UN HUÉSPED:
Peeta estaba sentado en el sillón, su pulso aún estaba elevado y seguía sin playera, no se la pondría hasta que Katniss apareciera, la tarde se podría poner interesante. Pero cuando escuchó más de un par de pasos por el corredor, su curiosidad despertó. No esperaban visitas, nunca lo hacían. Lo más adecuado sería vestirse, comenzaba a colocarse la playera cuando Katniss y el visitante aparecieron. La sala se quedó en completo silencio. Peeta se terminó de vestir y esperó que su sorpresa pasara para poder hablar, Katniss se veía tan sorprendida como él.
-Vaya diluvio, ¿Cierto?- fue el primer comentario que le vino a la mente para romper el silencio. Se puso de pie y saludó a Gale con un apretón de mano. El joven estaba empapado pero tenía un abrigo que se negaba a quitarse. Estaba dejando un charco bajo sus pies.
-Sí, no esperaba este clima. El aerodeslizador tuvo problemas para aterrizar- eso explicaba el ruido que había escuchado mientras besaba a Katniss.
-No escuché nada declaró la joven confundida pero sin mirar a Gale.
-Toma asiento- pidió Peeta notando su falta de cortesía. Realmente no tenía nada en contra de él. Gale se quitó el abrigo para la lluvia y no supo dónde ponerlo -Yo me encargo- tomó su abrigo y fue al pasillo a colgarlo en el perchero. Cuando regresó Gale estaba sentado en el pequeño sofá para dos y Katniss seguía parada. Peeta analizó sus opciones y consideró que lo más conveniente sería sentarse en sofá individual de Haymitch, Katniss no tendría problema en sentarse junto a su amigo. El joven tomó asiento y para su sorpresa Katniss caminó hacia él y terminó por sentarse sobre sus piernas, con su rostro sobre su pecho y suspiró tranquilamente. Peeta la abrazó y besó su cabellera antes de volver a hablar.
-Escuchamos que eras el encargado de la seguridad, Annie nos escribe rregularmente y nos cuenta todo lo que sucede- se explicó el panadero.
-Sí, es un cargo muy demandante. Effie también me cuenta todo lo que sucede en el Doce, y cuando escuché que Haymitch la visitaría pensé en venir a mi antiguo hogar- trató de explicarse lo mejor que pudo. Había pensado en un discurso completo pero no lo recordaba ya. Esperaba recibir una invitación, había venido con ese propósito.
-Puedes quedarte el tiempo que quieras- declaró Peeta con esa sonrisa que había conquistado a Katniss y muchas otras. Siempre radiante y sincera. A Gale se le revolvió el estómago por la escena tan romántica que tenía enfrente, la pareja acurrucada en un pequeño sofá, con las manos entrelazadas, como si no fuera bastante obvio lo que sucedía antes de que él interrumpiera, con Peeta sin playera y con el rostro de Katniss sonrojado y su cabellera despeinada.
-Creo que aceptaré tu ofrecimiento. Realmente necesito un descanso- tenía que intentarlo una vez más, aún tenía muy clavada a Katniss en el corazón para dejarla ir tan fácil. Tantos años juntos no podían ser en vano.
-Será mejor que prepare la cena- Katniss se puso de pie. Necesitaba un respiro de la situación, así que se marchó hasta la cocina y dejó a los jóvenes conversar. Aún seguía aturdida por el huésped que tendrían, desde su punto de vista no tenía sentido que él volviera. No había nada en el Doce para él. Estuvo sola durante un buen rato, ella y sus pensamientos.
-¿Estás bien?- Peeta la abrazó por la espalda y después del pequeño sobresalto, la joven pudo relajarse en sus brazos.
-Sí, es sólo que no esperaba su visita- declaró sincera. Estaba a punto de revelar la incomodidad que sentía cuando escuchó un par de pasos acercarse hasta ellos.
-Espero no interrumpir- se disculpó Gale incómodo.
-No, la cena ya está lista- por primera vez la joven lo vio a los ojos. No tenía sentido complicar una relación que ya era incómoda y confusa. Cualquier persona se daría cuenta de lo extraño de la situación. Cuando Peeta le ofreció alojo en su casa, no pensó que accederia, estaba segura que la invitación de Peeta había sido por mera cortesía.
La cena transcurrió tranquilamente, Peeta fue el encargado de la conversación, se esforzaba por mantener una charla amena para todos; siempre tan considerado a pesar de su propia incomodidad. Sin embargo, la joven estaba segura de haber esuchado un suspiro de alivio de su parte cuando la cena terminó, eso le provocó un ligera sonrisita que no pasó desapercibida para el Vencedor.
-Te mostraré tu habitación- le indicó la joven a su antiguo amigo. Peeta había salido de la casa para buscar a buttercup, la tormenta seguía cayendo y el gato no había aparecido durante la cena. Guió a Gale hasta el cuarto desocupado.
-Gracias- el joven la veía con una ligera sonrisa y con una mirada que imploraba paz entre ambos.
-Peeta y yo dormirnos en la habitación de enfrente, en caso de que necesites algo- pero Katniss no tenía intenciones de volver a viejos hábitos. Esa frase pareció dolerle al joven soldado que bajó la vista resignado y asintió.
Cerró la puerta y entró en su propio cuarto, se recostó sobre la cama aún sin colocarse la pijama, su mente tenía mucho que analizar.
-Lo encontré- Peeta abrió la puerta y entró triunfante en la habitación con el gato en sus brazos. Ambos estaban empapados. Era una escena de lo más adorable y la hizo derretirse de ternura.
-Gracias- Buttercup saltó de los brazos del joven hasta la cama y comenzó a lamberse intentando secar su mojado pelaje -Es mejor que te cambies, podrías enfermar- se puso de pie y tomó su fría mano antes de besarlo sin importarle lo mojado que estaba. Peeta se apartó y buscó su pijama en uno de los cajones hasta encontrarla. Katniss hizo lo mismo y se cambió allí mismo, se desvistió y colocó la pijama, siempre iba al baño a cambiarse, pero esa noche le pareció ridículo hacerlo. Cuando terminó se dio cuenta de que la mirada de Peeta estaba sobre ella, el joven al ser descubierto desvió la vista incómodo.
-Gracias por salir y encontrar a Buttercup- repitió y se acercó a él sin importarle que el joven aún no tuviera su playera puesta, lo abrazó. Quería que supiera que no le incomodaba la intimidad que estaba surgiendo entre ellos, ni mucho menos las miradas furtivas que él le dedicaba. Todo era parte de la relación que se desarrollaba entre ambos.
-Lo haré las veces que sean necesarias si me sigues abrazando como ahora- Katniss levantó la vista y se encontró con el rostro divertido de Peeta. Le encantaba el sutil sentido del humor del joven. Lo tomó de la mano y sin importarle que aún no estuviera complemente vestido lo guió hasta la cama y se acostaron juntos, como siempre Peeta la rodeó entre sus brazos y ella descansó sobre su pecho. Ahora estaba completamente relajada, con ese calor rodándola y ese aroma tan peculiar en sus pulmones.
-Katniss…- la joven sabía lo que se avecinaba -No sé lo que sucedió entre Gale y tú y no tienes porqué contármelo, sólo quiero que sepas que si necesitas algo aquí estaré- no dijo más ni preguntó nada. La besó en la frente, aceptando su silencio y respetando su privacidad.
-Te necesito a ti- aseguró cerrando lo ojos- ¿Te quedarás conmigo?-
-Siempre- confirmó él. Era la mejor rutina de pregunta- respuesta que ella pudiera soportar. En ese momento Buttercup se acurrucó entre la pareja con un ligero ronroneo; seguía empapado pero parecía tan cómodo que no se atrevieron a moverlo. Para sorpresa de la joven sus ojos se cerraron involuntariamente, pensó que debido a los sucesos del último día le costaría conciliar el sueño, pero eso no pasó. Hubiera podido dormir durante toda la noche, pero por la madrugada sintió la ausencia del hombre con el que compartía la cama. Buscó a Peeta en la oscuridad y la luz de la vela lo iluminaba, estaba parado junto a la ventana. Katniss sabía lo que sucedía así que se levantó con cuidado y se acercó a él. No era la única que tenía pesadillas.
-¿Todo está bien?- preguntó cautelosa. La mirada de Peeta era de confusión, algunas ocasiones aún la veía como si no supiera qué sentir por ella.
-No podía dormir- el secuestro del Capitolio seguía robándole horas de sueño. La afectaba mucho verlo de esa forma, un hueco se formaba en su pecho siempre que Peeta recordaba aquellos días.
-Lo sé- un nudo comenzaba a formarse en su garganta, la culpa seguía carcomiendola. Ella era la responsable de su estado, de las pesadillas y del temblor en sus manos. Le aterraba que él pudiera dejar de amarla al recordar todo aquello. Peeta la observó durante algunos segundos, se le veía dudoso y eso la inquietó, no soportaba ver esa mirada.
-Vamos a la cama- de pronto la actitud de Peeta cambió, su semblante se relajó y la suavidad en sus ojos volvió. Katniss lo abrazó con fuerza y no lo soltó en varios minutos, se sentía tan segura en sus brazos que no quería alejarse.
-Quisiera que me despertaras cuando tengas pesadillas- pidió como medio de remediar parte de aquel mal.
-No es necesario. Siempre me ha gustado verte dormir- declaró besando su cabellera.
-Me gusta más cuando duermes conmigo- se quedaron en esa misma posición por cerca de media hora. Sin moverse, sin decir algo.
-Vamos, necesitas dormir- para su sorpresa la cargó entre su brazos, como si estuvieran en plena noche de bodas, y la llevó hasta la cama donde la depositó con extremo cuidado, por último besó su frente.
Se recostó a su lado y ella de nuevo se acomodó tan cerca de él como pudo, era la única cosa que pedía para dormir tranquila, que Peeta estuviera a su lado.
La mañana amaneció húmeda y fría pero sin lluvia. Había dejado de llover durante la madrugada y el exterior parecía extrañamente en calma; seguramente el sol no tendría problemas en salir y secar y calentar la tierra.
-Buenos días- saludó Peeta a la mujer que recién despertaba sobre su pecho.
-Hola- se le veía completamente descansada y hermosa, como cada mañana.
-Luces preciosa por las mañanas- confesó acariciando su rostro. Algunos días no tenía ganas de reprimir lo que pensaba, algunas veces sólo decía lo primero que pasaba por su mente. Era como pensar en voz alta.
-¿Sólo por las mañanas?- preguntó ella con un ligero sonrojo en las mejillas por el reciente halago. Peeta sabía que no era muy buena recibiendo cumplidos, solía pasarlos por alto o fingir no escucharlos, bromeaba o sólo decía un tímido gracias.
-No, luces preciosa todo el tiempo- corrigio él divertido por la escena. Ella le devolvió la sonrisa pero se quedó sin palabras, le fascinaba verla de esa forma, con la guardia baja y sin esa mirada hostil, como si el pasado por fin comenzara a quedar atrás.
-No quiero levantarme hoy- la voz de Katniss era de un tono casi infantil que jamás había oído. Se alegró de haberla oído así, regularmente ella casi nunca dejaba ver sus deseos, se adecuaba a cualquier cosa o situación, pero ese pedido, dejaba al descubierto una parte de Katniss que comenzaba a despertar y ser ella misma, con deseos y gustos propios.
-No tenemos que hacerlo, vamos a quedarnos aquí todo el día- la abrazó y término por colocarla sobre él. Buttercup que seguía dormido en una esquina de la cama, apenas se movió. La pareja se observó durante varios segundos, con una mirada luminosa y con cierta complicidad. La vida comenzaba a tomar sentido.
-¿Qué fue eso?- Katniss se alarmó al escuchar un sonido en la casa. Algunos viejos instintos salían a relucir.
-Debe ser Gale- por la cara de confusión, Peeta supo que la joven había olvidado ese detalle.
-Sí,claro. Será mejor que nos levantemos- eso era justo lo que Peeta menos quería, ver a la chica en llamas reprimida, sintiendo que debía complacer a todos menos a ella, que debía seguir un guión cuando ahora eran libres. No quería que Gale cambiara a la joven que empezaba a surgir.
Gale estaba en la cocina, la mañana estaba bastante avanzada ya y aún así era el primero en levantarse; recordaba que Katniss solía madrugar y antes de que los primeros rayos de sol aparecieran ella ya rondaba por el Distrito. Eso lo incomodaba un poco, había creído conocer a la joven perfectamente, crecieron juntos, era su confidente y apoyo durante los malos tiempos, conocía la mayoría de sus secretos pero parecía no ser suficiente. Peeta había llegado con su radiante sonrisa y la conquistó, era capaz de sacarle un sonrisa en medio de todo el caos que se desarrollaba a su alrededor, durante los primeros juegos, cuando bromeó diciendo que él tomaría el arco, la sonrisa de agradecimiento al recibir la perla como regalo, Gale no entendía cómo podía hacerla reír tan fácilmente. Observó la casa, aún no había esa clase de detalles que te hacen pensar que ahora eran una pareja, no había fotos o pinturas así que tenía un poco de tiempo. Había sido un golpe duro enterarse de que ya dormían juntos, saber que compartían la cama todas las noches, lo atormentaba porque él había sido el primero en sentirla tan cerca. No era justo que se la arrebataran de esa forma, como si nunca hubiera tenido oportunidad.
-Buenos días- Katniss saludó al joven que permanecía sentado en el sofá. Parecía estar concentrado en algo importante.
-Hola Catnip- ese saludo la sorprendió un poco pero le restó importancia.
-Peeta está terminando de vestirse, iba a preparar el almuerzo- se dirigió a la cocina y observó a su alrededor pero estaba un poco perdida. Peeta era el que solía cocinar y lo hacía de maravilla.
-¿Te ayudo?- preguntó Gale con una sonrisa que la confundió.
-Peeta siempre me prepara el desayuno- admitió un poco avergonzada, se sentía un poco inútil. Esa declaración borró la sonrisa de Gale de forma inmediata, se sentó en una de las sillas y esperó en silencio a que el panadero apareciera. No pasaron más de un par de minutos hasta que el joven apareció. Le dedicó una sonrisa y enseguida se puso a cocinar, el silencio entre los tres era demasiado profundo. Las mañanas cuando estaban solos las palabras sobraban.
-Parece que saldrá el sol- comentó Peeta.
-Sí, eso parece. Me gustaría salir a caminar, hace días que no lo hacemos- la joven se puso de pie y se acercó a él.
-Suena como un buen plan- Peeta accedió de inmediato y la observó complacido con los planes. Ambos disfrutaban de caminar por el bosque y sin la presencia de Haymitch con sus comentarios irónicos, la tarde podría tomar un giro estimulante.
-¿Tienes planes para hoy, Gale?- Katniss intentaba dejar esa actitud tan reservada para con su antiguo amigo.
-No, no tengo ninguno- el joven mostraba una sonrisa melancolica. Quizás estaba siendo muy injusta con él.
-Puedes venir con nosotros- lo invitó Peeta con sinceridad. Katniss se preguntaba si alguna vez el joven podría ser egoísta o descortés, lo dudaba seriamente.
-Gracias, creo que aceptaré-
El resto del desayuno transcurrió tranquilamente, algunos comentarios ocasionales y noticias sobre el nuevo Panem, ningún tema que pudiera interesarle realmente.
-Salud- Peeta acababa de estornudar con fuerza. Y lo hizo un par de veces más -Seguramente fue cuando saliste a buscar a Buttercup bajo la lluvia, te resfriaste- acarició su mejilla con suavidad y lo observó preocupada. Sabía que era solo una simple gripe, pero no podía evitarlo.
-Estaré bien- aseguró tomando su mano -Me quedaré a descansar- odiaba arruinar los planes, pero sabía que no podría caminar sin sentirse agotado. Había intentado ignorar los síntomas de una inevitable gripe, pero eran cada vez más evidentes.
-Me quedaré contigo- dijo la joven convencida. Pero él negó:
-Sólo necesito descansar un poco. Ve a caminar un poco, sé cuánto disfrutas hacerlo- insistió. Le encantaba ver a Katniss disfrutar del día en la naturaleza, se le veía tan tranquila y cómoda con su alrededor.
-Caminaremos cuando te sientas mejor- la tomó de la mano y la guió afuera de la cocina, para hablar a solas .
-Es el primer día de sol en semanas, no deberías quedarte aquí- Katniss lo abrazó con fuerza, eso lo sorprendió, era como si temiera alejarse de él. También lo besó, lo besó con cierta necesidad que despertaba sus sentidos; la tomó por la cintura y la acercó más a su cuerpo, ese beso se profundizó, no hacía falta respirar. Las manos de Katniss llegaron hasta su playera y la sujetó con fuerza, Peeta estaba a punto de llevarla hasta la habitación hasta que un ruido en la cocina lo hizo detenerse.
-Es mejor que se vayan ahora, ten mucho cuidado- tenía que controlarse y era muy difícil cuando la tenía tan cerca, con sus labios casi tocándose.
-Volveré pronto- dijo ella con los ojos luminosos, sonrojada y con poco aliento. Lo besó una última vez antes de que Gale apareciera y salieran por la puerta -Te quiero- ese binomio de palabras resonó en su cabeza. Una gran sonrisa se formó en su rostro y la vio partir.
Claro que esas palabras lo llenaban de seguridad, pero verla irse con Gale había sido más sofocante de lo que imaginaba, era ese hueco que de repente aparecía en él y que le disgustaba sentir. No quería perder a Katniss, había estado enamorado de ella por mucho tiempo y cuando por fin parecía haber ganado la partida, Gale aparecía de nuevo.
