Y aquí vengo de nuevo, con el cap 19 para calmar los ánimos de los que queréis matarme por mis ausencias :_D ¡Espero que os guste!
-.-.-.-.-.-.-
Altaïr seguía escondido dentro de un carromato lleno de heno, ya casi a punto de gritar del picor que sentía en el cuerpo por las hebras que se le colaban en el traje. Pero sabía que tenía que aguantar un poco más, hasta que la guardia dejase de buscarlo o, al menos, se fuera de la zona. El Bureau estaba cerca, prácticamente al alcance de la mano…y él todavía no podía refugiarse entre sus paredes por culpa de los soldados que no cesaban en su empeño por atraparlo.
Y, por fin, dejó de captar el pesado ruido de las botas sobre la piedra. Se asomó un poco, lo necesario para observar lo que le rodeaba, y salió disparado como una flecha hasta el edificio de enfrente, trepando ágilmente por él para llegar al tejado, donde se encontraba la entrada a la Oficina, ya abierta.
Como de costumbre, se dejó caer sin hacer ni un solo ruido, ni tan siquiera dejando un rastro de sangre tras de sí. Tenía pequeñas heridas, cortes superficiales, pero no lo suficientemente graves como para sangrar más de un par de gotas.
Antes de abrir la boca para presentarse tras dejar el patio atrás, vio cómo Malik se giraba hacia él tras haberlo escuchado, notando cómo sus rasgos se relajaban, sus ojos oscuros mostrando alivio mientras un breve suspiro escapaba de sus labios entrecerrados. Ante aquel gesto, Altaïr se permitió sonreír de nuevo.
—He realizado mi cometido.
—Sí…Sí, eso parece—dijo el Dai, volviendo a mostrar esa faceta desinteresada tras comprobar con una rápida mirada que no presentaba heridas de gravedad.
Ibn-La'Ahad tornó su sonrisa en un gesto lleno de sorna, acercándose un poco más hasta apoyar los brazos entrecruzados sobre el escritorio, clavando los ojos en Malik.
—¿Qué sucede, ya no hay palabras de sabiduría? ¿Acaso he fracaso de forma estrepitosa?—comentó con cierta ironía.
Al-Sayf hizo rodar sus ojos, casi dejando escapar un bufido de cansancio ante sus palabras, y sin tan siquiera dignarse a mirarlo, siguió trabajando en su nuevo mapa.
—Has obrado como un Asesino. Te has limitado a hacer lo que debías; como de costumbre, con tu toque personal…Pero no esperes que vaya a alabarte por realizar tu cometido. Tu actitud me preocupa, novicio.
—Como siempre. Todo lo que hago parece que te preocupa.
—Medita sobre ello y, tal y como te dije en su día, mejor que lo hagas de vuelta a Masyaf. Tu presencia aquí me irrita.
A pesar de sus palabras, ambos habían vuelto a mirarse casi como antes; un Altaïr sonriente, altanero y desgarbado. Un Malik ceñudo, esquivo y desinteresado.
Una simple máscara para ocultar la verdad que había tras esos gestos. Una simple apariencia.
—Sí, será mejor que me vaya. Al Maestro no le gustará que llegue tarde…otra vez.
El Dai abrió ligeramente los ojos ante aquello; era cierto, Altaïr había tenido algunos días de retraso por su visita inesperada a Jerusalén. ¿Qué le habría dicho Al Mualim?
Vio la mirada de Altaïr, esos ojos dorados que seguían clavados en él fijamente, sus labios curvados en esa ligera sonrisa que tanto le irritaba y tanto le atraía a la vez, y supo que estaba esperando a que le preguntase. Con el ceño fruncido, entornó los párpados y carraspeó.
—Ya sabes por dónde se sale, novicio. No me hagas perder más el tiempo, algunos tenemos cosas que hacer.
—¿Nada más?
—¿Qué es lo que quieres? No me interesa lo que hagas, ni los problemas en los que te metas si estos no comprometen a nuestra Hermandad. Ahora, largo de aquí.
Ibn-La'Ahad hizo un gesto de desencanto, sus ojos rodando hacia un lado, y asintió con sequedad, dejando de apoyar los brazos sobre la mesa de la Oficina.
—Como quieras, rafiq.
Malik escuchó los pasos del Asesino, cómo salía de aquella habitación, trepando después al tejado para volver a Masyaf. Una vez a solas, meditó acerca de la última palabra que le había dedicado el hombre; ''rafiq''. No sabía qué podría haber querido decir con aquello, si se había referido a su título o…
Si le había llamado amigo.
Agitó la cabeza, confuso. Ellos no eran amigos. Ya no, al menos. No desde hacía bastante tiempo, cuando Altaïr ascendió a Maestro Asesino y comenzó a comportarse de manera orgullosa y mezquina.
Dejó escapar el aire por entre los dientes, sintiéndose cansado. La relación que mantenía con Altaïr nunca había sido fácil…Y comenzaba a sospechar que jamás lo sería. Daba igual lo que pasara, su relación no cambiaría al final.
Y no sabía cómo sentirse al respecto.
Los siguientes días pasaron sin novedad alguna; no había nada relevante en la vida del Dai, más que atender aquel Bureau, siendo de apoyo a los Asesinos que acudían a Jerusalén. De vez en cuando recibía noticias de Al Mualim por parte de los que iban a realizar misiones allí sobre su extraño comportamiento durante esos días, pero Malik apenas escuchaba esas palabras. Él no podía regresar a Masyaf, debía quedarse en la ciudad, y no podía juzgar sin ver antes, por lo que no prestaba atención a los pocos comentarios que le decían al respecto. Además, él confiaba en su Maestro. Cualquier actitud extraña estaría justificada por algo sucedido debido a la situación actual.
Aburrido como todas las mañanas, aguardaba la llegada de Ibn-La'Ahad, de nuevo. A diferencia de las dos anteriores visitas, aquella vez se encontraba relajado, trabajando tranquilamente en sus mapas, sin que ninguna otra emoción le embriagase. Ni siquiera sentía el nerviosismo propio de la segunda vez que lo vio, tras lo que había pasado entre ellos.
Dejó el compás sobre la mesa de madera, pasándose una mano por la frente perlada de sudor. Hacía demasiado calor aquel día; estaban a finales de agosto y el sol no tenía misericordia alguna con aquella región. Aunque el ambiente en las calles sería todavía peor que aquel.
Salió al patio, arrodillándose frente a la fuente de agua fresca, y cogió un poco de la misma con la mano, ahuecándola en ella para empaparse la cara, pasando después a su corto cabello. No había andado ni dos pasos y ya podía notar la diferencia de temperatura entre aquel lugar y la habitación adyacente, resguardada del sol.
Su mirada ascendió hasta la celosía al escuchar ruidos por la pared y, posteriormente, el tejado, viendo aparecer a un jadeante Altaïr, que se dejó caer al patio, casi trastabillando al posar los pies en él.
—Seguridad y paz—saludó el Asesino desde el fondo de su capucha.
Malik asintió ante aquellas palabras y le indicó con un gesto que se metiera dentro del Bureau para resguardarse del calor, mientras él llenaba con el agua de la fuente una jarra de cerámica con motivos geométricos que solía tener apostada al lado de las alfombras y cojines del patio.
Siguió los pasos de Ibn-La'Ahad, viendo que éste se había sentado en el suelo, apoyando la cabeza en una viga de madera y soplando de vez en cuando hacia su frente. Se había quitado la capucha, dejando a la vista su rostro acalorado y brillante por la fina capa de sudor, con el flequillo humedecido y revuelto.
—Toma—le dijo el rafiq, dejándole la jarra al lado antes de recluirse tras su escritorio.
Altaïr desvió la vista hacia el objeto, viendo la superficie del agua algo agitada por el movimiento, poco a poco calmándose hasta quedar tranquila, reflejando el techo del lugar. Sin pensárselo dos veces, bebió hasta saciar su sed y usó lo poco que había sobrado del cristalino líquido para echárselo por encima, sintiendo los pequeños regueros de agua filtrándose por el interior de su camisa. Suspiró aliviadamente tras aquello, cerrando los ojos y manteniendo la boca ligeramente entreabierta, las gotas resbalando por su nariz y labios.
—Hace demasiado calor—logró murmurar.
—Descansa si lo deseas, pero no te demores en tu cometido—respondió Al-Sayf, apenas prestándole atención.
—He recogido información en la ciudad. Robert de Sablé y sus Templarios acudirán a dar su último adiós a Majd Addin.
Malik alzó la cabeza de sus mapas al oír aquello y frunció el ceño, posando los ojos sobre la cansada figura de Altaïr.
—¿Por qué iban a ir unos Templarios a ese funeral? Un grupo de cristianos acudiendo a un funeral de un musulmán. ¿Qué es lo que pretenden?
El Asesino separó brevemente los párpados, su mirada desviándose con pereza hacia el Dai antes de volver a cerrarlos mientras se quitaba los guanteletes.
—Aún tengo que averiguar eso, pero no te preocupes. Haré que confiesen—se detuvo para tomar aire lentamente, dejando caer las prendas de cuero a su lado, moviendo los dedos después—. Los ciudadanos están divididos; algunos reclaman sus vidas, otros aseguran que se hallan aquí para parlamentar. Para…conseguir la paz.
—¿Paz?—repitió Malik, cada vez más extrañado por aquel asunto.
Altaïr se pasó una mano por la nuca, haciendo un pequeño gesto de dolor e incomodidad, y después asintió con la cabeza.
—Todas mis víctimas anteriores me dijeron lo mismo.
—Pero…—negó con la cabeza, dando vueltas tras el escritorio—De esa manera, se convertirían en nuestros aliados. Los dos buscamos lo mismo.
—No, no te confundas. No nos parecemos en nada a esos hombres. Su meta podrá ser loable, no así sus medios. O eso fue lo que me dijo Al Mualim—nuevamente, suspiró, esta vez por algo que Malik no podía entender—. Asistiré al funeral y me enfrentaré a Robert. Pero antes, me gustaría poder refrescarme en la fuente. No tardaré.
—Date prisa; cuanto antes esclarezcamos este asunto, mejor.
El Asesino asintió y se despojó de sus armas, cinturón y fajín, quitándose la túnica alba y la camisa, y salió al patio para poder empapar sus brazos, torso y espalda, recubiertos de una fina película de sudor. Nunca le había gustado aquella época del año; hacía demasiado calor, la gente se encontraba más rabiosa por las altas temperaturas y los guardias estaban de un humor terrible, tanto como él.
Se pasó una mano por la espalda, cerca del omoplato, e hizo una pequeña mueca ante aquello. Había recibido un flechazo en aquella zona antes de ingresar en el Bureau.
Malik, por su parte, no se había percatado de ello. A pesar de que las ropas de Asesino de Altaïr presentaban una mancha de sangre por la parte trasera, no lo había visto; en el patio se había girado hacia la fuente antes de que Ibn-La'Ahad se diera la vuelta y para cuando había entrado en la Oficina, éste estaba ya apoyado contra la pared.
Miró la túnica y la camisa de Altaïr, puestas de cualquier manera en el suelo, y negó con la cabeza ante ese desorden. El novicio nunca cambiaría aquella mala costumbre. Sin embargo, salió de detrás del escritorio para volver a llevar la jarra a su sitio; no sería él quien hiciera de siervo y fuera recogiendo las prendas que el otro dejaba por ahí.
—Podrías haber dejado la ropa bien puesta, novicio—le dijo cuando salió al patio.
Al abrir los ojos, estos no pudieron por menos que clavarse en aquella ancha espalda en forma de V que se conocía a la perfección, viendo cómo finos hilos de agua caían por ella, algunos teñidos de rojo.
Frunció el ceño ante aquello y se acercó a Altaïr, arrodillándose a su costado y dándole un golpe en la mano que mantenía sobre uno de sus hombros para que la apartase, viendo una herida aun sangrante.
—¿Por qué no me has dicho que te habían herido? Estúpido novicio…
—No es nada, fue un arquero.
Malik dejó escapar un bufido ante aquello y se ausentó lo justo y necesario para preparar las cosas que usaría con la finalidad de curar aquella herida, saliendo de nuevo al patio y comenzando a lavar el flechazo con cuidado.
—Sin quejas.
—Oh, ni siquiera empecé a… ¡Auch!
El Dai estiró los labios en una disimulada sonrisa; no, Altaïr nunca cambiaría.
Después de haberle curado, quiso ponerse en pie para recoger lo que había sacado, pero Ibn-La'Ahad lo detuvo, tomándole del brazo, sin girarse hacia él aun así.
—Malik, yo…quería decirte algo.
Al-Sayf sintió la boca seca ante aquellas palabras, tensándose de manera involuntaria mientras sentía cómo su corazón daba un vuelco repentino. Si quería hablar de lo que había sucedido pocas semanas atrás…No sabría qué decir. Ni siquiera lo tenía claro en su mente.
—¿Ocurre algo?—preguntó, tratando que su voz sonase normal.
—He sido un necio.
Malik no se esperó aquello. Confuso, alzó una ceja, dejando la bandeja con el vendaje sobrante, trapos y demás a un lado, y se situó frente al costado de Altaïr, mirando fijamente su perfil.
—Normalmente, no te lo discutiría…Pero, ¿a qué se deben esas palabras?
—Nunca…nunca te pedí perdón. Por lo que pasó en el Templo…por los últimos dos años, por todo lo que te he hecho. Por mi culpa perdiste un brazo y a tu hermano. Y…y me he comportado como un idiota arrogante y orgulloso. Sé que no tengo excusa…Así que te pido perdón, Malik.
El rafiq sonrió ligeramente, con ternura, y giró el rostro de Altaïr hacia él con su mano, inclinándose hacia el Asesino para darle un suave beso en los labios.
—No acepto tus disculpas—murmuró al separarse.
Ibn-La'Ahad se sintió confuso tras aquello, pero no le reprochó nada. Se limitó a apartar la faz, un tanto cohibido.
—Sí…e-entiendo.
—No, no lo entiendes—insistió Malik, de nuevo girándole para que lo mirase a los ojos—. No acepto tus disculpas, porque ya no eres el mismo que entró conmigo al Templo de Salomón.
—Malik…
El hombre de ojos oscuros suspiró con cierto pesar, desviando su mirada hacia un lado, entrecerrando los ojos.
—Tal vez, si no te hubiera tenido tanta envidia, hubiese actuado con más cuidado. También tengo parte de culpa.
—¿Qué? No, no es verdad. No digas eso, Malik.
—Escucha, Altaïr. Somos uno. Así como compartimos la gloria de la victoria, debemos compartir el dolor de la derrota. De esa manera nos mantenemos unidos y somos más fuertes.
Altaïr alzó una mano para colocarla tras la nuca de Malik, sin poder evitar curvar sus labios en una sonrisa tras apoyar su frente en la del Dai, cerrando los ojos.
—Gracias…hermano.
Se quedaron en esa misma posición durante un largo tiempo, en silencio, tan sólo escuchando la respiración del otro. Sabían que no podían borrar las heridas del pasado, que eso siempre estaría ahí…pero lo que les unía había sido finalmente más fuerte que todo el dolor que se habían causado mutuamente.
—Malik—le llamó con suavidad, nuevamente su voz sonando dudosa—. Tú…no me odias, ¿verdad?
Al-Sayf se estremeció ante aquel tono de voz, haciendo un gesto de negación con la cabeza.
—No, claro que no. Hubo un tiempo en el que pensé que sí te odiaba…pero nunca llegué a hacerlo realmente. Aunque pareciera que sí.
Ibn-La'Ahad había sonado como un niño desamparado al preguntarle aquello. Aunque Malik de verdad lo hubiese odiado, aunque de verdad hubiera sentido eso por él, sería incapaz de decírselo en esos momentos.
Esta vez fue Altaïr quien lo besó, oprimiendo los labios contra los de Malik suavemente, en un contacto que duró apenas segundos, pero que recordarían de por vida. Al-Sayf suspiró casi en silencio tras separarse, con los ojos cerrados, y posó una mano sobre el pecho del Asesino, a la altura de su corazón.
—Descansa, Altaïr. El funeral no se realizará hasta dentro de unas horas, ahorra energía para ello.
Le guió hasta los cojines que había acomodado dentro de la Oficina, obligándolo a tumbarse, y se quedó a su lado durante el tiempo que estuvo allí, acariciando su corto cabello castaño, mirando aquel rostro algo cansado que, poco a poco, iba recuperando las fuerzas. Altaïr mantenía la cabeza apoyada en su regazo, con una mano descansando sobre su abdomen y la otra reposando a un lado de su cuerpo. A pesar de que en aquel lugar hacía menos calor que en el patio, tras algunos minutos la frente de Ibn-La'Ahad comenzó a llenarse de una fina capa de sudor, así como su cuello y torso a medida que iba pasando el tiempo.
La mirada oscura de Malik se perdió en un punto indefinido del rostro de Altaïr, preguntándose, como tantas otras veces en el pasado, si aquello estaba bien. Ambos hombres, ¡hombres!, mantenían aquella extraña relación desde…
Desde…
Oh, por el amor de Dios…
Desde hacía más de una década, desde que se conocieron en el patio de entrenamiento de la fortaleza de Masyaf…
Desde que tenían 11 años.
Porque Malik tenía que admitir que se había enamorado de aquellos ojos dorados nada más verlos por primera vez en su vida.
-.-.-.-.-.-
¡Ooooh qué bonito ooooh! Lástima que se esté acercando el final. CHAN CHAN CHAN.
Es probable que tarde algo más en actualizar, el cap 20 se me está atragantando muchísimo y soy incapaz de terminarlo como se debe. En caso de que no pueda hacerlo, no sé, entenderé que me matéis(?) Pero tranquilos, siempre puedo hacer un lío, saltarlo, aceptar pulpo como animal de compañía y pasar a la etapa final XD
Como siempre, ¡muchísimas gracias por toooodos los reviews! Me alegro muchísimo que sigáis por aquí, apoyándome con el fic. Soy una pesada porque siempre digo lo mismo, pero es que es verdad XD Me hace muy feliz que, pese a mis ausencias, me sigáis animando :D
¡Ya nos leemos!
