Disclaimer: Esta hermosa serie no me pertenece… Pero a mi cerebro le gusta hacer historias con estos personajes… Así que los tomo prestados un ratito!

Agradecimientos: Gracias a todos lo que le dieron una nueva oportunidad a esta historia espero no defraudarlos. Aquí un nuevo capítulo reeditado. Como siempre cualquier sugerencia es bien recibida.

Capitulo 02: Reencuentro inesperado.

Las oscuras nubes que se habían acumulado sobre la ciudad, habían abierto paso a una tímida lluvia que caía sonando fuerte sobre la vereda y llenando de agua los huecos de las calles.

Serena caminaba de regreso a su casa, con el eco de la lluvia golpeando sobre su paraguas rosado. Hacía ya cinco días desde que había discutido con Rei. En un principio pensó que pronto aparecerían las otras, para hacerla recapacitar sobre sus decisiones o solamente para despotricarle todo lo que habían hecho por ella y el bendito Tokio de Cristal.

Pero para su sorpresa no fue así. No sólo no las vio… Sino que tampoco supo nada de ellas. Ningún mensaje, llamado o comunicación posible.

Desde entonces tampoco Luna había regresado. Calculo que era lógico ya que su comportamiento no había sido el mejor. ¡Contándoles lo que solo le incumbía a ella y Darien!

Sin embargo, Darien si había tratado de contactarla. Hacía dos días la había llamado para hablar con ella. Su madre había sido quien había atendido, y de forma muy cortés le había explicado que ella no quería hablar ni saber nada de él.

—¡Serena! —No podía ser. ¿Acaso lo había llamado con la mente? —¡Serena!... Hasta que te encuentro… —El rostro de Darien estaba rojo por la agitación. Se notaba que había estado caminando bajo la lluvia. Tenía la parte delantera de la camisa y el pantalón empapado y el pelo aplastado.

—Darien…

—Serena, te llame. No se si tu mamá te habrá dicho…

—Si lo hizo. Y también te dijo que no quería hablar contigo. —Ella levanto la vista y la volvió a clavar en la mirada de él. Unos ojos azules tan distintos— Te dije que no hay nada de que hablar —Serena suspiro— Antes no pude hacerlo. Pero esto es tuyo— Y sacándose el anillo con sus dedos, se lo tendió.

—¡No! —Una mano se aferro fuertemente al hombro de la rubia. Ella dejo caer su paraguas por la sorpresa. La lluvia era fría. —Nos guste o no… El futuro esta en nuestras manos. Tú y yo debemos estar juntos —Darien presiono aún más su agarre.

—¡No pienso cumplir ese futuro! Ya te lo dije. ¡No quiero ese futuro! —Las palabras de la joven se le clavaron como espadas. No entendía que había ocurrido. Porque ya no quería un futuro donde ambos vivían y formaban una familia.

—¿Y Rini? ¿Vas a olvidarte tan fácil de ella? —Darien la soltó y continuo con amargura en su voz —Ella no lo merece… Y yo tampoco.

Serena tomo su paraguas. Pero antes de volver a pararse, frente a él, sobre una de las baldosas del suelo, coloco la alianza. El anillo brillo con las luces de los locales aún abiertos.

—¿De verdad crees que es mejor que nazca en un ambiente sin amor? —Se paro y lo miro a los ojos —Ya no te amo Darien… Ya no —No quería seguir allí. Talvez ya no lo amaba, pero si le tenía un gran cariño y por ese mismo amor que algún día se había profesado, no quería lastimarlo más.

Dio media vuelta para continuar su camino —Adiós— Darien no contesto. Se quedo bajo la lluvia viendo como la rubia se confundía entre los peatones de la tarde.

—¿Un mal día? —Ikuko la esperaba en la entrada de la casa.

—Algo así —Sacudió su paraguas y se saco las botas— Voy a bañarme. No quiero pescar un resfriado —Pero antes de que pudiera escabullirse por la escalera, noto dos presencias en la casa.

—Tienes visitas —Su madre se acerco y al oído le dijo— Insistieron en esperarte. Estaré en la cocina.

Sentadas en el sofá estaba una mujer de cabello aguamarina que tenía puesto un vestido rosa de mangas cortas. A su lado su pareja, una joven de atuendo masculino. Haruka siempre fue así. Aunque había que admitir que el traje mostaza resaltaba sus ojos color miel oscuros.

—Hola…

—Calculo que sabes porque estamos aquí —Fue Haruka quien hablo primero.

—¿Como están, tanto tiempo? Que sorpresa verlas. —Dijo levantando las cejas.

—No vinimos a hacer una visita de cortesía

—Si, tengo una vaga idea de porque están acá.— Serena se sentó en la mesa ratona frente a ellas. No se esperaba encontrase con ellas y no estaba segura de tener la fuerza suficiente como para no llorar. Lo de Darien apenas había pasado, y ahora ellas. Realmente no lo esperaba.

—Rei acudió a nosotras. Estaba muy enojada contigo —Haruka cruzo los brazos— Le dijimos que seguro estabas enojada con Darien por ir y venir de de Estados Unidos. Que seguro querías un poco más de atención y por eso le dijiste que no a su proposición —Enmarco sus cejas y se acomodo en el sillón— Porque eso es así… ¿verdad?

Quedaba más que claro que no era una pregunta. Quería que le dijera lo que quería oír. Bajo su cabeza y comenzó a juguetear con la punta de un rizo de su largo cabello aún mojado.

—¿Por qué nadie me entiende?

—Serena… ¿De que estas hablando? —La voz de Michiru era igual de armoniosa que las melodías que solía interpretar con su violín —¿Acaso lo rechazaste sin posibilidad de dar marcha atrás?

—No quiero estar con el. Y tampoco crear un futuro que fue decidido por otros.

—¡Es por Kou! —Haruka se había levantado bruscamente asustando a las dos mujeres —Cuando lo encuentre…

—Él no está aquí… —La voz de Serena había sido u murmullo y se perdió en el silencio. —El se fue hace mucho. ¿No lo recuerdan? —Levanto su cara llena de lágrimas mudas.

—Entonces… ¿Porque? —A Haruka le costaba hablar…

—Porque me enamore de él.

—Nos estas poniendo en una posición muy difícil —Michiru se paro— Peleamos por un futuro para todos… Y con esta decisión tú lo destruirías.

—¿Porque ustedes pueden decidir con quien estar… A quien amar… Y yo no.

La habitación quedo en silencio. Las tres se habían parado. Estaban quietas en ese cuarto lleno de sentimientos confusos.

—Mejor nos vamos.

—¿Vamos a pelear? —La voz de Serena temblaba sin embargo sus ojos estaban libres de culpa.

—No —Haruka tomo la mano de su compañera —No podríamos pelear contra ti.

—Creo… Que tendremos que meditar sobre esto —Y con las palabras finales de Michiru, ambas jóvenes salieron de la casa.

Un baño relajante era lo que necesitaba. Se desvistió mientras la bañera se llenaba de agua y espuma mientras el vapor comenzó a llenar el pequeño baño. Cuando estuvo listo entro y se estremeció. Se recostó y apoyo la cabeza sobre la pared fría.

Pensar en él le dolía, pero no pensarlo era una agonía. El se fue como un amigo, pero dejándole una declaración de enamorado y un beso que no fue. Durante los últimos meses había pasado tantas noches pensando porque había tardado tanto en definir los sentimientos que burbujeaban en su corazón.

Su presente era muy distinto a lo que la jovencita de catorce años se imaginaba para estas alturas. Ella había terminado de estudiar con un promedio aceptable. Se había dedicado al estudio, en principio porque necesitaba hacer algo, llenar el tiempo sobrante. De a poco el grupo de cinco amigas se había ido separando, cada una tratando de alcanzar sus metas.

Así que el estudio se había convertido en un buen escape. Se vio envuelta en una rutina de estudio y quehaceres en su casa que le permitía no pensar. Pensar en sus sentimientos que se debatían entre una tristeza por los cambios que estaban sucediendo a su alrededor como al vacio que sentía cada vez que Darien volvía a visitarla.

Ese era otro punto importante para el cambio que habían tenido sus sentimientos. Cuando Seiya y los otros regresaron a su planeta, Darien volvió a Estados Unidos. Él se había quedado solo unos pocos meses en más en la Ciudad, en donde compartieron algún tiempo juntos. Y es que Darien quería organizar las cosas y mandar las explicaciones (falsas) pero necesarias para que la Universidad volviera a darle la vacante.

Y una noche cualquiera Darien se había presentado en su casa, con una sonrisa enorme. La Universidad le permitía volver para el semestre que estaba por comenzar. Serena le había sonreído y le había dado un tierno abrazo. Darien le prometía volver a verla las veces que pudiera. Y había cumplido. Pero ya no era lo mismo…

Ella lo había intentado, de verdad que si. Cada vez que Darien volvía trataba de estar con él y disfrutar su visita, pero no podía, simplemente no se sentía plena. Incluso había tratado de llevar la situación más lejos y pasar a más que solo caricias y besos, pero simplemente no se sentía bien, y siempre terminaba excusándose. Paso un tiempo hasta que descubrió que ese vacío que sentía con Darien era el sentimiento de amor por Seiya… Y el de la soledad por no estar con él.

En una de sus últimas visitas a Japón había besado a Darien pero su mente le jugó una mala pasada y creyó ver a su estrella. Desde ese día siguió pensando en el más de lo que siempre lo hacia. Y ese día, sin saberlo, había sido el comienzo que había desencadenado las decisiones, por entonces, futuras.

Había deseado y luchado tanto por estar con Darien que no se había dado cuenta de lo importante que era el ojiazul en su vida.

—¡Basta! Él no esta aquí. Se fue… - Se termino de bañar y rechazo la comida que su madre le ofreció a través de su hermano Sammy. Se acostó y decidió, como si pudiera evitarlo, soñar con Seiya.

La ciudad se veía igual que siempre. Con las calles iluminadas por los faroles y los árboles florecidos que avisaban que la primavera ya había aparecido. El viaje había sido agotador, después de todo había pasado muchos días en el espacio viajando como energía pura. Sin embargo necesitaba estar ahí afuera, rodeado de gente, en la ciudad que había aprendido a amar.

Caminaba sin tener un rumbo definido. La verdad es que tenía ganas de correr hasta la casa de su Bombón pero no era la hora adecuada… y lógicamente tenía miedo de no saber que encontrar… Y porque no, tal vez incluso ya no fuera su casa.

Soltó una suave risa al percatarse de donde estaba. Era el Parque número Díez. El lugar le traía viejos y buenos recuerdos. Comprobó la hora en su reloj. Era tarde, y sumado a su agotamiento, era mejor buscar un lugar donde pasar la noche. Talvez más adelante, si tenía suerte, un lugar para vivir. Sonrió —Mejor hacer una cosa a la vez— Susurro mientras continuaba su camino al tiempo que la lluvia comenzaba a menguar.

Su despertador la levanto de un sueño del que no quería despertar. Había resultado demasiado hermoso. Demasiado real. El abrir los ojos le dolía ,era volver a una dura realidad.

Cuando bajo ya preparada, a pedido de su madre, o mejor dicho suplicas, apenas había probado bocado. Si bien el sueño había sido hermoso, le había quitado las ganas de todo. Sin embargo quería ir a clases.

Se quería dedicar a la fotografía, había sido una sorpresa saberse amante de ese arte. Gran parte se lo debía a su padre, él le hablaba de su carrera con tanto cariño que se descubrió conversando cada vez más con él sobre el tema. Compartían el gusto por la profesión pero además había descubierto que en una imagen se podría retratar momentos que podían perdurar en el tiempo.

Miro su reloj, tenía diez minutos para que pasara el colectivo. Agarró su bolso, le dio un beso a su madre, salió de la casa y caminó rápido las dos cuadras que tenía hasta la parada.

—Hola…

—Amy…

Amy estaba en la parada, aguardando con su morral al hombro. Tenía una camisa celeste sencilla y unos pantalones de vestir azul marino, y el delantal blanco sin abrochar. Era medica en prácticas, pero aún así era imponente verla así vestida. Serena trago saliva y recordó a Rei, a Haruka y a Michiru.

—Antes que nada, si vas a decirme algo por la decisión que tome, por favor ahórrate las palabras

—¿No hay nada que te haga reflexionar? —pregunto mientras sus cejas se fruncían.

—Lo siento Amy —Colocó su mano sobre el hombro de la joven de melena celeste— Es una decisión tomada, y aunque no lo crean, tengo mis motivos.

—¿Qué motivos? —La joven la miro seriamente— ¿Cómo puedes hacer caso omiso a todo lo que hemos pasado por ti? ¿O me vas a negar que lo que querías era estar con Darien?

Serena profirió una suave risa —No voy a negarlo. Aunque siempre parecía que era la única preocupada por la relación.

—¡No mezcles las cosas! —La guerrera del planeta mercurio se exaspero y se — Te estas olvidando de todo por un capricho. ¿Qué sucederá con Rini? ¿Y con nosotras? ¿Pensaste en nosotras? —Respiro hondamente tratando de controlarse.

—¿Realmente esperas que me case y engendre una niña por el solo hecho de que así lo dice el futuro? ¿Qué hay del amor Amy?

—Serena, por favor, no eches abajo todo lo que conseguimos con tanta lucha

—Lo siento —Dijo Serena y se aparto un poco para ponerse en la fila del colectivo.

Cuando llego el autobús ambas jóvenes lo tomaron. Pero ya no se sentaron juntas como antaño. Cada cual fue por su lado pensando en lo que vendría. Sólo quedaba esperar.

Cuando termino la tercera hora corrió escaleras abajo. Estaba emocionada y por muy extraño que sonara, al fin tranquila.

Su tarea, si podía llamarlo así, consistía preparar una presentación temática retratando personas, pero sin efectos añadidos. Por lo que era necesario pensar un lugar bien iluminado ya que no iba a poder suavizar los volúmenes de luz. Tenía el lugar perfecto. Compro una gaseosa en la maquina y se dirigió a su lugar favorito.

La lluvia había pasado y el olor a tierra húmeda se sentía por todo el Parque número Diez. Un viento fresco mezclaba el aroma de las flores con el de los dulces de los niños.

Estaba decidida a sacar buenas fotografías. Preparo su cámara Nikon y ajusto el lente. Su futura profesión la llenaba de energía. Comenzó a buscar un rostro adecuado, tanto para ella como para la cámara.

Aunque todavía estaba algo cansado por el viaje, el sol del día lo había a obligado a salir de la cama. Se había desperezado con una ducha de agua caliente y había desayunado algo directamente en la habitación. Era un día esplendido y había decidido salir del hotel. Seguía sin saber que hacer, sobre todo al darse cuenta de que no habían reparado en su presencia. Esperaba que de un momento a otro las Sailors Exteriores aparecieran a exigirle el retorno inmediato a Kinmoku. Sin embargo eso nunca ocurrió y eso era algo bueno ya que en principio no quería que nadie supiera que estaba en la Tierra.

Lo único de lo que estaba seguro es del amor que tenía por su Bombón. Estaba tan cerca y tenía muchas ganas de verla. Pero temía que estuviera con su novio, eso lo lastimaría y mucho. Así que aún no se decidía a ir a buscarla a su casa.

En un kiosco compro una bebida y un par de caramelos. Necesitaba entretener sus nervios de alguna manera. Fue directo al Parque y siguió recorriéndolo. Lo recorrió tarareado viejas canciones, buscando melodías nuevas, tratando de armar alguna que otra frase… Siempre podía volver al negocio de la música, si sus contactos aún lo recibían… Si lo analizaba, eso era lo único seguro en su futuro.

No puede ser… No podía verle lo ojos ya que estaban cubiertos por unos anteojos para el sol. Pero su color de pelo, ese brillo particular y ese corte… Su forma de caminar y de llevar la ropa. Es imposible. Su cerebro se lo decía una y otra vez. Pero su corazón empezó a latir más aprisa. Bajo su mirada. En sus manos tenía una excusa en caso de estar más que equivocada. Suspiró resignada, sabía que terminaría usando una excusa patética, después de todo, él no estaba allí, por mucho que a su mente le gustase jugar con ella.

Aún así se dirigió a su encuentro. Sus piernas temblaban. Sus manos también. La saliva se le había vuelto espesa y el tragar se le hizo algo sumamente difícil. Se acercó lo necesario para verlo mejor, pero no tanto para que la notase. Dio un par de pasos más.

—Seiya…— Su voz fue un susurro. Estaba preparada para que el aludido le dijera que se había equivocado… O que continuará su camino sin percatarse de ella. Pero algo dentro de ella le obligo a llamarlo de nuevo —Seiya…

Él se había quedado helado. Podía reconocer su voz en cualquier lugar. El destino se burlaba una vez más de él. ¿Porque quería jugar así con el? Se intentaba convencer de que estaba confundido, de que sólo era el fantasma de sus sueños. Hasta que volvió a escuchar su nombre.

Se dio vuelta. Al verla parpadeo asustado de que esa visión desapareciera. No fue así. Seguía allí parada con sus ojos celestes abiertos por la sorpresa inesperada. Su cabello permanecía igual de largo que cuando se fue y seguía usando su peinado de coletas. Su cara se había hecho más angulosa y su cuerpo, aunque no vestía de forma provocadora, era toda una delicia.

Se saco sus anteojos para admirarla aún más. Ella soltó lo que traía en las manos y la cámara se destrozó en el piso —Bombón…—Las palabras salieron con el tono más dulce de lo que alguna vez pudiera imaginar, y es que todo su ser siempre le había pertenecido a ella.

La vio derramar un par de lágrimas y lo siguiente que supo es que intentaba reanimar a la mujer en la que se había convertido, que yacía desmayada frente a el.