Siento el retraso, he estado enganchada al Final Fantasy :'D

No me enrollaré más aquí, ¡os dejo con el cap! ^^

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—Es la tercera vez que lo intentas, Altaïr. ¿No ves que aun no dispones de la destreza necesaria para ello? Ni del equipo, ya que estamos. ¡Te acabarás haciendo daño en las manos!

Malik suspiró de manera irritada, colocando las manos en las caderas mientras veía cómo el muchacho de cabello castaño trataba, otra vez, de escalar el edificio que tenía en frente, una torre de varios metros de altura vigilada por unos cuantos guardias que, de momento, no les decían gran cosa a los dos chicos.

—Si lo que buscas es realizar tu primer salto de fe, olvídalo. No tenemos el adiestramiento que hace falta para poder hacerlo. Además, tenemos que ir a ver al rafiq todavía, ¿recuerdas?

—Chaval, baja ahora mismo de ahí si no quieres que te baje por las malas.

Altaïr giró la cabeza, viendo en uno de los tejados a un soldado ataviado con armadura ligera y una espada nada agradable. Sabía que no debía llamar la atención y que, si no desistía en ese instante, acabaría teniendo un problema. Pero quería llegar a la cima.

—Altaïr, conseguirás que nos pillen, insensato. ¡Baja ya de ahí! ¡Si no va ese soldado a buscarte, iré yo mismo! ¡Altaïr!

Finalmente, y tras un par de avisos más, el joven se dio por vencido, dejándose caer con facilidad al lado de Malik, y sacudió sus manos para quitarse el polvillo adherido a ellas.

—¿Contento?

—Cállate, necesitamos pasar desapercibidos para entrar en el Bureau. No pongas en peligro nuestra primera misión, ¿de acuerdo?

Ibn-La'Ahad hizo rodar sus ojos, echando a andar por las calles de Jerusalén junto a un silencioso Malik, que parecía tratar de rememorar todos y cada uno de los recovecos de la ciudad en su mente siempre ávida de conocimientos. Por suerte para ellos, dos muchachos de 15 años no destacaban gran cosa a pesar de sus trajes blancos y sus espadas, ya que se podían fundir bien entre la multitud, especialmente en la zona de mercado, donde se reunía casi toda la población del barrio pobre de Ciudad Santa aunque sólo fuera para charlar entre vecinos o intercambiar cotilleos.

—Eh, Malik.

—¿Qu...? —el muchacho de cabello negro cogió al vuelo la manzana que el otro le había lanzado, frunciendo el ceño—¡Altaïr! ¡No puedes ir robando por ahí!

—¿Qué? Nadie me estaba mirando. Tengo hambre y tú también.

—En el Bureau podrían habernos ofrecido algo de comida.

—Puede, pero tengo hambre ahora. Sólo son dos manzanas, nadie lo notará. Y de nada, por cierto.

Al-Sayf farfulló algo, negando con la cabeza, pero no pudo evitar hincar el diente en la fruta, tratando de saciar su apetito. Altaïr sonrió ligeramente con cierta sorna, lanzando su manzana al aire un par de veces antes de empezar a comerla, y de pronto se vio jalado por Malik hacia un callejón, su boca cubierta por la mano de su compañero antes de poder preguntar qué ocurría.

El muchacho de ojos oscuros asomó ligeramente la cabeza, aguardó unos segundos y soltó a Altaïr, el cual lo miraba fijamente, confuso por su repentino acto.

—¿Qué mosca te ha picado, Malik?

—Había un templario, acompañado de un par de soldados más. No quiero arriesgarme a que nos vea, tal vez no salgamos bien parados. Discreción, Altaïr.

Tras esperar un corto intervalo de tiempo, ambos salieron del escondrijo y se dirigieron al Bureau sin más dilación. Al llegar, el rafiq les informó de los puntos de interés donde podrían recabar información y les permitió descansar en el patio.

—Nos dividiremos—dijo Malik una vez estuvieron a solas ambos muchachos—. Tú irás al este del barrio y yo iré al norte, donde nos ha indicado el rafiq que podemos movernos.

—De acuerdo, lo haremos así entonces—contestó el joven, paseando por el lugar tranquilamente con las manos entrelazadas tras la nuca—. No creo que vayamos a tardar mucho tiempo, nos pondremos de margen tres horas. Nos veremos aquí antes de ese lapso de tiempo, cuando el sol esté inclinándose hacia el oeste.

Al-Sayf asintió y trepó tras Altaïr hacia la salida del Bureau, los dos mirando el barrio de Jerusalén desde aquel tejado. Antes de que cada uno fuera por su lado, Ibn-La'Ahad se giró hacia su compañero, alzando un puño mientras sonreía ligeramente.

Malik miró a Altaïr con una ceja alzada, pestañeó un par de veces y después hizo rodar sus ojos, respondiendo al gesto del muchacho, golpeando su puño con el propio.

—Que vayas sano y salvo—dijo.

—Hasta el reencuentro.

Tras esas palabras, los dos se separaron, tomando rumbos diferentes para poder llevar a cabo la misión que Al Mualim les había encomendado.

Altaïr se perdió entre la gente, mezclándose sin problemas con la multitud mientras trataba de encontrar a la persona a la cual debía interrogar, recordando los métodos que había entrenado en Masyaf. Debía encontrarlo, seguirlo y acorralarlo, para después sacarle las palabras aunque tuviera que usar los puños para eso, y finalmente no dejar huellas tras de sí, matándolo limpiamente y ocultando su cuerpo de la visión pública.

Nadie debía sospechar, nadie debía saber que ellos estaban ahí.

Discreción ante todo.

Anduvo a paso lento, apartando con cuidado a las personas que tenía delante para abrirse paso entre ellas, hasta que escuchó una voz no muy lejos de allí. Buscando a la persona que hablaba, se topó con un hombre frente a un edificio importante del barrio, dando una charla a la gente que se paraba a verlo, llamando la atención de los transeúntes.

Sin duda alguna, ése era su objetivo, si tenía que atender a las descripciones del rafiq.

Alzando la cabeza, vio una sombra en uno de los tejados, lo suficientemente rápida como para pasar desapercibida, pero Altaïr pudo vislumbrar un detalle importante: una capucha blanca que indicaba que no estaba solo y que podía contar con ayuda si las cosas se torcían.

Respiró hondo, tratando de calmar su acelerado pulso. Era su primera misión fuera de Masyaf y no podía evitar sentirse nervioso ante la posibilidad del fracaso.

''Nada de errores'' se dijo.

Altaïr aguardó a que el hombre terminase su monólogo, escondido entre la multitud tratando de pasar inadvertido, y al ver que su objetivo parecía haber acabado, empezó a seguirlo de manera discreta, sin perderlo de vista. Finalmente, logró acorralarlo en un callejón, y ante la sorpresa del predicador, Ibn-La'Ahad lo agarró de la pechera y lo empotró contra la pared, amenazándole con el puño mientras le instaba a que le dijera todo lo que sabía.

Como respuesta, el hombre lo empujó, poco amedrentado ante un chaval de quince años, y le dio un puñetazo en el rostro, esperando haberlo aturdido y así poder escapar. Sin embargo, no era fácil derribar a un Asesino y menos aún a aquel joven de peculiares ojos dorados.

—¿Quieres jugar, viejo?—escupió Altaïr—No tengo problemas en hacerte hablar por las malas.

Alzando ambos puños, tomó una actitud ofensiva, no faltando mucho para que le partiera la boca al hombre con un gancho, parando los penosos golpes que el otro le propiciaba, y hundió su puño en la boca de su estómago, una vez, dos, hasta tres veces seguidas, cada vez más fuerte, viendo cómo su rival se doblaba por la mitad, escupiendo algo de sangre y con un reguero de saliva recorriendo su poblada barbilla.

—¡H-hablaré!—logró decir, casi sin aliento.

Altaïr asintió, soltándolo y haciendo que el hombre se estrellara contra el suelo. Lo miró desde arriba, los brazos cruzados sobre el pecho en actitud amenazante, y aguardó a que su presa comenzase a cantar, su paciencia agotándose por momentos.

Tras unos segundos de espera en los que Ibn-La'Ahad se planteó el volver a agredirlo, el hombre por fin pareció murmurar algo, tan bajo que Altaïr hubo de agacharse ligeramente para entenderlo, obligándole a alzar más la voz de manera brusca. Cuando le hubo dicho todo lo necesario, se acuclilló junto a él, colocando la mano en su cuello.

—No sé n-nada más, l-lo juro. Déjame ir.

—Lo siento, no puedo hacer eso.

Y, sin ningún rastro de duda en sus ojos, Altaïr cometió su primer asesinato, clavando su hoja oculta en la carne de aquel hombre, hundiéndola hasta empaparse la mano de sangre, tibia y brillante, sintiendo en la mano que mantenía en su cuello los últimos y agónicos latidos de la carótida antes de que ésta se acallase.

Mirando alrededor, arrastró el cadáver tras comprobar que nadie lo veía, pero se detuvo en seco al doblar otro callejón, viendo frente a él a una niña pequeña, con raspones en las rodillas y las mejillas sucias, sus ojos avellana clavados en el cuerpo inerte del que fuera un objetivo.

Altaïr no supo qué hacer ante aquello, quedándose paralizado al ver cómo el rostro de la pequeña cambiaba hasta adquirir una expresión de horror, abriendo mucho la boca, una boca donde podían verse los primeros huecos producidos por la caída de los dientes de leche.

''No grites, no gri...'' pensó el muchacho.

Efectivamente, la niña gritó de puro terror, viendo al hombre ensangrentado, con una mueca extraña en sus rasgos desfigurados. Ante aquel agudo grito, la guardia de Jerusalén no tardó en aparecer y, cuando Altaïr se encontró cara a cara con ellos, no tuvo más remedio que soltar el cadáver y echar a correr por las calles del barrio pobre de la ciudad, esquivando como podía a los soldados.

Por suerte para él, los hombres del rafiq de Ciudad Santa le servían de escudo, así como los pequeños grupos de simpatizantes a los que había podido ayudar antes de iniciar el interrogatorio, por lo que la huída se le hizo más fácil. Sin embargo, causó un gran revuelo en el mercado, tropezando con las personas, tirándolas al suelo o rompiendo sin querer los palos que sostenían las carpas de algunos puestos, echándolos por tierra.

—¡Ahí, el de la capucha gris!

Ibn-La'Ahad apretó el paso al escuchar aquellas palabras, sus piernas tensándose hasta tal punto que creía que acabarían reventando, y se metió por el primer callejón que vio, esperando pasar desapercibido al menos unos segundos para recobrar el aliento.

—¡Discreción, Altaïr!

El muchacho estuvo a punto de gritar al oír a su compañero, girando la cabeza para verlo apoyado en la pared, él también con cierta fatiga.

—¿Te han cazado a ti también, Malik?

—¡Me han confundido contigo! Yo ya hice mi trabajo, me encaminaba a la Casa de Asesinos como habíamos acordado cuando de pronto un grupo de soldados empezó a perseguirme. ¿¡Qué se supone que has hecho, insensato!?

—Fue por culpa de una...

Su explicación se vio interrumpida por la llegada de otro guardia, los dos Asesinos corriendo de nuevo en direcciones contrarias.

Malik fue el primero en librarse de la persecución, escondiéndose en fardos de paja o tratando de mezclarse entre la multitud, usando los callejones para despistar a la guardia, mientras que Altaïr prefirió combatirlos si tenía la oportunidad, teniendo que huir en más de una ocasión por la desventaja que suponía el número de rivales que lo acechaban a la vez. A pesar de ser diestro en el combate, Ibn-La'Ahad aun no estaba preparado para hacer frente a un gran número de combatientes.

Al-Sayf llegó sano y salvo al Bureau, encontrando la reja de acceso cerrada, por lo que hubo de avisar al rafiq para que la abriese, sólo para toparse con la desagradable sorpresa de que permanecería de ese modo hasta que su compañero pasase inadvertido de una vez.

Las campanas de Jerusalén aun seguían sonando, informando de la presencia de un Asesino en la ciudad.

''Altaïr, maldito idiota'' pensó Malik, chistando mientras bajaba del tejado para encontrar un lugar donde ocultarse, a la espera de que aquel incesante ruido parase de una vez.

Pasados largos minutos, por fin la ciudad se quedó en silencio. El corazón de Al-Sayf dio un vuelco repentino, sorprendiéndose a sí mismo al pensar en Altaïr, si estaría bien o si, por el contrario, las campanas habían cesado de su cansina labor por la muerte del muchacho.

La piel morena de Malik empalideció al pensar en esa posibilidad. Era imposible que Ibn-La'Ahad hubiera muerto en su primera misión, era demasiado habilidoso como para ello.

—Está bien—murmuró, saliendo de su escondrijo para subir de nuevo al tejado—. Estamos hablando de Altaïr al fin y al cabo.

Comprobando que la guardia no estaba patrullando por la zona, se aventuró a escalar el edificio, por fin topándose con la verja abierta, y se metió en el Bureau, la seguridad del lugar reconfortando su cuerpo cansado.

Con las manos en la espalda, empezó a dar vueltas por el patio, informando al rafiq de que aguardaría la llegada de su compañero para informar de la misión. Sus ojos oscuros no dejaban de escrutar las alturas, cada vez moviéndose de manera más frenética, más nerviosa. Su ritmo cardíaco era casi insufrible y pronto sintió pequeñas gotas de sudor en su frente, producidas tanto por el calor como por el nerviosismo.

—Siento el escándalo.

Malik soltó el aire que había acumulado en los pulmones tras escuchar aquella voz, cerrando los ojos, aliviado. Se giró entonces hacia Altaïr y lo primero que hizo fue abofetearlo, dejando una marca rojiza en la mejilla del chico.

—¡Discreción!—le volvió a decir.

—No fue mi culpa, fue una niña—se defendió, su mano cubriendo la zona herida—. Me vio con el cadáver de mi objetivo y se puso a gritar como una demente.

—¡No culpes a un civil de pasear por su hogar, Altaïr! ¡Vuelvo a repetirte que...!

—Discreción, Malik. Lo he entendido.

Serrando los dientes, el joven de cabello negro entró en la oficina, seguido del otro, y ambos dieron sus reportes al rafiq, el cual los mandó de vuelta a Masyaf al habler cumplido con éxito la misión asignada por Al Mualim para los dos muchachos.

Durante el camino de vuelta, Altaïr hubo de sufrir la bronca que Malik tuvo a bien echarle, pero en ese tiempo, no pudo evitar ver a Al-Sayf con una mueca divertida, oculta en el fondo de su capucha gris.

Aquella charla sólo le hacía darse cuenta de que Malik se preocupaba por él, a su manera.

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Malik bitchslappeando a Altaïr~ Ya le dije a Aidiki que lo haría XD

¡Gracias por el review, Alex! ^^ Y sí, es lógico que odies a Abbas...Todo el mundo odia a ese bastardo, su nivel de odiosidad es over 9000.

En fin, espero estar más activa ahora que he terminado el juego...Pero como lo volveré a jugar, bueno, quién sabe :'D *se esconde para que no la maten*

¡Espero que os haya gustado! ¿Reviews pls? ;_;

¡Ya nos leemos! :D