Disclaimer:Todos los personajes pertenecen a S.M, solo la trama es de Chika-midori y mía.
Blood Lovers
Capítulo 5
Bella's Pov.
Llegamos a mi casa todo lo rápido que pudimos, pues mi coche no era el mejor de todo el mercado. Es más, dudo que lo fabriquen todavía. Mi querido hermano iba refunfuñando por la velocidad del «trasto», como lo llamaba él. Se cruzó de brazos y se dedicó a mirar por la ventana. ¿Tenía que soportar esto durante una tarde entera? Creo que mi capacidad mental no daba tanto de sí. Durante todo el trayecto estuvimos en un incómodo silencio, en el cual solo se escuchaban los bufidos de Edward. Me apeé del coche una vez aparcado y me adentré en la casa; me dirigí a la cocina, donde estaba mi madre.
―Hola, mamá ―Saludé.
―Hola, Bella. ¿Y tu hermano? Dijo que iba a ver el instituto ―Comentó.
―No sé; se habrá quedado en el salón o en el cuarto ―Me encogí de hombros y me serví un vaso de agua.
―¿Cómo te ha ido en el instituto? ―Preguntó mientras apagaba el horno.
―Emmett la ha liado de nuevo ―Reí, acordándome de lo sucedido.
―¿Qué ha hecho ya Emmett?
―Ha insinuado que Edward era muy posesivo conmigo y que era un tipo espeluznante para que Mike se alejara de mí. Ahora Rose y Alice se meten conmigo porque mi «novio» no se acerca a mí ―Me froté la frente y solté unas risitas.
―Esas dos no tienen vergüenza. ¿Han conocido a Edward?
―Sí, Alice y Emmett estaban emocionados y creo que lo han asustado ―Me encogí de hombros
―Ya sabes que Rosalie y Jasper son los más civilizados.
―Si tú supieras las tonterías que hacen esos dos. Y más cuando les da la vena «mellizos» y empiezan a hablar y el otro termina la frase; ahí sí que se motivan ―Mi madre rió suavemente―. Además, han confundido a Edward con mi novio.
―Típico de ellos. Nunca te dejan terminar una frase cuando ya están aventurando otra cosa perfectamente distinta. ¿Puedes llamar a tu hermano? La comida ya está lista.
―Claro ―En ese momento, mi móvil empezó a sonar desde el salón. Fui hacia allí y vi que mi hermano tenía el aparato en sus manos―. ¿Se puede saber qué haces, cotilla? ―Fui hacia él e intenté arrebatarle el teléfono de las manos.
―Uh, es de un tal Mike. A ver qué dice ―Se giró en el sofá y yo me puse tras su espalda. ¿Por qué tenía que tener una espalda tan ancha?―. «Siento no haberme despedido de ti esta tarde. He sido un pésimo novio, pero Emmett ha dicho algo de tu hermano y… y quiero recompensarte no haberte dado un beso de despedida. Así que, ¿quieres salir conmigo?, Mike»
Dejé de forcejear y me empecé a reír carcajadas limpias. ¿Cómo podía ser tan tonto ese pobre chico?
―¿Por qué te ríes de tu novio? ―Preguntó Edward. Eso causó que las ganas de reír que tenía se intensificaran. Ay por Dios. Debía de hacer algo con ese chico o no sería responsable de mis actos.
―Porque es idiota ―Me limpié las lágrimas que caía por mis mejillas de la risa.
―¿Llamas idiota y te ríes de tu novio? Vaya, hermanita, no te veía tan frívola.
―Es que es verdad. El pobre tiene ilusiones conmigo y por mucho que le diga que no quiero tener nada con él, sigue con lo suyo. Me acosa por los pasillos del instituto y casualmente coincidimos en todas las clases. Es un iluso si piensa que voy a salir con él ―Solté unas cuantas carcajadas más y me levanté del sofá, no sin antes quitarle el teléfono a Edward―. Ya está la comida.
Me dirigí a la cocina y mi madre me preguntó lo que me pasaba con la mirada. Le relaté lo que había sucedido y acabó riendo conmigo. Eso me alegraba, hacerla reír era lo mejor que podía hacer en la vida y hacía ya un tiempo que no la veía reírse de verdad. Me senté en mi lugar y me serví la comida.
―¿Has quedado con los chicos, Bella? ―Preguntó mi madre. Gracias a Dios que rompió el incómodo silencio que reinaba en ese momento en la mesa.
―Sí, vamos a ir a Seattle a ver una película. También han invitado a Edward ―Me encogí de hombros―. De todas formas, Alice y Emmett querían verte, así que van a venir aquí y ya sabes lo que conlleva eso ―Resoplé.
―Barbie Bella ―Afirmó mi madre. Yo asentí pesadamente con la cabeza y solté un suspiro de exasperación. Cuanto odiaba que hicieran eso.
―Solo quieren que te veas más hermosa de lo que ya lo eres, Bella ―Dijo y yo la miré con cariño―. No debería importante ―En ese momento, el timbre de la puerta resonó en la cocina.
―Ya voy yo.
―¡Bella! ―Saludó Alice alargando las vocales―. ¡Qué alegría verte de nuevo! ―Me aparté de la puerta y dejé que los cuatro entrasen a la casa―. ¡Esme, tengo que hablar urgentemente contigo! ―Prácticamente corrió hacia la cocina―. ¡Hola, Edward!
―¿Qué vamos a hacer con esta muchacha? ―Preguntó retóricamente Emmett.
―Dejarla tal y como está ―Sonrió Jasper y nos fuimos a la cocina.
―Por favor, Rosalie, no me maltratéis mucho, ¿vale? ―Pedí suplicante. Aunque sabía que no iba a servir de nada.
―Ay, Bells, ahora más que nunca debes estar monísima ―Guiñó un ojo y me abrazó por el cuello. Entramos a la cocina y allí ya estaban todos―. ¡No me lo puedo creer! ¡Emmett, por Dios, que ya has arrasado con la comida de mi casa!
―Eso, ten un poco de respeto hacia Esme ―Le riñó Alice. Emmett miró a Esme.
―Sigue, Emmett; no te preocupes ―Asintió mi madre―. ¿Y cómo os va todo? Hace tiempo que no os veía y aunque Bella me cuenta algunas cosas, la casa os echa de menos.
―Va todo perfectamente, Esme ―Contestó Alice y besó a Jasper en la mejilla.
―Yo no me puedo quejar con Emmett, aunque a veces sea lo bastante maleducado e infantil ―Comentó Rosalie y acto seguido Emmett pegó su boca con la suya, haciendo que todos soltásemos exclamaciones de asco.
―¡Conseguíos un hotel! ―Dijo Alice.
―Por Dios, Emmett, que es mi hermana. Un poco de respeto, por favor ―Dijo Jasper.
―Oye, que yo no digo nada cuando os pasáis de cariñoso tú y Alice.
―Pero Alice no es tu hermana. Rosalie sí es mi hermana y melliza ―Jasper puso una sonrisa de suficiencia, al ver que Emmett no había contestado.
―¿Qué era eso de lo que me quería hablar, Alice?
―Bella me ha contado que ahora comparte habitación con Edward y he supuesto que la ropa de ambos no va a caber en el pequeño armario de Bella.
―Se las arreglarán bien; no te preocupes por nimiedades ―Contestó mi madre.
―Pero había pensado en comprar uno más grande o…
―Lo siento, Alice. En estos momentos no andamos muy bien económicamente, así que no nos podemos permitir comprar un armario ―No me pasó desapercibido que Edward se había tensado momentáneamente y había vuelto la mirada hacia mi madre.
―¡No te preocupes, Esme! ¡Lo compraría yo! Con la paga que me dan mis padres me lo puedo permitir. Además, en Ikea no están muy caros los armarios.
―Eso sí que no te lo voy a permitir, Alice. Ese dinero es para ti, no para comprarme a mí un armario ―Interrumpí ahora.
―Está bien ―Suspiró―. Tendremos que buscar otra solución. Y bien, querida Bella, ¿estás preparada para otra sesión de Barbie Bella?
―¡No! ¡Sabéis que lo odio! ―Ambas me empujaron hacia el interior de mi habitación y comenzaron a hacer cosas raras con mi cabello y en mi cara.
…
Después de una hora, estaba completamente arreglada. Me habían obligado a ponerme un vestido vaquero con botones delante y un pequeño cinturón marrón que bordeaba la zona de debajo de mis pechos; en conjunto con el vestido, calzaba unos botines de nueve centímetros de tacón con cordones en la delantera. En mi cara no habían hecho mucho, solo lo básico y el cabello me lo habían dejado totalmente liso junto con una felpa del mismo color que el cinturón y los botines.
―¿En serio, Alice? ¡Me voy a matar con esto! ―Chillé histérica.
―Tranquilízate y seguro que así tienes menos riesgos de caerte ―Sugirió Rosalie. Abrió la puerta y bajamos lentamente. Bueno, yo bajé lentamente por temor a caerme rodando por las escaleras. Las dos ya se habían ido con sus parejas y me preparé mentalmente para soportar los bufidos y suspiros de Edward.
―¡Cariño, te ves preciosa! ―Me alabó mi madre. ¿Qué se supone que le iba a decir a su propia hija?
―Si no fuera por estos tacones, me sentiría mucho mejor. Créeme ―Le dije.
―Venga, Bells, no es para tanto.
―No lo será para ti que llevas, prácticamente, toda tu vida encima de ellos ―Bufé.
―Venga, iros ya que se os hace tarde ―Apremió mi madre.
Nos despedimos de mi madre y salimos al exterior. Me tuve que agarrar a Jasper para llegar al Porsche de Alice. Edward se vino con nosotros en el Porsche de Alice y durante todo el trayecto hacia Seattle, Alice se pasó haciéndole preguntas a Edward, aunque este se limitaba a encogerse de hombros o contestar con las palabras necesarias y apenas daba explicaciones. Yo miraba la ventana; no me apetecía participar en la «conversación» que mantenían Alice y Edward. Jasper también iba callado y de tanto en tanto miraba a Alice pidiéndole que se moderase un poco y después a Edward, con una mirada de disculpa.
―¿Estás emocionada, Bella? ―Preguntó Alice, en algún punto del trayecto.
―¿Debería estarlo? ―Contesté.
―¡Por supuesto que sí! Vas a pasar una divertida tarde con tus amigos y con tu hermano. ¿Se puede pedir más? ―Bufé―. Pareces una caballo, todo el día bufando.
―En fin ―Suspiré―. Conociéndoos como os conozco, puedo decir que empezareis a hacer manitas. ¿O me equivoco?
―Tú ganas ―Rió Jasper.
Llegamos al centro comercial de Seattle y rápidamente aparcamos lo más cerca que pudimos del Jeep de Emmett. Nos encontramos en las puertas automáticas; Emmett no paraba de jugar con ellas. Jasper tenía cogida a Alice ―Que miraba divertida la situación en la que se encontraba Emmett― de la cintura mientras que Rosalie intentaba que su novio dejara de hacer el payaso. Yo rodé los ojos y suspiré de nuevo. Ir a algún sitio con ellos significaba ser el centro de atención por cualquier cosa y eso me hacía sentir incómoda e insegura.
―¡Por Dios, Emmett, para ya! ¿No ves que todo el mundo nos está mirando? ―Me fui hacia él y lo cogí de la oreja. Tiré de él hacia el interior del gran edificio de cuatro plantas.
―¡Hey, hey, Bells! ¿Por qué haces eso? ―Puso un puchero.
―Estás haciendo que seamos el centro de atención. Emmett, vas a ir a la universidad dentro de nada. Usa la cabeza y compórtate ―Reproché.
―Está bien. Dejaré de hacer cualquier imprudencia si me sueltas de la oreja. Ahora eres tú la que estás llamando la atención ―Se burló Emmett. Miré a mi derredor y pude apreciar que la gran mayoría de las personas que se encontraban allí, nos miraban divertidos y alguna que otra soltaba sendas risas. Lo solté inmediatamente al tiempo que mi cara enrojecía hasta el tope. Carraspeé.
―¿A dónde vamos primero, Alice? ―Aunque odiase ir de compras, lo que más deseaba en ese momento era refugiarme en una tienda cualquiera.
―¡Vamos, vamos! Que se nos hace tarde ―Dijo Rosalie, viendo que Alice no se decidía―. Entremos primero en esa; de todas formas nos recorreremos el centro comercial entero así que…
―¡Cuánto antes empiece este calvario mucho mejor! ―Comentó Emmett, posicionándose al lado de Jasper―. No sé cómo la puedes soportar ―Susurró. Se ganó un golpe por parte de Jasper.
―Cállate.
Alice empezó a entrar en las tiendas que a ella le parecía apropiada; nos obligaba a entrar en los probadores y de cada tienda podía llevar fácilmente tres o cuatro bolsas. En cuanto aparecía la oportunidad de poder sentarme, no la desaprovechaba. Temía que estos tacones me jugaran una mala pasada y acabara en el suelo. Emmett no dejaba de hacer bromas y Jasper y yo le seguíamos la corriente, riéndonos con él. Cuando Emmett veía que su Rosie salía del probador, interrumpía lo que estaba haciendo y la miraba con admiración y le daba el visto bueno a todo; Jasper hacía lo mismo con Alice. Una de esas veces, casi les tengo que poner una palangana en el suelo para que la baba cayese en ella. Salimos de esa tienda y entramos a otra. Me rezagué un poco pues se me había desatado uno de los cordones de los botines. Mi hermano ―para mi sorpresa― me esperó.
―¿Qué haces? ―Pregunté.
―Me aburro. ¿Siempre son así?
―Sí y te puedo asegurar que si pusieses un poquito más de interés, no te aburrirías.
―Es que no sé… ―Frunció el ceño
―¿El qué no sabes?
―Nada. Es sólo que no sé si voy a encajar ―Se encogió de hombros.
―Pon un poco más de tu parte y ya verás cómo sí encajas ―Le respondí y caminamos hacia la tienda―. La próxima víctima eres tú, así que vete preparando ―Le avisé.
―¿Cómo lo sabes? ―Cuestionó.
―Conozco bien a Alice y sé que lo más importante de la tarde lo deja para antes de ir a merendar.
Bufó y efectivamente, cuando entramos a la tienda, Alice estaba examinando todo tipo de prendas y en cuanto divisó a Edward en la entrada lo empujó hacia la zona de los probadores. Todo lo que se probó, se lo compró. Los dos íbamos refunfuñando, pues era ella la que estaba pagando todas las cosas que había comprado para nosotros dos. Mientras que Edward estaba en los probadores, me arrastraron a seguir observando algunas prendas de las que había por allí. Fue cuando la vi.
―¡Oh, Dios, Alice! ¡Mira, me encanta! ―Le dije. Alice dirigió rápidamente la mirada hacia donde yo apuntaba, extrañada de que a mí me «encantara» algo en una tienda de ropa. Pero era preciosa; era una chaqueta de felpa azul marino, con dos bolsillos a ambos laterales de ella y tenía las mangas remangadas, dejando ver que el estampado interior era de rayas azul marino.
―Lo sabía, Bella. Sabía que en algún lugar tenía el gusto que tenemos nosotras por la moda ―Dijo Alice con voz contenida, como si se le hubiesen declarado. Se fue trotando hacia ella y la cogió para mí.
―¿Cómo me queda? ―Pregunté.
―Te queda genial ―Dijeron las dos a la vez―. Y ahora te tengo que buscar una camiseta para que la combines con la chaqueta ―Cogió una camisa azul con el estampado de mariposas blancas; también era muy bonita.
Mi hermano salió del probador y se acercó a nosotras, dejando a Emmett y a Jasper sentados en unos sofás que había por allí jugando con sus móviles.
―¿Hay algo que no te gusta? ―Preguntó. Mi hermano negó con la cabeza y se dirigió feliz hacia la caja para pagar todo. Dejamos la tienda y Alice propuso ir a merendar algo al Starbucks que había en la segunda planta. Nos dirigimos hacia allí, gustosos por poder llevarnos algo sabroso a la boca. Hacía tanto tiempo que no tomaba un Frapuccino.
Una vez acabados nuestras bebidas, nos fuimos a la tercera planta, donde estaban las salas recreativas y todo ese tipo de cosas. Y ahora llegaba el momento en que mi hermano y yo sobrábamos. Le dije a Alice que nosotros nos íbamos a dar una vuelta por el centro comercial y que cuando creyeran conveniente que volviéramos, me llamase. Edward pilló mi mirada y en seguida se puso a mi lado para comenzar a caminar sin rumbo fijo por allí.
―¿A dónde quieres ir? ―Me encantaría pasarme por la librería, pero no sabía si al individuo que tenía a mi lado le gustaba leer tanto como yo.
Se encogió de hombros.
―¿Te gusta leer? ―Le pregunté. Asintió.
Caminamos por la tercera planta hasta llegar a la gran librería. Era bastante grande, con estanterías que iban desde el suelo hasta el techo, con miles y miles de páginas que todavía no habían sido leídas y esperaban por ello. Me encantaba estar allí; me embargaba una paz interior y sentía que todo estaba bien, no había que preocuparse de nada. Como siempre que iba a aquella maravillosa tienda, perdía la noción del tiempo y quiénes eran los que se encontraban en la tienda pasando el tiempo como yo.
―Oye, Bella, tu móvil está sonando ―Salí de mi ensimismamiento y parpadeé varias veces. Lo cogí.
―¿Sí?
―Bella, cariño ―Contestó mi madre―. Me ha surgido un problema y me voy a tener que quedar esta noche en Seattle. Mi jefe quiere dar una cena y después tenemos que quedarnos en un hotel porque por la mañana salimos temprano hacia una casa que está a las afueras de Seattle. No hay problema, ¿verdad?
―No, claro que no. Quédate tranquila, mamá.
―Muchas gracias, cariño. Pórtate bien con tu hermano. Te quiero ―¿Se creía, por casualidad, que lo iba a asesinar en medio de la noche? Mi imaginación no daba para tanto.
―Y yo a ti. Pásatelo bien ―Colgué―. Qué diver, esta noche estamos solitos, hermanito ―Le conté con una sonrisa irónica.
―Nos lo vamos a pasar de bien, hermanita ―Me contestó éste de igual manera.
Cogí el libro que más me había llamado la atención y me dirigí hacia la caja donde se hallaba un muchacho bastante guapo, con ojos marrones claro y cabello castaño claro peinado en una cresta. Me sonrió con una bonita sonrisa, y se la devolví.
―¿Algo más…? ―Dejó sin concluir la frase para que añadiese mi nombre.
―No, no queremos nada más ―Interrumpió mi hermano, dejándome anonadada. ¿Quién se creía que era para poder interrumpir mi «conversación»? A ver si va a ser verdad que es posesivo. Nah, lo dudo. No nos vemos desde hace siete años y nuestra relación es fría como un témpano. Así que supuse que quería ir a cualquier otro lado antes de reencontrarnos con los chicos.
El chico de la caja registradora me miró interrogante. Me encogí de hombros, le entregué el dinero y cuando me dio el libro salimos de aquel mundo mágico.
―¿Por qué has hecho eso? ―Le pregunté con el ceño fruncido.
―Tenía prisa por ir a otro lugar. ¿Algún problema? ―Dijo con una mirada fría. Me encogí.
―Si tenías prisa por salir, me lo hubieses dicho. No interrumpir a ese pobre chico que solo quería ser amable conmigo.
―Qué inocente eres; se notaba a leguas que quería ser de todo contigo menos eso ―Repuso.
―¿Y qué pasa con eso? ―Bufó frustrado y me adelantó unos pasos más. Lo cogí en seguida y decidí dejar el tema ahí―. De todas formas, ¿A dónde quieres ir?
―¿Debe de haber una tienda de deportes por aquí, no?
―Supongo.
Estuvimos un rato en la tienda de deportes, hasta que Edward se aburrió. Después de eso, nos sentamos en un banco frente a una fuente. Un silencio incómodo nos invadió. Empecé a juguetear con mi móvil, pero no había nada interesante que hacer con él, así que opté por devolverlo a su antiguo lugar. El silencio me estaba matando, y más a mí que no podía soportar ningún silencio incómodo. Pero tampoco quería romperlo; no para que Edward me contestase con malas maneras. Para eso preferiría estar en silencio en lo que quedaba de tiempo hasta que Alice me llamara.
Para mi sorpresa, fue él quien rompió el silencio.
―¿A dónde se va mamá?
―Está en una reunión con su jefe y compañeros de trabajo aquí, en Seattle y mañana por la mañana debían de salir muy temprano, así que su jefe les pagó el alojamiento en un hotel.
―¿Sucede mucho esto?
―A veces. El único dinero que entra en la casa es el de ella, así que tiene que hacer todo lo posible para seguir con el trabajo.
―¿Cómo está ella?
―¿Por qué no le preguntas tú mismo en vez de ir diciendo que nunca te ha querido? ―Exploté y me tuve que callar. Si hablaba más de la cuenta, seguro era que después me arrepintiese.
―Yo no…
―No, lo dijiste por amor al arte, ¿verdad? ―Ironicé―. Venga, ya.
Resoplé. Esto era más de lo que podía soportar. ¿Herir a mi madre y después preguntar cómo estaba? No tenía ni idea del daño que le había causado a mi madre.
Al parecer, decidió quedarse callado; yo se lo agradecí interiormente. Me debía controlar, pues estaba al borde de las lágrimas y no quería mostrar ningún signo de debilidad ante él. Gracias a Dios, Alice llamó.
―¿Diga? ―Mi voz tembló un poco.
―¡Bella! ¿Qué te ocurre? ―Preguntó angustiada.
―Nada ―Mentí.
―Bella…
―Sí, ya lo sé.
―Entonces…
―Deja que pague yo mis palomitas, ¿de acuerdo?
―¡Está bien! Nos vemos en el cine.
―Alice ya está en el cine ―Mi voz sonó fría y áspera y por la expresión que puso, no le pasó desapercibido.
―Bella, yo…
―A Alice no le gusta que la hagan esperar, así que vámonos.
Eché a caminar, dejándolo allí plantado. Rápidamente me alcanzó, aunque no dijo nada.
En la entrada del cine ya estaban los cuatro, esperando por nosotros.
―¿Nos habéis echado de menos? ―Preguntó Emmett con un puchero.
―¿La verdad? No ―Reí.
―Qué mala eres a veces ―Entrecerró los ojos y después se echó a reír.
―¿Cuál vamos a ver, Alice? ―Le preguntó Rosalie.
―¿Qué tal «The Roommate»? El tráiler es genial ―Opinó. Compramos las entradas y cuando estuvimos comprando las palomitas, Alice me avasalló a preguntas―. ¿Qué ha ocurrido?
Se lo conté y para mi alivio, me sentía más libre. Al acabar, Alice se quedó sin habla; cosa que era bastante extraña.
―No sé qué decir, Bells. Él también lo ha tenido que pasar bastante mal…
―¿Y yo y mi madre qué, Alice?
―Ya lo sé, Bella. Pero debes ponerte también en su posición. A penas ha sabido nada de vosotras durante estos siete años y ahora os habéis reencontrado de sopetón. Yo también estaría igual cuando paso de no saber nada de mi madre a convivir con ella. Y más creyendo que nunca quiso saber de mí.
―Pienso que deberíais hablar los cuatro. Digo, tu madre, tu padre, Edward y tú ―Interrumpió Rosalie.
―¿De dónde quieres que me saque a mi padre? ¡Está en Italia! Trabajando como siempre. Durante siete años ni siquiera nos dirigió un mísero pensamiento. ¿Y ahora quieres que hablemos como si fuéramos una familia feliz? ―Estaba al borde de las lágrimas y mi voz temblaba.
―No digo que aparentéis ser una cosa que no sois, solo digo que deberíais aclarar todo esto. Por qué tu padre nunca llamó, por qué no le decía a tu hermano que tu madre y tú llamabais a diario, por qué no os llamó…
―¿Sabéis qué? No quiero hablar del tema ―Cogí las palomitas y fui a donde estaban los tres hablando tranquilamente―. ¿Vamos?
―Hey, Bells, ¿qué ocurre? ―Preguntaron Jasper y Emmett. Ellos se parecían más a unos hermanos, que el que en realidad era mi hermano.
―No os preocupéis, chicos ―Hice el intento de sonreír. Me miraron con expresión interrogante. Negué con la cabeza―. De verdad, no es nada. Y ahora vamos que Alice se está impacientando.
…
―¡Nos vemos el lunes, Bells! Adiós, Edward ―Se despidió Alice.
Antes de poner rumbo hacia nuestras casas, cenamos en un McDonald's que había en el centro comercial para luego salir de allí. Estaba deseando acurrucarme en mi cama y dejarme llevar por un sueño tranquilo. Y mucho más ahora, ya que no tenía muchas ganas de hablar con mi hermano.
Cuando entramos a casa, el coche de Alice salió a toda velocidad. Me fui prácticamente corriendo hacia mi habitación y me sorprendí no haber tenido ningún altercado con los botines. Una vez puesto mi pijama, me fui a mi habitación donde Edward ya estaba subiendo las escaleras de la litera. Me metí a toda prisa en mi cama y cerré los ojos esperando a que el sueño me embargara.
―¿Bella? ―La voz de mi hermano hizo que se me abrieran los ojos de golpe.
―¿Qué? ―Respondí secamente.
―¿Te puedo preguntar una cosa?
―Qué más da; ya lo estás haciendo.
―¿Y tú? ¿Tú cómo estás? ―Su pregunta me dejó petrificada. ¿Qué se suponía que debía que responderle? ¿«La verdad es que nunca superé vuestra marcha, pero vamos que aquí estamos tirando» o «Ya ves, sigo odiándote por alejarte de mí y no querer saber nada de nosotras»? Su cabeza asomó por el hueco de mi cama.
―Bien.
―¿De verdad?
―Sí ―Insistí queriendo que acabara la conversación y se durmiera.
Le oí suspirar, y desapareció de mi vista volviendo a tumbarse en la cama, haciendo que sonaran los muelles del colchón.
―Nunca se te ha dado muy bien mentir. Siempre se te nota cuando mientes, desde que eras pequeña ―Me avergoncé porque me había pillado, pero me sorprendió que recordase una parte de mi, aunque no fuera un secreto para nadie―. Supongo que te sientes traicionada por mí o algo por el estilo. Pero no tienes ningún derecho a reclamarme nada que tú no hayas hecho… Seguro que nunca te has planteado pensar cómo me he sentido yo todos estos años, ¿verdad? Puede que tú y mamá os sintáis desdichadas, pero no sois las únicas que lo habéis pasado mal.
Me quedé en silencio.
―Recuerdo que cuando nos separamos, hablábamos diariamente. Y sin saber por qué, dejaste de llamar. Papá se veía decaído y yo estaba como en shock. Una vez sonó el teléfono de casa y me disponía a cogerlo, pero papá colgó antes de que pudiera ver quién era. Siempre me he cuestionado si nos volveríamos a ver y casi siempre le preguntaba a papá cuándo os vería. Nunca me daba una fecha exacta y al final no os veía. Cuando entré en el nuevo colegio no hice amigos y me comportaba como un antisocial…
―¿Nunca has tenido amigos? ―Susurré.
―No.
―¿Por qué le dijiste eso a mamá? Ella estuvo en depresión después de que os marcharais y cuando papá llamó para decir que venías, la verdad es que se la veía un poco más animada, dejando a un lado los nervios que sentía por ver de nuevo a papá. Pero entonces tú le dices que nunca se ha preocupado de ti y la vuelves a dejar en un estado ausente. Ahora se siente mal por «abandonarte» cuando más la necesitabas.
―La verdad es que siempre me he estado reprimiendo con mis sentimientos y estaba harto; iba a explotar de un momento a otro. Y ese día habían sucedido muchas cosas. Papá casi nunca estaba en casa y no podía reprocharle el por qué me había separado de vosotras, así que supongo que le eché la culpa a mamá por yo estar con papá y tú con ella ―Se quedó un momento en silencio―. ¿Sabes? Nunca pensé que nuestro reencuentro fuera de ese modo.
―¿De qué modo? ¿De ser pasota y arrogante y ni si quiera saludar como Dios manda? O bien ¿De ser un estúpido intentando ponerme de mal humor quitándome mí cama y luego retarme, haciendo que me cayese encima de ti? ―Ambos soltamos unas suaves risas, intentando no romper aquél ambiente calmado.
―Compréndeme, no me apetecía nada dormir arriba.
―Compréndeme tú a mí; mi torpeza no ha cambiado un ápice y desde que dormí ahí una noche y a la mañana siguiente, cuando iba a bajarme me caí y me tuvieron que escayolar el brazo, mamá me prohibió terminantemente que me subiera ahí arriba ―Edward soltó unas risas―. Así que… ¿Cómo te imaginabas que fuera nuestro reencuentro?
―Pues no sé… Supongo que creía que cuando nos veríamos de nuevo, nos abrazaríamos y todo sería como antes.
―Sinceramente, yo me la esperaba así ―Suspiré―. Me duele admitirlo, pero en algún rincón de mi corazón os tenía un poco de odio por hacernos sufrir a mí y a mamá. Y veros después de tantos años…
―Yo no sabía ni cómo debía de reaccionar, así que opté por quedarme callado.
―Mamá me dijo que habías cambiado mucho desde la última vez que nos vimos. Dijo que tu temperamento había cambiado mucho en estos años.
―Casi siempre estaba de mal humor y respondía con brusquedad y frialdad.
―Yo también tuve que cambiar, tuve que madurar antes o si no mamá… no sé lo que hubiera podido hacer ―Tragué pesadamente.
Nos quedamos en silencio.
―¿Cómo puedo ganarme la confianza de Emmett, Alice, Jasper y Rosalie? ―Preguntó.
―Sé tú mismo. No le gusta la gente que tiene «doble personalidad» ni arrogantes ni nada por el estilo. Ya me comprendes.
―Se ve que son buena gente.
―Lo son.
―Cuéntame más de ellos ―Pidió, asomando su cabeza de nuevo por el hueco de mi cama.
―Alice Brandon es hiperactiva, le encanta ir a comprar como ya has podido apreciar, es manipuladora y rara vez sales ganando en una discusión con ella; es más, no apuestes contra ella nunca, raramente siempre tiene razón; le encanta Jasper y sus Manolos. Emmett McCarty es como un oso de peluche que sabe escuchar y cómo hacerte reír por sus locuras; siempre está haciendo bromas y lo que más aprecia aparte de su novia es su Jeep y sus juegos de la Play Station 3. Jasper y Rosalie Whitlock Hale son mellizos. Jasper es tranquilo y por alguna extraña razón siempre sabe qué es lo que estás sintiendo y también sabe escuchar; es el más razonable de todos y siempre le busca el lado bueno a las cosas; su cosa más preciada es Alice. Rosalie es cariñosa, agradable, tierna y afectuosa con sus amigos, pero eso cambia cuando una persona no es de su agrado; su personalidad se vuelve fría y cortante, así que te recomiendo que no te metas mucho con ella. Le encantaría ser madre de muchos niños con Emmett y lo que más aprecia, aparte de Emmett, son sus aparatos raros para el pelo.
»Si juntas a Alice y a Rosalie en esta casa, significa que quieren jugar un poco conmigo a maquillarme y a peinarme; soy su «juguete» favorito con el que experimentar. Si Emmett se presenta aquí, es porque quiere degustar algún maravilloso plato de mamá. Y bueno, Jasper viene para visitar a mamá.
Edward soltó unas risas y se quedó en silencio.
―¿Crees que encaje bien en el grupo?
―Ya lo has hecho.
―Pero siquiera…
―Los conozco bien y sé que ya has entrado en nuestro pequeño grupo.
―Gracias ―Murmuró.
―No hay de qué.
Sentí que mis párpados pesaban una tonelada y poco a poco se me iban cerrando solos.
―Buenas noches, Bella ―Susurró.
―Buenas noches, Edward ―Logré decir antes de caer en un tranquilo sueño.
¡Hola!
Sentimos tardar mucho tiempo en actualizar, pero lo importante es que hemos actualizado hoy.
Tenía planeado subir mucho antes, pero han echado en la televisión Remember me y la hemos visto *¬* Y ahora cuando ha terminado y me he secado las lágrimas, he podido subir jaja :)
¿Qué os ha parecido la conversación que han tenido los dos hermanos? La cosa se va poniendo interesante! D:
Nos encantó los reviews que nos dejásteis cuando actualizamos por última vez. Espero que sigáis mostrándonos esas muestras de apoyo, porque ya sabéis que la inspiración viene gracias a los reviews :3
Robert Ashley Cullen Swan & Chika-midori (:
