Disclaimer: Básicamente: todo es de Naoko. Salvo la historia. ¡Esa sí es mia! ^.^

Primero lo primero: ¡Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo! ¡Muchas felicidades y que este 2017 los encuentre rodeados de mucha luz y mucho amor! Espero que sea un gran año para todos, se que es difícil porque este año fue muy intenso, pero estoy segura, y tengo fe de que este 2017 va a hacer un gran año.

¡Por otro lado, gracias por leer! Estuve lejos de la escritura, más por inseguridades mías que por la visión del mundo. Eso me lleva a los comentarios. Soy feliz que los dejen, porque es un mano a mano con los que siguen la historia. Se que no soy LA escritora del siglo, pero tampoco voy a suplicar un comentario. Escribo porque me gusta, me completa y me hace feliz. Ese es mi empuje. Y por eso les doy la bienvenida a quien quiera leer o escribir. ¡Gracias por dejarme escribir para mi y para ustedes!

¡Extra!

Minato Bombon Kou: ¡Gracias por escribir siempre! Me causa gracia Rei, con la mayor sinceridad, que no es mala, simplemente es que algunas situaciones la desbordan y pueden con ella.

Rossy Kou: Siempre me gusto Mina. Creo que es un personaje que no es tomado muy encuenta en la serie, salvo contadas ocaciones, y sin embargo en el manga es la primer guerrera y además es quien al final esta allí para tomar la decisión que nadie puede.

Capitulo 07: Descubrimiento.

Seiya miraba a Serena como una encarnación de una Diosa, hermosa, bella, bondadosa pero totalmente lejana a él. ¿Cómo creer en las palabras que habían surgido de esos delicados labios rosas?

Pero él solo era un hombre enamorado, así que lo primero que sintió fue alegría, seguido de desconcierto y temor. Con sus brazos la atrapó entre la pared y apoyó la frente contra la de ella. —Bombón… no juegues conmigo. No lo hagas… Por favor —El sonido de su voz era tenue y melancólico. Una súplica llena de dolor.

—Seiya… Yo jamás… —colocó sus manos sobre el pecho de él y lo busco con la mirada— Jamás lo haría. Aunque probablemente ya no sientas lo mismo…

Él no la dejo continuar, con un brazo la rodeo por la cintura y con el otro acercó la cabeza de la rubia a su pecho, cerca de su corazón. —Si volví, es por vos. Porque no podía olvidarte y porque aunque no tuviera oportunidad, te quería cerca de mi.

Al escucharlo Serena perdió la fuerzas en sus piernas, él la agarró y ambos descendieron juntos hasta sentarse en el suelo. Serena empezó a llorar y se acurrucó en los brazos del ojiazul. —Estaba tan perdida… Cuando te vi pensé que mi mente jugaba conmigo porque no me dejaba olvidarte.

—Bombón… Yo pensé lo mismo, no podía creer que la vida fuera tan cruel porque el viento parecía susurrar mi nombre con tu voz. Pero cuando me di vuelta, estabas ahí —Le secó las lagrimas con ternura— Estas temblando.

—Tengo un poco de frío —Dijo con una sonrisa.

—¿Segura que es sólo eso? —Con una de las manos la tomó de su barbilla y la acercó lentamente. Ella tembló un poco más. Siguió con los besos de antes, pero fue descendiendo hasta sus mejillas húmedas.

—Seiya… —La forma en que ella repetía su nombre lo extasiaba.

—Bombón… —La voz de él era dulce y su aliento calido. Y cuando sus labios se posaron en los de ella, una corriente de electricidad la recorrió por la espalda. Sus bocas se convirtieron en una y por fin esos sentimientos de soledad y tristeza desaparecieron.

Ikuko miró el reloj de pared que estaba en el comedor por quinta vez consecutiva. Las agujas no se habían movido en absoluto, imposible que lo hicieran en menos de un minuto. Eran las diez y media pasadas y Serena aún no volvía. No desconfiaba de Seiya, el chico le parecía tierno y más que cuidadoso con su hija, pero tenía la sensación de que era importante y urgente decirle que Darien había llamado…

No quería llamarla al celular, sabía que estaban juntos y no veía la necesidad de interrumpirlos, sin embargo se preguntó si en caso de quedarse a dormir con él esta vez le diría la verdad. Era evidente que la noche que no había vuelto a su casa no había ido con las chicas, así que como buena madre que era sólo aceptó lo que Serena le decía, pero cuando la vio con la alegría de antes, supo algo más había pasado. Y todo estuvo en su lugar cuando conoció al morocho.

La puerta de entrada se abrió y corrió al pasillo.

—Hola —Kenji se sacó los zapatos y dejo las cosas en un costado del escalón. Apenas entro al comedor se dio cuenta de la preocupación de su esposa -¿Pasa algo?

—Pensé que eras Serena…

—¿Todavía no volvió? —Dijo mirando al reloj de la pared— ¿Otra vez salió con ese chico del que me contaste?

Ikuko sonrió tiernamente, se levanto de la silla y lo tomo del brazo para abrazarlo —Ya no es una niña Kenji. Algún día sabías que esto pasaría.

—No me gusta.

—Es un buen chico.

—No podes decirlo cuando solo lo viste una vez.

—Kenji… —lo rodeo y empezó a caminar a la cocina— Se que le hace bien a Serena. Ella esta tan…

—¿Llena de Luz?

—¡Si! Por el momento no te preocupes, ¿si? Necesita nuestra confianza.

Kenki se apoyo sobre el marco de la entrada, se sacó los lentes y se froto el puente de la nariz. —No es solo eso

—¿Entonces?

—Darien todavía sigue rondándola —dijo mientras se ponía nuevamente los anteojos— Además, con este distanciamiento de sus amigas…

—-No te preocupes. Seiya no dejaría que nada le pase. —Agarró la fuente de vidrio con la carne que había cocinado, y paso por al lado de su marido rumbo al comedor otra vez.

—No es que desconfíe del chico, además todavía no lo conozco. Lo que me preocupa es que Serena siempre estuvo con Darien, no conoce otros chicos.

Ikuko dejo la cena en la mesa, y empezó a cortar para servir. Después se sentó a un lado de su esposo.

—¿Y Sammy?

—Esta en la casa de Kenichi. Ganaron el partido, así que se reunían todos los chicos a festejar.

—Me alegro.

—Sammy me contó que Seiya estudió un tiempo con Serena en la preparatoria, juntó a sus hermanos. Parece que se fue porque tenía cosas que resolver en su casa y ahora volvió.

—Parece que a Serena le gustan los chicos que viajan. —Comenzó a comer.

—No pongas esa cara. Además, el se fue por motivos muy distintos a los de Darien.

—Pero no vi que estuviera en contacto con ella.

—Hasta hace apenas unos días, Serena estaba de novia.

—¿Lo vas a seguir defendiendo? —Kenji termino de comer un pedazo y le acercó el plato su esposa.

—¿Más? Tenes que masticar la comida…

—Ikuko…

—Cuando lo conozcas, vos también —Le volvió a servir y empezó a comer ella.

Terminaron de cenar y Kenji la ayudo a levantar la mesa, después con un beso en la coronilla a su esposa, el se retiró a terminar de ver unas cosas de su trabajo. Ella lavo los platos y empezó a limpiar la cocina. El teléfono comenzó a sonar, se secó las manos con el repasador y corrió a atender, pero Kenji había llegado antes.

—Hola… ¿Darien?… Creía que te habíamos pedido que no vuelvas a llamar a esta casa, y ¡menos a esta hora! —La voz del hombre fue subiendo el tomo— Mi hija no quiere tener ninguna relación con vos. ¡Tenes que entenderlo! —Ikuko se sobresalto— No la vuelvas a llamar —dijo y cortó.

Cuando se dio cuenta que no estaba sólo se dio vuelta y se apoyó contra el aparador. Ikuko lo veía con preocupación. —Espero que Serena sepa lo que hace.

Serena se terminó de cambiar en uno de los cuartos del departamento. Su cuerpo se movía por inercia y su mente trataba de asimilar todo con la mayor rapidez posible. Era como esos sueños que tenía y de los que no quería despertar. Se puso el reloj y comprobó la hora. Faltaban menos de quince minutos para las doce.

Hubiera jurado que había pasado más tiempo. Tenía los labios algo hinchados. Se tocó los labios con suavidad. El calor del ojiazul seguía allí. Se habían besado hasta tener que separarse para tomar aire. Definitivamente Seiya besaba tan bien como en sus sueños…

La puerta resonó dos veces por los golpes pero no se abrió —¿Estas lista?

—Ya termino —todavía su voz temblaba un poco. Ya no usaba ese peinado, pero por Seiya se lo haría todas las veces que fuera necesario, así que termino de hacerse su coleta derecha, que era la que le faltaba, y salió de la habitación. Él la estaba esperando. Todavía tenía el pelo húmedo por la ducha rápida que se había dado. —Ya estoy —dijo con su mejor sonrisa.

Seiya se acercó y le dio un beso en la frente —Estas hermosa.

Ella lo abrazó —Gracias… Pero todavía tengo hambre —y los dos empezaron a reír.

—Señorita Rei…

—Nicholas —la morocha se dio vuelta— Te dije una y mil veces que no me interrumpieras mientras estudio. Esto no es fácil…

—Lo siento, es que tiene teléfono…

Miró el reloj que estaba sobre la mesa de luz —¿A esta hora?

—Si, es el señor Darien

—¿Darien? —La morocha se levantó rápido del suelo tirando algunos apuntes de la mesa baja en donde estaba estudiando. El joven se acercó a levantar las cosas —No te preocupes, las junto cuando vuelvo —dijo mientras salía corriendo hasta el aparato— ¿Darien?

—¿Te desperté?

—No, estaba estudiando. Economía es más difícil de lo que creí.

—Me hubieses dicho antes, cuando quieras te ayudo.

—Eso sería muy útil, además porque el examen es dentro de dos semanas… Y voy tres módulos atrasada…

—¿Y eso porque? No sos de las que dejan las cosas para el final…

—Por el templo. Hay días que me tengo que quedar atendiendo hasta tarde y eso hace que llegue con la clase ya empezada.

—Pense que era presencial

—Si, pero tengo un permiso especial.

—¿Queres que nos juntemos mañana? ¿Que te parece en el Café The Ilusions? Dicen que es tranquilo y además muy bueno.

—Eso dicen…

—Además desde que abrió nunca tuve oportunidad de ir… Podemos charlar un poco y ver lo tu examen…

—Esta bien… —Dudo antes de seguir— ¿Que pasa? Y no me digas nada, porque sino no me estarías llamando a esta hora.

—Llame a Serena… Dos veces… La segunda vez me atendió el padre y me dijo que no insista.

—Darien… —Rei se apoyó contra la pared y miró por la ventana, afuera las copas de los árboles se movían lento al compás del viento. El cielo estaba despejado —Las estrellas que hay esta noche son hermosas, estoy segura de que en el parque hay una mejor vista.

—No creo que sea bueno que salgas sola y menos a esta hora.

—No pasa nada… Soy la guerrera de Marte, ¿o te olvidas?

—Si, pero si no voy con vos, no voy a estar tranquilo…

—¿Que pasa?

—Nada…

—No terminaste tu hamburguesa.

Serena miró el plato y la panza le gruñó. Tenía hambre, mucha, pero estaba demasiado nerviosa para comer. ¿Cómo no estarlo si quería seguir besándolo, y algo más también? Tomo un poco de gaseosa —¿Mañana que tenes que hacer?

—Tengo una reunión con la antigua discográfica... Va a ser raro eso de cantar sólo.

Ella se removió inquieta. Quería saber pero le deba miedo preguntar. Pero él la miraba con sus ojos llenos de brillo. —Seiya… ¿Porque no vinieron?

Él dejo la comida y miro hacía la calle. A esa hora quedaban pocas personas caminando. —Nosotros tenemos un deber con nuestra princesa…

—Pero vos estas acá, conmigo…

—Porque fue ella quien se dio cuenta que mi corazón ya no estaba en Kinmoku, sino en la Tierra.

—¿Y Yaten y Taiky?

—Yo creo que ellos aún no están preparados para aceptar que la tierra los cautivo.

Serena suspiro. —Ellos no me aceptan, ¿no?

—¿Porque crees que no lo harían?

Serena le sonrió con ternura y negó con la cabeza —Sólo ahora que pude determinar mis sentimientos y darme cuenta de que te amo y que se lo que es tenerte lejos, puedo imaginarme lo que habrás sufrido por mi culpa.

—Bombón… No digas eso….

—Pero es así. Estoy segura de que ellos me culpan por haberte lastimado…

—Sin embargo, ahora me siento inmensamente feliz. Y es por vos.

—Seiya…

—Vení, quiero mostrarte algo. —Agarró su campera y el abrigo de la rubia y salieron del local. Caminaron tomados de las manos y casi sin hablar. La noche estaba limpia de nubes y las estrellas brillaban con fuerza. A las pocas cuadras, Serena sabía a donde se dirigían.

—Ya conozco el Parque…

—No es eso lo que te quiero mostrar…

—¿Y que es?

—Cuando llegues lo vas a poder ver…

—Seiya! –Ella lo tironeo del brazo e hizo un puchero con sus labios. Él la vio extremadamente deliciosa, así que la acercó y la beso en la frente.

Serena empezó a sonreír, él era imposible.

Caminaron un poco más, hasta un camino que les resulto familiar a ambos. —Acá nos volvimos a encontrar. —El ojiazul tironeo una vez más de Serena —y acá es el lugar a donde llegue cuando volvía a la tierra. —Estaban justo en la mitad de la plaza, cerca de la fuente en la que alguna vez se citaron. —Para mi es un lugar mágico... que nos hizo encontrar.

Serena se soltó de su agarre de manos y se separo un poco hasta unos bancos de cemento donde se sentó. —Yo siempre venía acá, este fue el lugar donde nos encontramos la primera vez que me invitaste a salir… Aunque entonces éramos amigos.

—Bombón… —El se sentó al lado de ella y la volvió a besar con ternura pero con fuerza.

—Darien —La morocha movía el brazo con fuerza— ¡Acá estoy!

Él la vio y apuro su paso. La luz de los faroles iluminaba el parque, pero a él no le parecía suficiente seguridad para una ella. Rei era de las chicas fuertes, y por eso había que cuidarla. Chicas así nunca demostraban su fragilidad. —¿Llegaste hace mucho?

—Siempre igual… —Rei le sonrió y empezó a caminar— Hace mucho que no venía acá.

—Pensé que se juntaban con Serena después de clases…

—No… últimamente todas estamos muy ocupadas. De hecho la reunión de hace unos días nos volvio a juntar.

—Las cosas cambiaron bastante, ¿verdad?

—Si… —La morocha se paro y el viento hizo flotar su pelo negro— ¿Que pasa?

Él se dio vuelta y la vio, una luz la iluminaba a medias y afinaba su rostro. Sus ojos negros brillaban, era un brillo de comprensión y algo más, que no supo descifrar. Tuvo miedo de decirlo, pero sus palabras se salieron de su boca. —Todo siempre se redujo a Serena. No hay nada más.

—¿La amas?

—¿Por qué me preguntas eso?

—¿Por qué no me contestas?

—No tengo porque hacerlo.

—Si tenes. Todas estamos tratando de proteger su futuro, pero si ese futuro esta en duda por los dos, ¡es un esfuerzo tonto! —Ella se acercó y lo miro desafiante.

—Rei —Darien desvió la mirada.

La morocha puso su mano en el hombro del chico —Deja, no tendría que haber preguntado. Eso no me incumbe…

Dieron vueltas en el parque mientras él le contaba lo que paso cuando la había llamado. Y cuando estaban por volver la vieron. Su peinado característico la delato. Estaba caminando de la mano con alguien a quien no pudieron distinguir. La primera reacción de Darien fue llamarla y correr a donde estaba. Sin embargo Rei se anticipo y lo tomó del brazo.

—Darien… No es un buen momento… Mañana.

—Pero…

—Es mejor no hacer escándalo. —Darien retiro el brazo del agarre de la morocha y sin decir nada más, se alejo caminado con pasos lentos.

Rei se quedó debajo de un farol, la parte de su rostro donde la luz la iluminaba estaba seria. Sus ojos negros y profundos estaban opacos. Miro el reloj y no le importó que fuera más de la una de la madrugada. Sacó el celular del bolsillo del saco y mientras caminaba despacio hacia su casa, comenzó a llamar a las guerreras.