Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a S.M, solo la trama es de Chika-midori y mía.
Blood Lovers
Capítulo 4
Bella's Pov.
El ambiente en la casa estaba bastante caldeado después del discursito de Edward. Mi madre apenas hablaba, yo me mantenía en silencio por temor a lo que pudiera salir de mis labios hacia Edward; sabía que eso no lo quería mi madre. Edward, por su parte, tampoco hablaba y en la cena ni subía la cabeza. ¡Y solo habían pasado tres días desde que le había dicho eso a mi madre! Me sentía mal, muy mal. Me dolía ver a mi madre así. Ya no sonreía, ni me preguntaba por Alice o Rose, ni por mí. No me quiero ni imaginar cómo va a estar de aquí a dos semanas. Si esto no se arregla cuanto antes, el tenso e incómodo silencio me mataría. Mi madre no tenía por qué disculparse, ella no había hecho nada. Solo sufría por él y mi padre. Pero al parecer, el chico quiere que mi madre se disculpe con él por abandonarlo. ¡Pero si fue papá quien nos abandonó a nosotras!
Durante esas tres noches, tuve la precaución de coger mi pijama y ducharme mientras que Edward no rondase por la habitación o por el baño. Sí, porque se iba por el pueblo a dar una vuelta. Volvía justo cuando yo me había metido en la cama, se quitaba su ropa y se metía en su litera solo con los bóxers. Era vergonzoso ver a tu… hermano solo con su ropa interior.
FLASHBACK
De nuevo, Edward se había ido al pueblo a… hacer algo. Solo nos había murmurado un «me voy al pueblo» y después había atravesado la puerta principal. Mi madre y yo estábamos viendo la televisión en el salón cuando bajó de nuestra habitación con unos vaqueros y una camiseta básica gris. Minutos después, se fue.
Aún estaba el silencio de la noche anterior de la cena. Ayer fue un día bastante duro para mi madre y para mí. Que tu hermano le insinúe a tu madre que nunca se ha preocupado por él es algo muy fuerte. Y mucho más ver a tu madre llorando. También es algo muy preocupante que tu hermano se haga el listo y te espíe desde la litera de arriba mientras te cambias de ropa.
Quitando eso, todo iba estupendamente. O sea, nada. Cuando Emmett me vio llegar al instituto esta mañana, se tragó todas las bromitas que me tenía preparada y me saludó como lo hicieron los demás. Alice no había dicho nada de ir de compras; creo que mi cara mostraba que si me lo decía, algo dentro de mí iba a explotar. Y bueno, Rose y Jasper estaban como siempre.
Le deseé a mi madre buenas noches y subí a mi habitación. Cogí mi pijama y fui hasta el cuarto de baño. Menos mal que Edward se había ido, no me apetecía otro encuentro como el de la noche anterior; fue demasiado vergonzoso para mi persona.
Me metí en la cama, no sin antes coger un libro para leer. Al cabo de un rato, los ojos me pesaban y no podía soportar el estupor que sentía. Dejé el libro en el escritorio y me refugié, de nuevo, en el calor de mi edredón.
Segundos, minutos u horas después, un sonido que provenía de la cama de arriba me despertó. Abrí los ojos con pesadez, y me encontré cara a cara con los bóxers azules de Edward. Mis ojos se abrieron desmesuradamente y el rubor no tardó en llegar a mis mejillas. Un sonido extraño salió de mi garganta.
―¿Te gusta lo que ves? ―preguntó con voz arrogante, como la otra noche. Miré desafiante esos orbes esmeraldas y guardé silencio―. De todas formas, me parece bien ―añadió; se encogió de hombros y subió con lentitud la escalera que daba a la litera.
Esa noche apenas pude conciliar el sueño.
FIN DEL FLASHBACK
Hoy era un nuevo día y tenía toda la pinta de ser como el anterior. Salí de la cama con pereza y bostecé mientras cogía la ropa para el día de hoy. Elegí la ropa que más me gustaba, para ver si me alegraba un poco, aunque no me sirviese de nada. Me metí en la ducha y dejé que el agua caliente vagara por mi cuerpo, relajándome. Después de unos minutos bajo el grifo, la puerta del cuarto de baño se abrió, logrando sobresaltarme.
―¡¿Qué haces, idiota? ¡¿No ves que me estoy duchando? ―Le grité a través de la cortina.
―¿Qué es lo que voy a estar haciendo? Lavarme los dientes como una persona normal ―contestó.
―Haz el favor de salir, Edward ―le pedí con toda la calma que podía.
―No.
―¡MAMÁ! ―grité a todo pulmón, mientras notaba como la sangre se acumulaba bajo mis mejillas. Lo que no sabía era por la rabia o por la vergüenza.
―¿Qué es lo que pasa aquí? ―inquirió mi madre.
―¡Es obvio, mamá! Edward ha entrado en el cuarto de baño mientras yo me ducho. ¿No lo ves?
―Vamos, Bella. Es tu hermano, y estoy segura que él no ha olvidado los baños que os dabais juntos ―ahora me quedaba confirmado que el sonrojo era de rabia.
―Mamá, ya no soy una niña. ¡Quiero intimidad! ―exigí.
―Pues estás demostrando todo lo contrario con tus berrinches ―comentó Edward abriendo el grifo del lavabo. Al instante, el agua caliente pasó a ser helada.
―De todas maneras, no creo que lo esencial haya cambiado mucho ―aclaró mi madre, utilizando las mismas palabras de la noche que me comunicó que Edward iba a quedarse con nosotras.
―Esto es lo que hay, Bella ―bufé cuando la puerta se cerró y mi querido hermano volvía a abrir el grifo de agua caliente.
―Por lo menos dame la toalla, ¿no? ―una mano nívea apareció por un hueco que dejaba la cortina con una toalla verde―. Gracias ―murmuré.
Cuando ya estuve envuelta con ella, Edward seguía allí, intentando peinarse su revuelto cabello cobrizo.
Me sequé con cierta dificultad, incomoda ante la presencia de mi hermano. Me puse unos vaqueros negros, una camiseta blanca de manga corta, con una camisa azul claro y, por supuesto, con mis Converses negras.
―¿Te echas para un lado? Yo también me tengo que peinar ―al ver que no hacía nada para echarse a un lado, le di un ligero empujón a su cadera con la mía.
―¡Hey! Échate para allá, estaba antes.
―¿Y? Yo era la que me estaba duchando ―respondí encogiéndome de hombros―. Ya está, no soy como las que tardan horas y horas en arreglarse ―le expliqué cuando hube acabado de hacerme una coleta baja―. Buenos días, mamá.
―Hola, Bella. ¿Qué, te ha comido algo tu hermano o qué?
―No, no me ha comido nada. Pero es incómodo ducharte con tu hermano rondando por ahí.
―Ajá, sí. Lo que digas ―murmuró ausente, mirando el cielo.
―¿Pasa algo? ―pregunté. Cogí mi desayuno y me senté a desayunar.
―Nada de lo que preocuparse, Bella ―comentó con aire ausente.
―¿Otra vez pensando en papá? ―aventuré.
―Cómo me conoces ―una tierna sonrisa se posó en sus labios―. Pero qué se le va a hacer, algún día, cuando te enamores por primera vez, me entenderás.
―Ni digas el nombre que estas pensando. ¡Alice y Rose están igual! ―le conté, jugueteando con un trozo de fruta.
―¿Te refieres a Mike Newton? ―solté un «arg» que, por supuesto, ignoró mi madre y siguió con su charla―: ¿Qué te pasa con el chico? Es agradable, guapo y muestra interés por ti.
―Eso es lo que pasa. No quiero tener nada con él ―murmuré.
―Por cierto, hace tiempo que no veo a Jasper y a Emmett…
―Emmett sigue siendo igual de pesado con sus bromas y Jasper igual de tranquilo. Alice mantiene su obsesión por las compras y Rosalie se preocupa por mí. Todo sigue igual ―resumí dirigiéndole una mirada.
―Eso está bien. Diles que se pasen una tarde por aquí.
―Claro, no sé si se querrán pasar hoy. Ya sabes, es viernes y salen a Seattle o a Port Ángeles.
―¿Vas a ir con ellos? Es por si Edward quiere…
―¿Qué pasa conmigo? ―interrumpió Edward entrando a la cocina. Después de tanto tiempo intentado arreglar su cabello y sigue igual de rebelde. Vaya pérdida de tiempo, es cómo el mío.
―Nada; bueno, no sé si voy a ir…
―¿A dónde? ―preguntó alargando la mano para coger un trozo de fruta de mi plato.
―A ningún lado. Nos vemos luego.
…
―Buenos días, Bella ―Me saludaron los chicos cuando llegué al aparcamiento del instituto.
―Hola, chicos ―contesté.
―¿Te apuntas a ir a Seattle esta tarde, Bella? ―Preguntó Rose, mientras Alice la miraba con una expresión escéptica.
―¿Cómo que «si te apuntas», Rose? Es obvio que Bella va a venir esta tarde ―Apuntó Alice, dando pequeños brinquitos.
―¿Y qué vamos a hacer? Además, no quiero ir de sujeta velas ―Rodé los ojos, emprendiendo el camino hacia nuestra primera clase.
―Alice, recuerda que no está mal darle opción a elegir ―Apuntó Jasper con una sonrisa tranquilizadora en su cara para mí.
―¡Ya sé! ―Comenzó a dar sus típicos saltitos, sin darle importancia a lo que había dicho su novio―. ¿Por qué no te traes a tu hermano? Así aprovechamos para conocerlo y eso.
―¿Qué? No, eso sí que no, Alice ―Me negué. Por Dios, no podría soportar una tarde entera con él y sus comentarios arrogantes. Vale, vivíamos en la misma casa, pero yo lo ignoraba y para mí como si no existiese. Pero si él venía, seríamos seis; cuatro de ellos son parejas entre sí, por lo que no tardarían en darse mimitos, y eso implica más tiempo con Edward.
―¿Por qué, Bella? Queremos conocer a tu hermano ―Emmett puso un puchero a lo Alice, lo que hizo que soltara una ligera carcajada.
―No, Emmett; tal vez más adelante cuando… Mmm…
―¿Cuándo qué? Sois hermanos, se supone que os lleváis bien… ¿o no? ―Comentó Jasper, con otra sonrisa; aunque esta vez era traviesa.
―Tú lo has dicho, Jasper; se supone.
Alice y yo llegamos a nuestra primera clase y nos despedimos de los demás. Alice a penas pudo ponerme un puchero pues el profesor entró en el aula.
Las siguientes horas pasaron rápidamente, pues eran materias que no se me daban mal. Mientras me dirigía a la cafetería, mi mente no paraba de dar vueltas. Aunque no qusiera que Edward fuera a Seattle esta tarde, me sabía mal dejarlo en casa, solo. Y, siendo francos, tampoco me apetecía ser de nuevo sujeta velas. Debía admitirlo, había más pros que contras, por mucho que me negase a que Edward fuera. Sus conversaciones no eran del todo… entretenidas, pero servirían para olvidarme de que dos parejas se estaban dando el lote. Y mucho más en el cine. Porque lo más seguro es que fuésemos a ver una de las que se estrenaban hoy.
Tomé una decisión, y era que le diría a Edward que si quería ir con nosotros. Claro, podía decir que no… pero sabiendo que le gusta dar por saco, aceptaría sin saber con quiénes íbamos.
―Hey, Bells, ¿nos vas a explicar por qué no quieres que venga tu hermano? ―me preguntó Emmett, cuando me senté con ellos en la mesa de la cafetería.
―Creo que lo he dejado muy claro antes ―Fruncí el ceño.
―O sea, que te llevas mal con tu hermano ―afirmó Rosalie.
―No es llevarnos mal, Rose… parece que tantos años separados ha roto esa amistad que teníamos desde pequeños.
―A ver, explícame una cosa, Bella. Creo que hasta Emmett lo va a coger. ¿No sois mellizos? ―Preguntó Jasper.
―Sí, ¿qué pasa con eso? ―respondí.
―Se supone que vuestro lazo es más fuerte entre vosotros que cualquier otro hermano ―se apresuró añadir.
―Eso son los gemelos, Jazz ―intervino Alice―, puesto que los gemelos comparten placenta y demás. Los mellizos son como dos embarazos diferentes, a la misma vez; no comparten nada.
―¡Felicidades, Alice, has estudiado Biología! ―Se mofó Rosalie―. Pero yo he visto que en un documental, que ambos bebés cuando están en la barriga de la madre y es un embarazo de mellizos, los dos son conscientes de que tienen a su hermano al otro lado.
―Es cierto, incluso un bebé le daba un beso al otro a través de la placenta ―corroboró Emmett.
―¿Tú también has estudiado Biología, Emmett? ―Preguntó Jasper con una ceja levantada.
―No ―rió―, es solo que veo los documentales con Rose ―admitió.
―Eso es muy tierno por tu parte, Emmett ―suspiró Alice―. No cualquier chico se tragaría los documentales que ve su novia para contentarla.
―Bueno… ―Siseó Emmett, aunque se recompuso―, todo lo que sea por mi Rosie.
―Así me gusta, Emmett.
―Entonces, Rosalie te…
―A ver, chicos ―Interrumpí a Alice―. ¿Cómo habéis podido pasar de un tema a otro sin dejarme contestar? Primero que si mi hermano, después con los mellizos y los gemelos, y ahora de documentales ―reí, por lo ilógico de la situación. Son ellos quienes me preguntan y ni si quiera me dejan responder.
―Mmm, perdón, Bella ―Murmuró Rose.
―No sé, pero mi hermano y yo estábamos muy unidos… pero parece que con el divorcio de nuestros padres, nuestros mundos se vinieron abajo. No sé cómo expresarlo…
―¿Lo echabas de menos, verdad? ―murmuró Alice.
―Sí ―Respondí en un susurro clavando la mirada en la mesa.
―De todas maneras, Bella; puedes traerlo hoy y así, mientras que nosotros vamos a nuestra bola, podéis hablar más, no sé; contaros lo que os ha pasado durante los años que no os habéis visto, quizás ―Apuntó Jasper.
―¡No, Jasper! ―Rió Emmett―. Bella le va a contar su amorío con Newton.
Mierda. ¿Cómo explicarle a un niño pequeño que no tenía nada con ese?
―Emmett, que te quede claro que Newton ni me va, ni me viene ―le contesté, entrecerrando los ojos, retándolo con la mirada.
―¿De verdad, Bella? Hay rumores que dicen que tú y Newton tuvisteis un encuentro fortuito en las duchas…
―¡Alice! ―Grité, mirándola acosadoramente.
―Lo siento, lo siento. Se me fue la lengua y no sé cómo, acabé por contar mis imaginaciones. Lo siento, Bella ―Puso su puchero chantajista para que la perdonara.
―No pasa nada, Alice. Ay, Emmett por Dios, sabes que Alice se cree sus propios cuentos y los cuenta por ahí. Y este es uno de ellos ―Rodé los ojos.
―Gracias, Bella ―murmuró ella dolida, pero todos sabíamos ―incluso la misma Alice― que ella hacía eso.
―Entonces… ¿nada de encuentros calentones en las duchas?
―Nada de eso, Emmett.
―Por cierto, Emmett. Mi madre está deseosa de verte. Claro, a Jasper también ―aclaré cuando este último me miró inquisitivamente―. No te me pongas celoso, Jasper, que sabes que mi madre también se acuerda de ti.
―¿Por qué no vamos esta tarde? ―Propuso Alice. Cómo no, tenía que estar todo el día en la calle―. Si a tu madre no le importa, claro.
―Por supuesto que no, sabes de sobra que mi madre siempre os recibirá con los brazos abiertos.
―Entonces genial. La función de la película empieza a las doce…
―¿Tan tarde? ―Pregunté.
―Sí, es el estreno ―Aclaró, para seguir con su majestuoso plan―: Claro que antes de ir al cine, Rose y yo nos pasaremos por tu casa para arreglarte. No puedes ir mal vestida, Bella; eso no lo permitiría ―Dijo con dramatismo―. Después, Emmett y Jasper nos recogerán en casa de Bella y nos podremos ir. Pero antes de eso, nos presentas a tu hermano.
―Hay un pequeñísimo detalle, Alice: comparto habitación con mi hermano.
―Eso no supone un problema, Bella ―Comentó Rosalie, pero Alice tenía una expresión horrorizada en la cara.
―¡Eso no puede ser, Bella! ¡Quiere decir que la capacidad de ropa de tu armario ha disminuido considerablemente!
―Ni que fuera un pecado capital ―Dije loca de alegría; eso significaba que cuanto menos espacio, cabría menos ropa. Proporcionalidad directa, hasta eso sabía yo. ¡Y por una vez, Alice no se saldría con la suya!
―Para mí, sí que lo es. Dile a tu madre que tengo que hablar con ella urgentemente.
―Vamos, Alice. Pero si mi hermano a penas traía ropa.
Mierda, ¿para qué habré dicho eso? Alice tenía una sonrisa traviesa en los labios, diciéndome que quería hacer algo respecto a la ropa de Edward. Oh, Dios. ¡Pero si apenas me dejaba tocar sus cosas! ¿Le iba a dejar a Alice? Tampoco veía a Edward caer rendido ante el puchero de Alice, pero esa enana tenía siempre un as bajo la manga.
―Ni se te ocurra, Alice ―avisé.
―¿El qué, Bella? ―Preguntó, haciéndose la niña buena.
―¿Nunca te dijeron que es de mala educación hurgar en las cosas de los demás, enana? ―preguntó Emmett.
―No que yo recuerde, pero gracias, oso. Además, le voy a pedir su permiso y lo voy a conseguir como sea.
―Suerte con eso ―dije.
Después de eso, los cinco nos dirigimos a nuestras respectivas clases. Los profesores parecían agotados y solo querían que el timbre sonara para ser libres durante un fin de semana largo y extenso. Al igual que yo, estaba harta de las incoherencias que decían los profesores; las cuales solo ellos entendían la explicación y además, parecía que mi cabeza iba a estallar. Necesitaba una pastilla ya.
Alice y yo esperamos a Jasper, Emmett y a Rose después de la última clase para aclarar la hora en la que habíamos quedado, pues entre las tonterías de esta gente que tengo por amigos no me habían dicho ni a qué hora, ni qué íbamos hacer ―aparte del cine―… aunque eso era más que obvio; ir de compras.
―Hey, chicas ―saludó Emmett llegando a nuestro lugar.
―Emmett ―Saludamos con una sonrisa. Jasper y Rose estaban detrás de él, conversando de no sé que cosa.
―Y bueno, Bells… ―empezó Emmett como quien no quiere la cosa―. ¿Hoy no te ha dado la brasa Mike? ―Preguntó con una sonrisa pícara.
―¿Qué has hecho ya, Emmett? ―Preguntamos todos al unísono.
―¿Yo? Yo no he hecho nada ―puso un puchero mientras que nosotros rodábamos los ojos―. En serio, Bella, ¿no estás harta de ese niño?
―Sí, pero si él es feliz… allá él, voy a seguir dándole calabazas ―contesté alegremente.
―Eres la persona más rara que he conocido en toda mi vida ―Dijo Emmett anonadado. ¿En serio?
―¿De verdad, Emmett? ―Preguntó Jasper, intentando no dejar escapar la gran carcajada que amenazaba salir de su garganta―. Vale que seas gracioso y a veces un poco corto de mente, pero esto ya se pasa…
―¿Eh? ―Murmuró―. En fin, que a partir de ahora, Mike no te va a seguir atosigando.
―¿Qué le has hecho, Emmett? ―Entrecerré los ojos y me posicioné frente a él.
―Yo… yo… nada, no he hecho nada ―susurró, desviando la vista.
―Vamos, Emmett, sabes que no te voy a hacer nada; soy demasiado rara ―contesté dulcemente.
―No, en serio, no he hecho nada… aunque bueno, puede que en el vestuario haya dicho algo referente a ti…
―¿Qué has dicho, Emmett? ―Pregunté en el mismo tono dulce. ¡A saber lo que había dicho de mí!
―Que tu hermano había vuelto y que era muy posesivo contigo… Que era algo así como yo con Alice y que puede que yo haya dicho que es un tipo espeluznante como para mantenerse lejos de él a doscientos kilómetros a la redonda ―Contó.
Yo solamente pude echarme a reír; pero no suavemente. No, me empecé a reír a carcajada limpia, de estas que inconscientemente echas la cabeza para atrás. No sabía de qué se estaban riendo los demás, quizás de lo cómico que se veía Emmett intimidado por mí, o por cómo me miraba Emmett, con esa cara de «no me quites la Play, mamá».
―¡Por Dios, Emmett! ―Dije cuando pude calmarme a medias―. Mi hermano posesivo… ―risas―. ¡Posesivo con sus cosas, no conmigo!
―Además, sería protector, no posesivo… eso se suele dar en casos de novios ―corrigió Jasper, soltando otra carcajada.
―¡Y no es para nada espeluznante! ―Volví a reírme a carcajadas, sin poder parar de reír.
―Bueno, bueno ―me paró Emmett, cogiéndome por la cintura, obligándome ir hacia delante, sin parar mis risas―. Un error lo tiene cualquiera.
―Sí, se puede entender en un ejercicio de matemáticas, pero no en hablar de una persona sin conocerla. Y además, fallar estrepitosamente en todo.
―Escucha esto bien Isabella Cullen: algún día me lo agradecerás.
―Sí, claro ―murmuré, limpiándome una lágrima que caía por mi mejilla.
―Mira quién va por allí y ni viene a despedirse. ¡Qué mal…! ―Empezó Rosalie.
―Ni se te ocurra decir esa palabra, Rose, o no soy responsable de mis actos ―Le mandé una mirada furibunda. Sí que estaba yo bipolar hoy.
―¿Novio? ―Gritó Alice, para irse dando saltitos hacia su Porsche amarillo. Jasper se fue detrás de ella mientras suspiraba. Rose, Emmett y yo nos dirigimos a nuestros coches, al lado del de Alice. Sí, y Emmett me llevaba todavía agarrada de la cintura.
Iba a pedirle que me dejara libre para así ir detrás de la enana, pero algo me detuvo. Tanya, una chica bastante amable, aunque algunas veces se le iba la vena pija, estaba hablando con un chico de cabellos cobrizos… Ese extraño color cobrizo que tanto me llamaba la atención… No, no podía ser él, ¿verdad? ¿Qué hacía aquí? Já, y encima estaba apoyado en mi coche, genial.
―¿Qué haces aquí? ―Le pregunté desconcertada.
―Hola a ti también, Bella ―respondió con una sonrisa.
―Sí, hola. ¿Qué estás haciendo aquí? ―Le volví a inquirir.
―Bella, a veces eres tan lenta… ―murmuró.
―Uf, eso no lo debería haber dicho ―Comentó Emmett en un susurro mientras terminaba la frase con un «la, la, la».
―Cállate ―Le dije―. ¿Me vas a responder?
―Que sí, Bella ―Rodó los ojos―. He venido a ver el instituto.
―Ajá… ―murmuré―. Hola, Tanya ―Saludé, disculpándome con la mirada, no haberla saludado antes.
―Hola, Bella ―Contestó.
―¿Nos vamos, o qué? ―Le pregunté al ver que no se movía.
―¿No nos vas a presentar, Bells? ―Preguntó Emmett con un puchero. Sabía que lo estaba deseando desde que fuimos a su lado.
―Emmett, compórtate, por favor ―Le riñó Rosalie, dándole un zape en la nuca.
―Bueno… oye, ¿dónde está la enana? ―Pregunté; algo me decía que si Emmett y Rose conocían primero a Edward, se iba a enfadar.
―Seguro que se está desahogando con Jasper ―Contestó el oso que tengo por amigo.
―¡Por Dios, Emmett!
―Perdona, Rosie ―Murmuró éste, poniéndole otro puchero a Rose.
Rosalie se fue al Porsche de Alice que estaba al lado del Jeep de Emmett. Allí se bajaron Alice y Jasper con una sonrisa juguetona en los labios.
―Ni se te ocurra ―Murmuré cuando Emmett iba a soltar un comentario de los suyos.
―¡Hola! ―Saludó efusivamente Alice, antes la expectativa de conocer a alguien nuevo. Me pareció ver que Edward se acercaba más a mí, como si le tuviera miedo a Alice.
―Edward, ella es Rose ―Comencé. Ella se acercó a mi hermano y le dijo un «encantada»―. Este es Emmett, el pesado de turno ―Emmett se acercó a él, estrechándolo en un abrazo de los que me daba a mí, elevándolo del suelo―; Emmett, Edward no es yo.
―¿Celosa, Bella? ―Murmuró, a lo que le ignoré.
―Yo que tú estaría más preocupado de que tu novia no te arrancara el pescuezo. En fin, ella es Alice ―La enana se fue danzando hasta él y le dio un abrazo y un beso en la mejilla. Edward se quedó en shock, sí, a mí me pasó lo mismo cuando la conocí―. Y él es Jasper ―Este último, como era más civilizado que Emmett, le ofreció la mano. Por las expresiones de Edward, creo que el mejor que le ha caído ha sido Jasper. ¡Con razón! Jasper era el más normal del grupo. Iba a presentar a Tanya, pero se había escabullido del grupo, no sé en qué momento.
Como siempre, me interrumpieron cuando iba a explicar quién era Edward. A ser más exactos, Alice.
―¡Bella! ¡Por eso no querías salir con Mike, porque ya tenías novio! ―Todo tipos de colores subieron a mis mejillas, en cuanto Alice lo dijo.
―¡Mira la niña, nos ha salido lista! ―Murmuró Emmett. Comentarios así no dejaban de escucharse entre los cuatro. Miré a Edward con la disculpa dibujada en mi rostro. Él me dirigió una sonrisa y se llevó dos dedos a su boca, para silbar. Todos se callaron.
―Gracias ―Le agradecí―. Pero, ¿De qué estáis hablando?
―De que tú… de que Edward es tu novio ―Dijo Rose con una sonrisa.
―Pues estáis equivocados ―Dije, y aprovechando que estaban callados, proseguí―: Chicos, él es Edward, mi hermano. ¡Ese que tanto me habéis insistido para que os presente! Os lo presento, y solo podéis pensar que es mi novio.
―¡Qué barbaridad! ―murmuró Edward por lo bajo.
―Lo sentimos, Bella; pero es que no os parecéis ni en el blanco de los ojos ―Comentó Alice con los ojos abiertos como platos.
―Lo tomaré como un halago ―Volvió a murmurar Edward; ya estaba casi detrás de mí. ¿Tanto miedo daban? No lo quería ni pensar…
―Bueno, Edward, sentimos… mmm… si te hemos incomodado ―Se disculpó Jasper.
―No pasa nada, Jasper ―Contestó él.
Ambos estuvieron hablando junto con Emmett, mientras que Rose y Alice me arrastraban a un lugar apartado.
―¿Por qué no nos dijiste que tu hermano era guapo? ―Preguntaron las dos a la vez.
―Sinceramente, porque no me lo preguntasteis ―Le respondí―. Oye, Alice, ¿no se te hace tarde para irte preparando para esta tarde?
―¡Cierto! ¡Jazz! ―y se fue hacia Jasper con Rose y conmigo detrás de ella―. Oye, Edward, Bella me ha dicho que no tenéis espacio en el armario…
―¡Yo no he dicho eso, Alice! Solo he dicho que compartía habitación con Edward y tú has dado por sentado que no cabía nuestra ropa.
―Es lo mismo, Bella. Puedo apostar que Edward no tiene ropa ―Bufé ante su respuesta.
―¿Sabes qué, Alice? Pregúntale directamente, no le gusta que le den vueltas al asunto.
―Mucho mejor. ¿Quieres que te ayude a elegir ropa nueva?
―Mmm, muchas gracias, pero estoy bien con mi ropa ―Respondió; mal asunto.
―Me parece bien, pero aún así, no puedes ir por la vida con una camiseta básica y unos pantalones vaqueros ―Contestó―. Por cierto, ¿Bella te ha dicho que vamos a ir a Seattle?
―No, Alice, ¿Cómo quieres que se lo diga si lo acabo de ver? ―respondí por él.
―Algo he escuchado… ―Dijo Edward.
―Pues bien, tú te vienes con nosotros ―Advirtió Emmett, esperando a que Edward le diera una negativa.
―Claro ―aceptó―. ¿A qué hora y dónde?
―No te preocupes por eso; Iremos a recogeros a vuestra casa. Hace tiempo que no vemos a vuestra madre y hoy a aclamado nuestra presencia ―Claro, Rose, y para arreglarme no, ¿verdad?
―Está bien. Nos vemos después ―se despidió con una sonrisa.
―Hasta luego ―contestaron. Abrí la puerta del coche y entré en ella, esperando a que Edward entrase para poner rumbo a casa.
―Vaya panda de amigos que tienes, Bella ―Y volvemos con su tono arrogante.
―Aunque parezcan un poco… raros, son buena gente ―contesté.
―Sí, ya me he dado cuenta… y puedo ver que tú no desentonas ―Rió.
―Sí, Edward, y te puedo decir que tú tampoco vas a desentonar.
¡Hola!
Bueno, aquí estamos con otro capítulo; esperamos que os haya gustado.
Muchas gracias por dejar los reviews que dejais, en serio :)
Por cierto, pasaros por nuestras historias; acabo de subir una nueva que de llama «Love's Little Book»que es una Traducción y tiene poquitos Reviews... la verdad, me esperaba más. También pasaros por los de Chika-midori, «El corazón de Uchiha Sasuke» aunque sea de Naruto (:
¡Espero que nos leamos pronto! :3
Robert Ashley Cullen Swan & Chika-midori :)
