En la orilla


"Lo primero es lo primero, voy a decir todas las cosas dentro de mi cabeza"

Believer, Imagine Dragons.


Club de Cuero AU.


Se siente increíble.

Una vuelta cerrada, el derrape de una llanta y el empuje de la gravedad amenazan con asesinarlo, pero él se mantiene erguido aun cuando las leyes de la física lo impulsan por la orilla.

Él aprieta las manos y tuerce el acelerador bajo sus guantes—el cuero negro chilla y obedece. Más veneno se impulsa al motor y el rugido de la maquina es tan fuerte que un disparo de fuego explota en el mofle mientras la velocidad aumenta y aumenta y aumenta.

El viento choca contra él, pero lo único que siente es aquello que logra entrar entre los pliegues de su chaqueta.

Él no necesita ningún fondo lirico para entender la razón por la que sus pupilas están tan dilatadas. Si se deja de mover, muere.

De repente, entre el placer y la velocidad, el sonido agudo y largo de las sirenas de policía se empieza a escuchar, y es como música para sus oídos—la melodía más fuerte que lo hace sentir tan vivo. Unos instantes después, se transforman en luces azules y rojas iluminando sus ruedas traseras, retándolo, un desafío esperado que lo hace querer más.

Él lo siente como una inyección en el corazón, adrenalina bombeando en su sangre tan rápido que bien podría convertirse en Red Bull directo en su corriente sanguíneo.

Más rápido, más rápido, más rápido.

La voz de un hombre impulsada por un megáfono lo ataca, diciéndole que baje la velocidad, que se detenga. Pero él no quiere detenerse. No puede.

Él aprieta más el acelerador y la flecha en el velocímetro se lanza hacia arriba. No hay necesidad de música de fondo. El choque de caucho y asfalto, sirenas de policía y el tambor de su propio corazón son todo lo que necesita.

Lo que nació del aburrimiento ahora se convierte en un grito desesperado sin el cual no podría continuar.

Hay otra curva en la distancia, dentro de poco, un segundo o menos, un latido mudo. Así que él se prepara acelerando con más éxtasis hasta que las sirenas de policía se vuelven un eco tenue.

Se siente increíble.

Una vuelta cerrada, el derrape de una llanta y el empuje de la gravedad amenazan con asesinarlo…


El aire invernal es agradable a medida que Astrid caminaba a su casa desde la preparatoria—el entrenamiento de voleyball se alargó más de lo esperado cuando una de las chicas de segundo año que apenas y aplico para el equipo se lastimo un tobillo intentando recibir un balonazo de Astrid, ella se disculpó, obviamente, pero la chica era demasiado orgullosa y la reto a una partida…a Astrid le gustaba esa chica, tenía agallas.

Pero para cuando Astrid barrio el suelo con Camila (esto era mentira, Astrid es la capitana del equipo y aun así gano únicamente con 5-3 contra una chica de segundo año con el tobillo torcido, en lo que fue una de las partidas más difíciles de su vida) el sol ya se había ocultado en el horizonte y los autobuses habían dejado de pasar, ella pudo haber llamado a su hermano o a alguno de los chicos para que fuera a recogerla, pero prefirió una caminata calmada en la noche, luces y autos dándole seguridad incluso en las calles de Berk.

Muy bien, Hiccup no contestaba sus mensajes, probablemente estaba jugando con Toothless o construyendo alguna clase de catapulta nerd en su garaje, como sea…

Una parte de ella está decepcionada de que no contestara su mensaje, únicamente por que un tiempo a solas con él en su auto sería divertido, hablándole de su partido de voleyball y riéndose de cómo casi pierde contra una chica de segundo año o de algo que paso en clase de ciencias o escuchando sus historias de los viajes de caza que su padre le obligaba a ir, pero donde el nunca mataba nada más que mosquitos y malvaviscos.

Otro día, tal vez mañana, tal vez hoy.

Así que mientras Astrid caminaba por las calles de la ciudad, mochila sobre su hombro y extremidades cansadas pero relajadas, ella se sentía en paz.

Hasta que lo escucha.

Primero fue un rugido agudo en la distancia, pero en ese momento Astrid sabía que apenas era el inicio. Astrid volteo la cabeza en un reflejo involuntario, pero mientras el sonido se hacía más fuerte y el pequeño punto verde en la distancia se empezó a hacer más grande y brillante, Astrid no lo dejo de mirar.

Los autos en la calle pitaron e insultaron, una que otra alarma se activó únicamente por el sonido y la gente empezó a llamar a la policía, enojada y preocupada en el momento en el que la motocicleta negra arraso por la calle de la ciudad.

Su velocidad era incomprensiblemente alta para una calle tan transitada, los faros verdes proyectaban una luz neón sobre la carretera mientras que el conductor se aplanaba a si mismo sobre los controles de la moto sin placas ni marca. Su ropa era negra salvo por su chaqueta café oscura, pero lo más abrazador de su apariencia era su casco, completamente negro y con pequeñas deformaciones de espinas recorriendo desde la frente y terminando en su nuca.

La motocicleta paso a toda velocidad apenas a unos metros suyos, llantas raspando la carretera al mismo tiempo que la figura enmascarada pareció mirarla por un mudo segundo, pero el tiempo no se detuvo y las ruedas siguieron girando, seguidas por una ráfaga de aire que lanzo su cola de caballo contra su hombro e hizo un desastre con cada hoja de otoño que estuviera tirada en el suelo. Últimamente lo único que quedo era un olor a caucho quemado y el sonido distante de las sirenas de un policía.

Rápido, rápido, rápido. La moto siguió avanzando hasta dar una vuelta cerrada en una esquina que dejo a Astrid con las manos sudadas, El sonido del motor desapareció gradualmente y ya no había ni moto, ni rastro de ella.

Unos segundos después, dos patrullas de policía siguieron el mismo camino que la moto, como la hacían siempre—pero nunca la atrapaban. Tampoco lo harían esta vez, Astrid simplemente lo sabía.

El Motociclista Negro—Como lo nombro carismáticamente la Gaceta de Berk, el periódico de la ciudad—ha sido un misterio por los últimos meses, una noche se presentó con su Ducati Ninja tuneada, arrebasando gente en la autopista y arriesgando su vida estúpidamente en cada vuelta rápida y curva cerrada—muchas madres enojadas lo denunciaron y esperaron pacientemente a que la policía lo arrestara—pero nunca sucedió, su motocicleta no tenía placas y parecía que no la podían rastrear, y mientras que la policía parecía encontrarlo siempre que salía a correr, era como si siempre lograra desaparecer al apagar sus luces verdes brillantes.

El casco no ayudaba nada, así que el misterioso corredor se mantendría anónimo.

Astrid decidió alejar su mente del siempre presente estúpido temerario, y concentrarse en el presente.

La agradable caminata por las calles, un ritmo sencillo aun cuando sus manos sudaron cuando el motociclista pasó al lado de ella. Olor a gasolina, llanta quemada y adrenalina.


Al día siguiente, Astrid se encuentra a si misma frente a la casa Haddock—aunque 'casa' le queda corto, la mansión tiene 3 habitaciones de huéspedes y un garaje tan grande como para el BMW de Estoico y la camioneta SUV que el primero le regalo a Hiccup cuando cumplió 17 años.

Astrid hablo con Hiccup la noche anterior, un par de horas después de llegar a su casa recibió alrededor de 30 mensajes de él, todos disculpándose de no haber contestado esas llamadas que ella le mando, Astrid, obviamente, lo perdono al instante, contándole su día—desde cuando la Profesora Pines les puso un examen sorpresa hasta que el motociclista negro paso a su lado.

Astrid arregla su cola de caballo, sintiéndose cociente de sí misma como no se sentía desde hace años, cuando pensaba de sí misma como un cliché de preparatoria, cuyos únicos objetivos eran chicos guapos y fiestas ruidosas hasta que se graduara y podría madurar—como si madurar fuera un salto, en vez de unas escaleras.

Honestamente, todos los eventos de los últimos meses fueron un golpe de realidad para ella.

Astrid decide acercarse a la puerta y durante un momento duda en tocarla, pero decide hacerlo de todas maneras.

Se escucha un golpe y un gruñido, pero el grito de "¡Un momento!" con la voz nasal que a ella llego a encantarle solo pertenece a una persona. Probablemente se cayó de la cama, de nuevo.

Pero en otros nerviosos segundos, Hiccup abre la puerta.

Cambio mucho, Astrid lo conoció como un chico delgado y extrañamente adorable cuando sus padres se mudaron y ella se cambió de escuela—eso fue cuando tenían 13 años, mejillas redondas recién entradas a la secundaria—y permaneció con su delgada complexión hasta cumplir los 17, cuando los genes atacaron y creció varios centímetros, cuando su mandíbula se volvió más marcada y su cabello cambio de un café oscuro a un color cobrizo que parecía hacer que el verde de sus ojos resaltara aún más.

Era exasperante, en serio.

"Hey, Astrid" Él la saluda, su rostro aun algo ahogado con sueño y con su ropa de dormir aun puesta "Vienes algo, eh, temprano, apenas son las…" Hiccup mira hacia abajo a su muñeca completamente libre de reloj alguno "Y yo no uso reloj, cierto"

Astrid le encanta cómo se comporta tan incómodo y sarcástico al mismo tiempo, y ella tiene que ahogar una carcajada cuando su rostro cambia a cinco tonos de rojo.

"Buenos días para ti también" Ella lo saluda "pero faltan 15 minutos para las clases, y no tienes exactamente el record de faltas más limpio en la clase de inglés"

Eso parece despertar completamente a Hiccup—debió haberse quedado despierto hasta la madrugada encargando libros de niños por Ebay o creando laaargas publicaciones de películas de Disney en Reddit—el cual se lanza hacia dentro de la casa rápidamente no sin antes gritarle un "¡Pasa!" a Astrid, la cual entra un poco consiente en la casa Haddock y se sienta en el sillón principal, esperando a que Hiccup baje por las escaleras mientras ella juega con una figurilla de cacería de Estoico, unos momentos después un gato negro baja por las escaleras y posa sus tres patas sobre su regazo, ronroneando amigablemente.

"Oh, Toothless" Astrid le sonríe "¿Qué pasa amiguito? ¿Hiccup no te dejo dormir de nuevo? ¿Acaso tu molesto humano te mantuvo despierto?"

Toothless maúlla, lamiendo la pierna de Astrid y lanzándole una mirada sucia por la cual ella ríe.

"Está bien, puedes decirme, prometo no delatarte"

Un maullido alto, algo molesto.

"Bien, lo hice aquella vez, pero ¿cómo iba a saber que Hiccup no sabía que tú te comiste su cereal?"

Un ronroneo enojado, no, indignado.

"Oye, se supone que los gatos no comen cereal, es tu culpa por ser tan listo" Ella responde, rascando con afecto debajo de su mandíbula, a lo que el gato ronronea con comodidad y ella sabe instantáneamente que esta perdonada.

Hace un par de meses, Astrid jamás se habría imaginado que se encontraría tan cómoda consigo misma hablando con un gato, pero mírenla ahora.

Ugh, ella se hizo cursi, sensible y sensata. Debería enojarle, pero parece demasiado esfuerzo.

Unos minutos después Hiccup baja por las escaleras de nuevo—y casi se mata haciéndolo—vistiendo su típica ropa sin estilo, pantalones cafés con una camisa de TWD puesta al revés y su mochila colgando de su hombro.

Hiccup suelta un último bostezo, levantando sus brazos y haciendo que su camisa se levante de igual manera, mostrando los afilados huesos de su cadera que forman un triángulo perfecto dirigiéndose a su vientre plano un rastro feliz de pelo cobrizo empezando en su ombligo y bajando por su estómago, Astrid tiene que usar toda su fuerza de voluntad para no respirar con dificultad… ¿acaso lo hace a propósito?

Debería ser ilegal.

"¿Estas lista, Astrid?" Hiccup la llama, esperando que Toothless se baje de su regazo.

"Ah, sí, vámonos" Toothless ronronea y Astrid puede jurar que incluso el minino la está provocando "Cállate" ella le susurra, y él gato suelta lo que probablemente sea la versión felina de una carcajada.

Ambos salen por la puerta hacia el auto de Hiccup—Estoico aún guarda su BMW bajo llave en la cochera, tal vez por aquella vez que tuvieron la idea de robarlo para dar un para dar un par de vueltas y casi lo chocan contra la yarda de futbol de la secundaria—y Astrid pretende ignorar la adorable manera en la que Hiccup intenta sacar las llaves del auto de su pantalón y falla cerca de 3 veces.

Astrid recuerda aquellas veces en las que ayudaba a Hiccup a escaparse en la madrugada, escabulléndose por la ventana de la cochera entre un espacio que solía ser un almacén para bicicleta, subiendo por la ventana y pasando toda la noche mirando las estrellas y creando historias tontas simplemente por el bien de hacerlo.

Tanta melancolía en una casa, una cochera con un millón de memorias.

Unos minutos después, ambos están de camino a la preparatoria en su camioneta, cantando a Ed Sheeran desde el fondo de sus pulmones.


Un par de horas de monotonía escolar después, Astrid camina por los pasillos de la preparatoria, pensando en el examen de Español que acababa de tomar y en como probablemente lo exentó.

Exentar exámenes no siempre fue una de las prioridades de Astrid, hubo un momento en el que la popularidad de pertenecer al equipo de voleyball y salir con chicos igualmente populares parecía más…necesario—la opinión popular era una diferente forma de poder.

Se sentía bien, estar en la cima de la torre de apariencias que era la preparatoria, le daba la sensación de que un par de palabras eran suficientes para destruir a las personas.

Claro, hasta que llego Hiccup. O, mejor dicho, cuando regresó.

Si, tal vez ella aún lo encontraba algo pequeño y molesto cuando la profesora Simons los escogió como equipo para un proyecto de física en el que tenían que construir una estúpida maqueta de movimiento continuo, y si, tal vez ella lo trato con un poco de desdén al principio y probablemente lo haya amenazado más de una vez que si estropeaba su proyecto lo pegaría del poste de la escuela…

…Tal vez haya planeado hacerlo ¡Ella estaba enojada con él! ¡pero no es como si hubiera comprado la cinta adhesiva para hacerlo! Está bien, lo hizo…también lo planeo…también organizo a un pequeño escuadrón para secuestrarlo durante la clase de matemáticas y hacerlo.

Pero eso había sido hace meses y…vaya que la hizo comerse sus palabras.

Astrid nunca había conocido a alguien tan…maduro, tan divertido, tan original como Henry Haddock, él de repente volvió a hacerse algo constante en su vida. Sus bromas sarcásticas se volvieron en lo último que la hacía reír en las noches y sus "Buenos días" por mensaje telefónico se convirtieron en lo que sacaba una sonrisa de ella en las mañanas.

Era como antes otra vez, solo que mejor. Astrid había recuperado a su mejor amigo.

Okeeey, tal vez últimamente está pensando demasiado en él—pero parecía imposible no hacerlo, después de todo ese drama que él causo y del que ni siquiera se dio cuenta, Tal vez su amistad signifique mucho más para ella que para él, pero lo cierto es que fue su compañía constante, sus consejos amables y simplemente su presencia la que la hizo cambiar tan radicalmente.

Un mes, un mes con Hiccup Haddock una vez más en su vida fue lo que le tardo a Astrid darse cuenta lo cliché y mezquina que se había convertido. Apenas al verse a sí misma bajo una nueva luz por primera vez en mucho tiempo Astrid decidió arreglar su vida de muchas maneras, terminando con su igualmente mezquino "novio" y empezando a darse cuenta que los rumores de la preparatoria y las miradas interesadas eran tan estúpidas, tan infantiles…tan ignorables.

En algún momento, la hicieron sentir grande. La atención la alimentaba y la corrompía un poco más cada vez.

Ahora se sienten innecesarias. Se sienten molestas, la hacen querer despegarse de todos esos años de popularidad que desperdicio en relaciones plásticas.

La puerta de la aceptación nunca fue tan refrescante, Hiccup probablemente nunca sabría el gran favor que le hizo, pero ella sabía que, si alguna vez encontraba la forma de pagárselo, lo haría.

Así que mientras caminaba por los pasillos—buscando a Hiccup, específicamente—fue una agradable sorpresa cuando lo vio a recargándose sobre uno de los casilleros, esa sonrisa sincera y torcida que Astrid empezó a reconocer en su rostro.

Cuando vio la razón, su ritmo cardíaco fue a visitar sus pies.

Estaba charlando con Camila, nada más, ni siquiera están solos, Fishlegs también está ahí, haciendo conversación—pero la forma en la que las mejillas de ambos estaban ligeramente sonrojadas y como Hiccup miraba sus manos cada tres segundos y como Cami arreglaba su cabello corto detrás de su oreja cada vez que él reía solo podía significar una cosa.

Hiccup sonríe esa sonrisa torcida y dice algo—probablemente una respuesta ingeniosa, por la forma en la que sus ojos brillan por un momento—Cami ríe de regreso suavemente y levanta su puño, dándole un golpe en el brazo.

Ese es el lugar de Astrid, solo ella puede golpearlo ahí.

Ooooh, habla de golpes en el estomagó.

Diablos, Astrid se siente…extrañamente triste—pero no triste como aquella vez que su primera mascota murió atropellada cuando tenía 14 años—este es un nuevo tipo de tristeza.

Astrid se da cuenta como Fishlegs está mirando a Astrid, tal vez intentado descifrar la dolorosa expresión en su rostro, la respuesta debería ser tan clara como el agua para cualquier espectador en este punto.

Es…inquietante. Ella reconoce flirteo adolecente en cualquier lugar, pero ver como Hiccup repite la mirada que un millón de chicos intentaron con ella antes…

No es-no se siente bien.

Pero sobre cualquier emoción que ella pueda descubrir en su pecho, se encuentra ese aplastante enojo que la caracteriza y durante un momento esta tentada a acercarse ambos y hacer una escena.

Hasta que recuerda ese simple, pequeño, insignificante detalle.

Ella y Hiccup solo son amigos. Así de sencillo.

Cami le da otro pequeño golpe juguetón en el brazo, y Astrid da la vuelta en busca de algo más que hacer.


Horas más tarde, ella está sentada con Ruffnut en las gradas de futbol americano, viendo como el equipo entrena mientras ellas comen de una bolsa de frituras y el sol se oculta lentamente en el horizonte.

Ruff está distraída, zorreando sin descaro como los músculos de Eret se contorsionan cuando teclea a alguien o atrapa el balón—pero la mente de Astrid estaba aún más lejos, preguntándose las razones de por qué decidió no esperar a Hiccup para irse juntos de la preparatoria y el porqué del último texto que recibió de él.

Hey Astrid, ¿recuerdas a Cami? La chica con la que jugaste voleyball ayer, creo que quiere una revancha!

Pd:¿ Pizzas y Netflix en mi casa mañana? Yo invito.

El mensaje había llegado hace 4 horas, cuando las clases regulares terminaron y solo los castigados y los deportistas se quedaban en la preparatoria, pero las dos palomillas azules al lado del texto solo indicaban que Astrid no lo respondería.

Astrid suspiró, resignada y molesta por razones que no estaba lista para aceptar completamente.

Ellos…ellos apenas están arreglando una amistad aquí.

Fueron amigos, hace mucho tiempo. Unidos por la cadera en juegos de recreo y fiestas de secundaria. Un equipo dinámico en muchas formas, escapándose de su casa en la noche solo por el bien de no estar solos.

Entonces fueron víctimas de las circunstancias. Y en lo que fue categorizado como un trágico accidente de auto, Valka Haddock falleció.

Astrid logro ver las consecuencias por un rato—El gran hombre que era Gerard Haddock caminaba como un fantasma por los pasillos de su casa—pero el impacto en Hiccup le rompió el corazón por primera vez.

Era como si hubiera perdido su brillo. Ya no hacia bromas sarcásticas, ya no dibujaba, ya no soñaba despierto.

Astrid tenía todo un plan para regresarlo a su anterior ser—al joven jovial, carismáticamente incomoda y amable que ella conocía tanto—pero cualquier idea que pudo haber surgido de su mente de 14 años fue apagada cuando Hiccup se fue.

Valka Haddock era parte de una gran familia en Escocia, y cuando todos los familiares escoceses demandaron que el funeral se efectuara en su tierra patria, Gerard no pudo hacer nada para evitar los deseos de la familia afligida.

Así que se fueron—y Astrid tuvo que ver como su mejor amigo iba a tener que aguantar el momento más difícil de su vida solo.

Dolía, y no era como si ella hubiera podido ir con él.

Pero el universo actuó en su contra, y lo que se supone que sería un par de semanas de luto, termino siendo más de un año en el que ella estuvo carente de Hiccup. Valka era no tan sorprendentemente amada en su pueblo natal, tanto que la gente uso presión emocional en la familia Haddock. Ellos solo querían ver la luz original que una vez irradio de Valka en Hiccup, en cabello café y amor por la libertad.

Para cuando regreso, el brillo original habia vuelto—al menos en parte, aun habia zonas rudas en las esquinas que necesitaban ser pulidas.

Toda una pena que Astrid haya cambiado tanto—que se hubiera alejado tanto de la razón que llego a creer que todo dependía de cuantos amigos en Facebook tuviera.

Que se hubieran alejado tanto uno del otro, y que lo aquello que los hubiera impulsado a reencontrarse fue un tonto proyecto escolar. Ella había sido muy cobarde para mirarlo a los ojos y hablar.

Aun lo es...y...

Estaría mal—meter sentimientos innecesarios en lo que apenas está siendo reparado. Astrid confía en Hiccup como en nadie, si ella le dice acerca del remolino en su pecho y acaba haciendo las cosas incomodas entre ellos de nuevo…

"Astrid por dios" Ruffnut gimió, molesta "llevas en ciudad-perdida desde hace horas, estas perturbando mi tiempo con Eret!" Ella termino la oración lanzándole una fritura, la cual se le enredo en el cabello hasta que ella la toma y se la come.

"Callate" Astrid le responde, liberando algo de presión sobre su amiga "No has hablado con Eret desde la fiesta de año nuevo"

"Eso solo fue hace un par de meses" Ruff gime, deprimida "no fue mi intención quemar su cabello, solo quería encender su cigarrillo"

"Con una lata de desodorante y un encendedor"

"Si, bueno, supongo que ambas somos horribles con los chicos que nos atraen" La rubia le contesta, abatida. "Oh, ¡ya se! deberíamos tener como, no sé, un programa de televisión o algo"

A esto Astrid levanta una ceja, inconsistente de sus propias acciones, ella nunca ha sido mala con Hiccup ¿verdad? "¿Qué se supone que eso significa?" Astrid le pregunta, tomando un puño de papas de la bolsa y comiéndolas. Alguien hace una anotación abajo y la pelota golpea a Snotlout en la frente, derribándolo.

"Tú sabes, yo quemo el cabello de mí chico y probablemente lo enveneno un poco, tu aceptas ser amiga del tuyo, aunque media escuela sabe que le gustas" Astrid casi se ahoga con la fritura de queso picante que se atora en su garganta cuando las palabras de Ruff se registran en su cabeza "Luego yo accidentalmente le pago a mi hermano para que lo secuestre, pero se me olvida decirle que '¡Hey no puedes decirle quien te envió!' y luego tu rompes con Jay y dejas de hablar con Jason, pero aun así dejas colgando al pobre Hiccup hasta que pierde interés en ti"

"Esperaesperaespera" Astrid toce, escupiendo pedazos de frituras sobre la falda de Ruff "¿Qué quieres decir con que a Hiccup le gusto yo?" Astrid le pregunta, exaltada y sorprendida fuera de sus calcetines. Obviamente Ruffnut estaba equivocada.

Si, equivocada.

Y aunque tuviera razón, ¡eso no significa nada para Astrid! Ella está completamente calmada.

Sip. Completamente calmada.

Responde rápido, perra tonta.

"Um, ¿Duh? Todo el mundo lo sabe, desde aquella vez que te invito a una cita en Applebees y tú lo golpeaste con una pelota de tenis" Ruffnut le informa como si fuera lo más común del mundo, aparentemente ignorante de como las mejillas de Astrid se enrojecen con cada palabra. "Ahora hablemos de Jay y Jason, aunque debo admitir que Hiccup se volvió todo un galán, ¿que les darán de comer en escocia?" La otra rubia sigue, pero la mente de Astrid ya esta en otro lado.

Ella recuerda, obviamente, Hiccup la había invitado a Applebees hace mucho tiempo y ella solo había pensado de ello como un amigo invitando a una amiga a una salida de amigos—nunca una cita, jamás una cita—y minutos después había lanzado una pelota errante a un chico del equipo de tenis, la cual reboto contra una pared y golpeo a Hiccup en la nariz, rompiéndola y sangrando sobre su tarea de matemáticas…

Pensándolo bien, tal vez Ruff tenía algo de razón…

Oh dios, ella tenía toda la razón.

¿A Hiccup le gusta ella? ¿Astrid?

Ella…ella no sabía qué hacer con esa información.

Cami y sus mejillas sonrojadas se materializan en su memoria por un instante, pero Astrid se impulsa a si misma a evitar ese pensamiento.

Muchos chicos han estado interesados en Astrid—no es algo que ella presume con arrogancia (ya no, al menos) es simplemente un hecho del que Astrid ha estado consiente desde que descubrió el efecto que un par de piernas tenían sobre cualquier hombre—incluso el hermano de Ruffnut intento hacer un pase en ella hace un tiempo (habia terminado violentamente) pero ella nunca habia sido tan afectada por algo tan pequeño como un chisme salido de la boca de Ruffnut de todas las personas, siempre han sido cosas de preparatoria en forma de cartas de amor metidas en casilleros y noviazgos de 4 meses, nunca han sido noticias que le quiten el sueño.

Oh-oh. Astrid ya siente esa calidez suave en su vientre que se vierte sobre ella cada vez que Hiccup entra en escena, cosquilleando hasta la punta de sus pies. Son mariposas ¿Verdad?

Ella ahora está segura que lo son, vaya que si esto es un problema.

Tenía que irse de ahí.

"Tengo que irme de aquí" Astrid anuncia de repente, levantándose y derribando accidentalmente la bolsa de papas fritas que Ruffnut estaba pellizcando, la otra rubia suelta un llanto triste y le lanza a Astrid un insulto que apenas y escucha.

Y mientras el sol de empieza a ocular en el horizonte, ella corre.


Astrid llega a su casa cuando el sol ya se ocultó entre las montañas, sus muslos están ardiendo y su respiración pesada. En retrospectiva, ella pudo haber tomado el ultimo autobús de la estación y hubiera llegado en la mitad del tiempo…

Genial, ni siquiera ha hablado con Hiccup y este ya la volvió estúpida.

Pensándolo bien, ella lleva semanas así.

La casa de Hiccup está en la esquina, luces apagadas y en una calle normalmente silenciosa, probablemente el nerd está encerrado en su habitación, haciendo su tarea mientras piensa en cosas.

Tal vez en ella, eso le gustaría a Astrid.

Ella ya se siente a si misma comenzando a pensar en posibilidades, en razones y en respuestas.

Un pensamiento sorpresa se ancla en la parte de enfrente de su cabeza, justo sobres sus cejas. Y Astrid sonríe, porque es cursi y tonto y esas son las clases de cosas que a Hiccup le encantan.

Así que, caminando sigilosamente, Astrid corre hasta la cochera, dando la vuelta por el porche de la casa y escalando la vaya hacia el patio trasero, donde el viejo almacén de bicicletas aún se encuentra pegado a la cochera.

Genial, la ventana esta descubierta. Hiccup perderá los estribos cuando sepa como entro.

Astrid se prepara, agarrándose por la baranda de la ventana e impulsándose por el espacio abierto, tan pequeño que apenas cabe si aguanta saltar piernas primero.

Ella apenas y sabe porque quiere entrar en su casa, ella solo puede apreciar que en serio necesita ver a Hiccup en este instante.

Un salto después, ella ya está dentro del pequeño almacén, un cuarto cerrado cuya única luz es lo poco que entra por la pequeña ventana. Perfecto, ahora solo sobra forzar la puerta con un viejo truco que ella recuerda de su infancia y listo. También lo tiene que hacer a ciegas, pero no es como si fuera la primera vez que lo hiciera.

"Ouch" Astrid da un pequeño salto cuando choca contra algo—extraño, nunca hubo ninguna bicicleta en el almacén que, retóricamente, fue hecho para contener una bicicleta. Probablemente el papá de Hiccup la compro para ejercitarse y nunca la uso, prefiriendo escondiéndola en el viejo almacén bajo una manta de plástico.

De repente, el seguro de la puerta empieza a sonar mientras comienza a ser forzada desde el otro lado de la misma. Astrid se siente como un ciervo bajo la luz de los faros cuando la puerta comienza a abrirse y la luz baña el pequeño cuarto, genial, ahora tendrá que explicarle a Hiccup porque allano su caso en primer lugar, ella ya siente los inicios de una larga conversación en la punta de su lengua.

"Hiccup, lo siento yo—"

Por un instante, es como si no fuera Hiccup el que acaba de abrir la puerta. Piernas largas en pantalones negros no son algo que él se hubiera puesto jamás. Los guantes negros se ven tan fuera de lugar en sus dedos astutos y su pecho nunca se vio más amplio en esa chaqueta de cuero, botones de metal y pliegues abultados.

Pero su rostro es el mismo, pecoso y atractivo incluso con una expresión tan incrédula como en ese momento.

"¡¿A-Astrid?! Eh-yo-Oh no" Hiccup balbucea, su piel poniéndose más pálida con cada oración que se atrapa en su garganta.

Justo cuando Astrid esta por preguntarle qué le pasa, Astrid se percata del armazón negro de la bicicleta que acaba de ser iluminada y-

Espera. Las bicicletas no tienen armazón.

Astrid se mueve lentamente, pero la manta de plástico se resbala como por arte de magia, revelando el origen de un millón de preguntas.

Una motocicleta negra reposa sin cuidado sobre el suelo, faros verdes y llantas gruesas gritando miles de dudas mientras la revelación la hace querer gritar.

Ella casi la puede ver moverse, acelerando por la autopista de la ciudad, arriesgando su existencia mientras el conductor arriesga mucho más que ello. Es como si el cuero negro del asiento la llamara a recordar, tanto miedo y adrenalina en un solo vehículo.

Astrid voltea tan rápido hacia Hiccup que su cuello casi se rompe, y es hasta este momento que ella capta como él sostiene un casco negro azabache con pequeñas protuberancias en forma de escamas sobresaliendo desde la frente hasta la nuca.

Hiccup es el Motociclista Negro.

"Hiccup…" Astrid respira, y lo único que puede sentir es traición.

Por una eternidad, nadie dice nada.


FIN.

Notas del Autor:

Como siempre, les recomiendo toda la música que uso al principio de cualquier capitulo, en serio es buena para escuchar de fondo mientras leen, hace la experiencia mas...profunda, por así decirlo.

Otro punto, la imagen de perfil de la historia es un Fan-art del usuario de Tumblr Leffie's Fanart, el cual no tiene problema alguno con el uso de la imagen.

Si tienen alguna otra duda tanto de la historia, asuntos técnicos, ideas personales o les gustaría ser Beta Readers (en serio necesito unos cuantos de esos), pueden mandarme un mensaje privado.

Este AU de hecho lo escribí mucho antes de que la historia fuera publicada, supongo que lo dejare por aquí en mi intento de mantener las actualizaciones regulares. ¡Dejen sus peticiones porque estoy listo!

¡Nos vemos luego!

HD.


p.d. cosas pasaron y el epilogo del Camaro del 68 tomara un rato más, tal vez unas 10 reviews *c va corriendo*