¡Hola hola!
Aquí vengo con mi segundo fic de la saga AC, esta vez sobre mi pareja predilecta, mis dos pjs favoritos, los amores de mi vida (?)… ¡Altaïr y Malik!
La idea del fic surgió a raíz de una historia original que estaba escribiendo, con mis OC's y demás…Pero tras redactar el primer cap, me imaginé a Altaïr y Malik en esta situación y decidí hacer este fic, así que quité a mis pjs y puse a los hermanos Al-Sayf (sinceramente es una suerte que Malik tuviera un hermano, de lo contrario tendría que haberme inventado otro pj para hacer ese papel XD) y a Alty y…voilà! Asíquemetocapensarotrahistoriaparamisoc *baila*
Bueno, pues se lo quería dedicar a mi colegui Aidiki, ya que ella me ayudó con el summary y el título es aportación suya :D ¡Espero que te guste!
Disclaimer: Ninguno de los pjs de AC me pertenecen, son propiedad de Ubisoft.
Summary: Tal vez les hubieran adiestrado en el campo de batalla; tal vez, con el tiempo, hubieran dejado atrás el primer rango de la Hermandad…Pero, respecto a los sentimientos, nunca dejaron de ser novicios.
Warning: Slash/relación hombre x hombre.
-.-.-.-.-.-
El silencio propio de la biblioteca de la fortaleza de Masyaf era, sin duda alguna, una de las cosas que Malik Al-Sayf más adoraba y respetaba en todo el mundo conocido. Apenas se oía algo más que su ligera respiración, un suave murmullo producido por las hojas que pasaba lentamente, con cuidado, como si fueran a romperse ante el más mínimo contacto.
Los momentos de soledad en aquel recinto del castillo eran realmente apreciados por el joven de cabello negro, acompañado únicamente de un arsenal de conocimiento y algunas velas para poder leer hasta altas horas de la noche. Sabía que debía descansar, especialmente tras aquel entrenamiento que había tenido durante la tarde y que lo había dejado exhausto, pero simplemente, Al-Sayf no sabía qué significaba la palabra descanso, al menos cuando se trataba de asuntos como aquel.
Tampoco era especialmente tarde, algunos de sus compañeros aun se encontraban en el patio de entrenamiento, o charlando por los pasillos del lugar. Otros bajaban a la ciudad para pasar el tiempo, visitando a los ciudadanos de Masyaf o a algún que otro colega que pudiesen tener entre los civiles. Hacía unos días que el asedio sarraceno a la ciudad había acabado y por fin todo el mundo había vuelto a la normalidad, al menos de manera aparente.
Malik, a diferencia de sus hermanos de la Orden, prefería aprovechar su tiempo en ampliar sus conocimientos cuando no entrenaba. Esos momentos eran suyos, de nadie más, y los atesoraba con mimo y cuidado, agradeciendo la tranquilidad que reinaba en la biblioteca y que le permitía concentrarse en su tarea.
Sin embargo, aquella noche fue diferente.
Emitiendo un quedo suspiro de frustración al escuchar unos pasos acercarse, el joven esperó pasar desapercibido, pues no quería verse importunado por nadie en aquellos momentos, y aguardó, frunciendo el ceño al sentir que alguien se situaba a su lado.
—¡Hermano!
—Sssshhh...Kadar, en este lugar impera la ley del silencio. Estoy estudiando en estos momentos, ¿qué es lo que quieres?
—Hay un chico nuevo, de tu edad más o menos...
—Oh, qué dato más interesante—apuntó con cierto sarcasmo, visiblemente irritado—. ¿Algo nuevo que deba saber?
—¡Deja eso y ven! Todos están presentándose, no seas maleducado.
—Puedo encontrarme con el nuevo mañana, ¿qué problema hay en eso?
El muchacho que se encontraba ante Malik insistió, tomando a su hermano del brazo. Kadar, el hermano menor del joven, podía llegar a ser realmente insistente si quería, además de un tanto cabezón. Pero siempre lo hacía todo con buenas intenciones. Era un chiquillo demasiado bondadoso, demasiado débil para aquel cruel mundo en el que, poco a poco, estaba adentrándose.
Malik lo sabía...y ya le había instado a que no se relacionara con la Hermandad, no demasiado a pesar de que había nacido en ella. Era peligroso para él y no quería que nada le sucediese a su hermano pequeño, a la única familia que le quedaba. Pero Kadar no le hizo caso, porque él sólo quería seguir sus pasos, ganarse su aprobación y respeto, y poder ser tan espectacular como su adorado hermano mayor, según sus propias palabras.
Por ese simple hecho, el mayor de los Al-Sayf casi nunca podía negarle nada a Kadar, aunque se mostrase reticente de primeras. Así pues, con un suspiro cansado, recogió el libro que estaba leyendo, lo dejó en su estante correspondiente y siguió a su hermano, el cual tironeaba de él, sonriente. Esa sonrisa podía iluminar incluso el día más aciago para Malik. Interrumpir sus estudios valía la pena tan sólo por ver a su hermano menor sonreír como lo hacía.
—Aún no le he visto luchar, pero... ¡Pero seguro que es increíble! Tiene...algo—decía el chiquillo, emocionado—. No sé cómo se llama todavía, pero estoy convencido de que su nombre tiene que ser genial.
El joven chistó ante los halagos de su hermano a alguien a quien aún no conocía, sintiéndose repentinamente celoso. ¿Cómo era posible que un recién llegado, un completo y perfecto desconocido, despertase en Kadar ese sentimiento de admiración con tan sólo su presencia?
Debía de ser alguien especialmente impactante, tal vez un tipo robusto, alto, de aspecto amenazante. Probablemente un simple bárbaro analfabeto, pura fuerza bruta, con poco vocabulario y escaso entendimiento. Su hermano menor era fácilmente impresionable, de eso no le cabía la menor duda.
Finalmente, tras andar casi a la carrera por la fortaleza, llegaron al patio de entrenamiento, donde se habían suspendido los combates entre novicios debido a la novedad presente en Masyaf.
Buscando con la mirada, Malik esperó toparse con esa mole andante que había despertado esa admiración y fascinación en Kadar, pero tan sólo veía novicio tras novicio, aprendiz tras aprendiz, en un conjunto luminoso de túnicas blancas mermado tan sólo por las manchas de suciedad que los menos pulcros tenían impresas en sus vestimentas.
—¡Ahí, es ese de ahí!—exclamó Kadar.
El joven alzó una ceja, siguiendo con la vista la dirección que el menor de los Al-Sayf le indicaba con el dedo, encontrándose tan sólo con un chico vestido igual que los demás, de espaldas a él. Lo único que pudo ver del nuevo era una corta cabellera castaña, nada del otro mundo, y parte de la piel morena de su cuello. El motivo por el que más destacaba según Malik era porque tenía una altura ligeramente superior a la de los demás.
—Ah, ¿y eso es lo que tanto te ha llamado la atención?
Malik fue a añadir algo más a su comentario cuando el recién llegado se giró hacia él, revelándose ante los ojos del joven. Por su aspecto físico, debía rondar los once o doce años como mucho, al igual que el mayor de los hermanos Al-Sayf. Su rostro era delgado, fino, con unos labios ligeramente carnosos fruncidos en una línea recta. Su nariz era simplemente perfecta, encajaba a la perfección en aquellas facciones sin duda alguna atractivas, y no tenía unas orejas ni muy grandes, ni muy pequeñas. Pero lo más espectacular eran sus ojos, unos ojos almendrados, salpicados con pestañas oscuras, y de un sobrecogedor color dorado, casi brillantes sin necesidad de la luz de la luna que se reflejaba en ellos. Grandes y rasgados en los extremos, parecían absorber todo a su paso, y su mirada era tan profunda que Malik creyó que ese joven había logrado penetrar en su alma hasta leer el último de sus secretos.
Molesto y especialmente confuso, los ojos oscuros de Al-Sayf fueron los primeros en desviarse, aunque de tal manera que parecía más por el desinterés que por la incomodidad.
Pura fachada.
Kadar, viendo a su hermano actuar de esa manera, se limitó a cogerlo de la muñeca y arrastrarlo hasta el recién llegado, adquiriendo después una actitud algo avergonzada, pues se sentía torpe y débil ante la magnificencia de aquel desconocido.
—Pregúntale por su nombre—le susurró a Malik, poniéndose de puntillas para poder hablarle al oído.
—¿Qué? No será verdad.
—Ooooh, vamos, Malik...
Con un nuevo suspiro bastante más irritado que los anteriores, alzó la mirada para poder observar de nuevo al muchacho, el disgusto reflejado en sus ojos casi negros como el carbón.
—Kadar, has sido tú quien me ha arrastrado a esto, así que ingéniatelas tú solito—terminó por decir.
El chiquillo infló sus cachetes, pero al ver que no convencía a su hermano mayor con ese gesto, acabó por ceder, adelantándose un paso mientras miraba al recién llegado con un ligero nerviosismo.
—Bienvenido a la Hermandad—logró decir con algo de timidez, jugueteando con su túnica—. Me llamo Kadar Al-Sayf y él es mi hermano mayor, Malik Al-Sayf. Uhm... ¿Cuál...cuál es tu nombre?
El recién llegado miró con cierta curiosidad a los hermanos, pasando de los ojos claros y azules de Kadar, rebosantes de amabilidad e inocente impaciencia, a los oscuros de Malik, que lo miraban con cierta rivalidad. Un vivo contraste entre uno y otro.
—Altaïr—contestó, sin añadir nada más.
Kadar clavó sus ojos en la figura del llamado Altaïr, al parecer un tanto nervioso de nuevo, como si quisiera pedir algo. Malik, conociendo como conocía a su hermano, sabía que su nerviosismo se trataba precisamente por la demanda que quería hacerle al nuevo, y cruzándose de brazos, hizo un gesto con la cabeza en su dirección, dándole permiso para preguntar lo que deseaba.
—¿Te...te importaría tener un combate contra mí?—preguntó con cierta timidez—Oh, bueno, apenas he entrenado a escondidas un par de veces con espadas de madera... ¡Pero sé defenderme!
—Kadar, no—dijo firmemente su hermano, tomándole del brazo—. Eres un perfecto inútil con las armas todavía, te falta mucha práctica dado que ni siquiera has empezado de manera rigurosa tu entrenamiento. No permitiré que combatas aún contra alguien de quien no sabemos su nivel de adiestramiento.
Altaïr no dijo nada al respecto, simplemente siguió estando en silencio, pasando sus manos de largos dedos de vez en cuando por su túnica alba, alisándosela como si aquello fuera el mayor entretenimiento del mundo. Llevaba en ese lugar desde hacía casi un día entero, pues había llegado a Masyaf apenas con las primeras luces del alba, pero ninguno de los novicios había sabido de él hasta ese momento ya que había estado confinado en uno de los salones privados de la fortaleza, al cuidado de algunos sanadores debido al pésimo estado en el que se encontraba. Tras eso, el Maestro de la Orden lo había sometido a una serie de pruebas para demostrar su pericia, quedando gratamente sorprendido por su habilidad en general.
''Digno hijo de tu padre'' fueron sus palabras exactas hacia él.
—Puede que en unos cuantos meses—dijo el chiquillo, consolándose con eso—. ¿Qué te parece, Altaïr?
El joven apenas hizo un gesto de asentimiento con la cabeza, sin separar los labios para dar una contestación.
Parecía que no era...especialmente hablador.
Malik hizo rodar sus ojos, algo aburrido después de todo. Ese chico sólo tenía de espectacular la apariencia.
—Kadar, es tarde. Será mejor que te retires a descansar.
—Pero...
—Sin rechistar. Yo iré en breves, ve ya a nuestra alcoba.
El menor de los Al-Sayf hizo un gracioso y entrañable gesto de desconformidad y, tras despedirse educadamente de Altaïr, fue al interior del bastión, dirigiéndose a las habitaciones.
Malik había seguido los pasos de su hermano con la mirada, asegurándose de esa manera de que le hacía caso, y una vez lo perdió de vista entre los muros del castillo, su mirada se clavó nuevamente en la de Altaïr. Quiso decir algo, probablemente relacionado con aquel futuro combate que él, personalmente, no iba a dejar que tuviera con Kadar, pero las palabras se esfumaron de su mente como el humo, perdiéndose bajo la intensidad de aquellos fascinantes ojos dorados.
Lo primero que sintió Al-Sayf fue un nudo en el estómago, un nudo pesado, que le mareó ligeramente. Tras eso, un ligero cosquilleo expandiéndose poco a poco desde lo más profundo de su interior que lo irritó sobremanera.
Frunciendo el ceño, se obligó a sí mismo a ignorar aquellos extraños síntomas que padecía, pensando que serían cosa del entrenamiento intensivo de la tarde, y sostuvo firmemente la mirada del otro. Sin embargo, antes de poder decir nada, se vio interrumpido por un extraño gruñido.
Un gruñido que provenía del estómago de Altaïr.
Enarcando una ceja, miró aquella zona de su anatomía y después volvió a levantar la vista, viendo como un tranquilo Altaïr parecía no darle importancia al hecho de que tenía más hambre que un perro callejero.
—El comedor está en la primera planta—dijo, señalando el edificio—. No sé si a estas horas quedará algo de comida, puedes preguntar a cualquiera para que te lleve.
—Llévame.
Malik volvió a fruncir el ceño, cualquier sentimiento de pena o empatía por Altaïr desapareciendo inmediatamente. ¿Ni tan siquiera un simple ''por favor''?
Farfullando algo entre dientes, jugueteó con la idea de dar media vuelta, dejarlo solo entre los demás novicios que lo acosaban como si fuese el muñeco nuevo (que algo así era) y volver a la biblioteca para resumir su rutina de estudio, pero algo le hizo cambiar de opinión. Tal vez la mirada de Altaïr, esos preciosos ojos dorados que seguían clavados en él, insistentes.
Emitiendo un suspiro de derrota, hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiera, y ambos jóvenes entraron en la fortaleza, bajo las miradas de los demás aprendices. Tras recorrer algunos pasillos, llegaron al salón que Malik había dicho, comprobando que todavía quedaba algo comestible a pesar de la hora que era y de que el turno de la cena ya había terminado hacía un tiempo.
—Sírvete.
Girando sobre sus talones, fue a salir del comedor para poder dirigirse a la biblioteca, coger el libro que antes leyera y estudiarlo tranquilamente en su habitación, tumbado sobre su cama, cuando la voz de Altaïr lo detuvo.
—Gracias, Malik.
El muchacho volvió a sentir ese hormigueo en el estómago y, ladeando ligeramente la cabeza hacia el otro joven, se limitó a hacer un gesto con ésta, como si la sacudiera, y marchó de allí, perdiéndose en la oscuridad de los pasillos mientras el recién llegado se limitaba a dar pequeños mordiscos de manera despistada a un baklava.
-.-.-.-.-
¡Y aquí está!
Yep, este es un proyecto de más de un capi, pero sin un final aun determinado en mi cabeza, así que no tengo ni la más remota idea de cuántos capítulos va a tener 8D Y sí, me conozco la historia de Altaïr, pero si la hacía como tal tenía que cambiar todo el inicio del fic y ya no me hacía mucha gracia (es lo que tiene cuando tienes la base de una historia con oc's y no quieres cambiarla porque su esencia se va a la porra XD). Pero por suerte encontré la manera de solventar ese problema, así que no paaasa nada de nada. Umar y Ahmad serán mencionados y eso~
Aun así, espero haber empezado con buen pie :'D Los reviews serían de agradecer, como siempre ;u;
En fin, espero que os haya gustado este primer cap ^^ Y por si hay alguien por aquí que esté leyendo mi fic de Ezio y Leo...Nope, no voy a dar un parón a ese proyecto, así que traaanquilidad XD Me he metido en este problema yo sola y escribiré dos fics de tramas tan distintas a la vez, si acabo loca será cosa mía~ Lalalala~
Bueno, ¡ya nos leemos! ^^
