Disclaimer: Todos, todo, todos los personajes son de Naoko. Salvo la historia que la pense y la escribi yo! ^.^
Agradecimientos: No tengo perdón. Lo se. Pero realmente este 2017 fue más intenso de lo que imagine en mis mas alocados sueños. Mucho trabajo, muchísimos proyectos, y sobretodo, nuevas creaciones. Más mucha escritura pero de proyectos personales y que nada tienen que ver con el fandom. Pero para los muchos o pocos que lo siguen, para los que se animan a dejar algún comentario. Sigo acá y no pienso abandonar esta historia.
Es corto, lo se, pero necesario para plantear las bases de lo que se viene y los movimientos que empezaron a girar. Ahora si, a leer y disfrutar.
Capítulo 09: Un poco de tiempo
—¿Vas a estar mirando el papel mucho tiempo más? —Taiki se removió incomodo en la cama de una plaza.
Estaban en un hotel de mala muerte. O por lo menos él lo veía así. Yaten había discutido con el que era suficiente hasta saber como seguir. Pero Taiki seguía viendo todo negativo.
Yaten respiró con cansancio —Pienso que es lo mejor… Evidentemente vos no lo podes pensar.
—¡¿Qué dijiste?! —Taiki se incorporó de un salto.
—Lo que escuchaste.
El silencio que los envolvió no era cortes. Taiki estaba realmente enfadado. Sacudió la cabeza y se volvió a dejar caer boca abajo sobre la cama.
—Lo siento… Pero necesito saber… —Miro a su hermano con preocupación y continuó— ¿qué vas a hacer si nos llegamos a encontrar con Ami?
Más silencio.
Yaten no era el elocuente con las palabras como Seiya o el inteligente como Taiki. Él era el impulsivo, el que se veía arrastrado por el momento. Volvió a mirar el papel. Con una fina pero apurada caligrafía estaba anotados tres teléfonos. El primero era el de Michiru. Lo sabía porque apenas había amanecido ella los había llamado.
No sonaba feliz pero no quiso indagar al respecto. Lo único que le había dicho de manera bastante cortante y totalmente distinta a su personalidad es si habían encontrado un lugar seguro y que no intentaran comunicarse con Serena o Seiya, no por el momento.
—Taiki…
El aludido no respondió. Escondió la cabeza bajo la almohada y dio un profundo suspiro. Yaten lo miro… Ami era importante para él… Tanto como Serena para Seiya. Aunque en su caso, el cariño había empezado gradual y de manera algo desconfiada, este tiempo lejos de ella le había servido para poder analizar lo que sentía por la joven peliazul. Se rasco la cabeza y dejo el papel sobre su cama. Fue hasta el baño y se mojó la cabeza con agua fría.
"Si necesitan comunicarse con ellos llamen a Mina, ni siquiera nosotras somos una vía segura, cuando podamos los llamamos."
Al otro lado de la habitación con su gesto más huraño se encontraba el último hermano. Era injusto que Mina fuera el único contacto seguro. El corazón empezó a latirle con fuerza. Era un idiota. Tanto como sus hermanos…
Volvió al cuarto y agarro el teléfono de la habitación, respiró profundo, pidió línea y empezó a marcar.
Serena se despertó agitada. Miro el despertador, faltaba media hora para que sonara. Lo apago y se sentó. Había tenido una pesadilla. Se frotó los ojos y salió de la cama rumbo al baño. Abrió la ducha y espero que el agua se calentaba, mientras se veía al espejo.
Sus orbes celestes estaban opacos y unas grandes ojeras se notaban bajo los ojos. No tenía nada que temer. Había sido solo una pesadilla.
Miró a la puerta cerrada, esperando que Luna asomara su cabeza… Pero ya no era posible, ni siquiera le era de confianza…
Mina se despertó y apenas abrió los ojos, el sueño de felicidad en el que había estado nadando, se fue de un tirón apretándole el estómago y jalándola a la mirada fiera con la que la estaba mirando Luna. Se maldijo un momento por permitir esta situación por su amistad con su fiel compañero, Artemis.
—¿Qué pasa? —Dijo con la voz todavía tomada.
—Serena. Eso pasa.
Mina no quería pelear, ni siquiera quería escucharla. Era demasiado temprano y aunque no terminaba de entender el porque, estaba enojada con ella. Con ella y con Rei, con Ami y con Setsuna.
Se levantó sin hacerle caso y se fue a la cocina a desayunar. Luna la siguió con paso sigiloso. Como una sombra molesta. Estaba tan cansada de que todo el teimpo la mirara así. —¿Qué? —la encaró.
La gata la miraba en silencio. —¿No vas a hacer algún gesto infantil?
—¿Porque tendría que hacerlo?
—Estas rara… —No era una pregunta, pero la frase quedo flotando en el aire.
—¿Quien no lo estaría con todo lo que paso? —Artemis había hecho acto de presencia. Y muy en sus adentros Mina suspiro.
—Tengo cosas que hacer, así que voy apurarme.
—Mina…
—Luna —Artemis la llamo dándole tiempo a la rubia a salir por la puerta— Tenemos que hablar.
—No vas a tratar de convencerme, ¿o si?
—Nunca llegaría a eso.
Mina escucho el teléfono sonar y salió de la ducha a las apuradas, todavía tenía el pelo con algo de acondicionador y un poco de jabón en la espalda. Tropezó con la alfombra y salió del baño a tropezones.
En medio del salón estaba el gato blanco mirando el teléfono, pero sin contestarlo. Apenas lo vio se quedo congelada. El movio la cabeza y le dijo que Luna no estaba.
—Ustedes…
—Eso no importa.
El pequeño aparato dejo de sonar y ella camino para agrarrarlo.
—Era un número desconocido.
—Artemis…
—No me digas y no voy a tener que mentir. —El gato había empezado a caminar hacia el balcón.
—Pero… Yo confió en vos.
—Y yo en vos, pero Luna no. Y por como están reaccionando, es mejor que yo no sepa nada.
El teléfono empezó a vibrarle en la mano y la música empezó a sonar otra vez. Era el número desconocido.
—No te preocupes por mi.
Mina apretó la tecla de aceptar y se acercó al móvil. Nada la preparaba para escuchar la voz atrás de aquel llamado.
Nicolás golpeó una vez más la puerta de la habitación de la Señorita Rei. Espero por una respuesta, pero al no tenerla se fue decepcionado. No quería volver a tocar, había estado esperando por casi quince minutos. O la joven sacerdotisa estaba absorta en sus deberes o no quería hablar con nadie.
Suspiro con cansancio y arrugo las dos entradas para el parque de diversiones que llevaba en la mano. Las había conseguido después de escucharla hablar sobre lo poco que se divertía últimamente. Se quiso golpear en la cabeza, había faltado a clases para conseguirlas y ella ni siquiera había hablado con él. Se maldijo por lo bajo, últimamente para escucharla tenía que encontrarla por casualidad al teléfono…
Darien apagó la radio y se acomodó por tercera vez en el asiento. Estaba incomodo, la situación lo ponía así. Pero no había podido quedarse en su casa esperando. Quería verla, quería verlos. Si de verdad estaban juntos... Sacudió la cabeza con ganas, no quería seguir por esa línea de pensamientos, le dolía tanto como lo enojaba. Talvez Rei tenía razón…
El celular empezó vibrarle en el bolsillo del saco, lo contestó sin mirar.
—Diga… Sos vos… Que sorpresa... Tomando un café. No se… ¿Vos decis? Supongo que no… Te veo ahí en —miró su reloj— ¿te parece veinte minutos? Dale, genial.
Cortó la llamada y revoleo el aparato al asiento del copiloto, se masajeó el cuello y con desgano puso el auto en marcha.
Mina le pagó al taxista y se bajó del auto. Reviso el papel donde había anotado la dirección que había garabateado a las apuradas y miro al hotel de poca categoría que estaba frente a ella. Con una mano en el bolsillo y sujetando con fuerza su pluma de transformación, entró con paso seguro.
El ascensor estaba abierto, se metió y presionó la tecla con el número tres. El aparato cerró las puertas y empezó a subir. Cuando volvió a abrirse, respiro aliviada de que no se veía tan mal y sucio como la entrada. Caminó buscando la habitación 306 y toco.
