Hiiii!
Aquí traigo un cap nuevo :3 ¡Espero que os guste! ^^
-.-.-.-.-
—No hagas ni un solo ruido, Altaïr.
El joven se limitó a asentir, ocultándose aun más entre los arbustos, esperando pasar desapercibido frente al pequeño grupo de soldados que patrullaban la zona. No muy lejos de allí había un asentamiento provisional, probablemente perteneciente a alguna caravana de comerciantes, custodiada por un pequeño número guerreros. No sabía si serían amigos o enemigos, así que prefirieron ser discretos y no llamar la atención para evitar conflictos innecesarios.
Con sigilo, los dos Asesinos se movieron lentamente, agazapados, tirando de las riendas de sus corceles y rezando para evitar ser detectados, lo cual acabaría siendo poco menos que imposible por culpa de los animales a pesar de que la noche los cobijaba.
—Oye, alguien debería decirle a esos dos niños que los hemos visto desde hace una media hora—murmuró uno de los mercenarios, con una mueca divertida en el rostro.
—Déjales un poco más, es divertido.
Dos de los combatientes se habían quedado por la zona, paseando tranquilamente tan sólo para poner nerviosos a los jóvenes, hasta que uno de ellos se detuvo, sintiendo cierta empatía por los pobres chicos.
—Muchachos, podéis salir. Vuestros caballos os delatan, no somos tan ignorantes como para pasar por alto a dos ejemplares tan magníficos y tan bien ataviados. No os haremos daño.
Al-Sayf miró a Altaïr, los dos pensando en si dar crédito o no a las palabras del hombre. Tras unos instantes de deliberación, decidieron mostrarse ante los desconocidos, saliendo de los arbustos arrastrando sus dos monturas.
El guerrero se los quedó mirando, sus ojos oscuros pasando por ellos como si quisiera analizarlos, y finalmente les hizo un gesto con la cabeza, instándolos a que le siguieran.
—Mi nombre es Ashraf, vengo de Siria, como la mayoría. Escolto a este grupo de comerciantes hasta Acre, a un par de días de distancia. Decidme, ¿qué hacen dos jóvenes como vosotros con esos caballos, vestidos de esa manera y armados?
—Nuestros asuntos sólo nos conciernen a nosotros—contestó rápidamente Malik—. Son cosas personales, espero que sepa comprenderlo.
—Claro, claro. Secretismos, niño, sé de eso. Te repito que escolto una caravana de mercaderes, a saber cuántos de ellos de verdad se dedican al comercio de manera legal. No me voy a meter en vuestros asuntos si son privados.
—Nos dirigimos a Acre—dijo Altaïr—. Sería de agradecer el que pudiéramos unirnos a vosotros en el camino.
—Altaïr, tenemos prisa—murmuró Al-Sayf, mirándolo con desaprobación—. Ellos tardarán más que nosotros en llegar.
—Estaremos en Acre en dos días, ni más, ni menos—contestó el mercenario—. Llegaríais antes que nosotros si partís ahora mismo y no os detenéis hasta vislumbrar la entrada a la ciudad. Podéis uniros a la caravana siempre y cuando no traigais peligro con vosotros y os ocupéis de vuestras propias cosas. No somos una familia, nadie mirará por vosotros en el viaje y si suponéis una carga, os dejaremos atrás. Me pagaron para escoltar a un pequeño grupo dentro de la caravana, no a todos sus miembros, así que os tendréis que defender solos.
Ibn-La'Ahad miró a su compañero, alzando una ceja. Si iban con una caravana, tenían menos probabilidades de toparse con un grupo desagradable de soldados enemigos o, simplemente, podrían pasar desapercibidos de encontrarse con ellos. Malik tardó unos segundos en rendirse ante la insistencia de esos ojos dorados y, cuando Altaïr vio la conformidad en el gesto de Al-Sayf, comunicó al guerrillero que les acompañarían hasta Acre. Asintiendo, el hombre los guió hasta donde se encontraban las demás personas que conformaban la caravana.
—No os recomiendo hablar con nadie, algunos son bastante ariscos y, de todas maneras, sólo serán dos días. Después de llegar a Acre, el grupo se dispersará.
Los dos muchachos asintieron ante esas palabras y buscaron un lugar donde acostarse, un tanto alejados de los pequeños grupos de mercaderes que estaban ya formados por los días anteriores de convivencia.
Malik fue el primero en sentarse, prácticamente dejándose caer sobre el suelo, y rebuscó en las alforjas de su corcel algo para cenar, encontrándose ya con escasas provisiones que, tal vez, no le llegaran a durar los dos días de viaje. Sin embargo, no importaba mucho. Cuando llegase a Acre podría comer algo en la Casa de Asesinos y descansar cómodamente en el patio.
—¿Todavía te queda comida?
Al-Sayf giró la cabeza para ver a Altaïr, el cual lo miraba con sus hermosos ojos dorados, pasando éstos de su rostro moreno a la pieza de fruta que el muchacho de cabello negro llevaba en la mano. Malik sonrió, una de sus cejas enarcándose.
—¿A ti no?
—No, esta mañana me comí lo poco que me quedaba.
—Oh, es una pena.
Dicho esto, le dio un mordisco a la manzana, ignorando la mirada de cachorro abandonado que Ibn-La'Ahad tenía en aquellos momentos. Una parte de él se regocijaba ante eso, mientras otra...se reía cruelmente. Era divertido ver al gran Altaïr de aquella manera, con una mano sobre su tripa y la mirada clavada en la fruta.
Hasta que repentinamente el muchacho se le echó encima, empotrándolo contra el suelo con un rastro de humor en sus ojos.
—¿¡Eh, qué ha...!?
Altaïr apretó las mejillas de Malik con una mano, divertido ante el gesto enfadado de su amigo, y oprimió sus labios sobre los de Al-Sayf, saboreando el regusto a manzana de los labios del muchacho, casi succionándolos como si de esa manera pudiera extraer algún tipo de jugo de ellos, tomando el inferior entre los dientes en alguna ocasión, mordiéndolo.
Malik sintió que su rostro enrojecía hasta tal punto que creyó que ya sería similar a la dichosa manzana que había iniciado aquello, su corazón empezando a latir fuertemente, rebotando con furia contra su pecho. Tenía los ojos bien abiertos por la sorpresa, observando el rostro de Ibn-La'Ahad, la tranquilidad de sus rasgos, cómo mantenía los párpados entornados, aflojando ligeramente su agarre hasta que éste pareció más una suave caricia en su mejilla que descendió hasta su cuello, notando cómo reposaba sus dedos enguantados en cuero sobre su piel morena. El joven se sintió desfallecer ante el gesto, sintiéndose incluso mareado por las repentinas emociones que se abrían paso en su interior.
Frunciendo el ceño, miró fijamente a Altaïr cuando éste se separó de él, viendo su sonrisa burlona, aquella expresión de superioridad en el rostro, y no pudo por menos que estrellarle la fruta en la cara a falta de algo mejor.
Quitándoselo de encima, Al-Sayf se sentó de nuevo sobre el suelo, viendo cómo Ibn-La'Ahad parecía de lo más contento mordisqueando la manzana que ahora tenía en su poder.
—Muy amable por compartir tu comida conmigo, hermano.
—¡Cierra la boca!—gritó Malik, avergonzado.
Altaïr lanzó una carcajada ante la expresión que presentaba su compañero y se acomodó sobre un brazo, sus ojos dorados recorriendo el rostro de Malik como acostumbraba, aunque ahora con mayor intensidad, incomodando al pobre joven de cabello negro.
—¡Deja de mirarme así!
Farfullando algo entre dientes, Al-Sayf se dio la media vuelta, haciéndose un ovillo en el suelo, con las mejillas rojas como la grana y un molesto hormigueo en el estómago, mientras se acariciaba, con cuidado y lentitud, el labio inferior con un par de dedos, aquella zona que Altaïr había succionado y mordido de tal manera que ahora presentaba un tono rojizo y una ligera hinchazón.
''Estúpido Altaïr'' pensó para sí, cerrando los ojos, irritado.
Altaïr se limitó a mirarlo de nuevo, terminándose la manzana, y después se tumbó, ambos jóvenes de espaldas.
—Buenas noches, Malik.
Silencio.
Silencio.
...
—Sí...buenas noches.
Con una pequeña sonrisa en los labios, Ibn-La'Ahad cerró los ojos y se durmió.
A la mañana siguiente, los dos Asesinos se despertaron antes que los demás, exceptuando a los mercenarios que ya se encontraban patrullando la zona para evitar posibles altercados, y unos minutos más tarde, alzaron el campamento para seguir camino bajo el cálido sol del otoño.
Altaïr iba con una sonrisa de oreja a oreja, cabalgando junto a un callado Malik, al cual le dio un golpe en el brazo con el puño.
—¿Te ha comido la lengua el gato, Malik?
—No estoy de humor, Altaïr. Te lo advierto.
—Espera, ¿alguna vez lo has estado acaso?
Al-Sayf serró los dientes y le dio un golpe a su compañero en la cabeza con la palma de la mano, aunque tan suave que fue más un roce que otra cosa.
—¡Cállate!
Entre risas, Altaïr hizo un gesto de asentimiento, decidiendo dejar de molestar al joven al menos por un tiempo, y el resto del viaje lo pasaron de igual manera, con un molesto Malik golpeando a la menor oportunidad a Ibn-La'Ahad.
Finalmente llegaron a Acre, la ciudad costera, donde la temperatura resultaba realmente agradable y el ambiente parecía tranquilo, sin muchos sobresaltos a primera hora de la mañana. Los dos Asesinos dejaron sus monturas a la entrada de la ciudad, se despidieron del mercenario que los había acogido en la caravana y se adentraron en la urbe, buscando el Bureau. Sin embargo, Malik se detuvo al poco de entrar, escuchando un pequeño alboroto no muy lejos del lugar. Sin poder evitarlo, se dirigió hacia allí seguido de Altaïr, los dos viendo cómo un pequeño grupo de soldados lastimaban a una mujer por un motivo que se les escapaba.
—No podemos quedarnos de brazos cruzados, hermano—murmuró Al-Sayf.
—¿Y qué propones que hagamos? No tenemos armas arrojadizas y un combate abierto atraería demasiado la atención.
Malik se quedó pensativo, mirando a las alturas, y le hizo un gesto a Altaïr para que lo siguiera hasta un tejado. Los dos se movieron como sombras, acechando a los guardias, y sacudieron la muñeca, sientiendo el tirón del pequeño mecanismo de la hoja oculta cuando tuvieron sus objetivos a sus pies. La daga apenas hizo ruido al salir de su escondrijo, imposible de percibir entre la algarabía general, y los Asesinos tomaron posiciones, preparándose para saltar. Al caer sobre los soldados, despacharon a dos de ellos, clavando la cuchilla en sus cuellos despejados de armadura, y se libraron de los tres restantes en cuestión de minutos, usando las espadas para acabar antes.
—¡Gracias, Señor, gracias!—exclamó la mujer, con lágrimas en los ojos—Esto no quedará en el olvido, todos deben saber que aun hay gente que se preocupa por nosotros.
Tras decir aquello, la fémina salió corriendo, dejando a los dos chicos en medio de los cinco cadáveres de la guardia, mientras algunas personas los vitoreaban por su hazaña y otras huían despavoridas. Malik instó a Altaïr a que le ayudase a ocultar los cuerpos y dejase de pavonearse entre la gente, y una vez hecho esto, pusieron rumbo a la Casa de Asesinos de Acre, donde el rafiq les informó acerca de los lugares donde podrían recabar información para empezar la misión.
—Esta vez procura no llamar la atención—dijo Malik a su compañero.
—Para evitar eso, iremos juntos. Tardaremos algo más, pero podremos hacer las cosas con mayor eficacia. ¿Dónde nos dirigimos primero?
—Vayamos hacia la zona del puerto.
Ibn-La'Ahad asintió con cierta desgana, pensando en el hecho de que estaría rodeado de agua y eso, eso, no le hacía especial gracia. Sin embargo, el deber era el deber, y no tenía más remedio que llevar a cabo esa misión, así que sin más dilación ambos Asesinos fueron al puerto de Acre, un lugar bastante alborotado a pesar de ser tan temprano, con varios marineros borrachos tirados por el suelo o dando vueltas en pequeñas barcazas mientras gritaban a la nada.
Malik buscó con la mirada al objetivo al que debían espiar, sin resultados positivos, hasta que sintió un golpe en el brazo por parte de Altaïr, que señalaba con la cabeza hacia un gran barco varado en el muelle principal.
—Está ahí.
—¿Cómo lo sabes?
—Lo sé, lo veo.
—¿Que lo ves...?
—Hablaremos de eso más tarde, Malik. Debemos apresurarnos antes de que su interlocutor se vaya.
Así pues, los dos jóvenes se acercaron al lugar, con cuidado de no alertar a los guardias apostados por los muelles.
—Tenemos que ir por el agua—informó Al-Sayf—. Desde ahí, podremos escalar por el barco sin ser detectados, no hay guardias en esa zona. No podemos escuchar nada desde tierra.
—Pero...
—Ah, lo olvidaba. Tú no sabes nadar.
Suspirando, Malik decidió que iría él solo, dejando a Altaïr vigilando por el muelle principal y los alrededores para que le avisara si estaba en peligro o no. De esta manera, el muchacho de cabello negro se lanzó al agua, nadando rápidamente hasta llegar al navío, y subió por el forro exterior aprovechando los salientes de la embarcación. Oculto, pegando su cuerpo al barco, trató de escuchar la voz del capitán, su objetivo, por encima del barullo del agua, las gaviotas y los soeces marineros. Era una tarea casi imposible, pero tenía que esforzarse.
Altaïr, por su parte, trataba de despistar a la guardia para evitar que detectasen a su compañero, y después de unos largos minutos, Malik volvió a subir a los muelles, tropezando con un beodo adormilado apostado en el borde del lugar. Poniéndose de nuevo en pie, hizo señas a Ibn-La'Ahad para que se reuniera con él, y una vez estuvieron los dos juntos, le informó de lo que había oído.
Después de eso, se dirigieron a la otra punta de aquel barrio, siguiendo a un hombre entrado en años que portaba una misiva que debían robar. Altaïr la sustrajo discretamente, mostrándosela después a Al-Sayf con gesto triunfal, y finalmente tuvieron que espiar otra conversación, esta vez en medio del mercado, ambos sentados en un banco como si hablasen entre sí.
Tras recabar la información necesaria por la ciudad, volvieron al Bureau. El asesinato que tenían que realizar lo llevarían a cabo al día siguiente, por la tarde, según les dijo el rafiq de Acre. Así pues, los dos jóvenes fueron a descansar, dado que ya era de noche, y se tumbaron sobre la pila de cojines y alfombras que había dispersas por el patio de la Casa, viendo las estrellas a través de la reja de entrada.
Aquella noche, ninguno de los dos pudo dormir bien debido a la expectación. Al día siguiente cometerían su primera misión de asesinato, aquella que, tal vez, les acercase un paso más al siguiente rango de la Hermandad. Estaban nerviosos, pensando en lo que el éxito de esa tarea significaría para ellos. Esta vez no podían permitirse ni un solo error.
Altaïr y Malik salieron de la oficina con las primeras luces del alba, ampliando la información que ya tenían hasta la hora acordada después de haber hablado con el rafiq, el cual les entregó una pluma que deberían manchar con la sangre de su objetivo.
—Será en ese edificio—dijo Al-Sayf señalando la edificación que se alzaba ante ellos—. Habrá guardias por todas partes, tenemos que ser discretos.
—Lo sé, Malik. Nos colaremos por el tejado, subiendo por la parte de atrás. Antes de eso tendremos que eliminar a los guardias de ahí, ahí y ahí—contestó, señalando cada punto con un dedo—. Tras eso, tendremos vía libre al interior del recinto. Una vez dentro, acabaremos con los soldados que nos salgan al paso y una vez limpio el lugar, podremos acabar con nuestra víctima sin problemas. Está todo pensado, será fácil.
—No seas tan arrogante, presupón que te equivocas. Anticipación, hermano.
Ibn-La'Ahad ignoró el comentario y aguardó en aquel callejón, los dos Asesinos protegidos por la sombra que los edificios alargaban en su dirección. Llegado el momento, iniciaron el plan, escalando con agilidad uno de los edificios cercanos al lugar donde se encontraba su objetivo, y acabaron con los tres guardias que hacían su ronda. Una vez cometidos los asesinatos, saltaron a la edificación acordada, trepando hasta llegar a la parte de arriba que daba a un patio interior, custodiado por un gran número de soldados.
Allí estaba su objetivo, leyendo tranquilamente algún tratado, sin preocupaciones de ningún tipo. No podía sospechar que los Asesinos iban tras él.
—Por allí—murmuró Altaïr.
Malik asintió y siguió a su compañero, los dos andando con gran sigilo. El muchacho de ojos dorados tiró del mecanismo de su hoja oculta y, sin hacer ruido, la clavó en el cuello de un guarda, su mano derecha cubriendo su boca, sintiendo el cosquilleo de sus gritos silenciosos en su piel. Lo dejó en el suelo, cerrando sus ojos, y continuó camino, con Al-Sayf tras él. Llegando a una bifurcación, cada uno fue por un camino, acabando con los soldados de manera silenciosa con la cuchilla oculta.
Todo iba bien, hasta que Altaïr en un alarde de estupidez que él confundió con valentía y habilidad saltó desde el balcón para acabar con la vida de su víctima. El hombre vio una sombra por el rabillo del ojo, detectando al Asesino, y esquivándolo en un golpe de pura suerte, llamó a la guardia a voz en grito, haciendo que Malik se golpease la cara por la desesperación.
''Estúpido, estúpido Altaïr''
Rápidamente atacó a su objetivo por detrás, su espada sobresaliendo del pecho del hombre, la punta roja, brillante, y la sacó de un golpe seco, salpicando el suelo y sus propias ropas con aquel líquido vital.
—¡No hay tiempo para luchar, Altaïr!—exclamó.
Ibn-La'Ahad miró en dirección a Malik, viendo que había logrado cumplir la misión, aquella pluma antes blanca manchada ahora de sangre. Sin embargo, era preciso deshacerse de al menos un par de guardias más, si es que querían salir por donde habían entrado y no acabar cayendo desde una altura considerable debido a una pedrada.
Enarbolando su espada larga, Altaïr se lanzó al combate, afianzando ambas piernas en el suelo cuando vio que uno de los soldados lo golpeaba con su arma, y detuvo el golpe, usando el peso de su cuerpo como elemento de equilibrio para no caerse hacia atrás. Rechazando la estocada, describió un arco ascendente con su acero, rompiendo la armadura ligera de su rival y llegando a abrirle una herida en el pecho. Rápidamente, aprovechando la desventaja del otro, dejó su mano izquierda libre y sacó su hoja oculta, hundiéndola en la carne del soldado lo más que pudo.
Al-Sayf, viendo que su compañero no cesaba de atacar, no tuvo más remedio que quedarse, colocándose espalda contra espalda con Altaïr, ambos muchachos con sus espadas en alto, a la espera de una oportunidad para atacar.
—¡Dejádnoslo a nosotros!
Los dos jóvenes miraron hacia arriba durante apenas unos segundos, viendo aparecer a tres Asesinos de mayor rango y destreza que despacharon con una rapidez envidiable a los soldados.
—Rápido, a la Casa de Asesinos. El rafiq os está esperando. No llaméis más la atención si no queréis encontraros con la verja echada.
Altaïr y Malik asintieron, guardando sus armas, y salieron de allí en cuestión de milésimas, corriendo por los tejados de Acre para llegar al Bureau, donde el rafiq les preguntó sobre la misión y sus pormenores cuando por fin pudieron entrar.
El muchacho de cabello negro dejó la pluma sobre el escritorio, indicando que la misión había sido un éxito, y tras eso resumieron su viaje hacia Masyaf, esperando las felicitaciones del Maestro.
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Creo que no hay nadie, NADIE, que adore o al menos medio soporte a Abbas XD Lo cual es totalmente lógico dadas las circunstancias...Y curiosamente, no me da ni pena -3-
Hey, Alex, por falta de ganas no será XDDDD Por mí, torturaba a Abbas cruelmente en todos los capítulos...No me cae nada bien. Nope, nada, nada bien D:
Benvenuti, ConverseBlue! Un placer tenerte por aquí :3 Me alegro de que te esté gustando la historia ^^ Y sí, Kadar es adorable *-*
Oh, Aidiki, no te preocupes...Llorar, vas a llorar (?)
Bueno, muchas gracias por leer y comentar ^^ ¡Espero vuestros reviews! ;u; Me alegran el día :D
¡Ya nos leemos!
