Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a S.M, solo la trama es de Chika-midori y mía.

Blood Lovers

Capítulo 3

Bella's Pov

Tras acabar las clases y despedirme de mis amigos, algo apresurada, conduje mi camioneta hasta casa. Por un lado, me encontraba ansiosa de llegar y preparar algo en la habitación para que se encontrase presentable ―por decirlo de algún modo―, y por otro me sentía inquieta. Pues, si el primer encuentro era incómodo y poco amigable, ya que llevábamos mucho tiempo sin vernos, no sabía de qué hablar con él, y nuestra relación en convivencia no saldría bien parada.

No quería que eso ocurriera. Si iba a volver a verle, desearía retomar aquellos buenos momentos junto a él.

Aparqué donde usualmente lo hacía, y bajé rápidamente deseosa de tomar una ducha, la cual me sentó bastante bien. El agua caliente relajó todos los músculos tensos de mi cuepo.

Tras salir después de unos minutos, me dirigí hacia el armario, donde elegí unos vaqueros y una camiseta de tantas que Alice me hizo comprar. Mi cabello lo mantuve suelto al estar húmedo.

Así que cuando estuve lista me puse manos a la obra para arreglar y acomodar los cajones que dentro de poco usaría el nuevo inquilino de la casa. Mientras trabajaba en ello, oí la puerta, por lo que mi madre había llegado a casa.

―¿Bella? ―Oí que me llamaba desde el piso de abajo.

―¡Estoy en mi habitación!―Le respondí alzando la voz para que me escuchara.

Cuando acabé de ordenarlo todo, bajé para encontrarme con mi madre, la cual, se encontraba ahuecando los cojines del sofá.

―¿Has ordenado tu habitación? ―Me preguntó con un toque un poco histérico, a decir verdad. Supongo que tras esa fachada de mujer tranquila y angelical, en estos momentos, se encontraba una mujer ansiosa por reencontrarse con su hijo.

―Sí, mamá, tranquilízate.

Vi que respiraba hondo intentado calmarse. Y en eso, se oyó que golpeaban la puerta.

Todos los músculos de mi cuerpo se tensaron al instante. Y sin darme cuenta, mi madre ya se encontraba con la mano apoyada en el pomo de la puerta, dispuesta a abrirla. Sentía que mi corazón latía a mil por hora.

De pie bajo el marco de la puerta, se hallaba un hombre alto, de cabellos dorados y con ojos de un azul intenso. Poseía facciones finas y una dulce mirada, la cual se posó en mí por unos segundos.

Mi padre se veía tal y como lo recordaba, su presencia no pasaba inadvertida.

―Esme, cuánto tiempo ―Saludó a mi madre con una sonrisa que me resultaba superficial.

―Mucho. Nos os quedéis ahí, pasad.

Yo seguía en los pies de la escalera mientras veía cómo mi padre irrumpía en el interior de la casa. En ese entonces no me percaté de la presencia del chico que lo acompañaba. Era alto y erguido. Por lo que se podía apreciar tenía un cuerpo bien formado. Gozaba de un peculiar cabello cobrizo, bastante desordenado, dándole un toque rebelde. Pero dejando atrás todo ese conjunto, lo que más me llamó la atención fueron sus orbes esmeraldas. Los cuales, no sabía por qué, me parecía que estaban vacíos. Sus facciones, al igual que mi padre, también eran finas, pero su rostro no me resultaba muy familiar. Al principio, pensé que era uno de los ayudantes de mi padre, pero luego me di cuenta, al cerrar mi madre la puerta tras entrar él, que en realidad se trataba de mi hermano.

―¿Bella? ―parpadeé varias veces, saliendo de mi ensimismamiento y percatandome de que era mi padre el que me llamaba―. ¿Qué tal estás, cielo?

―Bien, dentro de lo que cabe ―Contesté haciendo todo lo posible para dirigirme a él de buenas maneras para no incomodar a mi madre. En respuesta él me sonrió, para después volver su mirada hacia atrás.

―Ah… Supongo que te acordarás de Edward.

―Claro ―Contesé observando al susodicho.

Éste permaneció con sus manos dentro de los bolsillos del pantalón, impasible. Sólo se dignó a devolverme la mirada durante unas fracciones de segundo. Su actitud no me estaba gustando nada. Creo que la idea de venir a vivir aquí no había sido por iniciativa propia.

―Bueno, Carlisle, supongo que está todo, ¿no? ―Preguntó mi madre, refiriéndose a las maletas acomodadas junto a la pared de la entrada.

―Sí, eso creo ―Contestó―. De todas formas si falta algo, Edward sabe cómo solucionarlo.

Después de mencionar aquello, un silencio un tanto incómodo llenó el ambiente. Yo no sabía a quién mirar, porque estaba claro que mi hermano no se encontraba de muy buen humor. O quizás había discutido con mi padre en el coche.

―Bueno, pues si eso es todo, me tengo que ir ya ―Comentó mientras miraba su reloj de muñeca. Se acercó a mi madre y depositó un beso en cada mejilla. Se despidió de Edward con un abrazo un poco seco, a mi parecer. Luego se acercó a mí para hacer lo mismo. Pero yo me mantuve igual―. ¿No te vas a despedir de mí?

―Adiós, papá ―Dije apartando la mirada.

―Bella, por favor, sé más amable ―Repuso mi madre.

―Ya lo estoy haciendo. Le he dicho adiós, ¿no?

―No importa, Esme ―Le dijo mi padre a mi madre, con su tono tranquilo y pacífico.

Después de que se hubiese marchado, otro tenso e incómodo silencio se formó entre nosotros. El cual lo rompió mi madre al dirigirse hacia mí.

―Bella, ¿Por qué no llevas a Edward a tu habitación para que deje allí sus cosas? Yo tengo que salir un momento para comprar algo para la cena.

Genial ―Pensé para mis adentros. Me acerqué a coger una de sus maletas, pero rápidamente las cargó él y comenzó a subir por las escaleras.

―¡Hey! ―corrí escaleras arriba al ver que se adentraba al piso superior. Cuando llegué, vi que la puerta de mi habitación se encontraba abierta, y me dirigí como una bala hacia allí para encontrarmelo como si nada, echado en MI cama―.¿Qué haces ahí?

―Tumbarme en mi cama ―Dijo sin mirarme. Yo me acerqué a él, intentando calmarme al ver su actitud arrogante.

―No es tu cama, es la mía. La tuya es la de arriba ―Y para enfatizar mis palabras, la señalé.

―¿Esperas que duerma tragándome las telarañas del techo?

―¿Te crees que no limpio mi habitación, como para que haya telarañas? Ya puedes estar poniendo tu culo en la cama de arriba.

―No.

―¿Co-Cómo que no? ―Tartamudeé. ¿A qué venía esa actitud?

―Ya lo has oído. ¿Tu cerebro no puede procesar ese simple monosílabo?

―Mi cerebro puede procesar más que eso ―Repliqué―. Pero al tuyo parece que le cuesta más comprender que esa es mi cama.

―Si es así, ven a por ella.

No sabía si lo decía en serio o no. Pero yo no me quedé quieta, y agarré el brazo que le cubría los ojos, tirando de él.

―¿Qué haces? ―preguntó aún sin moverse ni un centímetro, mientras yo hacía mi mayor esfuerzo por echarlo de la cama―. ¿De verdad piensas que puedes conmigo?

Yo no le contesté, seguí empujándolo con todas mis fuerzas. Hasta que sentí un tirón desde el lado contrario al que yo lo hacía, y perdí el equilibrio cayendo en la cama. O más bien, sobre él.

―No pensaba que pesaras tanto ―Al oir aquello, me giré hacia él para responder una grosería, pero ante la cercanía pude apreciar que era más guapo de lo que vi desde una cierta distancia. Sus ojos verdes me cautivaron―. ¿Te gusta lo que ves?

―¡¿Qué dices, idiota? ―Pegué un salto hacia atrás, pero no conté con la cama de arriba. Por lo que me golpée la cabeza y volví a caer sobre él.

―¿Sabes? Esta es la típica escena que acaba en beso ―Aún frotándome la cabeza dolorida, no pude creer lo que estaba diciendo―. Yo abajo, tú arriba sentada a horcajadas sobre mi vientre, y una cierta distancia separando nuestros…

―Nuestros labios, ¿tal vez? ―Me sorprendí a mí misma hablándole con una voz, que podía definirse como seductora, aunque yo en mi vida había utilizado ese tono. Supongo que no había salido como yo esperaba, ya que mi voz comenzó a temblar a causa del nerviosismo de seguirle el juego. Quería dejarle bien claro que este era mi territorio, y que dejase su aire de superioridad y egocentrismo que estaba comenzando a descubrir en él.

―Sí, a eso me refería ―Su tono de voz sí que me resultó seductor y atractivo, sobre todo por esa sonrisa torcida que se le dibujó en los labios. Sentí que una de sus manos se colocaba en mi cadera, mientras que la otra se posó en mi nuca, empujándome hacia su rostro.

De acuerdo, esto no era lo que yo esperaba. Pensaba que después de seguirle un poco la broma, se detendría y se daría por vencido. Pero no contaba con esto. Casi podía sentir su respiración golpeando mi rostro, y lo más estúpido es que quería apartarme pero mi cuerpo no se dignaba a hacerlo. Miré fijamente sus labios entre abiertos, y me pregunté a qué sabían. Y no fui consciente de que mis párpados empezaron a cerrarse contra los centímetros que nos separaban se iban acortando cada vez más.

―¿Bella, Edward? ¡Ya estoy en casa!

Parpadeé varias veces volviendo a la realidad, y fijé la vista de nuevo en él, quién mostraba una sonrisa traviesa en los labios. Lo que me provocó que toda la sangre de mi cuerpo se posara en mi rostro. Casi podía salir humo por las orejas. Me levanté con torpeza de ahí y salí corriendo de la habitación sin poder creer lo que había estado a punto de suceder. Estaba empezando a marearme.

―Bella, ¿estás bien? ―Me preguntó mi madre, tras bajar a trompicones las escaleras―. Pareces un poco acalorada, cielo.

―No, son las maletas… que pesan mucho ―Contesté entrecortadamente, buscando un poco de aire.

―¿Ya se ha instalado tu hermano?

―Sí, y demasiado bien diría yo ―Seguí a mi madre hasta la cocina donde ella ella abastecería la despensa, mientras yo me servía un poco de agua para ayudarme a calmarme―. Muestra demasiada confianza…

―Es tu hermano, Bella ¿cómo esperas que se comporte?

Cuando estaba a punto de responderle, oí unos pasos que bajaban las escaleras. Por lo que me di media vuelta de cara al fregadero y comencé a lavar algunos platos que había por ahí, incluso los que ya estaban limpios. No podía mirarle a la cara. Me encontraba muy nerviosa, y los calores que estaba empezando a sentir a causa del sonrojo no ayudaban en nada. Me sentía incapaz de enfrentarlo ante el inmenso ridículo que había hecho hace unos minutos.

Pero no llegó a entrar en la cocina. Solo se oyó el sonido del televisor al encenderse, por lo que me relajé.

Cuando la cena estubo lista, intenté por todo los medios que nuestras miradas no se cruzasen mientras nos envolvía otro silencio incómodo. El cual a veces era interrumpido por el ruido de los cubiertos al chocar contra el plato.

―Bella ―Me sobresalté al oír la voz de mi madre que me llamaba de repente ―.¿Qué tal el instituto?

―B-Bien ―le respondí con tartamudez―. Como siempre.

Vi que mi madre me sonrió antes de girar su rostro hacia Edward, quien no alzaba la cabeza del plato casi intacto.

―¿Y tú, Edward? ¿Qué tal el viaje hasta aquí?

―¿Solo lo preguntas para mantener una conversación sin sentido, o por simple educación? ―soltó todo aquello aún sin levantar el rostro, mientras se distraía con el tenedor jugando con los macarrones.

―Bueno, pues porque quiero hablar contigo y estoy preocupada por…

―¿Ah, si? ―alzó los ojos mirando a mi madre. Y el vacío que percibí en ellos la primera vez que cruzó la puerta, había sido sustituído por el resentimiento―. De repente te preocupas por mi, vaya, ¿Y a qué se debe el honor de ese cambio?

Se incorporó tan rápido que casi tiraba la silla hacia atrás. Me sorprendí por esa actitud que estaba tomando.

Cuando abandonó la cocina, ví como mi madre bajaba la cabeza mientras ocultaba su rostro tras su cabello. Apreté los puños con fuerza. No iba a permitir que esto se quedara así, ¿quién se creía que era para hablarle de esa manera a mi madre?

Me levanté de mi asiento y me dirigí escaleras arriba a paso ligero. Ni siquiera llamé a la puerta cuando entré de un portazo y lo encontré cerca de mi estantería.

Se volvió hacia mi observándome de reojo, casi por encima del hombro. Me había cabreado de verdad. Pero cuando estaba dispuesta a ir y decirle unas cuantas cosas bien dichas, sentí que me agarraban del hombro hacia atrás y volvían a cerrar la puerta de mi habitación.

―Mamá,¿Qué estas…?

―Bella, sé lo que quieres hacer y no voy a dejarte ―ví que sus ojos estaban enrojecidos, por lo que tendría que haber estado llorando momentos antes. Eso me enfureció aún más. Por lo que intenté deshacerme de su agarre y volver a la habitación, pero ella me detuvo de nuevo sujetándome del brazo mientras me arrastraba al interior de su habitación―. Bella, por favor no me lo hagas más dificil.

―Eso es lo que estoy intentándo hacer para darle un buena lección a ese…

―Edward tiene todo el derecho ha decir todo eso ―me quedé perpleja al oírla decir aquello―. Es normal que me guarde rencor por todos estos años sin saber nada de él. La verdad es que me esperaba algo así, pero no creí que fuera tan duro después de que me lo dijera de frente. Pensaba que estaría más cerrado y se guardaría las cosas para sí mismo. Tu padre ya me avisó de que el temperamento de Edward cambió tras pasar algunos años…

―Mamá, no te voy a permitir que te culpes por algo que no has tenido nada que ver ―no quería seguir escuchándola hablar con la voz quebrada intentando no volver a llorar. Pero me sorprendí cuando alzó su mano y la dejó descansando sobre mi mejilla mientras me miraba con una triste sonrisa en los labios.

―Siempre has estado cuidando de mi, desde que eras pequeña ―su rostro se iba entristeciendo cada vez que pronunciaba una palabra―. Pero he de asumir la responsabilidad que tengo de haber abandonado a mi hijo cuando él más me habría necesitado…

―¡Mamá tu no has…!

―Bella, por favor. Dejémoslo ahí ―me sonrió por última vez, antes de salir por la puerta y dejarme allí echando chispas.

¿No podía ser verdad lo que estaba escuchando? Mi madre, la persona más maravillosa y dulce que había conocido desde el momento en el que nací, se estaba castigando por los errores que nos llevaron a esta situación. Que nos llevó a vivir aquií desde entonces. Mi madre no tenía culpa alguna. De lo único que pecaba era de ser tan buena e inocente.

En la época de la separación, yo no hacía más que llamar a Edward y a mi padre. Contactaba con ellos cada día. Pero cuanto más pasaban los meses, las llamadas iban disminuyendo hasta llegar al punto de perder cualquier contacto. Aunque nosotras no hacíamos otra cosa que intentar saber de ellos, nadie respondía por la otra línea. Pero al llevar un par de años sin saber nada, mi madre se enteró de que en todo ese tiempo se habían instalado en Londres. Al principio mi madre y yo nos sentimos muy dolidas porque no nos habían contado nada de aquello, sobre todo porque habían pasado unos cuantos años después de haberse instalado, y habían tenido tiempo suficiente de contactar con nosotros. Pero aún así dimos con ellos, y nos respondió mi padre. En esa ocasión Edward no estaba, por lo que me entristecí, echaba de menos hablar con él.

Después de aquella charla que nos supo muy poco a las dos, volvimos a llamar, pero esta vez no contestó mi padre, ni Edward, sino una mujer que parecía una secretaria o algo así. Cada vez que telefoneábamos contestaba esa misma voz anunciándonos de que el Dr. Cullen se encontraba ocupado trabajando y que no podía atendernos en esos momentos. Siempre éramos nosotras las que teníamos que dar el paso, mientras que él no se molestaba en levantar el teléfono.

Pasó el tiempo, y yo cada vez empezaba a renegar de mi padre, me sentía traicionada por él. Pero llegó un momento en el que lo odié. Fui testigo de todo el sufrimiento que pasaba mi madre. Las llamadas se estaban convirtiendo en una obsesión para ella. Había noches en las que me daba cuenta que se quedaba en vela esperando cuál sería la mejor hora para tener su oportunidad. Las llamadas al extranjero son muy caras, por lo que la factura del teléfono era un verdadero escándalo teniendo en cuenta el dinero que ganaba mi madre. Y era el único que entraba en casa.

Llegados a ese punto, tuve que tomar medidas. Mi madre estaba cogiendo una depresión de caballo, y el dinero no nos llegaba. Por lo que no se me ocurrió otra cosa que armar una especie de rastrillo para vender algunas de mis cosas como mis ropas, libros y demás. Mis amigos se unieron a mi aún habérselo prohibido terminantemente, pero ellos montaron uno propio justo al lado, y fui consciente de que Jasper se deslizaba silenciosamente hasta el cofrecito donde guardaba el dinero que había conseguido, e introducía en él el que ellos habían recaudado. Aún les estoy pagando lo de aquella vez, a base de salidas de compras porque se negaron a que se lo devolviese en dinero, así que tras mi insistencia de que nos les dejaría en paz, Alice pensó en cobrarme con numerosas visitas al centro comercial.

Mi madre al fin se dio cuenta de lo que pasaba, y cuando se enteró de lo que yo había hecho no paró de disculparse y llorar toda una semana prometiéndome que volvería a trabajar y ser la de antes. Pero yo me aseguré, y estubimos sin teléfono una buena temporada. Tuve que desconectarlo y esconderlo al verla observarlo de reojo. Por las mañanas su rostro se mostraba ausente, y se quedaba mirando las fotografías por las noches en el salón, mientras la oía llorar desconsoladamente. Podía percibir como el odio se volvía cada vez mayor contra más pasaba el tiempo, y creo que eso fue lo que me hizo más fuerte para seguir adelante y madurar más rápidamente. Su despreocupación y egoísmo nos había herido a las dos. Y ahora ese dolor que habíamos intentado superar volvía a hacer presencia en los ojos de mi madre. Pero esta vez no iba a ser así. Si Edward volvía a soltar algún comentario como el de antes, yo misma me encargaría de echarlo a patadas de la casa. Aunque fuese mi propio hermano. No iba a permitir que le arruinase la vida como hizo mi padre.

Llegué a la puerta de mi habitación. Antes de abrirla respiré profundamente. Estaba todo a oscuras, y no había señales de Edward. Por lo que tal vez estaría en el baño.

Encendí la luz y me dirgí a mi armario, para sacar el pijama. Comecé a desvestirme, dándole vueltas a la cabeza. Debería dejarle las cosas claras a Edward, e intentarle explicar lo que pasó tiempo atrás.

Cuando me quedé en ropa interior, hice ademán de coger la ropa. Pero observé, por el rabillo del ojo, el espejo colgado en la puerta, y pude ver a Edward recostado en la litera de arriba, apoyando su mejilla en su mano, mirándome con una sonrisa socarrona dibujada en sus labios.

Al principio no reaccioné, lo miré fijamente, reflejado en el espejo. Hasta que comencé a sentir que la sangre se acumulaba en mi rostro, incluso las orejas. Mi primer acto reflejo fue cubrirme el pecho, aunque poco podía hacer porque ya me había visto, y podía seguir observando la parte trasera de mi cuerpo. Mi segunda reacción fue un poco ridícula, por no decir mucho; me metí dentro de armario.

―¿Qué haces ahí, idiota pervertido? ―Pregunté, bueno, más bien grité. Oí que se reía.

―En primer lugar, intentando dormir en cama, como me dijiste. Por lo que ya puedes retirar lo de pervertido.

―No voy a retirar nada, porque eso es lo que eres, un salido ―Le contradije.

―Si fuera un salido, se me hubiera caído la baba, aunque hubiese visto el cuerpo de una niña. Así que no te preocupes, mantedné controlado mis instintos, hermanita.


¡Hello!

¡Capítulo nuevo! Esperamos que os haya gustado (:

Bueno, aquí está el primer encuentro entre los hermanitos jaja y con algo picante, además :3

Gracias por los reviews, alertas, favoritos y a las que solo leen.

Pasaros, si queréis, por nuestros otros fics, el mío es «Hold my Hand» y el de chika-midori se llama «El corazón de Uchiha Sasuke» que es de Naruto :D

Y nos despedimos, esperamos que nos dejéis reviews, so nuestra paga :)

Robert Ashley Cullen Swan & Chika-midori (:

Las penas con pan son menos.