Hola hola!
Aquí traigo el cap 11 :') ¡Espero que os guste! ^^
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No habían pasado aun demasiados días desde el ataque a Masyaf. Las calles, ya limpias de cadáveres, seguían presentando los estragos del asedio, salpicadas de sangre en algunos lugares y todas llenas del mismo recuerdo agrio de la batalla. Sin embargo, los ciudadanos se esforzaban por volver a sus vidas normales, diarias. Los Asesinos, por su parte, se encargaban de mantener el orden, de hacer que todo siguiera como antes del ataque.
Los cadáveres de los cruzados y de los hermanos que murieron durante el asedio a Masyaf quedaron sepultados fuera de la ciudad, unos olvidados, otros llorados. Los que resultaron gravemente heridos seguían aun recuperándose en la fortaleza, lento pero seguro, deseando volver a su rutina de entrenamientos y misiones para ayudar a la Hermandad como se debía.
Entre estos últimos, se encontraba Malik.
Tenía vagos recuerdos de la batalla; había acabado con la vida de varios enemigos, pero poco más lograba rememorar. No sabía cuándo le habían herido, ni cómo, ni tan siquiera en qué lugar de la ciudad. Para cuando había despertado, el asedio había finalizado y él se encontraba tumbado en un camastro, atendido por un galeno al parecer.
Le dolía todo el cuerpo; tenía vendas en el torso, en brazos y piernas, e incluso sentía un dolor agudo en la cabeza, donde presentaba también una herida por una caída. Apenas podía moverse, lo necesario para acomodarse, y eso era ya un suplicio. Ni siquiera sabía cuántos días habían pasado desde entonces.
Creía recordar que alguien le había estado hablando no hacía mucho, aunque no estaba muy seguro de eso. Su mente todavía parecía estar rellena de algodón. Estaba confuso y no podía distinguir bien las voces, ni los olores que lo rodeaban.
—Es un milagro que tenga fuerzas siquiera para abrir los ojos—consiguió escuchar.
Apretando los párpados, los separó lentamente, tratando de ubicarse en aquella habitación. Vio a un hombre alto, vestido de blanco, de pie cerca del camastro. Estaba seguro de que era el galeno que le atendía. A su lado, había otra persona, ligeramente más alta que el otro hombre. Por lo que Malik pudo distinguir, tenía los ropajes propios de un Asesino, aunque desarmado, como era lógico dentro del castillo.
Sintió entonces una mirada conocida sobre él; aquel chico lo estaba mirando fijamente a los ojos. Vio cómo se acercaba a él, sus labios curvados en una ligera sonrisa de alivio, y notó que se sentaba a su lado sobre el camastro. Le había dicho algo al galeno, aunque Malik apenas lo logró escuchar. Todavía no tenía sus sentidos despiertos del todo.
Trató de entender las palabras que aquel hermano le decía, pero no conseguía comprender nada. Su mirada seguía borrosa y sus oídos le pitaban de nuevo con fuerza, impidiéndole el escuchar más allá.
—Malik, ¿entiendes lo que te digo? ¿Me escuchas?
Por fin comenzó a oír, así que torpemente logró asentir con la cabeza, algo desorientado todavía. Pestañeó repetidas veces, tratando de despejar su visión, consiguiéndolo a duras penas. Pero, finalmente, logró reconocer ciertas características peculiares en aquellos rasgos.
Ojos almendrados, de un extraño color dorado; aquella nariz recta, ligeramente redondeada en la punta, y unos labios algo gruesos partidos por una cicatriz.
—Al…Altaïr…—logró murmurar, haciendo una pequeña mueca adolorida.
Vio cómo el hombre que tenía delante hacía un gesto con la cabeza, curvando sus labios en aquella sonrisa tan característica, y Al-Sayf no pudo por menos que emitir un quedo suspiro cansado, ayudado por Altaïr para poder sentarse sobre la cama con la espalda apoyada en la almohada que había acomodado contra la pared.
—¿Cuánto…tiempo ha pasado?—paseó su mirada por el lugar, volviendo después la vista al otro joven—¿Cómo está Kadar?
—Han pasado tres días, no mucho—contestó, tomando su mano con suavidad—. Kadar está bien, tiene algunas heridas, aunque no son graves. Vendrá a verte más tarde, tuvo que ir a ayudar a algunos de nuestros hermanos. La ciudad aún sigue con los restos del asedio, pero libre ya de cadáveres por suerte. Dime, ¿cómo te encuentras?
—Con dolor de cabeza—admitió, cerrando los ojos—. Y no siento ni la mitad del cuerpo todavía. ¿Qué es lo que me han estado dando para llegar a este estado?
Altaïr encogió los hombros con desconocimiento, mirando alrededor para tratar de localizar algún objeto que contuviese lo que quiera que hubiesen suministrado a Malik, pero sin éxito en su empresa. El galeno se lo habría llevado con total probabilidad.
Regresó sus ojos dorados hacia el rostro de su compañero, alzando una mano para delimitar con sus dedos el contorno del mismo, rozando la mandíbula, sintiendo en las yemas los ligeros pinchazos de la perilla al acercarse a la zona de la barbilla. Sin dudarlo, se inclinó hacia Malik, uniendo sus labios en un suave beso, no queriendo presionar demasiado por si le hacía daño.
—Por un momento, mi corazón dejó de latir al verte tirado en el suelo, ensangrentado junto a una pila de cadáveres—murmuró al separarse, quedándose a escasos centímetros de su boca entreabierta—. Jamás hagas eso de nuevo, ¿me oyes?
Al-Sayf abrió ligeramente los ojos, alzando una ceja ante el comentario.
—Claro, la próxima vez le diré a mi enemigo que por favor, no trate de atacarme para que a ti no te dé un paro cardíaco—le respondió con algo de burla.
Ibn-La'Ahad negó suavemente con la cabeza con un gesto divertido en los rasgos y volvió a besar a Malik, sintiendo aquella vez cómo el hombre le respondía al acto, una de sus manos anclándose en su nuca. Altaïr comenzó a mover los labios sobre los del otro, asomando la punta de la lengua para acariciarlos, y no faltó mucho para que su compañero le devolviera la caricia, las bocas de ambos abriéndose, pronto, lo más que podían para poder recorrer la cavidad ajena en su totalidad.
El joven de cabello negro atrajo más a Altaïr hacia su cuerpo, la mano que antes tuviera en la nuca ascendiendo por su corto cabello castaño hasta enredar los dedos en él, exigiendo más y más a pesar de su estado. El sólo volver a oler aquel aroma tan agradable y característico del de ojos dorados simplemente hacía que dejase de pensar con racionalidad.
Y recuperar el sabor de sus labios…
Eso sí que nublaba su juicio.
No obstante, aquella vez fue Ibn-La'Ahad quien se separó primero, respirando con algo de fuerza para recuperar el aire que no había podido hacer llegar a sus pulmones durante el beso. Se quedó prendado nuevamente de la expresión de Malik, aquellos ojos oscuros que casi lo devoraban, probablemente debido a su embotado cerebro tras los fármacos administrados a su debilitado cuerpo, y sintió bajar su sangre de golpe a una parte muy concreta de su anatomía masculina.
Pero no, no podían ahora. Al-Sayf no estaba recuperado y necesitaba descansar.
—Avisaré a tu hermano para que venga, ¿de acuerdo?
—¿No has dicho que estaba ocupado?
El joven de cabello castaño desvió la mirada, un tanto esquivo, carraspeó y se puso en pie, con claras intenciones de irse.
—Iré a buscarle de todas maneras, tal vez haya terminado.
Malik había estado casi tres días enteros sumido en un profundo sueño, con cuidados constantes…A Altaïr no le parecía correcto que lo primero que escuchase al despertar, por parte suya al menos, fuera algo un tanto obsceno. Además, estaba seguro de que se ganaría algún golpe, tal y como acostumbraba a hacer su amigo cada vez que él insinuaba algo así.
Haciendo un gesto con la cabeza a modo de despedida, se ausentó y se perdió por los pasillos de la fortaleza, una sonrisa de alivio, ajena a su control, asomando en su rostro tras ver que Al-Sayf se encontraba en casi perfecto estado.
No tuvo que andar mucho para vislumbrar a Kadar; se encontraba cerca de la biblioteca del castillo, charlando con un pequeño grupo de amigos, generalmente sus compañeros de misión. Al verlo aparecer, pareció comentarles algo, probablemente que se ausentaría durante unos minutos, y corrió hacia Altaïr.
—¡B-buenos días, Altaïr!—exclamó al llegar a su lado, con aquel agradable humor que tanto le caracterizaba—Iré dentro de poco a visitar a Malik, puede que se haya…
—De hecho venía a buscarte para llevarte donde tu hermano, si no estás ocupado—le interrumpió, medio girándose hacia la dirección de la cual venía mientras le indicaba a Kadar que lo siguiera con un escueto movimiento de cabeza—. Acaba de despertar, ha preguntado por ti.
Los ojos azules del menor de los hermanos se abrieron de par en par, mostrando la alegría que le embriagaba al descubrir aquella noticia, y por unos momentos se olvidó de la presencia de Ibn-La'Ahad, echando a correr con presteza por el pasillo. Había estado tan preocupado por su hermano mayor…
Sin embargo, se detuvo repentinamente y, con una mueca de vergüenza, se dio la media vuelta, una de sus manos paseándose por su nuca mientras adquiría un gesto de disculpa.
—Perdona, Altaïr. Vienes a buscarme para informarme y no te espero…Qué falta de educación.
—Es comprensible, no te preocupes. Ve adelantándote si quieres, yo iré enseguida.
Kadar se quedó quieto durante unos segundos más, indeciso, hasta que la seriedad en aquella mirada dorada le hizo asentir y volver a girarse, nuevamente corriendo por el castillo para llegar a la habitación donde Malik descansaba.
Mientras tanto, el otro Asesino se quedó en medio del lugar, su mirada perdiéndose en un punto que ni él mismo alcanzaba a contemplar en su totalidad. No pudo evitar pensar en Malik, en él mismo, en esa relación de amistad que habían iniciado a los once años y que habían ido profundizando hasta… ¿hasta qué, exactamente? Ninguno de los dos lo sabía todavía.
Dejó escapar un quedo suspiro por entre sus labios, frunciendo ligeramente el ceño en una mueca de frustración. Tenía 24 años y ni siquiera sabía comprenderse a sí mismo. Podría ser un gran Asesino, como había demostrado unos días atrás salvando al Maestro; podría tener una gran pericia, ser diestro como el que más, sigiloso, rápido, letal.
Pero no era capaz de entender lo más sencillo: ¿qué relación le unía exactamente a Malik?
—Oh, es raro verte por los pasillos—comentó una voz a sus espaldas—. En los últimos días has estado prácticamente pegado al camastro de tu…''amigo''.
Ibn-La'Ahad contuvo un bufido despectivo y apenas se giró lo suficiente como para ver a un joven casi de su edad, de cabello corto, negro, y poblada barba oscura cubriendo su mandíbula. Estaba apoyado contra la pared, los brazos cruzados sobre el pecho, la mirada clavada en el pilar que había en frente, y su capucha gris indicando su menor rango, destacando en un vivo contraste con las ropas completamente blancas de Altaïr.
—¿Qué es lo que deseas, Abbas?
—Se rumorea que el Maestro tiene algo reservado para ti, si bien aun no lo ha anunciado. ¿Cómo crees que le sentaría el que su favorito, su mejor Asesino, el hombre que le salvó la vida y salvó Masyaf de los cruzados, mantuviera una relación tan estrecha con un hermano?
Ante aquella acusación, sorprendentemente el joven de cabello castaño supo mantener la compostura, y siguió en la misma posición, sin dignarse siquiera a mirar esta vez a Sofian.
—No sé de qué estás hablando.
—No, no…—comentó el otro con cierta sorna—Seguro que no. Pero no te preocupes, Altaïr. De momento te guardaré el secreto. Simplemente recuerda que tu rango, tu vida e incluso tu honor están en mis manos. Ah, y eso se aplica a Malik también.
Por suerte para él, su rostro permanecía oculto de la vista de Abbas, por lo que no pudo ver cómo su tez empalidecía ligeramente, cómo sus ojos se abrían un poco más. Finalmente, se deshizo de aquella sensación temerosa de manera fría y despectiva. No había nada que temer, todos sabían de la tormentosa relación entre Sofian e Ibn-La'Ahad; nadie se sorprendería de que Abbas quisiera desacreditarlo de alguna manera.
—Di lo que quieras, no tengo nada que ocultar. Adelante, suelta tus ''pesquisas'' entre los hermanos, manifiesta aquello de lo que te enorgulleces de guardar en secreto, como si fuera un tesoro, para tratar de calumniarme. No eres más que un necio que no supo ver la verdad cuando se la mostraron; llevas arrastrando ese ponzoñoso sentimiento tantos años que eres incapaz de observar más allá, Abbas. Me das lástima.
Sin querer escuchar su respuesta, si es que la hubo, Altaïr echó a andar nuevamente hacia la habitación donde se encontraba Malik. Al llegar, esperó en la puerta, apoyándose en el marco con los brazos cruzados sobre el pecho y un gesto distante en los rasgos.
El mayor de los Al-Sayf lo vio llegar por el rabillo del ojo, pero decidió atender a su adorado hermano Kadar, el cual estaba bastante extasiado contándole su participación en el asedio cuando se separaron, el cómo había logrado defender a una mujer y su hijo de un ataque y cómo los había escoltado junto a los demás aldeanos.
—¡Fue tan emocionante!
—Kadar, no deberías alegrarte de una desgracia como esa—dijo Malik con suavidad, no queriendo sonar demasiado duro—. Entiendo que fuera la primera vez que te has visto ante un ataque a gran escala, pero…
—¡Ah! ¿Y tú has vivido muchos más, hm? ¿Hm?—preguntó Kadar con tono acusador.
—¿Qué? Oh, bueno…Mis misiones son de más rango, hermano. Tengo enemigos más difíciles a los que abatir de lo que tú estás acostumbrado. En mis viajes me he topado con varios templarios, sarracenos, en grandes grupos. Coincido en que no es lo mismo que un asedio a nuestra ciudad, pero he tenido más contacto que tú con la muerte. No hay nada de lo que vanagloriarse en un acto como el que hemos sufrido. Algunos inocentes han sido asesinados sin motivo, no era su momento de morir y, sin embargo, ya no están con nosotros. Algunos hermanos ya no están con nosotros—su mirada se desvió, su voz adquiriendo un tono nostálgico por la pérdida—. No, no hay nada de lo que enorgullecerse…solo de nuestra aparente victoria. Y no demasiado, pues ha costado la vida de muchos que no merecían acabar sus días aun.
Ante aquellas palabras, Kadar no supo qué contestar. Sintió un sentimiento agrio en el pecho y, sin poder hacer frente a su hermano, escondió la cabeza entre los hombros, con un gesto de pesar.
Malik lo vio de reojo, colocando una mano en la corta cabellera de su hermano al verlo así. No le gustaba ver esa expresión en su rostro.
—Hiciste bien, Kadar—le animó, dedicándole una media sonrisa— . Luchaste bien. Entiendo que estés emocionado, pero recuerda que no hay que buscar alabanzas por aquello que es nuestro deber realizar. Somos Asesinos, recuérdalo. Actuamos en las sombras para servir a la luz. Cuando ayudes a una persona, no siempre recibirás su benevolencia. Algunos huirán despavoridos, otros te tratarán con desprecio. Pero ten siempre presente que actúas para ayudarlos, para salvarlos, aunque no vayan a darte luego las gracias por ello.
—Lo recordaré, hermano.
—Lo sé. Eres un buen chico, Kadar. Demasiado bueno.
El menor no entendió eso último, así que se limitó a sonreír con cierta vergüenza, encogiendo un poco los hombros mientras se retorcía las manos. Parecía tan, tan pequeño todavía…
Seguía teniendo ese brillo infantil en la mirada, esa inocencia que lo caracterizaba. Los largos años en la Orden no habían conseguido borrar esa expresión que tanto le gustaba a Malik. El solo ver su sincera sonrisa, sin mácula, impecable y aniñada, lograba calmarlo y hacer que se olvidase de todos los horribles sucesos que, como Asesino, había tenido que vivir. Sus manos, manchadas de sangre, parecían limpiarse un poco más con cada sonrisa que Kadar le regalaba.
No había nada que adorase más que a su hermano. Absolutamente nada.
—¿Sucede algo, Malik?
—¿Eh? No, nada. ¿Por qué lo preguntas?
—Te has quedado mirándome—explicó el más pequeño, siempre con esa expresión en el rostro—. Pero parecías estar pensando en otra cosa. ¿Seguro que no necesitas descansar?
—No te preocupes por eso, estoy bien. Seguramente que en un par de días esté recuperado del todo y pueda volver a mi vida normal. Te prometo que cuando termine de curarme entrenaré un día entero contigo, ¿de acuerdo?
El más pequeño asintió con fuerza, maravillado ante aquella idea. No había nada que más ilusión le hiciese que el entrenar junto a su hermano…excepto, tal vez, entrenar también junto a Altaïr. Ellos habían sido su inspiración desde que era un niño, prácticamente había crecido con los dos; tal vez a su sombra, sí, pero nunca le importó. Su propósito era llegar a ser como esos dos Asesinos a los que tanto admiraba…y poder demostrar su valía ante ellos en alguna misión.
—De aquí a un tiempo seré mucho mejor Asesino, hermano—dijo con ánimo—. Y estaré a la altura de hacer una misión junto a ti y Altaïr. Haré que os sintáis orgullosos de mí, te lo prometo.
Malik le revolvió la corta cabellera mientras hacía un gesto de asentimiento con la cabeza y, tras aquello, su vista se dirigió a un callado y taciturno Ibn-La'Ahad, que seguía apoyado en el marco de la puerta de tal manera que más bien parecía que ni se encontraba allí.
—¿Has venido por algo en especial o simplemente sientes deseos de imitar a una estatua, Altaïr?
Al escuchar el nombre, Kadar se giró rápidamente en su dirección, saludándolo con la cabeza de manera respetuosa.
—No te oí llegar—dijo.
Altaïr, por su parte, levantó la mirada poco a poco hasta enfocarla en los hermanos Al-Sayf, como si fuera la primera vez que reparaba en ellos.
—Quería comprobar que te encontrabas bien. Por cierto, Kadar; le he oído decir a un…hermano—le costó horrores llamar así a aquel necio de Abbas—que Al Mualim tiene algo ''reservado'' para mí. ¿Has oído tú esos rumores?
El joven de alegres ojos azules no pudo por menos que enarcar una ceja, sin saber a lo que se refería. Podría ser que el Maestro sí hubiese comentado algo al respecto, pero él, personalmente, no se había dado cuenta de ello. Había estado más ocupado en ayudar a sus hermanos y en atender a Malik que en los rumores que pudiese haber por la fortaleza tras el asedio.
Así pues, negó con suavidad, apenas agitando la cabeza.
—Lo siento, no he escuchado nada.
—Comprendo. Deben de ser habladurías sin fundamento.
Los tres quedaron en silencio tras esas palabras, apenas unos pocos segundos antes de que Kadar comenzara a hablar de nuevo, comentando algo acerca de lo que había hecho durante esos tres días para así intentar alejar esa sensación incómoda que no pudo evitar sentir cuando callaron.
Tal y como había dicho Malik, dos días más tarde pudo salir de aquella habitación. Aun no estaba recuperado del todo, las heridas más graves seguían doliendo y necesitaba un tratamiento para terminar su curación completa, pero al menos podía comenzar a entrenar, aunque fueran pocas horas al día.
Los primeros entrenamientos que realizó los hizo junto a su hermano Kadar, tal y como le había prometido. No solo por complacer a su hermano, sino también por él mismo ya que el batallar contra él, debido a su menor nivel, le procuraba un ejercicio ameno, perfecto para recuperar el ritmo.
Fue en esos días cuando Al Mualim quiso anunciar algo importante, relacionado con uno de los hermanos de la Orden. Todos los miembros de la Hermandad se agruparon en el patio, cuchicheando entre sí, pensando en qué tendría que decirles el Maestro. Si bien no sabían qué podía ser, la gran mayoría estaba de acuerdo en algo: probablemente haría referencia a Altaïr.
Y, efectivamente, así fue.
De entre todos los hermanos, el único al que Al Mualim llamó fue a Altaïr y, frente a todos, le nombró Maestro Asesino por la habilidad y la valentía que había demostrado durante el asedio. No en vano, Ibn-La'Ahad había salvado la vida del Maestro, algo que no era nuevo para nadie, pues no había dejado de correr de boca en boca desde entonces.
—¡Enhorabuena, Altaïr!—exclamó alegremente Kadar al llegar a su lado, tras haberse hecho hueco entre todos los hermanos que felicitaban al joven—Sin duda te lo merecías, ¡actuaste tan dignamente aquel día!
El Asesino asintió ante aquellas palabras, sin desmentirlas ni hacer un gesto de humildad. Después de todo…no se merecía menos. Había trabajado muy duro durante muchos años; siempre había sido el mejor, Al Mualim nunca lo había negado. Por fin reconocían el mérito que tenía.
Un poco más allá, perdido entre la multitud, se encontraba Malik. Mantenía el puño firmemente apretado, sus ojos oscuros, poco a poco, consumidos ligeramente por aquella envidia que, en el fondo de su corazón, siempre había sentido por Ibn-La'Ahad, a pesar de su amistad con él. Respiró hondo, tratando de calmarse, y cuando se topó con aquella mirada dorada, no supo cómo reaccionar. Parecía como si Altaïr quisiera que le dijese algo, que se alegrase por él o que, al menos, le dedicase una pequeña sonrisa, un gesto de enhorabuena, cualquier cosa que demostrase que estaba feliz por su nuevo rango. Los dos se habían felicitado siempre que ascendían, sin ningún tipo de rencores…al menos por la parte de Altaïr.
Pero Malik no hizo nada de eso; se dio la media vuelta y entró en la fortaleza.
Frunciendo ligeramente el ceño, el hombre de cabellera castaña quiso seguirlo, pero se detuvo de golpe cuando vio a Abbas frente a él. Le miró con desdén mal disimulado, queriendo quitárselo de en medio para seguir a Malik, pero Sofian no le permitía el paso. Parecía que él sí tenía algo que añadir.
—¿Vas a dejarme pasar o piensas quedarte ahí como una estatua durante el resto de tu vida?
Ante aquella pregunta, Abbas hizo una ligera mueca y escupió a sus pies. Sus miradas se cruzaron, fulminándose mutuamente.
—Tu conducta no se merece el rango que ostentas ahora—le dijo—. Eres una deshonra para la Orden, sabes bien la razón.
—¿Es una deshonra el hombre que ha salvado a nuestro Maestro, mientras otros como tú corrían en círculos presas del pánico? No eres nadie para hablar así a un Maestro Asesino, Abbas. Siempre he sido superior a ti, no te mereces si quiera el besarme los pies.
Haciéndolo a un lado de un empellón, se infiltró en el castillo para buscar a Malik, dejando a Sofian frente a todos sus hermanos con aquella expresión de vergüenza por sus palabras.
Lo había ridiculizado en público…y eso estaba bien. No se merecía otra cosa, no cuando hablaba de una manera tan desairada a alguien de tan alto rango.
Después de unos minutos de búsqueda, logró hallar a Al-Sayf, el cual caminaba por los pasillos en dirección al ala de las habitaciones. Con el ceño fruncido, lo cogió del brazo para obligarle a detenerse, dándole la vuelta, encarándolo.
—¿Te ocurre algo, Malik?
El joven de cabellera negra entrecerró los ojos, sin contestar a la pregunta de Altaïr. Y fue ante aquella mirada cuando Ibn-La'Ahad supo lo que ocurría; lo leyó en sus ojos, esa envidia que lo corroía.
—Siempre fuiste el mejor, ¿verdad? El gran Altaïr, llevándose todos los méritos de algo que nunca ha hecho solo.
—¿De qué estás hablando? El Maestro te tiene en alta estima, Malik. Lo sabes.
—¿Ah, sí?—se soltó bruscamente de su agarre—Déjame hacer memoria, Altaïr… ¿A quién felicita siempre en primer lugar cuando volvemos de una misión? ¿A quién alaba? Después de llenarse la boca al hablar de ti, repara en mi presencia.
Altaïr apretó la mandíbula ante aquello. ¿Cuánto tiempo llevaría su amigo con aquellos pensamientos envenenando su mente?
Negó con la cabeza, su mirada cruzándose de nuevo con la del otro Asesino. Quería decirle muchas cosas en esos momentos, quería que dejase de pensar de esa manera. Pero, en lugar de eso, su orgullo le pudo, y su mirada se volvió altanera. Nadie iba a cuestionar su rango, ni su mérito. No iban a amargarle aquel gran día en el cual se había convertido en un Maestro Asesino.
—Tal vez sea porque me merezco todas esas alabanzas.
—Que así sea, entonces—le contestó, dándose la vuelta— . Quédate con tus halagos y con tu rango. Ya veremos lo que duras tú solo en una misión, gran Altaïr.
Ibn-La'Ahad vio cómo Al-Sayf se alejaba de él a paso rápido, con la cabeza bien alta y porte orgulloso. Malik no iba a ser menos que él.
Pero, al verlo marchar, Altaïr sintió de todo menos orgullo. Era como si una parte de él mismo se fuera con su…
Con su…
Suspiró, mirando hacia otro lado.
¿…Amigo?
-.-.-.-.-
ALTAÏR. WHY. ALTAÏR. STAHP
*vomita feels*
¿¡Por qué tiene que volverse idiota!? ¿¡Por quéeeeeee!? *lee el guión y lo tira por la ventana* ¡Con lo monos que eran esos dos! Pero no, ¡no!, tuvo que meterse la estupidez de Alty de por medio gracias a su nuevo rango. Pues ok!
Aasdadasdsa *salta de emoción* ¡Me alegro muchísimo de que te guste la historia, ! Sí, sé lo que es leer fics en inglés ;_; Yo también me emociono cuando encuentro algún fic en español de la pareja que me gusta *O* ¡Muchas gracias por comentar! :DDDD
Bueno, antes de que me peguéis o algo... *monta en unicornio* ¡Me largo de aquí, que quiero seguir viva! ¡Ya nos leemooos! *va volando hacia el Sol (?)*
