Despierta.
Universo 'Sueño Falso'
Parte 2/3
"Mi fantasma, ¿A dónde has ido?"
Ghost, Halsey.
"No te despiertes"
Es apenas un susurro—pero para Astrid es como el estruendo de un millón de truenos.
No se da cuenta que sale de su boca hasta que las palabras llegan a sus oídos.
Ella no puede encontrar su ropa. Toda la habitación esta oscura, pero Astrid tiene demasiado miedo para encender una luz, y tiene que depender con el delgado fulgor de sol que entra por la ventana de la habitación.
Hiccup duerme plácidamente en la cama del hotel, su piel bañada de pecas se ve cálida y apetecible, y Astrid siente su estómago dar brincos mientras su corazón arde dolorosamente.
"No te despiertes" Astrid susurra una vez más, probablemente para sí misma, mientras recoge su sujetador y lo desliza por sus hombros—el algodón se siente frió contra su piel, y sus pezones están sensibles y mordidos.
Es como si hubiera un zumbido en sus oídos, lejano y cercano al mismo tiempo—entumece sus extremidades y les pone un mute permanente a sus emociones.
Hay una parte de Astrid que se sigue preguntando si todo esto fue un error—una equivocación que no debió ser repetida.
Hay otra—mucho más grande y hambrienta—que le pide que despierte a Hiccup y comiencen una secuela de la noche anterior.
Ella la silencio con otro grito, tan fuerte que raspa su garganta y cuando sale de sus labios no es más que un susurro.
"No te despiertes"
Hay un rió de lágrimas mudas que amenaza con salir de sus ojos, pero Astrid las detiene con un suspiro tembloroso, y resume la búsqueda del resto de su ropa.
Hiccup parece reaccionar y Astrid se detiene tan repentinamente que sus piernas casi tiemblan. Ella puede sentir su corazón en su garganta y su pulso abstente mientras su amante da una vuelta sobre sí mismo y lanza uno de sus delgados brazos sobre la almohada que ella uso la noche anterior, pero él no se levanta.
Su espalda está llena de rasguños—Astrid siente un mezquino tipo de orgullo brotar en su pecho.
Pero también puede sentir el alivio bañar su rostro, mezclado con una ferviente decepción.
¿Cómo sería si se levantara? ¿Qué le diría? ¿Qué palabras compartirían?
Ella las puede imaginar formándose en su mente, supurando entre sus cejas hasta que causan un ardor físico en sus ojos, y Astrid tiene que parpadeas las horribles lagrimas que amenazan con escapar.
Ella detesta este momento. Lo odia tanto.
La mañana siguiente siempre es la peor, porque Astrid sabe que después de esto estará horas y horas pensando en todo lo que pudo haber dicho—ella estará días enteros sin dormir, una bola entre las cobijas mientras tiembla y piensa en todas las palabras que pudieron haber dicho, o repitiendo este momento una y otra vez hasta que la memoria se empieza a distorsionar.
Ella este harta de Hiccup, él la enferma como nadie lo ha hecho antes.
Es la clase de enfermedad que puede hacerla arder y hacerla volar y humedecerla y excitarla y causar una culpa tan grande en su pecho que siente que va a explotar.
La mejor clase de enfermedad.
Ella pensó que conocía perfectamente lo que Hiccup era. Una piedra rodadora. Un chico que nunca duerme solo, esos que tienen un millón de números llenando su celular.
Fue su culpa, suya y de nadie más. Ella es la que fue a ese bar clandestino en Bedford-Stuyvesant buscando un escape, y en lugar de eso encontró una flecha envenenada tan dulce como el azúcar y tan oscura como la noche.
Astrid estaba cansada de todo, ella estaba cansada de las revistas de bodas y estúpidas hermanas entrometidas, tercas en escoger su vestido de novia. Ella estaba cansada de suegras criticonas y abstinencia natural.
Alguien le había dicho de un chico de Bed-Stuy con labios de fuego y ojos de menta. Alguien más le había contado como tenía los bolsillos llenos de éxtasis y billetes de 100$.
Astrid lo había encontrado fácilmente, y no la había decepcionado. Astrid no quería el rostro de un niño o las marcas de la inocencia, ella quería ropa de cuero y una lengua afilada y dulce. La rubia había entrado a ese bar buscando un chico malo de ojos tristes y una boca llena de mentiras piadosas.
Hiccup era todo lo que esperaba, y por desgracia, mucho más.
El tiempo paso tan rápido y tan lento, y Astrid descubrió todos los defectos que se escondían detrás de su piel que, de alguna manera, solo lo volvían más perfecto.
"No te despiertes" Astrid repite como un mantra, recordando tantas cosas que la hacen querer salir de la habitación y lanzarse por el balcón. Ella recuerda el rostro ilusionado de su novio cuando se propuso, de una manera en la que la única respuesta que pudo haber dicho fue 'Si', recuerda la manera en la que sus amigas le hablaban de lo hermosa que sería una boda que aún no sucede y de lo lindos que serían bebes que no han tenido y de una vida juntos que suena tan indiferente y aburrida como un trozo de pan mojado, pero todo lo que Astrid podía escuchar era el tic-toc de un reloj metafórico, contando los segundos hasta una inevitable catástrofe.
Hasta que Hiccup entro a su vida como un vampiro que ella misma invito, hipnotizándola con besos dulces y manos posesivas.
Astrid debería sentir más culpa por la traición, pero cuando intenta pensar en el rostro herido de su prometido si se da cuenta, lo único que aparece es la sonrisa torcida de Hiccup Haddock.
"No te despiertes, por favor…" La oración se rompe en su garganta.
Si Hiccup despierta, ella no podrá controlarse, nadie es tan fuerte. Ella se lanzará a la cama con él y se acurrucará en su pecho y llorará. Y entonces Hiccup vera que la chica que conoció en aquel bar clandestino no es más que un cascaron.
Esta será la última vez.
Esta será la última vez que Astrid sienta la decepción de no hablar formarse en sus lagrimales.
Astrid encuentra sus panties debajo de la cama, y la desliza entre sus piernas imaginando que Hiccup sigue dormido. Su sexo esta adolorido y esto solo le recuerda un lugar más feliz donde podría dormir sobre el dolor.
"No despiertes…" Ahora está sonando como disco rayado, ella lo sabe.
Pero no puede evitar pensarlo. ¿Cómo hubiera sido si ambos se hubieran encontrado antes? Ella paso su infancia en un departamento de una habitación mientras usaba la misma ropa una y otra vez, teniendo el privilegio de ser la única hija que tenía permiso para asistir a la preparatoria.
Hiccup siempre fue rico, pero mientras ella crecía sin recursos y con él amor de toda una familia luchadora, él vivía sus fines de semana en un cuarto oscuro en una casa tan grande que probablemente tenia fantasma.
De alguna manera, él siempre había sido más pobre que ella. Incluso ahora.
"Despierta. Háblame de ti. Cuéntame historias de tu infancia para que yo pueda imaginar que estuve en ella, cuéntame que tan difícil fue tú adolescencia. Finjamos que nos conocimos de niños y comenzamos a salir en la secundaria y hemos estado unidos por la cadera desde entonces—somos un par de novios de la infancia que han pasado por viento y marea juntos. Nada nos puede separar"
Es tan fácil imaginarlo, que es como si él siempre hubiera estado ahí.
"No te despiertes…" Es la última vez que ella jamás lo dirá. Y si se despierta en estos momentos hará todo más difícil, pero ella se aseguraría de decirle todos los pensamientos que están contenidos en su cabeza, y de que el nudo en su pecho sea desatado mientras todas las emociones contenidas escapan en forma de un beso.
Pero Hiccup no se levanta, y Astrid esta agradecida por ello.
Él no es una enfermedad—todo dolor relacionado a Hiccup no es más que las sobras toxicas de la mala suerte—compararlo con una enfermedad parece un insulto a lo que pudieron haber sido.
A lo que pueden ser.
No es demasiado tarde. Nunca es demasiado tarde.
Astrid ya sabe que no puede alejarse mucho de él. Es como si fuera un espectro de su pasado. Las tres representaciones de los fantasmas de 'Un cuento de Navidad' encarnadas en un solo joven irlandés, capaz de volverla loca y cuerda a la vez.
Sus pantalones encuentran su cintura rápidamente, y la rubia casi suelta una risa victoriosa.
Pero el anillo de compromiso en la mesa de noche le hace recordar lo que probablemente será la conversación más difícil de su vida. (¿Seria más fácil lanzarlo al Rio Hudson y escapar con Hiccup a Canadá?)
Ella la ansía tanto como le tiene pavor. Pero ha pospuesto la noticia tanto tiempo que es estúpido.
Astrid resbala el anillo en su dedo anular, y se siente como un peso innecesario. Su mente esta tan concentrada en lo que pronto hará que casi ni la hace sentir como la perra que todos dirán que es.
Probablemente lo es, estará dejando a su prometido por la posibilidad de una vida con alguien tan inestable como Hiccup—suena como el plan más estúpido del mundo.
Por no decir peligroso.
Astrid se acerca hasta la figura de Hiccup—En serio, ni siquiera puede aparentar estar dormido—y se inclina hasta que puede oler su aroma (tinta y Old Spice y sexo) y le da un beso largo en la frente, dejando que sus labios persistan en su piel por un rato antes de separarse.
"Gracias por no despertar…" Astrid le dice al oído, y cuando sus labios tiemblan por un momento, ella tiene que resistir los deseos de besarlos.
Hiccup una vez le habia dicho que era un huracán—habia soltado una larga lista de tontas razones para compararla con el desastre natural. La habia llamado temeraria y demasiado honesta e impredecible.
Probablemente tiene razón.
Romper el compromiso con Eret será difícil—ella nunca ha roto un corazón antes—pero por alguna razón está más ansiosa por lo que sigue después.
No todo lo que empieza bien termina bien, pero esto también significa que no todo lo que empieza mal tiene que terminar mal.
Hiccup en serio es un espectro, la persigue dormida y la persigue despierta. Y es hora de que Astrid libere al fantasma.
A su fantasma.
Notas del Autor: Punto de vista de Astrid del capitulo anterior. Escrito a las 2:45 de la madrugada el dia 20/10/17.
Siguiendo la situación de "¿Y si Hiccup y Astrid se hubiera encontrado a una edad mayor, ambos con una pareja sentimental propia?" A
Astrid esta lista para romper su compromiso, Hiccup piensa que nada puedo salir de su relación. Ambos estan listos para una vida juntos, pero mientras que Astrid esta DEMASIADO LISTA, Hiccup esta convencido de que si se enamora de Astrid, todo lo que le quedara es sufrimiento. (Oh pobre idiota, no sabes que ya estas más que enamorado)
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