Hiiii!

Aquí dejo el cap 9 :D Como bien te dije en su día, Aidiki, te dedico este cap :'D

Subo a T~

-.-.-.-.-

Habían llegado a Jerusalén junto a las primeras lluvias del invierno, apenas unas suaves gotas que refrescaban el ambiente de la ciudad en esos momentos, por lo que no se entretuvieron demasiado para llegar a la Casa de Asesinos, donde el rafiq les daría cierta información para que comenzasen su misión.

Por supuesto, como era costumbre, primero deberían recabar ellos mismos información...Pero con aquel clima era un poco complicado, dado que la gente no salía a la calle a pasear.

—En unas horas habrá amainado la lluvia, esperemos de mientras aquí—propuso Malik, acomodándose dentro de la oficina.

Altaïr asintió, mirando de reojo al rafiq, el cual se encontraba consultando algunos documentos tras el escritorio, sin prestar atención a los dos muchachos que estaban sentados sobre las alfombras.

Al-Sayf se quitó los guanteletes que cubrían sus brazos, girando un par de veces las muñecas para liberarlas de la presión que sufrían al estar apretadas entre el cuero, y dejó caer la cabeza sobre uno de los suaves cojines, emitiendo un ligero y apenas perceptible suspiro de satisfacción. El viaje había sido especialmente agotador debido a las constantes pesadillas de Ibn-La'Ahad y no había podido descansar prácticamente nada, ni él, ni su compañero.

—¿Te encuentras mejor, Altaïr?

El muchacho giró la cabeza para ver a su amigo, sus ojos recorriendo aquel cuerpo recostado sobre los cojines, su túnica adhiriéndose a su piel en algunas partes debido a la lluvia. El cabello de Malik estaba húmedo, con las puntas brillando levemente por el agua, y sus ojos, aquellos dos pozos profundos, casi negros como el ébano, clavados en él, con algo de preocupación reflejándose en sus iris aun más oscurecidos por la sombra.

Repentinamente, Altaïr tuvo la imperiosa necesidad, el deseo, de estirar un brazo y tocar aquella piel morena y suave al tacto, pero supo contenerse a tiempo, escuchando los pasos del rafiq junto a su acompasada respiración.

—No—confesó con desgana, encogiendo los hombros—. Realmente, no.

Compungido por aquella mirada esquiva, Al-Sayf alargó la mano para cubrir con sus dedos los de su compañero, apenas un pequeño roce, tan nimio que Ibn-La'Ahad casi ni lo sintió.

—No te preocupes, ya pasará. Procura no pensar en ello antes de acostarte para evitar llamar a las pesadillas.

—La lluvia ha cesado, así que podéis salir ya si queréis—informó el rafiq.

Malik apartó rápidamente la mano al escucharlo y se puso los guanteletes, levantándose seguido de Altaïr. Despidiéndose del hombre que atendía el Bureau de Jerusalén, ambos Asesinos salieron de la oficina para iniciar su misión, esperando que las calles de la ciudad volvieran a llenarse de gente después de la lluvia.

Tuvieron que esperar algunos minutos hasta que el ritmo de vida de Ciudad Santa se normalizó y, tras eso, se dirigieron a uno de los lugares que el rafiq les había indicado. Se trataba de un recinto cubierto en su mayoría, con una pequeña abertura en la bóveda, custodiado por varios soldados. Tuvieron que entrar ocultos entre la multitud, fusionándose con un grupo de eruditos de túnicas albas, y una vez dentro del lugar, buscaron a su objetivo.

Ibn-La'Ahad entrecerró los ojos, los cuales, por un momento, parecieron brillar con intensidad, como si la luz de los candiles se hubiera reflejado en ellos, las oscilantes llamas bailando en sus iris dorados.

—Es ese hombre—murmuró a su compañero, señalando a un adulto de túnica oscura y turbante—. El rafiq nos dijo que se reunía aquí con su contacto, así que sólo cabe esperar. Sentémonos en esa zona, estaremos cerca pero no lo suficiente como para resultar sospechosos.

Malik asintió, siguiendo a Altaïr hasta el banco acordado, preguntándose cómo podrían oír nada estando en medio de aquel bullicio. Miró de reojo a su amigo, una de sus cejas enarcada, y volvió la vista al suelo hasta que sintió el golpe del joven en sus costillas, instándole a que estuviera atento dado que había llegado el otro hombre.

Al-Sayf apenas había oído nada de lo que habían dicho, no así Altaïr, que se había enterado de toda la conversación, y una vez ambos adultos se separaron, Ibn-La'Ahad se incorporó para acercarse al tipo del turbante y robar la carta que llevaba guardada en la parte trasera del fajín. Malik, como de costumbre, aguardó en el banco para evitar levantar sospechas, y se reunió con el otro muchacho una vez éste logró su objetivo.

—Vámonos ya de aquí—dijo Altaïr.

Así pues, los dos salieron del recinto, perdiéndose entre las calles de Jerusalén hasta toparse con un gigantesto edificio, una hermosa aguja que destacaba en medio de la ciudad, coronada por una torreta sobrevolada por un águila.

—Malik...

—¿Hm?

—Te echo una carrera.

—¿Disculpa?

—Quien llegue antes a la cúspide, gana. Vamos, no hay muchos guardias por aquí, no se enterarán.

—Pero...

—Tres...

Malik frunció el ceño, mirando fijamente a Altaïr. No podía estar hablando en serio, ¿verdad?

—Dos...

Oh, sí. Sí que estaba hablando en serio.

—Uno... ¡Ahora!

A pesar de que Al-Sayf tenía sus prioridades bien ordenadas, no podía simplemente ignorar un reto propuesto por Altaïr, su amigo y su mayor rival, y empezó a escalar la empinada torre junto al joven de ojos dorados, tratando de seguirle el ritmo y superarlo. Sin embargo, no era tarea fácil. Ibn-La'Ahad era más rápido que él, después de todo no le llevaba un rango por nada. Su destreza era mayor que la de Malik y eso era algo que los dos sabían.

El primero en coronar la atalaya fue Altaïr, sorprendiéndose de que no hubiera ningún guardia patrullando la torreta.

—Vamos, Malik—dijo, sacando una mano para ayudarlo a escalar los últimos peldaños—. Has estado a punto de alcanzarme.

—Ah, como si esas palabras fueran a consolarme—contestó, no obstante, aceptando la ayuda.

—No te confundas, mi intención no era consolarte.

Malik hizo rodar sus ojos ante el comentario, apoyando los brazos sobre uno de los merlones, admirando la belleza de Jerusalén, los últimos rayos de sol acariciando la ciudad con mimo. El cielo presentaba ya unas tonalidades cálidas, anaranjadas, y las nubes que lo cubrían estaban teñidas de un suave color rosáceo.

Mientras él contemplaba aquel espectáculo de la naturaleza, Altaïr saltaba de merlón en merlón, distrayéndose con eso, hasta que acabó sentándose en un trozo de madera que sobresalía de uno de ellos, balanceando una pierna y manteniendo la otra doblada contra su pecho para apoyar el brazo.

—Oye, Altaïr...Llevo años preguntándome cómo has logrado obtener esa capacidad para desarrollar tanto tus sentidos—comentó Malik de imprevisto, mirando al joven—. Ya sabes a lo que me refiero.

—Nací con ello—contestó con simpleza, su vista perdida en el horizonte—. Siempre tuve una visión y un oído mucho más desarrollados que los demás. Al Mualim me dijo que es una rareza incluso entre los Asesinos, pero con eso me dio a entender que no soy el único que posee este don. Mi padre al parecer también lo desarrolló...pero no estoy seguro de ello.

Al-Sayf apoyó la mejilla sobre una mano, pensando en qué podría sentirse al poseer algo así. Él nunca tendría una visión ni un oído tan amplios como los de Altaïr, pero tampoco podía negar que, a pesar de ello, no dejaba de ser un buen Asesino. Había cosas peores en el mundo; por ejemplo, perder un miembro.

Realmente, eso sí que no le gustaría.

Conteniendo un escalofrío ante aquella posibilidad, se sentó sobre un merlón, el mismo del cual salía la madera donde se apoyaba Altaïr, y lanzó un quedo suspiro.

—Malik, ¿desde esta altura, no te da la impresión de que el mundo es nuestro?—preguntó Ibn-La'Ahad con voz distante—Nadie sabe de nosotros, nos movemos entre las sombras, pero sin nuestra presencia, ¿qué sería de estas tierras?—se puso en pie, acercándose al borde de la madera, de espaldas a su compañero—Creo que esta es una de las mayores sensaciones de libertad que podríamos tener. La Hermandad, el Credo, nuestras habilidades nos hacen libres, como las águilas.

El joven de cabello negro miró la figura de su compañero, una figura alta, elegante, que no le temía a nada, y volvió a sentir el desagradable punzón de la envidia.

Altaïr, por su parte, se giró hacia Malik y le tendió una mano, esbozando una cálida sonrisa. El suave viento del atardecer mecía con cuidado sus ropajes blancos y su corta cabellera; con aquel cielo por fondo, parecía una visión propia de un sueño más que alguien real.

Al-Sayf no pudo negarse, como si estuviera cautivado por su hechizo, y anduvo sobre la madera, tomando la mano de su compañero de misión. Ibn-La'Ahad lo acercó a él, apretando su mano con cuidado, y pasó el brazo libre por su estrecha cintura, mientras apoyaba su frente en la de él y le miraba a los ojos. Entornó los párpados, aun sonriendo, sintiendo la respiración entrecortada de Malik sobre sus labios.

Ese momento era solo de ellos.

—Deberíamos continuar con nuestra misión, Altaïr—murmuró un agitado Al-Sayf un rato después, a pesar de que no quisiera separarse.

Ibn-La'Ahad asintió, le soltó y se dio la media vuelta, mirando hacia el vacío, preparándose para saltar. No era su primer salto de fe, pero cada vez que realizaba uno, sentía un hormigueo recorriendo todo su ser, los nervios de la anticipación. Sin embargo, antes de hacer nada, se giró hacia Malik y le besó en los labios a traición, atrapando el labio inferior de su compañero con los dientes antes de separarse y volverse hacia el vacío. Tomando aire, se aventuró, extendiendo los brazos a ambos lados, dejándose caer hasta que su cuerpo se vio sumergido en una pila de heno, aterrizando perfectamente. Al salir, sacudió la cabeza, quitándose las hebras de paja del cabello, y miró hacia arriba para hacer una señal a Malik, indicándole que saltase.

Al-Sayf regresó al presente al verlo agitar un brazo; aquel contacto inesperado lo había dejado con la mente en blanco y sin saber cómo reaccionar. Agitando la cabeza para despejarse, se lo pensó dos veces antes de proceder, esperando no romperse una pierna, y se vio gratamente sorprendido cuando cayó de una pieza.

—Oye, estás un poco pálido—comentó Altaïr, ayudando a su compañero a ponerse en pie.

—Cierra la boca—farfulló Malik, mirando de reojo al muchacho, comprobando que él se encontraba perfectamente—. Venga, continuemos.

A diferencia de Altaïr, Malik no había realizado un gran número de saltos de fe y aun le costaba encontrar la tranquilidad que debiera tener en el acto, pero al menos no sufría ningún desmayo por la altura ni se había quedado inválido todavía.

Y era una suerte que se hubiera podido concentrar después del beso.

Después de terminar de rastrear la ciudad en busca de información, se dirigieron al Bureau, entreteniéndose en el camino con cualquier cosa. Ya se había hecho de noche en Jerusalén, aunque la luna no estaba muy alta todavía en el firmamento. Las calles se encontraban tranquilas, con pocos transeúntes en ellas, y se podían escuchar los susurros de las largas túnicas rozando el suelo o los cuchicheos de las personas que hablaban frente a los portales de sus hogares.

Se respiraba una gran tranquilidad, a pesar de la presencia de soldados y Asesinos. Era como si, en esos momentos, ellos no existieran. No era más que una ciudad, de noche, con los astros alumbrando sus calles y ocultando sus secretos.

Al llegar a la Casa de Asesinos, informaron al rafiq y, tras eso, el hombre marchó a descansar, mandando a Altaïr y Malik al patio del Bureau. Los dos jóvenes se acomodaron en las alfombras del lugar, Al-Sayf recostando la cabeza en uno de los cojines, frunciendo el ceño al ver que su compañero no dejaba de mirarlo.

—¿Sucede algo?

Altaïr se acercó a Malik, una de sus manos acariciando su mejilla con suavidad, llegando a sus labios.

—Quiero que...me ayudes a alejar las pesadillas esta noche—murmuró.

Ibn-La'Ahad se inclinó hacia su amigo tras murmurar aquello, viendo de reojo cómo el joven parecía retroceder un poco, sus pómulos teñidos de un leve tono rojizo y los ojos muy abiertos. Ignorando aquellos gestos, Altaïr oprimió sus labios contra los de Malik, escuchando las ligeras protestas de éste cuando se separaban brevemente para tomar aire, y ante aquello no pudo evitar sonreír. Entrelazando sus dedos con los de él, sintió cómo Al-Sayf apretaba su mano al comenzar a delinear su labio inferior con la lengua, obligándolo a abrir su boca para poder profundizar el beso.

Iniciaron una dulce batalla entonces, las lenguas de ambos enredándose, luchando por introducirse en la cavidad ajena.

Altaïr estaba acostumbrado a arrasar con todo, Malik a no ceder ante aquel maldito arrogante, y pronto su beso se volvió agresivo, salvaje, algo irracional y animal. Pero, en el fondo, detrás de toda aquella pantomima, los dos estaban impulsados por un mismo sentimiento que aun desconocían y que los había unido desde su primer encuentro, cuando eran unos novicios de once años que apenas sabían mantener en alto una espada de acero durante más de tres minutos.

El joven de ojos dorados bajó los labios por el cuello del muchacho, sus dientes clavándose en su piel morena, sonriendo ante los ruidos que Al-Sayf dejaba escapar por su boca entrecerrada.

Malik suspiró al sentir la boca de Altaïr descendiendo por su pecho aun cubierto por la tela del traje de Asesino, y repentinamente abrió sus ojos, los cuales había mantenido cerrados casi por completo. Una pequeña gota había caído sobre su frente, resbalándose por la sien hasta perderse en el nacimiento del cabello. No faltó mucho para que la lluvia hiciera acto de presencia nuevamente en Jerusalén, empapando a los dos jóvenes debido a los huecos que había en la reja sobre el patio del Bureau.

Chistando ante la interrupción, Ibn-La'Ahad se puso en pie, obligando a su amigo a imitarle, y tiró de él hacia el interior de la vacía oficina, alumbrada pobremente por la luz que a duras penas se filtraba a través de la puerta. Uniendo nuevamente sus labios, comenzó a desvestirlo con impaciencia, quitando capa tras capa hasta sentir en sus dedos su suave piel canela, delineando sus marcados abdominales, y se separó de él tan sólo para poder observar aquel hermoso y esbelto cuerpo. Alzó la vista, mirando su rostro sonrojado, aquellos ojos que le devolvían la mirada de manera desafiante, con furia y deseo, sus labios, húmedos, de los cuales había escapado un fino hilo de saliva que ahora adornaba su perilla, ligeramente hinchados por los besos.

Malik era su fruta prohibida, su perdición. La caída, a esas alturas, era ya inevitable.

Altaïr lo atrajo hacia él, su lengua introduciéndose con rapidez en la cavidad bucal de Al-Sayf, enredando sus dedos en la corta cabellera negra de su compañero. Malik le respondió de inmediato, dejando de lado su cabezonería y orgullo, y rodeó el cuello del joven con un brazo, posando su otra mano sobre la muñeca de Ibn-La'Ahad, sintiendo cómo éste lo empujaba poco a poco hacia atrás, hacia el centro de la sala.

—Altaïr—logró murmurar, sintiendo cómo la lengua del joven golpeaba contra sus labios—. El rafiq va a oírnos.

Sonriendo secretamente, Altaïr tomó un candil de la oficina, mirando después a Malik.

—Entonces, volvamos fuera.

—Pero fuera está...

—Voy a hacerte el amor aquí dentro o ahí fuera, independientemente del rafiq. Así que tú decides.

Malik sintió que se sonrojaba hasta las orejas y, apretando la mandíbula, avergonzado por el desparpajo que mostró Altaïr tras pronunciar aquellas palabras, acabó por empujarlo de nuevo hacia el patio, Ibn-La'Ahad dejando el objeto que portaba en el suelo con cuidado de no derramar su contenido. Al girarse hacia su compañero, vio cómo su piel desnuda se erizaba por el repentino contacto con el frío del exterior, y le acercó a él, rodeándolo con los brazos y oprimiendo sus labios contra el cuello de Al-Sayf, sintiendo cómo éste se estremecía contra él, especialmente cuando ascendió hasta llegar a su punto débil, su oreja. Lo tumbó sobre las alfombras con cuidado, besando cada pedazo de esa suave piel que reclamaba tanto su atención.

Dejando escapar un jadeo, el muchacho de ojos oscuros hundió fuertemente la mano en el cabello castaño de Altaïr, apretando las yemas contra la cabeza del joven. Dio un respingo cuando Ibn-La'Ahad se aventuró en sus pantalones, jalando de ellos hasta dejar su miembro ya erecto al descubierto, y no pudo evitar gemir quedamente tras sentir la mano desnuda del chico recorriendo toda su longitud, masajeándolo de manera acompasada.

Avergonzado, se cubrió el rostro con una mano al ver que Altaïr descendía, besando su torso, hasta llegar a su masculinidad, pasando su lengua por el tronco hasta coronar el glande, describiendo círculos en la cabeza. Enarcando la espalda, se mordió fuertemente el labio inferior para evitar soltar algún ruido delatador, la mano que mantenía reposada sobre la alfombra cerrándose fuertemente alrededor del objeto, tanto que sus nudillos se tornaron blancos.

—A-ahí no, Altaïr... —gimió entre dientes, retorciéndose por el placer que el muchacho de ojos dorados le producía—P-para…

Altaïr ignoró las palabras de Malik, introduciéndose su miembro en la boca, tragando todo lo que pudo. Sintió una de las manos de su compañero sobre su cabeza, al principio acariciando sus cabellos, luego tirando brevemente de ellos con cada jadeo que Al-Sayf dejaba escapar de su garganta.

Ibn-La'Ahad sonrió internamente a pesar de los tirones, aumentando el ritmo de sus caricias sobre el miembro de Malik, saboreando el líquido pre-seminal que humedecía su glande. No faltó mucho para que brotase la esencia del joven de ojos oscuros que Altaïr no dudo en tragar, tosiendo ligeramente por su abundancia.

Alzó entonces la vista para poder ver a Al-Sayf, sus labios curvándose en una tierna sonrisa al ver el extremo sonrojo en su cara, su pecho subiendo y bajando de manera agitada, los ojos cerrados y una mano cubriendo parte de aquel avergonzado rostro. Malik era tan…bello. Jamás se cansaría de contemplarlo.

Lo besó en la frente, quitándose la ropa que aun llevaba sobre su piel, y se acomodó sobre Malik, mirándolo fijamente. El joven le devolvió la mirada, entrecerrando levemente los ojos al sentir la caricia de Altaïr sobre sus labios.

Tomando su mano, no se lo pensó dos veces antes de introducir un par de dedos en su boca, jugueteando con su lengua, sabiendo que Ibn-La'Ahad lo miraba fijamente, sus pupilas dilatadas por el deseo. Ver a Malik de aquella manera hacía que su sangre hirviese; era una de las visiones más eróticas que jamás había tenido el placer de contemplar.

El joven de cabello castaño retiró sus dedos, sustituyéndolos por una ávida lengua que no tardó en verse enredada en la de su compañero, los dientes de ambos chocando por la cercanía y la ansiedad por unirse aun más. La mano de Altaïr descendió hasta el trasero de Al-Sayf, uno de los dedos empapados de saliva acariciando aquella entrada, tanteando con cuidado e introduciéndose después lentamente, sintiendo la incomodidad de Malik ante el gesto. Comenzó a describir círculos con cierta parsimonia, tratando que el muchacho se acostumbrase para después aumentar el número de dedos que lo penetraban, hasta que sintió su entrada lo suficientemente dilatada como para pasar a algo mayor.

Tomando el candil, derramó el aceite de su interior sobre su miembro erecto, empapándolo, y se posicionó sobre Malik, separando sus glúteos para comenzar a introducirse en él cuidadosamente. Vio cómo Al-Sayf cerraba fuertemente los ojos, las uñas del muchacho clavándose en su espalda por el dolor, y besó sus párpados, apretando su mejilla contra la de él, penetrándolo un poco más, de manera lenta, hasta que se introdujo por completo en su interior.

Altaïr comenzó a mover las caderas, tratando de hacer que Malik se acostumbrase a sus movimientos, escuchando los pequeños ruidos angustiados que escapaban de su garganta, poco a poco sus quejidos siendo sustituidos por quedos gemidos.

Aquel sonido fascinaba por completo a Ibn-La'Ahad.

Aumentó el ritmo poco después, las piernas de Malik rodeando su cintura, su cabeza echada hacia atrás y los párpados fuertemente apretados, con una expresión de placer en su rostro moreno y sonrojado. Excitándose aun más, el joven comenzó a masturbarlo, uniendo sus labios en un beso cargado de lujuria, moviéndose cada vez más rápido, acompasando el movimiento de sus caderas con el de la mano que masajeaba el miembro de Al-Sayf.

El muchacho de cabello negro dejó escapar un fuerte gemido, nombrando el nombre de su amante, arañando su espalda con fuerza, marcando aquel pedazo de piel, que enseguida enrojeció.

No faltó mucho para que Malik alcanzase el clímax, sintiendo las últimas y vigorosas embestidas de Altaïr, y ante aquello eyaculó, aquel líquido espeso y blanquecino manchando su abdomen. Ibn-La'Ahad apretó la mandíbula al venirse, tratando de contener penosamente el orgasmo. Estaba seguro de que alguien les habría oído, pero en esos momentos no le importaba demasiado. Ahora, sólo existían él y Malik.

Con el cuerpo brillante por el sudor, se dejó caer sobre su compañero, respirando de manera irregular, cansado tras la experiencia. Sentía los espasmos de Al-Sayf, sus estremecimientos, cómo su corazón latía de manera desenfrenada.

Malik lo miró a los ojos, aquellos ojos dorados, brillantes, que lo observaban fijamente, casi sin pestañear.

¿Cuándo se había enamorado de ellos?

Recordaba haberse quedado prendado de esos ojos siendo un niño, cuando Altaïr llegó a Masyaf, pero nunca lo había reconocido. Nunca había reconocido lo mucho que le agradaba el que él lo mirase, a pesar de desviar siempre la vista para evitar hacer contacto, disimulando sus verdaderos sentimientos mediante un gesto de irritación.

Hacía ya tanto tiempo que había caído rendido ante Altaïr que incluso se había olvidado. Para él era algo tan normal a esas alturas…

Sin decir nada, Malik desvió la vista, esquivo.

—Sería mejor que nos vistiéramos, Altaïr—murmuró.

—Espera un poco más, Malik. Quiero abrazarte un poco más para poder sentir el calor de tu piel.

Sonrojándose ligeramente, Al-Sayf chistó, pero no puso ninguna objeción y se dejó abrazar por su compañero, entrecerrando los ojos.

No se había esperado que estuviera tan sumamente enamorado de Altaïr.

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Oh, sweet yaoi *w*

Huehuehuehue dentro de poco incluirá lo del sensual, no te preocupes, Aidiki XD No se me ha olvidado ¬u¬ Hoh, y claro que va a abusar en el rol de su punto débil 8D Para algo está *w*

No diré nada sobre María...Ya sabes mi opinión con respecto a ella -3- *la quema en la hoguera (?)*

Bueno, ¡espero que os haya gustado! ^^ ¿Reviews, pls? ;u;

¡Ya nos leemos!