y estoy preocupado.
-¿Llamaste a recepción para que te trajeran uno?
-¿Tienen?
-Es un hotel de lujo, Matt. Podrías pedir una bailarina de Emiratos Árabes y la traerían en menos de una hora – dijo tomando el teléfono de la habitación - ¿Iphone? – le preguntó a su amigo esperando a que le contestaran desde el otro lado. El rubio asintió – Señorita, necesito un cargador de iphone urgente en el penthouse. Gracias. – Colgó – lo traen de inmediato.
Juri Katou se metió hecha un energúmeno en el ascensor.
Apretaba con furia la carta de amonestación que había encontrado en su casillero minutos atrás.
¡Amargada!, repetía una y otra vez apretando el botón del piso que la llevaría a la oficina de Hikari Yagami.
No le importaba que esa chica fuese la gran jefa del lugar, ella se iba a hacer escuchar. ¿Qué tenía de malo nadar de vez en cuando sin ropa en la piscina? Ella se bañaba muy bien antes de meterse y se cuidaba su cabello con los mejores productos del mercado. Ella no pelechaba, como le hacía entender implícitamente a través de la amonestación.
Llegó al piso caminando rápidamente hasta la gran puerta color caoba. Al ser día sábado la secretaria de la hermana menor de Taichi no trabajaba por lo que nada la detuvo de abrir esas opulentas puertas y entrar furiosa.
La silla estaba dándole la espalda, al parecer Hikari miraba la mañana muy concentrada a través del cristal.
-¡Cómo puedes ser tan amargada siendo que tenemos la misma edad! – exclamó acercándose - ¡Cómo me mandas una carta de amonestación por una estupidez! ¡Te juro…!
Y sus palabras quedaron en el aire. No era Hikari quien estaba en la silla que había girado hacia ella. Había un moreno de cabellos revoltosos y mirada divertida.
Katou, que si veía televisión y mucha - a diferencia de Mimi Tachikawa – reconoció de inmediato a la persona frente a sí.
-Hikari no se encuentra – indicó Daisuke Motomiya desde el asiento.
-Lo puedo ver – sonrió coqueta.
Ella amaba el football y después de Taichi Yagami, Daisuke Motomiya era su segundo jugador japonés favorito de todos los tiempos. Ese chico cuando se sacaba la camiseta en pantalla le provocaba espasmos a nivel uterino.
Y ahora lo tenía frente a ella.
Maldita suertuda amargada de tener tremendo hombre por novio.
-¿La viste por casualidad en algún otro piso?... la he estado buscando y…
-Yo creo que se fue – se apresuró en responder la castaña – me han comentado que se queda hasta muy tarde trabajando. Por ser día sábado, quizás hasta ni vino…
El moreno la observó con detención, no recordaba haberla visto antes. Bueno, no era que visitara el gimnasio con mucha frecuencia, su condición de futbolista no le daba muchos tiempos libres. Miró a la chica nuevamente, no podía negar que fuera una chica muy bonita y que la vestimenta que traía para realizar ejercicios era bastante sugerente y dejaban poco para la imaginación.
Juri, notó de inmediato esa mirada. Eran esos ojos inspeccionado su cuerpo que ella encantaba recibir, su ego subía hasta más allá de las nubes. Y ahora que se lo provocaba a uno de sus ídolos… Ufff. ¿Hacía calor en esa oficina de repente?
-Si según tú no está… ¿Por qué entraste aquí reclamándole? – sonrió Motomiya de lado.
A veces maldecía tener como cuñado a Taichi, le había enseñado ciertas "técnicas a para chicas bonitas"
A diferencia de su cuñado, Daisuke no fue un don Juan al principio. Él tuvo ojos solo para su novia, muchas mujeres se le acercaban con explicitas invitaciones a lugares "más privados", pero él siempre las rechazaba y al final era Taichi quien se las llevaba ya que según él era de muy mala educación realizar tal desaire a una fan.
Pero con el tiempo todo fue cambiando, Hikari era muy fría con él y las mujeres siempre estaban ahí rondando, ofreciéndose. Quizás él no tenía el registro de su cuñado, pero ya empezaba a correr por sus pistas mirando su espalda de lejos.
La castaña abrió la boca para contestarle, pero la cerró al instante. No se le ocurría nada que inventar al respecto.
-Vi tu entrevista ayer… - cambiar de tema era su mejor opción – Felicitaciones, pasaste a ser oficialmente el capitán de la selección.
-Ah sí – dijo mirándola atentamente – muchas gracias.
-Tengo que decir también que eres muchísimo más guapo en vivo y en directo que… a través de la televisión – y Juri levantó una de sus cejas mordiéndose levemente su labio inferior. Ella era experta en seducir y por la cara del moreno, lo estaba consiguiendo.
Él sonrió.
Se levantó de su asiento, mirando de reojo la cámara que tenía su novia instalada en su oficina para luego caminar hacia la castaña y salir del espacio que la cámara grababa.
-No creo haberte visto antes – comentó metiéndose las manos en los pantalones de manera casual.
-Lo sé… si lo hubieses hecho las cosas serían distintas – ella era directa, sin rodeos y ahora que tenía a Daisuke al frente no iba a desechar su oportunidad.
-¿Segura que Hikari no está en el gimnasio?
Caíste, se dijo a sí misma. Esa pregunta conllevaba una propuesta implícita innegable.
-Yo creo que sí está…- dijo tranquila, pero con la vista clavada en él y no era cualquier tipo de mirada – pero no creo que llegue a la oficina muy pronto…
-¿Así? ¿Así de segura?
La respuesta de Katou nunca llegó.
Hikari Yagami entró en la oficina agitada. No notó que habían dos personas allí – que se separaron rápidamente luego de haberse acercado demasiado – hasta que no tuvo a su novio a medio metro. Levantó la vista hacia él y fue como si hubiese visto a un fantasma.
Ella llevaba la misma ropa del día anterior y tenía el cabello todo mojado debido a su encuentro con Takeru en la piscina del lugar minutos atrás. No tuvo el tiempo de secarlo.
-¿Davis? – su voz sonó aterrada..
¡Por Kamisama! Había ido a su oficina solo a buscar su bolso para irse a su departamento a continuar lo que empezó en la piscina con el Takaishi que la estaba esperando… ¡Afuera!
-¡Hikari! – y sintió los brazos del moreno abrazándola con fuerza - ¡Creí que ya te habías ido!... pero sé lo trabajólica que eres.
-¿Cuándo llegaste? – preguntó nerviosa mirando sobre su propio hombro de vez en cuando. Por favor que a Takeru no se le ocurra entrar
-Hace un par de minutos… ¡Te extrañé tanto!
-Yo… - lo separó un poco – Debiste haber avisado, Davis… voy saliendo urgente a mi departamento. Debo cambiarme de ropa, tengo una reunión de último minuto con unos proveedores – hasta ella misma se sorprendió de lo rápido que mintió.
-Te acompaño – sonrió él yendo a buscar las llaves de su auto que dejó sobre su escritorio – mientras vas, me quedaré a descansar y a dormir… no he dormido mucho desde…
-¡No! – Interrumpió casi gritando - ¿por qué no te quedas en el hotel? El departamento está todo desordenado y… ¿Veámonos en la noche?... ¿cenamos juntos? – preguntó atropelladamente.
-¿Estás bien?
-¡Por supuesto que sí! Es solo que la reunión fue tan repentina que… - miró el reloj que tenía empotrado en la pared a un lado del bar notando de paso a Juri Katou - ¡Mira la hora voy atrasadísima! ¿Juri?
-Oh, yo vine por esto – le dijo mostrándole su hoja de amonestación.
Hikari caminó rauda hasta su escritorio, abrió una las puertas más amplias del mismo y sacó su bolso haciendo caso omiso a la mirada confundida de su novio.
-Olvida eso, Katou… sólo trata que no se repita – se acercó a Motomiya para besarlo en la mejilla. No se sentía capaz de besarlo en los labios después de haberlo hecho con Takeru - Te llamo cuando salga para que veamos a la hora que cenamos.
No dijo nada más, mucho menos esperó respuesta. Cerró la puerta de su oficina de un golpe y tras ella, a varios metros, Takeru estaba parado frente al ascensor mirando distraído un par de cuadros.
-¿Por qué demoraste tanto? – preguntó el rubio mirándola caminar hacia él, agitada.
-Nada… nada… - contestó sacando las llaves de su propio auto para tenerlas a mano.
Entraron al ascensor y en medio segundo volvieron a devorarse en un beso apretado y desesperado. Lo de la piscina no los había conseguido saciar del todo.
-Te amo… - susurró la castaña sintiendo como la mano de Takeru se metía bajo su blusa atrapando su seno izquierdo.
Sus manos se tocaban mutuamente en un acto desesperado. Años de deseo reprimido. Hikari olvidó que el ascensor tenia cámaras, no le importó. Deseaba al rubio que la había aprisionado contra el espejo y que con rapidez le subía la falda hasta más arriba del ombligo.
Ambos olvidaron que estaban en un ascensor y que ese ascensor iba a llegar hasta cierto piso y que las puertas iban a abrirse. Eso era la última preocupación de ambos, el reloj se había detenido entre sus besos y sus caricias. Takeru la alzó y sin mucho cuidado la castaña se golpeó contra los espejos, ella le rodeó la cintura con sus piernas mientras le sacaba la camisa por la cabeza al rubio. Se volvieron a besar… en ningún momento se fijaron que ya habían llegado al piso de los estacionamientos.
Las puertas se abrieron y se volvieron a cerrar y ellos adentro continuaron lo que comenzó en la piscina.
Lo primero que hacia Wallace al despertar, era mirar la hora en su celular. Demoró más de lo usual en alcanzarlo y en cuanto lo tuvo entre sus manos notó que estaba apagado.
Se frotó los ojos. Era extraño, él estaba casi seguro que la última vez que lo vio antes de quedarse dormido estaba con la batería completa. Miró nuevamente a la mesa de noche y notó el blanco teléfono de Mimi, fue en ese momento que recordó que el cuerpo que estaba apegado a él era el de su amiga que aún dormía.
Dudó si debía moverse, pero necesitaba saber qué hora era. Mimi le había comentado que quería levantarse temprano para ir al hospital y él la iba a acompañar.
Dejó su teléfono en la mesa y tomó el de la castaña, el cual si bien estaba prendido la pantalla se mostraba en negro. Al menos en una esquina aparecía la hora en colores dorados junto a una W. Iban a dar las ocho ya, estaba cansado y sabía que cuando despertara a su amiga ella estaría mucho peor.
-Mimi… - susurró despacio acercándose a su rostro. Ella pareció no oírlo ya que no se movió. Wallace se colocó de lado mientras comenzaba a acariciar la mejilla de la chica – Mimi… - repitió un poco más fuerte consiguiendo al fin que ella comenzara a abrir los ojos.
-Will… - dijo ella despacio al ver a su amigo y sonrió. No había soñado aquel reencuentro.
-Ya van a ser las ocho – comentó sacando de su rostro varios mechones de su cabello – Debemos levantarnos ya. ¿Pudiste dormir bien, al menos? Ella asintió. - Tomaré un baño rápido para que salgamos lo antes posible - dijo el rubio levantándose – Puedes tomar uno tú también… te hará bien.
Mimi se sentó en la cama mientras observaba a su Wallace sacar un par de toallas limpias del armario.
-Gracias… - le dijo la Tachikawa. Él volteó a verla y sonriendo ampliamente le lanzó una de las toallas en el rostro - ¡Hey!
-Deja de darme las gracias – y rió - Que esto sea como antes, cuando rezongabas toda la tarde porque tu vestido se había manchado con mi bebida… cuando galopábamos por mi hogar en colorado y te quejabas de la montura. Cuando te volví a ver años después de Nueva York y casi me golpeaste por haberte dejado de llamar y escribir. Retomemos nuestra amistad.
-A los amigos también se les da las gracias.
-Oh no, Mimi Tachikawa NO da la gracias a sus amigos. Ella sólo da por hecho que las cosas que ellos hacen por ella deben ser así.
-Cambié Will – reprochó en casi un puchero. Mimi sabía que fue una chica muy caprichosa e insensible en el pasado.
Él se acercó a la cama, colocó una de sus piernas sobre la misma para apoyarse y antes de que Mimi dijese algo le plantó un beso en su mejilla.
-Todos cambiamos con el tiempo, lo sé. Pero ya no quiero verte llorar más, con lo de anoche fue suficiente y darme las gracias por haber reaccionado como cualquier amigo lo hubiese hecho está de más.
-Pero…
-Pero nada Mimi – dijo Wallace con tono severo pero mostrando sus dientes en una sonrisa – ahora quiero que me muestres a mi amiga de infancia y que te levantes con todas las energías que tengas porque iremos a darle ánimo a Satoe – finalizó guiñándole su ojo derecho.
-Mamá, odia que la llames así – rió la castaña.
-Lo sé… me lo dijo en muchas ocasiones. Brown debes ser tener más respeto con tus mayores y llamarlos como señor o señora. No es correcto llamarlos por su nombre – ella volvió a reír al escuchar a su amigo imitando el tono de su madre.
-Se sorprenderá demasiado cuando te vea.
-¿Tan guapo como estoy, dices? – y Mimi le respondió a eso lanzando la toalla a su rostro tal cual lo había hecho con ella minutos antes.
-Te has vuelto engreído. Antes no eras así… - dijo la castaña divertida.
Will no dijo nada, se fue contra su amiga y comenzó a hacerle cosquillas repitiéndole contantemente que él no era engreído y que si no fuese guapo como él decía serlo ella no lo habría besado anoche. Mimi reía bajo él, retorciéndose, replicando que lo había besado sólo a modo de experimentación y porque tenía curiosidad de saber si iba a cumplir su promesa de no dejarse besar por ella jamás.
-Basta… Will… no más… - pedía ella entre jadeos.
Las risas de ambos resonaron en las paredes por largos minutos hasta que cansados y agitados se detuvieron. Los pechos se ambos subían y bajaban con velocidad y por la posición en que había quedado Brown – sobre Mimi – lograba apreciar a su amiga bajo la luz de la mañana como una nueva chica, una extremadamente bonita. Con el cabello desordenado, la ropa descolocada y las mejillas sonrojadas.
Mimi recorrió el rostro de Wallace de esquina a esquina y cuando se detuvo en sus ojos turquesa había algo distinto en ellos. Él tenía razón era guapo, pero no sólo físicamente… tenía un corazón gigante que ella no había logrado notar en su adolescencia. O quizás su corazón se hizo grande con el tiempo. Mutó.
-Yo me habré puesto engreído pero tú te has vuelto una chica muy delgada, muy amable y… - demasiado hermosa, pensó. Pero no alcanzó a decirlo, el teléfono de Mimi había comenzado a sonar rompiendo el momento.
Se miraron por última vez, antes de que el rubio se levantara de la cama, tomara su toalla y se fuera a encerrar al baño.
No puedes enamorarte… tienes estrictamente prohibido enamorarte, Mimi. No estás aquí para enamorarte. Estás aquí para otro fin.
Su celular comenzó a sonar nuevamente, se había quedado pegada en la puerta abierta de la habitación por donde su amigo desapareció para ir al baño, que no contestó en la primera ocasión.
-Answer – dijo en voz baja llevándose el aparato a su oído.
-Buenos días, Mimi
-¿Zoe…?
La trigueña se tuvo que alejar el teléfono para comprobar que quien le hablaba tan tristemente era su rubia amiga.
-¿Estas bien?
-Yo debería preguntar eso, tonta – la risa de Orimoto carecía de color - ¿Cómo estás? ¿Pudiste dormir? ¿Descansaste?
-eh, sí. Algo.
-Estoy cerca de tu departamento. ¿Quieres que te vaya a dejar al hospital?
-Lo que sucede… - Mimi miró a su alrededor, observando con detención la habitación de Wallace – No estoy en Odaiba, Zoe – sintió que desde el otro lado de la línea Izumi iba a replicar, así que se adelantó – No te preocupes, no estuve trabajando. Dentro de todo estoy bien, gracias por preocuparte por mí – sonrió.
-Eres mi amiga. Eso hacen los amigos – hubo un silencio que más tarde le siguió un suspiro – Si me necesitas, solo llámame.
Mimi dio un respingo y su corazón comenzó a latir un poco más rápido. Era como si aquella oración Zoe se la dijese a ella misma, no a la Tachikawa. La voz dela rubia era extraña, estaba teñida de tristeza.
-Zoe… ¿Estas bien? – se aventuró a preguntar. Más silencio. Se escuchaba sólo la entrecortada respiración de la chica, era como ella estuviese… - ¿Estás llorando? ¿Zoe, qué ocurre?
-Todo bien – dijo ella al fin – espero que tu mamá haya mejorado, en verdad, lo quiero. Voy a estar aquí, sólo llama.
No hubo tiempo para contestar, la rubia había cortado.
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Orimoto se secó sus lágrimas como pudo, desde que había dejado la oficina de Hiroaki no lograba detenerlas. Lanzó su teléfono al asiento del copiloto y se inclinó sobre el manubrio de su automóvil a continuar llorando con desconsuelo.
No quería que su relación con Ishida acabase, era lo que menos quería, él le hacía sentir cosas que nunca nadie antes consiguió. Ella era feliz con él dentro de su mundo miserable. ¿Por qué todo dentro de su maldito circulo no podía acabar bien? Ella no pidió nacer allí… si por Izumi fuese preferiría mil veces haber nacido lejos de Tokyo, lejos de la ciudad. Quizás en algún pueblo costero, donde la tranquilidad y la monotonía fuesen parte del día a día. Un lugar donde Koushirou no existiese, ni él ni todo lo que había alrededor y tras el pelirrojo.
Esto me pasa por ser tan sentimental, se reprochó.
Miró su celular recordando que Hiroaki no la había llamado ni una sola vez. Ni un solo mensaje. Ni un "discúlpame", un "vuelve".
¿Realmente su relación iba a terminar?
Si él no estaba seguro de sus sentimientos, no era capaz de decir, de confesar que al menos la quería, todo aquello iba a punto de quiebre absoluto. Había sentido una llaga cruzar su corazón cuando para Ishida fue tan simple y sencillo decir que amó a Natsuko Takaishi… como tan natural salió de sus labios, tan rápido la hirió.
Si algo él tenía razón era que debería haberse enamorado de alguien de su edad. Aunque quizás no alguien de su edad, sino alguien que se pudiese entregar de la misma manera que ella lo hacía. Y, si bien, en un principio la forma de ser de Hiroaki fue lo que terminó enamorándola, hoy era eso mismo lo que estaba matándola de dolor.
Continuó llorando, con la frente apoyada en el manubrio. Sus muslos mojados, su cansancio debido al sueño – llevaba más de un día sin dormir ya – su estómago rugiendo de hambre provocándole una especie de náusea matutina, sus sacudidas debido al frío interior de su auto y de sus sollozos, su pena… su horrible pena.
Y estaba sola en su pena. Y más tristeza sentía de saber de que quizás siempre iba a ser así. Siempre triste, siempre sola. No recuerda momentos en que no se sintiese así, obviamente no lo demostraba, tenía estrictamente prohibido mostrar sus verdaderos sentimientos, ella debía esconderse tras una máscara que provocara terror y lo conseguía con bastante facilidad a pesar de su carita de ángel como algunos le llamaban en el círculo, pero por dentro estaba quebrada desde pequeña.
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-Y tú… tú eres igual a tu madre.
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Recordar el comentario que le había hecho Koushirou con respecto a ella y a su madre, solo provocó que su llanto aumentara. La extrañaba de una manera sobrehumana, ella fue la única que le entregó amor verdadero. Su padre jamás la abrazó, jamás palabras de cariño… a él no le interesaba tener una hija sentimental, sus objetivos para con ella eran totalmente distintos. Lo fueron desde antes del momento de su concepción.
En cambio, su madre siempre le besaba el cabello… decía cuanto amaba esos largos y finos cabellos dorados que desgraciadamente heredó por parte de su padre. Si ella hubiese heredado los rasgos de su madre habría sido trigueña… pensó que hasta un color muy parecido al de Mimi. Pero los genes italianos se impusieron a los japoneses, no así en su corazón. Lloró cuando debió partir muy pequeña desde Japón a Italia… lloró a escondidas estando en aquel país, sólo los abrazos de su madre eran capaces de calmarla, esos abrazos que ahora estaba necesitando desesperadamente y que sabía que nunca más iba a volver a sentir ya que ella ya no existía más en este mundo.
Estaba sola, ahora sí que estaba realmente sola.
No supo cuantos minutos estuvo en la misma posición, pero un mensaje entrante la hizo desvariar de sus tristes pensamientos. Sus manos se movieron antes que su sentido común, desbloqueó el aparato esperanzada solo para volver a torcer una mueca de decepción.
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[09:29 am]
De: Kido Joe
Señorita Orimoto, le recuerdo que hace cuatro semanas debía cambiar su dispositivo y aun no va a mi consulta a renovarlo…
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No terminó si quiera de leer el mensaje.
¡Lo había olvidado!
-¡Mierda! – exclamó dándole la vuelta a la llave de su automóvil. El motor ronroneó como siempre. Sacó el freno de mano mientras salía del sitio eriazo en el que estuvo llorando por horas - ¡Mierda, mierda, mierda! – repitió una y otra vez acelerando cada vez más.
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No fue a la consulta de Joe Kido, sino más bien estacionó su Maseratti en la primera farmacia que encontró.
Salió a los minutos después nerviosa y en cuanto se subió de nuevo a su auto manejó mucho más rápido de lo acostumbrado a su departamento.
¡¿Cómo pudo olvidar de cambiarlo?!
¡Demonios! Con todos los problemas, Koushirou, la llegada de Mimi y tantos asuntos varios lo olvidó completamente. Tuvo que haberle dicho el mismo día que le colocaron a Tachikawa el suyo que Kido le implantara el nuevo. Pero, ¡Lo olvidó!
-Ahora… no… por favor… no – suplicó a la nada.
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Joe dejó su teléfono en la mesa después de enviarle el mensaje a su paciente. Si la chica no andaba buscando complicarse la vida, debería ser más responsable y haber ido hace ya un mes atrás a cambiar su método de anticoncepción.
Bueno ya se lo había recordado por tercera vez, lo demás corría por cuenta de ella.
Entró a la habitación de Sora para encontrarla nuevamente en posición invertida de cabeza. No pudo evitar sonreír.
-No te rías – le pidió la pelirroja un poco colorada. No sabía si era por la posición en la que estaba o por la vergüenza de estarla haciendo – tú me dijiste que debía hacerlo después que tuviésemos relaciones.
El hombre de lentes volvió a torcer una sonrisa, pero ahora era una llena de ternura.
Claro que le había dicho que debía hacerlo, pero solo fue a modo de recomendación. Aquello facilitaba que los espermatozoides encontraran más rápidamente el camino hacia el óvulo, y más que nada era algo así como un truco no algo científicamente comprobado, pero era posible que las probabilidades aumentaran.
Joe se acercó a ella y con cuidado la acomodó de vuelta a su postura normal.
-No más de 10 minutos – aconsejó tras besarla en la frente. Sora rio como una niña a la que acababan de retar por haber hecho la tarea mal. Se sentó de nuevo de su cama acomodándose el pijama - Debo ir a la consulta a atender dos pacientes y vuelvo…
-¿Por qué no mejor te paso a buscar y almorzamos juntos fuera?
-Me gusta tu idea – aprobó el médico abotonando su camisa – estaré listo alrededor de la una.
-O… podría prepararte algo rico acá… - Sora se acercó con coquetería al peliazul, éste notó las intenciones de ella y negó con la cabeza sonriendo – Y… podría darte un postre muy, muy exquisito.
-Tengo que admitir que ambas ideas me resultan muy tentadoras… - volteó a ella agarrándola por la cintura y la atrajo a su cuerpo con fuerza - ¿Qué tal si me pasas a buscar, almorzamos juntos afuera y luego venimos a tu departamento a que me des ese postre? – preguntó en su oído provocando que la piel de la Takenouchi se erizara.
-Doctor Kido, en realidad ud es muy profesional con sus pacientes – Sora alzó una de sus cejas divertida.
-Soy el mejor en mi especialidad y si digo que ud señorita Takenouchi quedará embarazada muy pronto, es porque así va a ser – se detuvo a ver los ojos brillantes de su novia - Lo que más quiero es que seas feliz, voy a hacerte feliz, Sora – finalizó acercándola otra vez para envolverla en un abrazo – porque yo ya lo decidí, quiero una familia contigo
El corazón de ella pegó un brinco hasta la estratósfera.
-Y yo contigo, Joe.
-Entonces… - dijo él volviendo a la tarea de abotonar su camisa que había quedado a medio camino – Hay que practicar mucho, señorita y no olvide sus vitaminas y en especial el ácido fólico. Debes comer adecuadamente y…
Sora no lo dejó terminar, lo cogió del cuello de la camisa para acercarlo y hacer chocar sus bocas. Retrocedieron hasta la cama volviendo a desvestirse tal cual lo hicieron anoche y temprano en la mañana. El beso fue arrollador, los besos del médico eran maravillosos.
-Doctor, ¿Cuánto debo practicar? – preguntó sintiendo como éste volvía a entrar en ella. Se mordió el labio inferior ante esa sensación.
-Todo lo que sea necesario… - contestó antes de gemir mientras salía y entraba una vez más.
-¿Debe mi pareja tomar vitaminas también? De tanto practicar se va a cansar…
-No se preocupe, su pareja está en muy buen estado físico. Él sabe que esto va en serio…
La pelirroja se afirmó de las sabanas mientras cerraba los ojos. No le molestaría demorarse quizás un poco de tiempo en quedar embarazada si la práctica iba a ser así siempre.
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-¿Todo quedó instalado correctamente?
Miyako y Ken afirmaron al mismo tiempo dispuestos frente al escritorio de Koushirou Izumi. Éste sonrió satisfecho inclinándose sobre su asiento.
-Todo está acá – dijo Inoue extendiéndole un pendrive – fue bastante difícil entrar, la persona que ideó el sistema de clave y protección de las cámaras es un genio. Hubo un momento en que creí que no podría ingresar.
-Tú también eres buena en lo que haces Miyako, no te sientas inferior. Puede que yo hubiera demorado un par de minutos, pero tú lo hiciste en 4 horas y eso es admirable. Mas si hablamos si Ryo Akiyama.
-Tuvimos suerte de que el departamento estuviese vació – habló Ichijouji – pudimos hacer el trabajo tranquilos. Hay micrófonos en todo el departamento.
-Micrófonos y cámaras… esto va a ser como un extraño reality show – Izzy sonrió malévolamente mientras tecleaba rápidamente para al fin tener acceso a todo el departamento de Yamato Ishida. El piso aún estaba vacío, ya quería oír a ese maldito imbécil que tanto odiaba y aguarle todos los planes lo antes posible.
Esto va por Catarina… te vas a arrepentir de haber tocado y estado con mi esposa, Ishida. Voy a hacer que sufras lentamente, que seas menospreciado por tus compañeros de la misma forma que pasó en Paris…quiero que esa depresión vuelva, quiero que tú mismo acabes con tu vida. Enviarte a matar sería muy sencillo. Lo que yo quiero es divertirme…
Miyako frente a él se excusó para ir al cuarto de agendamiento. Ken, en cambio, se quedó allí como si estuviera indeciso de contarle algo…
-¿Qué ocurre? – Izumi se desesperaba que a veces tuviera que sonsacarla con tirabuzón algunas cosas al Ichijouji.
-Hoy… muy temprano me llamó Ryo – comenzó a decir inquieto – dijo que había descubierto algo importante. Llamó a Ishida y a Brown pero ninguno le contestó así que acudió a mí…
-¿Qué descubrió? – los ojos de Izzy se abrieron asustados. Tanto Akiyama como Makino eran tan eficaces que pudieron haberse dado cuenta de algo que podría acarrearle problemas.
-No lo sé… la llamada se cortó. Lo llamé de vuelta pero su celular está apagado. De eso ya unas cinco horas – miró hacia una de las ventanas preocupado – fui a su departamento, pero tampoco había nadie… no sé dónde está él ni Makino.
-Pues usa tus contactos en el maldito SAT y ve tras ellos – reclamó el pelirrojo enojado – quiero saber qué descubrieron y que sea lo que sea jamás llegue a oídos de Ishida.
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Yamato tenía sentimientos encontrados.
La información que tenía frente a él era muy normal. Nada extraño. Por un instante creyó que Ryo le enviaría datos duros y oscuros que le harían dudar de Mimi Tachikawa, pero todo lo que aparecía frente a él era el de una chica normal, bueno ni tan normal si según lo enviado perteneció a la alta sociedad neoyorquina.
Se acomodó nuevamente los anteojos y releyó.
Mimi había nacido en Japón, Hikarigaoka específicamente. A los ocho años partió a Estados Unidos con su familia donde los buenos negocios de su padre hicieron fructificar sus negocios de tal forma que en apenas un año tenía tanto dinero como para meterse en una piscina y nadar en él. La castaña estudió en los mejores colegios, fue novia de un tal Michael Phillips y aparecía constantemente en revistas de la alta sociedad de Nueva York. La chica viajó mucho por las fotos que le adjuntaron, hasta coincidieron un tiempo en Paris, ella estuvo en dicha capital cuando él trabajaba allí.
También fue modelo en America, tenía que admitir que desde muy joven la trigueña ya era hermosa, Ryo no debió adjuntar fotos tan explicitas de la vida de la chica en ese trabajo. Estudió danza sólo un año ya que la muerte de su padre la hizo abandonar todo, fueron estafadas con su madre y eso las obligó a devolverse a Japón donde actualmente ella trabajaba para una agencia de modelaje y su madre estaba en el hospital de Odaiba tratándose de cáncer.
Lo que más agradeció, fue verla en una foto con Wallace. No tenían más de 15 años. Eso lo tranquilizó y le hizo atar cabos. Ambos eran amigos de infancia.
Ahora que tenía todo allí, nada lo detenía de ir donde ella.
-¡Maldición! – exclamó sacándose los anteojos de golpe. Se rascó los ojos pensando. En verdad quería acercarse a esa chica y estuvo esperando que algo dentro de todo la información que allí había lo hiciera desistir.
Tomó su celular para llamar a Ryo, pero recordó que él le había enviado un mensaje diciéndole que no estaría el fin de semana en Tokyo. Ni él ni Rika, los dos habían sido llamados por su trabajo en el banco a resolver un par de asuntos a Hokkaido.
No iban a poder hablar por teléfono, al menos hasta el lunes.
-Yamato – llamó su padre – la cena ya llegó.
Se levantó del sillón y cerró la pantalla del computador que Hiroaki Ishida le había pasado hace un par de horas.
Fue a ver a su padre, después que se separó de Taichi luego de almorzar juntos en el restaurante del hotel. También llamó a Takeru que simplemente le dijo que estaba bien y que había devuelto a su departamento en Tokyo a embalar sus pertenencias ya que pronto lo tendría que dejar.
Yamato iba a ir a su piso también, pero desde que encontró a su padre con esa niña que no hablaba con él, por eso lo llamó encontrándolo más desanimado de lo que solía estar siempre. Ahora prefería llamarlo antes de encontrarse con alguna sorpresa.
-Pasta – comentó el rubio levantando una de sus cejas al ver la cena en la mesa.
-No digas nada y come – pidió su padre para luego fruncir el ceño.
El hombre estaba tan acostumbrado a comer pasta con Orimoto que los únicos teléfonos de delivery que tenían eran de comida italiana.
-Esta buena – dijo Yamato probando la lasagna - ¿comes esto muy seguido desde que estás con esa chica?
-Yamato…
-No te lo pregunté ni a modo de reclamo ni para comenzar a discutir – interrumpió – sólo quería iniciar una conversación contigo con respecto a ella. La última vez no fue muy amena y sé que en gran parte fue por mi culpa.
Hiroaki suspiró.
-Déjalo como está – le pidió.
-¿Eres feliz?... digo ¿esa chica te hace feliz?... ¿Cómo cuando estabas con mamá?
-Yamato, en verdad no quiero hablar del tema y no es que no quiera hablarlo contigo porque eres mi hijo. No quiero hablar del tema porque el tema se acabó.
-¿Ya no estás con ella? – Preguntó confundido y de pronto se sintió culpable - ¿Por mi culpa?
-No, Yamato. Fue por mí culpa – volvió a suspirar – sigamos comiendo tranquilos. ¿Cómo te ha ido en el trabajo?
El rubio miró a su padre y lo notó totalmente cabizbajo. Cuando entró al departamento y lo vio, creyó que podía ser debido al exceso de trabajo, pero no era así… no era cansancio lo que había en sus ojos. Era tristeza y era muy profunda… se parecía a la tristeza con que lo vio día a día tras el divorcio con su madre.
Angustia y arrepentimiento.
-En verdad estás enamorado de ella – murmuró y al segundo Ishida padre golpeó la mesa con ambas manos provocando que las cosas sobre la madera tambalearan.
-Basta Yamato – dijo molesto – No quiero hablar de ella. Se acabó, cualquier relación que pude haber tenido con Izumi se acabó. No vuelvas a preguntar.
-¿Por qué? – inquirió haciendo caso omiso a la petición de su padre – la forma en la que hablabas de ella y la defendías. Quizás en ese momento no entendía, o simplemente no quería entender… pero…
Hiroaki se levantó enojado, aunque más que enojado había un nudo en su garganta que le impedía seguirle hablando a su hijo y rogarle que no continuara mencionando a la rubia.
Desde la madrugada que no había podido dejar de pensar en ella, olvidó el número de veces que estuvo a punto de llamarla para pedirle disculpas, para decirle que la necesitaba con él, decirle que sí la quería. Mas tenía que dejarla ir, él ya le había quitado un año y medio de su vida, no podía ser tan egoísta y que continuara amarrada a él… un viejo trabajólico, roto y con matrimonio fracasado a cuestas. Ella merecía algo mejor.
-La quiero, Yamato – soltó una vez que llegó al ventanal y toda la bahía de Odaiba se presentaba ante él como recordatorio de las veces que encontró a Orimoto pegada al cristal observando el paisaje embobada como una niña. Como la niña que aún era – pero no puedo ofrecerle nada.
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"Y lo quiero… lo quiero aunque a ti eso no te agrade y te cueste aceptarlo. Y voy a seguir con él… te guste o no"
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-Ella también te quiere… - dijo el rubio en voz baja a poco más de un metro de su padre. Lo veía reflejado en el cristal y lo invadía un triste escalofrío. Años, muchos años que no lo veía así, en ese estado.
-Tú mismo me dijiste lo ridículo que me veía con ella… imagínate lo que el resto va a pensar si mi propio hijo lo dice – se podía notar la aflicción en sus palabras – Estoy viejo, ya no quiero más.
-Pero… - en verdad Yamato no pensó cuanto iban a calar esas palabras. Cuando las dijo, para él eran ciertas, pero ahora que se sentía en una situación similar. Todo cambiaba. Quizás la atracción que sentía hacia Tachikawa no era nada comparado con lo que su padre sentía, lo entendía.
-Pero nada – dijo tajante y entró a su habitación cerrando la puerta tras él de un golpe.
Se quedó mirando la puerta, perdido en algún punto de ella.
Estaba seguro que si fuera por la rubia, ella no habría terminado la relación con su padre, por lo que estaba ciento por ciento seguro que la decisión la había tomado Hiroaki. Pero si todo estaba bien hace un par de semanas… ¿Qué pasó por la mente de su padre para que todo cambiara así de pronto?
-Nosotros… - pensó Yamato – Takeru y yo… lo hizo por los dos, no por él. Lo hizo por la misma razón por la que se separó de mamá.
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Un extraño tic se apoderó del labio superior de Zoe cuando después de diez minutos volvió al baño en donde había dejado la prueba de embarazo descansar. Las instrucciones decían que menos de tres minutos eran necesarios, pero ella no podía siquiera asomarse.
Antes de entrar se paseó por todo el departamento, maldiciéndose en voz baja y alta su irresponsabilidad de no cambiar el dispositivo que tenía implantado en el brazo como método anticonceptivo. Pero después de tres años, ¡cualquiera olvida!
Cuando vio que habían pasado más de los tres minutos, no se atrevió a cruzar la puerta del baño… se quedó allí en el marco de la misma con las manos entrelazadas, rogando a todos los dioses que saliera negativo. El único con el que no ocupaba protección era con Ishida, así que no era difícil de adivinar quién podría ser el padre. Era un hecho.
Pasaron más minutos y supo que ya no podía escapar, tenía que saberlo ahora.
Avanzó a zancadas y tomó el test y desde ese momento un molesto tic se hizo presente en su labio superior.
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Estaba todo oscuro.
Sabía que ella estaba sentada a su lado, podría oír su respiración entrecortada.
Las luces apagadas, un horrible calor que lo tenía sudando por culpa de la tela negra que le cubría la cabeza y la mordaza mojada que le tapaba la boca. Tenía las piernas y manos atadas.
En cuanto aceptó el trabajo de Yamato, supo que debía ir con cuidado, que Iba a ser peligroso. No pensó que tanto.
Llamó a Wallace, luego de llamar a Ishida. Tenía la certeza de que la información que tenía era muy importante. Él mismo rubio le había dicho que otros países la prostitución y el uso de chicas muy bonitas para los envíos de droga y armas era habitual, todo tras la fachada de simples agencias de modelos. Chicas que obviamente no modelaban.
Las fechas no cuadraban, los datos tampoco… esa chica estaba dentro del círculo.
Ninguno de los dos rubios contestó el teléfono. Así que llamó a Ichijouji, pero no alcanzó a decirle mucho, por no decir nada. Fue tarde cuando sintió a alguien detrás de él, ese alguien le rodeaba la boca y nariz con un paño humedecido. Miró a su lado antes de desmayarse y vio a Ruki ya dormida.
Unas gotas de sudor le cayeron por la columna vertebral al momento que escuchaba voces acercarse, no podía distinguir la conversación por el rebote del eco.
Debían de estar en algún subterráneo, por el aroma a humedad.
La puerta se abrió y tras ello la luz se hizo presente. Entrecerró los ojos tratando de acostumbrarse, había estado muchas horas en la oscuridad. Sólo notó sombras.
-¿Ellos dos?
-Sí, señor.
Una de las personas se le acercó dándole la sombra y de un segundo a otro, éste le quitó la capucha que le cubría la cabeza.
Lo primero que hizo fue mirar a su lado y confirmó para su mala suerte que era Ruki quien estaba ahí. También con la cabeza descubierta, también mirándolo. Luego repasó a las personas a su alrededor. Eran seis hombres, todos de contextura gruesa, como si trabajaran en una empresa de guardaespaldas, cada uno con un arma en mano. Ryo Akiyama pensó que lo más probable era que fueran realmente guardaespaldas. Y si lo eran, lo eran de ese hombre que estaba frente a ella y a la pelirroja.
Era un hombre de aproximadamente unos 70 años, los miraba a ambos con una sonrisa gentil y tenía las manos cruzadas a su espalda. Vestía una yukata azul, sin adornos y sus pies eran adornados de unos geta. Su cabello blanco iba recogido en una cola de caballo larga y cuando el hombre se inclinó a ellos a modo de saludo notó un poco su pecho y éste estaba cubierto de tatuajes.
-Mierda – Pensó – Yakuza…
-Es un gusto, un verdadero gusto – dijo el hombre sin sacar la sonrisa de su rostro – siempre es un gusto toparse con jóvenes tan inteligentes. Tan capaces. Solo tuve que dejar las migajas y ustedes las siguieron cuales polillas siguen la luz de una farola.
Le hizo la seña a dos de los tipos armados que estaban instalados cada uno a su lado derecho y les quitaron la mordaza.
Ni él ni Makino fueron capaces de hablar cuando se vieron capaces de hacerlo.
-Me presento, soy Gennai. Kumicho de Yamaguchi-gumi. No les aburriré explicándoles qué es eso. Ustedes ya lo saben – volvió a sonreír.
-Demonios… estoy muerto. Muy muerto – pensó Ryo. Ese hombre frente a él era el jefe máximo de cualquier organización yakuza de todo Japón. Era como encontrarse con el mismísimo faraón si estuviesen en la época de los egipcios.
-¿Nos va a matar? – la voz de Makino salió como un sollozo.
-No, mi linda muchacha… no – dijo el kumicho con condescendencia – creo que me van a ayudar tanto que no lo siento necesario… al menos por ahora y que no quieran ayudar, claro está.
Y ahí estuvo. Ese brillo maligno que cruzó por sus ojos en un microsegundo les congeló la sangre a ambos jóvenes.
-Les voy a contar una historia… obviamente será un resumen. Los detalles los sabrán más adelante – habló comenzando a caminar con tal parsimonia que causaba escalofríos – Años tras. Muchos atrás en realidad, creí buena idea asociarme con los sicilianos. Ese fue mi primer error. Les entregué a mi hija, a mi única hija en matrimonio. Me dieron una nieta preciosa, la disfruté a ella tanto como pude. Me sentía solo, ya que mi hijo mayor estaba en Hokkaido en esos momentos con su familia llevando los negocios en aquella isla y se llevaron con ellos a mi nieta mayor. Mi nieta mayor, Isotta eran la luz de mis ojos junto con mi hija Izumi. Pero D'Alessandro se la llevó – detuvo su caminar para observar al moreno y a la pelirroja que lo seguían atentos, temían hasta respirar – Sí, D'Alessandro. También lo conocen. Ese hombre, provocó el suicidio de Izumi y que mataran a mi nieta… - sus ojos se oscurecieron y ambos muchachos tragaron aterrados – es por ello que voy a destruirlo a él y a todo lo que le rodea… eso incluye a la Millie y a la hija de él. No más cuarteto, no más GC4. Yo sé que nos llaman así dentro de la Interpol – sonrió – Desde ahora en adelante, será GC2… sólo Rusia y Japón. Nuestros amigos rusos están muy enojados con los italianos por haber asesinado a casi la mayoría de la familia Petrov. Pero la culpa no fue de ellos, la culpa es de Alonzo D'Alessandro por haber entregado a mi nieta en matrimonio, pero como él ya está muerto… tengo que seguir con la línea de sucesión y sigue Lenard D'Alessandro. Ustedes mis inteligentes muchachos van a ayudarme a desaparecer de la faz de la tierra a todos aquellos implicados en la muerte de mi Izumi y de Isotta. A cambio, les entregaré la cabeza de Izzy. Pueden buscarlos como Koushirou Izumi también. De todas formas me es una molestia, nunca entendí el cariño que tuvo mi hija por ese muchacho. Además que no quedará contento cuando el plan se lleve a cabo – dejó de caminar en círculos para mirar al desgastado cielo de la pequeña habitación – díganle a Yamato Ishida que estoy de su lado, que en cierta medida estoy con él… pero que si se interpone en mis planes, tendré que enviarlo a matar.
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Mimi llegó a su departamento ya tarde, más tranquila. El hecho de haber podido ver a su madre y saber que ya salió de la zona crítica en cuanto a su estado de salud, era la mejor noticia del mundo.
Se desplomó cansada en su cama, oliendo el aroma que las sabanas desprendían… aún quedaba algo del de Yamato y eso le produjo un extraño revoloteo en su estómago.
No debes enamorarte, Mimi. No es tu fin… no estás aquí para eso.
Se repitió una y otra vez.
Su celular vibró en su mano, no se había despegado de él esperando a que Wallace le enviara un mensaje cuando éste llegase a su departamento.
Pero el mensaje recibido no era de él.
[11:06 pm]
From: no name
Now.
Ella simplemente frunció el ceño.
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Lamento el atraso.
No han sido semanas fáciles. Han sido semanas horribles, donde no pude escribir nada decente. Este capítulo lo hice, deshice no saben cuántas veces. Esos momentos de bloqueo que odio y que llegan y parecen quedarse y no irse jamás!
Llegamos a la mitad de la historia. Los personajes se presentaron, se sabe qué pasa con cada uno de ellos y lo más importante para donde vamos. Obvio que hay una que otra sorpresa en el camino.
Y me disculpo desde ya, empiezan a morir personajes.
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Mary: Hola linda! Me voy a plantear tu reto. Quizás lo haga más adelante. Por el momento lo veo super difícil, más por tema de tiempo. Pero es interesante :)
Aanndie: Wallace es un amor.. desde que lo vi en la película que lo encuentro tan tierno. Mimi y su harem awww, ella se los merece a todos. Pero mas a Yamato (hablo de este fic, porque para mi estará siempre Tai primero XD). Maldicion hiciste referencia a mi fic donde mas personajes maté jajajjajja… si morirán varios acá también. Lo siento! .
Faby Hola: Ah! estamos en el mismo grupo de las olimpiadas, que genial! Me acabo de dar cuenta jajajaja Van a desaparecer muchos niña! Lo de Hikari y Takeru era cosa de capítulos… ellos se aman, pero están metidos en su duelo interno. Veamos que pasa ahora que se están poniendo al dia en otras cosas :P . Taichi… uff caso aparte. El es taaan especial jajajaja
LadyMimato: gaia! Tan califa maigaaaad… calma las pasiones… ya se viene el lemon xD
ANDREA: Me alegro que te guste la historia y te tenga intrigada. Zoe es importantísima en el fic. Y Ryo y Ruki… en este cap se supo de ellos. :P
Gracias a todos!
Os quiero, os adoro
Favor ténganme paciencia :(
Nos leemos!
