Disclaimer: Todo Sailor Moon le pertenece a la gran mangaka Naoko Takeuchi! Yo sólo los disfruto y trato de darle un final más lindo del que tuvo! ^.^

Agradecimientos: ¡Gracias a todos los que siguen del otro lado! ¡Ya no hay perdones por la demora, lo se, la próxima pueden tirarme tomatazos! Perdón por no seguir esta historia. ¡Menos charla y más historia! ¡Seh! ¡Jaja!

Capitulo 05: Comprensión.

—¡Buenas noches bombón! Esto es para ti.

Apenas había abierto la puerta, Seiya le entrego un paquete cuidadosamente envuelto, acompañada por su clásica sonrisa.

—¿Pero porque? —Le pregunto invitándolo a entrar.

—Ábrelo y veras —Él la contempló en silencio mientras ella se sentaba en el sillón y abría la caja con cuidado. Memorizó su sonrisa luego de la sorpresa y como sus ojos se entornaban e irradiaban esa luz que tanto lo cegaba.

—Seiya… No tenías porque… —Serena sostenía en sus manos el nuevo modelo de cámara Canon.

—Claro que si. ¿No te acordas lo que le paso a la que tenías?

Ella no respondió, lo sabía muy bien. Después de despertar en el hotel, y la sorpresa que surgió al verlo de nuevo, él le había explicado que una vez que la había dejado descansando en su cama había vuelto al parque. No había mucho que salvar. No solo había pasado bastante tiempo, como para que alguien más se la llevara, sino que lo único que encontró fue la correa y la tapa. Igualmente estaba seguro que el golpe que había recibido la maquina, era muy grande.

—Buenas noches —La voz de Ikuko la saco de sus recuerdos.

Se hicieron las presentaciones correspondientes y pasaron a la mesa, ya que según la madre de Serena, la cena estaría lista en breve.

Ikuko podía notar lo que ambos jóvenes aún no se animaban o no podían decir. Sus miradas eran especiales al igual que sus sonrisas. También se percató de que él se portaba de una manera en la que Darien jamás lo había hecho, la trataba como si ella fuera su todo. Se disculpo ya que debía sacar la carne del horno y se retiro dejando a los jóvenes con su hijo, recién llegado.

—Hola Samy, él es Seiya… —Lo miro al ojiazul —El es mi hermano Samy.

—Buenas noches.

—Así que él es la razón… —El castaño se sentó más tranquilo. La sonrisa de su hermana era algo muy importante para el, pero jamás se lo diría. —Estas estudiando?… A Serena le cuesta bastante… —Dijo entre una sonrisa maliciosa.

—¡Samy! ¡Eso no es cierto! —La de ella se volvió roja al instante. El castaño sonrió aún más.

—No estudio, pero se podría decir, que me dedico a la música… —el ojiazul, se quedo pensativo. Samy lo miró. Su cara le era familiar… Aún no podía decir de donde. Pero estaba seguro.

—¿Estas trabajando en eso?

—No. Es que acabó de volver…

—¿Volver?

—Samy, ya basta —le dijo su hermana con seriedad.

—No hay problema Bombón —Seiya le dedico una de sus medias sonrisas —No soy de este país. Estudie con mis hermanos un tiempo en la preparatoria de aquí, ahí nos conocimos con Serena. Hace unos años tuvimos que regresar a nuestro hogar. Pero una vez que termine con todo lo que tenía que hacer… Volví.

Samy asintió con la cabeza sin sacarle los ojos de encima. Siguieron hablando un poco más hasta que lo recordó.

—¡Sos uno de los del grupo! Se me hacías muy familiar… Pero no recordaba de donde… ¿Vas a volver a tocar con tus hermanos? ¿O ellos siguen en su país?

—¡Samy! —El castaño se levantó algo molesto. Su madre lo llamaba desde la cocina.

—Lo siento… —Dijo la rubia nerviosa.

—No te preocupes. Son muy simpáticos.

Serena iba a replicar algo, pero cuando lo volvió a mirar a los ojos se había perdido. Ambos quedaron en silencio, sus miradas no se apartaron, continuaban contemplándose, disfrutando cada uno sin que el otro lo supiera. Serena seguía sin creerlo. Seiya estaba en su casa, sentado cerca de ella. Otra vez volvió a sentir esos nervios en su estomago y ese temblor en sus piernas.

—¡La comida llegó! —Samy apareció con los platos.

La cena transcurrió de manera relajada. Cada tanto El pequeño de los Tsukino intentaba sacarle más información al ojiazul, que con tranquilidad respondía a sus interrogantes.

Después de comer, Ikuko preparo café y sirvió una torta de fresas, comprada especialmente para esta ocasión. Samy se disculpo y se fue a dormir, al día siguiente tenía un partido de futbol con su equipo, y quería estar relajado. Así que sólo quedaron el ojiazul, Serena y su madre, charlando alegremente en la sala.

—Creo que es hora de retirarme…

Seiya le dio un beso dulce a la rubia y se despidió de Ikuko con la misma dulzura y agradecimiento.

—¡Vuelve cuando gustes! —Y agregó, una vez que cerró la puerta— No recordaba que fuera tan lindo…

—¡Mamá!

—¡Sólo señalo lo evidente! ¿Cómo si no lo hubieses pensando? —Serena se atraganto con su propia saliva y su madre se rio a carcajadas— Vamos ayúdame con las cosas.

Serena se sentó en una de las sillas y se recostó sobre la mesa. Había sido un día de muchas emociones y estaba mentalmente cansada.

—Buenas noches —Su padre le dio un beso en su rubia cabellera haciendo que su hija se despertará, aunque no podía abrir bien los ojos. —¿Estabas dormida?

—Quería esperarte Kenji… —Ikuko contesto por ella.

—Buenas noches Serena —Su padre le dio otro beso.

La rubia le dio un beso y un abrazo y se fue subiendo las escaleras mientras bostezaba.

Entró a su cuarto con parsimonia. Una sonrisa afloro en su rostro al ver sobre escritorio, el regalo que horas atrás Seiya le había dado. Y aunque estaba cansada y solo quería entrar en la cama y hacerse un ovillo, sacó la cámara de la caja y la miró convencida. Con esta máquina, sólo sacaré buenas fotografías.

Se durmió satisfecha de cómo estaba saliendo todo, además al día siguiente se encontraría con Mina. Dejo que los nervios en el fondo de su ser. Mina siempre había sido su confidente número uno. Y aunque solo habían estado sin hablar unas semanas… La extrañaba.

Entró al café con miedo. Más por volver a verla que porque no ella no se presentara. Se sentó en la mesa donde tantas tardes se habían juntado todas juntas y pidió algo para tomar y unas papas fritas con queso. Fiel a la promesa que había hecho para si misma, no le aviso a Artemis de su encuentro. Cuando le trajeron la bebida, la tomó con ganas, sintiendo el frío del hielo traspasar por su garganta.

Apoyo la espalda en el respaldo y espero. La vio entrar y su reflejo destello a través del vaso casi vacío. Serena entró al bar y Mina la observo detenidamente. Estaba con un jean claro, ajustado, una musculosa blanca también ajustada y encima, una pupera de colores pasteles. Unas sandalias con un poco de taco y por ultimo una cartera cruzada. Tenía el pelo atado en una coleta alta, con un par de mechones que caían sobre su frente.

Ella la diviso y caminó tranquila hacía la mesa. Se veía feliz… Como hacía mucho que no la veía…

—Hola.

—Hola Mina —Serena la saludo mientras tomaba asiento. Pidió al camarero que se acerco, un jugo de naranja y un tostado. Cuando se quedaron solas se quedaron unos instantes en silencio, mirándose. Antes esto nunca hubiera pasado.

Serena miro la mesa y volvió a posar sus ojos en ella —¿Necesito saber… Porque fue que me llamaste?

Mina la miró extrañada —¿Porque?

—No me mires así… Sólo tenía curiosidad. Todas saben ya de mi decisión.

Era verdad. Todas estaban al tanto de la postura de Serena. Mina no se acobardo y dejando a un lado todo lo que había pasado, hablo con el corazón.

—Talvez quería oír tus razones… No las que nos daba Luna… —Desvió su mirada hacía la vista exterior.

—Ya no lo amo. ¿Es suficiente razón?

Mina sintió la verdad. Porque las palabras habían flotado unos segundos en el aire y habían sido directas y sin sentimientos. Era algo que Serena ya había pensado y procesado.

—¿Qué fue lo que cambio?

—Yo… Él… Los dos. Todo a nuestro alrededor… No se decirlo con exactitud. Solo que ya nada es lo mismo. —Se apoyó sobre su mano derecha.

—Cambiaste de peinado…

Ella le sonrio con verdadera ternura. —¿Era hora, no? Además… ese peinado, le pertenecía a la princesa…

—Serena… Tú sigues siendo la princesa.

—No te engañes Mina. No hay castillos ni dragones. No hay reinos ni súbditos.

—Estas amargada…

—No Mina, no es eso… Es esta vida… Yo quiero vivirla…

Mina iba a replicar pero el camarero se acerco con la bandeja de comida, Mina aprovecho y se pidió un bebida más. Cuando el chico se fue, Serena le dio unos bocados al emparedado y Mina aprovecho para comer unas papas más.

—Serena…

—¿Si?

—Estuviste enamorada de Darien durante años… Algo tiene que haber pasado…

—Realmente no lo se…

—¿A que te referis?

—Nunca tuve oportunidad de elección. Nunca tuve otra opción que no sea él.

—¡Porque están destinados! ¡Porque sos la princesa y el tu príncipe!

—No Mina. El es Darien Chiba y Yo Serena Tsukino. Lo que sea que sabemos, es lo que nos dijeron… ¿Pero que hay en el medio? ¿De nuestros gustos o de lo que querramos hacer?

—Pero si los dos lo están haciendo…

—¿De verdad? Darien esta por terminar sus estudios, ¿para que? ¿Para encerrase en un palacio y no hacer nada? ¡Todas ustedes! ¡¿Van a dejar todos sus sueños para seguir a dos personas porque alguien lo determino así?!

Mina quiso contestarle que no era así, que ella no pensaba así. Pero no pudo hablar. Ninguna de las dos hablo.

Picaron un poco más de sus comidas, pero sin animos.

—Acaso… Todo esto… ¿es por otro?

Conociendo a Mina, la pregunta no le extraño. —Si y no.

La guerrera de Venus se sorprendió con la sinceridad de su amiga. ¿Cuando había cambiado tanto y no se había dado cuenta? Ninguna en realidad…

—Eso es una respuesta a medias.

—Es que es la verdad. Más allá de que amo a otro hombre, incluso si él no estuviera, tampoco me casaría con Darien.

Mina la miro decidida y confiada. Con un brillo distinto, con una mirada diferente de las cosas. Y no podía negar que muchas de esas cosas no las había pensado ella misma. ¿Pero quien era el que había sido el punto de inicio de esta liberación? Porque eso era. Serena estaba liberándose de las ataduras de un pasado milenario.

—¿Quién es?

—Lo siento, pero no puedo. No todavía.

—¿Desconfias de mi? —Serena no contestó— ¡Lo haces! —Mina la miro indignada.

—¿Me vas a decir que no les vas a decir de esto al resto?

—¡No! Ni siquiera saben que estoy acá.

Serena medito durante unos instantes. Si había alguien a la que quería decirle toda la verdad era a Mina. Ella siempre la había apoyado, pero tenía miedo. Además, ni Haruka ni Michiru habían hablado, y si algo había aprendido algo de ellas, era que si guardaban silencio, por algo era…

—Porque te quiero, fui capaz de decirte que amo a otro… ¿Eso no es suficiente confianza?

—¿Estuviste con él la noche que no dormiste en tu casa?

—Así que Luna ya les contó…

—Sólo estamos preocupadas

—¿Por mi futuro o el suyo?

Ahora, quien no contestó, fue la otra rubia. Se quedaron sentadas un rato más, durante ese tiempo ninguna hablo. Serena miró su reloj, se paró, saco de su billetera algunos yens y pago.

—Esta va por mi cuenta —Camino un par de pasos y se volvió. Mina la miraba extrañada— Si hay alguien a la que quiero contarle todo y seguir teniendo en mi vida, sos vos.

Mina la vio salir por la puerta, no la notaba triste, sino decidida. Y en sus palabras había encontrado más verdades de las que estaba preparada para recibir. Serena no era tonta. Tenía muchos puntos definidos y no estaba solo siendo caprichosa.

Talvez, después de todo, esto era lo que ella necesitaba, pelear por algo para ella, no para el resto del mundo.