FOR MONEY

Lore-chan


Capitulo 12


-¿Zoe?… ¿Zoe?

La pequeña sacudida que le dio Miyako a la rubia la sacó de su trance momentáneo.

Pestañeó un par de veces y le costó un tanto recordar que estaba en la sala de agendamiento tratando de solucionar el caos de las citas. Hace ya dos semanas que todas las chicas habían vuelto a Tokyo y de pasar a agendar a tres personas a veintitrés era más complicado para la peli morada de lo ésta había pensado - y eso que experiencia tenía de sobra - pero es que su cabeza estaba en otro lado, Ken Ichijouji llevaba varios días trabajando fuera de la ciudad y eso, a su pesar, la tenía con un vacío en el pecho. Lo extrañaba, odiaba extrañarlo porque ella no era mucho para él — por no decir nada - pero, en verdad, lo extrañaba. Y eso repercutía directamente en su eficiencia al trabajar. Koushirou, por supuesto, no estaba nada de contento con ello y le pidió a la rubia ayudarle.

-¿Estás bien?

Preguntó Inoue y Orimoto le sonrió lo mejor que pudo.

-Claro. Es sólo que estoy muy cansada. No he dormido muy bien… ya pasará.

-Deberías ir donde el doctor Kido y que te recete pastillas para dormir.

Escuchar el apellido de Joe Kido le causó una sacudida interna. Ya lo había visitado. De hecho, tenía una cita con él esa misma tarde.

Tenia casi un mes de embarazo y desde ahora los controles iban a ser muy, muy seguidos para su mal haber.

Había pensado en abortar… ufff miles de veces pasó eso por su cabeza. Hasta que vio ese pequeño punto dentro de tanta imagen en blanco y negro. No, no podía… ya lo quería.

De Hiroaki no había vuelto a saber y ella, orgullosa como nunca antes, tampoco lo había llamado, aunque sabía que era cuestión de muy poco tiempo para que ambos volvieran a verse las caras.

-Pon a Misa a las seis y a Yuri a la misma hora en Yokohama. Así no se topan en el mismo hotel… ya sabes que no se llevan muy bien - habló finalmente.

-¿Y qué hago con la de Tachikawa a las ocho? El ruso la pidió sin peros, pero… tiene la agenda copada hasta el martes.

-Manda a Selena a las ocho. Sabes que no podemos hacer esperar a los rusos.

-Pero el director quiere a Mimi.

-La quiere porque es nueva, solo por eso. Le mandamos a Selena con una peluca y que se ponga lentes de contacto. Revisa si ella lo ha atendido antes, de no ser así… no se dará cuenta.

-Eres la mejor - Yols se puso a teclear con energía sobre el teclado - no sé que haría sin ti. A todo esto, ¿Sigues indispuesta?

La rubia se mordió el labio inferior, había inventado una infección urinaria para no atender. Pero sabía que aquella farsa no iba a serle eterna. Decirle la verdad a Koushirou era ir directo al matadero.

-Sí. El doctor Kido dijo que debía guardar reposo por un mes.

Arreglaron un par de citas más y Orimoto salió del cuarto frotándose los ojos cansada. Le habían indicado que se iba a sentir más agotada que de costumbre, que tendría más sueño y que iría al baño más de lo normal. No pensó que iba a ser tanto.

-¿Terminaron?

El pelirrojo la hizo endurecer la mirada. Tenía que mostrarse normal.

-Sí. Al menos por un par de horas.

-Perfecto - replicó este levantándose de su escritorio. Fu hasta su cuarto y después de un par de minutos salió con dos cofres y una maleta color plateada - Necesito que le lleves esto a Tachikawa y que guardes la maleta en tu departamento. Órdenes de arriba.

-¿Por qué en el mío?

-Ordenes de arriba - repitió sin ganas. Él mucho menos entendía.

Tampoco le habían dicho qué contenía la maleta. Estaba con clave y ni siquiera hizo el intento de abrirla. Cuando las órdenes venían desde la jefatura no tenía intenciones de desobedecerlas.

Izumi tomó los cofres con su mano derecha lo mejor que pudo y con la otra la manilla de la maleta. De pronto, la habitación comenzó a darle vueltas y vueltas…tantas que tuvo que afirmarse de la pared para no caer.

-¿Qué ocurre?

-Ha sido solo un mareo - sonrió pareciendo casual - no he comido en todo el día.

-Pues come - indicó severo - no me sirves ni famélica ni enferma. Ya suficiente con tenerte fuera. Necesito te recuperes pronto, las cosas están yendo bien y hay más movimiento de lo normal.

-Lo sé, lo sé. Luego de entregar los cofres iré por un buen plato de ramen.

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Ruki le echó un vistazo sobre el hombro a Ryo. El moreno miraba a través del ventanal esperando que las nubes negras se fuesen pronto y no fuese presagio de una tormenta. La misma que había caído sobre ellos.

Ya nada era igual desde aquel día.

Los habían soltado y desde mismo segundo ya no trabajan para Yamato Ishida. Llevaban ya dos semanas mintiéndole, dandole datos erróneos.

Sabían que estaban mal, pero ya todo estaba fuera de control y sus cabezas podía rodar en cualquier momento si daban un paso en falso.

-¿Terminaste el informe o esperas a que caiga del cielo? - preguntó ella con voz enfadada.

Ryo guardó silencio, no le respondió de inmediato. Tenía listo el informe desde ayer en la noche. Otro informe lleno de vacíos y puertas cerradas.

-¿Cuánto tiempo crees que Ishida demore en saber que estamos mintiendo?

-El tiempo que sea necesario.

La pelirroja se levantó molesta, habían tenido esa conversación tantas veces que ya le hastiaba.

Cerró su laptop y se echó el bolso a la espalda. No alcanzó a avanzar ni tres pasos cuando la tomaron por el brazo haciéndola girar.

-Porque sabes que lo hará… - insistió.

-Espero no estar aquí cuando lo haga. Voy a renunciar - soltó al fin en un suspiro.

-¿Cómo? No puedes dejarme solo.

-¡Yo puedo hacer lo que quiera! - le exclamó quitándoselo de encima - y ¿qué es esa mierda de dejarte solo? Tú y yo no somos equipo. Maldito el día en que acepté esto. Ahora estoy vigilada las 24 horas.

-Yo también - masculló entre dientes - y lo quieras o no. Somos un equipo. Caes tú… caigo yo. No puedes renunciar.

-Pues mírame bien ojitos azules… porque lo voy a hacer.

Le hizo un desaire con la mirada y casi le mete la coleta en la boca al girar para irse del departamento del chico. Ambos sabían que no podían tener esas conversaciones ya en el piso de Yamato. Estaba lleno de cámaras y micrófonos.

-¿Sabes qué? Mejor que te vayas… de todas formas tu personalidad es un fastidio.

-Gracias - le sonrió de vuelta con ironía.

-Quiero ver esa misma sonrisa cuando le digas a "él" que haz renunciado. ¿No recuerdas lo que nos dijeron?

Ruki paró en seco con la mano apretando la manilla de la puerta. Sabía que por muy molesta que estuviese, por muy cansada que despertara y asustada que caminara por las calles… no podía hacer nada.

-Dile a Yamato que nos juntemos en la cafetería. Allí le entregaremos el informe. Hay que encontrar una manera de eliminar los micrófonos y cámaras de ese departamento. Odio ser vigilada de esa forma.

Él moreno sintió alivio al oírla y sin más se acercó a ella para colocarle la palma de la mano sobre el hombro.

-No estás sola.

-Lo sé, idiota.

-No, no lo sabes… Ruki, no estás sola - insistió y ella giró a verlo.

Se miraron por largos segundos. Quizás no eran el equipo que debían ser. Quizás la mala suerte los juntó, pero era cierto… no estaban solos. Estaban el uno para el otro. Porque si uno fallaba, el otro también lo hacía.

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-¡Taichi!

El susodicho dio un salto en la cama y se sentó de golpe mirando a todos lados hasta que divisó al Yamato en la puerta de su dormitorio.

-¿Qué mierda haces gritándome a las…? - le echó un vistazo al reloj en su mesita de noche - ¡Demonios! - gritó él ahora levantándose rápidamente.

-¡¿Qué es esto?! - le preguntó iracundo mientras le mostraba una bolsa plástica con hojas verdes molidas en su interior.

-Marihuana… ¿O ya olvidaste como luce? - rio a medida que lo quitaba de en medio y corría al baño.

-¿Sabes que soy policía cierto? y ¡NO cualquier policía! ¡Trabajo para la INTERPOL!

-No hagas alarde. Es solo un poco que un amigo de un amigo de otro amigo me regaló.

-¡¿Y si vinieran a registrar mi casa?! ¡estaría despedido en un segundo!

-¿Por qué vendrían a registrar tu departamento?

Ambos entraron discutiendo al baño, Taichi abrió la llave del agua y se metió sin más.

-¡Por que la maldita investigación no avanza!… ¡Por que estoy siendo cuestionado en mi trabajo día a día! ¡Por que pueden aparecer en cualquier momento a pedir explicaciones! y ¡Esto estaba en la mesa del comedor como si nada!

-Pues les dices que es orégano y lo guardas en la despensa. A ti te creen todo.

-Me arrepiento del día en que te dije que podías quedarte acá… - dijo entre dientes.

Escuchó el agua cayendo y chocando contra el piso de la ducha. Quería estrangular al Yagami y tenía serias intenciones de hacerlo cuando este salió mojado para luego envolverse en una toalla.

Pero, de pronto, la curiosidad lo pilló desprevenido. Eran medio día, generalmente Taichi no se levantaba sino hasta las tres o cuatro cuando ya no aguantaba más del hambre y pedía comida.

-¿Y tú a donde vas?

-Al gimnasio.

-¿Por qué el apuro?

El moreno rio entre dientes y Yamato lo supo de inmediato.

-¿Quién es ella?

-La próxima chica que oirás decir mi nombre una y otra vez. Se me ha hecho difícil, tengo que admitirlo, pero mejor así. Me gustan los retos - el rubio le levantó una ceja sin poder creer lo que había escuchado - Créeme esta si vale la pena… es… perfecta.

-¿Perfecta? ¿Como la ukraniana que estuvo 3 días acá? ¿O la Puertorriqueña de la cual aprendí a decir: "Oh Dios Mio"? - dijo es perfecto español.

Taichi rio de buena gana. Le gustaban las latinas y su acento.

-No Yamato… Ella… ella es perfecta. Mimi Tachikawa es la mujer más perfecta que existe en este mundo y es la próxima que…

-¿Qué dijiste? - interrumpió el Ishida y ambos se detuvieron en medio del pasillo.

-Que es la próxima…

-No.. que ¿Cómo se llama?

-Mimi Tachikawa… ojos acaramelados, piel blanca, cabello chocolate… y… - continuó mirando el reloj empotrado en la pared - su rutina los días sábados comienzan a la una en punto. Así que si me disculpas me iré a vestir a menos que quieras verme desnudo… aunque creo que te gusta hacerlo ¿Seguro no te volviste gay o algo así?

Pero Yamato no lo oía, no escuchó la puerta del dormitorio cerrarse.

La llevaba evitando - llamarla, ir a Odaiba, lo que fuese - para no caer en ninguna tentación. Pero ahora que sabía que la chica que él quería para él estaba en la mira de Taichi… era lo peor que podía pasarle.

Se movió en círculos, pensando… pensando hasta que se topó con el espejo. Él ya estaba vestido y listo. Conociendo a Taichi, él no saldría antes de veinte minutos.

Veinte minutos en muchos casos, pueden hacer la diferencia.

Tomó la llaves de su auto y salió … cuidando de no hacer ruido.

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Sus piernas se enredaron a las de Takeru quien enterró su nariz en los cabellos de Hikari para poder oler mejor su perfume dulzón.

La abrazó y a pesar de que ella le llevaba casi dos horas insistiendo en que debía ir al gimnasio, ésta no parecía muy convencida del todo de ir.

Ya había perdido el numero de veces en que lo habían hecho esa noche y esa mañana. En realidad, Hikari Yagami, había olvidado todo. En su cabeza sólo cabía el Takaishi.

Se perdonaron después de una larga noche de conversación, acompañada de whisky. Luego del encuentro en la piscina ya nada volvió a ser como antes. Era mejor. Era fantástico. Era ella con el amor de su vida.

-No vuelvas a dejarme… - le susurró entre besos. Y es que se lo decía a cada segundo porque en verdad temía que se fuera una vez más. No quería despertar de ese sueño.

-Estás condenada a una vida conmigo… - dijo en voz baja antes de posicionarse sobre ella, una vez más.

Hikari rio y se dejó llevar por el vaivén.

Fue casi una hora de caricias, sonidos lujuriosos y promesas que ninguno tenia la intención de volver a romper.

-¿Qué hora es? - preguntó la Yagami sacándose el cabello del rostro.

-Casi la una…

-En verdad tengo que ir al gimnasio.

Ambos rieron porque esa frase la había dicho más de treinta veces.

-¿No quieres comer algo primero? - preguntó el rubio en tono sugerente.

-Creo que ya he comido lo suficiente hasta esta hora… Aunque no te niego que me va a dar hambre en la noche.

-Puedo traer pasta - comentó mordiéndole el hombro - la novia de mi padre es italiana y me recomendó un restaurante increíble que entrega a domicilio.

-Me gusta la idea.

Lo besó por ultima vez y, sin muchas ganas, se levantó de la cama. Takeru la miró travieso, su desnudez lo provocaba a querer más. Ella lo notó y alcanzó la camisa del rubio para colocársela.

-Esconderé todo la próxima vez y estarás obligada a andar desnuda por todo el lugar.

La risa de la castaña hizo palpitar el corazón del Takaishi como años atrás.

Malentendidos acá y allá, que los hicieron alejarse. Iba a confiar en ella otra vez, así como Hikari lo haría con él. Era injusto echarle toda la culpa a la hermana de Taichi siendo que él también la tuvo y bastante… por inmaduro y estúpido.

-Yo me baño primero - Takeru saltó de la cama y agarró a la chica de la cintura y la tumbó en la cama.

-¡Takeru! - y lo último que vio fue su blanco trasero desaparecer por la puerta frente a sí.

Se puso de espaldas contra la cama y miró el cielo de la habitación con una sonrisa tonta… la cual poco a poco se fue esfumando. ¿Cuánto tiempo más iba a seguir huyendo de Daisuke? ¿No estaba haciendo con él lo mismo que el rubio hizo con ella años atrás? Tenía que terminar su relación, pero siempre lo posponía. Ayudaba bastante que el Motomiya estuviese ocupado dando conferencias y entrenando para su próximo partido. Con suerte lo había visto una que otra vez y ella siempre estaba ocupada.

"Debe ser hoy" se dijo a si misma.

Se levantó en busca de algo para comer. En verdad que tanto sexo la tenía con un par de kilos menos y a pesar de que comía y comía, sólo bajaba. Pero es que se tenía que poner al corriente de los años que estuvo lejos del rubio.

Y no pensaba alejarse más de él.

Se hizo una coleta en el momento en que el timbre de su apartamento sonaba. De seguro, uno de los gemelos, preocupado por su ausencia había ido por ella.

-¿Daisuke? - preguntó aterrada al verlo tras la puerta.

Éste entró sin decir nada con las manos enterradas en los bolsillos y la boca torcida.

-Sé que me dijiste que no te molestara porque estás haciendo el balance mensual - habló rápido y se rascó la cabeza en un acto reflejo - pero ya estoy harto de que me dejes esperando. Llevo semanas acá y no nos hemos visto… tengo ganas de abrazarte, de besarte, de… - paró de golpe y la inspeccionó alzando una ceja. ¿De quién era esa camisa que llevaba puesta y que le quedaba grande?.

La respuesta llegó en menos de cinco segundos.

Takeru apareció con el cabello mojado y una toalla amarrada en la cintura.

-Hikari, ¿No queda shamp…?

La castaña se tapó la cara. Dijo que iba a hablar con su novio hoy, pero ¡No tenía porqué todo adelantarse así!

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Mimi descendió del auto negro descapotable que le habían pasado en la automotora mientras aun arreglaban el de Izumi.

Amaba ese auto y se dijo a si misma que cuando tuviese el dinero, sería una de las primeras cosas que se compraría.

Se colocó el bolso al hombro y caminó despreocupada mirando las citas que tenía en la tarde después del gimnasio. Estaba ocupada hasta las dos de la mañana.

Suspiró sin ganas.

-Aun no comienzas el entrenamiento y ¿ya estás cansada?

Del susto botó el celular que hizo un sonido seco contra el suelo. Frente a ella, apoyado en una camioneta estaba Yamato Ishida y si ella no estuviera tan nerviosa se habría percatado que él también lo estaba.

-Dejé bien cerrada la puerta - le dijo en tono irónico.

-Yo…

-Al menos eso lo recuerdo muy bien.

-Señor Ishida…

-¿Señor Ishida? - rio con soltura. ¿En verdad lo estaba tratando de señor después de..? Da lo mismo.

Yamato caminó hacia ella sin quitarle los ojos de encima, le estaba costando el contacto visual pero tenía que terminar bien lo que había decidido hacer.

Alcanzó su celular y se lo colocó en sus manos ante su mirada atónita. No esperaba encontrárselo allí. En realidad, no esperaba encontrárselo nunca más.

-Vamos - la tomó del brazo y ella lo siguió sin pataleo. Abrió la puerta de su automóvil y la instó a subir.

-No puedo - dijo al fin Mimi cuando al fin pudo salir de su asombro.

-Claro que puedes. Un día sin trotar y esas cosas no te matarán.

-En verdad no puedo, Señor Ishida.

-¿Vas a seguir llamándome Señor después de que me encerraste en el baño del bar del hotel…después de llevarme a tu departamento…? - después de abusar de mi, quiso agregar.

La castaña se abrazó mirando el interior del automóvil, recordando que le habría arrollado la motocicleta y todo lo que había seguido después de tomar varias… bastantes copas de más.

-Yamato - susurró - no puedo ir contigo.

Él se acercó a su rostro, tanto que su aliento de tabaco con menta la golpeó, paralizándola.

-Me debes una camisa - le dijo en tono suave cerca del oído - una muy cara y especial puesto que me la compré en Paris y además no nos hagamos los tontos: Quieres venir.

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Joe abrazó a Sora mientras ésta lloraba de rodillas en el suelo.

No era fácil consolar a alguien que había confundido síntomas de embarazo con días previos a su menstruación.

Menos decirle que era casi imposible quedar embarazada tan rápido, aunque lo hicieran sagrada mente todos los días a cada instante que pudiesen y ella tomara sus píldoras para aumentar la fertilidad ni mucho menos que se pusiera de cabeza por diez minutos luego de mantener relaciones.

-Esto va a tomar tiempo, Sora. Puede que un par de meses, hasta un año.

-¿Por qué no simplemente no hacemos inseminación artificial? - sollozó - es 100% efectivo.

-Esa opción ya la conversamos y la vamos a dejar para cuando cumplamos un año intentándolo.

-¿Cómo esa chica quedó embarazada apenas el anticonceptivo dejó de funcionar? ¿Por qué a mí me tiene que costar?

-Porque esa chica tiene 21 años y a esa edad las mujeres son muy fértiles… ya lo hemos hablado.

Sora se secó sus lágrimas y miró a su novio decidida.

-Seis meses, Joe. Si en seis meses no lo hemos logrado. Iremos por la inseminación artificial.

-Está bien. Seis meses.

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Miyako caminó casi arrastrando los pies hacia su departamento. Había sido un día agotador. Tenía que decirle a Koushirou que contratara a otra persona, ella no podía con todo, si no fuera por Izumi ella estaría aún agendando.

A veces trabajaba más de 18 horas diarias. Cuanto dinero detrás de todo aquel negocio. Y ella solo conocía solo la punta del iceberg. Estaba segura que había más y, de hecho, lo había… pero ni ella con toda su expertiz había logrado hacer caer los firewalls para ver más allá.

Luego de un tiempo no quiso ni seguir intentando. Si había algo más era tan oscuro que ella podía estar en peligro y ya suficiente con su "trabajo".

-¿Miyako Inoue?

Escuchar su nombre la hizo despabilar. Miró a todos lados hasta encontrarse con el chico del café. Ese de ojos turquesa y cabellos rubios que… - suspiró - ¡Demonios! tenia que aprender a controlarse frente a chicos guapos.

-¿Hola…? - preguntó insegura. De pronto se encontró horrible envuelta en esos pantalones holgados y la camiseta con el logo de Hello Kitty rockera en ella.

-Nunca me llamaste.

-Per-perdí tu numero - dijo avergonzada. Era mentira, por supuesto, ella jamás se atrevería a llamarlo. Un momento… ¿Él quería que ella lo hubiese llamado?

Wallace sonrió y Miyako agradeció estar bien parada porque sino se habría desvanecido y eso habría sido lo menos cool que le podría pasar.

-¿Vives por acá cerca?

-Un par de cuadras más… arriba - se sentía tan incómoda.

-¿Qué tal un café antes de acompañarte?… Hay una cafetería muy buena por acá. Me la recomendó mi jefe.

-¿Un café… conmigo? - ¿En verdad no estaba soñando?

-¡Claro! Te lo debo - y cuando le mostró de nuevo sus blancos dientes, no pudo decirle que no.

Iban a comenzar a caminar cuando una voz a sus espaldas los hizo detenerse.

-¿Por qué le deberías un café a Yols?

Ken Ichijouji estaba ahí parado con odio en sus ojos que se dirigían directo a los turquesa de Brown.

-¿Se conocen? - preguntó asombrado y molesto al mismo tiempo el rubio.

-Claro que sí - sonrió el de cabellos azules con arrogancia. Se acercó a Inoue y sin preguntarle la beso en los labios. Cosa que jamas de los jamases había hecho en publico y de paso entrelazó sus manos - es mi novia.

¿Novia? Ahora si que Miyako iba a desmallarse.

-¿Qué? - dijeron Inoue y Brown al unísono, pero la voz de Miyako sonó tan despacio que nadie la oyó.

-Aléjate de lo que es mío Brown o vamos a tener muchos problemas los dos.

-Descuida Ichijouji… estoy seguro que las personas saben qué es lo mejor para ellas - hizo una pequeña reverencia solo para la peli morada y se despidió.

El silencio cayó como un bloque de hielo entre Yols y Ken.

-No quiero que vuelvas a hablar con ese tipo… nunca más - Ella asintió y continuaron caminando tomados de la mano hasta el departamento de ella.

Algo que a ella tampoco le molesto. De hecho, fue agradable saber que Ken sintió celos por ella. Después de todo, quizás sí sentía algo.

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-¡DISPARA!

La voz frente a sí la hizo tambalear, tanto como el arma en su mano. Lo miró sabiendo que era la ultima vez que lo iba poder hacer. Su rostro no demostraba pena alguna, solo el temblor del arma entre sus dedos evidenciaba el miedo que tenía en esos momentos. Porque órdenes eran órdenes sin importar consecuencias, sin preguntas.

-Papá… yo

-Mimi hazlo de una vez. Estamos acorralados por todos lados - susurró el hombre de cabellos negros arrodillado frente a ella - hija, ella va a cuidar de ti. Está todo planeado, todo listo… tu y ella partirán lo antes posible a Japón…

-¿Pero y mi madre…?

-Tú sabes que lo más probable es que ya la hayan matado… estamos expuestos. Todos estos años acá traté de mantenerlas a salvo y no pude. Ahora debes volver a Japón, encontrarla y llevarla con tu abuelo. El tiempo se nos acabó.

-Papá… - repitió cerrando los ojos al sentir que el hombre tomaba el arma y se la colocaba en la frente.

-D'Alessandro no sabe nada de nosotros. Nos cree muertos hace años. Será fácil que te infiltres. Koushirou Izumi irá por tí, te lo doy por hecho. Catarina nunca te conoció, no te reconocerá. Solo somos una típica familia que emigró, gané dinero, fuimos ricos y ahora yo moriré de cáncer… el dinero está en un banco en Suiza, ya nos creen desahuciados. Aléjate de Wallace Brown padre, sé muy bien en lo que andas hija. Acércate en cuanto puedas a los Petrov. Los rusos y tu abuelo quieren lo mismo - suspiró mirando fijamente a la castaña - hija, Te amo. Tienes que ser tú o van a sospechar. No es primera vez que lo haces… - tomó su mano y le entregó un papel doblado - Este numero es sólo en caso de emergencia. Ahora… ¡HAZLO!

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Un disparo en el sueño despertó a Mimi Tachikawa alterada. Mojada en sudor se sentó en la cama mareada por recuerdo que le dolía pero por el cual nunca lloró - al menos de verdad, las lagrimas artificiales eran muy fáciles de crear - el teléfono a su izquierda parpadeaba indicándole que tenía un mensaje entrante y que no había leído.

Tan pronto como alcanzó el aparato comenzó a sonar. Llamada entrante.

Se levantó con rapidez al ver que, Yamato, dormido a su lado en la cama, podía despertar.

Apretó el botón verde llevándoselo a la oreja, ni siquiera alcanzó a decir una palabra cuando una voz masculina se adelantó.

-Baja ahora. No prendas las luces. Las cámaras están apagadas.

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-Tu madre murió hace escasos dos minutos. Te llamarán del hospital, quiero llanto. Bastante - insistió.

-¿A eso se refería el mensaje que recibí hace unas horas atrás?

-Sí. Estás sola desde ahora y sé que lo harás bien.

-Estoy segura que es ella, Petrov.

El hombre rubio frente a ella la tomó de las mejillas sonriendo.

-Lo sé, por eso hemos decidido matar a tu querida madre ficticia. Las acercará más. Ten cuidado con Izumi. Voy a llamar en tres horas más para agendarte. Asegúrate de apagar el móvil en cuanto Wallace se comunique con Zoe. Koushirou la llamará a ella preguntando por ti. Van a discutir y ella se ofrecerá para reemplazarte. Hoy mismo sabremos si es ella o no.

Mimi suspiró nerviosa.

-¿Que hago con Yamato?

-Es mejor que esté allí… que te de consuelo. Lo estas haciendo bien a pesar de que se suponía que tenias que mantenerte lejos de él.

-Traté de mantenerme lejos y ya ves… está durmiendo en mi cama.

-¿No te cansas? - preguntó irónico sabiendo que ese día había "trabajado bastante".

-Sí, me canso. Pero tú y yo sabemos que esto va a acabar pronto.

-Eso no se sabe preciosa… ¿Cuantos años demoraste en volver? Tenías apenas dos años cuando te fuiste con tus padres arrancando de la ira de mi abuelo - Petrov la tomó del rostro sin cuidado y la acercó - Si estás realmente viva es porque yo los ayudé. Ahora tú me vas a ayudar a mí. Porque sería una pena que todos se enteren quien eres realmente, ¿Cierto? - la besó en los labios y sin permiso alguno la tocó por debajo del pijama - Quiero un espectáculo digno de la gran Drama Queen que eres. Es tu querida madre después de todo quien murió ¿No?

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Izumi se paró frente al edificio de Fuji TV, iban a dar ya las seis de la mañana… ya amaneciendo. Una vez más estaba allí creyendo que podía subir las escaleras, preguntar por Hiroaki, decirle todo y ser felices para siempre.

Se tocó el vientre y dio media vuelta… mañana lo volvería a intentar… y el día siguiente también… y el siguiente… y el siguiente.

Se colocó sus lentes oscuros para ocultar las lágrimas inminentes y continuó su camino con la mirada perdida en el piso. Eso ayudó a que no lograse ver a Catarina, que, a lo lejos, le pareció muy extraño el actuar de su media hermana.

Había querido alejarse de la rubia, pero después de tantos años creía que ya era hora de hablar.

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Es todo por hoy.