UNA GRIPE:

Katniss en seguida sintió la brisa del aire contra su cara, el viento frío soplaba con fuerza y traía algunas nubes que ocultaban el sol por varios minutos; con esa ligera oscuridad algunos rincones del Doce se volvían siniestros. Tenías que acostumbrarse a esa sensación que rondaba por el Distrito, el lugar casi había desaparecido y la nueva historia estaba construida sobre escombros y muerte.

-¿Todo está bien? - preguntó Gale que caminaba a su lado. Si hubiera estado Peeta, hubiese tomado su mano con fuerza, para que esa sofocante sensación pasara.

-Sí- pero no estaba él -Creo que es mejor que vuelva- se detuvo en seco. No estaba cómoda y no se sentía segura.

-Sólo será un pequeño paseo- insistió Gale, estaban frente al bosque. La joven titubeó pero terminó por seguir avanzando, debía combatir sus propios miedos -Traje tu arco, por si quieres practicar tu puntería- el joven le mostraba una sincera sonrisa al tiempo que le entregaba su antigua arma.

-Ya no lo hago- retrocedía un par de pasos y se negó a tomar el arco. Aún le era difícil olvidar la sensación de cazar personas, cuando la flecha se disparaba, era como si su destino fuera la muerte, le recordaba a los Juegos. No podía quitarse de la cabeza el instinto de supervivencia que había despertado en aquella mortal prueba.

-Esto era parte de ti, Katniss- Gale parecía un poco decepcionado de la nueva versión de ella.

-Era parte de lo que debía hacer para sobrevivir- había dependido casi toda su vida de esa arma para sobrevivir, para cazar, para salvar su vida y quitar algunas otras. Pero ahora comenzaba a vivir, quizá su arco ya no era necesario.

-No tienes que conformarte con una vida simple y tranquila. Eres una soldado, estas hecha para combatir, para representar a las multitudes. Eres el Sinsajo- el discurso motivador no tuvo efecto en Katniss, ninguna chispa se encendió en su pecho.

-No me conformo con nada, Gale. Esta es la vida que elegí- había vuelto por su propio pie a su Distrito, si bien estaba un poco confundida en cuanto a ella misma, sabía perfectamente que no era la clase de mujer que él describía. Esas no habían sido la razones para ser el Sinsajo.

-Lo lamento, es solo que pensé que necesitabas oír lo que pensaba- el joven notó el tono molesto de Katniss e intentó justificar sus palabras. Aún no entendía su actitud pero luchaba por mantenerse en calma y esperar el momento adecuado para hablar, para recordarle la joven fuerte y decidida que era.

Katniss asintió y se dedicó a caminar por su alrededor. Observaba cualquier pequeña cosa y parecía tan en calma estando en ese ambiente, tan lejos de todo y todos. Era como si sólo encajara en ese lugar. Gale la seguía de reojo, no quería perderla de vista y desperdiciar algún detalle que le fuera útil. Sin embargo, después de un par de horas, comenzó a darse cuenta de que no conocía a la joven. Katniss no tenía intención de acercarse a él, ni siquiera prestaba atención a su arco o posibles blancos, en lugar de eso, comenzó a recoger flores de un prado.

-Será mejor que regresemos- la joven ya tenía un gran ramo de flores. Las había cortado para decorar la casa y darle un toque más familiar. No planeaba demorarse tanto, pero esas florecillas era un toque perfecto.

-Aún nos queda mucha luz, es temprano todavía- el joven señaló aún más profundo en el bosque.

-Estoy preocupada por Peeta, volveré pero tú puedes quedarte un rato más- estaba más que decida a volver y nada habría de cambiar su opinión.

-Creo que me quedaré- Gale de nuevo parecía decepcionado, pero no era razón suficiente para quedarse. Alguien la esperaba en cada

La joven asintió y se marchó aprisa y sin mirar atrás. No demoró mucho en llegar, entró y lo primero que hizo fue poner esas flores en agua, su intención era que vivieran tanto como fuera posible. Se dirigió hasta su habitación, suponía que ahí debería estar Peeta, pero no. Su corazón dio un vuelco al no encontrarlo, fue hasta la sala y lo encontró dormido en el sillón para dos, con una manta encima y buttercup encima de él; una sonrisa apareció en su rostro.

Se acercó y tocó su rostro, tenía un poco de fiebre, debía hacer algo. Fue hasta la cocina y preparó un té, un vieja receta que utilizaba cuando Prim enfermaba.

-No pensé que volvieras tan pronto- Peeta recién se había levantado y lucía cansado.

-Toma- le ofreció la taza de té humeante -Te sentirás mejor- el joven aceptó su remedio y le dio un pequeño sorbo.

-Son unas lindas flores- comentó señalando el adorno.

-Sí- las observó pensativa y después tomó la mano de Peeta para guiarlo hasta el cuarto- Debes descansar un poco-

Peeta estaba recostado en la cama, le daba el último trago a su bebida tibia, ese remedio había aliviado el dolor de cabeza y la ligera inflamación en soy garganta, ahora sólo quería dormir un poco, seguramente mañana habría pasado ese resfriado pasajero.

-¿Qué tal el paseo?- preguntó, debía hacerlo, no era por curioso, era porque ella le importaba, debía ser cortés y atento. Además de todo, le encantaba verla hablar, escucharla conversar largamente, no era algo que sucediera con frecuencia.

-Hubiera preferido que me acompañaras- declaró ella encontrando su mirada.

-Lamento no haberlo hecho- tomó su rostro entre sus manos y unió sus labios en un ligero beso -No quiero contagiarte- susurró contra sus húmedos labios.

-No creo que un resfriado sea tan grave- la joven volvió a besarlo.

Peeta se encargó de profundizar ese tímido beso, de explorar suavemente su boca y encontrarse con su lengua, sentir su cuerpo sobre el suyo, ese calor tan especial que lo invadía por completo. Todo era tan nuevo.

Acarició suavemente la cintura de Katniss sin romper ese beso, recorrió su cuerpo por encima de la ropa, la apretó un poco contra él y disfrutó de la sensación de tenerla tan cerca, pensó en detenerse en ese momento, pero su instinto y deseo le suplicaban continuar. Subió su blusa y su espalda quedó al descubierto, sintió la piel suave y cálida entre sus manos y supo que no podría detenerse. Siguió subiendo la blusa hasta que el broche del sostén quedó al descubierto. Para su sorpresa, Katniss terminó ese tibio beso, se separó lo suficiente y ante sus ojos se quitó la blusa. Peeta no podía creer lo que veía, se encargó de memorizar cada centímetro de ella antes de tomar su rostro y besarla de nuevo, era un beso más necesitado y cargado de deseo, todo era demasiado nuevo para ambos y no había ningún plan para seguir. Siguió acariciando su piel desnuda, sintiendo cómo cada sentido despertaba y se concentraba en ella, tomó su pequeña cintura y la giró para quedar sobre su chica; se despojó de su playera y sintió como el calor de su piel desnuda se encontraba con la de Katniss. Se quedó sin aliento. Esta vez no besó sus labios, se fue directamente a su fino cuello, saboreó su piel, su pulso contra sus labios, las uñas de esa mujer en su espalda, escuchó suaves suspiros entrecortados salir de su boca, eso lo incitó a continuar y lo hizo con más fuerza, succionó ligeramente, bajó los tirantes de su sostén, debía seguir besando cada centímetro de ella. Llegó hasta su pecho y se detuvo por unos instantes, su respiración estaba más que acelerada y debía calmarse, estar seguro de que ella quería continuar. Descansó su rostro entre su pecho y lo besó por encima del sostén. Iría con cuidado y respetaría la decisión de ella.

Pero Katniss no quería detenerse, sintió los labios de Peeta bajar en una delicada línea de besos hasta su vientre, hasta encontrarse con el borde de su pantalón. Su respiración se cortó, apenas podía controlar sus emociones, esos pequeños jadeos que escapaban de su garganta, sus manos enredándose en la cabellera del joven, acercándolo más a su cuerpo y deseando que sus labios jamás dejaran de tocarla. Después de un momento de duda, las manos de Peeta desabrocharon su pantalón, el sonido de un cierre bajando rompió el eco de los suaves gemidos. Su respiración de por sí elevada y descontrolada, se transformó en jadeos expectantes. Le dirigió una mirada a Peeta justo en el momento en el que terminaba de bajarle los pantaloncillos, sus ojos reflejaban la misma expresión, un poco de inseguridad pero deseo y excitación. Ambos compartían esa primera experiencia.

Su compañero se acercó y besó su frente, eso alivió la sensación un poco vergonzosa de verse semidesnuda ante él, pero le era imposible disimular el sonrojo que cubría todo su rostro.

-Eres hermosa- declaró besando la punta de su nariz. En medio de todo el nerviosismo, una sonrisa de ternura apareció en su sonrojado rostro, esa sensación de seguridad la invadió por completo. Se sentía a salvo con él.

-Quiero que seas tú- confesó invitándolo a continuar. La expresión de Peeta se tranquilizó, sus ojos parecían más misteriosos que nunca y una sonrisa un tanto confiada adornó su atractivo rostro.

El joven bajó de la cama y sin perder tiempo desabrochó su pantalón, quedó solamente en ropa interior. El corazón de Katniss se detuvo por un instante, esa imagen le robó el aliento, se mordió el labio inferior y el sonrojo en su rostro se volvió más intenso de ser posible.

Peeta se colocó con mucho cuidado sobre ella, hasta que sintió su pecho encontrarse con el suyo, hasta que sus caderas coincidieron perfectamente, cuando sus labios se encontraron y una descarga de placer los invadió de pies a cabeza. Se besaron con más fuerza, con el deseo acumulado y la curiosidad por el cuerpo del otro. La joven sentía como Peeta provocaba un ligero roce sobre su cadera, ese movimiento instintivo también la incitó a intentarlo, movió su cadera hasta conseguir un ritmo que comenzaba a humedecer su ropa interior. Los besos se volvieron más fuertes, mordió el labio inferior de el Vencedor y recorrió sus fuertes y musculosos brazos, no quería romper contacto alguno.

La mano de Peeta llegó hasta su ropa interior e introdujo la mano, acarició superficialmente su intimidad y ese movimiento tan instintivo se volvió más intenso, su espalda se arqueó, llevó sus manos hasta sus sostén y lo bajó, ansiaba que él la tocara y así lo hizo. Sintió sus labios sobre ella, sintió su lengua recorrer y delinear cada centímetro, un ligera succión en la parte más sensible de su pecho mientras su mano seguía entre sus piernas. Katniss apenas recordaba como respirar, no pensaba en nada, su cerebro no funcionaba más que para captar el placer que sentía. Su boca estaba seca por los gemidos poco reprimidos que salían de su garganta.

Peeta bajó su ropa interior y la suya, ahora estaban completamente desnudos y el contacto entre ambos no podía ser más íntimo. La joven sentía la piel de ambos encontrarse, la sensación de calor y la capa de sudor que los cubría que lejos de molestarla la excitaban aún más, el aroma que él desprendía era masculino y embriagante. Nunca olvidaría ese aroma.

Sintió que entraba en ella, una presión desconocida en su entrepierna la sorprendió, comenzó despacio y con suavidad, al principio se sentía invadida y un poco asustada, su cuerpo se tensó hasta que lo sintió completamente dentro.

-Peeta- susurró nerviosa. No estaba segura de poder disfrutar de ese momento.

-Tranquila, jamás te haría daño- aseguró besando sus labios. Eso la tranquilizó.

El joven comenzó a moverse con lentitud, con suavidad y viéndole a los ojos, aguardando la reacción correcta que no tardó en aparecer. Un placer desconocido invadió cada fibra de su cuerpo, cerró los ojos instintivamente y trató de seguir el ritmo que Peeta imprimía. Su cuerpo parecía estar en llamas y el deseo comenzaba a exigirle un poco más. Clavó las uñas en su espalda y esa fue la indicación para que él acelerara el ritmo, para que la embistiera con un poco más de fuerza y seguridad. La joven enganchó sus piernas a su cadera y la nueva fricción llevó ese placentero contacto a otro nivel.

Peeta dejó caer un poco de su peso sobre ella a cambio de liberar una de sus manos para poder tocarla. Recorrió su cadera y cintura, subió hasta su pecho y lo apretó con un poco de fuerza, lo acarició y recorrió en su totalidad. Su delicado pecho llenaba por completo su mano caliente y le brindaba un nuevo e intenso placer. La besó con fuerza, se apoderó de sus labios y encontró su lengua para acariciarla con la suya. Sus labios seguían unidos, su mano seguía sobre su pecho y seguía embistiéndola con ritmo y fuerza, Katniss no quería que dejara de tocarla, ansiaba seguir bajo su cuerpo, entre sus manos y rodeada de su calor, pero repentinamente una sensación cálida llegó hasta su vientre y se deslizó entre sus piernas, un escalofrío la recorrió y su espalda se arqueó involuntariamente. Un profundo gemido escapó de su garganta y su mente quedó en blanco, era un placer indescriptible.

-Katniss- susurró Peeta sobre su pecho desnudo. Intentaba controlar su respiración. Acaba de hacerle el amor a la mujer de su vida, de la que estaba enamorado. El placer que acaba de experimentar era especial. Ella era sensual y hermosa. Abrió los ojos y encontró su rostro sonrojado por completo.

-Peeta- jadeó su nombre. Encontró su mirada y le dedicó una tranquila sonrisa, acarició su rostro con suavidad. Sus ojos brillaban de manera peculiar.

-¿Estás bien? - la tomó entre sus brazos y la giró para quedar bajo de ella, su piel era suave y la vista que tenía no podía ser mejor.

-Sí- lo besó con seguridad, como si sellara lo que acababa de suceder, eso le indicaba que no había sido un error.

Peeta la envolvió entre sus brazos e inhaló su aroma, era imposible no sonreír ante el futuro que parecía tan perfecto, después de tanto -Salud- acaba de estornudar.

-Gracias- ese ambiente cómplice que comenzaba entre ambos, tomaba más fuerza con cada nueva experiencia.

-Creo que necesitas descansar- tocó su frente un poco preocupada- Aún tienes fiebre-

-No creo que sea fiebre, Katniss- a la joven le tocó unos segundos captar la broma, pero cuando lo hizo rió tímidamente.

-Te traeré un poco de comida y más té-

-No te vayas- pidió sujetando su cintura desnuda negándose a dejarla ir.

-No tardaré, después no me moveré de tu lado- lo besó. Estaba disfrutando mucho de sus tibios labios, no parecían ser suficientes.

-Suena bien- soltó su cintura y entonces Katniss pudo ponerse de pie. La joven sentía la mirada de Peeta sobre ella, la observaba mientras se vestía; unos shorts y la playera que él había usado. Se veía increíblemente sensual, con su alborotado cabello y su sonrojado rostro.

-No tardaré- aseguró ella saliendo de la habitación.

Fue hasta la cocina con una mirada de los más brillosa y una sonrisa tímida pero llena de emoción. Por alguna extraña razón se sentía completa, como si la vida comenzara de nuevo.

-¿Cómo está Peeta? - la voz de Gale la asustó, estaba demasiado concentrada en lo que acababa de suceder en la habitación que no había notado la presencia del joven.

-Necesita descansar un poco- evitó verlo mucho a los ojos, sentía que su mirada la delataría, no era que se avergonzara, era porque era solo cosa de Peeta y ella -Le llevaré de cenar- se apresuró a terminar la comida y la colocó en una bandeja -¿Qué tal el paseo? - preguntó cortésmente.

-Ha sido bastante interesante, todavía quedan muchos recuerdos en ese lugar- ella asintió -¿Recuerdas cuando me pediste que huyeramos?-

-Sí, pensé que sería una buena idea- había sido bastante ingenua al creer que podrían huir del Capitolio. Su piel aún se erizaba cuando recordaba el miedo que sentía cada día durante la existencia de Snow.

-Debí haberte hecho caso, debí seguirte hasta el fin del mundo- había alguien que lo hubiera hecho, Peeta.

-No podías esconderte, nos hubieran encontrado- le dedicó una sonrisa amarga. No quería seguir recordando esos tiempos, apenas sentía que salía del profundo mar de recuerdos dolorosos y no podía darse el lujo de hundirse de nuevo. Sabía que la conversación llevaría a un solo lugar, a Prim. De repente toda la alegría y emoción que la había embargadora se apagó, se apagó como la luz en una habitación- Será mejor que vuelva con Peeta- estaba a punto de gritarle, de reprocharle la muerte de su pequeña hermana. Pero sabía que no sería justo. No podías proteger a nadie en la Arena.

-Descansa- Gale la veía con una expresión dulce y serena. Eso la calmó un poco, lo estaba juzgado con demasiada dureza.

-Tú también- le dedicó una fugaz sonrisa y se dirigió a donde Peeta la esperaba.

Gale se quedó solo en la habitación y observó esa flores, la sopa humeante que Katniss había preparado y el resto del té que no había cabido en la taza, todo indicaba que allí se desarrollaba una relación de pareja y que él estaba sobrado. Desde que había llegado y para su fortuna, no los había visto compartir un beso, seguramente que no resistiría una escena como esa, donde sabría que ahora todo era real, que la relación entre ambos, cualquiera que fuera, sería real.

Terminó por sentarse una silla y taparse la cara con ambas manos, no podía perderla, bo cuando había estado tan cerca de conquistarla, cuando lo había besado con cariño y después de tantos años de compartir, no podía ser que Peeta la ganara cuando apenas podía salvarse él mismo.

Tenía que intentarlo hasta que pudiera recuperar a la Katniss que había conocido durante tanto tiempo, hasta que aceptara que ellos debían estar juntos porque así era como debió ser.

-Si tan sólo noi hubieras ido a esos Juegos- Gale estaba convencido de que ahora estaría con ella, como en esos momentos estaba con Peeta, si no se hubiese ofrecido como voluntaria. Ella sería la joven que él conocía. De alguna forma todo había surgido por Prim, cuando fue la elegida y Effie pronunció su nombre el destino de todos quedó sellado -No creo que prefirieras a Peeta en lugar de a mí- declaró con una amarga sonrisa. Sabía que Prim lo había querido, ella debía haber querido que terminaran juntos.

La casa estaba en completo silencio, era la mejor forma de poder pensar con claridad, de poder crear un discurso para Katniss, algo que la convenciera de volver al antiguo Capitolio, allí estaría a su lado y podría protegerla. Quizá ese ambiente podría hacerlo ver como el héroe que ella necesitaba, un poco de distancia y seguramente se olvidaría de Peeta.