¡Ya estoy aquí de nuevo! Sin abandonar a mis queridos nenes sirios tan adorables.

¡Espero que os guste! :DD

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Malik se encontraba a solas en el Bureau; Altaïr había partido hacia Masyaf no hacía mucho, más por insistencia del Dai que por él mismo. Si se retrasaba más de la cuenta en llegar, volvería a tener problemas con Al Mualim y teniendo en cuenta que el Maestro le había dado una oportunidad para redimirse, Ibn-La'Ahad no estaba en posición de hacer lo que le viniera en gana.

Tras recordar el trato recibido por parte del Asesino, aquella extraña ternura con la que le había tratado al verlo llorar, su corazón no pudo evitar rebotar con fuerza. Estaba tan poco acostumbrado a esa faceta suya que casi parecía más una invención de su subconsciente antes que algo real.

Agitó la cabeza, suspirando con algo de pesadez, y decidió dejarlo estar, sin pensar más en ello para centrarse en su tarea.

Los días fueron pasando con tranquilidad, sin ninguna visita inesperada. El ''incidente'' del Asesino que había visitado Jerusalén sin el permiso por parte de Al Mualim finalmente se olvidó al no encontrar ningún tipo de prueba y Malik, por su parte, no iba a ir a inculpar a Altaïr. No quería tener más problemas, bastante ocupado estaba con su trabajo como jefe local de Jerusalén, atendiendo a los hermanos que acudían para realizar las misiones que el Maestro les pedía que llevasen a cabo.

En ese tiempo, pudo reflexionar sobre todo lo que había pasado desde que ascendieran a Altaïr al rango de Maestro Asesino; cómo la relación entre ambos, con el paso del tiempo, se había enfriado poco a poco. Seguía sin saber por qué, a qué se debía ese cambio en la actitud de Ibn-La'Ahad.

Sin embargo, cuando le visitó, se había mostrado más…cercano. Casi como antes, cuando eran unos adolescentes, unos críos sin demasiada responsabilidad, que creían que tenían el mundo a sus pies.

¿Qué había pasado con ese sentimiento? ¿Con esa alegría que compartían? Parecía que Altaïr se hubiese olvidado de ella…hasta ese día.

Hasta ese extraño reencuentro en la Oficina.

Y ahí estaba Al-Sayf, recluido nuevamente, pensando en todo aquello mientras esperaba la llegada del novicio. Al Mualim ya le había informado de que Altaïr se presentaría para su siguiente misión en Jerusalén, así que se limitaba a hacer tiempo ordenando los estantes, algo aburrido, hasta que por fin escuchó movimiento en el tejado que indicaba la presencia de Ibn-La'Ahad.

Dejándose caer con facilidad, el Asesino entró casi sin reparos en la Oficina, viendo cómo Malik se dedicaba a clasificar los libros de la estantería según un orden que él desconocía.

—La paz sea contigo, Malik.

El Dai se giró entonces, mirando a Altaïr con aquellos ojos oscuros que ya habían dejado de irradiar odio. Ahora, había cansancio en ellos; cierta pesadez mezclada con las dudas y la incertidumbre.

—Como si en esta ciudad se pudiera tener paz—fue su contestación, volviéndose hacia el escritorio para apoyar su único brazo en él—. ¿Con qué vienes a importunarme hoy, novicio?

—Al Mualim quiere que mate a Majd Addin. ¿Qué puedes contarme de él?

Malik se frotó los ojos en un gesto de cansancio, no tanto por Altaïr como por la situación reinante en la ciudad. Con un gesto de pesar, comenzó a explicar lo que ocurría en Jerusalén en aquellos momentos.

—En ausencia de Salah Al'din, Majd Addin se ha nombrado regente de la ciudad. Utiliza el miedo y la intimidación para conseguir lo que desea, pero no tiene derecho legítimo a ese puesto.

—Bien, eso terminará hoy.

Al-Sayf volvió a hacer ese gesto de cansancio…y esta vez sí era debido a Altaïr.

—No estamos hablando de un traficante de esclavos—dijo, haciéndole recordar la primera misión que tuvo allí tras haber sido degradado a novicio—. Domina toda la ciudad, tiene gente a su servicio. Está bien protegido, así que planifica tu ataque.

—Lo he hecho ya. Organizará una ejecución pública no muy lejos de aquí y, aunque esté bien protegido como dices, no será nada que yo no pueda afrontar.

Los ojos casi negros de Malik chocaron contra los dorados de Altaïr, como si se enfrentasen en un duelo mudo, hasta que el rafiq suspiró derrotado, negando levemente con la cabeza mientras apartaba la vista un tanto hastiado.

—Y por eso eres un novicio a mis ojos. Siempre debes presuponer que te equivocas, que obvias algo, que hay un detalle que se te escapa. Anticipación… ¿Cuántas veces te lo he dicho ya?

Los dos volvieron a quedarse en silencio, tal vez recordando algo ya lejano, una experiencia pasada, reviviendo un simple recuerdo que creían perdido en el olvido…hasta que la realidad se impuso, devolviéndolos al presente.

—¿Algo más que deba saber?—preguntó Altaïr.

Malik tardó unos segundos más en reaccionar.

—Ah, sí, sí. Uno de los hombres que van a ejecutar es un hermano, Al Mualim quiere que se salve. No te preocupes por un rescate real, dado que mi fe en ti escasea, mis hombres se ocuparán de ello. Tú sólo ocúpate de que Majd Addin no lo mate.

—Descuida, eso sí puedo asegurártelo.

Y, de nuevo, una mirada prendada de la otra, un silencio tenso, unos labios que se llamaban a gritos y ambos cuerpos paralizados sin saber qué hacer.

—Será mejor que me encargue del asunto cuanto antes—acabó por decir Ibn-La'Ahad, esquivo, echando a andar hacia la entrada de la Oficina.

—Sí, será lo mejor. Pero asegúrate de no estropearlo…Altaïr.

El Asesino se quedó en la puerta, una secreta sonrisa adornando sus rasgos en las profundidades de su capucha alba al oírle pronunciar su nombre. Se limitó a asentir con la cabeza, sin girarse, y trepó por la pared del Bureau hasta salir del mismo, con un destino claro en mente.

No pudo evitar recordar con sorna las últimas palabras de Malik. ¿Estropearlo, él? Por favor…

Estaban hablando de Altaïr Ibn-La'Ahad, el mejor Asesino de la Orden. Nada podría salir mal.

O eso creía.

Todo había empezado bien, perfecto de hecho, según lo tenía previsto. Logró colarse gracias a un grupo de eruditos entre el cual se camufló, perdiéndose después entre la muchedumbre que se agolpaba frente a la pasarela donde Addin se paseaba, con sus víctimas detrás, atadas a sus respectivos postes.

De acuerdo, dos de ellos habían muerto…Pero todavía quedaban cuatro inocentes a los que poder salvar. Y, entre ellos, el Asesino.

No podía dejar que un hermano muriese. Los otros tres, eran del todo prescindibles. Pero no un compañero.

Sigiloso, en completo silencio, se abrió paso entre la multitud cual sombra, acercándose a las escaleras para poder subir a la plataforma y acabar así con la vida de su objetivo. Se detuvo unos segundos escasos, cuando Majd Addin, tras su perorata innecesaria y pomposa, clavó sus garras en la cara del Asesino, alzando su cabeza mientras le acusaba de hereje, escuchando cómo la gente pedía su muerte a gritos.

—Adelante, ¡matadme!—exclamó el hombre, casi entre risas—Eso no significará nada. Tenéis miedo, lo veo en vuestros ojos, lo oigo en el temblor de vuestras gargantas. Sabéis que mi muerte no podrá pararnos, no podrá acallarnos. Si es vuestro deseo, moriré gustoso, porque, a pesar de ello…jamás podréis detenernos.

Sí, un discurso precioso, eso nadie lo ponía en duda. Era una lástima que Altaïr estuviera demasiado ocupado tratando de estudiar su próximo movimiento como para escuchar esas palabras.

Tampoco le hizo falta moverse demasiado; Addin había sacado su espada, animado por los gritos de la multitud. Pero, en lugar de ajusticiar a su víctima, se giró, como si hubiera reparado en la presencia de un mal mayor.

Y, de pronto, parecía que todo se hubiera detenido.

Altaïr lo supo. Supo que aquel hombre era consciente de que iba a morir. Lo supo al ver sus ojos desorbitados por la sorpresa, su boca abriéndose lentamente. No escuchaba nada más, ya no había…nada.

Sólo él y su objetivo.

Ignoró los cadáveres de las personas a las que Majd Addin ya había matado; ignoró a los guardias; ignoró a la turba enfurecida que clamaba a los pies de la plataforma, agitando los puños.

Sacudió la muñeca, escuchando el tan familiar ruido de la hoja oculta deslizándose hasta aparecer, como si estuviera cautivada por la llamada de la sangre corrompida de su enemigo.

No duró ni un suspiro; un movimiento seco, conciso, simple. Un ligero contacto, como una caricia furtiva…y Addin cayó sobre la pasarela de madera, su sangre cubriendo el lugar, filtrándose por las grietas, esparciéndose hasta llegar al borde, salpicando el suelo.

Pero seguía con vida.

—Esto termina aquí—murmuró Altaïr al posicionarse a su lado, preparado para asestar el golpe de gracia.

—No…Esto acaba de empezar.

Ibn-La'Ahad se detuvo ante aquellas palabras.

¿Cómo que…acababa de empezar?

—¿Qué tienes que ver en todo esto?

Necesitaba escuchar lo que Addin tenía que decirle…pero lamentaba la falta de tiempo. Había desatado el caos, la guardia se acercaba, la gente gritaba eufórica, presa del pánico.

—La Hermandad quería la ciudad…yo sólo quería el poder. Esta era mi oportunidad.

—La oportunidad de matar inocentes.

—No son tan inocentes—dijo el hombre, con una extraña mueca en el rostro—. Perturbaban el orden.

—¿Matas personas tan sólo porque no piensan como tú?

Majd Addin quiso reír ante aquello, al menos un poco, pero la sangre que se acumulaba en su boca transformó esa risa en una tos enfermiza y odiosa.

—No…Los mataba porque podía, porque era divertido. Tenía la potestad para hacerlo, nadie podía detenerme. Me creía…como un dios. Tú habrías hecho lo mismo de haber estado en mi lugar.

—Antes, tal vez. Pero luego aprendí lo que les ocurre a aquellos que desean alzarse por encima de los demás.

—¿Y qué es?

Altaïr se tensó ante los ruidos que producía la guardia al acercarse aún más. Ya no le quedaba tiempo, tenía que dejarse de tanta parafernalia insulsa y acabar de una vez la misión.

—Déjame que te lo muestre.

Y, tras esas palabras, lo mató sin contemplaciones. Pasó la pluma por el cuello de su víctima, cumpliendo así con la misión encomendada por el Maestro, y se puso en pie con intenciones de salir de allí para regresar a la Casa de Asesinos.

Pero no…

No iba a ser tan fácil.

Las campanas empezaron a sonar, anunciando la muerte del regente de la ciudad.

Mientras tanto, en el Bureau, un tranquilo Malik se encontraba leyendo un libro, acomodado en el patio tras haber cerrado la celosía.

—Estúpido novicio…Nunca aprenderá el significado de la palabra ''discreción'' aunque se lo haga escribir un millón de veces. Oh, sí, todo va a ir bien, según el plan…Fíate de un plan de Altaïr Ibn-La'Ahad. De nuevo…otra genialidad.

Sabía que no faltaría mucho para escuchar al novicio gritándole que abriese la verja para dejarlo entrar, aunque el Asesino ya debería de saber que sólo podría acceder a la Oficina cuando se hubiese librado del peligro.

Los minutos fueron pasando, arrastrándose con cierta pereza. Era extraño, pero Altaïr no había regresado…y ni siquiera se escuchaba actividad por los alrededores.

Malik dejó el libro, introduciéndose en el local para guardarlo en su lugar correspondiente, y se asomó de nuevo al patio, sintiendo cierta pesadez en el estómago, como una caída libre.

¿Muerto?

No…No, no podía ser. Tan sólo se habría entretenido con la guardia…O estaría tratando de pasar desapercibido.

Sí, era lo más probable.

Ni siquiera se acordaba del otro Asesino, del hermano al que debían salvar. Los pensamientos del rafiq estaban concentrados en una única persona, en ese estúpido y arrogante novicio de mirada dorada que, a pesar de sus numerosos errores, todavía creía que él solo podría solucionarlo todo.

La palabra novicio a veces se quedaba corta para describir la conducta tan irracional de Altaïr.

Malik quiso salir del Bureau; quiso volver a portar su hoja oculta, colgarse la espada del cinturón, armarse con sus cuchillos arrojadizos e ir a ayudar a Altaïr. Pero no sabía si por Ibn-La'Ahad o por la emoción de volver a ser un Asesino otra vez.

Sin embargo, no hizo nada más que esperar, como debía hacer ahora. Esperó y esperó, cada vez sintiendo el nudo del estómago más y más enredado, pesado, un sudor frío recorriendo su frente. Incluso había veces que contenía la respiración.

Hasta que la campana dejó de escucharse.

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Dios, ¡no sabéis la alegría que me ha dado recibir vuestros reviews! Yo ya pensaba que la gente se había olvidado de este fic y veo que no, ¡muchísimas gracias!

Ryuno OSM te doy la bienvenida al fic, espero que llegues a este punto si sigues leyéndolo, ¡me alegra que sea de tu agrado!

Die Meline, dianne croft y AurelGweillys, de verdad que muchas gracias por seguir ahí. ¡El fandom nunca abandona a los suyos, tal parece!

Estoy en modo asdadsada tras ver los comentarios vuestros, de verdad XD Es muy genial que sigáis apoyándome, se aprecia muchísisisisimo.

¡Seguimos leyéndonos! ¡Hasta pronto!