La vida da cambios radicales sin que nadie pudiera verlos venir. O eso pensaría cualquiera que conociera a aquella chica pelirroja que caminaba hacia su hotel con las últimas luces del atardecer en Los Ángeles.
Reconocida a nivel internacional, quién podría decir que aquella niña que había cambiado el fútbol sería una de las jóvenes promesas de la moda. Si le preguntaran a ella veinte años atrás hubiera empezado a reírse sin ser capaz de imaginarse semejante escena.
Y ahí estaba, tras haber cerrado uno de los mejores contratos que hubiera podido soñar cuando empezó en todo aquello. Lo único que no le gustaba de la persona en la que se había convertido era que pasaba demasiado tiempo lejos de todo lo que quería y le importaba. Pero si aquello salía bien no tendría que moverse tanto y podría volver a su hogar.
Habían pasado casi 10 años desde que por una cosa o por otra había empezado a ser imposible mantener el contacto con todos sus amigos. Lo había intentado, pero las preocupaciones de todos, ahora ya adultos en vez de niños, se les habían venido encima de repente. Y no habían podido hacer nada, aunque ella lo había intentado. Bien sabían todos que lo había intentado…
Llegó a la recepción del hotel, pidiendo su llave amablemente antes de subir para cambiarse de ropa y poder disfrutar de una cena tranquila. Se lo había ganado después de tanto trabajo y tras haber vueltos con los deberes hechos.
El sonido de un taconeo corriendo hacia ella por el pasillo la hizo girarse para ver llegar a su ayudante, una chica a la que le sacaba una década prácticamente y apenas estaba empezando en aquel mundo. La había inventado a acompañarla en aquella ocasión a sabiendas de la ilusión que le haría y, sobre todo, porque necesitaba un apoyo.
Frenó a escasos pasos de ella quedándose mirándola fijamente, esperando las tan ansiadas noticias-. ¿Qué han dicho?
- ¿Qué han dicho quiénes? – sonrió divertida viendo la impaciencia en Haru, viéndose delatada por sus propias ganas de compartir la noticia-. Lo hemos conseguido, han firmado el contrato.
La respuesta de la más joven de las dos fue dar un grito ayudo de celebración antes de lanzarse a abrazar a su jefa. Por suerte la relación que tenía con ella era lo suficientemente cercana como para permitirse ese tipo de comportamientos, aunque cuando había más gente el trato entre ambas fuera totalmente correcto y formal.
- Venga, voy a cambiarme y luego nos vamos a celebrarlo por todo lo alto que dentro de dos días nos volvemos a Japón.
Asintió a las palabras de la pelirroja y fue tras ella.
- ¿Y qué vamos a hacer ahora? – preguntó Haru antes de darse cuenta de darse cuenta de que quizás se estaba metiendo donde no la llamaban y pasando a ponerse roja hasta la punta de las orejas-. Lo siento no es cosa mía… solo estoy de prácticas y…
- No digas tonterías, me has ayudado muchísimo con este proyecto – no tenía pensado deshacerse de ella, especialmente pudiendo permitírselo-. Lo que vamos a hacer es tomarnos un tiempo de descanso mientras que la nueva colección sale a la luz, creo que nos lo hemos ganado.
Se lo había ganado con uñas y dientes, nadie diría lo contrario de ella. Había tenido que renunciar a muchas cosas para perseguir su sueño, incluso a la compañía de una de los seres más importantes en aquel mundo para ella teniendo que dejar a Biyomon con su madre durante aquellos largos meses de viajes.
Mientras que cenaban en el restaurante del hotel las noticias estaban puestas de fondo. Normalmente prefería no saber nada de ellas, solo conseguían ponerla de mal humor con todo lo que pasaba en el mundo, pero en ocasiones como aquella no podía evitarlo.
No les prestaba demasiada atención centrándose más bien en los parloteos de Haru mientras que cenaba. Le recordaba demasiado a Mimi, quizás por eso la hubiera dejado acercarse a ella con tanta facilidad. Sonrió ante ese pensamiento antes de llevarse el tenedor a los labios y dar un bocado.
- ¡Anda! – la escuchó decir de repente girándose hacia la televisión-. ¿Ya vuelven hoy?
- ¿Ya vuelve quién? – se giró buscando a alguien aparecer sin ver a nadie.
- No, en la tele – se la señaló-. Hace unos meses salió en todas las noticias que por fin habían conseguido alcanzar la superficie de Marte y parece que hoy era el día que por fin se aproximarían a nuestra órbita de nuevo.
Arqueó una ceja mirándola. Aquello era muy interesante pero, si era sincera con todos, no le interesaba demasiado el tema, y tampoco había tenido tiempo para dedicarse a estar pendiente de los progresos del programa espacial del país que fuera. Ella se conformaba con las veces que había podido tocar el cielo bajo las alas de su querida compañera Digimon.
- No sabía que te interesase tanto el tema… - acabó por decir por educación, tampoco sin mirar demasiado hacia las noticias.
- Siempre me ha parecido interesante, ¿a ti no?
No, a ella no. Quizás porque fuera un tema del que había preferido no saber nada desde hacía años ya aunque se negara a reconocerlo incluso a sí misma. Era un tema que inconscientemente había ido volviendo más y más tabú en torno a ella y todos se habían ido amoldando a ello.
- Lo justo – contestó al final.
No hizo caso de lo que estaban diciendo, continuando con su cena. Seguramente esas noticias ni le fueran ni le vinieran así que prefirió dejar a Haru entretenida con ellas si tanto le interesaban. Por suerte, pronto cambiaron de noticias y la más morena volvió a centrar su atención en ella.
- ¿Vamos a pedir postre?
- ¿Cuándo no? – le sonrió divertida ante la pregunta, ¿le había pedido permiso?
Prácticamente cuando la camarera les traía lo que habían pedido la atención de la más joven volvió a ser totalmente captada por la televisión, en dónde volvían a dar las noticias.
"Cortamos la programación para la retransmisión en directo con el informe que nos llega desde el centro de operaciones espaciales. Parece ser que se han registrado anomalías y se ha perdido la señal de la nave. No se ha podido establecer contacto con ninguno de los tripulantes. Los últimos informes afirman que parecían tener problemas graves para trazar la trayectoria de entrada"
Eso llamó la atención también de la pelirroja. ¿No se suponía que esas cosas ya se habían vuelto más seguras como para que después de haber ido tan lejos los problemas llegaran al volver a casa? Ladeó la cabeza posándola sobre una de sus manos decidiendo prestar atención a lo que estaban diciendo.
"Lo último que se nos ha permitido conocer han sido las órdenes del comandante, quien parecía intentar recuperar el control de la nave justo antes de que las comunicaciones quedaran cortadas por completo".
No quería imaginarse a los familiares y seres queridos que estuvieran esperando por la vuelta de aquellos tripulantes cuando escucharan aquellas noticias. Quizás ellos ya lo supieran de antes, pero no le gustaría ponerse en ese papel. Tenía que ser horroroso sentir tal impotencia y a la vez no saber absolutamente nada de lo que pasaba o no con aquellos que querías. De verdad que lo sentía por ellos.
"La ambiciosa misión contaba con una de las mejores tripulaciones para poder conseguir alcanzar la superficie del planeta rojo con éxitos. No era el primer viaje de ninguno de ellos, especialmente para el comandante quién ya se encontraba en su cuarta y última misión. Este ambicioso proyecto es hijo de la unión de los programas espaciales de varias naciones…"
En las noticias siguieron hablando, pero a medida que habían ido comentando la información sobre la misión fueron apareciendo una tras otra las imágenes de los miembros de la tripulación mientras que los nombraban.
No era una mujer que fuera excesivamente pálida, pero en aquel momento podría haberse confundido con un fantasma. Sus músculos se tensaros, sus ojos se quedaron congelados en la pantalla y apenas pudo abrir ligeramente los labios para boquear cual pez fuera del agua. La dividida pantalla que mostraba las imágenes del despegue compartía en aquellos momentos con un sonriente rubio de ojos azules días antes de partir. Un rubio de ojos azules que ella conocería sin importar el tiempo que pasara o dónde estuvieran.
Se puso en pie sin poder evitarlo, sin pensar siquiera en cómo estaba reaccionando, acercándose hacia la televisión como si así pudiera escuchar mejor las noticias. ¿Era una alucinación de su subconsciente? ¿Se lo estaba imaginando?
"…Ishida…".
Aquel apellido resonó en su cabeza con eco, cada vez más fuerte.
Haru la miraba sin entender nada. No podía encontrar una explicación razonable a que su jefa estuviera tan sumamente indiferente un segundo y al siguiente pareciera que iba a entrar en un colapso nervioso en cualquier momento.
No se atrevió tan siquiera a preguntarle si estaba bien. Estaba segura de que no la iba ni a escuchar, seguía congelada mirando hacia la pantalla. ¿Habían dicho algo raro? ¿Se había perdido algo importante de lo que habían dicho?
Los minutos pasaron más lentamente de lo que ninguna de las dos hubiera podido imaginar. Sora permaneció con la mirada clavada en la pantalla, notando como al permanecer demasiado tiempo sin parpadear hacía que notara la mirada vidrioso, sin estar del todo segura que no fuera del shock en el que se encontraba.
- Por favor… - murmuró en voz muy baja que ni siquiera Haru fue capaz de escuchar ya que solo la vio mover los labios.
¿Qué le pasaba? ¿Por qué se comportaba de forma tan extraña? La atención de la morena quedó totalmente desviada hacia su acompañante, ignorando totalmente lo que estaban diciendo en las noticias. Jamás la había hecho reaccionar así ante nada. Parecía que en cualquier momento fuera echar a desvanecerse o echar a correr. No la conocía lo suficiente aún para tenerlo claro y no entendía nada.
"Retomamos las comunicaciones para informarles de que por fin se ha recibido señal de la baliza localizadora. No se tiene noticias de los tripulantes todavía pero la nave parece estar en perfectas condiciones… ¡Oh! ¡Hemos recibido por fin señal! ¡La nave se dirige en perfecto estado hacia el punto de aterrizaje! ¡Todos están bien!"
Miró unos segundos hacia la televisión y luego hacia la pelirroja quien parecía en estado de… ¿Acababa de salir corriendo de allí?
- So… ¿Sora?
No había podido aguantarlo más.
Apoyada en el lavabo se acababa de enjuagar la boca para eliminar el sabor de ella. Toda la tensión que había acumulado en cuestión de minutos había explotado en ella atacando a su estómago haciendo que tuviera que vomitar.
Una punzada de miedo, terror, preocupación y, a la vez, multitud de recuerdos, se había apoderado de ella con escuchar un simple nombre. Cuando toda esa tensión se había roto la había atacado de tal forma que prácticamente no había tenido tiempo de llegar.
Pálida, temblorosa y con las manos sudorosas intentó recomponerse sin conseguirlo-. Han dicho que está bien…
Hacía mucho tiempo que no había sabido nada de él. La carrera profesional de todos había hecho que pagaran precios muy altos para perseguir sus sueños, especialmente aquellos que habían apuntado más alto. Ya ni decir de aquel que prefirió irse en busca de las estrellas… lo había apoyado, era lo que los amigos hacían, pero por culpa de eso habían pasado ya diez años en los que no había vuelto a cruzarse con él.
Era lógico que reaccionara así, no todos los días una noticia así se te estrellaba en la cara sin que pudieras verla venir de ninguna forma. Escuchó cómo llamaban a la puerta y a continuación decían su hombre… intentando parecer lo más recompuesta posible abrió, sonriendo ligeramente a su ayudante.
- Lo siento… creo que algo me ha sentado mal…
Aquella noche, no pudo pegar ojo.
