Como conciliar el sueño.
No es conocimiento popular, pero Hiccup Haddock sufre de insomnio.
Durante su juventud, él mismo lo consideraba algo útil. Así tenía una excusa por la cual estar despierto horas y horas ideando máquinas para matar dragones, y más tarde—cuando lo peor habia terminado—se habia convertido en la excusa perfecta para crear planos con los cuales mejorar la Orilla o planes para lograr burlar a Viggo.
Pero eso era cuando era un muchacho con problemas de muchacho. Eso era cuando tenía suficiente energía para desperdiciar en peleas internas y mezquinas muestras de poder.
Ahora es un adulto, y Jefe de una isla entera.
De alguna manera, el insomnio aun intenta alcanzarlo.
Hiccup da vueltas en su cama, las pieles cubriéndolo se sienten pesadas—y hay un millón de pensamientos rondando en su cabeza, casi amenazando con hacerlo gritar.
Son pocas las noches en la que esto sucede. Pocas las noches en la que la pesadez de su vida parece al fin alcanzarlo.
Son las noches en las que los temas más mundanos parecen tener toda la importancia—¿Cuánto tiempo queda para que acabe el verano? ¿tenemos suficientes cosechas para resistir el invierno? ¿Hace cuánto que no recibimos noticias de los Berserkes? ¿Cómo estarán yendo las cosas en Roma? —y Hiccup siente que, incluso después de todo lo que ha pasado, tal vez él no es el Jefe que todo esperaban que fuera.
Él recuerda el día en el que su padre murió—presa de la malicia de un retorcido individuo—él recuerda el día en el que se fue traicionado por un viejo mercader. Cuando un volcán hundió la Orilla.
Él recuerda cuando las llamas lo atraparon y se llevaron su pierna. Él recuerda cuando su propia sed de reconocimiento lo llevo a dispararle con una catapulta al que luego se convertiría en su mejor amigo. Él recuerda cuando toda la aldea lo veía como un joven débil y sin espina, incapaz de gobernar.
Él-él-él…
De repente, Astrid se mueve a su lado. Abrazando las pieles que la cubren y volteando sobre su espalda, una de sus manos aterriza sobre su pecho y es como si de repente todo cambiara de color.
Apenas hay suficiente luz para que él logra verla, pero su cabello rubio esta suelto y revuelto sobre su almohada y sobre la cama—incluso hay un mechón furtivo que se metió en su propia boca—y su estómago hinchado solo la hace ver más como una diosa caída a la tierra.
Hay veces en las que Hiccup aún no puede creer que Astrid Hofferson sea suya de esta manera—no importa que tan viejos estén, el siempre vera a la joven guerrera que el solía admirar desde la ventana de la herrería, hermosa e inalcanzable.
Ahora es su esposa, la madre de su hija. Con otro pequeño o pequeña en el camino.
Hiccup respira el refrescante aire de la habitación.
Él recuerda cuando se volvió jefe—la ceremonia oficial, con el paso de capa y todos los aceites—él recuerda cuando beso a Astrid por primera vez—no como niños jugando a ser algo más, si no como dos personas cuyos sentimientos por fin se volvieron tan grandes que no podían ser contenidos—él recuerda el día que vio como los ojos de su hija lo miraban por primera vez, y se dio cuenta que nunca podría dejar de amarla.
Él recuerda despertar en una cama sin pierna, pero con una vida nueva.
Berk estará bien. Él ha estado cuidando de esta aldea por años, y no será la primera vez que él se deja pensar a si mismo que su padre estaría orgulloso de él.
Probablemente lo está, ahí arriba en el Valhalla, jugando vencidas con Odín.
De repente, cualquier preocupación parece tan diminuta que él podría cubrirla con la punta de su pulgar.
La fatiga lo golpea como Thor con su martillo, y de repente sus ojos comienzan a cerrarse.
Hiccup se acomoda justo detrás de su esposa, dándole un beso en la cabeza y acomodando uno de sus brazos sobre su vientre. Él sabe que solo tiene una pierna bajo las pieles, pero cuando Hiccup siente un pequeño pie golpear contra la palma de su mano, él está seguro que nunca ha estado más completo.
"Gracias…" Él susurra, antes de que el sueño lo atrape. Y tal vez o tal vez no haya escuchado una tierna voz que le dice "De nada"
Astrid se despertó en cuanto lo sintió moverse.
"Es otra de esas noches." Ella piensa.
Es conocimiento popular que al jefe de Berk le gusta guardarse las peores cosas—todos los jefes tienen a hacerlo, embotellar sus problemas como si estos le fueran a hacer daño al resto de las personas—cargando un peso innecesario sobre sus hombros con tal de que su gente no sufra por ello.
Todos los jefes han sido iguales. Y Hiccup no es menos que el resto.
Hamish Haddock I habia zarpado de Berk con 5 botes y habia regresado con una flota de 50, Hamish Haddock II habia detenido a una horda de Marginados de que tomara Berk, Bork habia catalogado cientos de especies de dragones en su libro, y Estoico "El Vasto" Haddock había vencido en la primera guerra civil de Berk, expulsando a Alvin a los confines de la isla de los marginados.
Pero Hiccup Haddock habia hecho más que todos ellos. Él había detenido una guerra continua que había durado desde el inicio de la historia Vikinga.
Hay veces en las que Astrid teme que todo haya sido un dulce sueño. Veces en las que siente un miedo paralizante de que al despertar la guerra siga sangrándolos lentamente y que todo lo que han vivido no ha sido más que una mentira prolongada.
Pero es real. Es tan real como Stormfly jugando con sus crías, tan real como las noches de luna en Berk, tan real como su hija durmiendo pacíficamente en su cama, o como él bebe pateando su estómago.
Es tan real como su estúpido esposo teniendo una de sus malas noches. Hay ciertas responsabilidades que caen sobre ella a diario, pero esta no es un deber como general de Berk, si no como esposa del Jefe.
Astrid decide intentar otra estrategia—una que casi siempre funciona—y da una vuelta sobre sí misma, alborotando su cabello a propósito sabiendo que es una de las partes de ella que más lo hechiza, y arrojando una de sus manos sobre su pecho.
Ella recuerda cuando sus emociones eran demasiado grandes para su pecho—cuando prefería lanzarle golpes a lanzarle besos—esos tiempos parecen tan lejanos que se han vuelto preciosos, y Astrid los mira todos los días en los ojos azules que reflejan los suyos, cuando está cuidando a Dagny.
Astrid quiere dormir—mañana será un nuevo día—ella es una madre que quiere ver a su hija.
Después de unos segundos, ella siente la respiración de Hiccup calmarse, y luego lo escucha dar un tranquilizador respiro.
Ella decide que su trabajo está hecho por la noche, dándose otra vuelta y acomodándose contra su pecho.
Hiccup le da un beso en el cabello y la fatiga es lo único que la detiene de besarlo de vuelta, después él posa una de sus manos sobre su barriga y él bebe le da una patada que despierta las mariposas en su estómago, aun vivas después de años de matrimonio.
"…Gracias…" Ella logra escuchar, y cuando el sueño la vuelve a capturar, ellas apenas y tiene tiempo para murmurar.
"De nada"
FIN.
Notas del Autor: Alabado sea el insomnio que me hace escribir esta basura a las 2 de la madrugada, pero bueno, si al menos hay una persona a la que le guste sabré que no desperdicie mi noche.
Este capítulo iba a ser únicamente sexo LEMON sin trama alguna, pero de alguna manera termino siendo esto, oh bueno.
Creo que no es necesario decir en que universo está sucediendo este capítulo, ¿verdad?
