Una semana más tarde, en el aeropuerto de Tokyo varias cámaras captaban una curiosa escena en la que un chico joven se saltaba las barreras de contención para ir corriendo a abrazar a un recién llegado Yamato Ishida.

La noticia del incidente había dado la vuelta al mundo y, aunque todo hubiera salido bien al final, eso no quitaba que su hermano aún tuviera pesadillas por las noches. Takeru corrió directo hacia él-. ¡Hermano!

Se le cayó la bolsa que llevaba colgando del hombro, aún sin poder soltar la maleta al quedar atrapado por el repentino ataque del chico. Le devolvió al gesto como pudo, haciendo malabares con sus pertenencias.

- Solo fue un fallo informático, ya te lo dije... – repitió por enésima vez aquella misma semana, antes de dejar un poco de lado su aparente facha para apretar con más fuerza a Takeru.

No lo admitiría, pero quizás hubo algún momento en que llegó a plantearse que no volvería a verlo. No estaría bien tampoco que lo dijera en voz alta, no quería preocuparlos más de lo que ya habían estado. Era mejor mantener la versión oficial.

Venga, vamos a casa antes de que a papá termine de darle el infarto que aún no sé cómo no le ha dado todavía…

- Creo que algo decía que querías acabar con él a base de disgustos – soltó a su hermano mayor y le cogió la bolsa que llevaba al hombro para ayudarlo. ¿Esa bolsa no pesaba demasiado?

Abrió ligeramente la cremallera a sabiendas de lo que se podía encontrar dentro ampliando, si aún era posible, más su sonrisa. Su hermano y Gabumon, por fin, habían vuelto a casa.


Horas más tarde, cuando por fin habían conseguido tranquilizar a Hiroaki y que entendiera que no le iba a servir de mucho gritarle a esas alturas de su vida que no tenía permiso para darles esos disgustos, se asomaron a la terraza del piso observando la ciudad en calma dejando al digimon dormir en el sofá.

- ¿Te llegó la invitación?

- Sí, la tenía esperándome en la base cuando por fin nos dejaron regresar – asintió-. Taichi… se casa. ¿A quién habrá conseguido engañar? – habían sido muchos años los que había tenido que estar lejos de todos y no había tenido oportunidad de mantener mucho el contacto con los demás.

Incluso aunque hubiera querido, el último viaje había sido cosa de meses y meses… no habría podido estar presente en la vida de ninguno de todos ellos hiciera lo que hiciera. Pero aquello quedaba atrás ya. Miró unos segundos a Takeru.

- Me he retirado – soltó de golpe con la mirada fija en el horizonte.

- ¿Qué?

- Me dieron la opción después de esta viaje…

- ¿Y quieres hacerlo?

- Pues… Quiero una vida, Takeru. Todo esto ha estado muy bien, pero mientras que duró… No es necesario alargarlo más. He podido hacer cosas que ni hubiera soñado que sería posible de hacer, ahora quiero poder salir un viernes de noche con mis amigos de siempre.

Sus prioridades habían cambiado. Él había cambiado. El susto había cambiado muchas cosas dentro de él. Por eso había decidido apuntar más bajo… o más alto, según se mirase. No pretendía conquistar un planeta, ahora solo quería una vida normal. Una vida, nada más. Notó la mano del otro en su hombro.

- Me alegro por ti. Creo que has hecho bien… y así no nos quedaremos huérfanos de un disgusto.

Se rieron a la vez.

- No se lo digas a nadie todavía, prefiero ir dando la noticia yo. Además, ahora tengo tiempo, no tengo intención de irme de aquí en una buena temporada – nada lo ataba a otro lugar ya-. Y el tema importante, la dichosa boda, ¿conoces a la loca que ha aceptado semejante cosa?

- Sí, claro, ¿cómo no la iba a conocer? Es una compañera del trabajo… Ya sabes, desde que finge ser un diplomático serio y se cortó el pelo suele dar el pego más que antes.

- Es por el pelo… - sonrió.

Se alegraba por aquel que un día hubiera sido su mejor amigo. Quizás lo siguiera siendo, para él, al menos, lo era. Entendería que la relación se hubiera enfriado, pero podría volver a llevar las cosas a como estaban en su día.

La noticia del enlace le había llegado en forma de invitación días atrás cuando había regresado a la base. Lo había pillado muy de sorpresa ya que no estaba en sus recuerdos que Taichi tuviera algún tipo de relación seria o que tan siquiera fuera capaz de aquello. Confirmó su asistencia con un correo electrónico de forma casi inmediata de todas formas.

- ¿Qué ha sido de los demás? – no era el único del que no había vuelto a saber nada.

- Están todos bien… Hace tiempo que no veo a algunos, pero en general están bien. Supongo que cuando se enteren de que has vuelto querrán comprobar con sus propios ojos que estás de una pieza. Además, gracias a la boda seguro que estaremos todos en el mismo continente, si me apuras por primera vez en años…

Hubo un tiempo en el que no habían estado nunca lejos de la misma ciudad todos, y ahora hablaban de estar en distintos continentes. Era lo que había traído consigo crecer. No se atrevió a indagar más, con eso le servía.

- Me voy a la cama, ha sido un día muy largo… - una vez dicho aquello fue hacia el sofá, cogiendo con un brazo a su compañero para llevarlo con él a la que un día había sido su habitación.


Era curioso como ya apenas quedaba nada de los niños que todos habían sido un día. Incluso los más jóvenes entre ellos ya tenían edades en las que empezar a pensar en el futuro. Es más, muchos de ellos ya lo habían hecho e incluso tenían sus propias familias sin la necesidad de haber tenido que dejar sus proyectos personales a medio camino para ello. Parecía que aquellos que llevaban la delantera siempre en todo eran los que se habían quedado más atrás, aunque quizás no fuera más que cuestión de tiempo, como en el caso de Taichi…

El que un día había sido el líder de los Niños Elegidos estaba sentado en un banco del parque con aire distraído mientras que observaba por el rabillo del ojo como Agumon terminaba de comerse el helado que le había sacado como parte de su tercer desayuno.

- Menos mal que en el nuevo puesto me pagan bien porque como sigas comiendo así no sé si me va a dar para todo – le dijo riéndose antes de decidir que hacía el buen tiempo suficiente como para quitarse la chaqueta y quedarse en mangas de camisa.

Sí, camisa. Poco quedaba en él del niño de cabello revuelto que siempre llevaba algún tipo de indumentaria relacionada con el fútbol encima. Había crecido y, aunque había pasado mucho tiempo sin tener claro qué hacer con su vida, finalmente había encontrado su verdadera pasión. Y era bueno en ella. Eso había implicado muchos cambios en él, volviéndose más calmado y con la cabeza más fría. A su vez había cambiado todo lo demás, su modo de vida, incluso su aspecto, más serio y profesional que nunca, incluso en un día en el que no tenía que trabajar.

Dejó la chaqueta a su lado, aprovechando para mirar la hora.

- ¿De verdad hemos sido los primeros en llegar? – había intentado citar allí a sus amigos de toda la vida.

Y la palabra clave era que lo había intentando ya que la respuesta de aquellos que habían podido hacerlo había sido que intentarían llegar. A lo mejor ninguno podía llegar a tiempo… no había avisado a los más pequeños, a esos los tenía mucho más vistos del día a día. Quería retomar más o menos el contacto cercano con todos ellos antes de tener encuentros incómodos en la boda. Sabía que existía esa posibilidad y no pensaba dejar que nada le distrajera de su día.

No mucho más lejos de dónde estaba el moreno un par de ojos azules lo observaban. No dudaba en si acercarse a él o no, solo lo observaba divertido ante lo que veía. Si no fuera porque estaba prevenido tendría que pedir que alguien le demostrara que aquel era el mismo Taichi Yagami que él había dejado en Japón años atrás.

Quizás el hecho de que fuera con su digimon fuera la única pista que lo delatara, pero sino, quizás hubiera pasado de largo sin darse cuenta. Bajó la mirada hacia su compañero, cruzando un gesto divertido con él antes de echar a andar.

- Porque llevas a Agumon contigo sino tendría que llamar a tu hermana para que me diera indicaciones de cómo reconocerte… - fue su saludo al acercarse hasta uno de los laterales del banco en el que estaba sentado.

El moreno giró la cabeza automática al reconocer una voz demasiado familiar a su lado encontrándose de pleno con Yamato. De todos los que quizás habría esperado ver aquel día, un 3 de agosto, quizás fuera al que menos esperase encontrar. Lo miró, sin disimular la sorpresa en el rostro hasta que por fin algo conectó en su cabeza recordando todo lo que había estado escuchando en las noticias los días atrás.

Y menudo susto que se había llevado al leerlo todo al salir de una reunión… No tardó mucho más en reaccionar, poniéndose en pie para abrazar a su amigo por primera vez en muchos años con fuerza. La respuesta no se hizo esperar.

- Casi nos matas a todos de un infarto – dijo sin haberlo terminado de soltar, alejándose unos pasos para sujetarlo por los hombros, sin poder evitar comprobar que estuviera de una pieza-. ¿Estás bien?

- Estoy perfectamente – como siempre, quitándole importante al asunto-. Fue un fallo en las comunicaciones, solo se perdió la señal, no debería de haber llegado tan siquiera a la prensa.

Cuando lo soltó por fin saludó también hacia el pequeño dinosaurio que los acompañaba, quien se encontraba dudando entre sí saludar a los recién llegados o terminar de comerse el helado sin que se le derritiera.

- Da igual, estaba en una reunión y cuando vi todas las notificaciones que tenía en el móvil casi me da algo. Había activado la alerta de las noticias cuando me enteré de que estabas metido en el asunto y hacía tiempo que no sabía nada…

- Ya… - se llevó una mano al pelo, notando una ligera punzada de culpa por todo aquello, pero, ¿qué otra cosa había podido hacer?-. Pero estoy bien y estoy de vuelta.

- ¿De vuelta?

- Sí, posiblemente me quede aquí una temporada – asintió-. Tengo que hablar muy seriamente con alguien sobre la locura que está a punto de cometer, así que ya me la estás presentando.

- ¡Eh! – tardó unos segundos en darse cuenta-. ¿Te llegó la invitación? ¿Vendrás?

- Claro que iré. Ya había hecho hueco antes de tener una temporada libre – prefirió guardarse el hecho de que se retiraba, no estaba cómodo hablando de ello con todo el mundo.

No quería entrar en detalles de en el por qué, ni siquiera de lo que había pasado realmente en el aterrizaje. ¿Para qué? Todo había salido bien, no tenía la necesidad de preocupar a nadie más de la cuenta para absolutamente nada.

- Venga, ponme al día, que ayer Takeru estaba más ocupado de cuidar de que a nuestro padre no le diera un infarto entre que me gritaba que no hacía más que darle disgustos que en contarme lo que me he estado perdiendo.

Quizás fuera bueno que los demás fueran tardando en llegar porque cuando se sentaron de nuevo a hablar de todo lo que tenían que hablar el tiempo se les fue pasando tan veloz que ninguno se llegó a dar cuenta de todo el rato que llevaban.

Fue horas más tarde cuando Taichi tuvo que despedirse, tras una llamada, diciendo que le había surgido un compromiso. Disculpándose por tener que irse y dejándole todos sus nuevos datos de contacto a Yamato se despidió de él. Ya habría tiempo de poder hablar todo lo perdido aquella década en la que apenas habían podido hacerlo.


Primero de todo, si hay algún fan por aquí del Meichi o del Meimi, por favor, no me tiréis tomates. Quiero dejar ya desde claro que en mi cabeza Taichi nunca me ha pegado con ninguna de ellas como para llegar al punto de acabar casado y con niños con ellas. Con Taichi tengo más o menos la misma relación que con Sora, yo lo shippeo hasta con una farola si es necesario, pero ya puestos a extremos más serios, no lo veo con ninguna de ellas dos... (Y Meiko... no vamos a meterla en el saco de mis personajes favoritos tampoco).

A... me has pillado prácticamente dándole a actualizar el capítulo de hoy cuando me ha llegado el aviso de tu review - busca por la casa las posibles cámaras de vigilancia-. Espero que este ff te guste tanto como el anterior... ¡y muchas gracias por tu comentario! Así da gusto viciarse a escribir un ratillo todos los días ❤ Y no sé qué he liado dándole a aprobar la review que me sale como si la hubiera borrado... ¡Inutilidad al poder! xDDD