Disclaimer: ¡Todos los personajes de Sailor Moon son creación absoluta de Naoko Takeuchi! No me pertenecen para nada… ¡Sólo los tomo prestados!
Agradecimientos: ¡Muchísimas gracias por los Reviews! Talvez para ustedes sean unas simples palabras, pero para mi es el tiempo que se tomaron para dejarme saber su opinión, y eso es el aliento que me dan para dar lo mejor mí. Les dejo un nuevo capítulo, que espero sea de su agrado, sobretodo porque terminan de aparecer las seilors. ¡Ahora está armado el panorama completo!
Capitulo 04: Conversaciones.
Tomaron un taxi y se dirigieron, sin paradas previas, al hotel. Fue un viaje más que silencioso ya que ninguno parecía saber que decir sobre lo acontecido en el apartamento.
Cuando el auto paro, Serena bajo con rapidez y entró sin esperar a que Seiya terminara de pagar el viaje, temía que él le dijera que era mejor volver a su casa. Sin embargo, las intenciones del joven distaban mucho a las ideas de la rubia.
La alcanzo cuando las puertas del ascensor se abrieron, entraron y de golpe, ella sintió un calor fuerte, el aparato se le hizo asfixiante.
Bajaron y antes de abrir la puerta de lahabitación Seiya la miró y le pregunto si quería comer.
—Gracias, pero no tengo muchas ganas… Sólo quiero descansar —Fingiendo una sonrisa le dio un beso en la mejilla y nada más entrar, se acomodó en uno de los sillones.
Seiya la contemplo unos momentos, estaba pálida y con la vista perdida en el ventanal. —Bombón, estas cansada y este fue un día largo, mejor acuéstate. Yo dormiré acá.
Serena quería hablar con él, pero no se sentía con las energías suficientes para poder acomodar sus ideas. Afirmo con un leve movimiento de la cabeza y entro a el cuarto.
Seiya suspiró y se recostó en el sillón donde había estado ella. Se sentía su perfume, un delicado aroma a flores. Se masajeó la sien y estiro las piernas. ¿Realmente ella estaba allí? No podía dejar de pensarla… Había sido ella la que había pedido irse con él… Parecía demasiado bueno para ser real, pero ahí estaba la sombra de su perfume, flotando en aire. Se acomodó un poco más y después de dar un par de vueltas, y sin saber como, se durmió.
La alarma de un celular lo despertó. Sonaba cerca de la cartera de la rubia, sobre la mesita de café del lugar. Lo apago y se levantó. Golpeo con suavidad y al no tener respuesta, entro con cuidado. Apenas traspaso la puerta la fragancia de un perfume a rosas lo penetro hasta dolerle.
Serena dormía plácidamente en la cama. Su pelo suelto se mezclaba entre las sabanas. Una mano cerca de su cara, la otra agarrando la almohada. Seiya sintió una oleada de calor que lo abrumo y soltó el picaporte que hizo un ruido estrepitoso en ese silencio absoluto.
La rubia bostezo y abrió sus ojos celestes con lentitud, y luego de mirar alrededor, sonrió.
—Buenos días bombón.
—Buenos días… Seiya… Lo siento, ayer me bañe y no quería dormirme con mi ropa… Te quise avisar, pero dormías.
—Esta bien, no hay problema… Esto… — le mostró el móvil tratando de no fijar la vista en ella usando una de sus remeras rojas– empezó a sonar y lo apague.
—Gracias. Aunque no parezca estoy acostumbrada a la hora… Aunque lo pongo por las dudas, madrugar nunca fue mi fuerte.
Ambos se cambiaron, Seiya en el cuarto y ella en el baño y decidieron desayunar en la habitación. Pidieron algo liviano y cuando terminaron bajaron juntos hasta la entrada. Seiya la despidió con un tierno beso en la mejilla. Les gustase o no ambos debían continuar con sus actividades.
Serena se bajo del taxi a unas cuadras de su casa, Seiya le había querido pagar viaje, pero ella se había negado rotundamente, bastante había hecho ya. Antes de entrar miro la hora en su móvil y se evito pensar en la cantidad de llamadas perdidas de Darien. ¿Lo había vito Seiya?
Había pasado dos días extraordinarios en su compañía. Se sentía feliz, como no estaba hacía mucho tiempo, pero no podía dejar que un manojo de nervios la invadiera. No quería perderlo, no esta vez.
—Con que ya volviste…
—Hola Samy —Serena le sonrió al castaño y lo despeino con la mano al pasar.
—Veo que ya estas mucho mejor —La rubia lo miro extrañada— Mejor me voy a estudiar… A ver si empiezo a sacar tus notas...
—¡Samy tonto! ¡Mejore desde entonces! —Se alejó hacia la cocina cantando.
Su ya no tan pequeño hermano la miro alegre, era bueno verla tan bien.
—¡Hola Mamá! —Dijo abrazando a su madre por la cintura. Ikuko sólo empezó a reír y correspondió al abrazo.
—Se te nota feliz.
—Lo soy Mamá…
—¿Cuándo lo conoceré? —Serena quedo perpleja y la taza de te que se estaba preparando, casi cae de sus manos.
—Como…
—Soy tu madre Serena —Se dio vuelta y se puso el delantal— Porque no lo invitas a cenar mañana… Pueden venir también las chicas. —Empezó a lavar las verduras.
—Mamá… —la voz de la rubia sonó hueca— las chicas y yo…
Ikuko la miro con atención, Serena suspiro dejando la taza en la mesada. Intentó caminar, pero no pudo, así que respiro hondo un par de veces.
—Las cosas han cambiado un poco. Por favor, no…
—No te preocupes, no diré nada… Pero la invitación para él sigue en pie. —le sonrió dulcemente— Además, tu padre mañana trabaja —Le guiñó un ojo.
Serena se terminó en un trago el te. Subió las escaleras con prisa. Estaba contenta, feliz y además tenía una madre que era algo especial.
—¿Donde dormiste anoche?
Parpadeó dos veces al no poder creerlo. Sentada sobre la colcha de su cama, estaba Luna. Miro sobre su espalda y cerró la puerta.
—Te hice una pregunta —La gata le reclamó.
Serena se apoyó contra la puerta y sonrió para no dejar escapar sus lágrimas.
—Sólo volviste para preguntar eso? —Los dos pares de ojos se encontraron.
—¿Por qué no lo entiendes? Sólo queremos lo mejor para ti… Para todos.
—¿De verdad? Creí que solo querían formarme una vida que no quiero.
—Es tu responsabilidad —La gata saltó al suelo y camino hacía su dueña— No queríamos a apresurarte he incluso sabemos que es algo precipitado. Pero considerando la situación, es necesario.
Serena se removió incomoda. ¿A que se refería?
Luna bajo la cabeza solo un instante, cuando la volvió a levantar sus ojos eran fieros y decididos. —Ya hemos fijado la fecha.
La rubia quedo petrificada, trataba de articular palabra pero no podía. Sentía el cuerpo vibrar de furia.
—No se suponía que las cosas pasaran así, pero…
—No… —Serena hablo con un hilo de voz y movió su cabeza negativamente— No tienen derecho —Sus ojos dejaron escapar las lágrimas que antes se agolpaban tratando de no mostrarse.
—Tú nos obligaste a llegar a esto… Si hubieses pensado las cosas con más calma. Darien te quiere, y hay un futuro esperanzador para todo el mundo…
—Esta es mi vida. —Luna se movió unos centímetros más hacia Serena— No quiero oírte más. —Serena se arrastro sin levantar la vista— Vete de aquí, ¡y no vuelvas más!
Las dos se miraron midiéndose. Ambas enojadas, furiosas y decepcionadas de la otra.
—¡No pienso casarme con él! —escupió Serena con toda la furia que sentía fluir de su cuerpo.
Pudo ver como Luna no replicaba y sin mirarla, salía por la ventana entreabierta, quizás para siempre. Podía ver todo como si lo viera por el lente de una cámara lenta, recordando cada momento con exacta nitidez. No reaccionó al instante. Lo primero que sintió, cuando el tiempo volvió a su normalidad, fue el mareo que casi la hace caer. Se sentó y apoyó la frente contra el escritorio. Se sentía cansada y hastiada de toda la situación.
Tomo el celular y marcó un número no muy segura de que es lo que diría, si es que, del otro lado, alguien atendía. Pero, más allá de todo, necesitaba hablar con alguien.
—Creo, que es lo mejor que pudimos hacer —La voz de Rei era dura y monocorde— ¿Acaso ya se olvido de las personas que sufrieron por el futuro?
—Creí que nos reuníamos para decidir que hacer… Nunca tome participación de ninguna decisión. —Dijo una muchacha de pelo castaño. Su voz era clara pero decidida.
—Pero Lita… —Ami quiso protestar, pero la castaña no la dejó.
—Si Serena no quiere estar con él, por algo debe ser… No creo en los caprichos. Además nuestro deber es con la princesa, sólo le debo lealtad a ella.
—¡Eso es estúpido! —Rei pareció explotar— ¿Acaso ella pensó en donde esta su lealtad para con nosotras?
Silencio. Las cuatro chicas estaban sentadas alrededor de una mesa baja de madera, en el cuarto de Rei. Cada una tenía pensamientos y sensaciones encontradas. Esta situación podía cambiar todo lo que conocían, incluso a ellas.
Rei miro a Lita y frustrada, golpeo la mesa con la palma de la mano. —¿Qué pensas hacer? ¿Vas a luchar contra nosotras?
Lita que estaba cruzada de brazos frente a ella. Las miro a las otras dos, cada una a un costado y después volvió a posarse sobre ella. —¿Acaso vas a hacer una lucha de esto?
—¡Lita! ¡No te entiendo! ¡Se supone que veas la parte lógica! —Rei empezó a abrir y cerrar las manos, apenas podía contener su nerviosismo— Ami lo hace…— Señaló a su amiga de pelo celeste.
—¡No me grites Rei! ¡No tengo porque acatar lo que digas como si fueran órdenes! ¿Acaso estas pensando en luchar contra la persona que juraste proteger?
—¡Basta! —La segunda rubia del grupo habló por primera vez, desde que la reunión había comenzado. —Realmente no se que fue lo que ocurrió. Pero seguro que tiene sus razones… Y Nosotras no hemos intentado hablar con ella… —Termino bajando el tono de voz.
—¿Que es lo que quieres hablar? Ya oíste lo que le contestó a Rei… ¿Acaso no crees en mis palabras?
La rubia no contesto. No sabía bien que decir y tampoco sabía a ciencia cierta que sentía.
—Mina… ¿No crees en lo que me dijo? – Ami hablaba desde su verdad, su mirada clara estaba llena de sinceridad.
—Luna fue a decirle —La morocha volvió a hablar y rompió el silencio que amenazaba con volver sobre las cuatro.
—¡¿Qué?! —Lita se paro de un salto.
—Esto no parece muy de amigas…
—Somos sus amigas Mina, por eso lo hacemos. Es lo mejor para ella y para todos. Además, ¿cuanto tiempo estuvo soñando con casarse con Darien? ¿Cuanto lo deseo? ¡Muchísimo!
—Amigas… ¿Todavía lo somos? —Ami preguntó con angustia. Racionalmente, Rei tenía razón, además era necesario asegurar una época de paz y prosperidad. Pero en su corazón, no estaba enteramente segura de lo que estaba haciendo.
Pasaron la siguiente media hora reunidas en el Templo Hikawa, sin embargo apenas se dirigieron la palabra. Lita comprobó la hora en su reloj y se despidió. Fue la primera. No tenía ganas de seguir allí; y al día siguiente tenía que entrar temprano a clase. Eso le valió de excusa, para poder retirarse.
Estaba enojada con Rei, por su reacción. Con Ami, por su tranquilidad. Por Mina por no haber hablado antes. Pero sobre todo estaba enojada con Serena, porque era su amiga, y no había sido capaz de hablar con ella para contarle como se sentía.
Caminó dejándose llevar por el viento y el ruido de la noche. Se sentía sola por primera vez en mucho tiempo. Sin saber a adonde la llevarían sus pasos, camino por calles que le parecieron desiertas, aunque eso era imposible. Tenía ganas de correr, pero su cuerpo poco reaccionaba a las órdenes de su cerebro.
No se percató de cuando tomo el camino, ni cuando doblo por esa esquina tan conocida. Sin embargo, allí estaba. Parada frente a la casa de la rubia. Sintió más ira. La quería mucho, pero una parte de si, se sentía abandonada. Golpeó la pared con furia, y cuando se disponía a dar otro golpe, su celular comenzó a sonar.
Mina abrió la puerta de su casa con pesar. No se sentía bien, tenía muchas ganas de gritar, de sacar toda la energía de su cuerpo… Era una mezcla de impotencia, enojo y cansancio.
No le había gustado para nada la forma en la que Rei y Ami desconfiaban de Serena. Había caminado lo más lento posible para retrasar a más no poder su regreso, pero era inevitable. Desde la pelea de Luna y su amiga, la gata se había instalado en su casa, junto con ella y Artemis. Y ahora ella se sentía extraña incluso en su casa…
—Hola… ¿Como estuvo todo? —Su fiel mascota se acercó preocupado.
—No muy bien. Parece que no todas están conformes con la decisión…
—¿Y tu?
—¿Yo? —Mina miró al gato blanco sorprendida.
—Te conozco. Se que no estas bien.
—¿Donde esta Luna? —Pregunto tratando de evadir la pregunta.
—No se, pero algo me dice que fue a ver a Serena.
—Así que le fue a decir… —El gato la miró sin entender, así que ella le explicó— Rei y Luna, junto con Ami, decidieron que lo mejor era poner una fecha…
—¿Crees que es lo mejor?
Mina no contestó, dejó las cosas en el pasillo y se dirigió a la sala, prendió la televisión y se dejo caer en el viejo sofá verde. Necesitaba ver cualquier cosa que no la hiciera pensar.
—Por cierto —Artemis la había seguido preocupado— Te olvidaste el celular… Alguien te estuvo llamando.
—Lo siento… Últimamente no se donde tengo cabeza…
—Mina, es normal que te preocupes por ella. Es tu amiga. Y las dos se quieren.
—¡¿Y por que no me dijo nada?! ¡¿Por que no me dijo como se sentía?! —Exclamó con violencia— Tal vez… las cosas hubiesen sido diferentes…
—Eso sólo ella te lo puede decir… Si queres saber, vas a tener que preguntarle.
—¿Yo?…
—Buenas noches.
Luna entró en la habitación por el ventanal. Mina y Artemis la contemplaron con atención, la gata parecía cansada.
—Hola Luna… ¿Donde estabas? Las chicas me habían pedido que te avise de la reunión en el templo.
—Ayer por la noche fui a lo de Serena —Comenzó a caminar en círculos haciendo caso omiso a lo que la joven decía— Y no estaba. ¡Ella no durmió en su casa!
—¡¿Qué?! —Tanto la rubia como su mascota gritaron al unísono.
—Eso no puede ser.
—¡Pero lo es Mina! ¡No esta conciente de sus actos, ni de las consecuencias!
Mina no daba crédito a las palabras de la gata. Luna se veía cansada, pero por sobretodo, enojada. Artemis intentaba calmarla, así que decidió dejarlos solos. Tampoco tenía muchas ganas de seguir hablando con la gata.
Ahora entendía que lo importante que era hablar con Serena. Escucharla y poder saber que le pasaba a su amiga. No dijo nada más y se retiro a su habitación. Pensó en decirle a Artemis, pero a último momento lo desecho, el era su mejor amigo… Pero Luna era su compañera.
—¿A cenar? —La voz de Seiya le pareció tan cómica a Serena que soltó una carcajada… Seiya era el único que la podía hacer reír después de tantas horas de melancolía.
—Si, mi mamá quiere conocerte… Y yo quiero verte…
El ojiazul no contestó al instante, la rubia pudo escuchar su respiración a través del teléfono —¿Y las chicas?
—Mi mamá sabe guardar secretos. ¿Entonces? —Serena sonrió una vez más al escuchar la contestación.
Siguieron hablando unos pocos minutos más y cortaron. Dejo el teléfono en la mesita del pasillo y volvió a su cuarto. Se recostó en la cama bostezando. Era sábado y no tenía clases.
Se abrazó con fuerza y cerró los ojos. Estaba tan cansada… La noche anterior no había podido dormir nada. Después de que Luna saliera de la casa, tardo bastante en calmarse y después simplemente no había podido dormir. Prácticamente había pasado la noche en vela.
Y es que no había podido dejar de pensar. Habían pasado muchas cosas en poco tiempo, y ahora no sabía bien como tenía que reaccionar. Sentía que todo el mundo deseaba tener un pedazo de su voluntad, y ella solo quería una oportunidad para ser feliz con Seiya.
Intento calmar los nervios que empezaban a aparecer otra vez, burbujeándole en la boca del estomago… No todo había salido mal, o eso podía llegar a creer si pensaba lo que había sucedido la noche anterior…
El tono del teléfono había sonado tres veces y durante ese tiempo su mano no había dejado de temblar. Iba a desistir, más por miedo, que por otra cosa, cuando del otro lado una voz la atendió.
—¿Serena?
—Hola… Lo siento… Pero necesitaba hablar con alguien.
—Estaba esperando que llamaras… Más tarde o más temprano.
—Yo… No se que hacer…
—Pensé que tenías todo muy claro.
—Pero… —había cerrado los ojos y respirado hondo— Lo siento, quise decir que no se como seguir.
—Eso ya es otra cosa —La voz se había silenciado durante unos segundos— Las dos estuvimos pensando…
—Michiru… Yo no reaccione muy bien…
—Ninguna lo hizo Serena… Tu decisión, talvez te traiga dolor. ¿Aún así estas dispuesta a seguir?
—Es lo que quiero —Había un cuchicheo del otro lado del teléfono que no podía descifrar y tuvo miedo de tener que pelear contra ellas. No quería que pasara eso.
—¿Cabeza de Bombón?
—¡Haruka! —Serena había estado cerca de soltar el móvil de la sorpresa.
—No cambias más
—Yo… Lo siento…
—No te disculpes. Creo que nosotras siempre pensamos que tu y el príncipe debían estar juntos… por sobre todo…
—Lo se, y por eso me disculpo. Pero ustedes saben la verdad… Jamás podría estar con Darien, cuando amo a otra persona. Además, tampoco sería justo.
—La verdad es relativa, ¿no?
Serena no había comprendido. Había querido preguntar a que se refería pero los ojos de Seiya se le clavaron en su mente como un recuerdo lejano
—¿Como…? —La boca se le había secado y no había podido seguir hablando. El corazón le latía fuerte y la vista se había empezado a nublar.
Eso fue todo lo que necesito Haruka para comprobar su teoría.
—Así que esta de nuevo aquí
—¡Por favor, no le hagas nada!
—¿Ya lo viste?
—Si… Él no quería alarmar a nadie… Haruka, por favor…
—Cuando lo viste… ¿Te sentiste feliz?
—Más de lo que te puedes imaginar.
—Entonces no tienes de que preocuparte. —Haruka le había respondido con la voz firme pero sin malicia.
Después de eso, había cortado la llamada.
Si bien Haruka le había dicho que no se preocupara, Serena no podía sentirse tranquila. Había hablado con Seiya y él no había mencionado nada extraño ni fuera de lo común, por lo que una parte de ella sentía que debía confiar. Después de todo, si Haruka o Michiru quisieran hacerle algo, hirían de frente y sin vueltas.
Paso el día ordenando sus cosas y ayudando a su madre y cada tanto discutiendo con cariño con Samy. Había conversado con su padre sobre Darien, ya que él se sentía preocupado y después de calmarlo un poco, tuvieron una larga charla sobre su carrera. Le mostró el nuevo proyecto que esta realizando y escucho sus consejos feliz de compartir tanto con él; y cuando se estaba terminando de arreglar, su mamá la llamó.
—Tienes teléfono. Es Mina.
Atendió en su cuarto, después de sentarse en el escritorio. Ella no sabía de Seiya, así que intentó no parecer nerviosa.
—Hola.
—Hola Serena… —Ninguna sabía como continuar. Pero Mina había decidido dar ese paso— Necesito hablar contigo. ¿Te parece bien juntarnos a comer algo?
Serena tardo unos momentos en contestar, pero le dijo que no había problema.
—¿Te parece en media hora en la vieja cafetería?
—Lo siento, pero hoy me es imposible. ¿Te parece bien almorzar mañana? —No sintió respuesta del otro lado y tampoco podía saber que su amiga estaba pensando en lo que Luna les había contado. —¿Mina?
—Lo siento. Si, esta bien. Dime a que hora.
Serena pudo notar un leve cambió en la voz de la rubia. Cerró los ojos y se obligo a ser fuerte.
—¿Al eso de la una de la tarde?
—Esta bien. Nos vemos entonces. Adiós.
Cortó confundida y se quedo mirando eltelefono como si el aparato le fuera a contestar sus preguntas. No sabía que había dicho, pero estaba segura que algo había pasado para que en sólo diez segundos la actitud de Mina haya cambiado. La conocía, tenía el tono de voz de cuando era Sailor V. Concreta y eficaz.
Sin embargo, no pudo pensar mucho más, ya que el timbre comenzó a sonar.
