Mimi había terminado en una de las esquinas de nuevo, después de haber hecho por saludar a todo el mundo, especialmente a aquellos que no conocía. Había tenido también el tacto suficiente como para no irse directa hacia Yamato cuando lo vio entrar junto los demás para intentar sonsacarle a él. Ahí lo daba totalmente por perdido. Así que, desde su esquina, observaba la situación, pasando la mirada de unos a otros.
- ¿Qué te pasa? – Koushiro había estado pendiente de ella, incluso a llegando a contabilizar los bufidos de la chica, intentando seguir la mirada de ella cada vez que iba de unos a otros.
- Nada, eso es lo que pasa.
La peor de las respuestas que podía darle, sin duda. ¿Qué había hecho ya para que se hubiera enfadado con él? Intentó hacer memoria de los acontecimientos de aquel día, o del día anterior, hacia un repaso exhaustivo, pero estaba seguro de que la gran parte del tiempo ni siquiera había sabido de ella como para haber hecho algo que la enfadara. O igual era por eso… ¿Se había olvidado de algo importante?
Ahí bufaba de nuevo. Tenía que ser grave… -. ¿Segura?
- Completamente, ¿o tú ves que esté pasando algo?
- Ehm… - ¿por qué le hacía esas preguntas a él? Podría preguntarle cualquier tema sobre superficies equipotenciales y sus variaciones ante la aparición de un portal al mundo digital que le contestaría en segundos y sin duda, pero… Aquello no-. ¿Sí? Llevas un buen rato bufando.
- Porque no pasa nada, ¡te parece normal! ¡"Hola" y ya está!
- ¿Eh? – él le había dicho algo más que hola cuando la había visto, ¿verdad? ¿No había sido una alucinación?
- Ellos dos – señaló por fin hacia el grupo donde estaba la anfitriona y luego hacia dónde Taichi y Yamato hablaban tranquilamente con más gente.
Eso lo descolocó todavía más. ¿Ellos dos? ¿Quiénes? ¿Se habían peleado ya Yagami e Ishida? ¿Había dicho o hecho algo alguno de los dos que hubiera hecho que Sora se enfadara? ¿Lo habían hecho los dos? ¿Por qué no hablaba claro de una vez?
- Hmmm… yo no veo que ellos dos – fueran quienes fuera – estén haciendo nada raro…
- ¡Por eso mismo! ¿Tú no lo ves raro también?
Volvió a mirarlos, a cada cual hablando en sus respectivos grupos, tranquilos, ajenos totalmente a lo que pasara a su alrededor y, de nuevo, no entendió absolutamente nada. Se tomó unos segundos de pausa para intentar reordenar sus pensamientos en un orden lógico antes de encogerse de hombros-. ¿Te traigo algo?
Bufido. Esa fue la respuesta de ella. Y, por una vez, decidió interpretarla como una afirmación-. Ahora vengo… - no, no pensaba volver, necesitaba consejo para entender de qué le hablaba.
Cuando la castaña se quedó sola, un carraspeo reclamó su atención. Giró la cabeza para ver quien era y reconoció a la amiga de Sora, Haru-. ¡Tú! – se giró del todo hacia ella-. ¡Tú tienes que saberlo!
- En una escala del 1 al me va a echar de casa, ¿tú qué crees que pasaría si contesto a esa pregunta?
- ¡Así que sí que ha pasado algo que no me quiere contar! – era la mejor conclusión que sacaba de todo aquello.
- La verdad es que no lo sé – reconoció-. Tenía trabajo que hacer en el estudio y no estuve por aquí… - vio como la otra ponía cara de situación, viendo que la única posibilidad de enterarse de algo parecía fugarse con todas las demás -. Lo que sí que te puedo decir es que… tú no lo invitaste, ¿no? Y ahí está, alguien tendrá que haberlo hecho.
De eso ya me di cuenta cuando llegó, no creo que nadie lo haya invitado porque sí. Es del grupo, pero saben que hay temas que es mejor no tocar – Taichi podría haber sido perfectamente, pero hasta donde ella sabía, no estaba muy por la labor con el tema, de manera que esa opción la había descartado con rapidez-. Tiene que haber sido ella.
- Casi segura de que sí – asintió-. El otro día por la mañana pudo hacerlo perfectamente.
- ¿El otro día por la mañana?
- El otro día por la mañana – sonrió significativamente.
- ¡Lo sabía! – alzó la voz quizás más de lo esperado, provocando que algunos de los más cercanos se quedaran mirando hacia ella -. ¿No te dijo nada?
- No, y en teoría me tenía prohibido decirte nada. Así que si me echa, ya estás buscando dónde alojarme.
Aquello no debería de tener ningún significado especial. Sora era alguien que siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás con una sonrisa en la cara, pero, en una situación como aquella, quizás tenderme una mano amiga al rubio sería lo último que se le pasaría por la cabeza. O al menos, lo último que reconocería que se le había pasado por la cabeza. Había tenido que forzar ella la situación y parecía que, al menos, había conseguido que se vieran otra vez solos.
- Escucha lo que te digo. De la boda no pasa, tú hazme caso a mí – afirmó antes de volver a clavar sus ojos en la pelirroja, quien parecía no estar muy interesada en abandonar la compañía de ese tal Andrew. Si lo sabía lo dejaba sin invitar.
Se había quedado solo con Jou. Unos habían ido a saludar, otros a ver qué era lo que le podía pasar a Koushiro ya que lo habían vista pasar con una cara de confusión importante. Yamato había preferido quedarse dónde estaba, aprovechando para echar un vistazo hacia donde sus amigos los digimon se habían reunido a parte, ajenos a todo lo que ocurría allí.
Para cuando se quiso dar cuenta, sus ojos habían vuelto a traicionarlo y habían buscado a la dueña de la casa entre la gente, volviendo a encontrarla exactamente dónde llevaba todo el rato desde que habían llegado. Al lado de alguien que no conocía de nada… De otro al que no conocía de nada.
- Yo tampoco tengo idea de quién puede ser – la voz de su amigo lo sobresaltó, sacándolo de sus propios pensamientos.
- ¿Quién?
- Sí, ahora disimula. Es la cuarta vez que te quedas mirando hacia la otra esquina de la casa – se rio. Claro que se había dado cuenta, Yamato no era nada disimulado, o al menos no se daba cuenta de lo que estaba haciendo.
- Puede ser – no, no lo iba a negar, sería demasiado idiota.
- ¿Quieres hablar? – ofreció. Por primera vez, alguien preguntaba aquello desde que había vuelto en vez de empezar con suposiciones.
Se tomó su tiempo para contestar, dedicando otros segundos más a observar la escena antes de girarse hacia Jou. Asintió.
Ladeó ligeramente la cabeza, observando los pequeños grupos que se habían ido formando sin demasiado interés. Sora estaba buscando una cara en concreto, pero, dado que justamente estaba en la esquina contraria de ella, desde su posición no lograba verlo. Había saludado a Yamato cuando había llegado y luego lo había perdido automáticamente de vista. Las ganas de tocarle las narices a Mimi y el sentimiento de culpa habían hecho que se quedara todo el tiempo en el mismo sitio a pesar de todo. Y allí seguía. Aunque, en realidad, quizás estuviera dónde tenía que estar, ¿no?
- ¿Te llegó el otro día lo que te envié? – una voz la sacó de sus propios pensamientos.
- ¿Eh? – no pudo disimularlo tampoco.
- Las flores…
- Ah… ¡Si! Lo siento muchísimo, de verdad que sí. Me olvidó por completo de decirte nada con todo el trabajo que he tenido esta semana – ni se había acordado otra vez, había que ser sincera, había tenido la cabeza en otros temas que tampoco eran laborales. No iba a engañarse a sí misma.
- No pasa nada, tranquila – acabó por decir divertido al ver el repentino apuro de ello, de hecho, ¿se había puesto roja? -. Solo me daba miedo no haber acertado con la dirección.
- Muchas gracias – dijo por fin-. Eran muy bonitas, no tenías que haberte molestado.
- Claro que sí, con las novedades que me contaste el otro día era lo menos que podía hacer para darte la enhorabuena.
Normalmente no tendría problemas para hablar con él, no entendía por qué le estaba costando tanto aquella vez. Quizás fuera el sentimiento de culpa por haberse olvidado de su existencia toda aquella semana, o quizás porque no fuera exactamente dónde le apeteciera estar en aquel momento tampoco. Pero, ¿qué podía hacer?
- Bueno, ¿qué? ¿No me vas a presentar en condiciones? – Mimi por fin había hecho acto de presencia arrastrando a Taichi con ella.
- Eh, la idea de venir a protestar fue mía – dijo el otro.
- Ya os he presentado antes… - aunque se temía lo que podían estar tramando ellos dos, por unos segundos, agradeció profundamente que hubieran aparecido. Estaba segura de que lo habían hecho con esa intención.
- Ya, pero un nombre y ya está – la castaña sonrió de medio lado-. Eso no nos vale.
- No, ya sé que no os vale. Como sigamos así no va a tener permiso nadie en toda la ciudad para hablarme por parte del señor diplomático – acabó por decir, divertida.
Sí, habían sido su salvación.
A: De corte en corte y tiro porque me toca... Jajajaja. No tenía intención de subir más hoy, pero bueno... Si por dejar la cosa cortada es, lo mismo puedo dejarla en otro capítulo. Eso y que he avanzado otro poco esta noche con la parte intermedia que me quedaba por hacer y puedo permitirme publicar este ahora sin miedo de que me pillara el toro con lo otro a medio hacer. Esto es lo que pasa cuando tienes el ff medio desarrollando y entre medias se te ocurre otra cosa que meter y es bastante inmediata a los hechos que vas publicando. Pero ya está liquidada... e_e
Aquí, pillándole manía sin motivo a un personaje cuando lo único que ha hecho ha sido abrir la boca... ¿O no? e_e No voy a spoilear nada, pero casi todos los personajes que meto de relleno, cuando me molesto en buscarles nombre, es porque pienso usarlos para algo. Ahí te lo dejo, tú verás qué clase de relación quieres tener con el pobrecito Andrew e_e A ver si solo se pasa a saludar o... no :D - huye de los tomatazos.
Mañana más... y ahora, como todos los días, a ver si avanzo un poquito más ¡Mil gracias por tu review! ¡Un abrazo!
