Disclaimer: Todos los personajes de Sailor Moon son creación absoluta de Naoko Takeuchi! No me pertenecen para nada… Sólo los tomo prestados!
Agradecimientos: Muchísimas gracias por seguir leyendo y los comentarios y me gusta que van apareciendo tímidamente. De verdad me gusta saber que ustedes pueden disfrutarlo. Sin más demoras les dejo el nuevo capítulo.
Capitulo 03: Decisiones.
Abrió los ojos lentamente. Todavía podía recordar el sonido de su voz mencionando aquel apodo que alguna vez había detestado. Parecía ser que sus sueños la estaban persiguiendo incluso el mundo real.
Se levanto notando un leve dolor en el hombro. ¿Cuándo se había lastimado? Recorrió la habitación con la vista, había suficiente luz como para saber que no era la suya. Con algo de miedo se levanto de la cama y camino hacía la ventana. Desde adonde se encontraba podía contemplar el atardecer en el parque. Las luces empezaban a aparecer en la Ciudad, el sol bañaba las copas de los árboles y el cielo se anaranjaba esperando la inminente aparición de la noche.
La puerta crujió y se abrió. Se dio vuelta asustada y tratando de controlar sus nervios preguntó quien era.
—Ya despertaste… ¿Te encuentras bien?
Aquel chico con el que había soñado tantas noches asomaba por la abertura. Sus ojos se llenaron de lágrimas al instante. ¿Seguía dentro de un sueño? Cerró sus manos en un puño con fuerza, la tensión se sentía real. Era él, pero el que estaba algo se lo decía, aunque sus facciones eran de un adulto, era todo un hombre. Consiguió hablar ignorando la sequedad de su boca
—Seiya… ¿Eres tu?... ¿De verdad eres tu?
—Bombón… Lo siento no quería asustarte. Pero perdiste el conocimiento en la… —No pudo terminar. Serena había recorrido el trecho que los separaba y lo estaba abrazando. Pudo sentir el cuerpo de la mujer que no pudo olvidar durante esos cinco años. El aroma de esa suave piel que se mezclaba con el de su perfume extasiándolo por completo.
—Te extrañe… —Sus ojos se encontraron por un instante. El corazón de él se acelero, tenerla tan cerca, tan real, le aturdía los sentidos. Pero los ojos de ella no mentían, Serena no mentía. Se separon despacio, prolongando cada movimiento el mayor tiempo posible y aún así, siguieron queriendo cada uno un poco más del otro.
—¿Cuando volviste? ¿Y los chicos? —Pregunto apresuradamente mientras se secaba las lágrimas.
—Solo vine yo. Espero no decepcionarte Bombón —Y le guiño el ojo.
—¡Claro que no! —Realmente era el.
Un silencio no del todo incomodo los envolvió. Ninguno sabía muy bien que decir, había pasado tanto tiempo… Hasta que un gruñido rompió la monotonía. La rubia tenía hambre.
—Acaso… ¿es por eso que te desmayaste?
Serena no respondió en seguida, aún seguía con el cuerpo vibrándole por la emoción. Sus sentimientos estaban desbocados y no parecía poder controlarlos —Últimamente no tengo mucha hambre —Dijo sonrojada.
—¿Que te parece si salimos? Yo también tengo ganas de comer —Dijo mientras se tocaba la panza.
—Primero tendría que avisar.
—Lo siento. No pensé que tendrías planes con tu novio —Bajo la cabeza y su voz, a oídos de ella, se volvió extraña.
—Hablo de mis papas —Movió su cabeza negativamente— Darien y yo…
—Llama desde acá —Camino hasta la mesa de luz y le tendió el teléfono inalámbrico— Te espero afuera.
El ojiazul salio del cuarto y camino hacía el ascensor. Apretó el botón y esperó. No quería ilusionarse pero no podía evitar pensar que cuando Serena había mencionado a Darien su voz se había convertido en un susurro. ¿Habría pasado algo?
No podría negarlo, ella había dejado de ser solo un sueño, estaba con ella. Cinco años sin verla y ella se había convertido en toda una mujer. Y si bien sus facciones se habían afinado sus ojos seguían manteniendo ese brillo tan inocente y único. Sin embargo… Era un brillo distinto. Era algo que no podía determinar. Ahora más que nunca necesitaba una oportunidad. Algo muy dentro le decía que su Bombón lo necesitaba más que a nadie y él estaría allí para ella. Siempre.
Eligieron ir a un lugar de comida rápida, el local era nuevo y estaba del otro lado del parque. Entraron y se sentaron en una mesa algo alejada de la calle. Querían estar tranquilos y aunque el grupo Three Lignts se había separado hacía bastantes años, Seiya podía sentir ciertas miradas clavarse a su espalda.
Una vez que estuvieron cómodos pidieron algo sencillo, pero no menos rico, hamburguesas, papas fritas y gaseosas. Lo que le gustaba a ambos. Serena quería hacerle tantas preguntas. ¿Por qué había regresado? ¿Sería por ella? ¿Aún la quería? Pero no tenía las fuerzas para hacerlo y además sentía que no era el momento.
—¿Que es lo que piensas hacer?
Seiya termino de tragar y tomo un poco de bebida —Creo que volveré a cantar.
—Eso sería perfecto. Tu voz siempre fue hermosa —Ese comentario hizo que el ojiazul se ruborizara.
- Tendría —Tosió— Que buscar algún lugar en donde quedarme.
—¿Eso significa que no planeas irte?
—Vine para quedarme Bombón —Dijo mirándola a los ojos.
Serena esbozo una gran sonrisa y sus ojos brillaron con fuerza, pero a los segundos su mirada se opaco y pregunto preocupada.
—¿Pero como vas a hacer? ¿Con que plata?
Seiya soltó una carcajada —La realidad es que nunca cerramos nuestras cuentas bancarias. Supongo que con ir al banco y aclarar ciertas cosas, no habrá problemas. Eso tendría que alcanzar…
Serena lo miro más tranquila y siguió comiendo. Hablaron bastante. Más que nada de cómo estaba todo y la época de paz que estuvieron viviendo. Y aunque ninguno lo pidió, evitaron hablar de ciertas personas.
Cuando terminaron salieron del local y Seiya se ofreció a acompañarla hasta su casa. Caminaron juntos, hablando como si el tiempo que los había separado nunca hubiese existido.
—Mañana mismo quiero empezar a ver algunos lugares, ¿quieres acompañarme?... Salvo que tengas planes… —Una media sonrisa algo forzada apareció en los labios de Seiya.
—Ya te dije que solo tengo mis clases de fotografía, no sería problema —contesto y le sonrió haciendo iluminar todo su rostro.
—¿Solo tus clases?
—Así es. Nada más.
Estaban a unas pocas cuadras de su casa. Era importante que él lo supiera. Cuando hablo su sonrisa y su voz se habían apagado un poco —Darien y yo… Terminamos— le dijo con la mirada pérdida en la calle por la que caminaban.
Tendía miedo de a ella le pudiera resultar doloroso hablar de ello, pero era tanto la sorpresa que necesitaba saberlo. —Bombón, ¿porque?
—Hace más o menos un mes, me pidió matrimonio. Dijo que era el momento correcto —Serena suspiro— Él ya terminó su carrera, y empezó con las prácticas. Dijo que era una muestra de crecimiento el que yo me decidiera a estudiar… —Su voz era monótona.
—Si te hace mal… —Pero ella no lo escucho y continuó.
—Dijo que yo no necesitaba estudiar y que él solo estaba esperando una muestra de mi madurez. Que ya estaba decidido que en el futuro sería Reina y no era imperioso- Sonrió y con su mirada busco apoyo y fuerza en la de su acompañante. Y la recibió —Le dije que no me casaría con el… Porque tenía mis propios sueños.
Seiya sintió que el mundo dejaba de girar. —Debe haber sido difícil para ti.
—Sí, fueron muchos días de dudas…
—¿Y él que dijo? —Necesitaba saber si Darien todavía estaba esperando por ella.
—No lo podía creer… En realidad creo que tomo a todos por sorpresa.
—¿Todos?
—Mis padres y las chicas…
Seiya había dejado de caminar. Serena había entre cerrado sus ojos y sus ojo se habían opacado.
—¿Las chicas… ¿Paso algo con ellas?
Ella miro al cielo y negó con la cabeza. —Darien se los dijo a los días. Y las cosas no etan muy bien desde ese momento. Con Luna discutimos varias veces, la última vez se fue de casa… —Lo miro y trato de sonreírle, pero no pudo—Rei y Ami… Ambas están bastante enojadas. Y Haruka y Michiru… —No podía decirle lo que había hablado con ellas. Todavía no— Creo que entendieron mis motivos… Pero ya las conoces, nunca sabes bien como piensan —Miro su reloj— Es tarde.
Aunque ninguno quería hacerlo, se separaron pocos metros de la casa de la rubia con la promesa de verse a la tarde siguiente. Antes de irse, Seiya le dio un tierno beso en la frente y la miro con cariño.
Serena entró a su casa y saludo con un fuerte abrazo a sus padres, y corrió escaleras arriba con una energía que hacía días no tenía. Su madre sonrió feliz de verla así, era evidente que algo bueno había pasado.
Saco las carpetas del bolso y transcribió unas cuantas cosas de la última clase, después, comenzó a preparar la ropa que usaría al otro día. Quería verse lo mejor posible para él.
Había pasado mucho tiempo. La duda se precipitó en su mente. ¿Todavía la quería? Tenía miedo. Hacía tiempo que no se sentía tan feliz. Sacudió su cabeza y desecho sus temores —¡Basta!— Se dijo con fuerza.
Habían acordado encontrarse en la estación para ir desde allí a la ciudad. Serena esperaba con los dos boletos en la mano. Si bien nunca había sido buena respetando los horarios, había tenido suerte de que la profesora de ese día los dejo ir 20 minutos antes.
Así que apenas termino la clase, paso por el baño a retocarse el maquillaje y fue directo al lugar de encuentro. Se vio en el espejo y se gusto. Ese día se había vestido con una camisa sin mangas color crema que hacía juego con su pollera celeste y sus zapatos bajos.
—¡Bombón! —Seiya caminaba hacia ella con apuro— Estas hermosa —Dijo una vez que la hubo alcanzado.
—Que cosas dices… —Dijo ruborizada y añadió— Tu también te ves muy bien…
Lo miro una vez más tratando de guardar esa imagen en sus recuerdos. El pelo negro que brillaba a la luz del sol lo tenía atado como siempre. Llevaba puesta una camisa roja con rayas muy finas de color azul y un jean que le resaltaba su parte trasera.
—Voy a comprar los boletos —La voz del ojiazul la saco del transe en el que estaba. Así que con una sonrisa triunfante, le mostró los boletos.
—¡Me ganaste de mano Bombón!
—Si… Pero espero que sepas que no son gratis… ¡Tendrás que pagarme un gran almuerzo! —Agrego mientras le guiñaba un ojo.
El trayecto no fue muy largo. Pasaron el final de la mañana entre risas y conversaciones, poniéndose al día aún más que la noche anterior. No dejaron de caminar y de ver algunos departamentos. Seiya había organizado las visitas de modo que todos estaban relativamente cerca uno del otro.
Pero por alguna razón pese a que eran grandes y espaciosos, ninguno de los departamentos vistos parecía agradarles a ambos. Si uno le gustaba a Serena no era el apropiado para Seiya, y sino, viceversa. Parecía que todavía no daban con el ideal.
—¿Vamos a comer?
—Aún queda uno más… Es el último.
—¡Tengo hambre! ¿Acaso no viste la hora? —La rubia fingió tristeza y Seiya sólo sonrió.
—Ahora que lo dices… —el estomago de él lanzó un gruñido— Yo también tengo hambre…
—Creo que a esta hora sería mejor una merienda… —Dijo ella mirando el reloj.
La comida se alargo un poco más de la cuenta, así que llamaron a la inmobiliaria para avisar de su pequeña demora. Les habían dicho que no había problema y que la agente de bienes raíces los estaría esperando.
—Este es el último, si no te gusta, creo que terminaras viviendo en el hotel… o la calle.
Serena se había detenido delante de un gran y alto edificio blanco. Desde la vereda, por la puerta de vidrio, se podía observar el amplio vestíbulo que recibía a las personas que residían allí.
—A la vista, es bonito.
Seiya aviso por el portero quienes eran y a que iban, y la puerta sonó con un breve timbre para que pudieran entrar. Pidieron el ascensor y cuando subieron marcaron el piso seis. Cuando salieron una joven de cabellera rojiza y traje sastre gris los aguardaba. Tenía las manos llenas de carpetas y de llaves.
—¡Ustedes deben ser los Señores Kou! Soy Akita Mayuri. Por favor acompáñenme —La mujer les sonrió y camino hacía la puerta con la letra C, la abrió y los invito a entrar.
—Es increíble —La rubia corrió por el gran espacio blanco.
—Lo pintamos de blanco para que ustedes decidieran su propia paleta de color — Les explicó Mayuri.
Recorrieron el lugar. Era realmente amplio. Tres habitaciones un baño y un living comedor que se unía a una cocina con barra incluida. Todos los espacios eran blancos y los muebles de formica de color negro.
Seiya miro a la mujer —Es cómodo y muy espacioso, y el precio es muy económico para un lugar así… ¿Cual es el truco?
—Ninguno —Se apoyo sobre la barra de la cocina— Hace algunos años los pisos así eran muy buscados. Este edificio tiene una pileta y estacionamiento. Pero seguramente usted se dio cuenta de que se encuentra algo alejado de la Ciudad. Desde la construcción del nuevo tren esta zona quedo algo relegada… Salvo por supuesto que cuente con movilidad propia —Le brindo una cálida sonrisa.
Serena estaba apoyada sobre la baranda del balcón respirando el aire de la tarde que se estaba acercando. Su cabeza no dejaba de pensar. Cuando salieron del ascensor oyó claramente como la agente de la inmobiliaria los llamaba los señores Kou. Recordó la ola de nervios que la recorrió entonces, y como Seiya no había corregido la equivocación. Acaso después de tanto tiempo…
—Y bombón… ¿Que te parece?
—Es muy hermoso y tiene espacio para que tenga un piano, siempre lo quisiste. Creo… Creo que te conviene —Desvío la vista hacia el centro de la ciudad. No era muy lejos como pensó.
El no podía sacarle los ojos de encima. No sólo había crecido, sino que algo en ella había cambiado. Cuando la señorita Mayuri los tomo por pareja se dejo llevar y no la corrigió. Sonaba demasiado bien y en sus sueños ya era una constante que Serena fuese su pareja.
—Es un poco lejos —Vio como la rubia suspiraba
—¿Pero tu facultad no esta a medio camino?
Serena lo miro incrédula. El tenía razón. La universidad era un poco lejos de su casa, pero la había escogido porque era la que daba los mejores cursos de fotografía. Una sonrisa involuntaria apareció en su rostro iluminando todo a su alrededor.
Seiya y Mayuri ultimaron los detalles y hablaron del papeleo necesario, mientras, la rubia recorría una vez más el apartamento.
Salieron del edificio y fueron en el auto de Mayuri a la inmobiliaria. Allí Serena espero que ellos terminaran de firmar el contrato.
—Bombón, ¿puedes venir?
Serena entró a la oficina por la que había aparecido Seiya con curiosidad —¿Qué sucede?
—¿Trajiste tus documentos?
Ella lo miro confundida y afirmaba con la cabeza mientras los buscaba en su boslo. —Toma.
—Perfecto —Mayuri agarró el documento de la rubia y se levanto para sacarle unas fotocopias. Seiya le ofreció la lapicera a una atónita Serena.
—Necesitamos tu firma aquí.
—Pero… ¿porque?
Antes de que el ojiazul pueda responder, Mayuri se le adelanto —Necesitamos la firma del inquilino… Pero en este caso, él quiere asegurarse de que usted quede como segunda beneficiaria. —y sonrió— Aquí la firma y aqui la aclaración— Señaló con su dedo los casilleros al final de la hoja. Justo por debajo de la firma de Seiya.
Serena firmo sin saber que decir o que pensar.
—Bien, aquí están los dos juegos de llaves y estas son las del estacionamiento. Señor kou estaremos en contacto por el deposito. Cualquier problema, no duden en llamarme. Buenas noches —Le devolvió los documentos a Serena y luego de tomar el cheque que el ojiazul le dio, ellos se retiraron.
Cuando salieron ya era bastante tarde. Seiya la miró y le pregunto a donde quería ir, ella le respondió con una sonrisa que porque no visitaban la nueva casa.
Tomaron un taxi y en diez minutos ya estaban estrenando las llaves. Subieron y entraron. Seiya estaba extasiado. Estaba empezando su vida en la Tierra y Serena estaba con él.
Ambos quedaron en medio de la cocina, mientras las luces de la calle se prendían en ausencia del sol. El silencio lo rompió ella, necesitaba saberlo. —¿Por que?
—¿Por qué que?
—Porque firme…
—Ah… Eso… Sólo pensé que sería lo mejor… Por cualquier cosa que llegará a pasar.
—¿Te vas a ir de nuevo? —Serena lo tomo del brazo. Sus ojos se opacaron y su cuerpo tembló ligeramente.
—No quise decir eso… Pero no se sabe que podría pasar —Acaricio su mejilla con su mano caliente. Quería abrazarla, besarla y tocarla como lo imagino tantas noches en su cama. Era demasiado fuerte lo que sentía por ella.
La cartera de la rubia, que estaba en la barra, comenzó a vibrar al ritmo de una lenta melodía que Seiya pudo reconocer al instante. Era un tema de Three Lignts. Ella se apuro a contestar.
—Hola mamá. —La cara de Serena se transformo. Se acerco a una pared y se apoyo en ella—Ya lo sabía… y le dí mi respuesta… Sí, lo se. Y también se lo que estoy haciendo… —Suspiro— ¿Sigue allí?... No puedo volver si el esta allí… Lo siento… En la casa de una compañera… Yo también te quiero. —Suspiro hondamente cuando cerró su celular.
—¿Paso algo? —El ojiazul pregunto sin querer saber.
—Darien esta en casa… Le pidió mi mano a mis padres —Se apoyo contra la barra. No podía entender. ¿Por qué insistía tanto?
—¿Quieres que te acompañe?... Ya es algo tarde… —Aunque intento parecer tranquilo, su voz carraspeo un poco, esperaba que ella no lo notase.
—No quiero volver… No si el sigue en mi casa…— Se voltio hacia el.
Intento no mirarla e ignorar su mirada triste —Puedo acompañarte hasta la casa de alguna de las chicas…
—¡No! —El grito replico en el eco agudo de la habitación vacía— Ellas me obligarían a volver.
El silencio los volvió a envolver —Por qué… ¿Por qué no me pides que vaya contigo? —La voz ella era un susurro ahogado por su propia vergüenza y las lágrimas que caían libres por su rostro.
—Bombón yo… —Seiya se había ido acercando y sólo atino a abrazarla. Ambos lo necesitaban. Nunca creyó que ella iría con el si se lo pidiese. ¿Qué había ocurrido durante estos años? —Ven conmigo— Su voz sonó dulce y tranquilizadora.
—Si… - Dijo perdida entre su pecho.
