¿Sinceramente? Creí que el mundo se había olvidado de este fic XD ¡Pero no! He estado recibiendo reviews (el último hoy de madrugada, de hecho) y, bueno, queréis el final... ¡Pues yo os daré el final! Este no es, por cierto XD El cap 21 no he sido capaz de terminarlo porque no sabía ni cómo, pero como era un poco sin importancia, no hay problema. Así que este es el penúltimo capítulo de este fic, cuyo epílogo tengo escrito desde el 2014 (no bromeo, tengo el archivo ahí sin tocar desde el 2014 porque el final ya lo tenía pensado desde hacía muchísimo tiempo XD)

Así que aquí os dejo el penúltimo capítulo de esta historia, junto a unas profundas disculpas por haber abandonado deliberadamente este proyecto, mayormente debido a la frustración que me supuso el cap21 al no poder terminarlo. Sinceramente, ni siquiera he podido encontrarlo entre los archivos...No sé dónde estará ya ese cap u.u Al menos el epílogo lo guardo con celo, tengo una copia de ese escrito por si acaso XD

En fin, no me enrollo más y, de verdad, lo siento muchísimo ;-;

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Una trampa.

Había sido una trampa… ¡Y él había caído de manera tan ciega, tan fácil! Ah, se sentía avergonzado, torpe, por no haberlo previsto. Malik siempre tenía razón; debía presuponer que se equivocaba antes de lanzarse.

Pero, como de costumbre, Altaïr Ibn-La'Ahad hacía oídos sordos a lo que le decían…

Y, como un niño, había tropezado de manera patética.

Sin embargo, Ibn-La'Ahad no tenía tiempo para contemplar aquel extraño giro de los acontecimientos; aun quedaba un Templario más, además de su mayor enemigo. Pero aquel rival no tardó demasiado en caer bajo su acero y pronto no quedaron más que ellos dos, tanteándose mutuamente, uno perplejo y el otro victorioso.

El sonido del acero chocando contra el acero repiqueteó por el cementerio, golpe tras golpe, corte tras corte, hasta que finalmente Altaïr logró hacerse con la victoria, arrastrando después el cuerpo aun vivo de su rival hasta quedar fuera del alcance de los arqueros.

Ahí estaba, ante él, el que debiera de ser Robert de Sablé, ahora con un refinado acento inglés y no aquella potente voz masculina y francesa; su aspecto, más frágil, de hombros más estrechos y menor altura.

No…No podía ser él.

Y, efectivamente…no era él.

Al despojarle del yelmo, el Asesino pudo ver los rasgos de su objetivo, unos rasgos delicados, finos, pero que revelaban un carácter fuerte, especialmente en sus ojos claros de largas pestañas, algo almendrados. Mantenía el cabello oculto por la toca de la cota de malla, con un único y fino mechón oscuro escapando de su cautiverio.

Sus labios, ligeramente gruesos, se curvaron en una sonrisita despectiva y orgullosa a un tiempo, sabiendo que el cazador había sido cazado aquella vez.

Pero Altaïr no podía dar crédito a lo que veía…

Era una mujer, una mujer que había luchado con la destreza y la valentía de mil hombres, con una templanza digna de admiración.

—Intuyo que esperabas a otra persona—dijo la fémina.

—¿Qué...?

La joven se permitió un gesto altanero ante aquella cara de desconcierto.

—Sabíamos que vendrías...Sólo le dimos tiempo a Robert para huir, tenía que asegurarse de ello—calló durante unos segundos antes de continuar hablando, manteniendo aquella expresión de satisfacción—. Tenemos que admitir que habéis diezmado nuestras filas. Primero el tesoro, luego nuestros hombres...Ah, pero Robert encontró una brecha, una nueva oportunidad para reclamar lo que nos habían robado. Para darle la vuelta a la situación y convertir vuestras victorias en una ventaja.

Altaïr frunció ligeramente el ceño, negando con suavidad, un gesto que la mujer a duras penas logró contemplar.

—Al Mualim tiene el tesoro y nosotros ya hemos aniquilado antes a vuestro ejército. Hagáis lo que hagáis, volveréis a ser derrotados.

—Ah, pero no es sólo a los Templarios a quienes tendréis que enfrentaros ahora.

—Habla claro—gruñó el Asesino, su paciencia rozando el límite ante aquella insolente mujer.

La Templaria le miró durante largos segundos, saboreando aquella impaciencia que mostraban los ojos dorados de su rival, y cruzó los brazos sobre el pecho de manera desafiante, sin temer el que la hoja enemiga estuviera acomodada cerca de su cuello.

—Robert viaja a Arsuf para explicar el caso y que cruzados y sarracenos se unan contra los Asesinos.

Ante aquello, esta vez fue Altaïr el que puso una mueca desdeñosa.

—Eso nunca sucederá. No tienen motivos para ello.

—Oh, no, antes no. Pero tú se los has dado—comentó la fémina, sin desviar ni un segundo su mirada de la de Ibn-La'Ahad—. Nueve, para ser precisos. Tus objetivos eran miembros de ambos bandos y con sus muertes has puesto a tu Orden en la mira de los dos. Enhorabuena, permíteme que te aplauda. Bien hecho, Asesino.

—Te equivocas en algo. No son nueve, sino ocho.

La mujer alzó una ceja ante aquellas palabras, viendo cómo Altaïr bajaba el arma y la enfundaba de nuevo, sin intenciones de atacarla...por el momento.

—¿Qué estás haciendo?

—Mi objetivo es Robert de Sablé, no tú. Eres libre de irte si así lo deseas, simplemente no me sigas.

—No hace falta, Asesino. Llegas tarde.

El hombre se dio la media vuelta, alzando la cabeza para contemplar los baluartes donde se encontraban apostados los arqueros, y antes de comenzar su escapatoria hacia el Bureau para informar de la situación, giró ligeramente el rostro encapuchado hacia la Templaria.

—Eso lo veremos.

Y, tras esas palabras, salió corriendo del lugar, haciéndose paso entre la gente como pudo, tirando a más de uno mientras la guardia de Jerusalén lo perseguía.

Una flecha le alcanzó de nuevo, esta vez en un costado, rasgando la cicatriz que luciera desde hacía tantos años, pero no se detuvo ante aquello. Se limitó a romper el astil por la zona de las plumas y así poder retirársela, apretando la mandíbula y llevándose una mano al costado, sintiendo cómo comenzaba a sangrar.

Quiso trepar hacia un tejado, pero sintió un tirón tan fuerte en la herida que se soltó del alféizar en el que estaba impulsándose y cayó al suelo, retorciéndose ligeramente por el inesperado golpe, escuchando a la guardia acercándose a paso rápido hacia él.

Se puso en pie apoyándose en la pared, su mano yendo rápidamente hacia la empuñadura de su espada, pero antes de poder siquiera rozarla, un guardia le dio una fuerte patada en el brazo, retirándoselo para impedirle alcanzar el arma.

Los ojos de Altaïr brillaron con furia ante aquello y serró los dientes, esquivando con agilidad el siguiente golpe de su rival para, después, aprovechar la apertura y clavar su hoja oculta en su vientre, lanzándolo hacia atrás de un rodillazo.

Trastabilló ligeramente, de nuevo colocando una mano en su herida, y miró alrededor; dos guardias en el tejado más próximo, cuatro acercándose por la izquierda, uno aproximándose por detrás. Eran demasiados para él en su estado actual...pero tampoco podía huir en esas condiciones.

Maldijo en voz baja al arquero que le disparó la flecha y chistó, recostándose contra la pared. No iba a darse por vencido. Eso jamás.

Pero...

Necesitaba ayuda, una distracción, lo justo para que dejase de ser el centro de atención de los guardias y, de esa manera, poder escapar de aquella situación.

Flexionó con rápidez las rodillas ante el puñetazo que uno de los guardias fue a darle, pero no pudo aprovechar la situación para tratar de asesinarlo. Fue golpeado por otro de sus rivales, haciéndolo rodar por el suelo antes de incorporarse, quedándose acuclillado, intentando encontrar una brecha.

Estaba malherido, cansado, no entendía la situación que acababa de vivir y lo único que quería era ir a Arsuf para acabar con Robert de Sablé de una maldita vez, terminando así con la historia.

Cuál fue su sorpresa al ver a un pequeño grupo de hombres lanzando piedras a la guardia, sujetando a algunos de ellos incluso, mientras le gritaban que se refugiara.

Ah, los recordaba...Había ayudado a un par de ellos en otra ocasión. Y ahora, le estaban devolviendo el favor.

Se puso en pie, asintiendo a modo de agradecimiento, y comenzó a correr por la ciudad, ocultándose de las patrullas que lo buscaban donde podía, tratando de no poner en peligro a los civiles de alrededor. Necesitaba llegar al Bureau cuanto antes, informar a Malik de todo lo que sabía, exponerle sus dudas y partir sin demora hacia Arsuf para detener a Robert de Sablé.

Tal y como estaba, no podía refugiarse en los tejados; tenía que ahorrar fuerzas para poder escalar la pared de la Oficina, el corretear por los lugares altos de Jerusalén era un lujo que en su estado no podía permitirse.

Ah, y por fin pudo divisarla...Pero aun no podía salir hacia ella. Había armado demasiado revuelo y debía aguardar a que todo se calmase.

Guiñando un ojo por el dolor, se llevó una mano al costado, apretando el puño mientras sentía una fina gota de sudor resbalar poco a poco por la sien, recorriendo el pómulo y culminando en la mandíbula. Se ocultó un poco más, arrebujándose en las sombras, observando los pasos de su enemigo. Al ver el camino despejado, echó a correr al edificio de enfrente, el Bureau, y trepó con toda la agilidad que pudo, encontrando la celosía cerrada pues aun se oía el repiquetear de las campanas.

—Malik—le llamó, esperando que el Dai le escuchase—. Malik, necesito que me abras.

El rafiq salió de la pequeña habitación, mirando desde el patio a Altaïr. Se encontraba en un estado lamentable, empapado en sudor y sangre.

—Ya conoces las normas, Altaïr. No puedo abrirte hasta que la guardia haya perdido tu rastro.

El Asesino farfulló algo, cerrando los dedos alrededor de la verja, con la mandíbula apretada y tratando penosamente de ponerse en pie. Al-Sayf suspiró ante aquello, chistando un tanto molesto. Sólo esperaba que nadie se enterase de que estaba a punto de saltarse aquella norma.

—Aguarda—le dijo.

Tomó un largo palo de madera, fino, con un garfio en uno de sus extremos, y abrió con él la celosía, haciéndole un gesto a Altaïr para que entrase rápido y así poder cerrar de nuevo la entrada al Bureau.

Ibn-La'Ahad no pudo expresar lo agradecido que estaba en aquellos momentos, al saberse a salvo. Nada más poner un pie en el suelo, no pudo evitar dejarse caer por el cansancio, siendo ayudado por Malik para refugiarse en la Oficina.

—¿Qué ha pasado, Altaïr?—preguntó el Dai, ayudándole a quitarse la túnica para poder curarlo—He oído que el funeral ha sido un caos...

—Era...una trampa—contestó a duras penas, con el ceño fruncido por la molestia de la herida—. No era Robert de Sablé quien acudió al funeral, mandó a otra persona en su lugar.

Malik comenzó a tratar la herida, con una expresión de desconcierto en los rasgos, mezclada con la seriedad y la preocupación.

—Tienes que ir a Masyaf—dijo con firmeza.

—No. La mujer me dijo hacia dónde se dirigía Robert. Tengo que ir a por él. Esa Templaria me contó qué es lo que de Sablé planea, debo detenerlo antes de que llegue a Masyaf.

Y ahí fue cuando el Dai reparó en un detalle que Altaïr había comentado como si no le concediera gran importancia. Sus ojos oscuros miraron al Asesino, clavándose en los dorados de él, y alzó una ceja, claramente confuso.

—¿Mujer?—repitió.

—Sí, era una mujer. Es extraño, lo sé...Ah, pero eso es lo que menos importa en estos momentos. Malik, tengo que ir a Arsuf. Puede que hayamos disminuido las filas de Robert, pero es un hombre astuto e inteligente y planea llevar su caso a Ricardo y Salah Al'din para unirlos y de esa manera, luchar contra el enemigo común. Contra nosotros.

Calló repentinamente, haciendo una mueca adolorida cuando Malik empapó su herida de algún líquido para curarla.

—Oh, vas aprendiendo—dijo el rafiq, sonriendo ligeramente—. Ya no te quejas.

Altaïr entreabrió uno de sus ojos para mirar a Al-Sayf, haciendo un pequeño gesto ante el escozor que le producía aquella...cosa que le estuviera echando, y frunció los labios en una fina línea para evitar soltar algún quejido.

Los siguientes minutos se mantuvieron en silencio tanto él como Malik, mientras éste terminaba de curar y vendar la herida. Ibn-La'Ahad se limitó a apoyar la cabeza contra la pared, cerrando los ojos, sintiendo en su frente un trapo húmedo que poco a poco limpió el sudor que empapaba su rostro y cuello.

—En cuanto a Ricardo y Salah Al'din... —el Dai suspiró, negando con la cabeza—Altaïr, eso no tiene sentido. ¿Cómo van a unirse para...?

—Lo harán—afirmó el otro, aun con los ojos cerrados—. Y nosotros tenemos la culpa. Los hombres a los que he matado son de ambos bandos, les he dado razones para unirse con la finalidad de que acaben con nosotros. Tal vez el plan de Robert sea ambicioso, pero puede hacerse.

Malik dejó caer el trapo sobre el cuenco de agua, su mirada perdiéndose por momentos mientras negaba con la cabeza. Emitió un casi inaudible suspiro antes de volver a mirar al Asesino a los ojos, un extraño sentimiento abriéndose paso en ellos.

—Hermano, debes volver a Masyaf. No puedes actuar sin el permiso del Maestro. Yo...creí que lo habías aprendido ya.

Altaïr separó los párpados al oír aquello, colocándose en una posición un poco más recta, sin curvar tanto la espalda, y vio en los ojos del Dai aquella decepción oculta tras las palabras.

—Malik, escúchame—le pidió, una de sus manos posándose sobre su cuello moreno, el pulgar rozando la mandíbula ajena—. Las cosas han cambiado. Empuñas el Credo como si fuera un escudo, pero ya no podemos aferrarnos a eso. El Maestro nos oculta cosas, cosas importantes. Eras tú el que siempre me decía, el que siempre me ha dicho, que se debe presuponer antes, que no podemos saber, sólo sospechar. Bien, sospecho que hay algo turbio en todo este asunto...En todo lo relacionado con los Templarios. Tengo que ir a Arsuf y acabar con Robert. Después, iré a Masyaf. Pero tal vez puedas ir tú ahora.

Al-Sayf negó con suavidad, su única mano rozando con los dedos la de Altaïr.

—No puedo abandonar la ciudad, Altaïr.

—Pues camina entre su gente, busca a los que sirven a aquellos que asesiné, entérate de todo lo que puedas. Siempre has sido perspicaz, Malik, más que yo. Puede que tú encuentres algo que yo haya pasado por alto.

—No sé, Altaïr...Tengo que pensarlo.

—Haz lo que debas, hermano. Pero yo tengo que ir a Arsuf.

—¿Y vas a ir así?—cuestionó el Dai, frunciendo el ceño—Descansa unas horas, al menos.

Altaïr sonrió al escuchar aquel tono preocupado en la voz de Malik y no pudo evitar inclinarlo hacia él para probar el sabor de sus labios una vez más, acariciando su mejilla con suavidad antes de separarse.

—No puedo perder el tiempo descansando. Cuanto más me retraso, más avanza el enemigo. Estaré bien, Malik.

El Dai sabía que no podría hacerle cambiar de opinión, así que se limitó a sacudir la cabeza, pesaroso, y le ayudó a vestirse de nuevo, con cuidado de no rozar demasiado su herida recién curada.

Al menos, las campanas ya no sonaban...

Una vez listo, Altaïr se dirigió al patio, aun adolorido y cansado. Pero no podía obviar aquello; debía luchar por su Hermandad, debía detener a Robert de Sablé.

Esperó a que Malik le abriese la celosía, su mirada dorada suavizándose al ver los rasgos preocupados del rafiq, pero antes de poder salir, o de poder siquiera hacer un amago, sintió la mano de Al-Sayf aferrándose a su brazo, y aquellos ojos negros clavados en él.

—Altaïr, no vayas—le pidió una última vez, con la voz entrecortada por el miedo.

El Asesino estiró los labios en una casi imperceptible sonrisa, sus manos acariciando las mejillas de Malik mientras besaba su frente, antes de apoyar la propia en la del Dai.

—Te prometo que estaré bien, Malik.

El rafiq cerró los dedos de su mano alrededor de la túnica de Asesino, entornando los párpados con fuerza, sintiendo la mirada de Altaïr sobre él. No quería dejarlo marchar, había tantas probabilidades de que todo acabase mal...

Sin embargo, también sabía que no podía retenerlo.

—No mueras, Altaïr—le susurró, aferrándose a él—. Prométemelo.

Sabía que era absurdo el que le prometiese algo así. Sabía que Altaïr podría morir por mucho que le dijera. Pero tenía tanto miedo de dejarlo ir...Ah, maldita sea, le quería demasiado a pesar de todo. Siempre lo había hecho y siempre lo haría.

—No voy a morir. Volveré a tu lado, estaré contigo antes de lo que crees. Mírame, Malik—murmuró, alzando su barbilla con suavidad, obligándole a abrir los ojos para encararlo—. Te prometo que no voy a morir.

Oprimió sus labios contra los de él, los dos conociendo la fragilidad de aquella promesa, tan delicada como el vuelo de una mariposa. Nadie podía prometer algo así, porque nadie sabía qué pasaría luego.

Pero era lo único a lo que podían aferrarse, lo único que les daba esperanzas.

—Te quiero—le dijo con voz suave al separarse, antes de escalar la pared para salir del Bureau, perdiéndose entre las calles de Jerusalén.

Malik se quedó quieto durante unos minutos en el mismo sitio, con aquellas dos palabras resonando en su mente una y otra vez. Era la primera vez que le decía algo así y, aunque él mismo lo sentía, había sido incapaz de decírselo a la cara.

Cerró los dedos de la mano con fuerza, sintiendo los ojos acuosos ante la posibilidad de no volverlo a ver, y alzó la vista hacia el lugar por el cual había salido, pronunciando dos únicas palabras antes de volver a la habitación adyacente.

—Te quiero...

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Qué bonito todo por favor, voy a shorar(?)

Aaaaah, ¡espero que os haya gustado! De nuevo, otra disculpa por el abandono que ha sufrido esto. No era mi intención dejarlo tan, TAN tirado, pero os juro que el cap21 fue mi maldita ruina. No debería haber querido abarcar tanto, probablemente...Así que lamento mucho si queda un poco rápido y mal contado todo, dado que el siguiente cap será el final sí o sí. Preparad los pañuelos, sólo por si acaso(?)

En fin, me alegro haber pasado de nuevo por aquí. Últimamente estoy con la cabeza metida en el Horizon y mi vida se ha ido al garete por culpa de ese juego, maldita sea XD

¡Nos vemos en el siguiente -repito, y último- cap!

¡Un abrazo!

P.D: Espero no tardar dos años en actualizar JAJA sorry.