Capítulo 9: Visitas

—Laryssa…

—Tenías razón, Víktor. Son las bebés más hermosas que hay —dijo la mujer apenas estuvo frente a Yuuri. Se tomó unos momentos para acariciar la platina cabellera de Viktoria y después, sorprendiendo por completo al japonés, le dio un leve abrazo —Felicidades, Yuuri. Fue un excelente trabajo.

—Sí, bueno… gracias.

—Les traje unos hermosos vestidos de un diseñador que es amigo mío. Ojalá que les guste, porque estoy segura de que les quedarán hermosos.

Yuuri vio ambas bolsas de regalo con la misma desconfianza que lo haría como si fuera un arma. Antes de que pudiera tomarlas, Víktor las sostuvo con clara intención de hurgar su contenido.

—Gracias, no tenías que molestarte. Aunque confío en tu buen gusto sé que estarán precioso.

—No te atrevas a dudar, Vitya —comentó la mujer viendo con diversión como el ruso maniobraba para abrir las bolsas con una mano —¿Puedo sostenerla un momento?

El japonés tensó su cuerpo ante la petición, pero se tuvo que obligar a pensar que Laryssa solo estaba siendo amable, y que cualquiera que estuviera en presencia de las bebés querría cargarlas. De verdad esperaba que la sonrisa que salió de sus labios no se viera demasiado forzada.

—¡Claro que sí! —si Yuuri no le lanzó una almohada a su esposo fue solo porque estaba frente a la mujer, porque de lo contrario, Víktor tendría un esponjoso objeto en su cara. ¿Cómo cedía su hija tan fácil a… ella? Realmente no quería revivir la monstruosa pelea de muchos meses atrás, pero Laryssa seguía siendo Laryssa y no inspiraba ni un poco de confianza en Yuuri.

Yuuri dejó a Viktoria en el portabebé que siempre tenían en la sala y fue a la cocina a buscar lo que sea que lo distrajera, sin perder de vista a ambos rusos, uno dejando en brazos del otro a una bebé y recibiendo las bolsas de regalo. Víktor invitó a Laryssa a la sala del departamento. El pelinegro ya se escabullía sin perderlos de vista, cuando el sonido que más le podía mortificar y que encendía todos sus instintos llegó a su oído.

Como si la distancia no existiera, cruzó el espacio que lo separaba de él, Laryssa y Yukie, que estaba llorando a más y mejor. Para cuando llegó a ellos, hizo a un lado a Víktor, que ya iba por la bebé, de la forma que menos evidenciara su molestia con él y estiró los brazos para tener a su nena de vuelta.

—Está muy apegada a ti, ¿verdad? —comentó Laryssa, dejando a Yukie en los brazos de su padre.

—Un poco, pero no le gusta estar con personas que no conoce. ¿Verdad, Víktor? —Yuuri taladró con la mirada al ruso, quien no captó y regresó por los vestidos para enseñárselos a su esposo.

—Entonces es definitivamente idéntica a ti —comentó la rusa, guiñándole un ojo y acariciando la cabeza de Yukie, que recibía caricias de Yuuri en su espalda al tiempo que la mecía —Espero que se le pase con el tiempo. Con papás como tú y Víktor siempre va a estar en la mira de todos, extraños incluidos.

—Víktor sabe que no quiero que… que se expongan. Es que Rusia es…

—Homofóbica, claro. No sabes como espero que te des cuenta y agradezcas el sacrificio que hizo Vitya por ti.

—Eso no es cierto —Víktor llegó antes de que Yuuri tuviera el impulso de contestar con algún comentario ácido. Se limitó a asentir y apartar la mirada, ofuscado, mientras se dejaba abrazar por los hombros por su esposo —No es un sacrificio estar juntos. Yuuri y yo nos amamos por encima de eso. Y nuestras bebés son lo más importante que tenemos.

—Me alegra, Vitya. Muchísimo —aseguró la mujer, mordiéndose el labio al mismo tiempo que el peliplata le daba un beso en la sien a Yuuri —Entonces… ¿los vestidos están bien?

—¡Ah! ¡Mira, Yuuri! —Víktor tomó los diminutos atuendos que había sacado de las bolsas de regalo —¡Están tan bonitos!

—Tal vez sean un poco grandes para ellas, en especial para Viktoria —Laryssa se agachó a ver a la pequeña que, aunque no lloró como su hermana ante la caricia que la rusa le regaló, frunció el ceño del mismo modo en que hacía Yuuri cada vez que veía a la mujer.

El japonés tomó los vestidos en sus manos y tuvo que admitir que eran muy bonitos, y hasta él mismo los habría comprado sin dudar. Eran dos vestidos de manga larga, un enorme moño a la altura de la cintura y la tela vaporosa de la falda tenía lunares repartidos. Como toque especial, y una forma de distinguir a las niñas sin que se dejara de obviar que eran gemelas, uno de los vestidos era azul con blanco y el moño de brillante color carmín, mientras que el otro destacaba por sus suaves colores rosas y champagne.

Apenas los vieron, Yuuri y Víktor supieron que prenda sería para que gemela. Cierto era que Viktoria poseía una piel muchísimo más blanca que la de su hermana, y si a eso le sumaban su cabello plateado, la niña lucía ciertamente como un ángel blanco, así que el azul quedaría perfecto con ella.

Yukie había heredado casi todo de Yuuri. Víktor insistía que, por muy pequeña que fuera, cada día los rasgos que la asemejaban a su papá japonés se acentuaban. Su cabello profundamente negro y suave, su piel de un blanco con tintes rosados, incluso sus ojos levemente rasgados y de precioso color castaño, como un dulce chocolate y la misma complexión gordita eran los rasgos más presentes de Yuuri en ella. Solo compartía con su hermana y Víktor la nariz respingada y claramente rusa.

—Se le verán muy bonitos cuando estén un poco más grandes. Gracias, Laryssa —dijo Yuuri con completa sinceridad.

—Por supuesto que sí. No puedes esperar menos de las hijas de Víktor —Laryssa comentó mientras le sonreía al aludido. Yuuri suspiró pues, en realidad, ya no tenía mucho que decir o pensar de la mujer.

—¿Quieres quedarte a comer? Yuuri ha estado practicando mucho la comida rusa —invitó Víktor, sumando otra excusa para recibir algún escarmiento después.

—Oh, no. No quiero irrumpir en el cálido ambiente familiar. Estoy segura de que les gusta compartir mucho tiempo con las adorables bebés —Laryssa le dio un beso a ambas bebés, que balbucearon un poco en respuesta. Luego se dirigió a Yuuri, quien la esperaba taciturno, pero tratando de lucir amable —Felicidades. Tienes un esposo maravilloso y unas hijas hermosas, Yuuri. Espero que lo sepas. Yo hubiera querido lo mismo para mí, con nuestro bebé. Pero bueno, después de todo si era tuyo.

—Yo… sí, lo sé. Y gracias, me gusta que Víktor sea mío. Vuelve cuando quieras, Laryssa —ambos se sonrieron y Yuuri entró a la cocina.

Viktor, algo estático y sorprendido por las palabras de la rusa, se giró a verla a tiempo de observar como miraba con cierta nostalgia a Viktoria, rendida de nuevo al sueño.

—Te acompaño a la salida, entonces —dijo, serio y sin saber muy bien que decir.

—No te molestes, cariño. Mejor ayuda a tu esposo con tu bebé.

—¿A qué vino eso, Laryssa? Creí que ya lo habíamos hablado de eso.

—La melancolía, ya sabes. Me retiro ya, Víktor. Tengo muchas cosas que hacer. No olvides que nuestros estudiantes deben empezar ya con sus rutinas —Laryssa se acercó a besar ambas mejillas de Víktor, sin esperar a que él hiciera lo mismo —Nos vemos después.

Víktor se quedó parado a mitad de la sala hasta que Laryssa salió de la casa, al cada vez más benevolente frio de la ciudad. Lo cierto era que no le gustaba que ella sacara a flote temas que se sabían ya resueltos, menos aún si lo hacia frente a Yuuri. Ahora debería ir a ofrecer una explicación acerca de ese bebé que Laryssa mencionó. Nunca se lo había contado abiertamente a su esposo, aunque por algunas pláticas él ya debería suponerlo. Pero decirlo con todas sus letras era algo completamente diferente.

Se aseguró de que Viktoria estuviera cómoda, procurando no altercar sus sueños y fue a reunirse con Yuuri en la cocina. No podía evitar sonreír cada vez que veía esa escena. Su esposo era bastante necio, y aunque ya le habían dicho que no debía esforzarse de más para ofrecer la leche de su pecho a sus hijas, siempre que veía la mínima oportunidad, lo intentaba. Justo como en ese instante.

—¿Si está comiendo? —preguntó con cautela cuando llegó a su lado.

—Creo que solo la entretengo unos momentos. ¿Me ayudas con la fórmula? —pidió, sin despegar la mirada de su bebé, que bebía con avidez y lo que podía de su padre.

—Por supuesto —Víktor se encargó de hacer rápidamente la mezcla de leche con una mano, para luego meterla al horno de microondas. No le gustaba para nada el silencio incómodo que se había cernido sobre ambos. Apenas una hora atrás habían estado demasiado contentos. Resolvió que no tenía más opción que hablar antes de que alguna bomba estallara —Amor…

—Dime.

—Respecto a lo que ella dijo… lo del… ehh… bebé… —dudó, pero no pudo continuar cuando los ojos castaños y resplandecientes se posaron sobre él.

—Me habías hablado un poco de eso, pero nunca hemos ahondado en el tema. ¿Entonces si hubo un… bebé entre ustedes? ¿Lo perdieron? —sin saber por qué, a Yuuri se le hizo un nudo en la garganta, que casi no pudo reprimir cuando vio la mirada de Víktor tornarse triste.

—Sí. Y sí te lo había comentado. Fue esa la razón por la que casi nos comprometemos, pero también fue una de las muchas por las que nos separamos —respondió, sintiendo que su corazón se saldría en cualquier momento de su pecho.

—Entiendo —tal vez Yuuri quería saber más, pero decidió que no era el momento, ni el lugar, ni la ocasión. O sencillamente no quería traer al presenta algo del pasado que pudiera afectar su relación. Si alguna vez la había visto casi perdida, no tentaría a su suerte de nuevo. Amaba a Víktor, Víktor lo amaba, y juntos amaban a sus hijas. Eso era más que suficiente —Lo… lo siento.

—No te preocupes, ya pasó. Si quieres que… que te explique…

—No. Así está bien —el japonés reunió toda su fuerza de voluntad para sonreír y que pareciera que en ese lugar no había pasado nada, aunque no entendía cual era el punto de Laryssa para decir esos comentarios. ¿Algún día se daría cuenta de que Víktor era de Yuuri? Por el bien de todos, esperaba que sí —¿Me ayudas a darle la leche a Yukie mientras termino la comida?

—Sí, claro —recibió a su bebé, quien hizo un puchero al darse cuenta de que su alimento había sido suspendido. Mientras Yuuri se acomodaba la camisa que llevaba puesta, sentía la mirada de Víktor clavada en su nuca —Oye, Yuuri… no quiero que pienses que te lo estoy ocultando. Solo que no me…

—No te estoy pidiendo que me lo digas. Probablemente yo tampoco querría hablar del tema si estuviera en tu lugar —espetó, con un deje de molestia en su voz, tratando de ser oculto por una sonrisa.

—¡Yuuri! No te enojes, yo solo…

Ambos callaron cuando el timbre se hizo sonar de nuevo. Víktor miró con fastidio hacia la sala, pues quien sea que estuviera ahí afuera había interrumpido el sueño de Viktoria y ahora lloriqueaba. Yuuri le hizo una señal con la mano a su esposo para que se encargara de Yukie mientras él iba por su otra bebé y a recibir a quien sea que hubiera llegado.

Hubo un acuerdo con sus miradas y una negación para dejar el tema por la paz, aunque al ruso no le pareciera. Katsuki salió a tomar a su bebé del lugar de donde reposaba, y después de acomodarla sobre su pecho y hombro, fue a atender a la puerta.

En la cocina, Víktor había decidido sentarse para mayor comodidad, y mientras Yukie terminaba con ansias su comida de esa hora de día, su padre iba preparando la mejor mala cara que tenía para ahuyentar a quien se hubiera atrevido a arrepentir ese tenso momento. Pero la mueca de disgusto le salió completamente natural al escuchar una voz de inconfundible acento americano. No sabía muy bien que había hecho mal, pero Yuuri y el karma estaban obteniendo una dulce venganza.

El ruso se puso de pie inmediatamente, dejando el biberón de lado y acomodando a su bebé sobre su pecho para que expulsara los gases, al tiempo que casi corría a la sala. Podría considerarse un bufido lo que salió de su garganta cuando vio a Brendan saludando a Yuuri con un abrazo y dedicando unos segundos para hablar con Viktoria, sintiendo como una traición que la nena no se quejara, sino todo lo contrario.

—Brendan…

—Víktor, buenas tardes —el médico logró verse lo más amable posible, con una sonrisa perfecta.

—¿Quieres pasar, Brendan? Estábamos a punto de comer —invitó Yuuri, y Víktor tuvo que guardar su reclamo para después.

—Gracias, pero solo venía a revisarte y aplicar unas vacunas a las niñas. Preferiría que con las bajas temperaturas salieran lo menos posible.

—¿Puedes aplicar vacunas fuera del hospital?

—No te preocupes, Víktor. Te enseñaré los frascos y las recetas para que no tengas de que preocuparte —contestó el médico a Víktor, quien tuvo que aceptar todo ante la mirada confusa de Yuuri. ¿De verdad no se daba cuenta de lo que pasaba? —Entonces…

—Podemos ir a la habitación para que sea más cómodo —sugirió Yuuri, y antes de que pudiera hacer otra cosa, Víktor se internó en ella, pues quería estar presente para lo que sea que pasara.

Brendan no tuvo más que reprimir una risa y seguir al lugar que le indicaba Yuuri. Tampoco le agradaba demasiado la idea de estar en el mismo lugar en el que Víktor y Yuuri compartían, no solo sus noches, sino también su vida. Pero siempre se iba a repetir que el profesionalismo era más importante, aunque para esos momentos, el japonés fuera más un amigo que su paciente.

Cuando entró a la habitación matrimonial, se encontró con Víktor sentado cerca de la cama, como si desde ese lugar pudiera vigilar todo lo que Brendan hacía. Decidió no darle importancia, ni más motivos para hacerlo hervir de celos, así que decidió proceder con tranquilidad.

—Yuuri, recuéstate en la cama y descubre tu abdomen, por favor. Solo quiero verificar que la cicatriz haya cerrado correctamente —el pelinegro hizo tal como le indicaron, ajeno a la mirada penetrante de su esposo. Sintió su piel erizarse al tener contacto con lo fresco que estaba el ambiente, lo cual hacía un curioso contraste con la mano cálida que lo palpó —Se ve muy bien. ¿Has sentido alguna molestia?

—No. Solo me dolía si me movía muy brusco. Pero desde hace un par de días que ya no siento casi nada.

—Muy bien. Se supone que ya pasó el tiempo obligatorio de descanso, pero no vamos a arriesgarnos. Tómate una semana más de los cuidados que estabas llevando y estoy seguro de que podrás volver a todas tus actividades normales.

—¿Todas?

—¡Víktor! —Yuuri enrojeció ante el tono pícaro con el que su esposo había soltado la pregunta.

—Sí, todas. Poco a poco y cuidando siempre de no hacer un esfuerzo mayor —Brendan pareció no inmutarse, aunque sabía que Víktor tenía toda la intención de ofuscarlo —Yuuri, me pareció notar que sigues tratando de amamantar a las niñas.

—Hago lo que puedo. No sale mucho y… bueno… quería hacerlo por lo menos hasta que cumplieran dos meses.

—No creo que puedas todo ese tiempo. Si fuera solo un bebé, tal vez. Pero no quiero que te lastimes o fuerces —Brendan le tendió una crema que ya había prometido llevar, de esas que mantenían la piel de pecho hidratada —No solo por fuera hay problemas. Puede haber muchas complicaciones si te fuerzas. Sí ya no estás produciendo nada, entonces es suficiente.

—Pero ellas… ¿no necesitan de anticuerpos y cosas así?

—Les diste lo que podías. La fórmula también podrá hacer eso —Brendan acarició su abdomen, mientras volvía a colocar la faja que Yuuri se había puesto para recuperar su figura. Tal vez él solo tenía un poquito de vanidad por el cuerpo que tenía antes de sus niñas —Te prometo que las nuevas investigaciones que haremos tratarán de solucionar esas cosas.

—¿Aún vas a trabajar en el procedimiento? —se interesó Víktor, que se había ocupado con anterioridad de investigar el tratamiento al que Yuuri se había sometido.

—Tenemos muchas cosas que mejorar. La lactancia, por ejemplo —explicó Brendan, mientras le indicaba a Yuuri que podía levantarse y sacaba cuatro frascos de su maletín junto con unos papeles —Algunos interesados propusieron que se buscara la forma de realizar un parto natural.

—¿Un qué? —Yuuri miró casi con terror a su doctor. No podía entender como alguien querría pasar por semejante calvario, si las contracciones ya las había sentido como la muerte.

—Creo que… es parte de querer que esta forma de embarazo sea lo más… ¿normal? Eso es lo que yo entendí, aunque implica cirugías más invasivas y un proceso de recuperación mucho más largo. No estoy del todo seguro, pero aún tenemos que someterlo a estudios y una aprobación.

—¿Qué no eres tú la mente maestra del procedimiento Detroit?

—Claro que sí, Víktor. Pero no podía solo ir y hacer que un hombre se embarace porque yo quiero. Necesito un respaldo, equipo médico con especialidades, financiamiento. Es como… como el patinaje. No puedes llegar solo, necesitarás un entrenador, patrocinadores, equipo —explicó el estadounidense, sin darse cuenta de que estaban entablando una plática sin asesinarse con la mirada.

—¿Tienes patrocinadores?

—Fue solo para el primer proceso. Cuando resultó que era un éxito, el financiamiento llegó solo y con los que se sometían al procedimiento.

—Ya que estamos hablando de eso… ¿Porqué no se había escuchado hablar de él? Algo como eso tuvo que tener gran impacto, noticias, cosas así.

—Bastante oposición tuve cuando presenté mi idea en algunos lugares. Si se lo presentaba al mundo, me arriesgaba a que los inconformes lograran acabar con la iniciativa. Y en ese caso, ni Yukie ni Viktoria estarían aquí.

—Recuerdo que encontré las noticias del procedimiento después de investigar mucho. Estaba en tu currículum y fue bastante complicado localizarte —el japonés recordó la noche en vela que había pasado buscando de página en página, yendo de una dirección a otra hasta que su nombre saltó.

—Y el procedimiento solo aparece como un estudio, aunque ya sea un hecho. Solo así pasaría desapercibido. Claro que… después de que se dieran a conocer los éxitos sobre esto, ya no es del todo un secreto. Las personas se mantienen incrédulas, pero no dudo que llegue el momento en que se den cuenta que es verdad.

—¿Quieres seguir manteniéndolo como un secreto?

—Por ahora preferiría que así fuera. Pero… pero solo hasta que la sociedad sea capaz de entender lo que esto significa. Yo no lo hago con ánimos de desafiar a la naturaleza, como algunos pensaron. Solo quería… complementarla. Ayudar a que el milagro de la vida estuviera más al alcance de todos aquellos que lo merecen y lo quieren —la pareja se dio cuenta de que el doctor tenía una sonrisa de satisfacción, aunque su mirada denotara algo como la nostalgia —Tiene sentido, ¿verdad?

—Muchísimo —aseguró Víktor, después de ver a sus bebés como lo que eran, un precioso milagro. Tal vez no habían llegado en las mejores circunstancias, ni la actitud de sus padres fue la mejor, pero no podía negar que, de no ser por Brendan, no habría conocido la felicidad que ahora le embargaba —Que bueno que… que decidiste hacerlo.

—Gracias —el americano le tendió a Víktor las órdenes de vacuna firmadas por el doctor Usmanov, junto con los frascos de la medicina sellados —Es lo que le aplicaré a las niñas. Revísalos para que estés seguro.

Víktor iba a negarse cuando el timbre de la casa sonó una vez más. Comenzaba a ser irritante tener tantas visitas inesperadas en un pequeño rato, sobre todo, si consideraba que su comida se estaba enfriando, pero no tuvo más remedio que ir a ver quién era.

—Está bien —le dijo al médico mientras se ponía de pie y dejaba a Yukie recostada e inquieta sobre la cama —Que la revise Yuuri, ya vuelvo.

—¿Quieres asegurarte de que todo está en orden? —le dijo Brendan a Yuuri cuando el ruso abandonó la habitación.

—Confío en ti. Pero la recibiré de cualquier forma. Perdona a Víktor, él es muy… intenso a veces —se disculpó el japonés con una leve reverencia.

—No te preocupes. Está bien que se preocupe por lo que reciben sus hijas —Brendan sacó cuatro jeringas con aguja de su maletín y notó, con diversión, que un escalofrío recorrió el cuerpo de Yuuri —¿No te gustan?

—¿Y a quién le podrían gustar?

—Cierto. ¿Es el recuerdo de la anestesia el día del parto o algo de la infancia?

—De la infancia. Del día que nacieron ellas no puedo recordar otra cosa que no fuera el dolor.

—Te entiendo. Ciertamente, es horrible.

—Es espantoso —se quejó Yuuri, abrazando su propio cuerpo.

—Pero creo que la satisfacción después de eso lo vale —Brendan sonrió y Yuuri asintió. Pero no pudo evitar temblar de nuevo cuando tomó un algodón y lo humedeció con un poco de alcohol —¿Puedes quitarle el pantalón a Viktoria? Y mantenla tranquila. Casi estoy seguro de que me odiará después de dos inyecciones seguidas.

—¿Dos qué? —Yuuri no tuvo más que soltar una risita cuando escuchó la expresión atónita al unísono de Víktor y Vladya, quienes se quedaron en el marco de la puerta con la vista clavada en las jeringas que reposaban en la cama.

—Las vacunas que corresponden a su edad —la mirada de Brendan se posó en el general Nikiforov, enterneciéndose discretamente al verlo cargar un par de gigantes peluches, uno de un conejo y el otro de un husky siberiano —General Vladya, buenas tardes.

—Un gusto, doctor Fitzgerald —saludó Vladya, observando con detenimiento al médico y luego a los potenciales aparatos de dolor que estaban a su lado —Perdónenme, los tres, si soy atrevido. Pero son mis sobrinas, así que debo preguntar. ¿No hay otra forma de darles las medicinas que no sea con… eso?

—Lo lamento, pero tendrá que ser así. Es por lo eficaz que resulta la sustancia si se inyecta en el muslo. Les prometo que será rápido y cuidadoso, así que, Víktor, ven aquí para que estés con ellas —el ruso asintió y fue rápidamente al lado de Yuuri, que sostenía a Yukie. La bebé se veía muy feliz en los brazos de su papá y los corazones de sus padres se encogieron un poco —Entonces… ¿Viktoria primero?

—Sí —susurró Yuuri, dejándola en la cama, apenas dándose cuenta de que Vladya entrado a la habitación y ya tenía a Yukie entre sus brazos, entretenida uno de los mechones plateados que se escapaban de la coleta del general.

Una vez que Viktoria estuvo recostada, Brendan procedió a llenar las dos jeringas que necesitaba con el medicamento correspondiendo. Víktor y Yuuri sujetaron cada uno la pequeña mano de la bebé, que seguía igual de risueña. Ambos se tensaron cuando el médico pasó el algodón con alcohol por unas zonas específicas de las dos blancas piernas. Ellos mismos se sintieron desfallecer cuando un grito agudo y de entero dolor salió de los labios de la pequeña peliplata cuando la aguja atravesó su piel.

—Oh por Dios, oh por Dios —Víktor se puso pálido, y apenas Brendan retiró la primera aguja, puso su rostro en el abdomen de la niña, pues solía hacer eso para hacerla reír —Ya, mi amor, tranquila. Solo una más, solo una más.

—Y… aquí vamos —el ruso podía jurar que su corazón se partió al ver a la nena llorar con más fuerza, al grado de que su rostro se tornó rojo cuando procedieron a inyectar su otra pierna. Viktoria se aferró con su mano a los dedos de Yuuri que tenía a su alcance al tiempo que Víktor le decía todas las palabras de amor que le eran posibles. Brendan retiró la aguja y puso de nuevo el algodón donde había quedado un diminuto punto de sangre —Listo, preciosa bebé. Ya se acabó.

—Ven aquí —Víktor tomó inmediatamente a su hija, haciéndose cargo del algodón y acomodándolo sobre su pecho. Viktoria seguía llorando, pero se apaciguó poco a poco en el regazo de su padre —Ya, mi cielo, ya. Ya pasó. ¿Quién te hizo llorar? —un sollozo salió de los labios de la bebé —¿El doctor malo? —balbuceo —Sí, mi amor, es muy malo. ¿Te dolió, pequeñita? —sollozo —Lo sé, hermosa, lo sé. Pero ya pasó —sollozo y un quejido —Sí, mi bebé, papá está aquí. El doctor malo ya se va a ir.

—Víktor... Brendan no es malo —se quejó Yuuri, mientras preparaba a Yukie después de recibirla, aunque también sentía el mismo impulso por levantarse y consolar a su pequeña.

—Sí soy malo, Yuuri. Sé que, si los niños que he inyectado hablaran, dirían que soy el hombre más malvado —Brendan restó importancia a los intentos de Viktor por calmar a Viktoria. De cualquier forma, no era el primero que le decía doctor malo, aunque el hecho de que fuera el esposo de Yuuri quien lo decía tenía un significado diferente —Bueno, vamos con Yukie.

El problema con la pequeña pelinegra fue que, desde que dejó los brazos de su tío y hasta que estuvo en la cama, se encontraba inquieta y tenía un creciente puchero en sus labios.

—Que bebé tan inquieta —le dijo Brendan a la pequeña cuando estuvo frente a ella con el medicamento listo —Vamos a hacerlo rápido, nena.

Y así como lo dijo, fue. Contrario a su hermana, Yukie, en medio de su propio ajetreo, solo dejó salir una mueca de desagrado cuando la primera aguja se insertó, y terminando por gritar un poco en la segunda inyección.

—No, no, no. Yo me encargo. Tú la tienes todo el tiempo —Vladya se ocupó de recibir a su pequeña antes de que Yuuri la tomara. No hacía falta un gran consuelo con ella, salvo porque era imborrable de su rostro la mueca de disgusto.

El general la acunó entre sus brazos y se sentó en uno de los sillones que había en la habitación mientras le daba unos castos besos en su cabeza. Víktor lo miró con extrañeza un momento, casi jurando que le habían cambiado a su hermano. No había forma, por lo menos no lógica, de pensar que el mismo hombre que lo había despreciado cuando eran solo niños, y que casi lo odió cuando supo de su matrimonio, se viera tan tierno y amoroso con el par de bebés, como si fuera un enorme oso de felpa. No el soldado reacio y el estricto general en el ejército, sino el tío que más amor tenía que dar, el que más devoto era a sus sobrinas.

—Eso es todo —dijo Brendan, empezando a guardar sus instrumentos y sonriendo al ver a los rusos tan enfocados en las bebés, por lo que decidió no interrumpir y hablar con Yuuri —Ambas necesitarán que cada mes se le apliquen sus vacunas, así que menciónalo al doctor Usmanov cuando vayan a los controles. Él tiene instrucciones de asegurarse de que Viktoria no tenga algún problema respiratorio que derive de sus días en la incubadora.

—Yo la he revisado y siempre despierto en la noche. Respira con normalidad —aseguró Yuuri, recibiendo una sonrisa de su doctor.

—Me alegra escuchar eso. Por cierto, Yuuri, veo que tienen las cunas de las niñas dentro de su habitación. ¿Has probado a dormir con ellas?

—No… solo las acercamos lo más posible a la cama.

—Creo que sería adecuado que probaran dormir unas noches con ellas. Tal vez solo con una para que no haya algún peligro. Pero creo que a los cuatro les va a servir —Brendan sonrió cuando terminó de guardar todo —No dejen de asistir a los controles de ambas y respeta los tiempos que te dije. El doctor Usmanov tiene el conocimiento completo de lo que necesitas.

—¿Pero no haces tú todo eso? —preguntó Víktor, sin dejar de mecer a su bebé.

—Regreso a Detroit mañana —Yuuri se quedó algo estático, y aunque Víktor celebró internamente, solo un poco, no estaba del todo seguro que fuera posible que alguien le diera mejor atención y dedicación a sus hijos y esposo que el americano —Tengo pacientes es Estados Unidos y en el hospital ya se requiere mi presencia.

—Pero… yo…

—Tranquilo, Yuuri. Los tres están muy bien y ya han empezado a crear una vida regular. Estarán en perfectas condiciones, y sabes que, ante cualquier situación, en el hospital te darán la atención, y yo haré lo que pueda para ayudarte.

—Espero que sí. Confío plenamente en ti.

—Además, no creo que tengan otro bebé pronto, ¿verdad?

—Practicaremos, eso seguro —soltó Víktor, enrojeciendo a todos en esa habitación, que era justo lo que pretendía.

—Bueno… estaré complacido de atenderte de nuevo si fuera el caso. Pero, por favor, esperan por lo menos uno o dos años. No quiero pensar que los bebés Nikiforov-Katsuki serán todos igual de impacientes.

Víktor si rió, pues estaba seguro de que esa impaciencia provenía de Yuuri. El matrimonio acompañó al doctor a la salida del cuarto, deseándole ambos la mejor de las suertes y prometiendo que estarían en contacto, el ruso haciendo un esfuerzo por no poner una mala cara cuando su esposo y Brendan se abrazaron con fuerza. No era completo alivio lo que sentía cuando cerró la puerta y dejó de ver al médico, porque sabía, muy a su pesar, que su familia estaría siempre segura con él. Pero seguía sin poder tolerar el obvio sentimiento de Brendan hacia Yuuri, y aunque el japonés no lo notara, no por eso significaba que no debía darle importancia.

—¿Qué tienes? —preguntó Yuuri al ver serio a su esposo.

—Nada, amor. Me sigue dando escalofríos que hayan hecho llorar a mis niñas —se justificó para no dar explicaciones —¡Tengo hambre!

—Tengo que calentar la comida de nuevo. ¿Te quedarás a comer con nosotros, Vlad? —inquirió el pelinegro cuando volvieron a la habitación, enternecido de ver a Nikiforov acomodando a Yukie en su cuna cuando esta se quedó dormida.

—No puedo, lo siento. Hay alguien que me espera en casa y no me gusta dejarla sola tanto tiempo.

—¿Quién? ¿La niña que siempre está contigo? —quiso saber Víktor, acomodando a una durmiente Viktoria al lado de su hermana en la misma amplia cuna.

—Sí, ella. Es de Gregori y… le prometí cuidarla hasta que volviera —explicó el general, saliendo del cuarto seguido de su hermano y hermano político para buscar los gigantescos peluches que había traído.

—¿No tiene más familia?

—No es algo que me guste contar, pero no. Está sola, solo tenía a su madre y a Gregori, pero ahora no los tiene a ninguno de los dos.

—Oh… —Yuuri se sintió decaído de un momento a otro, pues no podía imaginar a una pequeña sola a tan temprana edad. Por un momento, se imaginó que sería de sus hijas si Víktor y él les faltaran. Aunque sabía que no estarían solas, no concebía la idea de que se quedaran sin las personas que más las amaban —Vladya… si podemos hacer algo por ella, creo que… deberías decirnos.

—Claro que sí. Lo que sea —apoyó Víktor, contagiado del sentimiento de Yuuri —Puedes traerla aquí para que esté con Yukie y Viktoria. Tal vez no puedan jugar, pero… pero no estaría sola.

—Lo voy a pensar. Cuando hablé con Gregori de nuevo, le preguntaré si está de acuerdo.

—Sí, no lo dudes. Entonces, ¿no te quedas?

—¿Para seguir sintiendo como Víktor está a punto de comerme a mí y no a la comida? No, gracias. Solo venía a dejar esos peluches que encontré en una tienda, ya debo irme.

—Por favor, no dudes en pedirnos ayuda con ella. Quizás podemos darle un momento de alegría.

—Sí, lo haré. Nos vemos, cuiden a mis sobrinas. Yuuri… cuida a Víktor.

El matrimonio rió por el comentario. Momentos después, Vladya salió de la cocina y Víktor no pudo evitar ver con una mirada suplicante a Yuuri, rogando que ambos se pusieran a comer, pues ya se sentía mareado a falta de comida.

—¡Yuuuuri! ¡Yuuuuri! Ya no quiero más visitas —lloriqueó en el hombro de su esposo mientras lo veía calentar por segunda vez los alimentos.

—Vamos, Vitya. Es lindo recibir visitas. Si no fuera por las niñas, estaríamos muy solos aquí todo el día.

—Pues sí, pero… pero por un día está bien —suspiró, tomando los platos que Yuuri le tendió para que llevara a la mesa —Si llega una sola persona más a interrumpir te juro que…

—¡Anciano! ¡Katsudon! —Víktor casi se va de bruces al suelo con todo y platos al escuchar la voz de Yurio acercándose desde la sala de estar. Siempre se le olvidaba que su joven compatriota tenía unas llaves para que cuidara a las niñas siempre que pudiera y que los padres estuvieran agotados.

—¿Decías? —Yuuri miró burlón a su esposo, quien se había resignado y optó por ignorar a Yurio y empezar a comer.

—Hola —Yuri entró de un curioso buen humor a la cocina, sentándose frente a Víktor y recibiendo, para su gusto, un plato de la comida de Yuuri —¿Y las mocosas?

—Dormidas. Brendan vino a vacunarlas y les dolió mucho. Lloraron todo el tiempo —contó Víktor, exagerando para molestar al rubio.

—¿Eh? ¿Y dejaste que les hicieran eso? —reclamó el rubio.

—Era por salud.

—Yo no voy a dejar que le hagan eso a mis hijos.

—¿Quieres hijos, Yurio? —se sorprendió el japonés, con una mueca de satisfacción al comer después de las interrupciones.

—Bueno… quizás. ¿Porqué? ¿No puedo?

—Claro que sí. Es que no sé como serías como padre —comentó Víktor, ganándose un golpe en el brazo de Yurio —Pero está bien. ¿Ya saben la fecha de la boda? ¿Algún preparativo?

—No y no. Beka y yo decidimos esperar a que mi abuelo se encuentre mejor. Pero… ¿A finales de año? ¿El próximo año? No sé…

—Podríamos ver algunos lugares, tal vez pensar en a quienes quieres invitar, padrinos…

—¿Están esperando a que se los pregunte? —replicó el chico con mala cara.

—¿Eh? ¿Qué nos preguntes qué? —Víktor no pudo disimular su sorpresa y emoción, pero no iba a decir que sí, ni dejar que Yuuri lo hiciera, hasta que Yurio lo pidiera con todas sus letras.

—Entonces tú no. Solo el katsudon —terció el rubio, buscando el apoyo del esposo de su compatriota.

—¿Qué? ¿Yo qué? —Yurio tuvo ganas de patearlo al ver la sonrisa irónica del japonés.

—Ok. Entonces no. Se los diré a las cerditas —sentenció, llevándose una enorme cucharada de sopa a la boca.

—Legalmente, no pueden más que entregarte los anillos para que se vea bonito…

—¡Ya cállate, Víktor! ¿Quieren ser los jodidos padrinos de anillos o no?

—¡Ya suena como Otabek! —gritó Víktor en medio de una carcajada, y a pesar de que una cuchara salió volando en su dirección, la esquivó y siguió riendo.

—Va a morir hoy —Yurio se levantó de la mesa con claras intenciones de ir a por Víktor, pero Yuuri fue más rápido y lo tomó por los hombros, fulminando a su esposo con la mirada para que se callara, aunque él mismo estaba luchando para no reírse.

—Yo sí quiero, Yuri. De verdad, me encantaría.

—¿Tú si estás hablando en serio? —si la mirada de Yuri pudiera matar, ya sería responsable de un homicidio y una tentativa —Sí vas a hacer lo mismo que Víktor te juro que… que escondo a tus bebés.

—Estás perdiendo el toque en tus amenazas, Yuri.

—Entonces no reclames cuando un día despiertes y no encuentres a cerdita uno y dos en sus cunas.

—Vamos, Yuri, si quieres que te adoptemos solo tienes que decirlo. Estoy seguro de que tu abuelo estaría muy feliz —Víktor se acercó, pero recibió un manotazo por parte de ambos —¿Qué?

—Si no fuera porque… porque tú vas a llevar a Yukie y a Viktoria… no te invitaba.

—¿Entonces me desprecias?

—No…

—¿Te agrado?

—No…

—¿Lo que querías decir era que querías que fuera tu padrino a base de amenazas?

—Algo así… —Yurio escondió su mirada debajo de los mechones rubios, pero, aun así, su sonrojo era un poco evidente. Yuuri tuvo que comunicarse con Víktor solo por miradas para hacerle entender que ya no debía molestarlo.

—Yuri… ya entendimos, los dos —le aseguró el japonés, retirando con su mano las hebras doradas que cubrían su rostro —Y claro que nos gustaría.

—¿De verdad? Yo… bueno… Beka dijo que debíamos pedirlo juntos… pero en verdad odio las formalidades. Además, Víktor tampoco lo hizo.

—Tampoco me gustan. Pero sí, claro que lo haremos —Víktor le ofreció la mano en señal de paz, y Yurio resopló antes de dársela —Pero Otabek si tendrá que venir a pedirlo.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Porque sigues siendo nuestro pequeño, así que dile que espero que venga aquí a pedir tu mano.

La siguiente media hora, otra ola de reclamos, insultos y uno que otro golpe circularon entre los tres. Yurio estuvo a punto de dejar a Yukie y a Viktoria huérfanas de padre ruso en más de una ocasión, bajo la mirada resignada de Yuuri, que solo esperaba que al final del día tuviera la mitad de su esposo servible.

La rencilla paró hasta que un débil sollozo y unos balbuceos se dejaron oír desde la habitación del matrimonio, y Yuri no dudo en tomar los biberones que ya se habían preparado e ir por las niñas. Se quedó toda la tarde, combinando sus últimas tareas de la universidad con el cuidado de la bebé que tuviera a bien quedarse despierta mientras Yuuri dormía y Víktor revisaba algunas coreografías.

Por lo menos, pensó, no habría más interrupciones ni visitas en el día, porque cada una había sido especialmente extraña, y sus bebés habían terminado llorando en todas. Era un alivio que la noche se presentara tranquila. O casi…

"¡Vitya! Llevó mil horas llamándote."

—Lo siento, Yakov. Yurio dejó inservible mi celular hace un rato. ¿Qué sucede?

"Voy a v tu casa con Lilia en este instante, tenemos que hablar de unos asuntos."

—Yakov… —el tono con el que lo dijo fue casi un reproche, al que el entrenador ruso respondió con un gruñido.

"Te dije que no te iba a dejar retirarte nada más porque sí. Además, no he visto a mis futuras aprendices en varios días. Tienen que saber que, si son hijas tuyas y de Katsuki, me aseguraré de que también sean las mejores."

¡Hola! Ya sé que he tenido esta historia muy abandonada, pero lo cierto es que me estoy concentrando más en avanzar la otra. Pero como ya soy libre de clases un mes, trataré de adelantar los dos y el fic del otro fandom lo mas que pueda.

¿Quién diría que estas hermosas bebés darían tantos problemas después? Yo digo que de ángeles pasaron a ser los peores diablos… pero siempre sucede así cuando crecemos.

Espero que les haya gustado la entrega de hoy. Agradezco de antemano sus comentarios, siempre me hacen el día. ¡Saludos a todos!

Maryteresaichimo: ¡Hola! Perdón la ausencia. Si, voy a abarcar todos los embarazos, por eso hice esta historia, para que la otra no tuviera relleno innecesario, pero claro que en la que más ahondaré es en la de ellas porque es el primero y son nuestras protagonistas, pero prometo que no lo haré tedioso. ¡Gracias por seguir leyendo! ¡Un saludo enorme!

Zryvanierkic: Jejeje. Leí tu respuesta y me dio risa al principio porque ya sabes la maldad que planeo para ver a mi Vitya embarazado. Sabes que amas a Laryssa, no lo niegues. Solo que le gusta proteger lo que, en teoría, es medio suyo. ¡Un abrazo koaloso! Te quiero.