Capítulo 2: En el regazo de la familia

—No había necesidad de que trajeras mis fotos, mamá -replicó Yuuri cuando fue testigo de Hiroko sacando un enorme álbum de fotografías correspondiente a la infancia del japonés, mismo que cierto ruso recibió gustoso.

—Ya sé que no, pero quería que Víktor las viera. ¡Eras un bebé tan gordito y adorable! -respondió la japonesa, provocando que las mejillas de su hijo se tintaran de carmín.

—¡Qué bonito Yuuri! -el peliplata no pudo contener la emoción de ver a su esposo, dibujando en sus labios una hermosa sonrisa de corazón - ¡Tus mejillas gorditas son tan hermosas!

Yuuri tuvo que ocultar el rostro entre sus manos cuando vio la imagen que Víktor observaba. En ella, se apreciaba a un pequeño y regordete niño de mejillas sonrojadas acostado sobre su cama, vestido con un body azul, dejando al descubierto sus tersas piernitas y mordiendo con ahínco el dedo pulgar de su piel. El ruso pensó que era un probable augurio de la futura flexibilidad de ese niño.

—Sería maravilloso que mi nieta sea muy parecida a ti. Aunque si se parece a Víktor será muy guapa -Hiroko no paraba de mostrar su entusiasmo dándole continuos abrazos a la pareja de esposos y acariciando el vientre de su hijo.

—Quisiera que se pareciera mucho a Yuuri. Así tendría al esposo más lindo y a la hija más hermosa del mundo -exclamó, entusiasmado, restregando su mejilla en la del pelinegro.

—¿Tienes fotos tuyas de cuando eras bebé, Víktor? -preguntó Mari.

Víktor y Yuuri callaron al instante. El japonés vio con un poco de preocupación que la mirada de su esposo se tornaba melancólica. Sin embargo, y para su sorpresa, después de unos segundos, sonrió.

—Todas esas fotos están en casa de mis padres, y como hace muchos años no voy ahí, no las he recogido. Pero supongo que podría decirle a mi hermano que vayamos a buscarlas.

—Hablando de tu hermano… -Hiroko optó por cambiar el tema para no incomodar a su yerno, pues estaba enterada por él mismo de lo complicadas que fueron las circunstancias de su niñez -No olvides invitarlo a la fiesta que estamos organizando para nuestra hermosa niña.

—Por supuesto que le diré. Como buen tío tiene que estar aquí y prometerme que no dejará que nadie con pretensiones románticas se le acerque hasta que cumpla más de treinta años -Yuuri rió y negó ante la determinación de Víktor.

—¡Bien dicho! -gritó Toshiya, levantando en alto una de las botellas de sake que le habían valido adivinar el género de su nieta contra su esposa -Será nuestra bebé para siempre.

—¡Claro que no, papá! Yo me encargaré de que no la estén molestando -replicó Mari, abrazando por los hombros a su hermano, para apoderarse con las dos manos de su vientre -La vamos a consentir demasiado.

—Pero si nadie esperaba nada de lo que está pasando. ¿Cómo no consentiríamos a nuestra niña? -Hiroko tomó la mano de Yuuri, hecho un ovillo y recargado sobre su esposo -Ambos están muy locos, hijos. ¿Ya pensaron en algún nombre?

Yuuri y Víktor se dirigieron una mirada cómplice y rieron.

—¿Qué están planeando? -quiso saber Toshiya, divertido por la reacción de la pareja.

—Bueno… ambos hemos pensando en un nombre, pero… pero no escogeremos cual hasta que haya nacido -aclaró Yuuri, regalándole una mirada pícara a su esposo.

—¿Y cómo van a decidir?

—¡Su cabello! -exclamó el único ruso de la habitación, y Mari no pudo contener una carcajada -Fue idea de Yuuri.

—Es decir que…

—Si su cabello es negro, Víktor decide. Si es como el de él, yo escogeré -aclaró el japonés.

—¿Y en cuáles han pensado?

—Mi Yuuri es muy obvio -comentó el ruso con diversión -Quiere que se llame Viktoria.

—Pues… sí. Me gusta lo que significa, me gusta tu nombre y… me gustas tú.

—¡Yuuri! ¡Tú también me encantas! -el ruso se abalanzó, con precaución, sobre su esposo y le regaló de infinitos y dulces besos en su mejilla, provocando risas entre la familia y una mueca de conformidad en la joven japonesa.

—¿Y tú que has pensado, cariño?

—Yo quiero que me ayude, Hiroko -pidió Víktor, sin soltar el abrazo sobre el japonés -Quiero que sea algo japonés… algo que… que represente lo que Yuuri me ha dado… y lo que nuestra bebé nos va a dar. Mucha felicidad.

—Sé de algunos. Puedo hacerte una lista.

—También quiero que sea una sorpresa para Yuuri. Así que no te diré hasta que nazca, mi amor.

—De cualquier forma, creo que yo ganaré. Y no olvides que Vladya también debe escoger uno.

Víktor recordó gustoso que su hermano se había vuelto muy insistente en no olvidar que a él le correspondía el derecho de asignar un nombre a su sobrina, por lo menos desde que le informaron que sería una niña. El ruso tenía una ligera sospecha cuál sería, pero esperaría a su cena dentro de una semana para que lo confirmara.

El resto de la tarde, la familia la pasó discutiendo pequeños detalles de la pequeña, como sus apellidos, mismos a los que Yuuri negó una y otra vez la petición de Víktor de que Katsuki fuera antes de Nikiforov, también una fiesta de bienvenida y si pensaban quedarse a vivir en Rusia. Incluso el hecho de que Víktor no los dejó alojarse en algún lugar que no fuera la casa de la pareja. La mayor parte de las cosas quedó a la expectativa. Los sucesos iban demasiado rápido como para tener algo en claro, pero si la familia estaba segura de algo, era que no cabían en sí mismos de la felicidad por la llegada del pequeño milagro que era su nieta.

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*Octavo mes, semana 36

En cuanto entró a esa pequeña cafetería en el centro de San Petersburgo, la misma en donde se hizo cómplice de Yuuri, lo primero que vio fue a una melosa pareja, y a uno de ellos dedicándole besos y palabras a una parte del cuerpo de su esposo cubierta por un abrigo. Una agradable calidez lo invadió, Tal vez era el orgullo por saber que él mismo formaba parte de la construcción de la felicidad de su hermano. Aún le resultaba increíble que Víktor pudiera ser tan feliz después de lo cruel que fue la vida con él cuando era pequeño, y de lo cruel que podía ser más de veinte años después.

—¡Vladya! -el hermano peliplateado menor lo reconoció al instante de que sus ojos se toparon con él. El general no tuvo modo de evitar el enorme abrazo que su hermano le regaló -Que bueno que estás aquí. ¡Gracias, gracias!

—¿Gracias de qué?

—Porque ayudaste a mi Yuuri a darme una bonita bebé. Aunque no me gustó que no me lo hayas dicho. ¡Pero te perdono porque estoy muy feliz!

—Como si necesitara tu perdón -Vlad se alejó de él y fue a reunirse con su hermano político, quien los miraba con diversión -Hola, Yuuri. Yo… bueno… felicidades. Y gracias porque me darás una sobrina.

—No, Vladya. Gracias a ti. Si no me hubieras ayudado, no hubiera sido posible tenerla aquí-respondió el japonés, sonrojado y aceptando la mano que le tendía el hermano de su esposo.

Los tres se sentaron en la mesa, y después de ordenar algunos aperitivos y, para diversión de los hermanos, cosas con mucha azúcar para Yuuri, se metieron de lleno en una conversación de los pormenores del embarazo. Víktor se llevó una sorpresa al descubrir que su hermano era bastante curioso.

—Nunca he tenido que lidiar con… una mujer embarazada. Pero a juzgar por lo mucho que estás comiendo, Yuuri, casi puedo jurar que Vítya ha tenido que lidiar con antojos y cosas así.

—Él dice que no le gusta molestarme con eso -contestó el menor, llevándose un pedazo de brownie a la boca -Pero es adorable cuando ya no puede con un antojo y termina exigiéndomelo.

—Será una niña caprichosa, entonces -expresó Vlad, haciendo que una enorme sonrisa surcara los labios de Yuuri.

—Lo será. Hay demasiadas personas que están seguros de que jamás le negarán algo que les pida.

—Y me incluyo en eso. Si mi sobrina quiere algo, lo que sea, moveré cielo, mar y tierra para dárselo -declaró el general, poniendo una mano sobre su corazón, como un juramento.

—Y decir que te quejabas porque yo era un niño consentido -replicó Víktor, fingiendo indignación.

—Sí, porque tú eras insoportable. Además, no hay modo en que no la ame. Será preciosa.

—No dudes de eso. Si se parece a Yuuri será la más hermosa del mundo.

—Pero, amor, si se parece a ti, también será preciosa…

—Si es como su familia rusa, se parecerá a su fallecida abuela.

El comentario de Vladya paró en seco los movimientos de la pareja frente a él. La curiosidad por saber a lo que se refería afloró en la mirada de Yuuri, mientras que en la de Víktor la nostalgia, y tal vez un poco de tristeza, se hizo evidente.

—¿Su… su abuela?

—Sí, nuestra mamá. Las mujeres de nuestra familia tienden a parecerse a sus abuelas. Nosotros no, pero nuestra madre era parecida a su abuela. Me… me gusta pensar que su hija se parezca a mamá -explicó Vladya, con un deje melancólico en su voz.

—¿A ti te gustaría eso, amor? -preguntó Yuuri a su esposo, sumido en sus pensamientos mientras sorbía en su café.

—Sí, creo que sí. Yo… yo la recuerdo mucho y creo que sería… lindo ver a mi mamá en mi hija -reflexionó Víktor. Una leve sonrisa para su hermano asomó en sus labios -Con respecto al segundo nombre de la bebé…

—Sé que sabes que no podría pensar en otro. Quiero que sea Svetlana.

—¿Por qué Sve… Svetlana? -quiso saber Yuuri, esforzándose por pronunciarlo bien.

—Por mamá. Anastasia Svetlana -indicó Víktor -Creo que a ella no le gustaba mucho su segundo nombre, pero a mí me parece muy lindo y… sí, claro que lo acepto.

Vladya y su hermano se sonrieron, como si fueran cómplices en la creación de un recuerdo. Aunque no habían hablado mucho del tema, casi entendían que ese asunto era cosa del pasado y que ahí debía quedarse. Probablemente les costaría reconstruir la relación que tenían antes de que Víktor se fuera de casa, pero podían decir que ya llevaban un gran avance.

Poco antes de que anocheciera y los tres tuvieran que volver a sus casas, el ruso menor tuvo que sacar un tema que, desde la boda, hace casi dos años, no había resuelto.

—Vlad… antes de que te vayas quería preguntarte… ¿Recuerdas el joven del que me hablaste en Barcelona? -el cuerpo del general se tensó ante la sola mención de ese hombre.

—Él está… bien -contestó, evitando mirar a su hermano. Pero la pareja notó, alarmada que su voz sonaba ligeramente cortada -Lo van a… él va a estar en…

—Si no quieres decirlo, Vlad, no importa.

—Van a moverlo al frente, en Medio Oriente. Parte en a finales de año y… bueno... Ya deben saber que no es un escenario agradable el que se vive allá.

—Hermano eso… -Yuuri se había quedado mudo de la impresión, y Víktor se esforzó por encontrar palabras de aliento -Lo siento. Pero él… estará bien, ya verás.

—No hay modo de saberlo, Vitya. Desde hace un año los conflictos se agudizaron y no creo que haya un final, por lo menos no pronto -el general suspiró. Revisó la hora en su reloj y se puso de pie antes de que el matrimonio frente a él decidiera ahondar más en el tema -Tengo que irme ya. Yo… lamento no poder acudir a la fiesta para la niña, pero prometo que enviaré un regalo.

—No… no es necesario.

—Por supuesto que sí, Yuuri. Empezará a ser consentida por su tío favorito desde ahora -Vladya se levantó y tendió la mano a Yuuri -Intentaré estar con ustedes el día que nazca o desde algunos días antes. Manténganme informado.

—Por supuesto, Vlad. Y yo… le deseo lo mejor a tu oficial.

—Gracias, Yuuri. Cuídense mucho. Víktor, ¿me acompañas al auto?

El aludido se levantó de la mesa, dejó un beso en la frente de su esposo y siguió a su hermano mayor hasta la puerta de su auto. De un momento a otro había sentido un deje preocupado en la actitud de Vladya, y eso también lo inquietaba a él.

—Vlad… ¿qué pasa?

—No quería que Yuuri nos escuchara -dijo en cuanto estuvieron afuera del local -Después de que me platicaste lo del incidente en esa tienda… he investigado un poco.

—¿Hay algo por lo que debamos preocuparnos?

—Sólo por lo de siempre. Aunque… -Vladya dudó en decirle a su hermano la realidad de su país, pues no quería que se volviera paranoico en la protección de su esposo, pero lo cierto era que prefería eso a que tuvieran un muy mal rato -... en Moscú hubo una serie de… agresiones contra un grupo.

—¿Qué?

—Sí, ya sé que es difícil para ti escucharlo, y Yuuri podría preocuparse también, así que procura no mencionarlo.

—Vladya… ¿Debo hacer algo? Lo que sea. No dejaría que a Yuuri le pasara algo y… la niña… tampoco voy a dejar que por ser hija de nosotros quieran hacerle daño.

—Respecto a Yuuri… creo que mientras ambos sean discretos estará bien, pero tu hija…

—¿Qué tiene ella? -Víktor sintió todo su interior contraerse de algo parecido al miedo.

—No es algo lógico, y dudo que lo hagan, pero… pero podrían pensar en retirarles la custodia de ella…

—¿Porqué? ¿Por qué estoy casado con un hombre? ¡Eso es totalmente injusto! ¡No pueden hacer eso! ¡Yo no dejaría…!

—Ni yo lo haría, Víktor. Voy a intervenir si es necesario, pero… sólo quiero que estés preparado para lo que sea.

Vlad sujetó a su hermano por los hombros, esperando que el contacto de sus miradas tranquilizara el creciente pánico de Víktor. Este guardó silencio cuando encontró su reflejo en los ojos de su hermano. Ese hombre frente a él también tenía miedo, pero como buen hermano mayor, quería que Víktor se sintiera seguro bajo su protección.

—No se van a llevar a mi hija, Vladya. Ni le harán nada a mi Yuuri.

—Yo me encargo de eso. Pero prométeme que cuidarás de ellos -Víktor no pudo contener el pánico que corrió por sus venas ante muchas y horribles imágenes, por lo que se refugió en un abrazo con su hermano, quien lo recibió extrañado, pero que no soltó y apretó aún más.

No iba a exponer a Yuuri a cualquier tipo de agresión. Nadie se iba a llevar a su bebé. Antes pasarían sobre él.

—Gracias, Vlad. Por cuidarnos. Por cuidarla a ella.

—¿Sabes algo, Vitya? No ha nacido y algo me dice que esa niña me tendrá a su merced -dijo el general soltando a su hermano y entrando al auto.

—¡Igual que yo! -respondió Víktor, algo más entusiasmado.

—Sí, también un dolor de cabeza. Tú y tu descendencia me matarán algún día.

—Eso o nos amas más.

—Y lamento que sea eso lo más probable. Adiós, Víktor -el auto partió y dejó al menor despidiéndole con una mano en el aire.

Cuando Víktor volvió dentro del establecimiento, se encontró con su esposo comiendo con entusiasmo una enorme rebanada de pastel de chocolate. Estaba seguro que daría todo lo que estuviera a su alcance para cuidar de esos dos seres que tenían preso su corazón.

Fue a reunirse con él, y antes de que el japonés dijera algo, lo abrazó por los hombros y acomodó su rostro en el arco de su cuello.

—Te amo, Yuuri. Jamás, jamás, jamás lo olvides -bajó su mano al lugar donde su bebé esperaría un mes más para unirse a la familia -A ti también te amo con mi vida. Saben que daría todo por ustedes, ¿verdad?

—Amor, pero… ¿qué pasa?

—Nada, Yuuri. ¿Verdad que lo sabes?

—Sí… lo sé. Nosotros también te amamos, Vitya -Yuuri movió un poco su cabeza para atinar a darle un beso en la sien al ruso.

En el mismo lugar, Víktor distinguió dos cosas que dejaron sus pensamientos confundidos. Mientras que una mujer los vio de arriba a abajo como si fueran adefesios, un chico sonrió en su dirección.

No todo tenía que ser tan malo.

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No pude evitarlo.

No…

Ya están aquí para llevársela.

No…

El orfanato la está esperando.

—No…

Ustedes no pueden tenerla.

—Víktor… se llevan a mi niña.

No…

Víktor… mi hija.

No…

¡Víktor! ¡Me quitaron a mi bebé!

Un hombre vestido de militar había arrebatado de los brazos de Yuuri algo envuelto en una manta gris. Alguien lo sujetó de los brazos y lo obligó a arrodillarse en el suelo. Se deshacía en llantos y gritos desgarradores que amenazaban con destrozar su garganta.

¡Devuélvanmela! ¡Denme a mi hija! ¡Dénmela! ¡Quiero que me la regresen!

Y Víktor solo observaba. Sus muñecas estaban unidas a su espalda. Pero su cuerpo no reaccionaba. Quería, necesitaba moverse. Pero nada le respondía. Lo único que podía era ver como su Yuuri estaba siendo destrozado.

No…

Su mundo se vino abajo cuando vio un hilillo de sangre brotar de los labios hinchados del japonés. Y uno más pasaba junto a sus ojos. Su razón se partió.

¿Qué hacer?

Más allá, lejos en la oscuridad, una pequeña lloraba. No con un llanto normal. Su hija estaba desesperada. Se la llevaban… alguien se las había quitado.

¡Vík… Víktor! Haz… haz algo… Mi bebé… mi niña… ¡Se la llevan!

No…

¡Víktor!

¡No!

—¡Víktor! ¡Víktor! ¡Despierta!

Sus ojos se abrieron de golpe, para descubrir que estaban llenos de lágrimas. Su torso desnudo y perlado de sudor se movía frenéticamente al ritmo de su respiración desesperada. Se tomó unos largos segundos para reconocer donde estaba.

Una habitación en tonos grises. Cortinas azules cubriéndolos de la luz de la luna. Una cama de suaves sábanas blancas y un hermoso japonés embarazado sentado a horcajadas sobre él, sujetándolo por los hombros, con una expresión de verdadero pánico en su rostro.

—Yuuri… estás bien… ¿Dónde está la bebé? ¡Yuuri! Mi hija… mi niña… ¿Dónde está? ¡Yuuri! ¡Yuuri! ¿Dónde está ella? -Víktor se incorporó sin bajar a Yuuri de él, sacudiéndolo ligeramente, a punto de volver a llorar.

—¿De qué hablas, amor? Ella está aquí dentro -guió una de las manos de su esposo a su vientre, en donde su pequeña se removía lentamente -La tengo aquí, Víktor.

—No, no. Ella estaba… alguien quería llevársela…

—¿Qué? ¿Quién quería llevársela? Amor… ella está aquí…

Fue cuando Víktor sintió el movimiento de su bebé dentro de Yuuri que se dio cuenta de que todo se trataba de una pesadilla. Una espantosa pesadilla.

—No… no… Nadie, Yuuri. Fue… un mal sueño –el ruso abrazó a su esposo, respirando su dulce aroma para sentir un poco de paz.

—Puedes contarme si eso te hace sentir mejor -ofreció Yuuri, peinando con sus dedos las hebras plateadas. Al recibir una negativa, lo separó un poco -No tienes que llevarlo tú solo.

—Lo sé, amor. Sólo no quiero asustarte.

—Dijiste que alguien quería llevarse a nuestra bebé -Víktor asintió levemente y lo tomó de la cintura para acercarlo lo más que su vientre le permitía y darle un cálido beso en los labios.

—Por eso fue una pesadilla.

—Nadie se la va a llevar, Vitya. Eso no va a pasar. Siempre estará con nosotros y todos la cuidaremos -respondió cuando rompieron el contacto de sus bocas.

—Yo te prometo eso, Yuuri -Víktor recuperó la cintura del japonés y con sumo cuidado lo recostó sobre el colchón, buscando acomodo entre sus piernas, siendo a detalle el hogar temporal de la bebé contra su abdomen.

—No llores, Víktor… -Yuuri se asustó un poco cuando una lágrima caída de los orbes celestes se estrelló en su mejilla. Elevó su mano para limpiar con el pulgar las gotas de agua salda, y luego acunó el rostro del ruso en la palma de su mano.

—Sí, amor, perdón. Me conmocioné mucho -besó con cariño el cuello de Yuuri, sorprendiéndose de escuchar un muy suave gemido.

—¿Ahora, Vitya?

—Me gustaría mucho, pero tú estabas durmiendo. Ambos tienen que descansar.

—Mmmm… -el pelinegro bajó las manos hasta la cinta de sus bóxers y los bajó hasta donde pudo, ante la libidinosa mirada de Víktor -No tengo sueño… y hace frío.

—Yuuri, estoy un poco alterado… y ahora excitado. No… no tengo ánimos de ser gentil… y no quiero que…

—Víktor… -Yuuri puso un dedo sobre sus labios para silenciarlo -Voy a estar bien. Hoy… me necesitas.

—Pero amor…

—Siempre puedo detenerte. Víktor, hazme el amor, por favor.

El ruso no pudo contenerse a la abierta invitación de hacerlo suyo. Realmente no tenía ganas de contenerse; su hermoso vientre de ocho meses y su pecho ligeramente curvado no hacían más que incitarlo a perder la locura en ellos.

Por gran parte de la madrugada, Víktor disfrutó enterrándose una y otra vez en el estrecho interior de Yuuri, cuidando de su pequeña, moderando su fuerza sin limitarse a sentir todo aquello que anhelaba de él. El cuerpo del japonés tembló extasiado todas las veces en las que su esposo lo inundaba de su esencia. Los orgasmos los hicieron caer rendidos hasta que las puntas del sol se asomaron a la ventana, regalando de calidez los cuerpos desnudos y húmedos.

Que delicioso era encontrarse uno en brazos del otro. Que maravilloso era sentir sus corazones latir a un mismo son. Que dicha era sentir un movimiento de vida.

Víktor protegería con su vida esos perfectos momentos, y Yuuri se los regalaría.

Y una pequeña y su hermanita encubierta dotarían de la más pura felicidad en tan solo dos semanas. Justo cuando nadie estaba listo.

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¡Hola! Antes que nada, gracias por recibir tan bien esta historia. Creo que les dije que aquí habría mucho amor. Y si lo hay. Demasiado, de hecho. Pero también quiero que vean que, en un mundo más real del que nos plantearon en Yuri on Ice, las cosas no son tan fáciles. Y es responsabilidad de aquellos que entendemos inculcar ese pensamiento de justicia, igualdad y respeto en las demás generaciones. Yo entiendo que es difícil hacer que un adulto cambie de opinión, y no les pido que vayan y les griten sus ideales. No se trata de eso y difícilmente haríamos que entendieran así. Lo único que les pido es que sean respetuosos y prediquen ese mismo valor a los que puedan.

Tal vez no logremos que acepten, pero sí que respeten. Y eso, chicos y chicas, es un enorme paso.

Para la personita que preguntó, tengo 19 años, soy bisexual y estudio Lingüística y Literatura, con aspiraciones a escritora y editora. (No sé para que lo querías, pero igual ahí está).

El siguiente capítulo de este fic (creo) será el día que las señoritas decidieron aparecer. Y del otro, prepárense para una magnífica actuación del personaje más querido por todos (obvio Laryssa) (obvio la odian jaja).

Les aviso que la historia toma sus rumbos sin que los planeo. Solo pienso en lo que quiero el capítulo y lo que pasa después sale del lápiz y del momento.

Bien chicos, ya es hora de que me despida. Como siempre, gracias a los lectores fantasma y a los que se toman el tiempo de dejarme comentarios bonitos. Aprecio todo. ¡Un abrazo gigante!

P.D.: Recuerden que nada de lo que pasa aquí interfiere en lo que pasa allá. Y aunque sí interfiera, de igual forma lo mencionaré en el fic principal.

Aizawa-Hana: Que bonito verte por aquí, muchas gracias. Jajaja ¿tú crees que haya sido cruel? Se supone que fue Yukie la que se movió, aunque no me había dado cuenta de la ironía hasta que lo releí. Lamento haberte confundido jeje. Prometo hacerlo más claro en los siguientes capítulos. Y no te preocupes, aquí, aunque seguirán siendo tontitos y enamorados, no harán nada con lo que todos lloremos. Espero que el capítulo de hoy te haya gustado. ¡Un abrazo!

Minako Gou: Jajaja, gracias por el interés en la irrelevancia de esta historia. En realidad, la subí porque me divertí imaginando algunas cosas, aunque luego pensé que podía ser también el espacio de la realidad. Pero bueno, muchas gracias por el apoyo a las historias. Espero seguirte viendo aquí, o en la otra, o en la dos jejeje. ¡Un abrazo!

Cotita83: Esto es como un respiro después de todo lo que pasaron. Si, hasta para mí es triste lo que pasa, pero no estaba tranquila escribiendo y pasando de largo temas como la homofobia, así que le hice un espacio de algún modo. Supongo que es el amor lo que resulta en fortaleza para enfrentar cosas así. Y más con dos razones como un esposo al que amas y a una hija (dos jeje) ¡Gracias a ti por el apoyo! ¡Te envío un enorme abrazo!

Deysizg501: No recuerdo si ya te vi en el otro fic, lo siento. Pero, de cualquier forma, infinitas gracias por leerte los dos. Espero que te siga gustando lo que lees y te siga viendo por alguno de los dos. ¡Un abrazo!