EPÍLOGO:
-Acepto- respondió Katniss inmediatamente. Peeta apenas creía lo que estaba pasando, estaba en su boda con la mujer de su vida.
-Puede besar a la novia- dijo el juez. El panadero sonrió un poco nervioso, un poco ansioso pero no tardó más de un par de segundos en besarla. Ese era el beso que sellaba su amor. Los aplausos no se hicieron esperar, una multitud celebraba con ellos la unión, no era muchas personas, pero eran las más importantes y las que deseaban realmente su felicidad.
Después de la ceremonia comenzó el baile, la intención de Peeta y Katniss había sido solo ir, casarse y volver, pero cuando Effie escuchó sus planes, después de felicitarlos arduamente, se encargó de organizar todo, incluso de conseguir el vestido de bodas y su esmoquin, nada se le había escapado a esa mujer.
-Le ganaste la partida a ese soldado, ¿Cómo se llama?- Haymitch hablaba con él aprovechando la ausencia de Katniss que era felicitada por su madre y Annie.
-Gale-
-Claro. Lo supe desde los primero Juegos, estaban destinados a estar juntos- el Vencedor parecía tan seguro de sus palabras que Peeta no supo si sólo alardeaba o si hablaba enserio.
-Katniss sólo actuaba, ¿Recuerdas?,teníamos que ser los trágicos amantes del Distrito Doce- no le gustaba recordar esa parte, cuando todo era una gran mentira.
-Pues actuaba muy bien- Haymitch rió con su propia broma -Te digo que lo vi desde que fui su mentor, al principio ella era reservada y difícil, lo admito, pero creo que fue tu presencia lo que la suavizó, el interés que demostró en ti la hizo querer ganar para salvarlos y eso no se hace por un extraño con el que sólo finges… ya sé que después de los primeros ella admitió que fingió todo, pero es porque le cuesta aceptar sus sentimientos, ella intentaba proteger lo que le importaba fingiendo que no lo era. Katniss es una chica lista-
-Gracias por enviar la caja- Peeta no olvidaba ese pequeño detalle que fue de mucha ayuda.
-Mi intención sólo era enviar un par de fotografías que tenía guardadas, pero cuando me enteré que ese soldado había vuelto al Distrito, creí que necesitarías ayuda- le guiñó un ojo y ambos guardaron silencio ante la presencia de la chica en llamas.
-Felicidades, Katniss, conseguiste al muchacho más cotizado- Haymitch rió solo y se marchó satisfecho de sus bromas.
-Tengo que admitir que tiene razón- Peeta la observó divertido -Tienes una larga lista de admiradoras, empezando por Johanna- esta vez el panadero rió con ganas.
-Ya tengo a la mujer que siempre quise- la besó con ternura y completamente satisfecho con su pasado, todo lo había llevado hasta ella -Luces hermosa- la admiró varios segundos totalmente embelesado.
-¿Quieres bailar?- aún no se acostumbraba a recibir halagos, aunque fueran de su esposo. En lugar de responder él la tomó de la mano y la condujo hasta la pista de baile.
Bailaban al compás de un vals lento y armonioso. Katniss se dejó llevar por su esposo que la guiaba por toda la pista. Se abrazó a él y disfrutó el momento. Nada había salido de acuerdo al plan, aún quedaban cicatrices de ambos, aún extrañaba profundamente a Prim y siempre lo haría, pero cuando Peeta estaba tan cerca de ella, esa esperanza que siempre irradiaba la reconfortaba, era como si él resplandeciera de una forma casi visible, esa profunda compasión que lo caracterizaban, su sonrisa franca y sincera, la habían cautivado sin darse cuenta. La forma tan humana en la que había luchado por ella, había demostrado que daría su vida si hacía falta, y eso era lo que necesitaba. Cómo olvidar la primera vez que lo besó, en medio de todo el caos que los rodeaba, en ese agujero sucio y oscuro, ahí sus labios se unieron por primera vez y ella jamás había reconocido lo mucho que había disfrutado de ese tibio contacto y lo aturdida que la había dejado. Abrió los ojos y mientras bailaba observó a la distancia a Gale, era como estar viendo a su pasado y una parte de su corazón pareció agrietarse, no era fácil dejarlo atrás pero se aferró con más fuerza Peeta, él representaba su presente y futuro. Cerró los ojos y dejó que Gale se marchara en silencio, ahora ella pertenecía a otro hombre.
La fiesta duró horas, Peeta no podía quejarse, había sido un gran detalle de Effie que marcaba una nueva etapa en la vida que ahora compartía con su esposa. La ceremonia que había comenzado por la tarde, acababa hasta altas horas de la noche, cuando todos les reiteraban sus deseos para un vida larga, feliz y próspera. No se podía pedir nada más.
Estaban frente a la habitación que les habían preparado como parte de su día de Bodas, y ante la insistencia de Effie, no habían podido negarse.
-Deberíamos entrar- sugirió Katniss, pero ambos estaban un poco inquietos, estaban en el antiguo Capitolio, ¿No sería de mala suerte empezar allí su vida juntos?
-Espera, tenemos que hacerlo del modo correcto- antes de que la joven pudiera preguntar, Peeta la tomó entre sus brazos y la cargó- Así es como debemos entrar- se las arregló para abrir la puerta y entró con ella, la escena era casi de película. La Vencedora parecía un poco avergonzada pero le ofrecía una sonrisa tierna y agradecida con ese gesto tan dulce.
La habitación que los esperaba era estupenda, era demasiado amplia sólo para ellos dos, tenía un par de ventanas que dejaban entrar la luz de la luna y estaba decorada con flores, pero no rosas, esa flor estaba prohibida ahí, era un detalle romántico. Peeta cerró la puerta y condujo a Katniss, aún entre sus brazos, hasta la gran cama que los esperaba y la bajó un poco nervioso, sabía lo que se suponía debía seguir, pero aún no estaba seguro de expresarle a Katniss cuánto la deseaba.
No estaba seguro de cómo comenzar así que la besó, tomó su cintura y la acercó tanto como le fue posible, acarició su cuerpo sobre la suave tela del vestido de bodas, subió hasta su espalda y encontró el cierre.
-Luces realmente hermosa- declaró antes de bajar el cierre ocasionado que el vestido cayera con muy poca ayuda. Sus manos volvieron a tocar su piel desnuda y acarició la delicada línea de su espalda.
Sintió las tímidas manos de Katniss llegar hasta su traje y retirar el saco, batalló un poco con los botones pero consiguió desabrocharlos, acarició su pecho descubierto y aunque no fueran más que suaves caricias, el cuerpo de Peeta comenzaba a exigirle un poco más.
Con mucho cuidado, tomó a Katniss y la recostó sobre la cama, la tenue luz de luna le permitía observar cada detalle, la joven sólo portaba un sostén y una bragas, se veía sensual y preciosa. Peeta se recostó sobre ella y de nuevo sus labios se unieron en un beso cargado de deseo, las manos de la chica en llamas acariciaban su espalda y brazos, su cuerpo semidesnudo tocaba el suyo y un roce placentero elevaba el tono del beso.
Cuando la tocaba casi podía sentir su cuerpo en llamas, las suaves y delicadas caricias que Katniss le brindaban, despertaban cada uno de sus sentidos. La amaba, haría cualquier cosa por ella, era así de simple.
Siguió besándola, luchando por controlar a su cuerpo y al mismo tiempo asimilar que tendría toda la vida para hacerla feliz, que a partir de ese momento compartirían un cama sólo para ellos dos, podría besarla sin preguntarse si hacía lo correcto porque ahora estaban casados, Katniss era su esposa. Era una sensación completamente gratificante. Sus labios bajaron desde sus labios hasta su cuello, hasta que sintió el acelerado pulso de la joven bajo sus labios, cada reacción era aún más estimulante. Sus manos recorrían el delicado cuerpo de la joven que se movía inquieto bajo él, sus largas piernas se aferraban a su cadera y la acercaban peligrosamente, sus delicadas manos se enterraban en su espalda y pequeños suspiros entrecortados llenaban la habitación. Peeta siguió bajando hasta encontrar ell sostén de la joven, era blanco y de encaje, así que se tomó su tiempo para quitarlo con delicadeza, no podía ser sólo una noche más, era su noche de bodas, todo debía ser especial. Se tomó unos segundos para observarla, para recordarle que había tiempo de sobra. Posó sus labios en el pecho desnudo de la joven, en seguida sintió cómo Katniss enredaba las manos en su cabellera, su espalda se arqueaba en busca de más tibias caricias, le fascinaba lo entregada que se mostraba ante él. Sus labios siguieron bajando hasta su vientre plano y bajaron aún más, se encontró con la delicada tela de sus bragas y las deslizó por sus piernas; se tomó su tiempo para quitarse el resto de su atuendo, el pantalón y el bóxer, un alivio instantáneo lo invadió, pero pronto otra sensación lo embargó, era el deseo, la expectación ante lo que sucedería.
Se recostó de nuevo sobre ella, su cuerpo desnudo tocaba el suyo, su piel caliente rozaba la suya y sus labios se encontraron en un desinhibido beso que dejaba al descubierto una pasión oculta y que ambos sólo habían descubierto en el otro, con el transcurso de los besos y de las noches juntos, era como si de cierta manera se hubieran estado reservando para ese momento, sabía que no era su primera vez, pero cada noche a su lado y sólo con tenerla cerca haría que siempre fuera espacial, porque no creía posible que los besos, las caricias, las noches, los días, las risas, las miradas y la vida fuera suficiente, cuando se trataba de Katniss siempre desearía más.
Comenzó a deslizarse dentro de ella, con cuidado, disfrutando del íntimo contacto que los estaba uniendo en esos momentos, la sintió estremecerse bajo su cuerpo, esconder su rostro en el hueco de su cuello y besarlo después de unos momentos, pidiéndole continuar , la sintió moverse seductoramente, creando un roce que borraba cualquier pensamiento lógico que pudiera quedarle. Sus caderas se encontraban en un ritmo cadencioso y placentero, sin reservas, disfrutando del cuerpo del otro, aferrándose a él, implorando que el tiempo se detuviera y los dejara seguir toda la noche. Katniss lo besaba, susurraba su nombre contra sus labios, enredaba sus piernas y lo empujaba más profundo, más rápido y más placenteramente, su pecho desnudo tocaba su piel caliente, se estaba entregando a él de la forma más profunda que alguien pudiera demostrar. Confiaba en él para que la tocara, para que se deslizara en ella, para que besara cada rincón de su cuerpo, para que disfrutara de su cuerpo a placer y antojo, y lo hacía porque lo amaba, porque amaba sus caricias y lo que ocasionaban en ella, podía sentirlo, podía sentir el deseo que la recorría y que complementaba su propio deseo, era así como se sentía ser amado total y completamente, era así como se hacía el amor.
Katniss terminó recostada sobre su pecho, su respiración seguía acelerada, sus mejillas sonrojadas y en su mirada estaba instalado un brillo que no se borraría en mucho tiempo.
-¿Estás listo para volver?- la joven besó el pecho desnudo de su esposo y se acurrucó en sus brazos.
-Estoy listo para volver con mi esposa- aseguró con esa sonrisa tan cautivante que la dejaba totalmente desarmada -¿Cuándo quieres volver?-
-Lo antes posible, quiero comenzar nuestra vida juntos, sólo nosotros dos-
-Me encanta escucharte hablar así- su ahora esposo besó dulcemente su cabellera despeinada -Cuando planeas nuestra vida y luces tan satisfecha con nosotros. Casi como si realmente fuéramos un verdadero matrimonio-
-Lo somos, sé que no ha sido un cuento de hadas, pero nuestro matrimonio es real, es lo más real que he hecho. Te amo, Peeta-
-También te amo, Katniss- la acercó más a él, a su aroma tan característico que involuntariamente ka tranquilizaba. Una sensación casi sobrecogedora la asaltó, de repente todos sus miedos desaparecieron y todo aquello que pensó no desear se volvió el principal anhelo- Eres todo lo que tengo- el panadero la veía como si fuera el tesoro más grande en todo Panem.
-¿Crees que algún día podamos formar nuestra propia familia?- la joven se sonrojó un poco al preguntarlo. La mirada de Peeta delató la sorpresa al escuchar esa casi propuesta, pero se recuperó pronto y contestó acariciando su rostro:
-Espero con ansias ese día- una de sus manos se deslizó hasta el desnudo vientre de la joven y lo acarició en pequeños círculos- Cuando te conviertas en la madre de nuestros hijos- la emoción de Katniss casi se elevó hasta el cielo, de pronto su vientre le pareció muy plano, y aquella vez cuando aseguró que jamás tendría hijos pareció ser lo más ridículo y sin sentido que alguna vez dijo -Tendremos tantos hijos como tú quieras- una carcajada cómplice y llena de ilusión resonó por toda la habitación.
-Creo que cinco o seis serán suficientes- esta vez fue Peeta quien rió entusiasmado. Realmente estaban hablando de tener hijos.
-Entonces es mejor que empecemos a intentarlo esta misma noche- al principio Katniss pensó que estaba bromeando, pero cuando sus manos comenzaron a recorrer su cuerpo con suaves caricias, supo que hablaba muy enserio. Peeta se colocó sobre ella y comenzó a besarla apasionadamente, no estaba segura que después de esa noche quedara embarazada pero sin duda alguna disfrutaría cada intento.
Lo lograrían, ser felices, ambos lo sentían. Tendrían hijos y formarían su propia familia, no todo sería perfecto, pero siempre pelearían por el otro, habían encontrado una batalla que no abandonarian jamás. Katniss sabía que Peeta no era un soldado, pero era el único hombre que sabía cómo luchar por ella, y no era salvando a Panem, era estando a su lado, cuando la hacía reír en los momentos más caóticos, cuando la dejaba refugiarse en su pecho y ser ella misma, cuando la amaba tan incondicionalmente. Así como también estaba convencida de que ni había mujer más indicada para Peeta que ella, aunque sonará egoísta y presuntuoso, ella era la única que pelearía hasta el final por tenerlo a su lado, a pesar de que en el pasado no lo pareciera así, después de su secuestro en el Capitolio no le quedaba duda de que lo volvería a hacer, y la haría las veces que fueran necesarias para tenerlo como ahora, entre sus brazos, mientras besaba sus tibios labios y se aferraba a su brazos. Era el único hombre con quien podría formar una familia.
-¿Nunca te cansarás de mi?- preguntó contra sus labios.
-Nunca, y tendré toda una vida para probarlo- aseguró mientras se deslizaba suavemente en ella. La joven lo besó una vez más y se dejó amar por su esposo. Una vida nueva se estaba formando.
FIN
