Había dejado a Hikari en su casa tras haber preparado todos los detalles del vestido y haber hecho los últimos arreglos sobre el boceto. Cuando volviera a casa haría el diseño a limpio y completo y ya podrían avisar a la interesada. Pero, antes, tenía que pasarse por casa de su madre. No había ido todavía a recoger a Biyomon, a pesar de que la hubiera acompañado el día que se había encontrado con Taichi, ya que apenas había tenido tiempo para instalarse y ya iba siendo hora y de todo fuera volviendo poco a poco a la normalidad.

- Muchas gracias por cuidar de ella, mamá – dijo dando un abrazo a Toshiko.

- Es ella la que ha estado cuidado con nosotros. Le diré a tu padre que cuando tenga un hueco te llame y ya nos pasaremos a conocer tu nueva casa cuando podamos.

- Eso sería perfecto, ¿a que sí Biyomon?

- ¡Sí! – el pequeño pájaro rosa se despidió de la madre de Sora alegremente.

Había echado mucho de menos a su compañera. Mucho. Pero sabía que ella quería que se quedara cuidando de su madre, que no se quedara sola. Por eso se había quedado allí con gusto a pesar de que no le gustara tener tanta distancia entre las dos.

- Ya verás, te va a gustar el sitio – comentó mientras que caminaban por la calle, con ella en brazos-, está en el centro y tenemos muchas ventanas, incluso en el techo.

- ¿Te vas a quedar?

- Sí, me voy a quedar. No vamos a tener que separarnos en una buena temporada, ¿qué te parece?

Se revolvió entre sus brazos para abrazarse a la pelirroja, contenta de haber escuchado aquellas palabras por fin. Detuvo sus pasos para levantarla algo más y así poder apretarla bien entre sus brazos. Cómo la había llegado a echar de menos… por fin algo de calma en aquel día. Y qué sencillo había sido…

Permaneció así, quieta, sin soltarla, durante unos instantes, aprovechando de las buenas sensaciones que su amiga le proporcionaba. Hasta que abrió los ojos. En ese mismo momento se fueron todas y cada una de ellas.

Al haber estado abrazada a su compañera, lo primero que vio fue el suelo, pudiendo observar, a medida que levantaba la vista otro digimon demasiado conocido cubierto de una piel de rayas blancas y azules. Él no tenía la culpa de sus problemas, por lo que hizo el esfuerzo de sonreírle a sabiendas de quién iba a estar con él.

Soltó a Biyomon para que fuera a saludar a su amigo, tomándose ese movimiento de ella como una prórroga antes de levantar la vista y ver que sí, que estaba acompañado con quién ella sospechaba. Cualquiera de las demás opciones hubiera llamado su atención antes, en vez de quedarse callado y más o menos con la misma expresión que una estatua delante de ella.

Lo observó unos segundos, reconociéndolo fácilmente a pesar de que hiciera demasiado tiempo desde que había podido posar la vista en él por última vez en persona. Insultantemente fácil. La misma expresión de indiferencia en la cara, la misma mirada azul seria aunque ligeramente dominada por la sorpresa. Los rasgos habían cambiado, volviéndose más afilados, menos infantiles, más… llamativos. Algo en su cabeza se enfadó consigo misma por tener aquel pensamiento.

El sonido del parloteo de los dos digimon fue lo que la hizo volver a la realidad, volviendo a bajar la mirada y sonreírle sinceramente a Gabumon, incluso acercándose para agacharse y saludarlo como realmente quería hacer.

- Pero bueno, ¿cuándo has llegado tú aquí? – posó la mano sobre la cabeza de él, dándole una ligera caricia, sorprendiéndose de la reacción que tuvo, adelantándose unos pasos para darle un abrazo. Eso, sin duda, relajó considerablemente sus ánimos consiguiendo que cuando se volvió a poner recta y mirase hacia arriba, lo hiciera con gesto relajado.

Quizás tuvo que alzar más la cabeza para observarlo directamente de lo que recordaba, pero quizás fuera debido a todo el tiempo que había pasado.

- Sora – saludó finalmente, manteniendo el mismo gesto todo el tiempo.

- Yamato – imitó el mismo saludo-. Te hacía bastante más lejos – mintió.

- Lo mismo diría yo de ti – mintió también-. ¿Cuándo has vuelto?

- Oh… hace unos días. Ayer estuve con tu hermano, no me dijo nada – no pudo evitarlo.

- Si, me lo dijo. En realidad por poco no nos cruzamos, acababa de irme cuando me dijo que te había visto – no se fiaba de que alguien se hubiera podido ir de la lengua o de que ella pudiera haber visto algo.

- Una pena – sonrió ligeramente, intentando disimular lo que realmente pensaba. No hacía frío, estaban en verano, ¿por qué notaba que algo dentro de ella estaba a punto de echarse a temblar? Debería de tener los nervios bastante controlados a esas alturas de su vida ya-. ¿Todo bien?

- Perfectamente.

- Me alegro.

- ¿Tú?

- También.

Los dos digimon habían sido testigos de demasiadas cosas y quizás, aunque fueran demasiado inocentes como para interpretar aquello como algo extraño, hasta ellos serían capaces de sentir pena porque aquello hubiera quedado limitado a una conversación de aquel tipo. Palabras sin sentido intercambiadas sin mucho más interés.

- Tengo trabajo que terminar – anunció ella-. Ya nos veremos por la ciudad, supongo – dijo de repente limitándose a despedirse de esa forma y con un simple gesto con la cabeza.

En aquella ocasión no obtuvo respuesta de palabra, sino que el mismo gesto que ella había usado antes de verlo inclinarse hacia el ave rosa que lo observaba atenta para despedirse algo más cercanamente de ella.

Había otro par de ojos observando la escena. Tras haber vuelto su hermana había decidido que era buena hora para volver a su casa y por eso, Taichi, había salido quedándose congelado en la barandilla al ver, incluso antes de que ninguno de ellos se diera cuenta de la presencia del otro, el encuentro que estaba a punto de ocurrir. Se pensó incluso el avisar a su hermana, pero algo le dijo que quizás fuera un buen momento para comportarse acorde a la edad que tenía. Sin más se limitó a observar y a comprobar que nadie intentara tirarle nada a la cabeza a nadie, especialmente a él, ya que, algo le decía, que era quien más probabilidades tenía.

Al ver que cada cual parecía alejarse en una dirección respiró aliviado, revolviendo en el bolsillo del pantalón en busca de su teléfono al sentirlo vibrar. Antes de descolgar sí que pudo ver algo que llamó su atención. Pudo ver claramente como, a pesar de que ella parecía irse con paso firme sin estar muy interesada en mirar hacia atrás, el rubio se había girado. Se había girado y se había quedado siguiéndola con la mirada hasta que había desaparecido, e incluso, un poco más.

- No será verdad…

- ¿Qué dices? – la voz de Koemi sonó de repente al otro lado del auricular, haciéndolo despertar.

- ¡Nada, nada! ¿Pasa algo?

Horas más tarde, en casa de Taichi...

- ¿Se puede saber qué trama tu hermana? – dijo Koemi mientras que dejaba las cosas encima de la mesa, tras acabar de llegar del trabajo.

La futura víctima, como habían empezado a llamarla los amigos de Taichi, tenía exactamente la misma edad que él, el cabello castaño claro y los ojos del mismo color con un gesto dulce y tranquilo. Parecía contrastar perfectamente frente al carácter más nervioso de él. Aquel día más aún ya que mientras que a él le había tocado un día libre a ella le había tocado trabajar hasta tarde.

Se acercó hasta donde estaba sentado posando las manos en sus hombros antes de acercarse para darle un beso a modo de saludo inclinándose al estar él sentado.

- ¿Por qué tengo que saber yo lo que Hikari se trae entre manos?

- Porque te has pasado el día con ella.

- Sí, pero tampoco tengo autorización para saberlo. ¿Qué te ha dicho?

- Que quiere verme mañana urgentemente y que no acepta un "no puedo" como respuesta.

- Pues quizás deberías aceptar y así nos enteramos los dos de lo que le pasa – no, él no se iba a enterar de nada, aunque supiera perfectamente lo que se traían entre manos iba a ser, literalmente, el último en enterarse. Sonrió ante la idea a pesar de todo-. ¿Qué tal el día?

- Cansado… ¿y tú?

- Curioso – acabó por ponerse en pie para recoger todo lo que tenía desperdigado y dejar la mesa despejada.

Bajó la tapa del ordenador y fue a dejarlo encima del salón, viendo como seguía durmiendo sin haberse enterado de nada su compañero digimon, ajeno a que ya no estuvieran solos en casa. Sonrió ligeramente y luego dejó las cosas con cuidado.

- ¿Curioso?

- También he tenido mi ración de extorsiones familiares. Me he pasado la tarde en casa de mi madre.

- Suena bastante tranquilo – se acercó hacia el armario con la intención de sacar un vaso y llenarlo de agua.

- Sí… Ayer llegaste muy tarde y no pudimos hablar – se permitió hacerse un poco el interesante.

- Sí, y cuando me fui tenía mis serias dudas de que no hubieras entrado en coma – se llevó el vaso a los labios dando un trago vigilando como volvía a acercarse hasta colocarse donde ella.

- Seguro que alguien se empeñó en no dejarme dormir demasiado bien – se acercó a la orejita de ella oculta entre su melena para poder decir aquello en un tono más personal entre ellos dos. Volvió a ponerse recto antes de empezar a hablar al recibir una mirada de advertencia-. Ayer intenté quedar con alguno de los chicos ya que por fin tenía el día el libre. Como siempre, casi nadie pudo aparecer.

- Sí, eso ya me lo habías dicho que te habían tenido esperando en el parque mientras que Agumon comía helados.

- Pues apareció Yamato. Creo que no lo has conocido nunca en persona… No lo sé – al menos desde que ellos estaban juntos no lo tenía demasiado claro.

- Hm… No, pero me has hablado de él muchas veces. ¿Pasó algo?

- No, para nada. Está de vuelta y creo que para una larga temporada.

- ¿Y eso es lo curioso?

- Pues bastante porque hasta dónde yo tenía entendido le iba muy bien con el trabajo. No quise tirarle demasiado de la lengua para ver qué estaba haciendo aquí. Dice que está de descanso, pero no lo sé – lo seguía conociendo como la palma de su mano hubiera pasado el tiempo que hubiera pasado.

- Bueno, si es algo importante ya te lo contará.

- Sí… ¿Sabes quién más ha vuelto a la ciudad?

- Sorpréndeme.

- Sora – no necesitó entrar en más detalles.

- ¡Oh! ¿Ha vuelto por fin? ¿Para quedarse o está de paso?

- Para quedarse. Lo ha conseguido, así que creo que la vamos a tener de vuelta por fin – y no se molestó en disimular la sonrisa que aquello le provocaba. Por suerte, no había problemas con celos ni malinterpretaciones por parte de nadie.

- Me alegro… pero sigo sin entender que tiene eso de curioso.

- Pues… que ya se han estrellado en el patio del edificio de mi madre.

Koemi se quedó mirando hacia él terminando por arquear una ceja interrogante. ¿Qué? ¿Pasaba algo raro con eso? ¿Se había perdido algún tipo de información de vital importancia?

- Hmm… repito, ¿y eso es curioso? – decidió que era un buen momento para empezar a buscar por los armarios algo que pudiera apetecerle de cena.

- Deja eso que acabas de llegar…

- ¿No pretenderás hacer la cena tú, no? No quiero morir tan joven… Cariño, se te da bien comer, no hacer la comida.

- Ja… ja… muy graciosa. No, mañana no trabajas. Estaba esperándote para salir a cenar, tenemos mesa para dentro de una hora.

- Oh… - eso la hizo sonreír, sin poder evitarlo. Estaba cansada, pero la idea le gustaba como para olvidarse fácilmente de ello-. ¿Dónde?

- Ah… ya lo verás.

- Vale, entonces espera que voy a cambiarme – pasó por su lado directa hacia la habitación notando que la seguía-. No me has dicho por qué lo que me estabas contando era curioso.

- ¿No te lo parece?

- Pues… no sé que le ves de curioso que dos personas se encuentren en el mismo edificio.

- Ya, pero lo curioso es que fueran ellos.

- O te explicas o creo que vas a acabar fundiéndome las pocas neuronas que me quedan operativas a esta hora de tarde – dicho aquello le lanzó la camisa que acababa de quitarse hacia la cara y pasó hacia el vestidor para buscar algo para cambiarse.

- ¿No te lo conté? Esos dos estuvieron juntos.

- Hmm… ¡Ah! ¡Es verdad! Pero… ¿no hace como quince años de eso casi? – le sonaba vagamente.

- Bueeeeeeeno… vamos a dejarlo en que oficialmente sí.

- No te entiendo...

- La cosa es más delicada de lo que parece… Lo suficiente como para que yo intentara evitarles el encontronazo lo más que pude. Lo raro es que salí de casa de mi madre y los vi de pleno.

- ¿Y qué? – volvió a pasar ahora con un vestido en la mano comenzando a ponérselo-. ¿Te quedaste espiándolos, cotilla?

- Estaban en mitad del patio – se defendió-. Estaban hablando, nada raro.

- Vale, pues seguimos en el mismo punto, ¿qué tiene eso de raro? – se acercó hacia él echándose la melena hacia un lado y girándose para quedar de espaldas y esperar a que le cerrase la cremallera.

- Se supone que esos dos rompieron porque él no quería seguir y… un montón de tonterías… Y lo pillé quedándose atontado mirando cómo ella se iba con una cara de mustió que ni él sería capaz de poner sin motivo aparente.

- ¿Y? – hizo una pausa cuando por fin le subió la cremallera, observando las caras que ponía él también y dándose cuenta de lo que pasaba-. Oh, por favor. No. NI hablar… no me vengas ahora con la tontería de que después de todo el tiempo que ha pasado se te ha metido en la cabeza que aún hay algo.

- Es que tú no viste la cara que puso…

- ¿Y tú desde la puerta de tu casa si? Creo que te sienta mal tener tanto tiempo libre…

Volvió a alejarse de él, yendo a buscar ahora algo de calzado para ponerse. Sería un bonito pensamiento que después de tanto tiempo dos personas que habían estado juntos a los quince años siguieran teniendo algo entre ellos… Por desgracia, ella vivía en el mundo real y con que su pareja no quemara la casa intentando hacerle la cena y ser detallista se daba más que satisfecha.

- Lo digo en serio, Koemi. El idiota de Yamato es perfectamente capaz de seguir exactamente igual que cuando tuvo la ocurrencia de romper con ella porque le entró pánico. Créeme, lo conozco.

- Vale, ¿y qué? Si eso fuera verdad sería cosa de ellos dos, ¿no?

- No, ni hablar – negó con la cabeza.

- ¿Cómo que no? – terminó de cambiarse, volviendo a quedarse frente a él.

- Como tercera parte del melodrama estoy en mi derecho a decir que no, no es cosa de ellos dos. Después de los dolores de cabeza que me han dado todos estos años más vale que la cosa se quede tranquila.

Los tiros, en realidad, iban por otro sitio. Lo sabía él y lo sabía ella. Por eso la chica sonrió y se acercó hasta él, pasando los brazos en torno a su cuello para atraerlo hacia ella. Le hacía gracia que se siguiera poniendo sobreprotector con su amiga de la infancia casi tanto como se ponía con Hikari.

- Ya verás como son solo paranoias tuyas – le dijo antes de terminar de acercarse dejando de nuevo un beso en los labios de su prometido-. Y ahora nos vamos a cenar de una vez… ¡me muero de hambre!

A: ¿ves como no iba a ser tan mala y no te iba a hacer esperar tanto tiempo para que estos dos se encontraran cara a cara por fin? e_e

El detalle que que parecieran ser los que tenían los nenes más pequeños a pesar no solo de que nos los juntaran en 02 sino de ser de los más mayores de todos es algo en lo que no me había fijado hasta la última revisión de este mes. Y mira que me habré visto veces los capítulos en todos estos años... Pero entre eso y algunos detalles más fue como se ocurrió toda esta historia. Además, está el hecho de que Sora es un personaje que siempre ha estado penitenciando con la ausencia de su padre... Con el trabajo de Yamato no la veo muy por la labor de haberse quedado esperando o criando sola a los peques. No, no me cuadraba nada. Pero, ya me busqué yo solita una solución.

Y respecto a lo que dices de los demás... Creo que entonces te voy a dar el gusto a medida que avancen los capítulos porque vas a ver exactamente lo que dices. Alguien o varios, van a tener que empezar a meter las narices en todo para agilizar las cosas... Por el momento, parece que Taichi ya está viendo cosas "raras".

Lucky Cross: ¡mil gracias! Me alegro de que te guste la historia.

Este capítulo es más largo, porque al final he juntado dos en uno. Me parecía mejor complementar las reacciones de Taichi al ver el reencuentro con la conversación posterior.