"Todo lo que tienes que hacer es quedarte"

Stay, Zedd.


Extrañándote.

Como entrenar a tus soldados AU. Advertencia; Lemons.


Toothless ladró al otro lado de la habitación cuando Hiccup le lanzo su pelota de goma favorita—el pastor alemán atrapando el juguete en el aire y corriendo rápidamente al sillón donde su dueño era completamente miserable—checando el estado de Skype de Astrid cada dos minutos, esperando por algún cambio.

Hiccup gime y da una vuelta sobre sí mismo. Aburrido y triste y preocupado.

Pero demonios que si él tiene derecho a sentirse así. Porque Hiccup está ahí—miserable, pero a salvo, ignorando la serie de Netflix que suena de fondo en su televisión y prestándole mínima atención a su mejor amigo—mientras la única mujer que él jamás podría amar está arriesgando su vida allá afuera.

Hiccup suspira, de nuevo. Pensando en mechones rubios y piel suave y pecosa y en ojos azules y labios rosas y en risas adorables que hacían su estómago saltar.

Él la extraña tanto. Debe de ser patético.

"Astrid…" Él susurra contra el cojín del sillón, recordando cómo están a 7,000 millas de distancia.

Él, muriendo de aburrimiento lentamente en el sofá del estudio de dos habitaciones que tiene en Denver. Ella, arriesgando su vida en medio oriente…

Lo hace sentir impotente, inutil. Como un niño incapaz de evitar que sus padres vayan a trabajar.

Astrid está peleando una guerra que no le pertenece—que no debería de pertenecerle—sirviendo a un país en el que ni siquiera nació. Todo por un legado militar que su familia cumplía hace generaciones, mucho como la de él.

Probablemente esta en patrulla—caminando por montes secos o caminos desérticos, acompañada por su pelotón—o tal vez durmiendo en una de esas incomodas camas plegables que ella hacia parecer tan suaves cuando dormían juntos…

Tal vez este entrenando en el cuartel—levantando pesas con brazos delgados pero musculosos— o tal vez haya vigilancia en alguno de las ciudades seguras y Astrid está jugando futbol con los niños locales como lo hicieron aquella vez—Hiccup nunca habia visto nada tan puro como aquel partido entre soldados y niños, donde los pequeños ganaron 9-3 y gritaron de la alegría—Hiccup habia tenido la suerte de tomar una foto, y la imagen de una Astrid contenta y sudada balanceando una pelota en medio de la ciudad seria el fondo de pantalla de su celular para siempre.

Tal vez ni siquiera este haciendo nada, solo sentada en un sillón leyendo un libro, tal vez pensando en él como él piensa en ella…

O tal vez sea un mal día.

Uno de esos días donde no hay descanso, donde ordenes de central los mandan directamente a la zona de conflicto. A pequeños pueblos destruidos donde inteligencia afirma que hay terroristas o rebeldes o extremistas escondiendo y de las veces donde—desgraciadamente—inteligencia tiene razón.

En este momento, las balas podrían estar volando—plomo caliente e invisible, imposible de esquivar—las granadas explotando y llenando oídos sordos de metralla y muerte.

Hiccup daría lo que fuera por estar con ella. No importaba el peligro, en algún punto entre soledad de secundaria y amor verdadero, su vida se habia convertido en una extensión de las de los que él amaba—y si alguien representaba la mayor parte de dicha extensión, esa era Astrid Hofferson.

Él nunca ha sido una persona muy religiosa—nada, religioso de hecho, menos que ateo—pero si rezar puede cambiar la más pequeña, insignificante acción, entonces él no olvidara pedir por protección todas las noches a cualquier deidad dispuesta a escuchar.

El agujero en su estómago que lleva meses creciendo se va a visitar sus pies, y Hiccup cae en una nueva etapa de preocupación, miedo y pesadumbre.

Él debería estar allá…él debería estar con ella.

Hiccup nunca pensó en enlistarse—nunca siquiera lo considero, él nunca fue el más patriota de su familia, incluso su madre se molestaba en encender fuegos artificiales el 4 de julio mientras él prefería pasar el rato escuchando música latina—fue una decisión más influenciada por su padre, en serio. Gerard Haddock no era apodado "Estoico" solo por las frías decisiones de campaña que tomo cuando se lanzó como gobernador del estado de Colorado. Y aunque llevaban años discutiendo la posibilidad de que Hiccup se enlistara en las reservas…

Al final, Hiccup fue el que tuvo la última palabra, y esta fue cuando decidió comenzar el cambio en su vida enlistándose en las reservas militares.

Habia muchas formas en las que todo pudo haber transcurrido. Hiccup pudo haber entrado en Harvard o incluso en el MIT, tal vez hasta se pudo haber conformado con la universidad de Boulder, su record estudiantil lo pudo haber llevado a muchos lugares. Pero el destino juega de maneras inesperadas, y un par de meses después de escribir su nombre en aquel papel de reclutamiento, una carta llego a la puerta de su casa, convocándolo al medio oriente.

Por alguna razón, la carta no le trajo tanta angustia como él esperaba. De alguna manera, casi era un cambio refrescante.

Obviamente, Hiccup no puede negar que abrir aquel sobre blanco lo lleno de miedo, y durante más de una semana él pensó en la posibilidad de esconderse de su propio país, de su gobierno—después de todo él tenía solo 19 años, ni siquiera suficiente edad para beber alcohol, pero aparentemente suficiente para que lo armaran para matar.

Entonces llego la etapa de la aceptación, y Hiccup intento verlo como otro escalón de su vida…Era difícil, pero él en serio lo intento, después de todo tal vez ni siquiera lo mandaran a luchar contra un grupo terrorista en algún país tercermundista, ¿cierto? Por todo lo que él sabía lo podrían únicamente convocarlo todos los sábados a limpiar alguna calle junto con otro grupo de personas demasiado inadecuadas como para aguantar la presión de la guerra.

Vaya que si estaba equivocado.

Letras negras lo habían convocado e ignorarlas era imposible. En un par de meses, su vuelo hacia Afganistán salía.

Su padre no quería que fuera, alegando que enlistarse habia sido solo una estrategia de campaña que Hiccup habia llevado demasiado lejos—le habia dicho que no tenía que irse, que no tenía nada que demostrar y que su campaña política no valdría tanto como para perder a su único hijo.

Hiccup lo habia abrazado y le habia dicho que era algo que simplemente tenía que hacer. Él llevaba tanto tiempo escapando de su propia vida, habia llegado la hora de enfrentarse a sí mismo.

Su madre habia estado furiosa, como la pacifista protestante que era, le habia dicho cientos de veces que habia él no tenía que ser parte del censo. Uno más en la interminable lista de patriotas sin cerebro que servían como el cuerpo de la serpiente americana en medio oriente.

Pero Hiccup sabía que la serpiente tenía muchas escamas, y no todas ellas estaban tan podridas. Más de un residente no estaba de acuerdo con la violencia que su país traía al mundo. Después del 9/11, Al-Qaeda se habia convertido en un sinónimo de terror incluso en el lugar donde decían alabar a su mismo dios.

Habia demasiadas opiniones, demasiadas voces correctas murmurando—demasiadas voces equivocadas gritando. Cuando todo está dicho y hecho, ni religión, ni etnia, ni creencias parecían importar—toda la sangre derramada es roja.

Incluso bajo las nubles grises, Hiccup voló hasta Afganistán con la cabeza en alto, o tan alto como pudo.

Y ahí fue cuando encontró algo más por que vivir.

Ella habia sido su compañera de escuadrón—pero por la forma en la que controlaba el lugar, bien podría haber sido su superior—una chica pequeña y rubia, ojos azules y cabello dorado y corto sobre su cabeza—tan parecida a su amiga de preparatoria, Cami, que era inquietante—y justo como con Cami, Hiccup no fue capaz de hablarle por mucho tiempo.

Durante los primeros meses enlistado, el único amigo de Hiccup fue el pequeño pastor alemán que se imprimo con él y que lo seguía a todos lados…

Bueno, eso es mentira, fue Hiccup al que le fascino el perro, y aunque este lo ignoraba como si fuera una pulga, fue Hiccup él que lo seguía a todos lados. Un perro de reserva que llego junto con un grupo de otros 6, pero fue el único que se negó a aceptar un soldado que ayudar…

Hasta que Hiccup fue lo suficiente idiota como para disparar su M16 accidentalmente mientras la limpiaba, hiriendo al animal en la pierna y dejándolo lisiado y cojo de por vida.

Fue su culpa, únicamente suya. Y su oficial superior le habia aconsejado que tuviera piedad y le disparara, después de todo el animal no era se negaba a hacer el servicio para el que fue entrenado, así que no era muy útil para nadie en el cuartel.

Pero Hiccup simplemente no podía hacerlo. Él nunca fue esa clase de persona—así que, aguantando mordidas y ladridos, Hiccup habia cuidado al animal hasta que logro volver a caminar, salvándolo de la muerte y logrando evitar la amputación.

Toothless fue un nombre irónico, las marcas de dientes en su brazo lo dicen todo—un tiempo después, el perro se convirtió en su mejor amigo.

Una tarde, el perro habia salido corriendo de la nada. Y cuando Hiccup lo habia seguido hasta uno de los últimos embargos de suministros lo habia encontrado ladrándole a una de las cajas de arena que le pertenecía a uno de los grupos agresivos y que miembros del equipo de reconocimiento habían embargado.

A Hiccup probablemente nunca lo habrían tomado en serio de no ser por Toothless.

Todo el cuartel estuvo tan cerca de caer esa tarde.

10 kilos de C4—suficiente para hacer llover fuego justo sobre su almacén de combustible. De no haber sido porque el olfato de Toothless era asombroso incluso en estándares caninos, tanto el corazón del cuartel como docenas de vidas habrían sido voladas en mil pedazos esa mañana.

Fue casi surreal cuando lo ascendieron a un puesto superior—de soldado raso a soldado de primera—y lo trasladaron a un distinto pelotón.

Y ahí estaba Astrid, la cual no estaba tan feliz de que alguien como Hiccup hubiera logrado subir un escalón militar gracias a su compañero canino.

Hubo un par de episodios en los que Hiccup logro ser útil para su equipo, su complexión delgada lo hacía parecer inocente e inofensivo, su piel no era tan clara como la del resto de los soldados y Hiccup habia logrado aprender suficiente persa como para poder comunicarse, lo cual hacia que los locales afganos lo adoraran, y por consecuencia, le contaran toda la información relacionada con todo. Gracias a ello, su equipo logro conseguir la ubicación de un almacén terrorista en el cual al ser incursionado encontraron embalajes llenos de rifles de asalto—un rato después Toothless encontró una mina enterrada justo debajo de su ruta de suministros…Y bueno, para cuando Hiccup se dio cuenta ya lo habían ascendido al rango de Cabo—el ultimo rango al que podría subir con hazañas tácticas—si quería seguir ascendiendo en rangos militares (no quería, honestamente en esos días el solo quería hablar con Astrid) entonces necesitaría proezas en combate

Vaya que si la mirada de Astrid habia sido fría. Superada en rango por un desconocido en un par de meses.

Honestamente, Él nunca pensó que lograría salir de su lado malo.

Hasta un pequeño escalón fallido en la subida a la autoestima.

Hiccup nunca habia visto a nadie morir, pero durante esa tragedia que fue su primera emboscada, la primera vez que él y sus compañeros en armas fueron atacados en medio de la carretera desierta de una zona que se suponía que era segura.

Su pelotón lucho de vuelta—probablemente la media hora más larga de vida, donde la muerte parecía una posibilidad obvia.

Muchos de sus compañeros cayeron, la munición se agotó y el equipo de radio quedo tan destruido por una granada errante que llamar refuerzos y equipo médico era imposible, ni siquiera el transporte funcionaba—jeeps destruidos y llenos de agujeros de balas regaban la zona como un cementerio. Y cuando la masacre terminó, los únicos que se mantuvieron sin heridas tan graves ni desmayados, ni tan emocionalmente destruidos que no podían ni caminar, fueron Astrid y Toothless, los cuales debían caminar por 4 kilómetros de zona conflictiva hasta llegar al siguiente punto donde tal vez hubiera un radio. En la noche.

Una bala habia alcanzado a Hiccup, hundiéndose en su abdomen justo sobre su cadera. Y no importa todo lo le rogara, Toothless se negaba a dejarlo solo

Honestamente, en ese instante Hiccup probablemente hubiera aceptado la muerte en ese extraño país.

Pero alguien necesitaba ir con Astrid—Toothless era un perro detecta minas y la zona bien podría estar plagada de bombas enterradas—dejarla ir sola simplemente no era una opción.

Ademas, Toothless probablemente moriría sin él, justo como Hiccup habría muerto tantas veces sin Toothless.

Entre la espada y la pared—Dejar que Astrid arriesgara su vida, o intentar que ella no fuera y literalmente condenar a todo el escuadrón junto con él mismo—Hiccup habia decidido morder la bala. Después de todo, su vida no valía tanto como la del resto. Tal vez Astrid podría cuidar de Toothless.

Así que Hiccup habia amarrado una bandana en su herida, suspirado limpiamente, y se habia levantado, argumentando el dolor de su cuerpo como daño emocional. La sangre no le pertenecía, solo era algo de lo que le habia salpicado cuando aquel disparo le dio al soldado Geller, su piel estaba pálida porque está asustado.

Al parecer, estar al borde de la muerte te hacia un mejor mentiroso.

"Háblame de ti" Hiccup le habia dicho mientras avanzaban por el seco camino. Si él iba a morir, al menos tenía derecho a hablar un poco con aquella persona que le habría gustado conocer.

Y sorprendentemente, ella lo habia hecho.

Como si todo el rencor de la rivalidad desapareciera en un instante, Astrid le habia contado como su familia venia de generaciones de veteranos que se sentían orgullosos de servir en una guerra, o al menos en servicio—el abuelo de ella habia servido en Corea, su padre hizo su servicio en Israel—y como sus dos hermanos eran demasiado pequeños para entrar a las reservas, Astrid se habia ofrecido.

Ella le habia contado como creció en Denver. Jugando con bolas de nieve en las montañas y como todos los veranos la pasaban de viaje en Boulder. La familia de Hiccup viva en Boulder y siempre viajaba a Denver a esquiar en el invierno—él habia soltado una risa irónica al oírla, y luego habia tragado la sangre que escapo.

Astrid le dijo de como entraría a la universidad al regresar. De como siempre quiso jugar Soccer para el estado de Colorado y como esto le daría una beca deportiva de manera segura. Ella le conto de su padre y de cómo se negaba a acercarse a cualquier arma después de su tiempo en la marina y de su cómo su madre hacia el mejor pastel de manzana del mundo.

Ella le conto historias tontas de secundaria y de sus amigos en casa, le hablo de como todos sus amigos tenían nombres raros y de lo bien que él encajaría entre ellos con un apodo como 'Hiccup'. Astrid dijo que se los presentaría al volver a casa y todos podrían ir a tomar cerveza y comer pollo grito en su bar favorito. Habían pasado un buen rato imaginando la situación, y ella no habia parado de decir cómo le gustaría que él los conociera.

En esos momentos, él solo habia pensado en lo mucho que le habría gustado conocer mejor a Astrid. Porque cada vez todo se ponía más frio y el camino se veía más oscuro. Toothless lamia su mano con preocupación y él le daba pequeñas caricias, pensando en lo mucho que lo quería y en cómo no quería dejarlo solo…

Lograron esquivar dos minas que Toothless logro detectar a tiempo antes de llegar a su destino. Una pequeña caseta de antena en un campo desértico.

Astrid pudo hacer la llamada de radio necesaria, dándole sus coordenadas a central y salvando al escuadrón de una muerte segura en medio de la noche.

Él no recuerda el resto, se desplomo apenas escuchar la estática del radio.

Por mucho tiempo, él estaba seguro de que murió mientras dormía—de que la sangre lo abandono hasta que el frio se volvió calor—porque al despertar fue como si su vida entera hubiera cambiado.

Astrid estaba con él, leyendo un libro al lado de su cama. Con Toothless calentando sus pies. Y tantos globos de colores flotando por la habitación que Hiccup estaba sorprendido que no levantaran el techo.

El resto fue un sueño hecho realidad, tan maravilloso como podía ser un sueño cuando lo vivías en tu servicio militar en el otro lado del mundo.

Hiccup no quería pensar en todo lo que implico enamorarse perdidamente de ella, la historia era demasiado larga—meses de citas secretas y besos furtivos, tantas peleas comenzadas por el miedo racional de que uno de los muriera con tantas palabras que aún no se decían—esas semanas en los que Hiccup moría de celos de la relación de Astrid y su oficial superior, las cuales terminaron de manera de manera más que satisfactoria.

Piel pálida y pecosa, suave y rosa y caliente contra su piel. Gemidos ahogados y tentaciones liberadas y su boca tan pequeña y cálida y acogedora que… ¡Ah!

Hiccup sintió sus mejillas enrojecer, sacándolo de su tren de recuerdos y regresándolo al presente, haciéndolo gruñir contra su almohada.

No, basta. Mal Hiccup. Pensar en sexo con Astrid no es lo que necesitas en este momento para dejar atrás esa paralizante angustia.

Hiccup se intenta levantar, pero la falta de pierna lo impide con un cojo salto sobre el piso que lo hace soltar un grito poco-masculino, Toothless corre en su ayuda inmediatamente, justo como la primera vez. Dando ladridos preocupados y sobando su hocico contra su pierna buena, intentado ayudar.

Él lo levanta en un abrazo y Toothless ladra felizmente, la prótesis que lo ayuda a caminar relinchando fuertemente cuando el animal mueve la cola.

Genial, en serio. Hiccup es la única persona que pasa de pensar en sexo con la mujer que ama a la trágica perdida de su pierna.

Fue una mina. Astrid siempre le dice que para ella fue mucho más. Pero la verdad es, Hiccup voló a Afganistán vacío y con todas sus extremidades, y regreso sin pierna y con una vida. Para ser honesto, él lo encuentra como un trato justo.

Excepto que no lo fue. Porque el trato venía con letras pequeñas. Y al sobrevivir esa mina de tierra y perder la pierna, los altos mandos pensaron que era una buena idea darle una medalla y mandarlo a casa.

Para cualquier persona normal lo seria, pero para Hiccup no lo era. Éllo odiaba.

Lo odiaba porque lo alejo de Astrid, porque, aunque ella estaba aliviada de que él saliera de esa zona de muerte, eso significaba dejarla sola. Y Hiccup hubiera dado lo que fuera por no haberla dejado sola en ese lugar. Ya que aún acompañada y respaldada por todo un ejército, él tenía miedo, miedo de perderla, un miedo paralizante de que un solo error, un resbalón, un arma trabada…un solo instante era todo lo que necesitaba para perderla.

Lo hacía sentir tan pequeño. Hundido en un pozo de preocupación donde en cualquier momento podrían tocar la puerta y avisarle que…

¿Tal vez debería salir un rato? Tal vez llamar a Fishlegs o a los gemelos y salir a tomar algo en el bar, tal vez ayudar a Tuffnut a ligar con chicas y chicos por igual—solo una calmada noche de semana, intentar sacar su cabeza de Astrid...

Hiccup recuerda como los que ahora son sus amigos fueron los amigos de preparatoria de Astrid, lo cual lo hace recordar a Astrid, lo cual lo hace dejar a Toothless en el suelo y volver a caer en el sillón.

Él debería hacer cosas que lo hagan no pensar tanto en Astrid ¿Tal vez ir al supermercado? No, hace unos meses Astrid lo visito y lo único que los hizo salir de la cama fue ir a abastecerse de alimentos al supermercado.

¿Sacar a pasear a Toothless? Nah, él se ve muy pacifico jugando con un hueso de plástico al otro lado del cuarto. ¿Tal vez recoger a Stormfly? No, Ruffnut la pidió esa semana y Hiccup en serio no quería recordar lo que estaban haciendo la última vez que entro al departamento de Ruffnut y Fishlegs sin invitación—las imágenes aun lo persiguen en sus pesadillas, mucho más que las que vio en Afganistán.

Hiccup respira una bocanada de aire y se levanta, acomodando la prótesis de metal sobre si muñón y probándola con un par de pasos por la habitación. Toothless ladra inmediatamente y corre fuera de la habitación, regresando inmediatamente el doble de emocionado y con una correa negra entre sus dientes.

"¿Qué dices, amigo, listo para una caminata?" Hiccup le pregunta y Toothless ladra el equivalente canino de un '¿Qué te tomo tanto tiempo?' antes de lanzarle la correa con un movimiento de la cabeza.

Hiccup se agacha con algo de dificultad sobre su pierna y acomoda la larga correa de tela sobre el cuello de su mejor amigo, después ambos caminan hasta la puerta y la abren, saliendo del estudio y respirando el aire fresco de Denver.

Él acomoda el reloj sobre su muñeca y lo prepara para controlar su ritmo cardiaco, luego prueba su prótesis contra el piso con un pequeño pisotón que sorprendentemente no la hace relinchar—los textiles reforzados y la tecnología militar en serio es sorprendente, Hiccup paso mucho tiempo diseñando su pierna para correr y la pensaba mejorar para presentarla como su tesis de ingeniería—y piensa en cómo incluso correr se habia convertido en un reto.

Astrid le enseño que los retos existen para superarse. De alguna forma, él está haciendo esto por ella.

Toothless ladra de nuevo y Hiccup ya puede sentir su sangre correr más rápido, así que siguiente sus instintos, hombre y animal se dan a la fuga, trotando por las calles de la ciudad.

Él recuerda como también lo hace por él mismo. Lo hace sentir tan vivo.

Debería traer malos recuerdos, debería recordarlo como, en algún punto de su vida, correr era la única opción además de morir. Debería recordarle a arena gruesa, a sangre helada y a plomo caliente.

Pero cuando corre, él no puede pensar en nada. Un vació perfecto y vasto.

Ambos se dan a la fuga. Perseguidos y persiguiendo únicamente a ellos mismos.

Así debe saber la libertad.


Un par de horas después, ambos están regresando a casa, bofeados y agotados. Ambos decidieron tomar un camino distinto en cierto punto en su carrera cuando Toothless se detuvo en seco y se lanzó rápidamente hacia la línea de los arboles al lado de la carretera, Hiccup lo siguió y lo encontró asustando de muerte a un grupo de campistas adolescentes, él les había presentado al perro y les había asegurado que era tan inofensivo como una bandada de mariposas—Toothless le había pateado la prótesis por ese comentario, y después de un vergonzoso episodio los jóvenes los habían invitado a comer algo de malvaviscos y a tomar bebidas de su pequeña hielera.

Chicos agradables. En serio.

Un poco de tiempo después Hiccup habia decidido que era hora de regresar a casa y dejar a los adolescentes en sus dudosas y potencialmente sexuales actividades de campamento, así que ambos habían regresado a casa, trotando esta vez.

Hiccup estaba a punto de abrir la puerta de su estudio cuando noto algo extraño, la perilla estaba girada y cuando el tomo la misma y repitió el proceso, este giro completamente. Él estaba seguro de que la dejo cerrada… ¿Por qué su puerta estaba abierta?

Hiccup siente a Toothless tensarse inmediatamente a su lado, pero apenas un segundo después de eso el perro se lanza dentro de la casa por la pequeña puerta para perros en el piso de la misma. Entrando dentro del estudio tan rápido que Hiccup apenas logra ver una mancha negra desaparecer.

Él se apura a seguirlo, ya esperando lo peor. Pero la imagen que lo recibe no son ni ladridos ni intruso alguno, sino algo que le quita el aliento.

O, mejor dicho, alguien.

Hay una mujer arrodillada en el piso, ropa militar holgada y cabello amarrado en una rubia cola de caballo. Jugando con Toothless con una sonrisa brillante en su rostro mientras el perro lamia felizmente su rostro.

Oh, Dios.

"N-no, espera, ¡Toothless! oh tu pequeño bastar—No! Haha!" Astrid Hofferson dijo entre risas cuando Toothless la tacleo contra el piso y los dos comenzaron a luchar de manera juguetona. Hiccup, mientras tanto, solo podía escuchar su voz sobre el sonido de su propio corazón. Latiendo tan rápido que amenazaba con salir disparado de su pecho mientras una parte de su mente baila felizmente—¡Volvió! ¡Astrid volvió!

Toothless deja de lamerla por un segundo y Astrid aprovecha para mirarlo, una sonrisa pícara en su rostro mientras que húmedos, azules y encendidos ojos lo miran con afecto. Casi lo hacía sentir como un ciervo bajo la luz de los faros de una camioneta.

De repente, Hiccup se pregunta a si mismo porque sigue ahí parado sin hacer nada. Su cerebro alcanza su cuerpo y él se dio cuenta. Astrid está aquí. ¿Qué demonios está esperando?

Sin ningún otro pensamiento, Hiccup se lanzó sobre ella. Tomándola del brazo y ayudándola a levantarse del piso y abrazándola. Rodeando su delgado cuerpo con sus brazos de manera tan posesiva que ella podría golpearlo por maltrato y nadie lo discutiría.

Pero ella también lo está abrazando. Rodeando su cuello con sus brazos y trayendo su rostro contra el de ella. Besándolo como nunca lo habia besado, su lengua furtiva entrando a la suya sin permiso ni protesta—y él intenta regresar el gesto, abrazándola más fuerte con una mano mientras la otra se baja para sostener su trasero—para agradecerle por regresar, para hacerle saber lo mucho que él la habia extrañado, para asegurarse que ella supiera lo mucho que era necesitada.

"Oh, Dios" Ella gimió cuando su mano apretó su posterior y una de sus piernas subió para rodear su cadera, posándose justo sobre la cicatriz de la bala que alguna vez amenazo su vida.

"Te extrañe" Ella siguió, deteniendo el beso para respirar contra su oído, él aprovecho la oportunidad para besar su cuello. Chupando sobre la blanca piel antes de darle un par de mordidas juguetonas—el deseo de marcarla fuerte y obvio "Te extrañé t-tanto, pensé en ti todos los días" Ella termino con un gemido.

Hiccup se detuvo para ver su rostro—aun perfectamente hermoso, piel suave y llena de pecas, un tinte rojo adornando sus mejillas de la manera más adorable—y para darle un beso en los labios. Lento y fuerte. Un par de pequeñas mordidas en su labio superior.

"Yo-yo también" Él siguió mientras ella comenzó a dejar pequeños besos desde su mejilla hasta su cuello—suaves como los aletazos de una mariposa "Te extrañe todo el tiempo"

"Hiccup" Ella dijo, más un gemido que una petición "Por favor"

Él obligo inmediatamente, levantándola y llevándola a cuestas a su habitación incluso cuando ella no paraba de besarlo, una de sus manos habia bajado y comenzó a levantar su camisa.

Una parte de él que no estaba completamente consumida por Astrid se dio cuenta como Toothless salió de la habitación, probablemente consiente de lo que sus dueños harían en unos minutos—pero todo pensamiento terrenal fue borrado cuando Astrid mordió el lóbulo de su oreja.

Ambos llegaron a la cama en un momento, Astrid termino de lanzar la camisa de Hiccup sobre sus hombros, tirándola sobre el suelo sin cuidado. Hiccup comenzó a tirar de la correa del reloj sobre su muñeca, pero entonces vio lo que Astrid estaba haciendo y parte de su razón se fue volando por la ventana.

Astrid ya se habia librado de sus propias botas militares y ahora está en el proceso de levantar su cadera para lograr resbalar sus pantalones militares fuera de su cuerpo. Se quedan atrapados en su trasero y ella suelta una risa muda—Hiccup siente la sangre de su cuerpo dirigirse a un punto en específico cuando ve exactamente la forma en la que su ropa interior negra abraza sus muslos.

Él traga un bulto de saliva y se permite a si mismo pensar.

"¿Astrid que haces aquí?" Hiccup le pregunta, aun cuando su interés es más que obvio "No es que no quiera que estés aquí!" Él se apura a decir antes de generar cualquier malentendido "Es solo que…pensé que tu servicio no terminaba hasta dentro de… ¿casi un año?"

Astrid sonrió y se acercó a él, tomando su mejilla en una mano.

"¿Recuerdas la petición que te dije que pondría? Por la carta" Ella le pregunta, la sonrisa no dejando su rostro.

"… ¿La de descarga por dificultades militares? Pero…creí que nunca aceptaban a nadie" Él recuerda como lo habia deprimido saber que nunca liberaban a nadie del servicio por algo tan sencillo como 'dificultades militares'—mucho menos a una soldado tan buena como Astrid.

"Si, yo también lo pensé" Ella continua "Pero el General interfirió a mi favor y…y aquí estoy, Hiccup, estoy aquí" Astrid terminó con una sonrisa pequeña y lágrimas en sus ojos.

Era un peso fuera de sus hombros. Astrid ya no tendría que levantarse todas las mañanas con el riesgo de no volver a hacerlo el día siguiente.

Hiccup conoce esa emoción. Las placas en su mesa de noche lo confirman—pronto, Astrid también lo confirmara.

Él se acerca a ella, abrazándola, oliendo la fragancia de su cabello, dejándole plantado un beso en la frente. Astrid está aquí. Y no se ira. Se siente como recuperar una gran pieza de su vida.

"Estas como hierro" Hiccup le dice, sobando círculos tranquilizantes en su espalda "No deberías estar tan tensa, ¿Qué hiciste para ponerte así?"

Astrid gime por lo bajo cuando Hiccup libera uno de los nudos que se habían formado en su espalda "Estarías igual si hubieras estado 26 horas en un avión de—Aaah si, ese es el lugar"

Hiccup le da un beso en el hombro—pobre Astrid, probamente no sabe lo que sus gemidos le están haciendo.

O tal vez si lo sabe, porque una de sus manos ya está bailando en su pecho. Haciendo figuras en su piel con sus dedos, coqueta y feliz.

"Astrid…" Hiccup respira—sin parar de sobar su espalda.

Astrid responde acostándose sobre la cama, sus brazos abiertos mientras ella lo miraba con ojos brumosos.

"Ven aquí" Ella le dice y él cae sobre las suaves sabanas de su cama, sus brazos, delgados pero fuertes, rodeándolo instantáneamente.

"Te amo tanto" Hiccup le dice, acurrucándose en su pecho mientras Astrid separa sus piernas solo un poquito. Solo lo suficiente.

"Yo también, oh dios, te extrañe tanto, te amo" Ella balbucea mientras besa su cuello y empuja sus caderas hacia enfrente, sus centros tocándose. Él gime.

Hiccup decide acelerar el proceso, levantando su camisa hasta la clavícula y mordiendo uno de sus pechos sobre su brasier deportivo. Astrid suelta un gemido, obviamente está muy sensible, ha pasado mucho tiempo, pero un segundo después le está dando pequeñas mordidas en la oreja.

"Nnngh, Hiccup…" Ella respira pesadamente, bajando hasta poder saborear su cuello. Dejando su marca en forma de mordidas y chupetones. Piel suave cambiando a roja y húmeda cada vez que sus dientes se hundían justo al lado de su carótida. "Por favor…to-tócame"

"Astrid" Él se ahoga con su propia oración, pero Astrid lo silencia con otro beso. Sus labios viajan desde su boca hasta su cuello, hasta su pecho. Dejando pequeños besos alrededor de su clavícula. Sus labios se cierran sobre uno de sus pezones y Hiccup siente sus ojos rodar hacia atrás de su cabeza. Dios, habia sido hace tanto tiempo.

"Te amo, te amo, te amo…" Hiccup balbucea. Y parece ser que Astrid se dio cuenta de su conflicto de poder, porque procede a empujarlo hasta que este sentado en la cama—ella termina de quitarse su camiseta color arena, y el brasier deportivo es lo que le sigue.

Hiccup casi lo pierde al verla desnuda después de tanto tiempo, sus pechos no muy grandes pero firmes y suaves, pezones rosas ya erectos con deseo.

"Oh, Dioses en Asgard" Hiccup gime, recordando uno de los viejos dichos de su infancia.

Ella se ríe y baja su cabeza, desabrochando su prótesis y depositándola en el suelo antes de bajar sus pantalones deportivos, solo lo suficiente para liberar su miembro para ella.

Ella lo mira una última vez, agachada entre sus piernas, sosteniendo su miembro erecto en una mano suave y pequeña.

"Yo también te amo" Ella le dice, antes de pasar su lengua suavemente por la cabeza, y antes de que los ojos de Hiccup se cerraran de manera involuntaria, él alcanza a ver como los rosas labios de Astrid se cierran completamente sobre su miembro y comienzan a moverse lenta y almibaradamente sobre él.

Era casi demasiado, habia pasado mucho tiempo. "A-Astrid…" Él gimotea.

Ella se separa de él con un húmedo Pop "¿Muy rápido?" Astrid le pregunta, preocupada.

"U-un minuto" Él gruñe, sobando sus ojos con las palmas de sus manos. Tan cerca al borde que es ridículo.

"Esperare" Ella le dice lujuriosamente, recostándose en la cama y levantando sus piernas, resbalando su ropa interior fuera de su cintura y haciendo mucho más difícil que recupere su respiración.

No un segundo después de recuperarse, Hiccup decide tomar el control de la situación, acercando a Astrid y besándola profundamente, una de sus manos tomando uno de sus pechos—jugando con uno de sus pezones, Astrid gime dentro del beso—mientras su otra mano sostiene su espalda.

"H-hicc—"Él logra silenciarla profundizando el beso, su lengua tocando la suya antes de regresar a su boca.

Su mano deja de sostener su pecho para bajar por su vientre hasta llegar a ese punto, suave y caliente entre sus piernas.

Ella tiembla, porque en serio ha pasado mucho tiempo.

Dos de sus dedos rozan su centro—húmedo y preparado—antes de que soben lentamente sobre su clítoris, Astrid se arquea sobre sí misma.

"Ya…eres—estas tan mojada…" Hiccup tartamudea cuando Astrid—sudando y temblando—toma su miembro en su mano y comienza a bombear, cada vez más rápido.

"Hiccup…ya" Ella le susurra, ya no puede esperar más.

"Espera…" Hiccup le dice, alcanzando hasta su mesa de noche con el fin de tomar uno de los condones al lado de la lámpara, pero Astrid detiene su mano antes de que llegue, tomándolo de la mano y hablándole con una mirada, déjalos ahí, quiero sentirte.

"¿Estás segura?" Hiccup le pregunta, un par de consecuencias ya formándose en su mente.

"Está bien, solo…está bien" Ella le sonríe, porque es un día demasiado perfecto como para no sonreír.

"Astrid…dios, te amo tanto…" Él susurra mientras Astrid lo guía a su interior. Lentamente hundiéndose dentro de ella, dentro de ese lugar tan caliente y acogedor.

"Aaah" Astrid gime mientras él hace todo lo posible por no hacer ningún sonido potencialmente vergonzoso. Mordiendo su labio hasta que casi saborea sangre.

Ella esta apretada, y cuando él enviste sus caderas y siente como esa suavidad de terciopelo, Hiccup se siente completo.

Los dientes de Astrid se hunden en su hombro para detenerse de gritar mientras él comienza a establecer un ritmo dentro de ella y sus movimientos se vuelven fluidos.

Hiccup baja y captura uno de sus pechos con su boca, mordiendo su pezón tan tiernamente que Astrid no soporta el grito desesperado que sale de ella, apretando sus piernas alrededor de él.

Él apenas esta consiente de lo que está sucediendo además del cegador placer que es Astrid, palpitando alrededor de él, tan húmeda y suave que es ilógico. Lo vuelve loco.

"Hiccup, Oh Dios—H-H-Hi-" Astrid se traba, su lengua enredada incluso bajo las ministraciones en su cuerpo, Hiccup es tan delgado y suave y duro y-y-y-

Oh dios, nunca en su vida Astrid habia sentido tanta atención sobre ella de esa manera. Generalmente ellos se toman su tiempo, besando y lamiendo y tocando y disfrutando el cuerpo del otro.

Pero hoy no, hoy son rápidos y desastrosos y tan hambrientos.

Tal vez es todo el tiempo que llevan separados—acelerado por todas esas mañanas en la que despertaban en la mañana sin el otro a lado y se sentían inevitablemente miserables—o tal vez era simplemente el hecho de que eran mucho más feliz cuando el otro estaba al alcance de un abrazo.

Hiccup está cerca, lo siente como acero derretido en la punta de sus pies. Lo siente como estrellas en sus ojos y el palpitar constante y rápido en su corazón.

"A-Astrid… ¿Estas…?" Hiccup le pregunta silenciosamente, ojos nublados y oscuros.

Astrid responde abrazándolo más fuerte "S-solo aguanta un poco más…"

"¿Q-que tal si…?" Hiccup se separa de ella lentamente y baja una de sus manos hasta el punto en donde sus cuerpos se unen. Y solo entorpeciendo sus movimientos un poco, comienza a sobar rápidamente ese pequeño botón que la vuelve loca.

Astrid gime—¿o debería considerarlo un grito? —y se arquea, estirando sus piernas y apretándolas de vuelta.

"Oh, ¡Hiccup!" Ella esta tan cerca de venirse, es demasiado—es mucho, es muy rápido, es-es-es…

El orgasmo la impacta como un golpe directo, comenzando en su sexo y viajando rápidamente hasta la punta de sus pies, luego a su curvado tórax, pasando por la punta de sus rosas y sensitivos pezones. Vibraciones en su corazón mientras sus piernas se convierten en pinzas alrededor de su cintura, Astrid siente las olas del orgasmo bañarla de pies a cabeza consecutivamente incluso después del orgasmo mismo. Y una parte de ella siente humedad esparcirse en el colchón al mismo tiempo que su cuerpo se vuelve pasta suave y sensitiva…y eso solo puede significar una cosa.

Hiccup de repente la siente apretarse incluso más, y no pasa mucho antes de que el sienta llegar al punto de quiebre. Abrazándola con ambas manos y hundiendo su rostro entre sus pechos mientras él siente dejar su cuerpo. Una ola de placer robándolo de respiración y de pensamiento alguno.

Pasan unos minutos—¿o tal vez fueron horas? —antes de que ninguno de los dos recupere la conciencia para siquiera pensar. Las piernas de Astrid aun sosteniéndolo—Ambos sueltan un suspiro resignado cuando Hiccup se siente suavizar y resbalarse fuera de Astrid.

Hiccup se levanta sobre su cosa y se balancea hacia la espalda de Astrid, abrazándola con ambos brazos y dejando un beso furtivo en su nuca.

"Te amo…" Astrid le susurra de nuevo. "…Aprendiste nuevos movimientos" Ella le comenta, soltando una risa que Hiccup regresa.

"Si…bueno, cuando no tienes sexo por tantos meses…en serio te empieza a interesar como mejorarlo" Él bromea y Astrid le da un pequeño golpe.

"¿Porno en linea?" Astrid le pregunta, bromista.

"No, eso sería tonto…fue en un libro…"

"¿Sexo para novatos?"

"…No…"

Ninguno puede aguantarlo más, soltándose en risas tontas—Astrid se voltea y comienza a picarle las costillas juguetonamente y antes de que ambos se den cuenta están envueltos en una guerra de cosquillas. Toothless gime al otro lado de la habitación, obviamente pidiéndole a sus humanos que hagan más silencio, el pobre tiene sueño.

"Yo también te amo" Él le susurra al oído, dejando un beso justo debajo. Ella responde abrazándolo más fuerte.

Astrid bosteza y Hiccup levanta las sabanas hasta cubrirlos a ambos, más felices que nunca.

"Buenas noches, Hiccup…" Astrid suspira, acurrucándose contra su pecho y levantando la cabeza para dejarle un último beso en la mandíbula.

Hiccup piensa en la protección que decidieron no usar en la mesa de noche—él piensa en el cajón de la mesa de noche, y en la pequeña caja de terciopelo dentro del mismo, esperando ser abierta.

Él envuelve sus brazos alrededor de ella, respirando su esencia—en serio no es un sueño, Astrid está aquí, con él.

"Si…buenas noches, Astrid"

Un último beso en la frente, y ambos están dormidos antes de saberlo.

FIN.


Notas del Autor:

Heeeey…

Así que…ha pasado un tiempo, ¿verdad? ¿un mes? ¿o fue un mes y medio?

Últimamente las cosas han estado muy frenéticas, y aunque si he tenido tiempo para escribir, no he tenido las ganas necesarias para editar lo que ya tenía escrito—en serio, la última parte del Camaro del 68' lleva lista por más de tres semanas esperando edición final—y aunque de nuevo, comenzó un par de historias nuevas, todas parecer estar al borde de ser terminadas, pero ninguna completamente terminadas.

¡Así que hoy les traigo este regalo dulce para anunciar mi regreso! Así como hoy pronto les traeré un par de regalos agridulces que están relacionados con nuestros amados rompe-parejas, ¡Camicazi y Eret!

Ah-hem, como sea. Este AU es mucho más amplio de lo que parece, porque tengo por ahí un esqueleto rudo de lo que paso mientras Hiccstrid estaba sirviendo en Afganistán, así como un bonito epilogo lleno de amorsh. Pero como ya muchos saben, no hay nada que me emocione más como escritor que ver sus peticiones (en serio, tengo un AU de superhéroes que lleva tanto tiempo esperando ser publicado que es estúpido) y siempre estoy esperando más. Siéntanse bienvenidos de dejar una review porque esa es una de las razones por las que decidí publicar esta bonita historia jaja

No, en serio. Los reviews alimentan mi ego.

Nos vemos en la próxima, que seguro será mucho antes que esta misma.

HD.