Disclaimer: Todos, todo, todos los personajes son de Naoko. Salvo la historia que la pense y la escribi yo! ^.^

Agradecimientos: A todos y cada uno de los que siguen esta historia! Gracias por los lindos comentarios que recibí de continuidad y sobre todo, de apoyo a esta historia. La oportunidad que me dan de escribir es muy hermosa! Ahora si, sigamos!

Capítulo 10: No todo esta perdido

Yaten salió del baño, se había duchado con la mayor velocidad posible, pero todavía tenía unas gotas de agua por la frente y el pelo largo, húmedo y totalmente suelto.

Mina, que esperaba sentada sobre una de las camas de una plaza, se paró para recibir la lata de gaseosa que Taiki le estaba alcanzando, cuando lo vio salir. Cuando cruzo la mirada con Yaten, la lata se le escapo entre los dedos, y revoto una vez en la alfombra gris.

El silencio en la habitación era ensordecedor. El ventilador giraba lento y las aspas apenas movían la quietud del aire.

—Bueno…

—Esto es algo incómodo, ¿no? —Dijo Taiki con una mueca.

Mina sonrió con cansancio. —Bastante para ser honesta. No es que no me alegre de verlos. —Dijo a toda velocidad.

Esta vez Taiki no contesto y Yaten apretó los puños con fuerza, sintió como por primera vez en años, la conversación dependía de él… El problema es que no tenía idea de que decir.

La rubia lo vio cambiar sus expresiones faciales y corporales. Parecía no estar seguro de que manera mostrarse. Miro rápidamente al costado, Taiki parecía fuera de tiempo. No era ilógico pensar porque estaban ahí.

—Supongo que están enterados de la situación.

Yaten se removio algo incomodo.

—Si. Apenas llegamos… Esas dos nos pusieron al tanto.

Mina suspiro aliviada e inconscientemente se llevo la mano al pecho. —Sabía que esas dos tenían algo que ver.

Yaten la miro sin comprender pero ella solo le sonrió amargamente y empezó a contarles sobre la última reunión.


Darien entró a la cafetería con paso enérgico, se había demorado un poco por el transito y el no era una persona dada los retrasos, simplemente no iba con su personalidad. Se frotó el cuello, reconociendo las señales del stress creciendo en él y busco con la mirada a su cita. Cuando la localizo no se dio cuenta de que había sonreído tímidamente, pero con sinceridad.


Lita había bajado del colectivo y había recorrido el camino a la casa de la rubia. Pero se sentía tan diferente, había hecho ese trayecto durante muchos años y lo que antes era senda común y de pocas cuadras, hoy se le hacía tremendamente pesado y desconocido.

Había pasado unos días desde la charla con la joven pareja y con Mina. Había estado dándole vueltas al asunto, pero no importaba cuanto confiase en la rubia o en Haruka y Michiru, ella no había hablado con Serena y no iba a estar tranquila hasta hacerlo.

Por eso ese día se había levantado, se había puesto un lindo vestido verde musgo, que según Serena la hacía relucir sus ojos. Después de haberse cambiado se había reído por eso. Y había envuelto con delicadeza la pequeña torta de fresas que había hecho el día anterior.

Y ahora ahí estaba, parada frente a la puerta sin poder tocar el timbre. Menuda guerrera que era. Pero no se dio tiempo para recriminarse más porque el auto que había estacionado lo había hecho con mucho ruido.


Seiya apago el motor con una sonrisa, realmente ese auto volaba. Miro el asiento del acompañante, era de cuero color piel, demasiado brillante, demasiado nuevo. Definitivamente era el transporte para una persona tan maravillosa como Serena. Una compra realmente que valía cada centavo invertido.

Se bajo del auto y lo cerro con el botón del llavero, amaba esas pequeñeces de la tierra, los humanos le parecían mágicos. Subió la vereda y se quedó congelado a ver a Lita ahí parada, viéndolo con sorpresa.


—Entonces…

—Así están las cosas… No puedo saber como se va manejar Rei cuando sepa que ustedes están acá, así que por favor, tengan cuidado ¿si? —Mina los miro con preocupación.

—Bajamos nuestra energía al máximo —Taiki pareció volver a la realidad —Ahora tenemos que encontrarnos con Seiya. Es nuestro hermano… Y vamos a apoyarlo —termino con fuerza.

La rubia sonrió agradecida. —Se que Serena, en realidad que todas nosotras no somos de su total confianza, pero créanme cuando les digo que Serena no tiene malas intenciones.

—¿De verdad? —Yaten se había cambiado con lo primero que había encontrado, para su desgracia la remera naranja y el jean negro no le gustaba como combinación y eso se notaba en su humor.

—Si… También pueden confiar en mi.

El silencio ya no era incomodo. Así que después de sonreir con suficiencia le contesto que ella tenía que ser entonces, el enlace entre los hermanos.

—Puedo hacer eso. Después de todo, soy la Gran Mina Aino —le dijo mientras ponía los brazos en jarra y le guiñaba un ojo.

Y como por arte de magia Taiki se empezó a reir. —Hay cosas que nunca cambian Mina Aino.

Y ella, como la Diosa del Amor que era, pero más como mujer observadora, suspiro internamente al saber que no todo estaba perdido. Pero de lo que no se dio cuenta, es que Yaten también había respirado aliviado.


Darien le abrió la puerta del auto a su acompañante y después que ella subió, la cerró con delicadeza. Dio la vuelta y se subió. Después de ponerse ambos el cinturón de seguridad, arranco con el motor zumbando suavemente.

—La verdad es que no es necesario que me lleves.

—Setsuna, por favor.

Ella se sonrojo ferozmente pero no dijo nada más. La verdad era que le había costado muchísimo llamar al príncipe de la Tierra, iba contra todo lo que ella sentía y peor, que sabía. Pero estaba tan enamorada de él. Desde hacía tanto… Y lo había visto tan dolido, tan perdido.

Darien frenó en un semáforo y se permitió mirarla de reojo. Setsuna era todo lo opuesto a Serena. Ella era una mujer calma, de emociones medidas y sumamente amable y delicada.

El celular empezó a sonar con un ritmo suave, una melodía de piano perfecta para un médico. Activo el bluetooth y una voz fuerte y potente se hizo escuchar.

—¡Darien, que bueno que te encuentro!

—Rei, ¿Cómo estas?

Setsuna a su lado, se puso rígida y seria.

—Muy bien, gracias por preguntar… Quería saber como estabas…

Darien sonrió con sinceridad, era tan lindo sentirse querido por Rei. Había sido su novia, y ahora una amiga invaluable. Siempre pensando primero en él que en ella.

Para variar, era agradable saber que le importabas a las personas.

—Estoy, ahora llevando a Setsuna a su casa.

Un silencio se hizo en la línea.

—¿Rei?

—La mala cobertura —dijo con una voz acartonada— me alegro que no estes solo. Pero me hubieses llamado. Entre los tres hubiésemos encontrado una solución…

—La verdad no fue algo planeado. Pero la próxima vez te llamo. Lo prometo.

—Eso esta mejor. Hablamos después. Un saludo a Setsuna. —y la morocha cortó.

—Ella se preocupa mucho por vos… —La voz de la mujer fue apagada.

—Creo que se preocupa como vos, por el futuro.

—Si, claro…


Serena se acercó con una bandeja con tres tazas servidas de te, detrás de ella Seiya traía otra bandeja con tres platos de postre y sus porciones de torta. Lita se levantó del sillón para ayudarla a servir.

Cuando los tres estuvieron sentados, Seiya no pudo dejar de sonreir con nerviosismo y mientras se rascaba la cara dijo que había sido toda una sorpresa.

—Lo puedo asegurar —Dijo la muchacha frente a ellos.

Serena le alcanzó el plato y cuando sus miradas se cruzaron lo dejo salir —Gracias.

—Es solo un pastel.

—No, no es así.

Seiya le extendió la mano a Serena, quien la tomo sin dudar. Se miraron durante un segundo y después a Lita.

—Entiendo que no te sientas cómoda conmigo presente. Realmente me iría, pero estoy con Bombón, pase lo que pase.

La castaña se sorprendió de la sinceridad en la voz del pelinegro. Los miro, y después a la torta que tenía en la mano, la probo sintiendo el dulce en todo su paladar. —No vengo a pelear. Solo… Quería saber el motivo… —otro bocado de valor— pero ahora creo saberlo.

—No es así —Interrumpió la rubia— Las cosas habían cambiado, mucho antes de su regreso…

—No puedo negarte eso.

—Se que esto puede resultar chocante, y que seguramente no estes de acuerdo. Pero amo a Serena y volví solo por ella. —Seiya dejo el plato y la miro con firmeza— Vivo por ella y por el amor que siento... Y que hoy, milagrosamente, es correspondido.

Lita quería procesar todo lo más rápido y de la manera menos violenta, pero le costaba, sobretodo porque en los pequeños detalles, podía ver con claridad la conexión que esos dos se profesaban.

Miro a Serena, con su pelo totalmente suelto, sus ojos brillantes, por fin, y su sonrisa atravesada por los nervios. Lo vio a él, más hombre, más protector. Estaba tranquilo, pero su cuerpo estaba centímetros más delante de Serena, como esperando pero preparado para saltar si veía el peligro.

Giro la cabeza para pensar y vió, colgada en la pared de la sala, entre muchas otras fotos, en un marco enteramente marca Serena, ósea rosa intenso, la foto del día de la graduación de la secundaria. Estaban las cinco sonrientes y la rubia agarrándose fuertemente del brazo de ella. Recordaba ese momento a la perfección.

No tuvo que tuvo que meditarlo más.

—Serena, sos mi amiga. Estoy con vos. —y sonriendo abiertamente termino— con los dos.