Capítulo 8: Pequeños retos
El día de la pareja empezaba, sin falta, a las dos de la madrugada. La alarma siempre se hacía sonar a esa hora, pero no era ningún aparato, sino algo mucho mejor en palabras del padre ruso. Era la perfecta indicación para que Yuuri o Víktor, dependiendo del día de la semana que fuera, se levantaran a dar el correspondiente alimento a Viktoria.
Esa noche, Víktor fue el que se levantó, bajo la mirada cansada de Yuuri, quien siempre hacía un ademán de levantarse con él, aunque solo bastaba un beso en la frente o los labios para hacerlo volver a dormir. El ruso no sabía cuántas veces se lo había dicho, pero tenía que descansar un poco más, tal vez una semana, para que su recuperación fuera completa.
Dejando a su esposo completamente rendido, Víktor se levantó solo vestido con sus bóxers y caminó lo más rápido que su sueño le permitía hasta la cuna de la menor de las gemelas, que se encontraba del lado de la cama de Yuuri. Ahí, la pequeña que era como una copia de él en mujer, aunque Vladya insistía en el parecido con su madre, se removía inquieta y llorosa, lanzando pataditas al aire y moviendo sus manos insistentemente.
—Ya, ya. No me gusta verte llorar, princesa. Vamos por tu biberón. —con todo el cuidado del que era capaz, Víktor pasó sus manos por debajo del cuerpo y el cuello de la bebé, la levantó y la acunó entre sus brazos mientras hacía un lento vaivén.
Ya en la cocina, buscó los preparados que Yuuri dejaba listos antes de irse a dormir y lo puso en el horno de microondas para que se calentara, en tanto que se ocupaba de calmar los débiles sollozos de su niña. Colocó la cabecita de Viktoria en su pecho y sosteniendo sus piernas y espalda baja con la palma de su mano, de modo que la pequeña tenía su cuerpo casi extendido sobre los pectorales de su papá.
—Vamos, hermosa princesa, no llores. A ninguno de tus papás le gusta eso —pedía con una voz aguda y tierna, mientras movía su cuerpo al compás del leve tarareo de una canción de cuna rusa, que había aprendido de los labios de la dulce Svetlana —Tranquila, mi amor. ¡Mira! ¡Tú leche está lista!
Víktor se apresuró a sacar el biberón caliente y el probó el líquido para asegurarse de que estuviera a la temperatura perfecta. Cuando estuvo seguro, fue a sentarse a la sala, se sentó en la posición de loto y acomodó a su bebé en su brazo izquierdo y acercó el chupón a los labios de la pequeña, quien tardó unos segundos en darse cuenta de que era su comida para apresarlo entre sus delgados labios y comenzar a tomar la cálida leche,
La pequeñita rusa estaba vestida con un esponjoso mameluco blanco, además de un gorro que cubría su cabello plateado. Era como ver un enternecedor copo de nieve bastante hambriento, del cual Víktor estaba completamente enamorado. No había forma de describir el inmenso amor en el que el ruso se veía sumergido a cada momento que pasaba junto a sus preciosas hijas y su precioso esposo. Si cinco años atrás le hubieran dicho que su vida estaría tan repleta de luz, probablemente no lo habría creído. Pero ahí estaba, siendo marido y papá y jamás se podía haber sentido tan pleno, tan feliz por sus nuevos propósitos.
Viktoria lo observaba con sus ojos grandes y levísimamente rasgados, producto de la herencia de Yuuri. El azul que inundaba los iris de la bebé era demasiado hermoso para el gusto de Víktor porque, aunque eran exactamente del mismo color que los de él, no había tardado nada en darse cuenta brillaban igual que los de su madre. A sus escasos casi dos meses de vida, la niña tenía una mirada que haría pensar a cualquiera que estaba viendo más allá de lo físico, casi como si quisiera ver en el alma de las personas. Como mamá.
En algún momento de alguna madrugada, Yuuri se levantó al escuchar unos sollozos que no provenían de su bebé, que se suponía estaba siendo alimentada por el ruso. Con sorpresa y alarma, descubrió que era Víktor el que trataba de ahogar el ruido de sus lágrimas, mientras mecía a Viktoria y caminaba de un lado a otro en la sala. Cuando llegó casi corriendo al lado de ambos para asegurarse de que estuvieran bien, sintió su corazón oprimirse cuando Víktor le explicó que no podía verla sin pensar en la fallecida Svetlana quien, a pesar de que era miel el color de sus ojos, se veían de la misma forma y con la misma inocencia.
—¿Todo está bien, Víktor? —Yuuri sacó de los recuerdos a su esposo, hablándole muy cerca de su oído, con cuidado de no sobresaltarlo para no incomodar a su hija que estaba por terminar su entremés nocturno.
—¿Eh?... Sí… estaba muy hambrienta —respondió, volteándose levemente para darle un beso en la mejilla, y descubriendo con sorpresa que Yuuri también tenía a una personita en sus brazos —¿Qué estás haciendo despiertos?
—Hambre… los dos… —el japonés se sonrojó un poco y Yukie emitió algunos balbuceos, como si exigiera que dejaran de hablar y la alimentaran.
Víktor retiró el biberón de la boca de Viktoria y la volvió a colocar con la cabeza apoyada en su hombro, para que le pudiera dar suaves palmadas en su espalda, como Hiroko les había enseñado en sus usuales videollamadas.
—No está durmiendo mucho, ¿verdad? —inquirió, señalando a la bebé pelinegra que lo miraba desde el regazo de Yuuri.
—Ya perdí las esperanzas de que duerma por lo menos tres horas seguidas, aunque Brendan dice que solo será cuestión de unos meses más para que duerma largos periodos por la noche. Y en serio lo necesito —Víktor no pudo evitar sentir una especie de remordimiento al ver la expresión cansada de su esposo, junto con las ojeras que adornaban sus ojos y la venda que abrazaba su vientre y se dejaba ver en el espacio entre la playera y el pantalón de pijama,
—Puedo ser yo el que se despierte las dos veces por la noche, amor. No estás descansando lo que deberías —replicó el ruso, acercándose a él y abrazándolo por la cintura mientras le daba un beso en el cabello.
—Claro que sí. Estoy acostado casi todo el día con ellas. De verdad me siento mejor y ya no me duele en lo absoluto.
—¿Estás siendo honesto conmigo?
—¿Porqué dices eso? —Yuuri se separó, sin dejar de alimentar a su pequeña con el biberón.
—Porque no quiero que me ocultes la verdad. Te conozco lo suficiente para saber que no me dirías si te sientes mal solo para no preocuparme.
—N… no. Ya no hago eso —Yuuri se sonrojó, sabía que era una referencia indirecta al asunto del embarazo oculto —Si… si te diré si me pasa algo… ¡Pero no pasa! De verdad estoy mejor.
—Te creo —Víktor se volvió a apoderar de él, cuidando de no mover mucho a Viktoria, quien ya se había quedado dormida. No quería hacer sentir mal a Yuuri respecto a ese problema, se suponía que ya lo habían dejado atrás, por lo que prefirió buscar algo más de lo que hablar mientras Yukie no decidiera que había sido suficiente —Yuuri… después de ellas… ¿te gustaría tener otro bebé?
—¿Eh? ¿Qué? —el pelinegro se exaltó, dejando ver que Víktor había fallado monumentalmente en el cambio de tema —Yo… no lo… no sé. Solo tienes mes y medio… No creo que… bueno… es pronto para pensar en eso, ¿no? Tengo que… que recuperarme…
—Pero podemos considerarlo —Víktor de pronto se imaginó a Yuuri siendo adorable con su vientre abultado, con un pequeñito… u otra pequeñita preciosa. Una idea aun más loca lo golpeó y aunque se ruborizó ferozmente, no pudo evitar decirla —O podrías no ser tú quien…
—¡Víktor!
—¿Qué, amor?
—¿No estarás pensando que tú…?
—No suena del todo mal. Puedo hacerlo perfectamente, al igual que tú, así no tendrías que desgastarte como ahora —dijo con una sonrisa, divertido por la mueca de horror que se había instalado en el rostro de Yuuri.
—¡No! No, no, no. Yo no podría pedirte que hicieras eso.
—Yuuri, si mal no recuerdo…
—¡Ya sé que tú tampoco me lo pediste! Pero… es diferente. Tú no eres… no puedo imaginarte así.
—¿Embarazado? ¡Yo sí! Y creo que no me vería mal. Me gustaría verme igual de adorable que tú —una sonrisa pícara surcó sus labios, pero ni eso logró que Yuuri se tranquilizara.
—No es solo eso, amor —Yuuri bajó la mirada a su pequeña, que se había quedado dormida con la leche a medio tomar.
Sin decir una sola palabra, señaló la habitación y Víktor lo siguió. Se aseguraron de dejar cómodas a las bebés en sus respectivas cunas y que estuvieran en la posición adecuada. Yuuri regaló de un beso a ambas y salió a la sala, mientras que el peliplata repitió su gesto y lo siguió. Lo encontró sentado en un banco y apoyado en la barra del desayuno, perdido en algún punto de la taza de té que no se dio cuenta de en que momento sirvió.
—Yuuri…
—No quiero que lo hagas —espetó, sin mirarlo directamente —No es lo mismo.
—¿Porqué? —Víktor se sentó junto a él, arrebatándola la taza para tomar un sorbo y hacer que lo viera.
—Porque no es para ti.
—¿Y tú decides eso?
—No. Simplemente sé que te costaría llevarlo. La operación es larga, la recuperación también. Y si… lo lograras… no es fácil llevar a un bebé dentro. Aunque es lindo, es cansado, y hay muchas limitaciones. Y bueno… ya sabes cómo es el final.
—¿Doloroso?
—Mucho.
—¿Y crees que yo no podría hacerlo como tú?
—Estoy seguro de que podrías hasta el último instante —le dijo, tomándolo de la mano y apretando con firmeza —Lo que no quiero es que… te limites en lo que estás acostumbrado a hacer —Viktor ladeó la cabeza, confundido y el japonés resopló —Tú no eres alguien a quien le guste estarse quieto, y lo sabes. Y si quisieras pues… esto… —señaló su vientre cubierto por la enorme venda —… no podrías ser como eres ahora.
—Dudo que hayas pensado en eso cuando lo hiciste —dejó ir Víktor, aceptando en su interior que Yuuri estaba en lo cierto.
—Tienes razón, no lo pensé y… tal vez hubieran pasado otras cosas —el pelinegro suspiró con fuerza, para luego sonreír —Pero no me arrepiento. Puede que no haya sido sencillo y que tenga que hacer muchos sacrificios, nada se compara con tenerlas dentro de mí… y saber que están aquí por mí.
—Lo hiciste muy bien, mi amor —ya no pudo reprimir el enorme impulso que tenía por abrazarlo y hacerlo sentir protegido —Sabes que no habrá día de mi vida en que no te agradezca por mis hermosas bebés y por ti.
—Y yo te agradeceré siempre que me hayas…
—Yuuri. No —Víktor lo detuvo antes de que empezaran a rememorar ese día, pues no era grato y aun le causaba algo de miedo —Estamos juntos y estamos bien. Tenemos dos princesas durmiendo en nuestro cuarto y tú estás en mis brazos. Quiero que sea así siempre, por favor —pidió, haciendo un puchero y restregando su mejilla en la de Yuuri.
—¿Me prometes que no vas a proponer eso de nuevo?
—¡Pero Yuuri!
—¿Quieres otro bebé? Ni siquiera podemos dormir bien con dos.
—No ahora, tal vez después. Otra niña… solo no quiero que sufras mucho.
—Ya no sufriré, porque vas a estar conmigo y porque ya sé como funciona. Además… —se separó de Víktor lo suficiente como para poner los labios en el oído del peliplata —Me… me gusta recibir a tus casi bebés…
—¡Yuuri! No digas eso cuando no podemos…
—Hoy se cumplen los cuarenta días… —la lujuria se había implantado con todo su poder en el rostro de Yuuri, y Víktor apenas pudo tragar saliva, pues más de una parte de su anatomía se había emocionado ante el recordatorio de la fecha.
—Pero… ¿no debemos esperar un poco más?
—Estrictamente, no. Y yo no quiero esperar más —se coló entre las piernas de Viktor, delineando con la yema de sus dedos el contorno de los músculos en sus piernas —Quiero, en verdad quiero que me hagas el amor de nuevo, Vitya.
De esa forma podían enviar al diablo la cordura de ambos. Víktor prácticamente se adueñó de la boca del japonés con la fiereza de una bestia salvaje, frotando sus cuerpos y sintiendo a la perfección el resultado de la libido en sus entrepiernas. En medio de tropiezos y pasos torpes, fueron avanzando a la recámara de visitantes, en donde podrían dar rienda suelta a sus deseos reprimidos durante más de dos meses, redescubriéndose de la forma más placentera que conocían.
Por supuesto, sin que el encuentro durara más de lo adecuado. Las princesas no tardarían demasiado en exigir la presencia de los caballeros.
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—Vamos, tú puedes hacerlo.
Yuuri estaba casi muerto por el sonrojo en sus mejillas, Víktor estaba detrás de él cargando a Viktoria, y frente al japonés, una pequeña persona lo miraba curiosa y sin entender absolutamente nada de lo que estaba pasando, ignorante de que su padre estaba a punto de hacer algo que le había costado horrores asimilar, pero ya no podía seguir evitando,
—¿Estás… seguro?
—Yuuri, es una bebé. No sabe que sucede y eres su papá. A ella no le va a importar que lo hagas.
—Pero es su… espacio… —Yuuri tragó saliva, con sus manos temblorosas acercándose y alejándose del abdomen de Yukie.
—Un espacio que ella agradecerá que alguien limpie porque es incapaz de hacerlo por su cuenta —Víktor le tendió un pañal y toallitas húmedas a su esposo, quien tomó los objetos con duda —Solo es un cambio de pañal.
—Bien, bien. Lo haré —Yuuri cambió su semblante a determinación, como su estuviera a punto de enfrentarse con alguien en una competencia. Aunque eso era infinitamente menos vergonzoso.
—Te estás tardando —Víktor tomó asiento en el sofá gris de la habitación de Yukie, acostando a Viktoria en sus piernas para jugar con ella y sus piecitos.
Yuuri los miró por última vez, antes de concentrarse por completo en la bebé pelinegra, quien se revolvía en su lugar y mordía su puño, regando saliva por toda su mano.
—Con… eh… con permiso, Yukie. En serio necesito cambiarte el pañal —Yuuri retiró con cuidado el diminuto pantalón rosa que usaba la bebé, y procedió a desprender los adhesivos que sujetaban la prenda desechable —No tienes idea de como lamento irrumpir en tu privacidad… aunque no sepas que es.
—Ya lo sabrá, pero dudo que te odie por esa "irrupción" —dijo Víktor, tratando de aligerar un poco el ambiente, para después apresar con sus labios el pie con el que Viktoria pataleaba de un lado a otro.
—Tal vez… —cuando por fin vio liberada a su hija y desnuda de su pancita hacia abajo, tuvo que llamar a toda su fuerza para no salir corriendo y dejar la tarea a Víktor. Por fortuna, no había nada importante que limpiar y solo sería una rápida faena.
Tomó la toallita de su empaque, y después de resoplar más de dos veces, la pasó por el área sucia de Yukie, quien respingó ante el frío contacto. Para sorpresa de él mismo, fue bastante meticuloso en el aseo de la bebé, procurando no dejar pliegue o liso sin cerciorarse de que estuviera limpio. Cuando finalizó, tomó sus delicadas piernas y las alzó solo un poco para que su temblorosa mano pudiera esparcir la crema que evitaba rozaduras.
—¿Sabes? Me tranquilizaría más saber que tu padre y yo seremos los únicos a los que les permitirás esta vista —le dijo a su pequeña, quien sonrió a pesar de no comprender.
—No se los dejaré de repetir —dejó ir Víktor, enternecido por ese lado celoso que Yuuri estaba mostrando —Eso es algo que se debe quedar solo entre nosotros.
—Sin novios, señorita —exigió Yuuri mientras le ponía un pañal y pantalón nuevos.
—O novias, nunca se sabe —Yuuri soltó una carcajada, cargada de alivio cuando vio la tarea concluida. No había estado tan mal del todo, pero definitivamente nunca iba a ver esa invasión como algo cómodo. Sintió a Víktor a su lado y sonrió ante el beso que recibió en la sien —Gran trabajo.
—Gracias, pero suficiente por hoy.
—Nada de eso. Agradece que Yukie fue benevolente y no hay un regalo mayor ahí dentro. Pero dentro de unas horas no va a ser igual.
Yuuri estuvo a punto de decir algo, cuando el timbre de la casa sonó dos veces. Víktor dejó a Viktoria en brazos de Yuuri y tomó a Yukie, pues no le gustaba estar demasiado tiempo acostada, y salió para recibir a las visitas.
—¿Tú también serás buena conmigo? —preguntó a la peliplata, quien respondió con un bostezo.
Escuchó a Víktor saludar con emoción al visitante y se dispuso a salir para saber quien acababa de llegar a su casa, pero la voz femenina que le respondió a su esposo activó sus muy bien escondidas alertas. Aun así, trató de verse normal cuando un par de ojos verdes se clavaron en él, al tiempo que la melena negra y larga se sacudía al viento.
—¡Yuuri! Que maravilloso en verte de nuevo —saludó la recién llegada, entrando a la casa y yendo directamente hacia él y su bebé.
—Laryssa…
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¡Hola! Ya me había ausentado bastante en esta historia, pero con todo lo que está pasando, creí que era un buen momento para algo bonito, y que mejor que esto para eso jeje. El siguiente capítulo se llamará "Visitas", y saldrá el doctor que muchas quisiéramos y el cuñado de todas.
Gracias por leer y les pido que, si les gusta, me dejen comentarios, que siempre ayudan a motivación. ¡Los amo! Nos vemos en la próxima.
Zryvanierkic: ¡Hola! Lo siento por tardarme, pero tú mejor que nadie sabes mis líos y mira que encontré una buena terapia haciendo eso. ¡El abuelito Nikolai! Lo amo tanto que creo que haré algo con él en esta historia… porque nadie es eterno. ¡En el siguiente sale Vlad! Como el tío amoroso pero nervioso. No sabes que ganas tengo de verlo cargando a sus niñas. ¡Será precioso! ¡Te quiero!
Deikan: ¡Hola! Ya sé, a mi también me parece que Otabek y Yurio tienen mucho material para trabajar y que son personajes interesantes de desarrollar, pero no se si pueda con una noche de bodas, yo sigo viendo a Yura como un niño, pero ya veré que puedo hacer. Dale una oportunidad a mi Yukie aquí, por lo menos aquí todas son inocentes. Si habrá drama, pero pasajero. Es solo para explicar un poco de cosas que aparecen en el otro fic, pero que puedo contarlas mejor aquí. ¡Gracias por tu apoyo! ¡Muchos saludos!
