Cerró la puerta de la terraza con total intención de ser lo más clara posible con aquellas dos con las que convivía. En cualquier otro punto de la casa empezaba a sentirse más observaba de lo normal, así que podían entretenerse con el otro visitante, al cual sí que había invitado a acompañarlos, pero había rechazado la oferta huyendo del sol.

- ¿Sigues sin poder convencerlo para que se quite la piel incluso con este sol? – no, ellos dos no se habían puesto a media mañana a pleno sol, no necesitaba que le diera una insolación, había donde resguardarse.

- No, llevamos así desde que volvimos. Prefiere quedarse en casa abrazado al aire acondicionado mientras que mi padre va por el segundo catarro en cuestión de dos semanas – explicó antes de asomarse unos segundos para contemplar la vista desde allí.

Solo se giró cuando la escuchó reírse por lo bajo.

- Cualquier día os pone de patitas en la calle – en el fondo, era ligeramente sorprendente lo sencillo que parecía establecer una conversación. Se había dado cuenta el otro día, donde salvo en algunos momentos no habían tenido mayor problema. Y aquello no debería de ser así.

- ¿Por qué crees que intento mudarme?

- Ah, claro, ahora todo tiene sentido – no, nada lo tenía.

Había estado bastante tranquila, a pesar de todo, hasta que la gente había empezado a revolver en asuntos que era mejor no revolver. Sabía convivir con sus propios problemas relacionados con aquel tema, pero… ahora parecían querer salir todos a la vez sin que ella pudiera hacer nada por evitarlo.

Posiblemente fuera el hecho de volver a tenerlo delante después de tanto tiempo, que también ayudara a empeorar todos sus problemas. Y no solo tenerlo delante, sino que por fin se pudiera volver a tener una conversación con él sin monosílabos, medias palabras y frases sin terminar. Aunque claro, ya no eran unos adolescentes para comportarse así.

Cuando se quiso dar cuenta, se había quedado con el codo apoyado sobre la mesa, el brazo doblado y su cabeza sobre su propia mano, totalmente distraía, observándolo fijamente mientras que hablaba sobre algo que no llegaba a escuchar.

Habían acabado por tomar asiento para poder dejar sobre la mesa el portátil y poder hacer aquello para lo que, en teoría, había ido él, pero Sora hacía rato que había perdido el contacto con la realidad. En el momento en el que él giró el cuello para decirle algo, ella estaba ocupada pensando en lo bien que le quedaba el blanco de la camiseta que llevaba.

Posiblemente se pusiera del mismo color que su cabello, no lo sabía, no quería saberlo, pero la cosa no mejoró cuando tuvo que reconocer que no tenía ni la más remota idea de lo que le había estado hablando porque no había escuchando ni media palabra de lo que había dicho en todo aquel rato.

- Perdona, creo que me esta dando demasiado el sol – estaba a la sombra-. Vengo ahora, voy a por algo para beber… ¿te traigo algo? – poco más y no le dio tiempo a contestar antes de desaparecer tras la puerta.

Bajó rápidamente hacia el piso de abajo, intentando aparentar normalidad ya que sabía que había más por allí y que estarían bastante pendientes de lo que hacía o dejaba de hacer. No le gustaba sentirse observaba bajo ninguna circunstancia pero menos cuando sabía que debía de estar roja como un verdadero tomate.

Por eso la excusa de ir a por algo de beber servía de ayuda, porque pensaba aprovechar para esconder la cabeza un rato en la nevera si hacía falta para bajarse los colores. ¿Qué problema mental tenía? ¿Tenía quince años de nuevo? Era ridículo comportarse así de repente. Ridículo y muy triste.

- Es culpa de los idiotas que no hacen más que meterte tonterías en la cabeza – murmuró por lo bajo.

- ¿Decías algo? – la voz de Biyomon se escuchó desde no demasiado lejos de ella.

- No, y sigo sin hablar contigo – cerró la nevera, sacando con ella una jarra con limonada.

- Ya… pues corre a hablar con quien sí que hablas esta mañana – de nuevo, sin querer disimular tan siquiera, sonrió de forma divertida y se fue hasta dónde había estado todo el rato.

- ¿Qué le pasa a Sora? – preguntó el otro digimon, curioso ante la escena.

- Pues…

- ¡NADA! ¡No me pasa nada! – con una mirada significativa hacia Biyomon, la pelirroja subió de nuevo con aquello que había ido a buscar-. Traidora…

Posiblemente cuando se le pasara el momento de estrés se podría estar riendo un par de días de lo ridículo de todo aquello, pero, en aquellos momentos, le costaba hasta aparentar normalidad. A ella… una diseñadora de moda reconocida que había conseguido todo lo que había querido en aquella vida sin dudar ni un solo segundo. A ella le temblaban tanto las manos que se podía escuchar el tintineo de los vasos al chochar.


- Creo que necesito una zona tranquila, el centro es un poco caótico, ¿tú qué opinas? – era lo que había preguntado Yamato.

Se había quedado extrañado cuando la vio entrar tan precipitadamente. Que él supiera, no había dicho nada fuera de lo normal como para que hubiera podido enfadarla ¿no? Estaba hablando solo de zonas de la ciudad y de comentarios técnicos relacionados con la excusa que se había buscado para verla. Nada de lo que se le pudiera acusar.

Tuvo apenas unos segundos para observarla antes de que desapareciera y quizás sí que pudo darse cuenta de que estaba totalmente distraída y que no había escuchado lo último que había dicho. Incluso había sido capaz de notar un cierto tono rojizo en la pálida piel de ella, pero… estaba confuso.

¿Qué acababa de pasar ahí?

Aún lo pilló con la cara de no entender nada cuando volvió, intentando disimular él también, poniendo un gesto más neutro, observándola unos segundos, viendo que ella, también aparentaba normalidad. Quizás fueran imaginaciones suyas.

- ¿Qué están haciendo los otros dos?

- Están abajo, al fresco. ¿No has sido capaz de convencerlo para que se quite esa piel? – exacto, una conversación en terreno completamente neutral era lo que ella necesitaba. Aunque la de antes estaba segura de que también lo estaba siendo.

- No, no hay manera. Ni cuando nos quedamos los dos solos - ¿no le había hecho esa misma pregunta cuando habían llegado?

- Le espera un mes muy deprimente – dijo terminando de acercase, posando las cosas en la mesa.

Parecía que la cosa había vuelto a la normalidad, salvo por el detalle de que ella estaba evitando de cualquier manera volver a establecer contacto visual, fuera el que fuera, con él. Incluso fue ella la que se acercó hasta la barandilla para quedarse distraída mirando hacia ninguna parte, aprovechando una ligera brisa que se había levantado.

En aquellos momentos, se podía decir que la situación estaba siendo al revés. Seguía algo confuso por lo que había pasado unos minutos atrás y por eso ahora se había quedado observándola, sin darse cuenta, dejando que el hilo de sus pensamientos fuera hacia un lugar que poco tenía que ver con la situación inmobiliaria de Tokyo. Incluso, sin poder evitar tampoco, que sus ojos aprovecharan que no lo estaba mirando para recorrerla con ellos, sin disimular ni lo más mínimo. No, sin duda aquella no era la niña que lo había despedido en el aeropuerto…

Carraspeó, apartando por fin la mirada y usando el comodón de la bebida para distraerse unos segundos, llenándose un vaso y haciendo lo mismo con otro para ella antes de acercarse.

- Toma – reclamó así su atención.

- Gracias – no, no se había asustado, había escuchado los movimientos de él antes de que llegara a su lado. Guardó silencio unos segundos antes de girar ligeramente la cabeza hacia él-. Ayer estuvo aquí Mimi también.

- No la he vuelto a ver desde la cena de hace días…

- Ya, yo tampoco la había visto. He estado bastante liada con todo el tema del vestido para que esté listo en tan poco tiempo – explicó, aprovechando el tema de nuevo en su campo.

- Es verdad, me lo había dicho Taichi. Espero que vaya todo bien porque sino puede que le acabe dando un infarto antes de tiempo…

- Sí… al menos por mi parte ya casi está todo terminado. ¿Quieres ver el boceto? Así puedes meterte con él con fundamento – sonrió divertida, cruzando la mirada con la de él por fin de nuevo.

- Pues… no lo sé. Lo mismo si se entera de que lo he visto yo tengo un numerito de celos de los que hace tiempo que no monta – asintió. Meterse con Taichi con fundamento era algo que podía servirle de entretenimiento a cualquier edad de su vida.

Y ella lo sabía, por eso mismo lo había dicho.

- Bueno, en realidad creo que tengo algo más que el boceto ya – giró sobre sus propios pasos, cogiendo de nuevo el ordenador, girándolo para buscar entre sus correos, abriendo uno. Tras unos segundos apareció la foto del vestido, el real, sobre un maniquí-. Ya se lo ha hasta probado, solo quedan los retoques finales – había usado aquella excusa para esconderse de todo lo que la rodeaba en el trabajo.

- ¿Ya? – se acercó, colocándose a su lado, de pie.

Debía reconoce que, a pesar de haber estado pendiente de las noticias que le podrían haber llegado del trabajo de ella, era la primera vez que veía algo realmente hecho por ella. Era algo de lo que no entendía demasiado, pero igualmente prestó atención. No entendía de ese tipo de elaboraciones, ni de telas, ni de detalles, pero era capaz de apreciar algunas cosas y, sobre todo, era capaz de darse cuenta de que aquella que estaba a su lado estaba orgullosa de su creación.

Se inclinó hacia delante, buscando algo de sombra para que reflejarse tanto la pantalla.

- ¿Lo has dejado todo listo en un par de semanas? – terminó por dejar de prestarle atención a la imagen y mirar hacia ella, quién, al haberse inclinado, quedaba más a su altura.

- Sí, tenía la idea en la cabeza desde que me enteré de lo de la boda. Todo lo demás ya ha sido algo más estresante pero ya merecido la pena. Aún estoy a medio mudar y con la mitad de la ropa en cajas pero esto era más importante – apartó ella también la mirada de la pantalla, girándose.

Se sorprendió de verlo tan cerca de repente, como si no hubiera sido consciente de sus movimientos, pero, como se había repetido a sí misma hacía un rato, no era una niña de quince años, por lo que aquella vez no buscó cualquier excusa para salir corriendo. Aguantó perfectamente la mirada de él y acabó por sonréir.

- No conozco demasiado a Koemi, pero creo que vamos a tener un amigo que se quedará un poco más tonto de lo que ya está– acabó por sentenciar él, sonriendo a la vez que ella.

- Lo sé… - por raro que pareciera, en vez de ponerse de los nervios, aquella vez estaba a gusto, no aterrorizada sin motivo aparente. Aquello la hizo recordar algo-. ¡Ah! Casi lo olvido. Ayer estuvo aquí Mimi, por algo te lo había dicho. ¿Te ha llegado algún mensaje más mío? – cosa importante también.

- No, ¿por qué?

- Ayer estuvo con mi teléfono un buen rato. Se le ha metido en la cabeza que tengo que hacer una buena inauguración y se ha dedicado a invitar a la gente para una fiesta este viernes. No tenía tu número en el teléfono así que no pudimos mandártela.

- ¿El viernes?

- Sí – en realidad, no estaba del todo segura, no le había estado haciendo demasiado caso a su amiga y así había acabado, claro. Si es que ella sola se lo había buscado-. ¿Vendrás?

- No me lo perdería por nada del mundo – amplió más su sonrisa.


Hoy solo uno, que este es más largo y no lo he cortado a la mitad como suelo hacer con los demás xDD

A: ¿estoy perdonada de los tomatazos ahora? ¿Si? ¡Espero que te guste el capítulo! Por fin parece que los esfuerzos de Mimi dan sus frutos aunque alguien siga pensando en lincharla por meterse donde no la llaman... Pero con cariño. Me alegro de que te gustara el que fuera alternando las mañanas del uno y del otro, me pareció simpático el ir demostrando que aunque se hicieran los dignos y quisieran disimular normalidad de cara a este capítulo ambos habían tenido una mañana movidita. Adultos serios y respetables de boca para fuera e_e xDDD

Como siempre, ¡mil gracias por la review! Nos leemos en el siguienta capítulo.

PD: anoche me quedé escribiendo hasta tardísimo porque me enganché yo sola y por fin he llegado a dónde quería llegar - se aleja de los tomatazos de A - aún queda para que lo puedas leer, pero muajajaja.