Capítulo 3: Don't be afraid

Noviembre. 7 meses

—¡Esa no es la pintura para esa pared! ¡Lo estás haciendo mal, Yurio! -gritó Víktor al ver la obra del joven ruso.

—¿De qué hablas? ¡Tú me dijiste que era la pintura rosa! -reclamó el chico, bajándose de una de las escaleras colocadas para ayudar en la tarea de pintar el cuarto de la bebé que estaba, según lo que todos pensaban, a un mes de llegar.

—Por supuesto que dije que era rosa. Esa que estás poniendo es coral -Víktor sacó de su bolsillo una hoja con las gamas de tonos del rosado, ante la incredulidad del chico, quien blandió la brocha dispuesto a atacar al peliplata.

—Pues para mí es lo mismo.

—Claro que no lo es. Hay una diferencia y no va a quedar como yo lo tenía planeado -replicó Víktor, tomando también otra brocha empapada del color correcto.

—¡Sólo es un estúpido color!

—¡Es para mi bebé!

—¡Tu bebé ni siquiera sabrá que es un color!

—¡Pero va a crecer y tendrá que estar en un cuarto que le guste!

—¡Pues este no va a ser, porque es horrible!

—¡Retráctate!

Mientras tanto, en la cocina, Yuuri, Hiroko y Mari preparaban algo de cenar y un pastel para celebrar el cumpleaños número 28 del japonés, mientras que el futuro abuelo tomaba la responsabilidad de armar la cuna y algunos de los instrumentos y juguetes para su nieta.

El pelinegro negó divertido al escuchar a los dos rusos discutir en la habitación de su hija, pero tuvo que ir a ver que sucedía al escuchar un grito casi desesperado de su esposo seguido de uno iracundo de Yurio.

Para Yuuri, no habría ameritado semejante escándalo. Pero para su esposo era una completa calamidad que Yuri se hubiera atrevido a manchar su cabellera con pintura color coral, y era aún peor para el vándalo ruso encontrarse con su chaqueta de cuero favorita salpicada de rosa.

—¡Katsudon! ¡Mira lo que el anciano hizo! -se quejó cuando lo vio llegar.

—¡Yuuri! -Víktor corrió a los brazos de su esposo, lo abrazó por los hombros y fingió un lloriqueo en su cuello -Arruinó el cuarto y mi cabello.

—¡No lo arruiné! ¡Parece el mismo color!

—Sí lo hiciste. Yuuri había escogido el color rosa -alegó el ruso, ganándose que Yurio lo amenazara nuevamente con la brocha.

—Yo no tengo problema con el color que puso Yurio, amor -aclaró el japonés, sin ánimos de que volvieran a discutir -Vamos, Víktor. También así se ve muy bonito, y quedará mejor con los detalles en gris.

—Mmmm… Tal vez. ¡Pero me arrojó pintura al cabello!

—¡Tú arruinaste mi ropa! -replicó Yurio, tallando con ímpetu el cuero de su chaqueta.

—Ya, no sean dramáticos los dos. Tú ve a darte una ducha -le dijo a Víktor, que ante la caricia de su esposo sobre su cabello hizo lo que le pidió -Dame eso, Yurio. Lo llevaré a la lavandería.

—No se le va a quitar -pensó en voz alta el ruso, y Yuuri fue a su lado para tomar la prenda.

—Sí lo hará, no te preocupes -consoló el japonés al ruso que miraba con algo de desconsuelo su chaqueta -Además, suponiendo que no quede, siempre podemos obligar a Víktor a comprarte otra.

Yuuri le guiñó un ojo con complicidad, mientras Yurio aceptó la propuesta maliciosamente, deseando que la chamarra no tuviera reparo. Observando desde el marco de la puerta, Hiroko sonrió con ternura ante la escena. Tenía la seguridad de que, a pesar de lo extraño de las circunstancias, su hijo estaba desarrollando algo como el instinto maternal con las personas con las que convivía. Su nieta no podría encontrar una mejor familia que esa en la que llegaría. Y probablemente nunca se lo imaginó, pero no podía imaginarse que ella tuviera una mejor mamá que su papá Yuuri.

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Así quería pasar Yuuri su cumpleaños. Con las personas que estaban cerca de su corazón y aquellas que nunca lo habían dejado solo, aunque él hubiera pensando lo contrario. Sus padres, su hermana, los Nishigori con sus entusiastas trillizas de diez años, Yurio, que se había convertido en un miembro de la pequeña familia, su mejor amigo Phichit, quién le había dado una enorme sorpresa al anunciarla que planeaba casarse al año siguiente con la chica de Detroit, con la que no había perdido el contacto después de la llamara para el arreglo de "Yuri on Ice". Tuvo la loca, pero enternecedora idea, de que la hija del matrimonio Nikiforov-Katsuki fungiera como madrina de anillos. Por supuesto, aceptaron de inmediato.

Y además de todos ellos, Yuuri tenía la fortuna de contar con la presencia de las dos personas a las más que más amaba en todo el mundo, aunque una no aún no estuviera físicamente con ellos. La pequeña dentro de él solía moverse cuando su papá le hablaba. Si tuviera memoria de los días dentro del vientre de Yuuri, tal vez podría contar de todas aquellas veces que él le dijo que la amaba y cuanto le pedía, como un secreto, que fuera fuerte, que él mismo tenía miedo pero que entregaría cada parte de su ser para que estuviera con ellos. En el peor de los casos y de sus miedos, solo con Víktor. Pero ella estaría por encima de todo.

Yuuri había pensado muchas veces en el significado del amor. Pero llegó a la conclusión de que no se podía definir, que sólo se sabía que estaba. Él tenía amor de todos y para todos. Recién descubría lo que era amar a un hijo. Pero en el hombre junto a él, que lo miraba entusiasmado por su cumpleaños, encontró un sentido completamente nuevo para amor. No era un simple amor romántico. Iba aún más allá. Podría decirse que era el amor de dos almas que estaban enlazadas y que habían encontrado su compañero para la eternidad, aquel que, a pesar del tiempo y la vida, seguirían juntas y viviendo bajo la misma calidez. Víktor no era sólo su esposo y el padre de su bebé. La función del ruso en su vida era complementarse en fortaleza y unidad.

Tal vez, hasta que la muerte los separe.

—¡Yuuri! ¡Ya apaga las velas! -Víktor tomó su mano y la movió con insistencia al ver que se había perdido en sus pensamientos y todos lo miraban con diversión -No olvides pedir un deseo.

—Un deseo… -se tomó un momento para pensarlo, y se dio cuenta de que pediría lo mismo en cada oportunidad que tuviera. Un deseo eterno, como el viento que diluía el humo del extinto fuego.

Los pedía a ellos. Pedía amor.

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* 16 de diciembre

—Completamente sana, con un tamaño adecuado y entrando en posición de parto -el doctor Usmanov recorría el vientre del japonés con el aparato de ecografías, a la vez que leía los resultados de los exámenes de laboratorio -Tu niña es muy fuerte, Yuuri. Llevas ocho meses y todo marcha a la perfección.

—¿De verdad? ¿Ella está bien? -Yuuri se sujetó con más fuerza a la mano de Víktor y agradeció que su mamá también lo estuviera apoyando.

No tenían programado una ecografía en esa semana, sino hasta la siguiente. Pero el miedo cundió en la pareja cuando Yuuri se quejó de sentir una especie pinchazo en su vientre bajo. Aunque Hiroko trató de hacerles entender que no era nada anormal, Víktor quiso estar completamente seguro, así que en menos de diez minutos ya tenía a Yuuri en la puerta del hospital y solicitando que el doctor Andrei los atendiera de inmediato. La japonesa no podía hacer otra cosa más que sonreír llena de ternura por la inexperiencia del matrimonio.

—Sí, Yuuri. Perfectamente bien. Pero ambos hagan el favor de no estresarse de más y entrar en pánico. Eso no es bueno para ninguno de los tres -el médico se levantó y le indicó al pelinegro que ya podía levantarse.

—Es que estamos muy nerviosos. El doctor Fitzgerald nos dijo que después de los siete meses era probable que naciera en cualquier momento -se excusó Víktor, dejando que Hiroko auxiliara a su hijo.

—Sí, eso es cierto. Pero deben distinguir entre un dolor que se produce porque ella se está posicionando y un verdadero síntoma de parto -les señaló las sillas frente al escritorio para que tomaran asiento -Creo que al ritmo que vamos es muy pronto, pero si les hace estar más tranquilos, les diré y escribiré todas las situaciones que pasarán cuando la pequeña quiera unírsenos.

—Eso estaría mejor para ambos -dijo Hiroko, divertida por la alta concentración de su hijo y su esposo. El doctor también se dio cuenta y sonrió a la mujer en complicidad.

—Bien. De no ser que se adelante unas semanas, esperamos que nazca en la segunda semana de enero. Yuuri, para la primera semana del año empezarás a sentirte mucho más cansado de lo habitual y tal vez sientas aún más molestias, pero insisto en su normalidad. No habrá problema alguno para que notes que la fuente se rompió, porque sentirás una gran salida de líquido, y probablemente las primeras contracciones -Yuuri se sonrojó y se mordió el labio, incómodo y nervioso, contrario a Víktor, que ya estaba sonriendo -Cuando eso pase, quiero que vengan inmediatamente, pues en dos o tres de horas tendrán a la niña con ustedes.

—¿Sólo tres horas? ¿Por qué tan pronto?

—Véanlo como una especia de carrera contra la bebé. Ella empujará hacia la salida primera que encuentre, es decir, el recto -Yuuri respingó y en esa ocasión, hasta Víktor se puso rojo -Por supuesto, ella no puede estar ahí. Tanto por bacterias, como por el tamaño y porque podría desgarrar esos músculos y entonces si tendríamos serios problemas. Es por eso que el plazo para que estén en el hospital es de dos a tres horas a partir de la ruptura de la bolsa. Cuando estés aquí, nosotros nos encargamos de bloquear las contracciones y practicar una cesárea sin mayores complicaciones.

—Es… es demasiado… -murmuró Yuuri, sintiendo su cabeza dar vueltas ante la enormidad del proceso de traer a su niña al mundo.

—Lo sé, Yuuri. Y entiendo que te asuste, pero será rápido. Brendan y yo nos ocuparemos de que todo salga bien. Lo único que te pedimos es que sean precavidos con… -el doctor miró a la pareja y al ver la silenciosa súplica de Yuuri de no decir nada en presencia de Hiroko, se tomó unos segundos para escoger sus palabras -… con todas sus actividades. Guarda el mayor reposo que puedas, come bien y deben estar atentos a cualquier cambio, ¿está bien?

—Sí, haremos todo lo que diga -aseguró el peliplata, que anotaba todas las indicaciones del médico en su celular - ¿Hay algo que no pueda hacer?

—Lo que ya les había dicho. Esfuerzos, viajes, comer en demasía. Estoy seguro de que tu madre puede ayudarte con los cuidados de un embarazo a término -indicó el doctor.

—Sí, yo los ayudo. Pero son tan nerviosos los dos que se asustan por cualquier cosa -contestó Hiroko, regalándoles una sonrisa tierna y generando un sonrojo en ambos -Todos cuidaremos de él y de nuestra niña.

—Gracias por que usted si mantiene la cordura -bromeó Andrei, tal vez para aligerar el semblante preocupado del matrimonio. Para su tranquilidad, Víktor y Yuuri sonrieron e incluso rieron un poco - ¿Mejor, Yuuri?

—Sí, algo así. ¿Puedo estar asustado? -preguntó el menor, en parte broma y a la vez muy en serio.

—Te acepto que estés nervioso, pero no que tengas miedo. No pasará algo por lo cual debas asustarte. Lo prometo, estarán bien los dos.

Víktor escuchó las palabras como si fueran para él. Claro que podía entender el miedo de su esposo, pero también el ruso estaba aterrado. No quería que Yuuri lo notara demasiado, pero cada día que pasaba, cada segundo más cerca de tener a su pequeña con ellos, además de una gran dicha, le provocaba una gran angustia.

¿Qué pasaría si al final las cosas no iban bien? ¿Y si todo se complicaba? ¿Y si algo malo pasaba con Yuuri o con su bebé? ¿Y si… y si moría alguno de los dos… o los dos? Vaya que esos sentimientos lo atormentaban cuando veía a su esposo nervioso. Y en secreto, el sólo pensarlo ya le había costado algunas cuantas lágrimas. No se imaginaba una vida sin Yuuri, y no por el temor a quedarse solo, sino porque su vida ya no sería vida sin su amor. Sencillamente no habría vida sin Yuuri a su lado, sin que le regalara de cada maravilloso momento, sin que le dijera cuanto lo amaba todos los días.

Y su bebé, ese milagro que aún no conocía, pero que sabía que era lo que más quería en todo el mundo. Estaba asustado por no tener la menor idea de cómo cuidarla, de no saber si sería un buen padre, de si sería lo que ella necesitaba, de no poder protegerla contra todo. Sólo estaba seguro de que se le iría la vida en amarla y darle todo de él a cada momento. Era tanto el amor y una completa devoción por esa pequeña que, si algo le sucedía, Víktor estaba seguro de que su existencia no sería la misma. La de él y la de Yuuri. Ninguno de los podría recuperarse fácil de un golpe como ese.

Tanto era el miedo por todo, que escuchar al doctor decir que todo saldría bien le resultaba en un sentimiento demasiado complicado para explicar. Quería creerle, lo deseaba con todas sus fuerzas. Pero la angustia no se iría de él hasta que su esposo y su niña estuvieran juntos en casa, en su mismo lecho y completamente sanos.

—Sigan las recomendaciones y espero verte en dos semanas para la penúltima ecografía -indicó el doctor extendiendo un sobre que contenía imágenes de la niña e instrucciones para el cuidado del japonés -Falta poco, Yuuri. Un mes más y estará con nosotros.

Un mes era el plazo en el que todos estaban confiados. Por supuesto, la niña y su hermana secreta tenían planes algo diferentes.

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*18 de diciembre

—Avisaré al ISU que no competiré para que llamen a otro patinador en mi lugar -sentenció Víktor ante la mirada incrédula de todos los presentes.

—Dime que ya perdiste la cabeza y que no lo estás diciendo de verdad -pidió Yurio, siendo secundado por las trillizas Nishigori.

—Estoy hablando muy en serio, Yuri.

—Víktor, no puedes hacer eso. ¿Por qué? -lo cuestionó su esposo, quien retiró la mano del ruso de su cintura para encararlo.

—Porque no planeo alejarme de ti por toda una semana. Si fuera en cualquier otro momento, yo sé que lo entenderías, e incluso te llevaría conmigo. Tal vez hasta podríamos pasar Navidad y mi cumpleaños viajando. Pero no ahora -Víktor entrelazó sus manos con las del japonés y trató de que lo entendiera -No quiero separarme de ustedes.

—Cariño… si es porque temes dejarlo solo, sabes que no lo está. Toda la familia aquí lo cuidara. Soy su mamá, no dejaría a mi bebé o a mi nieta sin supervisión -le aseguró Hiroko, respaldada por su esposo.

—Y saben que se los agradezco muchísimo, porque ustedes son como unos padres para mí. Pero no es porque tema que Yuuri se quede sólo, estoy seguro de que nadie lo dejaría así. Pero… -el ruso bajó la mirada a la unión de manos y acarició con dulzura la blanca piel de su esposo -… tengo miedo de que algo pase y yo no esté aquí. Si ella se adelanta a la fecha, si Yuuri se siente mal, si hay alguna complicación… no sé. No podría estar tranquilo si no estoy a su lado.

—Víktor… -el pelinegro lo tomó del mentón para que sus miradas se encontraran. Vio tanto miedo en la azul, que le provocó una opresión en el pecho -No… no quiero que pienses en eso. Brendan y el doctor Usmanov ya lo dijeron, todo está marchando bien. Ambos vamos a estar bien, sólo debemos descansar.

—Lo sé, lo sé. Pero eso no significa que estén completamente seguros. Hasta ellos dijeron que había una mínima probabilidad de que naciera antes y no… no quiero no estar aquí. Pase lo que pase.

—Escucha anciano -Yurio se puso de pie y metió las manos en su chaqueta, dispuesto a convencer a su compatriota -Te quedes o te vayas, no va a cambiar nada. Si la cerdita decide que quiere venir antes de lo que pensamos, no va a ser diferente si estás o no con el katsudon.

—Pero si llega a pasar…

—Zúrich está a dos horas en avión. No tardarías más de tres en estar aquí. Es justo el tiempo que necesita para nacer, ¿no? -replicó el chico, dejando a todos sorprendidos por su determinación.

—Así es. Es muy cerca. Y sólo estamos hablando del remoto caso en que sucediera algo. Si así pasara, sabes que te avisaríamos inmediatamente -aseguraron Mari y Yuko, que también dudaban que algo malo pasara en ausencia de Nikiforov.

—¿Lo ves, amor? Todos estarán aquí para nosotros. Y yo tengo todo bajo control aquí -pasó su mano por su vientre, que parecía ya no poder expandirse más. Incluso la holgada playera usaba dejaba un poco de su blanca y estirada piel al descubierto.

—Yuuri… pero…

—No tengas miedo, Víktor, por favor. Los dos tienen que estar fuertes para todo. Tú puedes ir a la Final y concentrarte en acabar de la mejor manera tu último Grand Prix. Yuuri estará bien con nosotros -garantizó Hiroko, acercándose a él y tomando su mano.

—Sí, que mejor que una plata. Porque el oro es mío -dejó en claro el único rubio en esa sala, generando una risa en todos los presentes.

Víktor recorrió con la mirada a todas las personas que estaban en el lugar. Los Katsuki, aparentemente fanáticos a las apuestas, lo estaban haciendo, y se alegró de descubrir que sus suegros tenían plena confianza en que la última medalla de una final del GP que conseguiría sería la de oro. Por su parte, Yurio discutía con Yuko y Mari porque era obvio que él iba a ganar, y más allá, las trillizas exploraban una tienda de ropa de bebé que se especializaba en cosas de patinaje, al tiempo que se la mostraban a Takeshi y Yuuri.

Tuvo que suspirar. Tenían a demasiadas personas a su lado. Incluso su hermano había prometido cuidar de que Yuuri estuviera lo mejor posible en su ausencia. Víktor estaba seguro de que nadie, ni siquiera sus amigos patinadores, perderían un solo detalle del embarazo de su esposo y su desenlace. Cualquiera lo ayudaría si se lo pidieran. Y eso sólo acorralaba al peliplata. De la misma forma en que no negarían ayuda, tampoco le permitirían ausentarse.

—¿Me juras que estarás bien? -pidió Víktor a Yuuri, haciendo que todos guardaran silencio. El japonés sonrió, orgulloso.

—Lo juro. Estaremos bien -le respondió. Dio un pequeño respingo cuando vio que el ruso se acomodaba para quedar a la altura de su vientre.

—Tú también promete que serás buena niña y quedarás aquí hasta que papá vuelva con ustedes -dijo a su bebé, arrancando expresiones de ternura en los presentes y una de fastidio en Yurio - ¡Yuuri! ¿Lo sentiste?

La familia entera, hasta Yurio se fue casi encima de Yuuri para sentir a la pequeña haciéndose notar dentro de su papá. Al percibir lo que Víktor interpretó como una promesa de que ahí se quedaría, sintió su corazón más tranquilo y como sus miedos se disipaban un poco.

No estaban solos, y era reconfortante saberlo.

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*24 de diciembre

—Bien, ahora lleva esta esquina hasta el otro borde para asegurar que la cobija quede bien sujeta, pero no demasiado fuerte para que no se sienta incómoda.

—¿Así? ¿No tendrá calor con esto?

—No, Yuuri. Por eso son cobijas delgadas. Además, aquí hace mucho frío y ella te lo va a agradecer.

El pelinegro asintió a Hiroko y se concentró en intentar de nuevo todo lo que estaba aprendiendo con su mamá. En ausencia de Víktor, y aunque luego se lo explicaría a él, Yuuri estaba tratando de entender todo lo que un bebé necesitaba desde que nacía y todos sus cuidados posteriores.

Lo cierto era que no se veía tan complicado como pensó. Estaba anotando todas las recomendaciones de Hiroko y todo lo que hacía parecía salirle bien. La japonesa lo ayudaba en todo con mucho entusiasmo, pensando en lo optimista que él, y también Víktor, lucían cuando de su bebé se trataba. Sabía que, a pesar de que Yuuri lo viera sencillo, no sería tan fácil cuando ella llegara. Pero no tenía la menor duda en que lograrían.

Estaba segura de que serían padres asombrosos.

—¡Yuuri! ¡Mamá! Ya es el turno de Yurio y Víktor -gritó Mari desde la sala.

Al escuchar la mención de su esposo, el japonés abandonó todo lo que estaba haciendo para ir a ver las presentaciones de los programas largos de ambos rusos, mientras que tomaban la cena de Navidad. Para Yuuri estaba siendo algo triste no tener a Víktor a su lado para compartir esa fecha y su cumpleaños, pues debido a las fuertes tormentas de nieve llegaría a San Petersburgo hasta el 26 de diciembre, cuando ya todo hubiera pasado.

Su hermana, Yuko y las trillizas aplaudieron con entusiasmo cuando el rubio terminó de presentar su programa y agradecía a los presentes. Sus puntuaciones lo colocaron en un momentáneo primer lugar, pues sabía, aunque no lo admitiera, que el rival más importante a vencer estaba a punto de hacer su aparición. Y no era sencillo superarlo.

Los acordes de una suave y reconfortante canción llenaron el lugar y adornaron los elegantes pasos que caracterizaban a Víktor. Su esposo podría jurar que sintió a la pequeña moverse cuando la música inició. Toda su rutina fue un desbordante de intensidad. Entrega era el tema de sus coreografías y ciertamente eso había hecho en sus presentaciones. Ofrecer todo, dar más allá de todo por esas dos personas que eran dueñas de su corazón.

Probablemente ni Yurio lo vio venir. Pero por segunda vez, y para sorpresa de Yakov y todos quienes lo observaban y apoyaban, Víktor acababa de dejar atrás su propio récord e imponía una nueva marca. Él era un hombre con mucho entusiasmo, pero él de esa noche, frente a la cámara, fue sin duda una nueva faceta que Yuuri se emocionó en descubrir.

Se llevaba un merecido oro, mientras que Yuri lo miraba fastidiado desde el segundo escalón del podio y Otabek los veía a ambos con diversión mientras recibía la medalla de bronce.

Pero el acto que se llevó la noche fue durante la conferencia de prensa de los campeones. Después de que los periodistas llenaran de preguntas al ruso menor y al kazajo de su recién descubierta relación, pasaron con el peliplata para cuestionarlo sobre el rumor de su retiro después del Campeonato Europeo.

—Sí, con ciertos. Será mi última competencia. Planeo seguir con las presentaciones, pero ahora quiero dedicar tiempo a mi familia -les contestó a los medios.

—Ahora que hablamos de familia, algunos nos preguntamos porque Yuuri Katsuki no está presente -intervino una reportera.

—Es Katsuki-Nikiforov -aclaró antes de contestar -Él ha tenido que ocuparse de asuntos completamente familiares en San Petersburgo, además de que se le ha recomendado que mantenga reposo.

—¿Sufre alguna enfermedad?

—En absoluto. Es por… otras cuestiones. Cuando suceda, ambos lo comunicaremos -indicó el ruso, quien había respetado el acuerdo con Yuuri de ser lo más discretos posible con el asunto de la bebé.

—¿Algún mensaje para él en su despedida de los escenarios del Grand Prix? -quiso saber un joven que se veía bastante tímido.

—Por supuesto -posó la mirada en la cámara frente a él y el japonés sintió que el azul casi atravesaba la pantalla -Yuuri, mi amor. Sé que no ha sido fácil, pero esta medalla es para ti y para nuestro hermoso secreto. Gracias por eso y por seguir a mi lado, a pesar de todo. Te amo.

—Ugh -se quejó Yurio al lado de él, para diversión de los periodistas y su novio.

Quizá era por el embarazo o sólo porque le encantaba oír como el amor era mutuo, pero a tres horas en avión de ahí, Yuuri se mordía el labio para no echarse a llorar en ese mismo instante. No tenía modo de explicar cuanto y con qué intensidad lo amaba.

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*30 de diciembre, por la madrugada

Sólo tenían unas horas de haberse ido a la cama, era demasiado temprano y él solía dormir sin interrupción hasta que el sol lucía sus primeros rayos.

Se encontraban solos en el cuarto, pues dos días atrás todos los visitantes de Japón habían sido convencidos de visitar Moscú, con la promesa de mantenerlos informados de cualquier acontecimiento que se presentara. Aunque estaba tranquilos, pues pensaban que aun contaban con un par de semanas para recibir a la pequeña, quien en su última ecografía se había mostrado completamente lista para llegar al mundo.

Todos se preparaban con entusiasmo. Brendan le había prometido al matrimonio llegar el primer día del año para monitorear las últimas semanas y el doctor Usmanov estaba preparado para cualquier eventualidad. Lo cual, ese mismo día, sería una verdadera fortuna.

—Mmm… ¿Yuuri? ¿Estás despierto? ¿Te sientes bien? ¿Necesitas algo? -inquirió Víktor, somnoliento, al ver a su esposo incorporarse lentamente en la cama.

—Sí… creo que sí.

—¿Crees?

—Es que… se movió algo raro y sentí cierto dolor en mi vientre -indicó, pasando su mano con suavidad sobre el refugio de su bebé.

—¿Quieres que llame al doctor para estar seguro de que no es nada? -preguntó, sentándose a un lado.

—No… está bien. Volvamos a dormir.

Víktor asintió conforme con la respuesta, y sin perder un momento, lo atrajo a su cuerpo para regalarle del siempre tibio contacto con el ruso. Yuuri quedó profundamente dormido a su lado, aunque despertó en más de una ocasión antes de la alborada, sintiendo extrañas pulsaciones en su abdomen, suponiendo la normalidad en ellas.

Sin saberlo, la función que culminaría con su bebé en brazos comenzaba a representarse. Después de ocho meses y medio, apenas quedaban menos de 24 horas.

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¡Hola hermosas personas! Aquí yo de nuevo regalándoles un poco (demasiada) miel. Es reconfortante escribir esto después del caos que desarrollé en el otro y por el cual muchas personas me quieren matar. Pero si tuviera que relacionar este capítulo y toda esta carga de amor con lo que está pasando allá, les diría que pensaran en la palaba "esperanza".

Bien, creo que eso es todo por hoy. Espero que hayan disfrutado mis intentos de amor sin drama (jeje). Para el siguiente capítulo ya se desata el espectáculo que fue ese día, según lo que me he imaginado.

Gracias por leer, bellas criaturas, y nos vemos en el siguiente capítulo de lo que sea que actualice primero. ¡Los amo!

Cotita83: Ni hay tanto drama aquí. Tal vez un poco después, pero no es nada. Se están volviendo fuertes con la otra (ok, ya me callo). Yo creo que si tienen confianza, que la hayan vuelto a olvidar es diferente. Pero por lo menos, durante este tiempo, se entregaron de nuevo en cuerpo y alma al otro. En serio, ya muero por escribir este hermoso caos, aunque el del otro fic… igual y no es mucho, pero iba unas líneas y me solté a llorar, no sé por qué. En fin… este es amor y me encanta. Gracias por leer y espero que te haya gustado. ¡Saludos!

Minako Gou: Créeme que con el hecho de saber que están leyéndola es más que suficiente y no necesitan darme las gracias. Ya sé que me falta más Yurio, pero en este ya hay y te prometo que habrá más en el siguiente. Espero que te haya gustado y también volver a verte por aquí. ¡Saludos!

Zryvanierkic: Apenas voy a leer tu respuesta así que contesto sin ese conocimiento. Ya sé, en verdad detesto la guerra, al igual que la maldita homofobia y las horribles consecuencias que todo eso acarrea. Quisiera decirte que todo es producto de mi mente dramática, pero no es así y es una asquerosa realidad. Tengo algún conocido en Rusia al que le pedí ciertas referencias, y puedo jurarte que lloré. Sí es factible que el Estado retire la custodia de un infante si se comprueba que su padre o madre es cualquier cosa que no sea heterosexual. Así de horrible. Y lo quise poner porque, por lo menos yo, tuve algo de culpa intentando redactar cosas bonitas cuando no es así como pasa. Y esa es mi explicación para esto. Estoy llegando a pensar que toco demasiadas fibras sensibles de tu persona. En verdad, no es mi intención si te llego a lastimar. ¡Gomenasai! Pero bueno, de cualquier forma, aquí si seré amorosa (difícil jeje). Espero que esto te haya gustado. ¡Saludos y un enorme, enorme abrazo!