¡Cuánto tiempo sin pasarme por aquí! *llora* Maldita inspiración que va y viene cuando quiere...Tendré unas palabritas con ella (?) En fin, ya lo dije en su día, que este fic no lo iba a abandonar. Me gusta demasiado esta pareja como para dejar la historia a medias y, por otra parte, no me sentiría bien conmigo misma si no estoy con esto hasta el final.

En fin, no me enrollaré más. Os dejo con el cap 15 :D

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Malik salió del Bureau por la puerta trasera, usando la escalera del callejón. En su estado, no podía trepar hasta la celosía, y tenía que usar lo que, por lo general, servía tan solo para despistar a la guardia y hacer pasar la Oficina por un hogar como otro cualquiera en la abarrotada ciudad de Jerusalén.

Sabía que Altaïr no volvería hasta dentro de unas horas, pues tenía varias tareas pendientes y todavía faltaba algún tiempo antes del asesinato, pues debería realizarlo al atardecer. Así pues, se permitió ir a dar un paseo por la urbe, dejando que sus pensamientos volasen lejos de allí. Tomó aire lentamente, llenando sus pulmones hasta saciarlos, y alzó la cabeza al cielo mientras lo expulsaba, viendo el vuelo de los pájaros, cómo rodeaban las altas atalayas a las que él ya nunca más podría escalar.

Al-Sayf se perdió entre la gente, pasando desapercibido. Si bien ya no era un Asesino como tal, sus aptitudes no habían disminuido ni un ápice, y seguía entrenándose siempre que podía, aunque sólo fuera para poder rebanarle el cuello a Altaïr algún día. Ese sentimiento de venganza era lo único que lo consolaba, aunque su parte racional le gritaba que eso no le devolvería a su hermano.

Que el odio no haría que Kadar regresase a su lado.

Pero, si no era odio, ¿qué más le quedaba? Ya no tenía nada a lo que aferrarse y eso hacía que acariciase su dulce venganza con cariño, como quien acaricia la suave piel de la persona amada. Se aferraba a ella hasta con desesperación.

Hace años, nunca habría creído posible que eso pudiera llegar a pasar. Y sin embargo…

La vida daba demasiadas vueltas.

Pero, a pesar de todo, ¿qué era lo que de verdad sentía por Ibn-La'Ahad? ¿Sólo había odio en su interior? Antes había habido demasiado amor como para que éste, simplemente, se hubiera esfumado. Puede que el odio lo hubiera sepultado por su intensidad hasta tal punto que Malik había dejado de sentir otra cosa por Altaïr.

O eso trataba de creer.

Porque, en el fondo, aun amaba a Altaïr. Aunque se odiase a sí mismo por ello, aunque sintiera que, de esa manera, estaba manchando la memoria de su adorado hermano pequeño. El rafiq, en el fondo de su corazón, no había olvidado ese sentimiento.

Suspiró, cansado, y se llevó una mano a la frente.

En esos momentos, una espesa lluvia se hizo presente en la ciudad, calando las calles y a cualquiera que estuviera en ellas. Farfullando algo entre dientes, Malik hubo de volver a la Oficina, pues sabía que Altaïr no tardaría en acudir para refugiarse del temporal, y una vez dentro, abrió la reja para dejarlo entrar.

Malik se refugió de nuevo dentro del Bureau, esperando la llegada del Asesino mientras se secaba el corto cabello con una toalla, quitándose la empapada túnica oscura, y después cogió el compás para seguir trabajando en sus mapas, sin poder concentrarse del todo.

Chistando, dio un puñetazo al escritorio cerca del papel donde trabajaba, haciendo que la tinta negra del frasco se removiera ligeramente, sin salpicar por suerte. De nuevo volvía a escuchar la voz de Kadar en su mente, llamándolo. De nuevo lo veía frente a él, aquel joven de alegre sonrisa, ojos azules y cabello negro.

—Vete, Kadar, por favor—murmuró con la voz rota.

Ni siquiera se dio cuenta de que, en el patio, Altaïr lo observaba con un gesto indescifrable, escuchando aquellas palabras, sintiendo un vuelco en su corazón. Transmitían demasiada tristeza como para no inmutarse frente a ellas.

En silencio, se internó en la oficina, como si no quisiera importunar a Malik con su presencia, y se deshizo de las empapadas prendas superiores, buscando por sí mismo algo con lo que poder secarse, cuando sintió que alguien le había puesto algo en la cabeza. Unos dedos parecieron acariciar aquella zona durante unos segundos en apenas un ligero roce, lo suficiente como para arrancar una pequeña sonrisa de los labios de Ibn-La'Ahad.

—No quiero enfermos en mi Oficina.

Altaïr se secó con aquella toalla y después se acercó a Al-Sayf, que había vuelto a refugiarse tras el escritorio. Viendo que se dirigía a él, Malik alzó la vista unos segundos, para después volver a sus mapas, aunque solo fueran una excusa para no tener que soportarle la mirada al otro.

—¿Qué quieres, novicio?

''A ti, Malik'' pensó Ibn-La'Ahad, apretando el puño que mantenía apoyado en la superficie de la mesa.

Pero no, claro que no iba a pasar. Estaban cerca el uno del otro, pero los separaba una distancia demasiado grande como para abarcarla entera.

—Tengo información nueva, por si te sirve. Dado el tiempo que hace, puede que tenga que posponer el asesinato a mañana.

—Eso significa que tendré que soportarte una noche aquí metido. No te puedes ni imaginar la ilusión que me hace—comentó con sorna.

Altaïr quiso adelantar la cabeza y acallarlo con un beso robado, como había hecho tantas otras veces. Quería volver a ver esa expresión de vergüenza y enfado en su rostro, cómo protestaba y trataba de golpearlo inútilmente.

Sin poder resistirlo más, Ibn-La'Ahad saltó el escritorio y rodeó la cintura de Malik con un brazo, poco a poco llevándolo contra la pared, viendo cómo Al-Sayf se revolvía y trataba de quitárselo de encima.

—¡Suéltame, novicio!—exclamó con la voz temblorosa por la ira.

Finalmente, Altaïr estrelló a Malik contra la pared, sus labios pegándose a la piel del cuello del rafiq, sintiendo cómo esté trataba de librarse del agarre de manera infructuosa, su única mano empujándolo por el hombro.

—¡He dicho que me sueltes!

—No, Malik. No voy a soltarte.

Apretando la mandíbula, Al-Sayf logró empujarlo con fuerza con el único brazo que tenía, haciéndolo trastabillar y perder ligeramente el equilibrio durante unos segundos, segundos que fueron aprovechados por él para sacar una daga que llevaba siempre encima. Malik miró a los ojos a Altaïr, aquellos ojos dorados a los que tanto había amado en otro tiempo, y le amenazó con el arma.

Ya no había vergüenza en ese rostro. Sólo odio.

—¡Mi hermano está muerto por tu culpa!—le espetó, su voz sonando demasiado alta, con demasiada furia—¡Si me hubieras hecho caso, Altaïr, nada de esto hubiera pasado y mi hermano seguiría vivo! ¡No esperes que vaya a perdonarte jamás por lo que hiciste! ¡Tú mataste a Kadar por tu arrogancia!

Altaïr vio cómo Malik alzaba el cuchillo, mirándolo con rabia y odio, y entrecerró los ojos cuando Al-Sayf hizo descender el arma a una velocidad vertiginosa, clavándola finalmente en el escritorio, provocando un ruido seco. El rafiq agachó la cabeza, lo suficiente como para que el Asesino no pudiera verle los ojos.

—Vete—murmuró.

—Malik, yo...

—¡He dicho que te vayas! ¡Largo de aquí!

Ibn-La'Ahad sabía que tenía que tratarlo con respeto y que le debía sumisión ahora que el otro tenía un rango superior tras haber sido degradado él mismo a novicio, pero habían pasado tantas cosas entre ellos que darse la media vuelta e irse era algo que no pensaba hacer.

—No voy a acatar tus órdenes, Malik.

En un rápido movimiento, cogió la daga y empujó al Dai contra la pared, clavando el arma en la capucha blanca de Asesino, por encima de su cabeza. Con la mano izquierda tomó su muñeca, alzándola, y cerró sus dedos entorno a ella para evitar que hiciera algún movimiento brusco.

Malik no tenía posibilidades de defenderse o escapar en esos momentos, así que se limitó a mirar de manera desafiante a Altaïr, sus ojos oscuros anunciando una tormenta inminente.

Ibn-La'Ahad lo cogió por la barbilla para evitar que desviase la cabeza y lo besó en los labios, saboreándolos como aquel primer lejano beso, succionando ligeramente, sintiendo los esfuerzos del hombre por librarse de aquello. Unió más ambos cuerpos, imposibilitando a Al-Sayf el moverse casi, y profundizó el beso, la mano que lo tuviera agarrado por la mandíbula desviándose hasta su cabello para tirar de él y obligarlo a abrir la boca.

Malik nunca había sido besado por Altaïr de aquella manera tan desesperada y salvaje, incluso agresiva. Sentía su lengua colándose en su cavidad bucal, moviéndose de manera rápida, y sintió el deseo de cerrar la mandíbula para dejarle sin ella.

Pero, en lugar de eso, gimió con necesidad.

Hacía demasiado tiempo que no sentía a aquel estúpido hombre tan cerca de su cuerpo y, por mucho que lo odiase, el sentimiento de amor permanecía vivo.

''Él mató a tu hermano'' se dijo para sí.

Su mano se contrajo involuntariamente cuando Altaïr separó sus piernas con la propia con cierta fuerza, casi restregándose contra él como un vulgar perro, pero, a pesar de todo, aquello también le hizo jadear en contra de su voluntad.

—Altaïr, basta ya—dijo con voz débil.

Ibn-La'Ahad lo ignoró y ocultó su rostro en el cuello de Malik, mordiendo aquella piel morena que lo llamaba a gritos, mientras descendía su mano por la camisa aun húmeda hasta llegar al pantalón, acariciando por encima de la tela su hombría algo abultada.

Al-Sayf no se había sentido más humillado en toda su vida.

Altaïr siguió atendiendo las necesidades de Malik, ignorante como era de que el rafiq tenía sus propios planes, y no faltó mucho para que el ahora novicio los conociera también. Dejó escapar un profundo grito de dolor cuando el Dai le dio un fuerte rodillazo en la entrepierna, haciendo que soltase su muñeca, y Malik aprovechó su desconcierto para adelantar la cabeza y propinarle un cabezazo, escuchando la tela de la capucha rasgarse al estar aun sujeta por la daga. Pero eso era lo de menos.

Cogiendo la afilada arma que seguía clavada en la pared, el rafiq se abalanzó sobre Ibn-La'Ahad, tumbándolo en el suelo, y aplicó el arma a su cuello, en un contacto tan íntimo que le provocó una leve línea de sangre en la piel.

—No juegues conmigo, novicio—murmuró, apretando un poco más aquel objeto—. Ni se te ocurra volver a tocarme en tu vida.

Retirando la daga, Malik se puso en pie y guardó el acero, dedicándole una mirada helada a Altaïr. En cuanto al Asesino, se incorporó sin mirar siquiera al Dai y se dirigió al lugar donde tenía sus ropas, todavía empapadas por la lluvia. Sin importarle este hecho, se las puso en cuestión de segundos y, a pesar de que estaba aun lloviendo, salió de la Oficina, ambos hombres sin dirigirse ni una sola palabra.

Al encontrarse solo en el Bureau, el Dai no pudo evitar reflexionar sobre ellos. ¿Cómo habían llegado a ese punto? Él jamás se habría imaginado amenazando realmente de esa manera a Altaïr, ni siquiera cuando éste empezó a comportarse de manera arrogante cuando fue ascendido a Maestro Asesino, aunque ganas no le habían faltado entonces. Pero un pensamiento fugaz distaba mucho de un acto tan real como lo que acababa de pasar.

Y todavía le quería...por mucho que tratase de negarlo. Era como si, de esa manera, siguiera siendo fiel al recuerdo de su hermano. No podía verse a sí mismo amando al hombre que le había arrebatado la vida a Kadar. No quería hacerlo.

Pero, ¿cómo no hacerlo? Daba igual lo mucho que negase ese sentimiento, que tratase de sepultarlo bajo el odio. Aun seguía ahí, en un rinconcito pequeño de su interior, agazapado, latiendo con suavidad, esperando la oportunidad para salir a flote ante el menor descuido.

Suspiró, pesaroso, y dejó caer la cabeza sobre su mano, aquel brazo apoyado encima del escritorio, cerca de uno de sus mapas a medio hacer.

—Hermano, ¿puedes verme? ¡Malik!

—Kadar, vete.

—¿Qué es lo que te ocurre, hermano? ¡A pesar de todo, pensaba que Altaïr te caía bien! ¿Por qué lo tratas tan mal?

El Dai chistó, negando con la cabeza, y salió de la estancia, quedándose en el patio bañado póbremente por las últimas luces opacas del atardecer. Sus ojos se posaron en el cielo cubierto de nubes, las cuales apenas dejaban que se filtrasen algún que otro rayo de sol, confiriendo al lugar una oscuridad temprana. Le dio igual que la lluvia empapase de nuevo su cuerpo; en esos momentos, lo único que quería era dejar de escuchar la alegre voz de su hermano.

—Malik, no fue culpa de Altaïr. No lo considero así, al menos. ¿Estás escuchándome?

Al-Sayf se frotó los ojos, ignorando las palabras de Kadar que resonaban como el eco en su cabeza. Sabía que su hermano pequeño diría algo así, pero él no lo aceptaría. Él debía vengar su muerte con sangre.

Pasaron las horas; ya era de noche en Jerusalén. Malik estaba organizando su escritorio, guardando algunos libros en la estantería que se encontraba contra la pared, tras la amplia mesa. Sabía que Altaïr no tardaría mucho más en llegar, al menos si quería dormir en el Bureau, por lo que mantuvo la reja abierta, a la espera. Le extrañaba el que no hubiera estado allí antes, teniendo en cuenta el pésimo temporal que asolaba la ciudad.

Al cabo de unos minutos, lo escuchó llegar, descendiendo en silencio por la entrada del tejado hasta posarse en el suelo del patio, a salvo. El rafiq salió de la oficina para cerrar la celosía, sin mirar a Altaïr, o intercambiar palabra alguna con él, y volvió al interior del lugar, cerrando tras de sí la puerta. Ni siquiera reparó en el gesto del Asesino, en cómo había extendido el brazo hacia él para detenerlo antes de que se recluyera en aquel solitario local, acompañado tan sólo de la luz del candil, el aroma del incienso y el recuerdo de un fallecido Kadar.

Altaïr bajó la cabeza, encogiendo el brazo, y se acomodó sobre los empapados almohadones, sintiendo el frío helador que se introducía en su cuerpo ante aquel contacto. En otro tiempo, eso no le habría importado. Y no lo habría hecho porque tenía el cálido cuerpo de Malik junto a él, rodeándolo con sus brazos. Pero ahora estaba solo.

Encogiéndose sobre sí mismo, se hizo un ovillo y trató de conciliar el sueño, un sueño intranquilo que le llegó un tiempo después. No fue consciente de que Malik había salido de su oficina, de que tenía una reluciente espada en la mano, ni de que se acercaba a él con un deseo de venganza brillando en sus ojos casi negros.

Al-Sayf podría aprovechar aquella oportunidad. El que fuera el favorito de Al-Mualim se encontraba ahora tan indefenso como un niño pequeño en la placidez del sueño, sin saber qué ocurría a su alrededor. Sería sencillo, un roce con el acero, un simple contacto en el cuello, y Malik obtendría su venganza.

Levantó el arma, sus ojos observando a aquel hombre, ese rostro contraído por las pesadillas y el tormento. No murmuraba nada en sueños, tan sólo se retorcía de vez en cuando y se aferraba con fuerza a la alfombra que había debajo de él.

¿Qué estaría soñando?

Negando con la cabeza, el Dai se obligó a actuar, y apretó la mandíbula con fuerza mientras se preparaba para realizar el tajo descendente que cercenaría la cabeza de Altaïr. Dejó caer la espada en un perfecto arco y, justo cuando el acero estaba a punto de entrar en contacto con la piel del cuello de Ibn-La'Ahad, una solitaria lágrima escapó de uno de los ojos de Malik.

Detuvo el golpe de inmediato, su mano temblando ligeramente mientras se preguntaba por qué no podía hacerlo.

Era tan, tan sencillo...

Retiró el arma, dejándose caer de rodillas frente a Altaïr, y lloró en silencio. Sólo quería vengar la muerte de su hermano, pero... ¿Acaso eso haría que se sintiera mejor? ¿La muerte de ese hombre le devolvería a Kadar? Bien sabía que no.

—Algún día acabaré con tu vida, novicio—murmuró, su espalda encorvándose hasta que su frente quedó apoyada sobre la de Altaïr—. Eso tenlo por seguro...

Fue entonces cuando el Asesino relajó los rasgos, sintiendo la cercanía de Malik, e incluso se permitió estirar los labios en una imperceptible sonrisa.

Eso era todo cuanto necesitaba para poder descansar.

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¿Qué hago yo con todos estos feels? ;_;

Bueno, como siempre, muchísimas gracias por todos los reviews que he estado recibiendo, me alegro un montonazo de que os esté gustando la historia y leer vuestros comentarios siempre me anima muchísimo ^^ ¡Espero seguir recibiéndolos! *O* Se aprecian un montón :) Y de verdad siento estar tan ausente u_u Pero tengo ciertos problemillas de inspiración últimamente...Aunque repito, y lo seguiré repitiendo hasta la saciedad: ESTE FIC LO TERMINO COMO QUE ME LLAMO TASHA. O sea, como que me apodo Tasha quiero decir...Obvio que no es mi nombre real (?) Argh, ya estoy desvariando XDDD

Por cierto Aurel, yo también hacia lo mismo en Jerusalén...XD

¡Espero que os haya gustado el cap! ¡Nos leemos en el próximo!

Byeee!