Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a S.M, solo la trama es de Chika-midori y mía.
Blood Lovers
Capítulo 2
Bella's Pov
Rose y yo nos encontrábamos en la casa de Alice, reunidas en una de las tantas tardes de chicas que teníamos. Prácticamente me obligaban a venir, pues mi vida no era lo suficientemente emocionante como para contársela a mis dos mejores amigas.
Alice ―como no― usaba sus dotes persuasivas conmigo. Yo caía ante esa carita de cordero degollado. Sabía muy bien como ganarse a la gente con ese pucherito y esa apariencia de duendecillo; era bajita, con su corto cabello negro azabache terminado en puntas desiguales, su nariz respingona y ojos color avellana, siempre brillando de emoción. ¿Veis como sí tiene pinta de duende? Ella estaba saliendo con Jasper desde hace un par de años. Jasper era un chico tranquilo y pacífico. A veces parecía que era muy receptivo a las emociones hacia aquellos que tenía a su alrededor. Era un chico culto y aficionado a la historia, sobre todo a la Guerra Civil Americana. Él le daba la tranquilidad que a ella le hacía falta, y ella le ofrecía un poco de su peculiar hiperactividad y determinación. Era una pareja equilibrada, como se solía decir, que los polos opuestos se atraen.
Por otro lado, estaba Rosalie. Una chica coqueta, seductora y de buen corazón. Su cabello rubio le caía en cascada hasta la mitad de la espalda. Parecía el típico cabello que salía en los anuncios de L'Oreal. Sus ojos zafiros y su cremosa piel, hacían el conjunto perfecto para salir en la portada de Vogue. Su personalidad era cariñosa y familiar, siempre estaba ahí para sus amigos. Se podía decir que a la edad de dieciocho años, tenía una mentalidad muy madura como para llegar a decir que quería ser madre. Por ello, deseaba sacarse la carrera de magisterio. Era la mejor compañera de compras de Alice, por lo que de vez en cuando sorprendía a su novio Emmett con un seductor conjunto. Así que cada vez que Emmett oía la palabra compras en boca de Alice, sus ojos azulados brillaban de una manera pícara.
Aunque su complexión física era bastante definida ―sin llegar al extremo―, su personalidad era todo lo contrario. Se acercaba mucho a la personalidad de su pareja. Eso sí, era el más gracioso del grupo. Sus carismáticos hoyuelos le daban un toque aniñado a su rostro. Pero ese niño solo era una especie de camuflaje o ilusión que le ayudaba a engañar a Jasper, que era presa de tantas de sus bromas.
―¿Y qué le dijiste?
―Le dije que si me llevaba a ver esa película, le dejaría una semana de descanso sin compras.
―¿En serio?
―No, la mentalidad de los chicos es muy fácil de engañar.
Y las dos estallaron a carcajadas.
―Qué mala eres, Alice.
―Ya lo sé, pero tenía que hacer algo para ver esa película. De todas formas, se lo compensaré…
Después de esa pausa de risas cómplices, pues yo, aunque no estaba participando en esa conversación, sabía a lo que Alice se refería.
Hubo un momento en el que no se oía nada, por lo que me extrañó, así que no tuve más remedio que girarme para ver qué sucedía. Pero fue la peor decisión que pude tomar. Me encontré a dos pares de ojos mirándome fijamente y con un extraño brillo en los ojos de ambas.
―¿Qué? ―Pregunté confusa y nerviosa por esas miradas insistentes.
―Nada de qué, Bella ―Dijo Alice desde la cama―. Eres la que más debería estar hablando y aún así estás callada.
―No sé de qué me hablas, siempre soy así ―Contesté sin saber a lo que se refería.
―De verdad, Bella, con lo inteligente que eres para algunas cosas, eres demasiado inocente para otras ―Comentó Rose. Aún así, yo seguía igual.
―¿Qué tal con Mike? ―Saltó de pronto Alice.
―Bien, Alice. Eso se llama ir directo al grano.
―¿Qué más da? ¿Os besasteis?
―¿Q-qué? ―El libro que sostenía se deslizó de mis dedos sin fuerzas.
―Ya me has oído. ¿Qué pasó en la oscuridad de los vestuarios? ¿Te aprisionó contra las taquillas con un beso hambriento lleno de lujuria, para después arrastraros con una pasión desenfrenada hacia las duchas…?
―¡Alice! ―La cortó Rosalie―. ¿De dónde has sacado eso?
―No lo sé. Mi imaginación… ¿tal vez?
―Ya…
―Chicas, ¿podéis centraros? Mike no me gusta… ni me gustará ―Aclaré.
Después de que dijera eso, las dos permanecieron calladas entre cambiando algunas miradas. A lo que Rosalie empezó a hablar de nuevo.
―Pero… ¿Entonces no te gusta nadie? ―Preguntó Rose, de forma algo confusa.
―Pues… no ―Contesté, recogiendo el libro del suelo―. ¿Tan extraño es?
―Bueno no, pero en todo el tiempo que llevamos juntas, nunca has mencionado que te gustase alguien.
―Concuerdo con Rosalie ―Añadió Alice.
Las dos se quedaron en silencio esperando mi respuesta, aunque la verdad no sabía que contestarles, porque la respuesta era bastante obvia para mi punto de vista. Pero está claro que para ellas no lo estaba.
―Bueno, es solo que ninguno de los chicos que hay me ha llamado la atención―dije simplemente.
―Supongo que tendrás tu prototipo ideal, ¿no?―me sonrió Alice pícaramente, a lo que yo no pude remediar sonrojarme.―Ya te llegará, no te preocupes.
Aquello de prototipo ideal, no sé si en realidad tenía uno. Además, por ahora no me hacía falta alguna nadie, estaba feliz con mi grupo de amigos y eso me bastaba.
Cuando ya parecía bastante tarde, Rosalie y yo nos despedimos de Alice para marcharnos a casa.
Aunque estuviéramos en marzo, el frío seguía penetrándote en los huesos como si aún estuviéramos en medio invierno. Así que me di prisa en entrar a la calidez de mi hogareña casa, donde las luces se encontraban encendidas, por lo que fue una señal de que mi madre ya había llegado y estaría preparando una deliciosa cena.
Me quité el anorak colgándolo en el perchero de la entrada, y me adentré al interior de la casa para dirigirme a la cocina y saludar a mi madre antes de subir a mi habitación.
―Hola, mamá―saludé desde el marco de la puerta. Creí que me respondería con su cariñosa sonrisa antes de que me girase para ir escaleras arriba, pero no fue así.
―Bella, ¿puedes ayudarme con la cena, cielo?―eso me descolocó un poco. No es que no ayudase a mi madre, sino que nos repartíamos las tareas de la casa y cada día le tocaba a cada una hacer la cena o el almuerzo. Pero más bien fue el tono en el que lo dijo. Ya que la última vez que lo usó, acabamos hablando de la historia del preservativo.
Me dijo que fuera partiendo las verduras. Yo me quedé a la espera de que empezara a hablar. Mi madre era una persona un tanto sensible, y a veces le costaba expresarse para no herir a otra persona.
Carraspeó un poco para llamar mi atención, por lo que suponía que ahí vendría lo que tendría que decirme.
―Bella, tu padre ha llamado hace un rato.―dijo con un toque de nerviosismo.
Yo no supe qué responderle. No sabía nada de mi padre desde hace mucho tiempo, y me preguntaba a qué venía llamar a mi madre. Bueno, por lo menos sabía que aún seguía vivo…
―Ah.―fue lo único que contesté.
―¿Eso es lo único que vas a decir?―dijo en tono de sorpresa.
―¿Qué quieres que diga?―yo seguí concentrada en cortar las verduras restándole importancia al asunto.―Ha pasado mucho desde la última vez que le vi, y no se ha molestado en preocuparse de cómo estaba, la verdad. Ni siquiera se dignó a cogerte el teléfono cuando…
―Tu hermano va a quedarse una temporada.
―¡¿QUÉ?
No había calculado demasiado bien cómo sería mi reacción acompañada con un cuchillo en mano. Decir que casi me corto el dedo sería muy exagerado, pero soy una de esas personas que no puede estar ni a cinco metros de la sangre, por lo que tengo tendencia a exagerar todo relacionado con ella.
Mi madre no tardó ni dos segundos en acercarse a mí y atender mi pobre dedo ensangrentado. Que al limpiarlo, solo se veía un pequeño corte sin importancia. Pero aún así escocía mucho.
―Mamá, dime que lo que has dicho es una broma―le dije mientras ella rodeaba mi dedo índice con una tirita.
―No, no lo es.―abrí los ojos como platos, y sentía que las manos empezaban a sudarme.
―Pero sabes que no lo soporto, e independientemente de eso te recuerdo que NO HAY SITIO.
―Y déjame recordarte a ti que el que va a quedarse con nosotras es tu hermano. A tu padre le han ofrecido un puesto de trabajo en Italia, y tu hermano se quedará aquí en ese tiempo, eso es todo.
―Si es así, me parece bien.―dije respirando un poco aliviada, aunque ver a mi hermano de nuevo me ponía algo nerviosa. Pero entonces recordé algo.―Y a todo esto, ¿dónde va a dormir?
―Bueno, tendrás que pasar un tiempo sin invitar a Alice y Rosalie a dormir.
―¿Qué?―dije.―Pero mamá es mi habitación, necesito privacidad para cambiarme de ropa y otras cosas. Por si tu memoria te falla diste a luz a mellizos, un chico y una chica, ¡no a gemelas!
―Bella cielo, tienes un baño al lado de tu cuarto, además, tú y tu hermano os habéis bañado juntos de pequeños.―dijo mientras volvía a hacer la cena.
―Tú lo has dicho, mamá. De pequeños. ¡No voy a desnudarme delante de mi hermano adolescente!
―Bueno, no creo que lo esencial haya cambiado mucho.
―¡¿MAMÁ?―sentía mi cara arder, incluso mis orejas.
Los recuerdos de pequeña junto a mi hermano eran bastante vagos, y gracias a Dios que los del baño también, que vergüenza.
Después de cenar, nos sentamos en el sofá del salón para ver un poco la tele, aunque en realidad lo que hacíamos era contarnos lo que habíamos hecho durante todo el día. Desde que mis padres se separaron, veía a mi madre deprimida. Así que por las noches se me ocurría hablarle de cualquier cosa que se me viniese a la mente, incluso le contaba los libros que me había estado leyendo. Lograba distraerla para que se olvidase de todo lo que ocurría. En aquella época lo pasamos bastante mal emocional y económicamente, hasta que llegamos a Forks y encontramos esta casa. No es tan grande como las de mis amigos, pero para convivir dos personas, ya era suficiente y acogedora. Y lo más importante, éramos felices en ella.
Ya hace tiempo de la separación, pero aún así mi madre no se ha fijado en otro hombre. Dice que su trabajo la mantiene demasiado ocupada como para ir por ahí en líos amorosos, pero la verdad era que no se olvidaba de mi padre. Y eso me entristecía y enfadaba a la vez. Desearía que mi madre encontrase a alguien especial para ella, que estuviera a su lado como realmente se merecía. Soy una persona madura, no tengo por qué echarle la cruz a la primera persona del sexo opuesto que ponga un pie en mi casa. Quería la felicidad de mi madre por encima de todo, y si esa persona lo lograba, era bien recibida.
Luego de darle las buenas noches a mi madre, me di una ducha antes de ir a mi habitación a acostarme.
No era muy grande, la litera junto a la pared contraria al escritorio, con el armario y la estantería repleta de libros, y la ventana al fondo. No era una habitación fuera de lo común.
Me deslicé bajo la colcha de la cama de abajo. Me gustaba más dormir con los pies en el suelo por decirlo de algún modo. Además con lo patosa que soy desde pequeña, bajar desde la cama de arriba podría acabar en accidente. Aún recuerdo nuestra primera navidad en el pueblo, el hospital me regaló un precioso brazo escayolado. Fueron unas bonitas navidades. Desde entonces mi madre no quería que volviera a subirme en ella. Suponía que mi hermano dentro de unos días estaría ahí durmiendo, ya que toda habilidad de mantener el equilibrio le tocó a él, dejándome a mí las migajas. También debería hacerle un hueco en el armario.
Me preguntaba cuanto habría cambiado. Debería ser más alto que yo, y quizás puede que tenga novia…Tal vez él esté pensando lo mismo que yo ahora en este momento, aunque el horario de Estados Unidos e Inglaterra no es el mismo.
No supe en qué momento había cerrado los ojos, pero cuando lo hice, me vi obligada a abrirlos al percibir claridad en la habitación. No podía ser, ¿ya era de día?
―¡Bella, levántate o llegarás tarde!―oí que decía la voz de mi madre desde el piso inferior.
Yo lo único que hice fue recostarme boca abajo echándome la almohada sobre mi cabeza. No quería levantarme…
―¡Bella, por mucho que duermas tu príncipe preferirá esperarte en el instituto!
―¡Voy!―dije alzando la voz para que me oyese. Hoy se había levantado graciosa.
Tras acabar de asearme y de vestirme, bajé a la cocina para servirme mi tazón de cereales.
―¿Qué pasa, cielo, no has dormido bien?―me preguntó cuando me hube sentado frente a ella. Tenía el mismo rostro angelical de siempre.
―Supongo que sería mejor decir que no dormí las suficientes horas de sueño―contesté removiendo los cereales de manera ausente. Estaba segura de que al menor despiste caería redonda sobre el tazón.
Al llevarme la primera cucharada a la boca, me di cuenta de que mi estómago estaba totalmente cerrado, pero debía comer un poco más para sobrellevar la mañana.
―Ya veo. Bueno, después del instituto intenta llegar directamente a casa y estar lista.
―¿Lista para qué?―me había rendido a seguir comiendo más, y no me apetecía ponerme enferma en el instituto.
―Para recibir a tu hermano, Bella. Llega hoy, ¿no te lo dije?
―No…
―Ah, pues ya lo sabes.―le echó un vistazo a su reloj y se levantó de la mesa.―Recoge todo esto cariño, yo tengo que irme ya. No vemos luego, te quiero.
Y tras darme un beso en la coronilla y oír el sonido de la puerta al cerrarse, yo aún seguía en la misma posición en la que me había dejado. Estaba como el mantel de la cocina, a cuadros.
¿Cómo se le había olvidado decirme una cosa tan importante? Aún no había preparado nada en la habitación, y mucho menos a mí misma. Todavía me costaba digerir la información que recibí ayer por la noche como para que de repente me dijese que mi hermano vendría hoy.
De refilón dirigí la mirada al reloj colgado en la pared.
―Mierda…
Llevé los platos al fregadero para después coger mi maleta junto al anorak, y salir corriendo hasta el coche. No controlé demasiado bien el tirón que le di a la puerta del piloto al abrirla, y acabé golpeando mi rodilla con ella. Pero tras acordarme de todos mis parientes y limpiarme alguna lágrima que no pude controlar, encendí el motor en dirección al instituto.
Tenía el presentimiento de que este no sería uno de mis mejores días. Pero podría llegar a ser peor cuando el hijo de los Newton te esperaba en el aparcamiento con una sonrisa que podría definirse como «estoy esperando a mi novia».
Antes de bajarme del coche respiré profundamente para no tener que pagar mi malhumor con Mike, y hasta que no conté hasta diez no abrí la puerta. Pero lo poco que me había relajado se esfumó con solo oír su voz.
―Buenos días, Bella.
―Mike―lo nombré simplemente en modo de saludo. Aunque intenté resultar amable, no pude remediar que el tono fuese cortante y algo frío.
Encontré a mis cuatro amigos junto al Jeep de Emmett , y enseguida me dirigí hacia allí, cojeando un poco después de aquel golpe. Lo que no contaba es que Mike viniese tras de mi martilleándome la cabeza, no literalmente claro.
―¿Viste el programa que echaron anoche?―siguió insistiendo cuando llegamos cerca del Jeep.― ¿Quieres que te lleve la mochila a tu clase?
―¡Mike, no!―finalmente exploté. Newton conseguía sacarme de mis casillas― ¿Tan difícil te resulta de entender?
Seguí mi camino dejando allí a Mike. En verdad lo sentía por él, pero estaba de muy malhumor.
Cuando me acerqué hacia el grupo de los cuatro, todos ellos me brindaban miradas mezcladas entre sorpresa y confusión.
―¿Qué?
―¿A nosotros también nos vas a saltar a la yugular, fierecilla?―preguntó Emmett burlándose de mí, y así aumentando mi mal estado de ánimo.
―Será mejor que la dejes en paz, Emmett―le advirtió Jasper, con una extraña mueca en el rostro, como si intentara reprimir reírse.
―¿Por qué?―y siguió burlándose con una sonrisa maliciosa dibujada en sus labios.―Seguro que está de malhumor porque se ha vuelto a caer de la cama.
Quise lanzarme sobre él, pero Jasper se interpuso en mi camino. Además, dudaba mucho poder con esa gran masa muscular que tengo como amigo.
―Que miedo, la fierecilla tiene uñas y dientes.
―Deja ya la broma Emmett―le regañó Rosalie. A lo que él hizo el gesto de levantar los brazos en señal de que pararía.
―Será mejor que entremos o llegaremos tarde. Vamos Bella ―Alice me agarró del brazo y me arrastró hacia el interior del instituto, mientras éramos seguidas por Rosalie.―Ahora dinos, ¿ qué ha pasado para que estés así y hayas tratado a Mike de ese modo? Entiéndeme, no es que me importe mucho, porque el chico es un plasta, pero siendo tu…
―Es algo complicado…
―Bueno, en el almuerzo nos lo cuentas.―y en ese momento sonó el timbre que anunciaba el comienzo de las clases, por lo que cada una se fue a su aula correspondiente. A mí me tocaba Historia, y contando con mis pocas horas de sueño y que era primera hora de la mañana, tendría suerte de que el profesor no me castigara si me veía con la baba colgando sobre el libro.
En realidad no sabía si debería contárselo a Rosalie y a Alice. Nunca les había contado que tenía un hermano perdido en otro país. Además ahora que lo pensaba, ninguno de mis amigos me había preguntado nada sobre la otra parte de mi familia que no vivía conmigo. Y ahora, me hacía sentir un poco culpable. Parecía como si les hubiese ocultado parte de mí, y no era así.
Pasó la mañana, y al llegar la hora del almuerzo me dirigí a la cafetería.
Eché un vistazo al entrar, y vi a mis amigos en la mesa que ocupábamos siempre, por lo que fui a por una bandeja para comprar algo. Pero me detuve al ver a Emmett alzando una bandeja repleta de comida y todos los demás observándome, incluido él. Así que me acerqué hasta allí, y antes de poder alcanzar la silla para sentarme, Jasper la apartó para mí con una sonrisa.
Volví a observar a mis amigos, y todos ellos llevaban la misma estúpida sonrisa de Jasper dibujada en los labios, mientras Rosalie empujaba un poco la bandeja que alzó Emmett con anterioridad hacia mí.
―Me largo de aquí ―dije dando media vuelta dispuesta a irme tras ver esa incómoda y superficial escena. No me gustaba ni un pelo aquel cuadro. Pero sentí que alguien me agarraba de la cintura y me hizo retroceder.
―Venga, Bella. Solo queremos ayudarte.―dijo Jasper mientras volvía a conducirme a la silla y me sentaba en ella empujándome hacia abajo por los hombros.
Estuve un momento en silencio, en el que Jasper aprovechó para sentarse junto a Alice mientras ella y todos los demás seguían observándome. Me sentía como en un interrogatorio.
―No sé por dónde empezar.
―¿Qué te parece por el principio?―Alice no ayudaba mucho que se dijera, pero aún así respiré profundamente antes de hablar.
―Anoche mi madre recibió una llamada de mi padre ―comencé diciendo, y vi la sorpresa en sus rostros.
―Pero, ¿tu padre está vivo? ―preguntó Emmett, a lo que yo asentí con la cabeza algo confusa.―Vaya. Como nunca nos has hablado de tu padre pensamos que habría muerto y era un tema delicado para ti. Pero saber que no lo está es una gran noticia.
―¿Y vendrá de visita? ―intervino Rosalie en ayuda de su novio.
―No sé si él vendrá. Mi madre solo me dijo que sería mi hermano el que se quedaría una temporada…
―Espera, ¿has dicho hermano? ―quiso confirmar Alice con los ojos como platos.
―Sí, tengo un…
―¿Es más pequeño que tú? ―me interrumpió Rosalie con un extraño brillo en sus ojos azules.
―Ah…la verdad es que no sé quién de los dos nació primero, nunca se lo he preguntado a mi madre, pero creo que él es el mayor.―les aclaré aún sin estar al cien por cien segura de ello.
Después de soltarles aquel bombazo de que tenía un hermano mellizo, comenzaron a acribillarme a preguntas. Lo que más me sorprendió fue que no eran solo las chicas, sino también Emmett y Jasper se interesaron por saber cosas sobre él. Aunque podría decirles muy poco. Ya casi me había olvidado de su cara, y mucho menos recordaba el tono de su voz.
Solo esperaba que el encuentro que tendría lugar a pocas horas no fuera demasiado extraño e incómodo como para llegar al extremo de no poder reconocerle y viceversa.
¡Hola!
Y he aquí otro capítulo. Esperamos que os haya gustado tanto como a nosotras (:
Gracias por los reviews, alertas, favoritos y a las que solo leen :D
Intentaremos actualizar cuanto antes.
Chika-midori & Robert Ashley Cullen Swan (:
Un tonto siempre encuentra a otro más tonto..
