Hiiii~

Aquí traigo el cap 4 del fic :3 ¡Espero que os guste!

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Después de las explicaciones y las posteriores deliberaciones de Al Mualim, finalmente Abbas fue obligado a realizar otro año de entrenamiento. Durante ese tiempo, Altaïr y él terminaron de distanciarse, dado que ninguno de los dos quería saber nada acerca del otro, y con el paso de los meses, los dos quedaron como simples desconocidos conviviendo en un mismo lugar.

Abbas había sido trasladado a otra habitación, por lo que el muchacho de cabello castaño no compartía alcoba con nadie, algo que había logrado apreciar debido a la tranquilidad que aquello le reportaba después de todas aquellas largas noches sin poder dormir debido a las pesadillas del que fuera su mejor amigo.

En cuanto a su relación con los demás novicios, todas se mantuvieron igual, exceptuando la que mantenía con Malik y, por extensión, con la de Kadar, los tres volviéndose cada vez más estrechos aunque el mayor de los Al-Sayf tratara de seguir sosteniendo su coraza de indiferencia hacia Ibn-La'Ahad, además de su omnipresente rivalidad.

Fue en el transcurso de ese año cuando Al Mualim anunció el ascenso de Altaïr y Malik al segundo rango de la Hermandad, dotándoles de una espada larga y una hoja oculta a cada uno. Como consecuencia de ello, los dos perdieron el dedo anular de la mano izquierda, demostrando de esa manera su compromiso con la Orden y su sumisión y respeto al Credo de los Asesinos.

Era un caluroso día de verano en la región; la mayoría de hermanos se encontraban entrenando a pesar del calor, mientras que otros, más holgazanes, decidían acostarse a la fresca sombra, dejando pasar el tiempo de esa manera. No era el caso de Malik Al-Sayf, el cual estaba ajustándose su hoja oculta a la muñeca después de haberse vestido, cogiendo posteriormente su espada larga, colocándosela en la cadera.

—¡Me alegro mucho por ti, hermano!

Malik miró a Kadar, el cual parecía estar incluso más alegre que él, de ser eso posible. Aquel día, el mayor de los hermanos Al-Sayf saldría por primera vez de Masyaf en una misión que Al Mualim le había otorgado, acompañado de otro joven de su mismo rango. Aun no sabía quién sería, dado que tenían que terminar los preparativos de la misión, y tan sólo le habían informado de que partiría casi al anochecer hacia el sur, hacia Jerusalén.

—Ten cuidado, ¿vale? ¡Irás muy lejos!

—No tanto, Kadar. Estaré de vuelta en dos semanas a más tardar, imagino. Probablemente en menos tiempo. Igualmente, para cuando vuelva espero que hayas mejorado. Te retaré a un combate para medir tus habilidades, ¿entendido?

—¡Entendido, hermano! ¡Mucha suerte, para ti y para tu compañero de misión!

El mayor de los hermanos sonrió, acariciando la cabellera del pequeño con algo de pesar al tener que dejarlo solo, y tras ajustarse el cinturón y colocarse la capucha gris sobre el rostro, se encaminó al despacho donde el Maestro de los Asesinos aguardaba, viendo al que sería su compañero de misión, aunque de espaldas a él por lo que no pudo reconocerlo. Pero tenía un presentimiento que no sabía si sería agradable o no.

—Maestro—saludó Al-Sayf, inclinando la cabeza.

—Malik, él será tu compañero de misión, Altaïr Ibn-La'Ahad. No es una misión peligrosa, así que sólo os mandaré a vosotros dos. Contaréis con la ayuda de más Asesinos cuando lleguéis a vuestro destino, ya que están dispersos por la ciudad de Jerusalén. Recordad que debéis ir a la Casa de Asesinos nada más entrar en la ciudad para informar al rafiq y que él os dé el consentimiento. Estará sobreaviso, así que no le tomaréis de sorpresa. Recordad, discreción, silencio. Atacad solo si es preciso. Se trata de una misión informativa, no es pertinente ningún asesinato. Sólo exijo información. No os demoréis más de trece días, incluyendo el tiempo que gastéis en el viaje de ida y de vuelta. Es una misión sencilla, pero igualmente importante, así que no toleraré errores. Los dos sois alumnos extraordinarios. Tratad de aprender durante la misión, no sólo en la fortaleza se os inculcan conocimientos.

Altaïr y Malik asintieron al unísono, haciendo una reverencia ante el Maestro antes de retirarse, no sin recitar las tres normas básicas, el pilar de la Hermandad, el Credo de los Asesinos, y grabarlo a fuego en su memoria.

Mientras caminaban hacia las afueras de Masyaf, los dos se miraban de hito en hito, Malik con los brazos cruzados sobre el pecho mientras Altaïr introducía las manos en los bolsillos del pantalón, sintiendo la tensión en el ambiente gracias a Al-Sayf.

—Kadar dijo que te desea suerte—comentó el joven de ojos oscuros con cierta desgana.

—Le daré las gracias cuando regrese.

—Bien.

Tras eso, ninguno de los dos volvió a entablar conversación, aunque Ibn-La'Ahad estaba con una tranquila sonrisa en los labios y una mirada despreocupada en sus ojos dorados, algo más claros y brillantes por los últimos rayos de sol que se veían en el horizonte.

Al llegar a las cuadras, los jóvenes miraron los caballos disponibles, Malik eligiendo un caballo alazán mientras que su compañero optaba por un corcel de un brillante tono negro.

—Ese es un poco nervioso, yo que tú elegiría el blanco—informó el mozo de cuadras, acercándose a los jóvenes y señalando al caballo negro—. Además, te pateará si le caes mal. No tiene buen carácter.

Altaïr contuvo la risa ante el comentario, mirando de reojo a Malik sin poder evitar comparar a su compañero con el caballo, y se montó en la silla, agarrando fuertemente las riendas para evitar caerse cuando el animal se encabritó.

—No quiero saber nada si te caes y te rompes los dientes—dijo Al-Sayf, subiendo a su tranquilo ejemplar.

Trotando por la zona, miró con una ceja alzada cómo Ibn-La'Ahad trataba de domar al corcel, hasta que finalmente lo doblegó, no del todo, pero lo suficiente como para que no lo tirase a la primera oportunidad.

—Se me da bien domar a las bestias salvajes—comentó, mirando a Malik desde el fondo de su capucha gris.

El mayor de los Al-Sayf chistó, incómodo como tantas otras veces, y se despidió del joven que les había atendido, clavando los talones en los ijares de su montura para que ésta comenzase a galopar, seguido de Altaïr. Para cuando dejaron Masyaf atrás, su fortaleza desdibujándose en la distancia, la luna ya estaba alta en el firmamento y el frío de la noche se abría paso.

A pesar de que ya era noche cerrada, decidieron seguir adelante sin detenerse dado que los dos estaban descansados. No obstante, tuvieron que parar tiempo después para que los caballos tomasen un respiro, ya que no querían que a los animales se les rompiera alguna de sus patas o simplemente colapsaran. Así pues, buscaron un sitio resguardado, lejos de cualquier peligro para poder acampar lo que restaba de noche, y en el que los equinos pudieran abastecerse, así como ellos también si lo necesitaban.

Malik se sentó junto a su ejemplar, escuchando su lenta respiración mientras miraba el brillo que la luna arrancaba a su piel perlada de sudor por la carrera desde Masyaf. Sacó entonces un pequeño trozo de tela de las alforjas para secarlo, pasándolo con cuidado por el pelaje oscuro del animal, y después le dio unas palmaditas en el cuello, mirando aquellos grandes ojos propios de los caballos árabes. Se giró, dándole la espalda, apoyó ambos brazos sobre las rodillas, entrelazó los dedos y miró hacia el cielo. Era la primera vez que salía fuera de su hogar y, aunque estaba emocionado y extasiado, empezaba a sentir ese molesto tirón que producía la nostalgia y lo desconocido.

Nunca había pasado una noche fuera de su habitación...y tan lejos de su hermano pequeño.

—¿Echas de menos Masyaf? No hace ni medio día que nos fuimos.

Al-Sayf giró la cabeza hacia su compañero. Altaïr se encontraba de pie cerca de él, con una mano apoyada sobre su espada y otra ajustándose la capucha sobre los hombros, dejando a la vista su rostro. Sus ojos dorados lo miraban, de nuevo, tan fijamente que Malik frunció el ceño mientras desviaba la vista, encogiendo los hombros con indiferencia.

—Mi hermano está allí—fue lo único que dijo.

Sin pedir permiso, Ibn-La'Ahad se sentó al lado del otro muchacho, cruzando las piernas, y siguió mirándolo, como siempre hacía. A Malik le ponía demasiado nervioso, odiaba que le mirase sin decir nada.

—¿Quieres dejar de mirarme de esa manera? Me irrita.

—Me enseñaron que los vínculos afectivos te hacen débil—dijo Altaïr, ignorando lo que su acompañante dijera—. Mi padre murió, pero casi no lo sentí. El dolor apenas duró unos pocos días.

—Kadar es lo único que tengo y yo soy lo único que tiene él—contestó Malik, esta vez con la voz casi temblando por la ira—. Si me preocupo por mi hermano o no, o si guardo lazos afectivos con él o no, no te incumbe para nada. Es mi familia, me da igual cómo te educasen a ti. Si me disculpas, aprovecharé este lapso de tiempo para descansar.

—Montar a caballo cansa, lo entiendo.

''No, tú me cansas'' pensó el otro, renegando mientras le daba la espalda a Altaïr.

El joven de cabello castaño se dedicó a mirar a Malik, el cual se había tumbado en el suelo, casi hecho un ovillo, y tras unos minutos, comprobó que se había quedado dormido, su respiración siendo tranquila y acompasada, lenta. Se movía ligeramente, de vez en cuando hacía algún que otro ruido y parecía estar buscando algo, ya que tanteaba el suelo algunas veces, en sueños.

Altaïr dejó escapar un quedo suspiro, negando con la cabeza, un tanto divertido por la estampa que ofrecía el siempre malhumorado Malik, que tan sólo parecía alegre cuando se encontraba con su hermano pequeño. Se tumbó entonces a su lado, bocarriba, con una mano sobre su abdomen y la otra reposando junto a su cabeza, su mirada perdiéndose en el brillo de las estrellas.

No pasó mucho tiempo para que sintiera la mano de Malik cerca de su brazo, hasta que notó en sus dedos el roce de los de Al-Sayf, y al girar la cabeza, vio que el joven se había dado la vuelta hacia él y parecía murmurar algo en sueños.

Ibn-La'Ahad logró entender qué era lo que decía su compañero y, ante esas palabras, volvió a sonreír.

''Buenas noches, Kadar''

—Pura apariencia la tuya, Malik—murmuró el joven.

Poco a poco, Altaïr fue cerrando los ojos hasta quedar finalmente dormido, sus dedos entrelazados con los de Malik, como si fueran dos niños pequeños asustados de la oscuridad.

A la mañana siguiente, el primero en abrir los ojos fue Ibn-La'Ahad, sintiendo sobre sus párpados las primeras luces del alba, tan hermosas como incómodas. Frunciendo el ceño y pestañeando, se incorporó, apartando con cuidado su mano de la de Malik. Después de desperezarse, trató de despertar a su compañero, el cual tardó un par de minutos en reaccionar como debiera.

—Tenemos que movernos—dijo Altaïr.

—Dame un momento, quiero refrescarme antes de continuar el viaje. Hasta que lleguemos a Jerusalén, puede que no nos topemos con más lugares donde haya agua en abundancia.

Dándose media vuelta, Malik se acercó al arroyo, quitándose la túnica y demás parafernalia hasta quedarse con sus pantalones oscuros, introduciéndose después en las frías aguas. Formando un cazo con sus manos, las hundió bajo el líquido y se lo echó por la cabeza, sintiendo los finos regueros de agua helada recorrer su espalda y torso hasta llegar a la única prenda que llevaba.

—Altaïr, yo que tú no me quedaría de brazos cruzados—dijo, girándose para poder verlo—. Aprovecha ahora que puedes.

—No es...necesario—contestó, quedándose en la rivera, mirando con cierto disgusto la corriente de agua.

Malik enarcó una ceja, cruzando los brazos sobre el pecho mientras miraba a Ibn-La'Ahad, hasta que cayó en la cuenta de lo que podría estar sucediéndole.

—¿Y no será que te da miedo el agua?

—¿Qué? No, es sólo... ¡No!

—Te da miedo el agua.

—No sé nadar—acabó por confesar el otro, molesto.

—Pero...si esto no cubre, Altaïr. Me llega el agua por la cintura y no hay nada más profundo. Podríamos pasar el arroyo andando de ir por esa dirección. Ni siquiera resbala, no hay probabilidad de que mueras ahogado. Además, en el hipotético caso de que cubriese, tendría que asegurarme de que no te ahogues. No quiero quedarme sin compañero en mi primera misión, probablemente al Maestro no le gustaría.

Altaïr se lo pensó un par de segundos más, el tiempo suficiente como para que el inmisericorde sol le instase a hacer caso a Al-Sayf y aprovechase aquella oportunidad para refrescarse. Así pues, se desvistió rápidamente, quedándose igual que su compañero, y se metió al agua, un tanto desconfiado.

—No se te ha quitado.

—¿Uhm? ¿El qué?—preguntó el joven de ojos dorados ante las palabras del otro.

—La herida que te hizo Abbas en el costado, te dejó cicatriz. Ha pasado mucho tiempo ya.

—Ah, eso...—murmuró, acariciándose el lugar—Una de las tantas que acabaré teniendo en un mal combate.

Los dos muchachos terminaron de asearse en silencio y, tras terminar de vestirse, se subieron a sus respectivos caballos y siguieron con su camino hacia Jerusalén.

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Claro que esa escena es amor, Aidiki *O* Y el dibujo te quedó GENIAL. Eso sí que es amor~

Bueno, como mi buena colega Aidiki subirá ese dibujo a su cuenta de DeviantArt, os dejo el link~ Y ya de paso miráis el cómic de Altaïr y Malik que está haciendo, que es asddadsdasdasdasdas SUBLIME! Y el resto de su galería es puro amor *-* (aquí va el http :'D) aidiki - chan . deviantart (y aquí el .com ~) *alguien dejó entrar al Capitán Obvio*

Gracias por leer :D

¡Ya nos leemos! ^^