Yyyy aquí traigo otro cap~

¡Espero que os guste! ^^

-.-.-.-.-

Los meses que siguieron al duro y caluroso verano de 1179 pudieron resumirse en un continuo y riguroso entrenamiento por parte tanto de Altaïr como de Malik, cada uno por su lado, de vez en cuando intercambiando algún que otro combate en el que Al-Sayf siempre salía perdiendo. Poco a poco, el muchacho de ojos oscuros sintió crecer una fuerte rivalidad con Ibn-La'Ahad, mientras que éste, por su parte, parecía simplemente ignorar aquel sentimiento.

El joven de cabello castaño había trabado en ese tiempo una buena amistad con su compañero de habitación al que había conocido poco después de llegar, Abbas, y casi siempre estaba junto a él, los dos charlando sobre cualquier asunto, imaginando las misiones que llevarían a cabo cuando les ascendieran de rango y les permitiesen salir de Masyaf. Ese era uno de los principales motivos por los cuales apenas hacía caso al horrible humor de Malik cuando a éste le daba por pagar con él sus frustraciones. Sin embargo, dejando de lado ese humor de perros, Altaïr solía quedarse mirando al mayor de los Al-Sayf en varias ocasiones, sus ojos dorados mostrando curiosidad y un extraño sentimiento en el que el chico todavía no había reparado. A veces, era divertido observarlo tan sólo para ver sus reacciones.

Kadar, al contrario que su hermano, admiraba a Ibn-La'Ahad cada vez más, un poco más cada día, y su admiración por él mermaba los ánimos de Malik. Él siempre había sido el ejemplo a seguir de su hermano y no le hacía especial gracia el que, de golpe y porrazo, Altaïr fuera el centro de la inspiración de Kadar. Ese era el mayor motivo por el cual al mayor de los Al-Sayf le irritaba tanto el joven de ojos dorados. Era sencilla y llanamente insoportable.

—¿Viste el entrenamiento del otro día? ¡Fue genial! ¡Altaïr cada vez demuestra más pericia!

Malik miró de reojo a su hermano pequeño, sin añadir nada a su monólogo acerca de lo increíble que resultaba Ibn-La'Ahad, y siguió paseando por las calles de Masyaf. A pesar de que era invierno, el clima seguía resultando agradable, mucho más que en verano debido a la temperatura bastante menos agobiante.

—Aaah y parece que se lleva bastante bien con Abbas... ¡Me gustaría poder ser un amigo tan cercano como él!

—Eso es fácil, Kadar. Simplemente, acércate a Altaïr y habla con él—dijo con desinterés el mayor, mirando uno de los pequeños puestos que salpicaban el mercado.

—Pero...Yo no soy mayor y...Apenas he hablado con él. Además, dudo mucho que se interese en alguien como yo.

El joven se giró para mirar a su hermano, aquel chiquillo todavía bajo, de cabellera alborotada y grandes ojos azules, con algún que otro rasguño en la cara y el traje sucio. Ciertamente, Kadar era un niño.

Estirando los labios en una pequeña sonrisa, Malik se limitó a revolver con afecto el cabello oscuro de su hermano pequeño, y siguió paseando junto a él, con las manos entrelazadas tras la espalda y una actitud serena.

—Oye, hermano, ¿a ti te cae bien Altaïr? No sé, quiero decir...Algunas veces os veo charlando, pero no entiendo muy bien vuestra relación. No parecéis tan cercanos como Abbas y él, a pesar de que coincidís varias veces.

—No tenemos esa relación, Kadar. Él va por su camino y yo por el mío, tengo la misma relación que con la del resto de novicios.

—Oh...Es una pena, con la de veces que acabáis hablando, podríais haberos hecho amigos al menos.

Malik hizo rodar sus hermosos ojos casi negros ante el comentario de su hermano pequeño, pensando en lo absurdo de la idea. ¿Altaïr y él, amigos? Él no podría ser amigo de alguien como ese joven, tan irritantemente perfecto en todo lo que hacía. Su sola presencia lograba desquiciarlo y alterarlo de tal manera que incluso le aceleraba el ritmo cardíaco a la par que sentía un molesto cosquilleo en la boca del estómago.

Estúpido Altaïr Ibn-La'Ahad, lo irritaba demasiado.

—¡Hermano, cuidad...!

El mayor de los Al-Sayf pestañeó fuertemente, agitando la cabeza cuando chocó de frente contra uno de sus hermanos de la Orden, y fue a pedir disculpas, sólo para quedar con la palabra en la boca al ver los ojos dorados que lo escrutaban desde el fondo de una capucha oscura y holgada.

—Malik.

El muchacho lo sintió de nuevo, aquel hormigueo tan molestamente dulce en su interior con tan sólo escuchar su nombre pronunciado con aquella voz seria y calmada, ligeramente divertida.

—¡Altaïr!—exclamó Kadar, sonriendo—Disculpa a mi hermano, iba un poco despistado y...

—Puedo hablar por mí mismo, Kadar—dijo Malik, ligeramente irritado, mirando de nuevo a Altaïr—. Perdón por mi...

—No es nada—interrumpió el joven, observando atentamente el rostro moreno de Al-Sayf—. ¿Te has hecho daño?

Malik negó con la cabeza, sus palabras atragantándose nuevamente. No sabía cómo alguien como él podía tener ese efecto en su persona. Nadie lo había logrado nunca.

—¿Vais a la fortaleza?

—No...Creo que no—contestó Kadar—. Estábamos dando un paseo, ¿verdad, hermano?

—Sí, eso es—pudo decir por fin Malik cuando fue dueño otra vez de su cuerpo—. De hecho vamos en dirección contraria, ¿no te has fijado en eso?

Altaïr encogió los hombros con cierta indiferencia y siguió mirando al mayor de los Al-Sayf, como si lo encontrase de lo más interesante. Malik, por su parte, volvió a sentirse molesto ante la atención innecesaria e hizo un gesto de cabeza a modo de despedida, indicando a su hermano pequeño que marchasen ya. Kadar suspiró, no muy de acuerdo con Malik, y se despidió del otro joven un poco a regañadientes, siguiendo a su hermano por las calles de Masyaf.

Ibn-La'Ahad se encaminó hacia el castillo en silencio, sus pensamientos, antes centrados en Malik y sus divertidas reacciones, ahora dando vueltas alrededor de la figura de su mejor amigo, Abbas, al cual lo había visto bastante alicaído en los últimos meses, creyendo saber por qué.

''Tal vez deba...'' pensó para sí, acariciándose en actitud pensativa la barbilla ''Uhm...''

Poco después de llegar a la fortaleza, buscó a su amigo por todo el lugar, dando con él tras varios intentos infructuosos, y lo convenció para charlar en su habitación compartida, alegando que tenía un secreto que contarle.

Tras aquello, Altaïr temió haber cometido un error, pues Abbas simplemente había permanecido en silencio desde que se lo contara, unos días atrás. A pesar de que él le preguntaba todos los días cómo se encontraba o qué le ocurría, su amigo no contestaba a nada, algo que preocupó aun más al joven de ojos dorados.

Y, un buen día, tan bueno como otro cualquiera en Masyaf, mientras los dos entrenaban, esta vez con espadas de acero en lugar de madera a petición de Sofian, repentinamente éste lo atacó fuertemente, acto que sorprendió sobremanera a Altaïr más por el odio que había visto reflejado en sus ojos que por el ataque en sí.

Labib, el instructor de ambos jóvenes, alentó a Abbas a seguir el entrenamiento, pensando que no había nada detrás, más allá de una rivalidad amistosa como tantas otras. Pero cuando vio que el joven de cabellera negra había herido en un costado a Altaïr, no pudo evitar tratar de parar el combate, siendo amenazado por Sofian.

—¡Admite que mentiste, Altaïr!—gritó Abbas, volviendo a atacar al muchacho.

—¡Abbas, ¿qué estás haciendo?!—fue lo que el otro respondió, esta vez tomando una actitud defensiva—¡Sólo te dije la verdad porque pensé que deberías saberlo!

—¡Mientes, todo eso no era más que una sucia mentira! ¡Vamos, admítelo! ¡Este...despojo me dijo que mi padre se había suicidado, sólo para humillarme!—exclamó, dolido, al resto de espectadores, girándose de nuevo hacia Altaïr—¡Dilo de una vez!

Alzando su arma, contraatacó a Altaïr, hiriéndolo en el labio, provocándole un corte en la comisura derecha, y lo derribó al suelo, colocando la punta de su espada en la palpitante yugular del cuello de Ibn-La'Ahad.

El joven de ojos dorados ni siquiera se atrevió a tragar saliva por temor a que el acero le atravesara la piel, y se quedó mirando al que una vez fuera su mejor amigo, el cual le devolvía una mirada llena de rencor y odio. Alzando una mano en señal de rendición, procedió a hacer un ligero gesto con la cabeza, viendo por el rabillo del ojo al Maestro de la Orden, que se había acercado al cuadrilátero tras oír el revuelo armado desde la torre donde tenía su despacho.

—Mentí—logró murmurar Ibn-La'Ahad, sintiendo la garganta reseca junto a un amargo sabor metálico por la sangre.

Finalmente, Labib mandó a ambos muchachos separarse, indicando que quería verlos frente a Al Mualim de inmediato para decidir qué harían con ellos. Después de la charla con el Maestro, se les ordenó pasar un mes en el calabozo, aunque antes de ello le permitieron a Altaïr curar su herida del costado y el labio, dado el mal estado de ambas.

Con aire taciturno, el muchacho anduvo por la fortaleza en dirección a la zona donde podrían atenderlo, topándose con Malik en su camino.

—Altaïr, me han comentado lo que...

—No quiero hablar de ello. Tengo que ir a que me curen, después estaré un mes encerrado—dijo con cierta dificultad debido a la herida del labio.

Al-Sayf negó levemente con la cabeza, fingiendo cierta pesadez, y cogió a Ibn-La'Ahad del brazo, arrastrándolo hasta un banco.

—Espera aquí, volveré enseguida. Seguro que yo tengo más tacto que cualquier otro que vaya a curarte, después de cómo habéis alterado los ánimos tú y Abbas hoy.

Altaïr permaneció en silencio, siguiendo con la mirada los pasos de Malik, y aguardó hasta que el muchacho de ojos oscuros llegó, portando lo necesario para limpiar sus heridas y tratarlas como debía. Retirándose la parte superior del traje para darle un mayor acceso, observó cómo Al-Sayf procedía a curarlo, asombrándose de su maestría en tal menester.

—No seré un galeno, pero he leído varios tratados sobre curación, medicina y demás. Es lo que sucede cuando sabes aprovechar el tiempo. Eso y que he tenido que curar a Kadar en incontables ocasiones cuando éramos más pequeños.

El joven guiñó un ojo, dejando escapar un quejido por lo bajo, haciendo sonreír de lado a Malik. Altaïr miró fijamente aquella pequeña curva en sus labios, ese gesto que no había visto en su rostro desde que tenía memoria, y trató de recordarlo.

—Deja de quejarte.

—No me quejo...Ouch.

—¿Lo ves?

La sonrisa de Malik aumentó ligeramente, sus labios curvándose un poco más. Ibn-La'Ahad alzó entonces un mano, adelantando sus dedos para acariciar con suavidad y cuidado aquella sonrisa inesperada que, repentinamente, se esfumó como el humo.

—¿Qué haces?

—No sabía que supieras sonreír—comentó Altaïr con simpleza.

—Ah, y yo no sabía que fueras tan estúpido. Y quejica, también.

—Ya te dije que yo no me...—volvió a guiñar un ojo, esta vez frunciendo los labios para evitar dejar escapar otro quejido.

Malik enarcó una ceja, sus ojos burlándose de Altaïr, y tras terminar con el costado, procedió a tratar la herida de sus labios, aquel corte profundo que, sin lugar a dudas, le dejaría cicatriz.

Ibn-La'Ahad se dejó hacer, mirando las manos de Malik actuando rápidamente sobre su herida, pasando después al rostro concentrado del muchacho, aquellos ojos oscuros que estaban fijos en sus labios.

—Bien, esto ya está—anunció Al-Sayf, separándose un poco de Altaïr para recoger las cosas—. Yo que tú no tardaría mucho más en presentarme ante tu instructor para que te lleve a los calabozos junto a Abbas.

El joven de ojos dorados asintió y se puso en pie tras colocarse de nuevo la prenda que había dejado sobre el banco, comenzando a caminar en la dirección opuesta a la cual había venido, para detenerse al cabo de unos segundos por las palabras de Malik.

—¿Sabes que cuando alguien te cura, es de buena educación decir...?

—Gracias—contestó, girando la cabeza para mirarlo—. Gracias, Malik.

Altaïr esbozó una sonrisa, ignorando el dolor que sentía en su herida ante el gesto, y se giró nuevamente para continuar su camino, dejando a Al-Sayf parado en mitad de aquel pasillo vacío, escuchando de fondo el eco de las pisadas de Ibn-La'Ahad.

Nuevamente, esa sensación de vértigo, el pulso acelerado y un ligero calor naciendo desde su pecho.

—...De nada—murmuró, a pesar de encontrarse ya solo.

-.-.-.-.-

Manita arriba quien odie a Abbas *alza la mano* :I

¡Invade, Alex, invade! Me alegro de tenerte también por aquí *O* ¡Gracias por pasarte, se agradece el review! ^^

¡Ya nos leemos~!